← HHP: Primera Guerra Mundial Mágica · de
HHP: Primera Guerra Mundial Mágica — capítulo 30
A Luigi, fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.
Treinta: Comienza la guerra mundial.
19 de junio de 2020.
Norte de Escocia.
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
SIGUEN LAS AVERIGUACIONES SOBRE EL ATENTADO EN LA PREPARACIÓN DE LA COPA EUROPEA DE QUIDDITCH.
Edmund McGill, Ministro de Magia, asegura que tiene a mucha gente trabajado en las pesquisas del suceso del pasado lunes, donde los magos y brujas que asistían a una reunión acerca de la Copa Europea de Quidditch fueron atacados y se registraron algunos decesos, entre ellos el del director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, el señor Oliver Wood.
En conferencia de prensa, convocada ayer a las seis y media de la tarde, el Ministro McGill ha reconocido que las sospechas sobre la autoría del atentado recaen en Hugo Hagen, el Terror Rubio, y el resto de sus seguidores. Se cree que el móvil fue la prohibición a Alemania para participar en la Copa Europea. Así mismo, se rumorea que el Terror Rubio intentó llegar a un acuerdo con Reino Unido para la firma de un pacto de no agresión, cosa que el Ministro negó categóricamente.
«Estamos aquí para hablar del lamentable suceso del lunes, no quieran desviarse a otras cuestiones que además, son completamente falsas», fueron las palabras exactas del señor McGill que, seguramente, no está conforme con las recientes encuestas, que lo desfavorecen para una reelección. Lo más probable es que, con el anuncio de una próxima declaración de guerra (también hecho en la conferencia de prensa), tendrá aún más detractores.
Mientras tanto, la comunidad mágica está al pendiente de los funerales de los siete magos ingleses que perecieron en el atentado, aunque no se confía mucho en esa cifra, pues se especula que el alcance del ataque tuvo otras repercusiones hasta ahora desconocidas. (Crónica interior en página 12).
Magos y brujas de todas partes del país estaba esperando algún detalle sobresaliente, incluso alentador, acerca del extraño atentado que habían sufrido los organizadores de la Copa Europea, pero al leer semejante nota en El Profeta, perdían las esperanzas. Hasta la fecha, todo lo que habían sabido era que, de alguna manera, los participantes habían sido tomados por sorpresa y atacados de forma feroz; además, pocos creían que al Terror Rubio le importara tanto la participación de equipos alemanes en la contienda deportiva como para atacar a quienes habían decretado tal cosa.
No, lo que en verdad tenía en estado de alerta a los magos británicos era que su máximo dirigente aceptara, por una cosa u otra, algún trato con Hagen. Era una variable remota en el curso de los recientes acontecimientos, pero no improbable. Por lo tanto, las próximas elecciones para Ministro serían unas de las más esperadas y controversiales de los últimos setenta años.
—Menudo panorama para el fin de curso…
Thomas musitó eso sin pensar, con la espalda recargada en el tronco del haya bajo la que él y sus amigos se reunían habitualmente para hacer las tareas. Aquella soleada mañana de junio, que parecía recompensarlos por todo el tiempo que se habían encerrado estudiando, no era suficiente para levantar el ánimo reinante en el castillo.
Incluso la Orden del Rayo se había contagiado por ese ambiente, sobre todo por tener cerca a algunos familiares de los siete magos asesinados. Por no ir más lejos, Rose había comentado en el desayuno que Nerie y los mellizos Copperfield no paraban de inventarse chistes y bromas (aunque con escasos resultados) para arrancarle a Odette Wood aunque fuera una sonrisa.
Los hijos de magos, que habían escuchado hablar de Oliver Wood como uno de los mejores guardianes que había pasado por el Puddlemere United en los últimos veinte años, lamentaban su pérdida, más cuando varios recordaron su asistencia al Torneo de las Tres Partes. Los medios, por cierto, no habían dicho nada sobre quién ocuparía su cargo.
—Mi familia lo conocía —recordó Rose entonces, refiriéndose claramente a Oliver Wood —Tío Fred y tío George a veces bromeaban diciendo que sus discursos antes de los partidos eran aburridísimos, pero aún así…
La pelirroja se encogió de hombros, sin poder completar la frase. Como todos sus amigos, que alguien más o menos cercano hubiera muerto de esa manera no era una sensación agradable.
—Will dice que no lo han reemplazado en el Ministerio —comentó Sunny, que había recibido una carta en el desayuno.
—Sí, la abuela mencionó lo mismo —corroboró Procyon.
—¿Es en serio, eh? —soltó Paula de improviso, con una mueca muy desagradable en la cara.
—Paula, nada más pienso decirlo una vez, ¡deja de sentirte culpable! —espetó Henry, mirando a la rubia con el ceño fruncido —Tú eres tú y eso es lo que nos importa. Si vuelves a escuchar una sola palabra de lo que dice gente como Kleiber…
Los demás le dieron la razón a Henry con diferentes gestos, cosa que Paula agradeció. Desde que se había publicado la noticia del atentado, la rubia había pasado muy malos ratos, muchos de ellos provocados por Kleiber y el hecho de apellidarse igual que el Terror Rubio.
Y eso que muchos desconocían el parentesco que la unía a ese tipo.
—Supongo que no puedo evitarlo del todo —fue lo único que se le ocurrió decir para explicarlo —Más con el asunto de la guerra.
—Mira, si te sirve de algo, ríete de los chicos a los que bromeamos por deseables —aconsejó Rose de golpe, riéndose al segundo siguiente —Ojalá hubiéramos tomado fotos…
—¿No dijo Diane que ella tomó algunas? —se acordó Hally repentinamente, alzando la vista de la novela muggle que leía —¡Hay que pedírselas en cuanto volvamos al dormitorio!
—¡Eso me parece bien! Giselle me contó que hay algunas bastante interesantes.
—¡No olviden enseñárnoslas! —pidió Procyon alzando una mano, tirando por poco la mitad de las piezas de ajedrez mágico con las que jugaba. Bryan, su compañero de partida, se sobresaltó.
—Mientras no haya una de mí… —espetó Ryo de mala gana, entretenido con un libro que su hermana le había regalado en su cumpleaños, Fauna Mágica de la República Popular China.
—¡No digas eso! —dejaron escapar sus amigas a la vez. Incluso Paula, que tenía una expresión ofendida que Procyon y Thomas no pasaron por alto.
—En fin, unas cuantas fotos podrían levantar el ánimo de la gente —apuntó Hally al cerrar su libro y ponerse de pie —Se lo comentaré a Melvin, por si hallo una de su amigo Oscar.
La chica se alejó a paso lento, alzando el libro a un costado de la cara para protegerse del sol.
—Bueno, yo también me voy —apuntó Paula, enrollando un pergamino y guardando en su bolsa la pluma y el tintero —Me están esperando.
—¿Quién, si puede saberse? —inquirió Sunny, alzando la mirada de un bosquejo.
—Nott.
Al unísono, las chicas dejaron lo que estaban haciendo y los chicos soltaron improperios.
—¿Tú estás loca?
—¿Qué tienes que estar haciendo con Nott?
—¿Nott? ¿El debilucho de Nott?
—¿Se te zafó un tornillo?
—¡Es amigo de Zabini! ¿Segura que no te echó una maldición?
Paula se encogió de hombros, desdeñando las palabras que escuchaba, hasta que dio media vuelta y comenzó a andar. No llegó muy lejos porque de un tirón, alguien se la llevó a otra parte del lago. Bajo el cerezo de Hoshikino, para ser exactos.
—¿Perdiste la cabeza? —soltó Ryo en cuanto estuvo seguro de que no los escuchaban las escasas personas que paseaban por esa área —Disculpa, pero te creí con más cerebro para…
—¿A ti en qué te afecta?
La pregunta de Paula salió con voz dura, sarcástica, casi tan hiriente como un cuchillo. Ryo lo notó perfectamente, por lo que consideró sus opciones en tres segundos y dejó de ir de un lado a otro delante de ella, antes de tomar aliento.
—Me afecta, Hagen, porque no fuiste capaz de escuchar mi respuesta sobre el asunto de las deseables. Así que ahora te callas y atiendes, ¿entendido?
Eso sí que era novedad, razonó Paula con rapidez. No solamente que Ryo la llamara por su apellido, sino que luciera en verdad enfadado. Por lo general, cuando algo le disgustaba, lo único que hacía era dejar escapar una frase ocurrente y oír cómo otros (por lo general Rose, Henry y Procyon) despotricaban contra lo que creyeran molesto e injusto. Y que ahora Ryo sonara como un mandón insufrible… Bueno, era raro. Mucho muy raro.
—En realidad, no es que señalara a una chica como deseable. ¡Lo único que hice fue mandarle una carta en su cumpleaños!
—Algo debió decir esa carta para que se activara la broma contigo.
—Dímelo tú. Aunque por cómo te has portado, deduzco que no la leíste.
Ryo esperaba muchas cosas al reconocer aquello, como una sarta de insultos e incluso un hechizo (Encantamientos era una de las especialidades de su amiga). Lo que nunca creyó ver fue una rubia con el flequillo ligeramente revuelto por el viento y unas mejillas más sonrosadas que de costumbre. Ah, y las manos sobre la boca, como si contuviera algo que no quería decir.
—¡Trolls, Paula, cualquiera con más sentido común sabría explicarlo mejor que yo! —Ryo volvió a su vaivén, evitando por todos los medios mirar a la jovencita, que poco a poco se estaba recuperando de la impresión y bajaba las manos —Mira, no soy muy bueno con estos asuntos, así como me ves, incluso llegué a burlarme de Bryan por algo parecido, ¡pero vamos! Cuando quería decir algo coherente, me salía al revés, ¡terminaba halagando a todas! ¡Y sólo te veía a ti!
Con manos temblorosas, Ryo sacó la varita y apuntó a la primera piedra que encontró, a la cual le musitó un hechizo para lanzarla al agua. Tal vez había cometido un error, pero era mejor dejar las cartas sobre la mesa, por muy torpe que fuera para hacerlo. Así que se pasó unos minutos dando vueltas, durante los cuales el salpicar del agua fue el mayor sonido que se oyó entre ellos.
—¿Eso qué significa? —inquirió Paula en un susurro.
Ryo dejó de arrojar piedras, deteniendo sus paseos y dándole la espalda al cerezo de Hoshikino, que en esas fechas estaba completamente en flor.
—No sé —reconoció él, encogiéndose de hombros —¿Quieres que salgamos?
A Paula se le escapó una carcajada, aunque más débil de las que solía dar cuando estaba alegre por algo. Más bien era una risa con un dejo de sarcasmo.
—¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo?
—Sí, y ha sonado patético. Pero es en serio.
A continuación, él se giró, apuntó con la varita a una rama cercana y una parte de ésta, cargada de diminutas flores, cayó directo a la mano libre y estirada del muchacho.
—No sé cómo salga, pero es en serio —aseguró, tendiéndole la rama del cerezo —A menos, claro, que la tontería de las deseables haya…
Pero no pudo seguir hablando, ya que Paula había aceptado la rama de cerezo y con ella, lo silenció al tiempo que esbozaba una ligera sonrisa.
Y con ese gesto, algo le dijo a Ryo que si Nott se le acercaba a la rubia, lo iba a pagar.
&&&
—¿Cómo está tu amigo?
Ante la pregunta de Hally, Melvin dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.
Andaban en los jardines, en un área especialmente tranquila cerca de los invernaderos. Tras conversar un poco de cómo creían que les iría en los exámenes (o mejor dicho, el Ravenclaw desahogó parte de sus nervios por los TIMO'S que había hecho), Hally se había decidido a indagar por Oscar Wood, que como sabía desde hacía unos meses, era amigo de su novio. Aunque con ver la expresión del moreno bastaba para saberlo.
—Él y su hermana se la pasan juntos —comentó Melvin, fijando los ojos al frente, viendo con poca atención a un grupo de chicas de sexto que reían por lo bajo —Oscar insiste en que no nos preocupemos, pero Aramis insiste en que es cuestión de tiempo para que quiera hablar de ello. Por lo pronto, lo único que supimos es que ya no está aquí.
—¿Ah, no?
—No. Por lo visto los funerales del señor Wood y los otros magos fueron esta mañana, así que anoche él y su hermana fueron recogidos por su madre.
Hally frunció el ceño ante eso. Quizá no se había enterado porque, a diferencia de Thomas, no leía el periódico de cabo a rabo, a menos que estuviera de verdad aburrida.
—¿Y qué harás en el verano, Hally? —Melvin cambió el tema, consciente de pronto que tanto pensar en la pena de su amigo no era adecuado —¿Saldrás de vacaciones?
—No, supongo que no. Mis padres me han contado que tienen mucho trabajo, pero Rose vive cerca, así que podemos vernos y darnos una vuelta por Hyde Park. Aunque ahora con su hermanito tal vez esté muy entretenida.
—En ese caso, ¿estaría bien que fuera a… buscarte para salir y todo eso?
—Ah… si tú quieres… Creo que tendré que pedirle permiso a mis padres y…
—Sí, supongo que deberías.
Se quedaron callados, ambos con un sonrojo bastante evidente.
—¿Y qué pasa con el resto de tus amigos? ¿Saldrán de vacaciones?
—Tampoco estoy segura. Con las cosas como están, tal vez sus padres no quieran salir del país.
—¿Sabes si es verdad que… tu amiga Hagen es…? Bueno, hay muchos rumores sobre que…
—Eso no me interesa. Aunque Paula resultara descendiente de Voldemort, yo sería su amiga.
Con profunda vergüenza, Melvin notó que había metido la pata. Sabía que si algo disgustaba a Hally en extremo era que agraviaran a sus amigos.
—Lo siento, es sólo que… Es difícil dejar de escuchar tantas cosas…
—Mira, en realidad es simple. Como dice Procyon, son idiotas que no saben lo que se siente ser blanco de toda esa basura.
—Él debe saberlo muy bien, ¿no? Siendo el nieto de Sirius Black…
Hally se volvió a verlo a tal velocidad que fue un milagro que no se lastimara el cuello.
—¿Estás insinuando que Sirius Black era culpable? —quiso saber.
—Yo no insinúo nada. Pero debes reconocer que no lo pintan como el mejor de los magos.
La chica se puso de pie de un salto, con el rostro contorsionado por una mueca.
—Por favor, Melvin, ¡el Ministerio admitió que era inocente! Mi padre hizo campaña para ello.
—Pues si no fuera por eso…
—Mira, si en realidad piensas así, será mejor que dejemos el tema por la paz. Y ahora mismo me voy antes de decir alguna tontería.
—¡Hally, espera!
Pero ella no le hizo caso. Recogió su novela y se marchó a toda prisa, sintiendo que le dolía la cara por el gesto de enfado que mostraba, pero no podía evitarlo.
Lo peor era que no se trataba de la primera diferencia que tenían ella y Melvin.
El muchacho, en diversas ocasiones, había dicho cosas por el estilo, por lo que no podía evitar enfadarse con él. No por haber vivido oyendo ese tipo de ideas, sino porque las creyera a rajatabla, sin preocuparse por averiguar los hechos y formar su propio criterio. Ella sería menor que él por un par de años, pero no creía ser tan cerrada de mente.
Cuando subía la escalinata de piedra, se dio cuenta que Melvin no la seguía. Por lo general, cuando tenían esas peleas, él iba tras ella, se disculpaba y alegaba algunas cosas para que ella lo comprendiera y lo perdonara. Pero esta vez no y eso era algo desconcertante. ¿Es que el chico se había cansado de la situación o era que ella se había acostumbrado a aceptar sus disculpas demasiado pronto? Como fuera, no se sintió nada bien con lo que estaba ocurriendo.
Y por primera vez desde la última excursión a Hogsmeade, Hally se preguntó si lo mejor no habría sido romper con Melvin Corner.
&&&
Cuando a la hora de comer, los de la mesa de Ravenclaw notaron que Paula Hagen había dejado atrás el mal humor de los días precedentes, no se explicaron la razón. Menos que en partes de su ropa hubiera pétalos entre rosados y blancos que la chica no se había molestado en sacudir.
—¡No es cierto!
La exclamación de Karen Tate, por lo general una chica sencilla y calmada, sobresaltó a media mesa de las águilas. Al parecer ella lo notó, porque enseguida bajó la voz y musitó.
—¿Estás hablando en serio?
Se dirigía a Paula, que ostentaba una sonrisa tan serena e irreal que muchos ya la tomaban por el reemplazo de Mara Kreisky para los siguientes cursos. Y eso que Paula no cursaba Adivinación.
—¿Por qué habría de mentirles? —inquirió Paula a su vez, zanjando la cuestión.
Karen miró a sus lados, a Marianne Bridge y a Mary Ann Alcott, quienes lucían tan aturdidas como ella. Por su parte Fanny Kleiber, dos asientos a la izquierda de Paula, contorsionaba la cara de rabia, lo que asustaba a Jacob Abarbanel y uno de sus amigos, de cabello castaño y ojos azules.
Un par de asientos a la derecha de Paula, Ryo contenía a sus compañeros de dormitorio, que después de un comentario suyo, lo habían estado acribillando a preguntas.
—¡No juegues! —terminó soltando Edward Garrett con tal gesto brusco, que su hermana Melinda le dedicó un ademán de censura desde su asiento, a tres metros de distancia.
—Pues no, no juego —Ryo jugueteó con un emparedado de jamón antes de morderlo —Ahora si me disculpan, quiero comer en paz.
Después de eso, Ryo no dijo ni una palabra, ni siquiera cuando acabó y se levantó del banco en dirección a la mesa de Hufflepuff, ya medio vacía, para sentarse a la derecha de Amy.
—¿Qué, ya no te quieren en tu mesa, Mao? —bromeó Paul Owen, sonriendo.
—Es que son muy fastidiosos —respondió el aludido y cuando Owen desvió sus diálogos hacia Patterson, miró a sus castaños amigos —Bien, lo hice.
—¿Qué cosa? —quiso saber Amy, un tanto desconcertada.
Por toda respuesta, Ryo le señaló a Bryan, con una mano, la mesa de Ravenclaw.
—¿Eso? —el Hufflepuff, al ver el asentimiento de su amigo, sonrió —Excelente. Algo me decía que Alcott, Bridge y Tate sabían, por eso te dijeron esas cosas.
—Yo no entiendo —alegó Amy, frunciendo el ceño.
—Para que te enteres por mí y no por chismes de alguien más, Amy: voy a salir con Paula.
De la impresión, la castaña dejó caer los cubiertos.
—Hinkypunks, Amy, si te parece tan malo, dímelo, no reacciones así.
—¿Cómo que vas a salir con Paula? —fue lo primero que ella pudo pronunciar.
Torciendo la boca brevemente, Ryo les relató lo ocurrido horas antes, con lo que sus amigos de la casa de los tejones se quedaron con una impresión… desorientada del suceso.
—Eso fue patético —dijeron ambos, para luego mirarse con sorpresa, debido a la coincidencia.
—Sí, se lo dije a Paula. Pero nos da igual. ¡Ah, se desocupó un lugar junto a Henry!
Y sin dilatarse, Ryo se paró y fue a la mesa de Gryffindor. Amy, por pura curiosidad, quiso saber cómo se veía Paula y la encontró no en su mesa, sino en la de Slytherin, sentada entre Sunny y Walter, seguramente contando lo mismo que Ryo, a juzgar por las caras de asombro que habían puesto Thomas y Danielle.
—Esto es de locos —musitó, meneando la cabeza.
Bryan, frente a ella, coincidió con un asentimiento de cabeza.
&&&
Esa noche, la mayoría de los alumnos se dilató en los dormitorios antes de la cena, pues al día siguiente se marcharían a casa. Había sido un curso movido y en cierta forma, por las noticias del exterior, devastador y hasta fúnebre.
—¡Muchísimas gracias!
Diane Creevey sonrió con orgullo al mostrarles a sus compañeras de curso las pocas fotografías que había logrado tomarles a las víctimas de la broma de Danielle. Hally y Rose no paraban de reír ante las caras de los chicos, que por sus reacciones de ocultarse en los bordes, se notaba que habían sido pescados in fraganti.
—Me alegra haber traído mi cámara ese día, en la mochila —confesó Diane, guardando en su baúl un bulto peludo y verde que según sabían sus compañeras, era un suéter —Y haber seguido a algunos de ellos a la enfermería.
—¡Miren a Goldstein! —observó Cecil Finnigan en ese instante, conteniendo a duras penas la risa —¡Trata de taparse la cara con el sombrero!
—¡Y el idiota de Zabini! No creí que el rosa le quedara tan bien —se burló Rose, alternando el ver las fotos con el acomodo de su equipaje.
—¡Eh, encontré una de Mao! Vaya, parece que no le agradó mucho la idea —Giselle Olsen les pasó una fotografía a Hally y Rose, quienes la sujetaron en el acto.
En la imagen, Ryo caminaba tras un par de chicos de Hufflepuff con la frente arrugada y maldiciendo por lo bajo. Era una visión tan hilarante que las dos amigas rieron a más no poder.
Le pidieron a Diane que les regalara esa foto y ella, encogiéndose de hombros, accedió.
A la hora de la cena, hubo bastante ruido en el Gran Comedor, sobre todo de amigos que hacían planes para visitarse en el verano o, como en el caso de Hally y Rose, abrirse paso a la mesa de Ravenclaw para mostrarle su tesoro a Ryo. Lo hallaron de lo más campante conversando con Paula de algo que, por alguna razón, a ella la tenía al borde de la risa.
—¡Eh, par de tórtolos! —llamó Rose, que no pudo evitar bromear a su costa.
Ambos Ravenclaw's le dedicaron miradas de hastío.
—¡La hallamos, la hallamos! —exclamó Hally, pasándole la foto a Paula.
Ella la tomó, la vio y no pudo evitar reír. La puso fuera del alcance de Ryo enseguida, aunque sí lo dejó verla, causándole un mohín de fastidio por ser objeto de diversión de las chicas.
—¡Luego te pasamos una copia! —prometió la pelirroja a la rubia, antes de irse con Hally a su mesa, no sin antes hacer una escala con Amy.
A juzgar por las risas de la castaña, le habían enseñado la fotografía.
Inició el banquete y muchas conversaciones seguían como si nada. No fue sino hasta que llegaron a los postres que la profesora McGonagall se puso de pie, lo cual produjo el silencio.
—Jóvenes, creo que no es necesario describirles los acontecimientos más recientes en nuestra comunidad —inició, con voz afectada —Ha habido pueblos atacados, mago heridos e incluso muertos… —hizo una pausa y varios recordaron que Oliver Wood, en sus días de estudiante, había sido guardián y capitán del equipo de quidditch de Gryffindor —No voy a extenderme con eso. Lo que sí quiero es pedirles encarecidamente que se mantengan con sus familias, que en la medida de lo posible, tomen las decisiones correctas y los que hoy se van, sepan defender todo aquello que vale la pena.
Paseó su mirada desde Dean Longbottom y los alumnos de séptimo de Gryffindor hasta Trixie Spencer y los mayores de edad en Slytherin, fijándose brevemente en los adultos de Ravenclaw y Hufflepuff. Mara Kreisky, con expresión grave, aprobó ese movimiento asintiendo con la cabeza.
—Y a los alumnos de primer año que han venido de lejanos países con sus familias, esperamos que nuestra nación les haya parecido confortable y sepan que en Hogwarts siempre tendrán un lugar. Para nosotros, más allá de las fronteras, lo que nos importa es lo que puedan llegar a sentir y pensar, para bien suyo y de quienes los rodean.
La mayor parte de los niñitos extranjeros, pese a no enterarse bien de lo que quería decirles la directora, captaron el tono amistoso de su voz y asintieron con la cabeza.
—Ahora, por favor, degusten los postres y luego vayan a la cama. El viaje de mañana es largo.
Sin agregar más, la directora tomó asiento y los estudiantes engulleron lo que quedaba de cena con menos alharaca de la habitual.
&&&
20 de junio de 2020.
Londres, Inglaterra.
Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.
La llegada al andén nueve y tres cuartos fue lo más normal del mundo, al menos para la mayor parte de los alumnos. Los de séptimo veían con nostalgia a su alrededor, a sabiendas de que no pisarían el lugar a menos que llevaran a hermanos, parientes e incluso a sus hijos, dentro de varios años. Sin embargo, encontrarse con varias personas que eran a todas luces de la misma familia, agrupadas y manteniendo una incesante charla, era extraordinario.
Bueno, no tanto para Rose, porque reconoció cada cara. Dean se le adelantó para saludar a sus padres, en tanto ella era recibida por sus padres y el matrimonio Bannister.
—¿Y a qué debemos la reunión familiar, eh? —se interesó la pelirroja, luego de dedicarle unos gestos afectuosos a su hermano, en brazos de su madre.
—Ah, nada del otro mundo —tía Angelina, con veloces movimientos de cabeza, correspondía los saludos de algunos que la identificaban —Íbamos camino a San Mungo y…
—¿Ocurrió algo? —se interesó Dean, frunciendo el entrecejo.
—Nada grave —tranquilizó Allie, tomada del brazo de su esposo —Sally está dando a luz.
Después de eso, la familia arregló lo necesario para partir enseguida al hospital mágico.
Los Potter los siguieron, pero demoraron unos minutos. Más que nada, Melvin había detenido a Hally cuando ella estaba por bajar del tren y se disculpó por lo ocurrido el día anterior.
—Quiero que estemos bien —había dicho él, con sincero arrepentimiento reflejado en el rostro.
Y ella, con cierta duda, le concedió el perdón.
—¿Estuvo mal? —le preguntó a Procyon, que era al único de sus amigos que alcanzó luego de que el tren se fuera vaciando —Es decir… ¿fue tonto de mi parte darle la oportunidad?
—Si lo quieres, no —aventuró él, haciendo una mueca —Solemos ponernos raros cuando nos enamoramos, Hally. Tendrá que pasar algo de verdad grave para que dejes a Corner.
—¿Tú crees?
Procyon, a su pesar, asintió, adelantándose al muro que llevaba al andén muggle y dejando a Hally con una interrogante en su cabeza, ¿era su imaginación o Procyon había dado a entender que se había enamorado? No pudo pensar mucho en ello al oír por boca de sus padres que irían a San Mungo, a ver cómo estaba la señora Weasley-Wood.
Los provenientes de King's Cross llegaron al hospital cuando Frank Weasley era informado por una sanadora bajita y castaña que acababa de nacer su primogénito, un varón en perfecto estado. Las felicitaciones no se hicieron esperar y solamente pararon un momento cuando el flamante padre pudo pasar a ver a su mujer y su hijo. Los presentes en la sala de espera (casi todo el clan Weasley, los Longbottom, los Wood y los Potter) comenzaron a imaginarse a quién se parecería el niño cuando Frank reapareció e invitó a varios de los adultos a seguirlo.
En la habitación de Sally Weasley-Wood el ambiente pronto se tornó casi festivo. Lo único que empañaba la felicidad por el acontecimiento era que se había adelantado, ya que la joven madre había estado muy alterada últimamente. El colmo había sido el funeral de su padre, cuando los reporteros olvidaron los modales elementales e interrogaron a los Wood sobre su sentir respecto al atentado. Sally, luego de amenazar a punta de varita a quien siguiera molestando a su madre y sus hermanos, se había sentido mal. Su esposo la llevó de inmediato al hospital y fue ingresada, ya que el parto sería de un momento a otro, cosa que terminó siendo al día siguiente.
—Al final, me alegra que todo saliera bien —suspiró Frank, sentado en la cama a un lado de Sally, sin quitarle los ojos de encima al pequeño bebé de cejas rojizas que ella sostenía.
—Mamá —llamó entonces Sally y la señora Wood se adelantó unos pasos. Su corte de cabello era idéntico al de su hija, igual que sus ojos y su porte; nada extraño en una ex-jugadora de quidditch —Frankie y yo… Decidimos llamarlo Oliver —informó, mirando a su hijo con ternura.
—Claro, hija. Se los agradezco mucho —la señora Wood sacó un pañuelo de su bolsillo y pese a que sonreía, tuvo que secarse algunas lágrimas.
—Oliver François Weasley-Wood —recitó Frank para todos los presentes y acto seguido, tomó al niño de brazos de su madre —Ollie, papá y mamá te presentan a gente que te quiere.
El pelirrojo se paseó con él ante los allí reunidos, que iban desde sus propios padres y su hermana hasta su suegra y su cuñado Ken. Todos coincidieron entonces en que un nacimiento siempre era digno de celebrarse, sin importar las circunstancias.
Y sabían que por cosas como aquella, valía la pena enfrentar al mal.
&&&
14 de noviembre de 2010. 3:30 A.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
Sí, damas y caballeros, por fin he terminado. ¿Qué, creen estar alucinando? Pues no, leyeron bien, ¡la presente entrega ha terminado! Siendo el final, seguramente esperaban un capi al menos tan largo como los precedentes, pero… No, sinceramente no me salió. Quizá le dé una revisada antes de subirlo (que lo haré después, porque ahora es tardísimo), pero creo que así quedará.
Con todo lo que he dejado en el aire, seguramente estarán ansiosos por hacer un montón de preguntas, como los que asistieron a la conferencia de prensa dada por McGill. Espero que no se queden como los que leyeron el periódico mágico, es mi más sincero deseo antes de tomarme el descanso antes mencionado. Lo que a más de uno sorprenderá (porque yo no sé de dónde me salió) fue esa forma tan particular que tuvieron Ryo y Paula de arreglar su malentendido antes de comenzar a salir. Claro, que eso es relativo, pues terminaron el curso y quizá no se vean en una temporada. Pero no sé, siendo ambos de Ravenclaw, no puedo penetrar del todo en sus mentes, ¡y eso que en un test que hice hace años salía que yo era Ravenclaw! Bah, no le creo nada. Paula y Ryo se me salieron de control, la verdad.
Y Hally tiene diferencias con Corner, más que nada de creencias. Supongo que esto responde a varias de las súplicas de las fan's para que esa pareja rompa pronto y Hally se vaya con Procyon, jajajaja. Pero en realidad, aquí también influye que Corner es un Ravenclaw y muy racional, por cierto. Hally, pese a tener el cerebro de su madre, también tiene algo de la fe de su padre en las personas cercanas a ella. Eso, creo yo, es el por qué chocan estos dos. Pero que terminen su relación o no… Ya se verá.
Y el nacimiento del primer Weasley-Wood… Lo confieso, una de las razones por las que tenía prevista la muerte de Oliver Wood era porque lo escribí en el borrador de Ollie Weasley-Wood. Y ahora que me fijo, es el primer personaje, en mucho tiempo, que tiene un cumpleaños en junio, como Hally, Danielle e Itzi Salais. Lo dudé mucho, incluso tenía la opción de que el nacimiento del bebé fuera de lo primero en la siguiente entrega, pero decidí sacarlo ahora. Una buena explicación de su llegada prematura fue el funeral de su abuelo materno. Descanse en paz, Oliver Wood.
Bueno, como es tradición, ya nada más restan losAgradecimientos*(que redactaré más tarde; como ya dije, es tardísimo) y ver si en el descanso que me tomaré, aparecen candidatos paraEl Ermitaño(y yo dando lata con ese tema aún…). Por cierto, que la semana que viene se estrena la peli que me ha dado por nombrar mentalmenteHP 7.1, pues esla primera de la última(la primera parte de la última película); en México el estreno es el miércoles a las 10:30 PM, o eso leí en la página de uno de los cines del país. Veré si consigo boletos para la première, que tengo muchas ganas de ir. Y espero que la peli no me decepcione, como la seis, en ciertos puntos (ejemplo número uno, la adaptación de ciertos eventos).*
Ya, me dejo de tonterías, que tengo sueño (¡al fin!) y ando desvariando. Cuídense mucho y nos leemos muy pronto, en losAgradecimientos*.*