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Niñera de dos — capítulo 3
Niñera de dos
Capitulo 3: El trato
Hermione no podía dejar de observar a Harry, se había puesto muy bien en los últimos y no puedo evitar sonreír al recodar lo torpe y atrolondado que era de niño, puesto que ahora camina con gran porte.
-Hermione- le llamó por fin la atención, después de haber permanecido todo el camino de la sala común al Gran Salón en silencio- quiero que sepas que yo no estoy enfadado contigo ni nada, entiendo perfectamente tus razones y estoy muy feliz de que hayas vuelto- confesó él rodeándola con sus brazos, en un abrazo casi fraternal.
-HARRY JAMES POTTER!- se escuchó un estruendoso grito al lado de ellos. Ambos se separaron con violencia y pudieron apreciar las febril expresión de enojo de una mujer, Ginny- te dejo solo dos minutos y te vas a dar “ abracitos” cariños con otras!- la pelirrojo desprendía el calor de la furia.
-Ginny, amor...- dijo con voz calma Harry, acomodándose los lentes- ella no es “otra”, es Hermione!- completó con voz casi histérica.
-Qué?- entonces la expresión pasó de furia a estupor- Hermione Granger?- preguntó tomando a la castaña por los hombros.
-Err.. si- respondió ella, un poco asustada- cómo has estado, Ginny?
-Hermione!- chilló la mujer estrujándola contra si- has vuelto!
Luego de algunos abrazos y lagrimas, decidieron entrar al Gran Salón. Hermione y Ginny iban tomadas de las manos, pero en ese instante la pelirroja se detuvo en seco:
-Aún tenemos una charla pendiente, Hermione, lo sabes- dijo casi desafiante.
-Si, lo sé... Gin- respondió con voz cansada.
Entraron al recinto y estaba vez fue Hermione la que se detuvo. Ginny y Harry la miraron extrañados. La mujer no podía articular palabra, por lo que sólo señaló hacía un lugar especifico. Este no más ni nada menos que un rincón en cual Ron estaba sentado en una silla con una bebé entre sus brazos y un biberón en una de sus manos.
-Oh!- comenzó nerviosa Ginny, Harry, en pleno acto de cobardía, abandonó a su novia, dejándola con las explicaciones pertinentes por dar- Ella es Sally... es... es la hija de Ron!
-Ah...- Hermione tragó saliva ruidosamente- y ... y con quien se casó?
-Con Lavender- ante esto la pelirroja sonrió de costado- pero ella... murió.
-Qué?- se dio vuelta con tanta violencia que casi tumba la mesa que tenía al lado- eso es terrible... entonces él se tiene que encargar de la pequeñita solo?
-Si, así es... triste, no?- suspiró la pelirroja-Oh! Harry va a dar el discurso de inicio...jejeje siempre le toca a él- exclamó cambiando el tema.
Hermione miró por un rato a su viejo amigo. Resultaba imposible que una persona tan irresponsable e infantil como él pudiera afrontar semejante situación con tanta naturalidad. Incluso debía reconocer que se veía muy tierno con la niña ahora recargada en su hombro dándole suaves golpecitos en su pequeña espalda. No pudo evitarlo y una sonrisa afloró en sus labios.
-Herm? Me estas escuchando?- dijo una voz a su lado.
-Ah? Disculpa...- pidió la chica mirando a su amiga.
-Te decía que ya podemos sentarnos a comer...ven, tu mesa es la 15 igual que yo- le indicó arrastrándola a la mesa.
En aquella mesa ya se encontraban los gemelos y Neville. Todos la saludaron muy sorprendidos. Sabía a la perfección que por más afán que pusiera no podría pasar desapercibida. Algunas mesas más allá estaban las autoridades máximas de la Orden del Fénix, que para aquel momento era un organismo neto y constituido casi como una arma militar para la defensa y estabilidad del mundo mágico; es decir, la profesora McGonagall, Harry y Lupin. La castaña nuevamente se sorprendió de la seriedad de su mejor amigo.
Para su sorpresa también compartiría la mesa con Ron, quien se había sentado ya al lado de Neville y había puesto el carrito de Sally al lado suyo. Una nueva oleada de ternura invadió a Hermione, puesto que la niña sacudía feliz un osito pequeño que ante la agitación cambiaba de color y emitía sonidos.
-Y dime, Hermione- comenzó Neville- a dónde estas trabajando ahora?
-Por el momento estoy desempleada- respondió con un dejo de tristeza- pero voy a presentar mi carta de presentación en el Ministerio.
-Oh! Ya veo... estoy seguro de que conseguirás un buen puesto- concilió él.
La cena fue tranquila, aunque las miradas serias de Ron la hacían inquietarse en su silla. De pronto se abrió un pequeño baile en parejas. Ginny y Harry bailaban en medio, consumidos en su propio mundo; mientras que Ron bailaba con su madre. Hermione quedó sola en la mesa. De un momento a otro la música se hizo un poco estruendosa y Sally comenzó a llorar. La castaña no sabía que hacer, puesto que en ese instante no veía al padre de la niña por ningún lado. Decidió tomar la incitativa: la alzó en brazos y comenzó a mecerla tiernamente. Lentamente el llanto de Sally fue cediendo y se quedó tranquila y dormida. Fue allí cuando apareció, por fin, Ron, quien se quedó paralizado, viendo a su amiga y su hija.
-Vaya, Ronnie, para que has encontrado a la niñera perfecta sin siquiera proponértelo- aseguró su hermana al lado suyo.
-Eh? Qué dices? Tu crees que ella aceptaría ser una “ nana”? Doña perfecta?- preguntó algo furibundo.
-Por qué no se lo preguntas? Has probado con varias solicitantes y todas fallaron... pero mira, Hermione es la primera vez que la ve y no tuvo dificultad alguna...piénsalo.
Las palabras de su hermana retumbaban cada vez más fuerte paso a paso que él se acercaba a la mesa. La castaña lo miro asustada, aún con la niña en brazos.
-Yo... ella estaba llorando y bueno... yo... discúlpame, Ron
-No te preocupes, esta bien, te agradezco que la hayas asistido- respondió calmo, con una media sonrisa.
Con cuidado la mujer le paso la bebé a su padre, formando un cuadro encantador, por lo lejos se escuchaban algunas risitas y suspiros.
-Yo quería preguntarte algo, Hermione.
-Dime
-Dado que no tienes trabajo... te gustaría ser la niñera de Sally? Obviamente te pagaría- preguntó él.
Hermione lo miro dubitativa. Primero su mirada azul expectante y luego a la niña, que se estaba despertando y ahora la miraba con los mismos ojos azules que su padre y una mueca que parecía una sonrisa de pura encía.
-Lo haré, cuidaré de esta princesita- respondió con un tono dulce, algo extraño en ella, mientras rozaba con la yema de los dedos la pequeña melena rojiza de Sally.