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Historia 24675 — capítulo 7
Al día siguiente, empezaban de nuevo con Pociones dobles. Cuando llegaron al aula, Snape empezó a repartir las notas de la poción crecehuesos. Harry ya sabía su nota, y la de Ron era como la suya. Hermione, sin embargo, había obtenido un notable, lo que la disgustó muchísimo.
—No te quejes —murmuró Harry—. A ti no te odia tanto como a mí.
—¡Silencio! —gruñó Snape—. Hoy seguiremos con otra de las últimas pociones curativas. Cuando acabemos con ellas, comenzaremos con las pociones de Transformación, de las que, de momento, sólo conocéis la poción multijugos. Hoy veremos la poción crecemiembros. Ésta es una poción muy compleja, que se utiliza para regenerar no sólo huesos, sino cualquier miembro que haya sido cortado o arrancado. Es una poción realmente complicada, y que no funciona en todos los casos. Depende de la causa que haya provocado la pérdida del miembro en cuestión. Los ingredientes y las instrucciones están en la pizarra. Proceded.
Harry se asustó al ver los ingredientes y las instrucciones. Había que ser muy cuidadoso. Al igual que en la primera clase, intentó seguir los pasos de Hermione, pero supo que no le iba todo igual cuando la poción de Hermione, al cocerla los 15 minutos necesarios antes de echarle las cáscaras de huevo de serpiente de cascabel, mostraba un aspecto suave y levemente denso, de un color plateado. La suya contenía grumos, era más esperas y tenía un color mucho más blanco. La de Ron, por otra parte, era de color rojo y soltaba chispas. Snape pasó junto a ellos y les miró, con sonrisa despectiva.
—Potter, Weasley... Si esto es una poción crecemiembros yo no me llamo Severus Snape. Como era de esperar, no habéis leído atentamente. Para el próximo lunes quiero que cada uno me entregue una redacción en la que me explique qué han hecho mal. Por supuesto, no voy a decírselo. Estamos en sexto. Si han aprobado el TIMO, supongo que serán capaces de hacerlo. Para el lunes. Recojan y váyanse.
—Lo que nos faltaba —dijo Ron, cuando salieron de la mazmorra—. Tendremos que averiguar qué hicimos mal... ¿Tú lo sabes?
—No tengo ni idea —le dijo Harry—. Espero que Hermione nos ayude...
El resto de las clases fue un poco mejor. El momento más extraño del día lo tuvieron a mediodía, cuando Harry, Ron y Hermione se dirigían al Gran Comedor. Al ir a entrar, Henry Dullymer se les acercó.
—Hola, Harry —saludó, sonriente.
—Ah... Hola, Henry —respondió Harry.
—Tú debes ser Ron Weasley ¿verdad? —dijo Dullymer rápidamente, extendiéndole la mano a Ron.
—Eh... pues sí —Ron le estrechó la mano— ¿Cómo lo sabes?
—¡Oh! He oído hablar de ti. —Luego miró a Hermione, le sonrió y también le extendió la mano—. Y tú, por supuesto, eres Hermione Granger.
—Sí... —contestó Hermione, dándole la mano tras reponerse de la sorpresa. Nadie de Slytherin había dado la mano a alguien de Gryffindor, y menos aún a alguien que no fuera de sangre limpia—. Tú eres Henry Dullymer.
—Sí, el mismo. Estaba deseando conoceros... En este colegio sois legendarios ¿Lo sabíais? Me he enterado de todo lo que habéis hecho... y, por supuesto —dijo dirigiéndose a Hermione—, todos saben que eres la alumna más inteligente del colegio.
—Eh... bueno —dijo Hermione, ruborizándose—. No creo que sea la más inteligente...
—¡Oh! Sí lo eres... —repuso Henry—. Tal como hablan de ti mis compañeros, debes de serlo.
Harry iba a preguntarle qué era lo que decían, pero en ese momento, apareció Malfoy. Vio a Dullymer hablando con Hermione y sonriéndole y puso una expresión de enfado que nunca le habían visto. Parecía como si acabara de indigestarse.
—¡Dullymer! ¿Se puede saber qué haces? ¡Es una sangre sucia! —Draco estaba rojo de ira— ¡¿Por qué hablas con ellos?! ¡Tu lugar es Slytherin, con gente de Slytherin!
—Calla, Malfoy —le contestó Dullymer, sin mirarle siquiera—. Sé perfectamente que Granger es hija de muggles, y también que es mejor bruja que tú y que yo. Por lo demás, sé cuál es mi casa, y también creo saber qué es lo que debo hacer, gracias.
Malfoy se quedó mudo. Iba a decir algo, pero no encontró las palabras, así que entró al comedor. Harry, Ron y Hermione estaban asombrados. ¿Un miembro de Slytherin hablando con ellos y humillando a Malfoy?
—Oye —dijo Harry— ¿Por qué lo haces?
—¿Por qué hago el qué? —Preguntó Dullymer.
—Hablar con nosotros, y con Hermione... Todos en Slytherin nos odian.
—Bueno —dijo Henry—. Yo no me dejo influir por lo que piensen los demás. Sé que hay rivalidad entre Gryffindor y Slytherin, pero eso no tiene nada que ver... Es lo que dijo nuestro director, ¿no? Que teníamos que estar unidos. Yo soy un mago de sangre limpia, pero nunca he tenido nada en contra de los hijos de muggles. Jamás he encontrado un motivo para ello. Todos somos humanos ¿no?
—No pareces de Slytherin —le dijo Ron.
—Bueno, supongo que serán otras características lo que me hace estar allí... —dijo Dullymer sonriendo—. O a lo mejor el sombrero se equivocó, no lo sé. De todas formas yo me siento a gusto. Malfoy a veces es algo estúpido, pero conmigo se ha portado bien, y los demás igual. A Draco hay que perdonarle algunos detalles. Con el padre que tiene, tampoco se puede esperar otra cosa...
Harry, Ron y Hermione rieron.
—Además, no todos en mi casa son como dan a entender, pero bueno, las demás casas detestan a Slytherin, así que mis compañeros se comportan igual. Además, la mayoría son influenciados desde que entran, con sólo once años...
—¿«Son influenciados»? —preguntó Harry—. ¿Cuántos años tienes tú?
—Tengo quince años.
—¿Quince años? —se sorprendió Ron—. Entonces, ¿cómo no has entrado en Hogwarts antes?
—Bueno, mi familia y yo vivíamos en Alemania. Nos vinimos aquí en verano.
—Pues hablas muy bien para ser extranjero —dijo Hermione.
—No soy extranjero. Mi familia es de aquí desde siempre, pero nos mudamos a Alemania cuando yo tenía siete años. Ahora hemos vuelto.
—Aaah... entonces debes de conocer a mi hermana —dijo Ron.
—¿A Ginny? Bueno, sí. No mucho, claro, sólo hemos tenido dos días de clase juntos. Tenemos con Gryffindor Cuidado de Criaturas Mágicas, Pociones y Adivinación, aunque Adivinación aún no la he tenido. Bueno, otro día seguimos charlando, que tengo hambre —se despidió.
—Sí, nosotros también —dijo Ron—. Ya nos veremos.
Dullymer se fue hacia la mesa de Slytherin, y los tres amigos, aún sorprendidos, se dirigieron a la suya, mientras otros alumnos les miraban con asombro, sin acabar de creérselo.
—¿No es raro? —preguntó Ron, en cuanto se hubo sentado.
—Es lo más extraño que he visto nunca —afirmó Hermione—. Cuando le vi en la ceremonia de selección me pareció repulsivo... pero ahora no lo sé. Parece simpático.
—A mí ya me parecía muy mayor para ser de primero —dijo Harry.
—Hola —saludó Ginny, sentándose con ellos—. ¿De qué habláis?
—De Henry Dullymer —respondió Ron.
—Ah, sí. El chico nuevo de Slytherin. Va a mi clase.
—¿Cómo es? —preguntó Harry.
—Pues no le conozco mucho, pero parece bastante simpático. De hecho, le gusta Hagrid...
—¿Le gusta Hagrid? —se sorprendió Hermione.
—Sí, en la clase de ayer estuvo hablando con él un rato.
—¿Y los demás de Slytherin?
—Algunos le miraron con desagrado, pero a otros parecía divertirles. Yo creo que piensan que está loco.
—Si sigue comportándose así y hablándole a Malfoy como antes, le harán la vida imposible en Slytherin —dijo Ron, mirando hacia la mesa de la casa de la serpiente, donde Dullymer parecía discutir algo con Malfoy.
Tras terminar la comida, los de Gryffindor estaban nerviosos. Esa tarde, finalmente, tenían la primera clase de Defensa Contra las Artes Oscuras con Dumbledore. Cuando llegaron al aula, Dumbledore ya les estaba esperando.
—Buenas tardes a todos. Pasad y sentaos —les dijo, sonrientes.
Todos se sentaron, expectantes.
—Bueno, este año, que ya estáis en sexto, vamos a esforzarnos todos bastante. Como bien sabéis, ahora es más necesaria que nunca una buena preparación. Sé que con el falso profesor Moody visteis las maldiciones imperdonables y otras cosas, la mayoría de las cuales no deberías ver hasta este año. Sin embargo, es mejor así, ya que tenemos mucho que avanzar. Al fin y al cabo, no creo equivocarme si digo que el año pasado no aprendisteis gran cosa ¿verdad? —dijo Dumbledore, mirándolos con una sonrisa.
—¿Gran cosa? ¡No aprendimos nada! —contestó Parvati.
—Bueno, en esta clase concretamente creo que avanzasteis bastante, ¿verdad? —dijo Dumbledore, con una gran sonrisa—. ¿Cuántos sabéis hacer un patronus?
Levantaron las manos Harry, Hermione, Ron, Dean Thomas, Seamus y, tímidamente, Neville. Parvati y Lavender no habían conseguido grandes progresos con los patronus el año anterior.
—¡Excelente! —exclamó Dumbledore, satisfecho—. Lo normal es que al comenzar sexto nadie sepa cómo hacerlo. De hecho, muchos magos no aprenden a hacerlos nunca. Pues bien, como sabéis, los dementores han abandonado Azkaban, y se han unido a Lord Voldemort. —La clase dio un respingo. Dumbledore los miró—. Vamos, es hora de que empecéis a llamar a las cosas por su nombre. No va a aparecerse aquí solamente por mentarle ¿no creéis?. Y si no queréis llamarle así, podéis llamarle Tom Ryddle, su verdadero nombre. Vale... —continuó—, como iba diciendo, ahora que los dementores están contra nosotros, lo primero que haremos será aprender a defendernos de ellos. Veremos en primer lugar el encantamiento patronus. Espero que no os cueste demasiado aprenderlo, a pesar de lo difícil que es. ¿Qué tal si empezamos con una demostración?
Dumbledore señaló a los que habían levantado la mano. Harry se levantó, sacó su varita y recordó el momento en el que habían ganado el campeonato de quidditch del colegio, cuando había vencido al colacuerno...
—¡Expecto patronum!
Un ciervo plateado se desprendió de la varita y empezó a dar vueltas por la clase mientras los alumnos que nunca lo habían visto proferían un «¡Oooh!» de asombro. Cuando desapareció, Hermione lanzó el suyo, y una nutria estuvo paseando por entre las mesas. Ron no consiguió que el suyo fuera completamente corpóreo, pero lo reconoció como un águila. Dean Thomas sí lo había conseguido casi del todo, y generó un perro, aunque se desvaneció pronto. Luego Seamus conjuró lo que parecía un gato, aunque algo difuminado.
—¿Y tú, Neville? —preguntó Dumbledore, mirándole por encima de sus gafas de media luna.
—A mí no me sale aún...
—Vamos, inténtalo.
Neville hizo ademán de concentración, y, aunque lo único que salió de la varita fue un humo plateado, fue mucho mejor que la última vez que lo había intentado.
—Bien. No ha estado mal. 15 puntos para gryffindor por todos los patronus corpóreos y 10 puntos por los demás —Los alumnos se miraron unos a otros, sonrientes. Acababan de conseguir 80 puntos en un momento.
Dumbledore pasó el resto de la clase explicándoles los fundamentos del encantamiento patronus, y diciéndoles que empezarían a practicarla en la clase del día siguiente. Cuando abandonaron la clase, Dumbledore pidió a Harry que se quedara un momento.
—¿Sí, profesor?
—Harry —dijo Dumbledore sentándose—, debemos seguir con las clases de oclumancia. ¿Qué te parece este domingo, a las cinco, en mi despacho?
—De acuerdo —aceptó Harry—. Hasta mañana, profesor Dumbledore.
—Hasta mañana, Harry.
Harry salió del aula y fue a reunirse con Ron y Hermione.
Al día siguiente, en Defensa Contra las Artes Oscuras, comenzaron a practicar el patronus. Dumbledore les dijo que buscaría un boggart, para que pudieran practicar con él, pero eso sería cuando dominaran el hechizo.
Por la tarde, que como la de todos los viernes, la tenían libre, Harry, Ron y Hermione fueron a visitar a Hagrid.
—Pasad —los invitó su amigo, abriéndoles la puerta— ¿Queréis un té?
—Sí —dijo rápidamente Ron.
Hagrid se acercó al fuego y empezó a prepararlo, mientras los tres se sentaban alrededor de la mesa.
—¿Qué tal va la primera semana de clases? —les preguntó Hagrid, mientras llenaba la tetera de agua y la ponía a hervir.
—Bueno... excepto con Snape, bastante bien —dijo Harry.
—¡Con Dumbledore genial! —exclamó Ron entusiasmado— No sé como no ha dado clase antes...
—Cuando yo estaba en el colegio, daba Transformaciones —comentó Hagrid, con expresión nostálgica—. Era un excelente profesor... excelente. En cuanto al profesor Snape... procurad esforzaros.
—Oye, Hagrid —dijo Ron—. ¿Sabes que este año hay un alumno de Slytherin que es simpático?
—Henry Dullymer, ¿Verdad? —respondió Hagrid sin pensárselo.
—Sí. Ginny nos dijo que había estado hablando contigo —dijo Harry, sorprendido.
—Pues sí. He tenido dos clases con él. Ayer fueron simplemente unas palabras acerca de la clase, pero hoy por la mañana se ha quedado a hablar un rato conmigo. Me dijo que le apetecía conocerme, que nunca había hablado con un semigigante, y que le gustaría hablar conmigo, si no me importaba. Y yo le dije que claro que no me importaba.
—¿Te dijo todo eso? ¿Que nunca había hablado con un semigigante? —preguntó Harry, asombrado—. ¿Y qué hicieron los demás de Slytherin?
—Le miraron como si estuviera loco —respondió Hagrid con una sonrisa.
—¿De qué hablasteis? —Inquirió Hermione.
—De cosas sin importancia... Me dijo que sabía que era amigo vuestro, y que casi todos los compañeros de Slytherin me querían ver despedido, pero que a él no le importaba lo que yo fuera y que le habían gustado mis clases. Luego se despidió amablemente y se fue.
—Cuanto más oigo de ese chico más me extraño. No entiendo qué hace en Slytherin —dijo Harry.
—Ojalá todos fueran como él —comentó Ron con un suspiro.
Tras agotar el tema Henry Dullymer, estuvieron charlando un rato más de los respectivos veranos de cada uno. Hagrid quiso saber hasta el último detalle del lo sucedido en el juicio de Dolores Umbridge. Harry se lo contó con pelos y señales mientras terminaban el té.
—Bueno, Hagrid —dijo Hermione de pronto, mirando la hora—. Gracias por el té, pero tenemos que irnos. Harry y Ron tienen que hacer una redacción para el profesor Snape, y estoy segura de que no saben como hacerla todavía.
—¡Pero Hermione! Es el primer viernes del curso... —replicó Ron.
—Da igual. Venga, vamos.
Viendo que era inútil negarse, se despidieron de Hagrid y volvieron al Castillo, donde Hermione les obligó a ir a la biblioteca y trabajar hasta la hora de la cena en su trabajo de pociones, que resultó ser verdaderamente odioso. Se pasaron toda la tarde consultando libros sobre ingredientes y fórmulas para encontrar lo que había ido mal. Al final, y con la ayuda de Hermione, lograron dejar listo la mayor parte del trabajo.
Llegó al fin el domingo, y a la hora acordada Harry se dirigió hacia el despacho de Dumbledore, para su clase de Oclumancia. Estaba ya en el pasillo que conducía a la entrada, cuando apareció Dullymer, quien se llevó un susto al ver a Harry.
—¡Ah! ¡Hola, Harry! —saludó.
—Hola, Henry ¿Qué haces aquí?
—Eh... nada. Estaba paseando, viendo el Castillo, que es impresionante, y me quedé mirando esa gárgola de ahí... ¿Qué es? Parece que guarda esa puerta de ahí ¿verdad?
—Sí... es el despacho de Dumbledore —le dijo Harry, un poco extrañado.
—Aah, así que aquí es... Interesante... —dijo por fin—. Bueno Harry, debo irme. Ya nos veremos. ¡Saluda a Ron y a Hermione! —añadió, mientras se alejaba por el pasillo.
Harry esperó a que se fuera y pronunció «caramelo de limón», la contraseña que le había dicho Dumbledore. Cuando entró en el despacho, el director ya lo estaba esperando.
—Buenas tardes, Harry. ¿Estás listo?
—Creo que sí, profesor.
—Bien. ¿Te ha dolido algo la cicatriz? ¿Algún sueño extraño?
—No —respondió Harry con sinceridad—. Ninguno.
—Estupendo. Entonces comencemos. —Se levantó y se puso delante de él—. En nuestra última clase avanzaste mucho, Harry. Hoy repasaremos y perfeccionaremos las técnicas de ocultación mágica. El próximo día empezaremos con los ataques imprevistos ¿De acuerdo? —Harry asintió—. Prepárate.
Harry vació su mente, tal como había aprendido a hacerlo y hacía o procuraba hacer todas las noches, y selló su mente: «fermaportus», pensó, imaginándose una puerta en su cabeza. Dumbledore atacó y al final logró entrar al final, pero con grandes trabajos.
—No vaciaste totalmente tu mente, Harry. He visto a ese chico nuevo, Henry Dullymer ¿Le conoces?
—Sí... he hablado con él varias veces... es muy raro para ser de Slytherin...
—Sí, algo he oído —comentó Dumbledore, sin darle importancia—. Pero debes concentrarte. Sácalo de tu mente.
Siguieron practicando hasta la hora de la cena. Harry pronto logró alcanzar el nivel de la última clase, e incluso superarlo.
—Bien —dijo Dumbledore tras el último intento, con aspecto algo cansado, pero satisfecho—. Lo dejamos aquí, Harry. ¿Te viene bien que continuemos el próximo domingo?
—Sí.
—De acuerdo, pues hasta la clase de mañana, entonces.
Harry abandonó el despacho y se dirigió hacia la sala común.
La siguiente semana trascurrió apacible, aún con el buen tiempo del verano, con lo cual la mayoría de los alumnos, cuando no estaban en las clases o en la biblioteca, intentaban pasar el tiempo al aire libre. Harry, Hermione y Ron solían hacer los deberes bajo la gran haya junto al lago. Snape les había puesto, para alivio de Harry y Ron, un aprobado en sus trabajos, y en las clases de transformaciones habían empezado a hacer pequeños cambios: color y longitud del pelo, color de los ojos... Si bien la primera vez que Harry intentó cambiar su color de ojos, se los volvió hacia atrás, necesitando la intervención de la profesora McGonagall para volver a ponérselos bien. En clase de Encantamientos, sin embargo, los tres habían logrado volver invisibles sus piedras (Hermione ya conseguía hacer invisibles a algunos animales pequeños), y en Defensa Contra las Artes Oscuras, el patronus de Ron era ya casi perfecto.
Al fin llegó el viernes, el momento de las pruebas de quidditch. Harry, Ron y Ginny se encaminaron al campo de quidditch, junto con Hermione. Katie Bell ya estaba allí, y en unos minutos después llegaron Kirke y Sloper. Se cambiaron en los vestuarios y subieron a las escobas. Empezaron a probar a los nuevos candidatos, todos para el puesto de cazador. Las pruebas consistían en avanzar, intentar sortear a Katie, y marcarle un gol a Ron. La primera en empezar fue Ginny. Sólo logró meterle un gol en las cinco ocasiones, pero sorteó dos veces a Katie.
—Bien hecho, Ginny —le dijo Harry cuando ella terminó.
—Gracias, Harry —le sonrió la pelirroja.
Continuaron con las pruebas durante tres horas, hasta que casi hubo oscurecido. Cuando se reunieron en el centro del campo, tomaron la decisión de aceptar a Ginny como cazadora y como Buscadora suplente. Otro chico de cuarto año, Gregory Sheldon, consiguió el otro puesto de cazador, y Harry decidió aceptar a una chica de quinto, Anna Snowblack, como cazadora suplente.
—Bien —dijo Harry a todos—. Tendremos que empezar a entrenar pronto. Debido al Torneo de quidditch que empezará antes de Navidad, el primer partido será el día 3 de Octubre. Jugaremos contra Ravenclaw. El día 10 jugarán Hufflepuff y Slytherin. Luego habrá las pruebas para el equipo de Hogwarts, ya que el primer partido del torneo será a finales de noviembre. La copa escolar no se volverá a jugar hasta el día 6 de Marzo, cuando jugaremos contra Hufflepuff. El próximo martes y miércoles, entrenamiento a las seis de la tarde ¿de acuerdo?
Todos estuvieron de acuerdo.
—Bien, pues a cambiarse.
Cuando se dirigían hacia los vestuarios, Ron le dijo a Harry:
—Harry, mira quién está allí.
Miró, y, para su sorpresa, junto a las gradas estaba Henry Dullymer, sentado al lado de Hermione, y ambos charlaban animadamente.
—¿Habrá venido a espiarnos? —preguntó Ron.
—No sé... pero no creo —dijo Harry.
—Pues yo no estoy tan seguro... quizás él no lo haga por sí, pero veo a Malfoy perfectamente capaz de obligarle a observar cómo jugamos... —Ron abrió los ojos de pronto— ¿Y si Malfoy ha encargado a Dullymer la tarea de espiarnos, y por eso se lleva tan bien con nosotros?
—Vamos, Ron, ¿no crees que eso es algo paranoico? —le dijo Harry a su amigo, con una sonrisa—. Además, ya sabes que Malfoy nunca ha tenido ningún problema en venir él mismo a los entrenamientos.
—Seguro que lo dice porque está con Hermione —dijo Ginny, entre risitas.
—¡¿Qué?! ¿Pero qué dices? —Ron estaba rojo como los tomates— ¿Harry, tú has oído...?
Pero Ron calló, porque se aproximaban a donde estaban Hermione y Dullymer.
—... Y allí es donde vivimos aún ahora mis padres y yo —contaba Hermione—. Fui dos años al colegio muggle en aquel lugar, antes de recibir la carta de Hogwarts... —Volvió la cabeza, al ver a Harry, Ron y Ginny—. ¡Ah! ¡Hola!
—Hola, Harry —saludó Dullymer también, muy sonriente—. Ron... Hola, Ginny.
Henry le dirigió una enorme sonrisa y Ginny se ruborizó un poco.
—Hola —dijeron los tres.
—¿Qué haces por aquí, Henry?
—Bueno... he venido a ver si eres tan bueno jugando al quidditch como Draco Malfoy da a entender.
—¿Malfoy dice que soy bueno al quidditch? —preguntó Harry, extrañado.
—No —contestó Dullymer—. Siempre dice que eres buscador por pura suerte, pero como se le notan los celos en todo el cuerpo, por eso sé que eres bueno. Aunque claro, hoy no he podido comprobarlo... Pero lo veremos cuando juguéis contra Slytherin ¿verdad? Oh, no os confundáis —dijo riendo, al ver la cara de extrañeza que tenían todos—. Yo quiero que gane Slytherin, claro, pero seguro que será un buen partido...
—Ah... —dijo Ron—. Claro, por supuesto...
—Casi no te han marcado goles —le dijo Henry a Ron—. Los del equipo de mi casa dicen que eres un patoso, pero yo no lo creo. No dejes que te afecten esas tonterías. Hermione me ha contado lo de la canción del año pasado...
Ron se puso un poco colorado, pero sonrió abiertamente a Dullymer. Nunca habría esperado que un alumno de Slytherin le dijese que era un buen guardián...
—Y tú eres una buena cazadora, Ginny. Malfoy siempre habla mal de vosotros, pero yo no veo que tengáis nada malo. Sois siete hermanos ¿Verdad? Y cuatro de vosotros habéis sido prefectos... y dos Premios Anuales... y todos miembros del equipo de Gryffindor menos Percy... que ha conseguido ser Asistente de Fudge... No está mal...
Ron y Ginny le miraron exultantes. Estaban tan acostumbrados a oír desprecios hacia su familia de parte de los de Slytherin que casi no podían creerse lo que oían.
—Gra-gracias —balbuceó Ginny.
—Aunque mi padre siempre dice que Fudge no tiene luces ni para abrocharse los botones de la túnica —concluyó Dullymer, con lo que todos estallaron en carcajadas.
—Oye, eres muy simpático —le dijo Hermione—. De verdad no pareces de Slytherin.
—Bueno... dicen que en Slytherin son astutos, y dispuestos a lo que sea por conseguir sus metas ¿No? A lo mejor es por eso... No creo ser lo bastante trabajador para estar en Hufflepuff, ni lo bastante inteligente para ser de Ravenclaw, ni mucho menos valiente como para ser de Gryffindor.
—¿En tu antiguo colegio no había casas o algo así? —preguntó Harry.
—No, allí estábamos todos juntos, sin más.
—¿Cómo se llamaba ese colegio? —quiso saber Ginny.
—No tiene nombre. Todo el mundo lo conoce como Instituto Alemán de Alta Hechicería, aunque no hay tan «Alta Hechicería». Hogwarts me parece mejor, por lo que he visto... Dumbledore es un gran director, ¿verdad?
—Sí, sí que lo es —respondió Ron rápidamente.
—En Slytherin gusta a muy pocos, pero a mí me parece un buen profesor. ¿Le conocéis bien?
—¡Ya lo creo! —dijo Ginny—. Le vemos y hablamos con él muy a menudo. Es un mago extraordinario, aunque a veces parece algo chiflado...
—Pero no lo está —atajó Harry, por si acaso—. Bueno, será mejor que nos cambiemos, está anocheciendo...
—Vale —dijo Hermione—. Os espero aquí.
—Yo también —agregó Dullymer—. No tardéis.
Ron, Harry y Ginny entraron en los vestuarios, se cambiaron y salieron. Hermione y Dullymer hablaban muy animadamente sobre los TIMOs. La chica le explicaba muy contenta cómo eran, qué solían preguntar... y el Slytherin parecía muy interesado.
—Ya veo... —decía— Yo seguro que me pondré nervioso. En Alemania era de los mejores de la clase, y aquí no me va mal, pero he oído que los TIMOs aquí son dificilísimos...
—Vamos, no te preocupes. Si estudias duro no tendrás ningún problema.
—Eso espero...
—En las clases lo haces bien —dijo Ginny—. Pareces buen mago.
—¿De veras crees eso? —le preguntó Henry.
—Eh... sí —respondió Ginny, sonriéndole también—. En las clases lo haces muy bien.
Dullymer mostró una sonrisa aún más abierta.
—Tenéis razón. No me preocuparé. Si dos trols como Crabbe y Goyle han sacado algunos tampoco debe de ser para tanto —dijo, entre las risas de todos.
—Bueno, deberíamos irnos —sugirió Hermione, aún riéndose—. Casi es de noche...
Mientras caminaban hacia el castillo, Harry le preguntó a su nuevo amigo:
—Oye, Henry... Hablas mucho de Malfoy... ¿Cómo se tomó lo que le dijiste el otro día antes de entrar en el Gran Comedor? Se marchó muy ofendido. No creo que debieras meterte así con él si estás en Slytherin...
—Oh, no hay problema... —le contestó Dullymer con una sonrisa de suficiencia— No es tan peligroso en la sala de Slytherin como parece fuera... No os preocupéis por él.
—¿Sabrá dónde se esconde su padre? —preguntó Ron, intentando sonsacarle algo.
—Supongo, aunque obviamente no lo ha dicho. Lo que sí ha contado es que los aurores ya han registrado dos veces su mansión. Aunque claro, no va a ser tan tonto como para esconderse allí.
Entraron en el Castillo y se dirigieron al Gran Comedor. Allí se separaron amablemente, y, mientras Dullymer se sentaba en la mesa de Slytherin con algunos chicos de su curso, Harry, Ron, Hermione y Ginny fueron hacia la mesa de Gryffindor.
—Oye, Hermione —dijo Ron, cuando empezaron a comer—. ¿De qué estuvisteis hablando?
—Pues mientras hacíais las pruebas no gran cosa —respondió Hermione—. Parecía muy interesado en cómo jugabais. Me dijo que a él le encantaba el quidditch, pero que no era lo suficientemente bueno como para formar parte del equipo de Slytherin. Me dijo que le gustaba más vivir aquí que en Alemania y...
Se interrumpió, porque en ese momento, Katie se acercó a ellos.
—Oye, Harry, ¿qué hacía ese chico de Slytherin en nuestras pruebas?
—Fue a vernos —le contestó Harry—. Es... amigo nuestro.
—¿Amigo vuestro? —Levantó una ceja—. ¿Uno de Slytherin? ¿Que además es amigo de Malfoy? —preguntó ella, incrédula.
—Bueno... ya sé que es raro. A nosotros también nos extrañó, pero parece sincero. No le importa que Hermione sea hija de muggles, le gusta Dumbledore y también Hagrid...
—Ummhh —dijo Katie con el ceño fruncido—. No sé... ¿Seguro que no es un espía?
—Eso también lo dijo Ron —mencionó Ginny.
—¡Sólo fue una broma! —exclamó Ron, enojado.
—Ya, eso lo dices ahora porque dijo que eras buen guardián —le espetó Ginny.
Ron la miró con cara de furia, rojo hasta las orejas.
—Está bien —les dijo Katie—. Pero no os fiéis demasiado... y de todas formas, preferiría que nadie de otras casas viniera a ver nuestros entrenamientos...
—Ya lo sé —le dijo Harry—. No te preocupes.
El sábado por la tarde lo pasaron haciendo deberes bajo la gran haya junto al lago, que se había convertido en su sitio preferido cuando hacía buen tiempo. Estaban haciendo una redacción para herbología sobre las propiedades de las Astinias, unas extrañas plantas que sólo crecían bajo la luz de la luna y cuyas propiedades relajantes eran usadas para muchas pócimas del sueño. De hecho, en clase usaban el encantamiento casco-burbuja para evitar caer dormidos por los efectos de los polvos que soltaban. Hermione corregía la redacción de Ron tranquilamente, cuando oyeron la voz arrastrada de Draco Malfoy.
—¡Pero si son los grandes héroes de Hogwarts! —exclamó, haciendo una reverencia.
Harry, Ron y Hermione levantaron la vista con desagrado. Allí estaba Malfoy, flanqueado, como siempre, por Crabbe y Goyle, que sonreían.
—¡Pero si es el hijo de presidiario, con sus dos trols de seguridad! —gritó Ron, y Harry y Hermione se rieron. Malfoy, por el contrario puso su peor cara de desprecio, al igual que Crabbe y Goyle, a quienes no parecía gustarles que les llamaran trols. Levantaron los puños y miraron a Ron amenazantes.
—¡Dejadle! —ordenó Malfoy, conteniéndolos—. No se reirá tanto en el próximo partido de quidditch ¿verdad, Weasley? Supongo que no puedes esforzarte mucho, ¿a que no? Tu madre te habrá dicho que cuides ese palo que te compró el año pasado... Seguro que no puede comprarte otro en cincuenta años.
Ron se levantó, furioso, pero Malfoy estaba preparado, sacó rápidamente su varita y apuntó:
—¡Hemor...
—¡Expelliarmus!
Malfoy no tuvo tiempo de terminar el hechizo, cayó sentado, su varita saltó por los aires y fue a caer limpiamente en la mano de Henry Dullymer, que se acercaba con su propia varita en la mano, con la que aún apuntaba a Malfoy.
—¡¿Qué diablos haces?! —le preguntó éste a Dullymer, mirándole casi con odio. Harry, Ron y Hermione estaban con la boca abierta.
—No querrás que le quiten puntos a Slytherin por tu culpa, ¿verdad, Draco? No deberías hacer estas tonterías si queremos ganar a Gryffindor este año en la Copa de las Casas.
—¡No me importa que...!
—Pues a mí sí —dijo Dullymer sin inmutarse.
—¿Por qué les defiendes? ¡Eres muy raro! No será que te gusta la sangre sucia ¿verdad? —preguntó, mirándole resentido.
—No la llames así —repuso él, tranquilamente.
—¡Entonces es eso! ¡Eres la vergüenza de Slytherin! ¡Y me caías bien! —Malfoy parecía fuera de sí.
—Ella no me gusta. Y aunque así fuera, no veo qué tiene que ver eso con Slytherin.
Se acercó a Malfoy, le entregó su varita y tiró de él, llevándoselo aparte. Habló con él un rato, muy serio. La expresión de Malfoy iba del enfado al asombro. Crabbe y Goyle no sabían qué hacer, y Harry, Ron y Hermione seguían con la boca abierta. Al fin, Dullymer se apartó de Malfoy y se dirigió hacia los tres amigos.
—Crabbe, Goyle, vámonos —dijo Malfoy, con cara de desagrado. Luego miró hacia Ron—. Ya nos veremos, Weasley.
—¿Estáis bien? —les preguntó Dullymer al acercarse a ellos.
—Eh... sí, gracias —dijo Ron, aún sorprendido.
—No pasa nada. No me gustan las peleas —dijo Dullymer, encogiéndose de hombros.
—¿Qué le has dicho a Malfoy para que se fuera? —quiso saber Harry.
—¡Oh! Nada importante... —respondió, sonriente.
—Te ha salido muy bien el hechizo de desarme —le dijo Harry.
—Ya. En Alemania teníamos clases de duelo. Eran las más divertidas, y no se me daba nada mal. No deberíais pelearos tanto —agregó—. No tiene sentido. Dentro de poco habrá ese torneo de Quidditch, deberíais uniros para hacer un gran equipo.
—No lo creo... Malfoy y yo siempre nos hemos odiado, desde que llegamos aquí —le confesó Harry.
—Lo sé, pero, de todas formas... —Volvió a encogerse de hombros— Bueno, he de irme, también tengo que hacer muchos deberes... Que os divirtáis.
—Hasta luego —dijo Ron—. Y gracias de nuevo.
Dullymer le sonrió y se alejó hacia el castillo.
—¿Qué le habrá dicho a Malfoy? —Se preguntó Hermione, mordiéndose el labio inferior.
—No lo sé... pero Malfoy no es de los que se dejan intimidar por amenazas...
—¿Qué mas da? El caso es que se ha ido —dijo Harry.
Siguieron trabajando hasta la hora de la cena. Aquella noche, en la mesa de Gryffindor no se habló de otra cosa que del ataque de Dullymer a Malfoy. Todo el mundo se había enterado. Harry y Ron lo contaron varias veces. Casi todos los que habían hablado con Dullymer tenían algo que decir. Parecía haberse convertido en el héroe del colegio, y el rumor se extendió por las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw, hasta llegar a la de Slytherin. Harry observó, muy contento, que Malfoy tenía una expresión de rencor en la cara que le resultó maravillosa. Dullymer, sin embargo, sonreía ligeramente. Se fijó en la cara de Draco y se le acercó para decirle algo, pero éste no cambió su cara.
Antes de irse aquel día a la sala común, muchos de Gryffindor saludaron a Dullymer, al igual que muchos de Ravenclaw y Hufflepuff. Se había vuelto popular. Era de Slytherin y había puesto en su sitio a Draco Malfoy defendiendo a Harry Potter, a Ron Weasley y a Hermione Granger. Sí, desde luego, se había convertido en alguien muy, muy popular.