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Historia 24978 — capítulo 10
CAPÍTULO 10: EL BESO
Su padre, como siempre, lo fastidió durante el camino, pero Severus aprendió a hacer oídos sordos. No le tomó en cuenta ni un minuto lo que decía. Trató de contenerse para que no le pasara lo mismo del año pasado — cuando su padre lo empujó del auto —, no quería pasar vergüenzas.
Mientras Roderick buscaba alguna frase para herir o hacer reaccionar a su hijo, Severus pensaba en todo lo que había ocurrido ese año. Le gustaba pensar, analizar su vida pasada, y aunque sonara exagerado, eso ya era vida pasada. El tiempo avanzaba muy rápido, como si estuviera jugando a las carreras con las personas, lo cual no era nada gracioso. ¡Tenía trece años! Y ya faltaban menos de dos meses para que cumpliera los catorce. Si el tiempo seguía así, en una semana más ya estaría viejo. No le gustaba mucho imaginarse con cabellos blancos, la cara arrugada, con joroba, huesudo y moribundo. Y no era tanto la apariencia lo que le preocupaba, sino que las fuerzas. Le gustaría seguir siendo igual de activo y fuerte — al menos el creía que era fuerte, por algo consiguió hacer sangrar a Potter aquella vez que la profesora les quitó cincuenta puntos a cada casa o algo así.
También reflexionó lo que ocurrió no hace mucho. Lo de Lupin, para ser exacto. Luego pensó en lo de Florence, no era muy importante pero le gustaba, al menos eso creía, y no odiaba tanto ahora pensar en aquello, tenía la mente libre, nada de deberes por ahora. Y en Narcisa, pensó también; en Lucius, obviamente.
Su cerebro era un torbellino, se cansó de tanto pensar, y eso le dio hambre. Siguió analizando su vida, y su papá dale con criticar, corregir, maldecir, disparatar contra él, pero nada le surtió efecto y se terminó rindiendo. Por eso, entonces, se puso más violento para manejar hasta que chocaron contra un poste de luz muggle. Por suerte fue leve, ninguno de los dos se dañó y el auto seguía manejable, y hasta que llegaron a Saint Ferdinand Roderick hizo el encantamiento Reparoy quedó como nuevo, sin ninguna abolladura.
Polly les esperaba con una exquisita merienda muy abundante, por cierto, y lloró por la nueva llegada de Severus. Se lanzó a sus brazos mientras chillaba sus palabritas de cariños.
— ¡Oh, amo Sev! Polly lo extrañó mucho, señor — se sonó estruendosamente con un pañuelo que llevaba con ella siempre, muy a menudo lloraba, fuese de felicidad o tristeza.
La comida estuvo muy buena, sin embargo el ambiente no fue ameno. Polly fue dulce, en tanto a Roderick, nuevamente trató de hacer enfadar a su hijo y lo consiguió, mas no del todo, pero Severus le respondió unas palabritas — con palabrotas, en realidad — y se ganó el primer castigo del verano: pasar el día encerrado en su habitación. De todas manera no lo hizo porque su padre tenía que volver al trabajo, últimamente estaban necesitando muchos Inefables en el ministerio, estaban ocurriendo cosas muy extrañas en Gran Bretaña, tanto mágico como muggle. Desapariciones, muertes, homicidios, suicidios, accidentes... nadie sabía por qué.
La periodista Amanda Bell, nuestra reportera del momento, entrevistó al ministro de magia Dilberth Schmith que no nos proporcionó gran información sobre los inexplicables sucesos que está pasando Gran Bretaña.
*"Estamos en ello, lo otro es información confidencial"*se limitó a decir el hombre de treinta y seisaños.
Mientras tanto Fildek Westy, la mano derecha del dio unas palabras más.
"Solo pedimos que la gente no pierda la calma, que no vuelva tarde a sus casas y que tengan cuidado con la gente con la que relacionan y por relacionar, no tardaremos demasiado en averiguar lo ocurrido, por el tanto, protéjanse"
Todo eso leyó Severus cuando tomaba un jugo de calabaza sentado en el sillón después de una semana ya de vacaciones. Su padre nuevamente había ido a trabajar, y no tenía noticias de nadie, pero no tardaría de llegar alguna.
— ¡Aaaaaaaah!
— ¿Qué dem...?
¡Pam!
Una lechuza color canela le dio de lleno en la cara, y por el susto lo rasguñó con sus patas. Polly se había asustado porque el ave pasó zumbando por su lado.
— ¡Maldita lechuza! — recriminó el chico sobándose la mejilla adolorida. Con pesadumbre le quitó la carta a la lechuza que contenta salió por la ventana, la desplegó y la leyó y releyó, para no creer que lo que estaba escrito era una broma.
Severus:
No creas que me he olvidado de ti, al contrario, con mi padre he pasado esta semana planeando lo que podríamos hacer, y esta vez no decidimos invitarte a Bulgaria, a nuestra casa, porque sería muy monótono y aburrido, pero decidimos hacer algo mucho mejor: nosotros vamos a ir allá a buscarte y acamparemos en Mount Zares, un lugar maravilloso en donde podríamos conocer a muchas personas importantes y no importantes. Es un lugar muy famoso y codiciado por la gente, sirve para los turistas, ¿Te suena la idea? Espero, porque con mi padre ya vamos en camino, ¡no hay tiempo que perder! Tu padre no derrocará tu felicidad, de seguro pensaba que te ibas a aburrir como ostra en la mansión, pero aquí irá tu salvación.
Bueno, vete preparando compañerito porque el tiempo vuela, prepara las maletas sin decirle nada a Roderick (perdón por tutearlo, pero no merece respeto).
Un abrazo, nos vemos prontito.
Lucius Malfoy
El corazón le dio un vuelco al leer la carta: ¡iría de campamento! Eso sería sensacional. Su padre se pondría como vaca loca, no aguantaría saber la tanta suerte que tenía Severus.
Mientras, Severus, como tenía aun resto de dinero — todo el dinero era casi el de la Petardo 105 que le falló, o quizá, el le falló a la escoba — se iría a comprar un bañador nuevo, algunas camisas, pantalones, túnicas y unas cuantas cosas más que le harían falta, así que le pidió a Polly que le acompañara al pequeño centro comercial de Saint Ferdinand, y encontró todo lo que necesitaba a muy buen precio.
Apenas llegó a su casa se probó las nuevas prendas de vestir que se le veían muy bien, siendo humilde.
— ¿Y eso que llevas puesto? — preguntó su padre cuando lo vio mirándose en el fino espejo de la segunda sala de invitados, una de las pocas cosas bonitas que quedaban en esa casa.
— Es una túnica y un pantalón, ¿puedes ver o eres tan imbécil para no saber que llevo puesto?
— ¡Mocoso inútil! ¡De donde sacaste todas esas bolsas de ropa!
— Las robé.
— ¿Qué? — dijo su padre con ojos de plato acercándose a Sev.
— ¿Tu crees que robaría todo esto? No, no soy como tú, no sé robar, es obvio que lo compré.
— ¿Y con qué dinero?
— Con el muggle.
— BASTA DE TUS BROMAS.
— Con mis ahorros, viejo.
— No-me-digas-viejo, ¿y por qué compraste todo eso?
— Porque me voy de campamento y necesitaba ropa nueva.
— ¿Campamento? ¿Qué campamento? Tú no irás a ningún campamento. No.
— Sí.
— ¿Y quién te invitó?
— Lucius, me pasará a buscar con su padre, luego, no sé si mañana, pasado...
— ¡No los voy a recibir en mi casa!
— No es necesario, pero iré. El señor Malfoy es mucho más poderoso que tú así que no teenfrentes a él.
La discusión llegó hasta ahí. Severus fue a guardar sus cosas dejando a su papá plantado en la sala.
Era gratificante saber que hacía enfadar a Roderick con palabras tan simples como esas.
Ahora ansiaba, más que nunca, la llegada de su amigo con su padrea la casa para irlo a buscar. Se imaginó armando una tienda decampaña, comiendo carne asada con una brocheta, durmiendo dentro de un saco, mirando las estrellas y reconociéndolas por sus nombres, corriendo por un bosque, bañándose en lagos, ríos, conociendo a la famosa actriz del Teatro Mágico Nacional, Devorah Murton. Esa sí que era guapísima, pero ya estaba muy pasada paraél.
Esa noche nunca había dormido tan bien, sabiendo que durante esa semana llegaría su amigo. Tendría una infinidad de cosas que contarle igual que él, pero por nada del mundo le diría lo de Narcisa. Se pondría celoso porque a él le gustaba ella, además, él prefería a Florence, y algún día se atrevería a hablarle, pero su belleza lo dejaba paralizado y con cara de bobo sin pronunciar palabra.
Soñó que... en realidad no sabía lo que soñó, simplemente disfrutó la dormida que se pegó hasta las doce del día siguiente. Esperaba a que Polly le llevara el desayuno a la cama, le daba frío levantarse aunque a esa hora hacía mucho calor.
La elfina le llevó unas sabrosas tostadas con mermelada y una taza de café para que Severus se desperezase. Comió con ganas, estaba famélico, su organismo ya se había acostumbrado a desayunar temprano, no a las doce y media.
Todo ese día lo pasó solo, el siguiente y el subsiguiente fueron iguales. Eran vacaciones, sí, pero la elfina no era una buena compañera de juegosque digamos, Darken, su lechuza tampoco, y las discusiones con Roderick no existían casi, dos días seguidos estuvo en el Ministerio de Magia, seguramente trabajando en el Departamento de misterios como Inefable. Lo pasaba mal con él, pero si habían peleas, había más tensión y eso le gustaba, por lo menos le distraía, pero ahora no, solito, solito en las diferentes partes de la casa, leyendo o escuchando los CM (los Cuarenta Magistrales) en la radio mágica que tenían en la cocina, comiendo o durmiendo. Y Su padre llegó esa misma noche sin dirigirle ni una sola palabra. Se notaba cansado y ojeroso, comió el plato de la cena que le tenía servido Polly y se fue a dormir, sin embargo Severus fue a leer otra vez sus libritos de ciencias oscuras —"¿Maldad, Bien o Poder?" se titulaba el volumen que leía ahora.
Al día siguiente su padre no fue a trabajar, según se estaban arreglando un poco las cosas y le dieron día libre por haber trabajado constantemente — eso le había dicho el ministro —, por lo tanto el ambiente se volvió a poner feo.
— Oye, asqueroso, ve a abrir la puerta, alguien golpea.
— No voy a ir — respondió Severus a penas por la comisura de la boca.
— ¿A no? — refunfuñó Rod — Te enseñaré a tener buenos modales entonces.
Agresivamente agarró por la manga del suéterde su hijo y lo llevó a la gran puerta de entrada a la que golpeaban.
— Últimamente te has comportado como un ordinario, verdaderamente. Abre la puerta.
— No.
— ¿No lo harás? — Rod le apretó el brazo y levantó el puño. Severus tuvo un leve presentimiento... y entonces hizo caso.
— Esteee...¡Hola, señor Malfoy! —saludó con hipocresía Roderick que a penas vio que habían personas afuera, bajó la mano y soltó a su hijo.
—Buenos días, señor Snape. Me preguntaba si su hijo ya estaría listo para el campamento que, de hecho, dará por empezado hoy. Se celebrará una fiesta de inicio junto a los turistas del lugar... — sermoneó Abraxas con voz fría. No era tonto, sabía que iba a golpear a Sev, por eso usó ese tono con el padre.
— Ah, ¿Severus, hijo, estás listo ya? No quiero que te retrases — murmuró descaradamente con un tremendo cariño falso.
— Si papá. Señor, ¿por qué Lucius no vino? — inquirió al ver que su amigo no estaba con Abraxas.
— Se quedó con su madre haciendo los preparativos, armando las carpas y todo lo demás.
Severus asintió y subió a buscar sus maletas, esta vez no iría con el baúl del colegio, se suponía que volvería unas semanas antes a su casa.
No se despidió de su padre y él no se molestó en hacerlo tampoco. El señor Abraxas parecía haber ido a pie a donde Sev porque no había ni un lujoso auto estacionado ahí como el año pasado cuando lo fue a buscar para ir a Bulgaria.
— Nos vamos a ir en Traslador— anunció Abraxas como leyéndole el pensamiento.
— ¿Qué es eso? — preguntó Sev mientras doblaban por la callejuela más cercana. Su padre jamás le había mencionado aquello. Solía aparecerse.
— Es un objeto programado para una hora precisa en el cual tú con solo tocarlo caes en el lugar para el cual fue destinado.
— ¿Y cómo son?
— Son cualquier cosa. Instrumentos que no les llame la atención a esos mugrientos muggles, como sus cerdas latas de bebida que botan al suelo, esos palitos de las paletas de helado, basura más que nada, cosas viejas y sin uso. Ya casi llegamos. Dije al ministerio que me facilitaran un traslador para las once y media, es la hora, ya...
Llegaron al final de la callecita y había una gran caja. Severus pensó que eso sí llamaría la atención de un muggle, pero el señor Malfoy la levantó y abajo había una botella rota agarro con la mano.
— Solo debes tocarla, faltan diez segundos.
Sev hizo caso y puso un dedo en la botella verde de vidrio que parecía peligrosa.
Sintió como si alguien le enganchara un anzuelo debajo del ombligo y lo jalaran de él. Se atrevió a mirar bien y vio que el señor Malfoy estaba al frente del con los ojos cerrados y que a su alrededor había una mezcla de colores que lo mareaban, así que cerró los ojos también.
Por milagro se pudo contener y cayó parado. Malfoy se sacudió un poco su elegante túnica de viaje.
Severus miró el lugar y era maravilloso. Estaban en un alto páramo en donde más abajo se veían miles tiendas de campañas colocadas en orden, y casi todas del mismo tamaño y estilo: suntuoso.
Bajaron por el tibio césped iluminado por el reflectante sol y llegaron a la tercera fila de las carpas pasando por entre ellas. Llegaron a la tienda de campaña del señor Malfoy.
— Pasa, Severus, Lucius debe estar adentro, y sino, lo esperas.
El muchacho entró y se llevó una gran sorpresa. Pensó que sería del tamaño que era, todo lo contrario, estaba amplia, muy amplia y se podía caminar por ella sin tocar el techo. Tenía tres compartimientos con puertas y uno abierto donde había una mesa baja concojines y un mueble lleno de cacerolas e implementos de cocina, y Lucius no estaba allí. Se atrevió a abrir una de las puertas y cayó a un cómodo baño con un retrete, lavamanos y tina que parecía un jacuzzi, pero ahí no estaba si amigo. Entró a la siguiente y se encontró con un cuarto con una ventana grande y en el suelo un gran saco de dormir que parecía matrimonial. Entró a la última, por fin el rubio se encontró. Tendía unos sacos de dormir y acomodaba sus cosas.
— ¡BUH! — asustó Severus a Lucius que dio un brinco y se apretó el dedo con el cierre de uno de los sacos.
— ¡Idiota! ¿Cómo estás? — dijo poniéndose en pie y recibiéndolo, como siempre, con un caluroso abrazo.
— Pues ya ves, aquí.
El rubio invitó a sentarse a Sev y se pusieron a conversar por largo rato, hasta que la señora Malfoy, apareció en el umbral de la puerta para llamarlos a comer — la madre de Lucius que en realidad se llamaba Icebeline ("Aicebelin").
La mujer recibió con poco afecto pero con una gran sonrisa formada por los blancos dientes.
Almorzaron a fuera para aprovechar el día que no debía ser desperdiciado. Muchos magos y brujas también almorzaban con sus ostentosas ropas y comiendo abundantes comidas deliciosas.
Sev y Lu almorzaron, aparte, con cinco niños más, hijos de unas familias amigas de los Malfoy, y los padres de Lu almorzaron con los padres de esos niños. EranAnnelisse, dediecisiete años, con Laurie, de quince, ambos de la familia Wiegratz; Johnny, de doce, con su gemelo Willy de los Bonham y la solitaria catorce añera Helena de los ricachones sin límites: los Bucket. Era una familia de magos estadounidenses que todos los años visitaban el campamento para pasar las vacaciones ahí. El señor Bucket era el ministro de magia del Ministerio de Magia de Estados Unidos.
— A mis padres les encanta venir aquí — dijo dándose aires de importancia, la muchacha Helena —, pero yo no estoy de acuerdo. No le hallo la gracia en verdad, es muy pobre el lugar, mucha naturaleza, bonito, sí —los seis jóvenes restantes intercambiaron miradas de soslayo —, pero hay muchas plantas que dañan mi piel y tengo que aplicarme muchas lociones para que mi cutis luzca bien, y mi cabello con tanto sol se termina quemando y también por el cambio de ambiente. Preferiría ir a las playas de Australia, o a Hawai con sus arenas blancas pasando un día con el famoso actor del Teatro Nacional de Magos de Hawai, llamado Devié Coums — una vez con mis padres nos dignamos a ir y fue maravillosa la obra de "La muerte de la muerte" —y...
Cof, cof, cof.
Annelisse tosió como loca tapándose la boca y poniéndose muy roja, parecía estándose ahogando.
— ¡Oh! Lisse, ¿estás bien? — dijo preocupada Helena dejando de lado su engreída y aburrida conversación.
— Me… cof, cof, cof, me atoré con el jugo de calabaza, cof, cof —contestó la chiquilla echándose viento con la mano.
Laurie, el hermano se aproximó a Lucius y Severus y les susurró con una maliciosa sonrisa.
— No se preocupen, siemprehace lo mismo cuando alguien le cae mal o no quiere escuchar a personas aburridas...
Los gemelos alcanzaron a oír y soltaron una carcajada que no fue cuestionada por Helena, quien seguía tratando de calmar a Annelisse.
Durante la cena compartieron con ellos también, y todos aparecieron con sus mejores pintas. Severus se vistió con una túnica de gala negra — su color favorito — con algunos brillos para que resaltara, unos pantalones de rayas y una camisa blanca. Lucius se puso una túnica celeste claro que jugaban con sus ojos grises y frívolos.
Helena,como ya todos suponían, apareció con un vestido en vez de túnica.
— Me puse este vestido, lo encontré apto para la ocasión. Mi padre me regañó porque dijo que estaba muy ajustado y corto, pero mi madre me dijo que luciera mi figura, que es como la de una modelo.
— ¿Figura de modelo? — preguntó Severus asqueado a su amigo que miraba incrédulo a la niña que parecía cualquier cosa menos modelo.
— No sé que le encuentra de modelo su madre, ni siquiera es linda.
— Es un espanto, sus piernas son huesudas, bueno, las modelos siempre son flacuchas.
Lucius rió y decidió compartir con Annelisse y Laurie que pelaban a la chiquilla que coqueteaba a los gemelos que la miraban sin interés.
— Esa niña es una imbécil, no tiene ni una pizca de inteligencia en su enorme cabezota. Jura que por ser rubia, de ojos azules y piel rosada es una veela, y no es que tenga algo en contra los rubios, lo menos que desearía yo es ser rubia, me gusta mi tez trigueña y mis ojos que por suerte son pardos — añadió mirando a Lucius con una amable sonrisa —, pero la mataría si pudiera, o al menos le cortaría la lengua y las cuerdas vocales a ver si así cierra el pico de una vez por todas.
— ¿Qué es una veela?— preguntó Lucius, y Severus casi formula la misma pregunta.
Son unas criaturas con apariencia de mujer, son hermosas. Son...
— ¡Ah, es cierto! Son unas de las criaturas mágicas que representan a Bulgaria, bueno, eso creo, uno de los representantes, es que me confundí por que tú lo pronuncias de forma diferente —— aclaró Lucius.— ¿Lo pronuncio diferente? — preguntó la niña.— Es que los búlgaros lo pronuncian como "wiiila" y tú como "vila".— Ah, de veras que tú estuviste en Bulgaria estudiando, mi padre me lo dijo.
Tuvieron que cortar el tema ahí, por que una voz atronadora que surgió de las sombras del atardecer silenció a toda la gente.
— ¡Bienvenidos al Mount Zares! — unas luces se prendieron en la cúspide del páramo, luces de colores que iluminaron todo el lugar. Un hombre estaba parado ahí con los brazos abiertos — ¡Bienvenidos al trigésimo tercero campamento de vacaciones en Gran Bretaña para todo mago y bruja! ¡Qué comience todo!
El hombre bajó con cuidado a encontrarse con la demás gente apuntándose con la varita la garganta, y en el páramo aparecieron siete hombres vestidos con ropa muggle — eran a lo tipo Elvis Presley, un cantante que fue muy famoso en Estados Unidos, en el mundo muggle —, iban armados con guitarras acústicas y eléctricas, baterías, tambores, trompetas y unos cuantos instrumentos más de música. Se pusieron a tocar una rítmica canción muy alegre y todos se pusieron a bailar.
— ¿Qué hacemos nosotros? — dijo malhumorado Severus viendo que hasta los gemelos habían encontrado parejas, unas niñas de nueve años, pero al menos, eran parejas.
— No sé, supongo que sentarnos y comer, no pienso bailar con na...
— ¡Lucius! — se escuchó de pronto una pomposa voz por detrás de ellos —¡Vamos a bailar!
Helena lo agarró del brazo y se lo llevó para quién sabe dónde.
"¡Lo que me faltaba!" exasperó Sev poniendo los ojos en blanco. Caminó por entremedio de la multitud para ir a la carpa, no quería bailar y no tenía pareja.
— Hola Severus — dijo una niña con la que había chocado, Annelisse.
— Hola — saludó vanamente él.
— ¿No bailas? —preguntó ella sonriendo.
— No, no me gusta, no sé — trató de parecer cortante, pero ella hizo caso omiso a su comentario.
— ¡Claro que bailas! Ven, vamos — insistió tomándolo de la mano y llevándolo donde estaban las parejas más jóvenes. En ese instante pusieron una canción más movida que la anterior.
— No, mira, no sé...
— Cállatey solo muévete, nadie aprende a bailar, todos sabemos — lo atajó ella tomándole la otra mano y moviéndose con gracia.
"No me queda otra... pero por suerte tengo a Annelisse y no a esa inútil de Helena. Pobre Lu" pensó compadeciéndose, y movió un poco los pies para acompañar a su bailarina.
No le costó mucho agarrar el hilo del baile, era tan simple como mover brazos, piernas y tronco. No era de excelencia su baile, y el de ella tampoco, pero se divirtió mucho en la primera canción que bailaron.
— Ay... me cansé mucho, ¿vamos a beber algo? — dijo Annelisse agitada poniéndose la mano en el flato que tenía en un costado.
— Bueno, vamos — caminaron entre las alegres parejas y llegaron a la larga mesa donde había de todo; era similar a lo de Hogwarts, pero esta mesa por lo menos medía cien metros. Se sentaron en los asientos plásticos y se sirvieron bebida de guinda que bebieron de un sorbetón.
— ¿Y qué edad tienes, Severus? —preguntó ella limpiándose alrededor de la boca con una servilleta.
— Trece, casi ya cumplo los catorce.
— ¿Trece? ¡Trece! ¿Bromeas? ¡Pero si pareces como de quince!
Severus se sintió sonrojar, eso más que una característica era como un cumplido. "O sea que me veo mayor, ¡bien!, con tal de no envejecer mucho..."
— Descansemos diez minutos, ¿Te parece? Yahí nos volvemos a unir al baile.
— Está bien, te gusta bailar, parece.
— Me encanta, me gustan las fiestas y todo lo referente a esto, se pasa muy bien, voy a menudo a ellas. A mis papás no les gusta, pero la vida hay que vivirla, así que... bueno, conversemos de otra cosa, ¿tienes novia?
Severus la miró asombrado, sonaba como a intrusa, pero era simpática, así que seguiría la conversación.
— No, no tengo...
— Yo tampoco tengo, aún no encuentro al hombre que me gusta, aunque me gustan muchos, pero solo físicamente. Me gustan los hombres inteligentes.
— Ah, pues, qué bien.
— ¿Te consideras inteligente? — interrumpió ella mirándolo fijamente.
— Sí, bueno... sí, creo que sé mucho sobre artes oscuras y pociones y cosas así, ese es mi fuerte.
— ¿Artes oscuras? ¡Fantástico! A mí me gusta eso, pero no es que sea mala, en verdad me gusta porque así aprendo a enfrentarlas — esa frase le recordó a alguien a Sev, pero no pudo saber a quien, pero creía haberla escuchado alguna vez, o similar...
— Yo, bueno, me gustan porque su contenido es fantástico, aunque a veces me gustaría utilizarlas con personas — ella rió y él le sonrió —, con las que me caen mal, como Helena.
— Te entiendo, yo a veces haría lo mismo, espero unos de estos días poder hacerle una broma a esa chicoca que se cree muy listilla. Y, a propósito, pobre de Lucius, creo que lo vi bailando muy acongojado con ella.
— Sí, es penoso, la verdad, rubia con rubio, no hacen mala pareja.
— Mmm, ¡oye, vamos a bailar! Ya se nos pasaron algunos minutos.
Salieron de ahí y se metieron en la multitud danzante, se fueron al mismo lugar en el que estuvieron recién.
Bailaron muchísimas piezas de baile, todas muy alegres, pero cuando se acercaban las doce de la noche, se fue calmando un poco el grupo que se llamaba "La Guitarra de Siete Cuerdas".
— Creo que esto se baila así — dijo por lo bajo Annelisse colocando una mano de Sev en su cintura y tomando la otra, ella coloco la otra mano en su cuello. Quedaron cara a cara. Se dio cuenta que le ganaba por unos centímetros a ella.
— ¿Cuánto mides? — preguntó a ella.
— Un metro con sesenta.
"Entonces mido más o menos un metro sesenta y tres" celebró el mentalmente, no era tan bajo después de todo.
Bailaron lentamente al ritmo de la canción, Severus estaba nervioso. Ella lo miraba persistentemente a los ojos y él desviaba la mirada. No acostumbraba que alguna mujer lo mirara así.
"La belleza de tu alma me enloquece, tomo la escoba y vuelo hasta tu alcoba para ver a la mujer que florece cada día... aaah ah, te miro a los ojos, te sonrío y me acerco a ti, cuando trato de tocarte, te esfumas de ahí, no puedo creer que nuestro amor haya dado fin, me duele tanto esta pena que prefiero morir, tú, en realidad, no habías echo más que romper mi corazón para burlarte de mí"
Esa era la canción que cantaba el vocalista de coletadel grupo invitado.
— Es linda la canción.
— Sí... muy linda — asintió Severus con una sonrisa inquieta. No le gustaban esas canciones tan románticas.
Annelisse lo miró más profundamente y se aproximó a su cara.
Severus estuvo apunto de soltarse de ella de golpe, pero ella con una mano lo agarró firme del cuello y mantuvo la mano en su cintura pronunciada.
Sintió los cálidos labios de la chiquilla mayor que él. Fue muy agradable la sensación, tanto, que no reaccionó para separase. Ella llevó el ritmo, entreabriendo un poco la boca y luego aplastando los labios contra los de él, como en un tipo de ejercicio. Él sólo siguió el patrón.
— ¡Annelisse! — gritó alguien y ella se soltó de él.
— Besas maravilloso, pero me van a retar por aquello, adiós.
La muchacha fue donde su madre que la regañaba pero ella no la escuchó y se fue de vez en cuando dirigiéndole miradas a Sev, que nunca había quedado tan anonadado como ahora.
Severus se fue a la mesa a sentarse para picar algo y pensar en lo ocurrido recién: su PRIMER BESO. Sin pasión ni ternura, pero un beso sólido. Nunca imaginó que alguien lo besaría, y ni siquiera sabía besar, pero si dijera eso a Annelisse ella respondería "Nadie aprende a besar, todos lo sabemos". Se sirvió unas papas fritas y las untó en unas extrañas salsas que había. A su lado llegó un agitado muchacho rubio que parecía haber corrido una maratón.
— ¡Por fin te encuentro!
— ¿Qué te pasas que vienes con esa carota y tan rojo como tomate?
— Escapé — jadeó Lucius acomodándose el cabello que lo tenía amarrado en una cola de caballo que estaba desarmada.
— ¿De Helena? ¿Cómo lo hiciste?
— Pues bueno, primero que todo me estaba fastidiando mucho, se apegaba un montón a mí y estaba pasada a un asqueroso perfume de vieja, y segundo, me conversaba de cosas que no tenían futuro, cosas de ella, ya sabes, que está inscrita en un taller de modelaje y que tiene millones de muñecas, juguetes, pinturas... fue horrible, la peor de las torturas. Y en el momento que fue al baño me vine corriendo, estábamos al otro extremo de aquí, corrí mucho, y tú, ¿Estuviste todo el rato aquí?
— No — respondió Severus mirando con luces profundas a su amigo que se servía un trozo de carne asada.
— ¿Entonces, qué hiciste?
— Bailé.
— ¿Solo o con alguien?
— ¿Cómo crees que voy a bailar solo? —dijo Sev con las cejas alzadas y una sonrisa de reproche.
— ¿Entonces, con quién?
— Con Annelisse.
— ¿QUÉEEE? ¿Fue lo que escuché?
— Sí, con ella bailé — Severus pensaba contarle lo que ocurría, eso sí podía compartirlo.
— ¿Y cómo lo pasaste?
— Bien, y adivina lo que pasó.
— No sé, dímelo tú.
— Me... me besó.
Lucius puso los ojos como platos y dejó el tenedor en el plato, acercó su cara para ver mejor a Sev y abrió más los ojos.
— No puedo creerlo —masculló impresionado —, o sea, si puedo creerlo pero ella es casi tres años mayor que tú y... ¿cómo fue?
— Digamos que no estuvo mal, pero me quedé pasmado, su madre la regañó y se la llevó.
— Es muy osada, tuviste la suerte de que te tocó con ella, imagínate si la otra me hubiera besado — formuló una mueca de asco — ¿Y te dijo algo?
— Que besaba muy bien — respondió monótonamente Sev pasando una mano por su cabello.
— Él pues, el de su primer beso, porque creo que es tu primer beso, yo aún no tengo el mío.
— ¿No? ¿Ninguna de las búlgaras te besó?
— Ya te dije una vez que eran horribles.
Severus se acordó de Narcisa.
— ¡De veras que tu Narcisa es la elegida! ¿Te has comunicado con ella?
— No, para nada, y en realidad nunca me comuniqué sino por ti, pero pronto la veré.
— Ah, sabrás donde queda su casa entonces e irás a visitarla.
— Tampoco, pronto sabrás porqué es lo que digo.
— Bueno, bueno, si no quieres decírmelo...
Lucius no insistió en que Sev le preguntara por qué razón o circunstancia la vería y muy pronto tuvieron que ir a dormirse, ya que mañana harían muchas cosas, según la señora Icebeline.
Y tuvo razón porque se levantaron a las seis para ir a pescar, luego cuando volvieron las campañas durmieron un par de horas por el cansancio, se bañaron en el río, salieron de caza, compartieron con ciertas familias pero Annelisse no se presenció, solamente el hermano y dijo que la habían castigado dejándola encerrada en la carpa y no sabía por qué — pero Sev y Lu si lo sabían —, hicieron una simulación de Quidditch terrestre con piedras encantadas y en todo eso se les pasó el día.
El mes de julio completo se pasó volando dentro del campamento, Severus reconoció haberlo pasado mucho mejor que en Bulgaria el año pasado y Lucius opinaba exactamente los mismo, y no extrañaba demasiado a sus otros cuatro "amigos", tampoco deseaba volver a Hogwarts, además debía hacer los deberes al llegar a casa, tenía uno por ramo y tendría que ponerse las pilas. Debía comprar los materiales también pero no le había llegado la lista de estos todavía.
Annelisse no había vuelto a besarlo en ningún momento porque no hubo ocasión, pero siguió igual de simpática y burlesca, y pudo cumplir el hacerle una broma a la chica esa, Helena. Le llenó el plato de comida de hormigas salvajes, luego, en el mismo día hizo que se le rasgara el lindo vestido que llevaba puesto, después "sin querer" la empujó al lodo y por último convirtió un panal de abejas en una pelota, y Helena sin saber lo que era lo recogió y un segundo fue picada por cientos de abejas enfurecidas lo que arruinó su bella piel rosada que quedó con porotos rojos.
Lucius echó varias indirectas sobre el beso de su amigo con Annelisse, pero ella no se dio cuenta a lo que se refería y no ponía atención, pero Sev estuvo a punto de golpearlo con su puño para que se callase.
El señor Malfoy lo dejó en su casa sano y salvo esta vez con su hijo y la esposa.
En aquel momento Roderick no se encontraba pero Polly sí que saludó muy cordialmente a la familia que se fue enseguida porque según Lucius tenían "cosas ultra secretas" que hacer.
Justo la semana después de la vuelta a casa le llegó la lista de materiales de Hogwarts en donde anunciaban lo mismo de siempre, fecha y hora de llegada al tren en el andén 9¾ , y solamente salía el nuevo libro de Miranda Goshawk el "Libro reglamentario de hechizos, curso 4º" y que debían tener una túnica de gala, pero por ahora a Severus no le hacía falta una porque tenía la negra con brillos, pero quizá encontraría alguna mejor. Así que, de todas maneras fue al callejón Diagon, como siempre acompañado por Polly. La elfina le compró las plumas, tintas, pergaminos y algunos ingredientes que le hacían falta, el sacó más dinero de su cámara — su padre una vez dijo que le sacaría todo su oro pero nunca lo hizo, y seguía igual que siempre, le servía por lo menos hasta séptimo año hasta que se independizara —, compró el libro y encontró otra túnica negra más elegante, con cuello de vampiro y lisa, sin brillos, más abrigadora. Y aprovechó de comprar un libro de Artes Oscuras pero no era vendido en el Callejón Diagon, sino al que estaba paralelo a él, el Callejón Knockturn, el sitio perfecto para comprar objetos referentes al tenebrismo.
Con todo el material nuevo se dispuso a hacer sus deberes porque ya faltaba una semana y media par entrar a Hogwarts y verdaderamente no había hecho nada en absoluto, y durante los siguientes tres díasestuvo rasgando la pluma sobre pergaminos y con la cara pegada a grandes libros para buscar información. Se demoró mucho, pero no porque los deberes fueran muy abundantes, sino que su afán era, si podía, rellenar un metro de pergamino con más de la información pedida. Era, por así decirlo, perfeccionista. A veces le daba como virtud y en otras como defecto, a veces la mediocridad no es buena, pero el perfeccionismo en exceso también trae sus consecuencias, pensaba él.
Y el día de su cumpleaños que había pasado hace unos días, recibió la misma cantidad de regalos de siempre: cuatro, sin contar el de Polly, una tarta de frutas muy tropical para saborear las últimas semanas de vacaciones de verano que fueron espantosamente cortas.
— Mañana no te voy a ir a dejar a la estación, no me importan tus estudios, además estás grande para manejarte solito.
— Y lo dices como si a mí me importara — respondió con frialdad el muchacho mientras se tomaba un vaso de leche.
— Sí te importa, porque significa que tendrás que viajar en algún asqueroso ómnibus muggle — sentenció irritado Roderick porque nada de sus frases parecía conmover a Severus. Pero este cambió su estado de indiferencia absoluta, era verdad que tendría que viajar en esas moles mugrientas con las ventanas ralladas, los asientos sin esponja y el piso lleno de papeles de helado.
— Fíjate que no — dijo después de unos minutos, acordándose de algo.
— ¿No qué? - el hombre dejó su taza de café en la mesa de golpe y salpicó al suelo.
— Pues no tendré que viajar en esas cosas como dices tú porque he encontrado un medio mágico, no muy cómodo, pero sirve. El Autobús Noctámbulo, ¿cómo te queda el ojo?
Su padre no contestó. No tenía idea que su hijo se había enterado del transporte mágico más solicitado en los casos de urgencia y Severus se alegró de que se callara, porque así dejaban la discusión y se podría ir a dormir.
Se bañó, se puso su pijama, ordenó los últimos detalles en su baúl y se dispuso a dormir.