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Historia 24568 — capítulo 52

"51.- Calma aparente. (Parte 2)" Prefacio: …-¡A mí nadie me insulta, demonio infeliz!… (Nerea)

Pues, señor, había en las regiones del norte de México, en la época en que se construían las murallas, un espadachín de nombre Cosme de Santa Clara. Este caballero, miembro de una familia pudiente de la población, tenía fama de terrible. Y he aquí por qué lo era.

Ocurría entonces, como ocurre hoy y continuará ocurriendo siempre, que los hijos de familias pudientes se marchaban a estudiar al extranjero, que para nuestros abuelos era España. Y como los padres de Cosme podían lo enviaron a España a educarse. El mimado jovenzuelo, por supuesto, no estudió ni por asomo, y en la nación de Cervantes se dedicó a los menesteres a que se dedican los golfos que huyen de su país en busca de cierta cultura: la vagancia y la mala vida. Y aunque se llenó de vicios, también adquirió una espada que le robó a un compañero de aventuras. Y cuando el malandrín le fue imposible ya sostenerse en Iberia, regresó a su puerto natal, con la espada al cinto. Cómo engañó Cosme a sus progenitores en lo que toca a su estancia en España. O cómo ellos quizá le perdonaron su barrabasada al hijo de sus entrañas, no lo consigna la historia ni es material del presente capítulo. Pero lo que sí trascendió y pertenece a este veraz relato es que, ya en su región, el estudiante fracasado paseaba por todas partes con la espada. El matasiete, naturalmente, no conocía la esgrima ni siquiera por los libros, que nunca leyó; pero como era nido de embustes, no se le dificultó convencer a los crédulos campechanos que él era un experto esgrimista. Y Don Cosme de Santa Clara se convirtió en un personaje de leyenda. Se hablaba de que en Europa se instruyó con los grandes maestros del florete, y que en diversos certámenes había puesto la muestra a los europeos de lo que son capaces los americanos con una espada en las manos. No dejó Cosme de capitalizar la estimación y el respeto que por él sentían los bienintencionados porteños. Y de sus falsas dotes de espadachín unió las de Casanova. Y muchos maridos de la ya casi urbe intramuros tenían que hacerse de la vista gorda cuando se topaban inopinadamente en su casa con el de Santa Clara, en compañía de su consorte por añadidura, pues pensaban para sus adentros que es mejor ser marido burlado, pero vivo, que un digno reivindicador de la honra de su caramitad, pero difunto. Y Cosme recorría las alcobas de la próximamente murada fortaleza como un emir su harem. Extramuros, entre la floresta que crecía en esos tiempos en los alrededores, habitaba una familia de campesinos que tenían por hija a una beldad. Esta belleza, Irene, estaba comprometida para casarse con un zagal de nombre José. Pero quiso que un día, respirando el aire puro de las afueras, Cosme recalase por el rumbo do se levantaba la vivienda de Irene, y que la bella se hallase a la puerta de su cabaña contemplando el horizonte. Y descubrir Cosme a la muchacha y prenderse de ella fue toda una misma cosa. El galán empezó a asediar a Irene. Pero la joven, que, como mujer de pueblo, valoraba el honor femenino como si fuera joya preciosa y además le profesaba un sincero cariño a su prometido, puso a éste al tanto de lo que acontecía. José, que era de genio violento, quiso arrebatar un machete para enfrentarse al insolente. Más Irene, preocupada por su futuro compañero de penas y alegrías con cuerdos razonamientos lo persuadió a emplear la circunspección porque Cosme, como todo el mundo afirmaba, era el mejor espada de cien leguas a la redonda, de manera que daría buena cuenta de un infeliz machetero.

-Eso sí -dijo la eva-,  procura reclamarle su conducta para que no crea que yo me rendiré a él, y así ya no me importune más. José esperó a Cosme en su ronda diaria por el predio de Irene. Y habiéndole identificado, le salió al paso, dirigiéndose a él con estas palabras: -Señor de Santa Clara, discúlpeme usted, pero quiero suplicarle que no siga molestando a mi novia. -¿Qué dices, campesino? -Respondió Cosme, que se las daba de elegante y perito en el uso de la lengua al estilo de La Madre Patria. -Que mi novia me ha dicho que usted la pretende, y le pido, que la deje en paz -replicó José algo amoscado. Entonces Cosme, irguiéndose en su vanidad de conquistador y empuñando el pomo de su espalda, exclamó: -¡Alto ahí, palurdo! ¿Cómo se atreve a insultarme? ¿No sabe quién soy? ¡No ha nacido todavía el que me prohíba hacer lo que me venga en gana! ¡Irene será para mí y no será usted quien ha de impedírmelo! ¡Y quítese de mi presencia antes de que yo pierda la paciencia! José no pudo contenerse más y se arrojó sobre el petimetre; pero éste lo esquivó, y el campesino que, según se entiende, no era ningún cobarde, dio con sus huesos en la tierra. No se había incorporado aún cuando sintió sobre sus costillas la fría punta de la espada, y oyó a Cosme gritar: -¡No intente moverse o será hombre muerto! ¡De que no es de mi alcurnia, le brindaré la oportunidad de defenderos en el campo de honor! -Esto diciendo, le propinó al caído una bofetada y agregó-: ¡Le guardaré mañana antes del alba, con sus padrinos, en la explanada de San Juan! Y contoneándose como un campeón olímpico, se alejo de allí. Inútil es declarar que José, iracundo y humillado, tenía que quedarse allí, hasta el alba de mañana, pero aun experimentó el impulso irresistible de alcanzar al pisaverde y cobrársela; pero el amor a la vida y a Irene le aconsejó prudencia; y también el recuerdo de la helada punta de la espada. Al siguiente día, a la hora fijada, apareció José en la explanada de San Juan flaqueando por otros dos labradores, fornidos gañanes, que fungirían como padrinos. Cosme, que esperaba hacía rato en el lugar del duelo, al ver a José comentó despectivamente: -¡Ajá, por fin llegas! No niego que es usted valiente, a pesar de comprender que dentro de algunos minutos será ya cadáver. Y me place que sus padrinos sean de su calaña. ¡Bien, pues, a lo que hemos venido! ¡Porque tengo una cita con Irene después de que le atraviese el corazón! Los padrinos procedieron al examen de las armas que los contendientes usarían en el encuentro; y luego de que Santa Clara exhibió con aspavientos y frases de suficiencia su brillante y hermosa espada, reparando por primera vez en que el montuno no portaba ni puñal, preguntó: -¿Y con qué combatirá, pobre diablo? -¡Con esto! -repuso José, al tiempo que, abriendo una caja que le ofreció uno de los padrinos, extraía de ella un imponente garrote. Y no repuesto aún de la sorpresa, Cosme recibió un garrotazo inicial. Y detrás cuarenta más. Y, como ya sospechaba el lector, la espada no le sirvió al espadachín para nada, porque la verdad es que ignoraba completamente como manipularla. Al mirar a su ahijado en estado parecido al de Don Quijote tras el tratamiento que le propinaron los cabreros, los padrinos de Cosme quisieron ir en su auxilio. Pero entraron en escena los padrinos de José y, armados también con garrotes, arremetieron contra los socorristas, que, no deseando sufrir el destino del Don Juan, emprendieron veloz carrera a todo lo que daban sus piernas para conjurar el peligro. Varios meses estuvo Cosme pagando el precio de su bravuconería imposibilitado para caminar. Y cuando, ya algo recuperado, comenzó a sentarse a la entrada de su casa para tonificarse con la luz del sol, un día fue visitado por un grupo de maridos ofendidos que, informados del castigo que le obsequió José, y ya seguros de el embaucador era solo un fanfarrón aprovechado, le administraron otra tupida paliza. Y como el número de los esposos burlados no era escaso, no transcurría semana sin que el Casanova desacreditado recibiese su tunda reglamentaria. Hasta que sus padres, que conocían la piel del hijo que Dios les había mandado, lo remitieron de nuevo a España para salvarle su perra existencia y para que, ahora si, se dedicara a estudiar.

Pero entre aquellas cosas, un atardecer de noviembre en España, y mientras caminaba por el desértico parque, una espectral voz le hizo girarse asustado.

-¡Utilizas cosas que no te pertenecen! -Ahora serás mi sirviente por lo que queda de la eternidad… -¡¿Quien mierda eres?! -Me conocen con el nombre de Mephist…

Una aterradora furia en gritos se escuchó cuando Mephist arrancó la piel del engreído espadachín, y más grito fue cuando aquel ser quedó convertido en lo que era un demonio, de aspecto nauseabundo y espantoso.

-Te enseñaré a controlar una espada de verdad… podrás ser uno de mis demonios… El portador de los puntos…

Y sobre esa tarde siglos atrás… la calma aparente del lugar siguió su rumbo, trascendiendo en la inmortalidad de las cosas. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Harry sintió una extraña fuerza proveniente del oeste, a miles de kilómetros de allí.

-¿Qué sucede, Harry? -Preguntó Escarlet. -Siento en sí que un misterioso poder se está levantando… -¿Mephist? -No, es otra cosa… como si algo estuviera llamándome… Severus que también escuchaba se quedó pensativo, aquello era realmente extraño, más por las cosas que Harry sentía y que muchas veces resultaban ser verdad. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**La noche se cernía furiosamente sobre dos chicas que iban corriendo como alma que lleva el diablo, algo las perseguía entre los enormes pastizales que daban al cobertizo de aquella enorme granja, los ruidos penetrantes de los grillos y de aquellas pisadas furiosas que iban sobre ellas se acercaban cada vez más a lo que parecía ser un terrible fin para ellas. Al fin lograron llegar a la puerta del cobertizo, la cual abrieron con mucha fuerza y la cerraron en un fuerte tronido, las respiraciones agitadas de las chicas se propagaban por entre la oscuridad del pequeño cuarto de madera que se dividía en siete plantas.

-¿Pero que era lo que nos estaba persiguiendo? -Preguntó la chica de nombre Vanessa mientras su respiración ase hacía muy agitada. -No tengo la menor idea, pero debimos haber corrido hasta llegar al pueblo, aquí no estamos para nada seguras -Dijo Nerea, la otra chica que se asomaba lentamente por la ventana, para ver si lo que sea que fuese que las perseguía seguía por allí afuera, en algún lugar. -Nerea, esa cosa era como una especie de demonio, no lo pude ver bien, pero cuando tomamos de aquella casa ese artefacto, algo pudo haber despertado a lo que vivía allí, sabes que nuestros abuelos siempre contaron de algo que habitaba en ese lugar, de algo que dormía ocultando algo de gran valor. -Normalmente no creía en esas cosas, Vane, pero ahora no puedo opinar en nada a lo mismo. No sé que está ocurriendo pero debemos salir de este lugar, esa cosa realmente se veía furiosa. -¿Por qué no esperamos a que amanezca, no creo que esa cosa se quede esperando allí todo el rato, alguien debe venir por la mañana… -Ese es el problema, Vanessa, que no creo que esa cosa se espere allí, puede entrar por la fuerza, ¿no viste el tamaño que tenía? -Sí, lo vi… entonces, ¿Qué sugieres? -Devolverle ese maldito artefacto… o lo que sea que es. Vanessa lo destapó de la cubierta de trapo que tenía, aquello era una especie de llave, una forma triangular de acero puro, que contenía fragmentos de diamantes rodeando a un ojo rojo, que parecía tener vida propia y que parecía estar observándolas, los símbolos que poseía aquella cosa eran totalmente desconocidos para las dos chicas. Pero aquel brillo metálico de color negro se propagaba por las manos de Vanessa, quien no pudo sostenerlo por miedo. -¿Pudiste ver eso? -Preguntó asustada. -Sí, lo vi… tápalo de nuevo, esa cosa puede atraer a esa cosa que está allá afuera. La chica de pelo castaño así lo hizo, mientras tanto, Nerea, estaba en causa de salir a ver que pasaba. -Será mejor que nos vayamos al otro lado del cobertizo, a la última planta, por si algo ocurre poder escapar hacia el bosque. Vanessa asintió. Las dos chicas se dirigieron hacia el interior del cobertizo, atravesando varias puertas para situarse en lo más profundo de este.

Ruidos extraños empezaron a escucharse, las cosas no iban tan bien, pero el sonido de algo rasgar la madera se escuchó y perforó los oídos de las chicas que se taparon los oídos para que el sonido no fuera tan potente y desesperante…

Vanessa chocó contra un espejo, un espejo muy sucio pero que tenía una base de madera muy bien tallada, pero algo le atraía a la chica sobre ese espejo.

-¿Llegaste a escuchar la leyenda de la chica de catorce años de nombre verónica que logró ver que secretos hay en un espejo? Nerea negó. -Según esto, nunca debes ponerte frente al espejo y repetir nueve veces seguidas el nombre de Verónica. Sé que quizás hayas oído esta historia...Quizás pienses que es mentira y no me creas...está bien, no pasa nada, pero por favor no te vayas a burlar, ya que puede caer sobre ti una maldición terrible. -Yo jamás y menos con lo que ha pasado ahora, me burlaría de algo así -comentó Nerea mientras le temblaban las manos. -Verónica era una chica de catorce años que haciendo espiritismo en una casa abandonada no siguió las reglas de los fantasmas, se burló durante toda la invocación y una silla que había en la habitación cobró vida y la golpeó mortalmente en la cabeza. Pero la venganza de los espíritus no acabó aquí: Verónica aun no descansa en paz. Su espíritu está condenado eternamente y ahora es ella la que quiere vengarse de todo aquel que no sabe respetar el mas allá. -Pero… ¿eso que tiene que ver ahora? -Que según sé, el espejo por el que alguna vez se contó sobre la invocación de Verónica, es este espejo que tenemos justo delante de nosotros -comentó Vanessa mientras miraba como Nerea se estremecía. -¿Me la estás jugando, verdad? -No, no bromearía en un momento así. -¡¿Pero que demonios está haciendo un espejo en estos lugares, y mas ese espejo que cuentas?! -No lo tengo, pero mira, me sé otra de esas leyendas… María era una chica que conoció la leyenda en su universidad. Ella era mayorcita para creer en esas estupideces, pensaba ella y se reía. Sus amigos la picaron, ya que si no tan valiente que era no tendría problemas en hacerlo. Fue a un baño, acompañada de una compañera y lo hizo. No pasó nada y el grupo, entre risas, lo olvidó enseguida. Pero María no pudo olvidarlo. Al hacerlo sintió un escalofrío indescriptible...y su pesadilla comenzó esa misma noche. Tumbada en la cama, despertó por un sonido raro. Era un susurro indescifrable que oía cerca de la nuca. Además sentía como si alguien respirara en su cuello. Asustada, se levantó y encendió la luz. Nada había a su lado. Pero no pudo dormir en toda la noche. »Al día siguiente, no se atrevió a contárselo a nadie de la universidad aunque aún seguía aterrorizada por lo que le había sucedido la noche anterior. En mitad de la clase tuvo que salir al servicio. Cuando entró al baño, hacía mucho frío y una capa de vaho cubría el espejo. María lo limpió con la mano y vio horrorizada que tras ella había una chica con una expresión de odio y sangre en la cabeza. Cuando se volvió a mirar, ya no había nadie. Rió nerviosamente, pensando que todo era fruto de su imaginación, los nervios y el cansancio. Sin embargo, al volverse hacia el espejo vio algo que la dejó blanca. En el vaho había frase escrita: "No debiste invitarme a volver". María no pudo soportarlo. Encerrada en un manicomio, sólo decía que el fantasma de Verónica la seguía atormentando. No pudo soportarlo y acabó suicidándose. »Y por lo que sé, mejor yo no invocaría a los muertos… eso es algo que tengo muy presente en la mente… Nerea dio un suspiro y escuchó como algo se rompía, un fuerte sonido que estremecía a las dos chicas. -¿No será la misma verónica que intentó detener a un demonio? -Preguntó la chica de pelo negro. -¿Cómo dices? -Sí, mira, mi mamá me contó una vez que una chica de nombre Verónica fue asesinada, pero que no eran en sí toda la verdad, pues según mi mamá, esa chica era más o menos de su edad, llegó a verla por las calles, pero para esto cuenta que la chica trato de detener a un demonio… algo que la perseguía según por haberle quitado una de sus posesiones más valiosas… pero que según ella era una enviada para alertar a un chico… pero el nombre del chico jamás se mencionó, por lo que todos creyeron que estaba loca… Vanessa sintió como si algo le recorriera la espina. -Pues no entiendo en verdad… Nerea hizo una mueca. -¿Y si esta cosa que nos está buscando es ese mismo demonio que Verónica nombró?... -No creo que sea posible… -Ahora ya nada me parece imposible Vanessa… No tengo idea… Un rugido en las afueras las hizo asustarse más de lo que ay estaban y trataron de ocultarse pero un llamado las hizo girarse hacia el espejo. Cual fue la sorpresa de ambas amigas que al ver directamente al espejo se encontraron viendo a una chica en mantos blancos, con sangre escurriendo de la cabeza y un cabello tan negro como la noche. Vanessa cayó al suelo asustada, mientras que Nerea retrocedió unos pasos. -No debieron hablar de mí… -dijo aquella chica que se movía lentamente en el espejo. Vanessa abrió bien los ojos, estaba aterrorizada por aquel suceso. -Nosotros no intentamos hacer eso… solo estábamos… Entonces el objeto que traía en el trapo se cayó y se dejó ver a la vista de la chica de blanco que había aparecido en el espejo. -¡No puede ser, como han conseguido eso! -Rujió la chica que puso unos ojos espectralmente demoníacos y que destellaban de furia contenida. -Lo tomamos de la vieja casa… -¿La que está sobre la colina? -Sí -respondió Nerea, que se había armado de valor y se había acercado un poco más. -Entonces han despertado a la bestia… -susurró para sí misma la joven del espejo. -¿Qué es esa cosa?... -Preguntó la chica de pelo negro. -Un sirviente de Mephist… -¿Hijo de quien? -Preguntó Vanessa levantando el objeto. -Mephist… aquel que traerá consigo el Apocalipsis… -No me digas que eso es verdad… -¡Tontas! ¡Nunca debieron haberse metido con ese objeto! -¿Cómo es que una criatura así logra tener existencia en este lugar? -Preguntó Nerea. -Hay miles de criaturas en este lugar, y hay misterios que no se pueden resolver así como así… necesitan alertar a quien de verdad puede detener a esa maldita bestia… este es solo uno de sus sirvientes en tierra… -¿Cómo podemos librarnos de él? -Es difícil poder matar a un demonio, más si este estuvo atado en tierra por milenios… Vanessa se levantó., le dio el artefacto a Nerea quien lo guardó en su chamarra. -¿Quién puede detener a ese tal Mephist? -Su nombre es Harry Potter…. Ambas chicas se miraron sorprendidas. -¡¿El salvador del mundo mágico?! ¡¿Aquel que derrotó al que no se nombra?! -Preguntaron las dos al unísono. -Sí… Entonces una fuerte explosión se provocó y las tres chicas, las dos vivas y la muerta se dieron cuenta que el demonio las había encontrado. -¡Lárguense de aquí, salgan, intentaré crear una distracción! Las dos chicas no objetaron eso y rápidamente salieron por la puerta trasera, internándose en el espeso bosque que conducía a la carretera principal. -Y todo parecía ser una terrible calma aparente, dime Vanessa, ¿en que diablos nos hemos metido esta vez? -No lo sé, pero si no seguimos corriendo no sabremos a que nos enfrentamos… -Preferiría no saberlo, Vanessa… Entonces la chica de pelo marrón tropezó con la raíz de un árbol, Nerea se detuvo para ayudarla, pero los zarpazos de aquella bestia empezaban a hacerse cada vez más agudos y cercanos. -¡Corre! -Gritó Nerea. Pero solo pudieron avanzar al menos quinientos metros, pues aquellos ojos y esa enorme e imponente figura demoníaca de lo que les seguía se adelantó y les impidió el paso del puente para llegar a la carretera. -¡Lumus! -Gritó Vanessa sacando su varita e iluminando a la bestia que se asustó y salió corriendo hacia las chicas. -¡Al suelo! -¡Corre Vanessa, estamos por llegar al puente, podemos perderlo allí! Pero un fuerte golpe se llevó la chica cuando el demonio le dio con su mano enorme en el hombro. Nerea no pensaba dejar allí a su amiga por lo que se enfrentó al demonio. -¡Te lo advierto, aléjate de nosotras! Nerea se sorprendió al escuchar la risa del demonio, que dio unos pasos enormes para intimidar a la chica. -Tu magia no servirá contra mí poder… estúpida niña descerebrada. La chica se enfureció y soltó una fuerte maldición al demonio que salió volando por los aires. -¡A mí nadie me insulta, demonio infeliz! El demonio se levantó y se lanzó por los aires hacia la chica que intentaba ver en la oscuridad. -¡Armandseft! Solo un chillido de aquel demonio se escuchó por el bosque, la chica le había lanzado una maldición muy potente. -¡Expelliarmus! -Nerea apuntó a uno de los árboles que con el inmenso poder que de su varita desprendía se cortó por la mitad y cayó sobre el demonio quien solo ahogo un grito desesperado. Nerea se acercó al demonio y lo pateo en la cabeza, por haber lastimado a su amiga que ya se levantaba, sangrando del hombro-. Será mejor que no nos sigas… y si ves a tu amo dile que pronto habrá alguien que lo detendrá… El demonio dio un manotazo pero Nerea solo lo esquivó. -¡Nadie derrotará a mi señor Mephist! -¡Enverdesatil! -Gritó Vanessa callando para siempre al demonio. Las dos chicas después de recuperar el aliento siguieron su camino, sin sospechar que el nuevo camino que tomaban las llevaba a un sin fin de aventuras nuevas, y letalmente peligrosas. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Una joven caminaba por las populosas calles de Zúrich, Suiza. Solamente su belleza la distinguía del resto de los transeúntes. Sus ropas y su peinado eran casi idénticos a los de las mujeres que caminaban a su lado. Pero su cuerpo y su alma eran bien distintos. Ella era Llania, la criatura de Bazun. Sus ojos azabaches escrutaron la ciudad. Su misión relampagueaba constantemente en su cerebro de hielo verde. Terror era su objetivo. ¿Dónde encontrarlo? En muchas de las gentes que la rebasaban, detectaba la maléfica presencia pero sabía que seguir el rastro de Terror no sería tarea fácil. Su huella en el alma humana era permanente y quizás alguno de aquellos seres que la rodeaban, habían tenido un único contacto con La Bestia en toda su vida y muy posiblemente, por suerte para ellos, jamás se verían obligados a repetirlo. Por lo tanto seguir a los marcados y esperar que estos la condujeran hasta Terror sería del todo inútil. Zúrich era demasiado grande, una ciudad inmensa. Las gentes se apiñaban como hormigas en hormigueros exteriores y también, desde luego, subterráneos. ¿En cual de ellos se ocultaba Terror? Llania adoptó el paso y las maneras de los viandantes. Era la primera vez que estaba en presencia de seres humanos, descontando, por supuesto, a su creador Bazun. Se descubrió admirando sus gestos y la movilidad de su rostro. Tendría que aprender mucho de ellos si quería hacerse pasar por una humana más. Y eso exactamente era lo que tenía que hacer. Su estancia en Zúrich no iba a ser corta en el tiempo. Aunque la suerte la acompañase y descubriese pronto la guarida de Terror, reducirlo y capturarlo sería una labor larga, dura y peligrosa.

-Debo buscar alojamiento y adornarme con una adecuada personalidad humana, con un pasado y un oficio, antes de dar el primer paso.

Su cerebro de hielo verde disponía de todos los conocimientos necesarios. Solo restaba entrar en acción. Y Llania lo hizo. Una joven la adelantó sin prisas por el espacio que los transeúntes usaban para pasear. La criatura forzó un tropiezo. Fue entonces cuando Llania la atravesó con la mirada de azabache.

-Perdón -se excusó la joven. Llania solo sonrió y siguió su camino. El contacto había sido cálido. El cuerpo de la mujer era suave y blando. Llania había tocado por primera vez carne humana. -No me serviría -se dijo olvidando a la joven de inmediato Repentinamente una extraña mueca alteró la serenidad de su blanco rostro. Se volvió rápidamente. Sus ojos recorrieron con urgencia a todos los que la rodeaban. Al fin su mirada se detuvo sobre la luna transparente de un vulgar establecimiento de bebidas. Una mujer sentada ante una infusión la contemplaba con evidente curiosidad. Llania se alarmó por un momento. -¿Habrá algún error de adaptación en mi aspecto externo? -se preguntó. La hermosa criatura no dudó ni un segundo. Se acercó al bar, empujó la puerta de cristal y en un instante se sentó a la mesa de la mujer que la observaba. La joven boquiabierta, entre titubeos, intentaba explicarse. -Perdóneme si la he molestado con mis miradas. Siento muchísimo que se haya ofendido. Yo, yo, yo solo la observaba por curiosidad... admiración, quizás... Es usted... hermosa -terminó murmurando apurada. Llania no escuchaba. Llania alargó su mano y agarró con fuerza la muñeca de esta, mientras la atravesaba con sus inquietantes ojos negros. -¿Qué hace? ¡Por favor, suélteme! ¿Qué demonios está haciendo? ¡Me hace daño! Llania sonrió y aflojó la muñeca. Inmediatamente asió fuertemente su brazo. -Acompáñeme… La arrastró fuera del bar -Suélteme, suélteme, déjeme por favor. La mujer se resistía. Intentaba librarse del gélido abrazo de Llania. Miraba en rededor en busca de una posible ayuda, pero la criatura la había elegido. Había leído en su interior, gracias al cálido contacto con su carne, todo lo que necesitaba saber. Hasta su talla y su edad debían de ser similares. ¡Llania había elegido! -Por favor… La mujer sólo musitaba ya. No podía luchar contra la fuerza de Llania y contra su voluntad de hielo verde. Los ojos de azabache clavados en los de la víctima, acallaban sus protestan y aniquilaban su resistencia. -¡Ayuda! -murmuró tenuemente cuando Llania la arrastró fuera de la infusionería. -¡Nadie la escuchó! ¡Nadie reparó en ella! ¡Nadie podía ayudarla! Como en un sueño, mejor dicho, como en la peor de sus pesadillas, la mujer se sintió empujada hasta el final de un oscuro callejón. Allí supo que su tiempo se había agotado. -Piedad… -fue lo que susurró antes de exhalar el último suspiro. Llania sonrió. Se arregló un poco el vestido y volvió al bar. Allí, en la mesa cercana a la luna, le esperaba aún una curiosa infusión caliente y sobre una silla, una maleta con su nueva vida. Terror la aguardaba ahí fuera. -¡Estoy lista!- murmuró satisfecha. -Entonces dirígete hacia Inglaterra… ya sabes a quien buscar… -Como usted diga… -respondió la chica que destelló aquel color amarillento de sus ojos. Su próxima parada… el Terror. """« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""-¡Bien venido, Sáqueron! ¡La historia se repite! El callejón Lomas estaba siendo minuciosamente registrado por una multitud de agentes de policía especialmente adiestrados para soportar el negro influjo de los callejones de Córcega, Francia. Sáqueron se acercó al forense con gesto preocupado. -¿Exactamente igual que la última vez? -le preguntó. -Sólo una diferencia. Es el cadáver de un hombre. El resto ya lo sabes. Sin ropas, sin rostro, sin piel. Ni una huella. -Despellejado -murmuró Sáqueron observando el cuerpo sanguinolento. -¡Completamente! Con hielo. -¡Otra vez el maldito hielo! -protestó el inspector golpeando con rabia el suelo gris del callejón. -Hasta que no realice la autopsia, no podré estar completamente seguro, pero a primera vista yo diría que el asunto es idéntico al del callejón de Gart. Sáqueron se estremeció. Dos cadáveres despellejados en dos semanas. -¿Qué diablos está pasando? -Le preguntó el forense. -No tengo ni la más remota idea, Lon. El expediente del primer caso se halla sobre mi mesa desde el primer día y no hemos podido añadir nada nuevo. Ni una sola pista. ¡Es desesperante! -Quizás si te concentras… El forense dejó caer aquella sugerencia atendiendo a los rumores de la extraordinaria percepción de Sáqueron. Cuando las pruebas físicas no existían este siempre recurría a su pequeño don en busca de ayuda. Su brillante expediente testimoniaba su éxito. El inspector se alejó del contenedor de basuras que alojaba el cuerpo. ¡Era un espectáculo espeluznante! Su curtida piel que había presenciado todos los horrores de Córcega, aún era capaz de erizarse ante tamaña barbaridad. -Señor, tenemos un problema -le dijo un agente-. Tendríamos que interrogar a toda la gente que estaba reunida en el edificio continuo. -¡Evidentemente, muchacho! Así reza el procedimiento. -Es la sala de exposiciones Jonel. Estaban celebrando una fiesta. Hasta el primer ministro estaba en ella, señor. -Pues ciertamente tienes un problema, muchacho. No querría verme en tu pellejo. El procedimiento es el procedimiento. El agente se alejó preocupado. Sabía que a ninguna de estas personalidades les haría ninguna gracia verse involucradas en un caso de asesinato. Aún así no les quedaría más remedio que declarar. Sáqueron sin embargo se sintió repentinamente feliz. -¡Jonel Exposiciones! Recordó entonces que se hallaba en el área de Córcega donde se apelotonaban las Salas de exposiciones y sus oficinas. Era tarde. Solo en las que tenían recepciones habría gente, las demás estarían cerradas. En Córcega, las salas de exposiciones eran los únicos negocios que no mantenían el doble turno normal en la ciudad. -Eso es bueno, muy bueno. Esta no es una zona de paso. Quizás alguien se percate de la desaparición de algún compañero y se preocupe al oír la noticia del asesinato. ¡La primera pista! ¡La identidad de la víctima! Sáqueron daba rienda suelta a su optimismo. Cualquier cosa era mejor que concentrarse para percibir el horror que allí se había desatado. Ya lo había intentado una vez y el único resultado había sido una pertinaz sonrisa que se había alojado en sus labios. -¡Otra vez no! -Se dijo. No podía resistir la sensación de sonreírse, de encontrarse a gusto ante tan bárbara ejecución. -¡Yo no soy una bestia! Sáqueron dejó que sus hombres trabajaran en el callejón Lomas y salió a la avenida. ¿Cuántos callejones más tendría que visitar? Entonces un hombre salió de la nada, algo que para él era imprescindible en la situación en la que se encontraba. -Esta vez no irás a ningún lado, Sáqueron…-arremetió la voz entre las sombras. El inspector se alteró y trató de correr, pero el filo de una daga atravesó la negra oscuridad de la noche y se le enterró en la entrepierna. -¿Qué es lo que buscas de mí? -Preguntó Sáqueron con la voz entrecortada. -Tú sabes muy bien a que he venido, Sáqueron… -¡Déjame tranquilo! -Sabes que no puedo hacer eso… tú y tu maldito amo han fastidiado a este mundo por mucho tiempo. -¡Sabes también como yo que ni tú ni nadie podrá detener el nacimiento de Mephist nuevamente! -Gritó el inspector que empezaba a tener una notoriedad cambiante en su aspecto. -Sí, lo sé, pero él no es nadie… Los ojos del inspector se tornaron rojos. -Muere… Sáqueron… mucho tiempo estuve buscándote… Y el viento se cortó en dos, al igual que la cabeza del inspector que poco a poco se iba convirtiendo en demonio. -Espero poder ser de ayuda, Harry Potter… Y Jack desapareció entre las sombras de los tejados. **"""« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »« ȫ » §§§ « ȫ » §§§ « ȫ »"""**Harry miraba hacia el cielo, a la enormidad de lo que parecía ser la calma aparente…

"Calma aparente yo siento alrededor una electricidad que puede confundir quiero poder correr los esquemas y más romper siguiendo lógicas imprevisibles. Paran imágenes fragmentos de mi memoria, me quedo en silencio aquí. Y sé, que es calma aparente y pronto cambiará. Raros momentos yo siento así la soledad que forma parte de mí un largo viaje que acabará mi compañera será la libertad el aire de Marzo respiraré en Abril el sol nos calentará a los dos.

Las puertas del corazón que tiempo atrás cerré al mundo yo abriré volverá el sol a entrar estoy tranquilo y sé que es solo calma aparente sé que algo sucederá en mí.

Raros momentos yo siento que la primavera de aquí me llevará lluvia con sol y el viento que guía hacen más dulce está melancolía el aire de Marzo respiraré en Abril el sol nos calentará a los dos.

Un largo viaje que paz me dará mi compañera será la libertad el aire de Marzo respiraré en Abril el sol nos calentará luego en Mayo estrellas cosecharé… Por ti… Por ti…

Calma aparente yo siento alrededor una electricidad que puede confundir.

Calma aparente yo siento alrededor una electricidad que puede confundir…

"

Y lo sintió una vez más, aquella fuerza desconocida le hacía estar alerta, las cosas podrían verse afectadas de un momento a otro.

"Heero Ainur Yuy Inou..." "Ultimo Caballero Templario..." "Dios de la Muerte..." "Guerrero Elemental del Fuego..." "Guardián de los Secretos Illuminati..." "Rey Shaman..." "Líder Vampírico..." "Próximo Heredero Al Trono Infernal..." "Au revoir"

»»!En el próximo capítulo!:««

»»"… -¿Tratas de decir que esto sucedió en algún tiempo atrás? -Preguntó Colette mientras daba un respiro profundo y quebrado.

-Sí… pero no todo está completo, necesitas darte prisa… si Mephist regresa tendrá la delantera por mucho.

-¿Estás seguro de lo que has decidido hacer? -Preguntó Molly quien veía algo aterrada la escena."««