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Historia 24978 — capítulo 12

CAPÍTULO 12: UN NOVIAZGO FUGAZ

Mientras comieron, no hablaron, simplemente se miraban de forma silenciosa y se dirigían tímidas sonrisas, porque no tenían nada más que hacer. Severus se sentía perturbado, y lo único que quería era sacarla a bailar, pero faltaba por comer el postre, y no quería parecer demasiado ansioso.

Transcurrieron quince minutos y por fin llegó la hora de preguntarle si quería...

— Florence... ¿quieres bailar? — indagó, avergonzado y sin mirarla. Se le subieron instantáneamente los colores.

— Claro — contestó ella, entusiasta —, ¡vamos! Pensé que jamás me lo pedirías, creí que no te gustaba bailar.

Severus le sonrió y le pidió la mano. Ella puso su blanca palma en la de él, y fueron hacia la multitud, y se mezclaron entre ella. El chiquillo ya tenía experiencia, así que agarró una de sus manos y puso una de él en la pequeña cintura de Florence. Ella se afirmó con la mano libre del hombro de Sev.

La música era tan alegre, que hasta los profesores salieron a bailar. Se movieron de aquí allá; era un baile algo al estilo vaquero.

Los muchachos bailaron pocas piezas porque dedicaron su tiempo más a conversar. Francamente, Severus estaba hipnotizado mirándola, y a ella le pasaba lo mismo, pero Sev no se percataba.

— Bueno, creo que ya he hablado mucho de mi — dijo la muchacha, risueña —, detállame más de ti...

— Este... yo vivo con mi padre, mi madre murió —la niña se llevó una mano a la boca —, descuida — la calmó Severus —, no tengo hermanos, vivo en Saint Ferdinand, al sur de Londres. Me gusta lo que es la Ciencia Oscura, todo lo relacionado con ella en realidad.

—Sí, de eso me he dado cuenta... muchas veces te veo en la biblioteca leyendo enormes libros sin título, imaginé que eran de Artes Oscuras.

"O sea siempre me miró" pensó ilusionado el muchacho, apoyándose en la mesa y mirándola con ojos entornados.

—Y... supongo que tienes novia — dijo la niña para simplemente asegurarse de que estaba solo.

— No, no aun no tengo, tú tampoco tienes novio —era una afirmación.

—No, creo que doy miedo, tu eres el único que se ha atrevido a hablarme sin problemas — sinceró, algo apenada —. Según mi amiga Samantha que muchos me temen, como te dije, dicen que tengo cara de amargada y cosas así. Bueno, puede que sí a veces... —reconoció—por eso no tengo amigos hombres.

—Pero yo voy a ser tu amigo — saltó Severus como un tonto, como si hacer amigos fueran pan comido. Pero ella no bufó ni protestó, le sonrió tiernamente.

—Eres muy amable pero... — balbuceó ella.

Severus sintió que se le movía el piso, de seguro que le diría "pero no quiero ser tu amiga".

— ¿Pero? — preguntó Severus quejosamente.

— Pero no sé si seré una buena amiga, nunca he tenido un amigo...

Sintió un gran alivio cuando escuchó eso, lo invadió la felicidad. Soltó una pequeña carcajada y miró a la jovencita.

— Con el tiempo se va a ver todo — dijo Severus, maduramente —, eso no puedo saberlo aún, y tú tampoco. Y para ser franco no he tenido nunca amigas.

— Ah, bueno, entonces ambos seremos... ¿cómo es la palabra? Novatos, eso es.

Hasta que dieron las doce dejaron de conversar. Era ya la hora de ir a dormir, pero era porque McGonagall había obligado a Dumbledore a imponer un límite de tiempo para el regreso a las salas comunes. El director estaba muy contento bailando con la enfermera Deedee y era uno de los que no quería que acabara la fiesta.

—No todo dura para siempre — dijo sabiamente la niña.

—Tienes razón, y... buenas noches —hizo el ademán de despedirse de ella, pero esta no reaccionó de inmediato. Al darse cuenta ahí hizo lo mismo, pero Severus ya se había alejado un poco. Finalmente se quedaron mirando, hasta que volvieron a reaccionar y se dieron un beso de buenas noches en la mejilla.

—Que duermas bien — dijo ella.

—Tú igual.

Severus se encontró con Lucius a la entrada de la sala común, Narcisa ya se había entrado a la habitación.

— ¿Y qué tal con MacDougall? — preguntó Lucius algo ido, mientras se sentaba junto al fuego de la chimenea.

Severus se recostó en la alfombra colocando sus brazos detrás de su cabeza.

— Espectacular... es tan interesante, creo que me está gustando pero en serio. No simplemente de lejos, es muy linda, y no tiene novio... ¿Y tú con "Narci"?

— Lo mismo que tú — farfulló el rubio —. Nos besamos de nuevo mientras bailamos, y conversamos... y nos hicimos una propuesta ridícula, si te la digo, ¿te reirás?

— No hasta que la sepa, pero vale, no me río, dime.

— Fui yo en realidad el que le hizo la propuesta... no te rías, ¿eh?, bueno, ahí voy: le dije que si se quería casar conmigo cuando cumpliéramos los veinticinco... me dijo que sí.

— Bueno, es gracioso pero supongo que a todos nos llega la hora de casarnos, aunque tu petición es algo precipitada.

— Es cierto, pero ya no la veré hasta en tres o cuatro años más, acuérdate que solo vine a hacer este año aquí.

El segundo partido de Quidditch se iba a realizar mucho después de lo normal, el primer partido se había hecho demasiado antes porque según los profesores era un "nuevo proyecto" para que los estudiantes estuvieran más entusiasmados con los deberes a la vez, pero no dio resultado así que seguirían el mismo plan de siempre: cada treinta y cuatro días, con la diferencia que el segundo sería elcuatro de diciembre y era Ravenclaw v/s Hufflepuff.

Mientras tanto la "amistad" con Florence iba evolucionando rápidamente. Se veían después de clases, o se saludaban cuando estaban en la clase del día miércoles en Botánica. El saludo era con un beso en la mejilla, y eso enloquecía a Severus.

—Trabajos de a dos, por favor — ordenó la profesora Tilda cuando ya había explicado lo que tenían que hacer: sacar el pus de bubotubérculo que servía para curar el acné o tipos de impurezas de la piel cuando está diluido, debían ponerlo en unas botellas.

Sev miró de inmediato a Florence que también lo estaba mirando. Ella le sonrió como queriendo traspasarle un mensaje, entonces él la apuntó y luego se indicó a sí mismo, y ella asintió. Lucius lo miró enojado, pero se emparejó de inmediato con Narcisa que quería juntarse con él. Florence se acercó a él colocándose a su lado.

— ¿Empezamos? — preguntó colocándose unos guantes de piel de dragón.

—Sí, oh... ¡wákala! Qué asco esto, tiene olor a petróleo —hizo una mueca de asco y estrujó el bubotubérculo en la boca de la botella. A Florence se le salió una arcada y sus ojos se pusieron llorosos, luego se calmó y siguió con el trabajo.

Se entretuvieron mucho sacando el pus, a pesar de que era asqueroso, era muy relajante escuchar el sonido cuando se reventaban y resbalaba el líquido espeso por la botella.

Sin querer, quién sabe cómo, tuvieron sus cabezas muy juntas, sólo faltando centímetros para que sus labios toparan. Eso hizo que Severus tuviera el impulso de besarla, pero recordó que estaban en el invernadero rodeados de personas. Y si Florence reaccionaba mal... si le llegaba a dar una bofetada... quedaría en vergüenza y no quería eso.

—Este... Florence, ¿podemos hablar después de clase? — dijo inconscientemente y se arrepintió de haberlo hecho. ¿Qué le pensaba decir? ¿Qué pensaba hacer? ¿Declararse? Pero la pregunta ya estaba hecha y había sido respondida por una sorprendida Florence.

— Sí, claro.

En ese momento sintió que alguien los miraba y era la amiga de ella que estrujaba distraídamente su bubotubérculo, como si estuviera pendiente de lo que hacían ellos. Severus la miró fríamente, y ella desvió sus ojos hacia otro lado.

— ¿Vamos? — preguntó Lucius a Severus cuando acabó la clase.

—No puedo... tengo que conversar con Florence...

Lucius miró a Severus con el ceño fruncido sin entender.

—Es que tengo que decirle algo, en la sala común te cuento, ahora no es un buen momento para hablar — declaró viendo que quedaban muchos alumnos —, te veo en la siguiente clase.

Lucius hizo una mueca y se fue con Narcisa del brazo. Estaban muy unidos esos dos también últimamente. Severus tomó del brazo a Florence, y viendo que nadie los seguía, se la llevó de ahí, y se fueron a la parte posterior del invernadero en donde había unos matorrales y una banca de piedra con talladuras.

—Aquí nadie nos verá — explicó él viendo la cara de inseguridad de Florence.

—Tienes razón, ¿y qué me quieres decir? — inquirió ella con interés mirándolo intensamente. Como tantas veces el muchacho se puso nervioso al sentir que esos ojos castaños lo estaban observando con tal fijeza.

—Mira... yo...— titubeó. Pero no alcanzó a continuar. Miró sus labios y fue algo inevitable, verlos tan rojos y húmedos. No sabía lo que hacía y quiso que la tierra lo tragara, pero sus movimientos estaban ya hechos: tomó una mano de la chica, la afirmó de la cintura con la otra, la aproximó hacia a él y la besó. Por primera vez sintió la fragancia que salía de su cuello y cara, una esencia a rosas. Ella lo abrazó y le correspondió el beso sin vacilar.Duraron cerca de quince segundos así, sin soltarse.

Severus se separó de ella y la miró a los ojos.

—Florence, no fue la mejor manera, pero me gustas mucho... demasiado, te quiero — dijo el chiquillo volviéndose hacia ella nuevamente.

—Tú también me gustas... — confesó ella con voz cálida — Eres... siempre te miré, desde el año anterior que me gustas y nunca me atreví acercarme a ti, me dabas algo de miedo —soltó una risita.

Se volvieron a abrazar. Fue un momento único. Era imposible explicar la conmoción que sentía Severus por dentro. Se quería quedar con ella así para siempre, pero tenía clase de Pociones, y no podía faltar a ella.

— ¿Nos veremos esta noche? ¿En la cena? —preguntó ella con los ojos brillosos.

—Sí, y daremos un paseo — se limitó a besarla en la mejilla y se fueron al castillo y de ahí se separaron, cada uno se fue al aula que le correspondía.

No estaba atrasado, pero el aula ya estaba llena, Lucius lo aguardaba con un puesto vacío.

—Para que veas que pienso en ti —dijo algo molesto el rubio. Severus no le hizo caso, y le agradeció el lugar.

— Tengo mucho que contarte — susurró Severus contento.

— ¿Y a nosotros? — dijo una voz detrás de ellos, era Federic que lo miraba afligido.

—Y a ustedes —tartamudeó Sev —, pero se los diré después.

Se volvió a Lucius y le dijo en tono muy bajo, apenas audible por la bulla.

—Me declaré a Florence, nos besamos y creo que le pediré que sea mi novia.

Lucius lo miró con ojos desorbitados pero con una sonrisa dibujada en su cara. Habían sido muchas noticias en pocos segundos.

—Bueno, yo no te he dicho que con Narcisa somos novios oficiales, aunque me imagino que te diste cuenta —reveló Lu riendo.

En ése momento dejaron de charlar porque había llegado la profesora Debra Platzer.

—Buenas tardes, muchachos — saludó la mujer dejando una montonera de libros en el escritorio—, saquen sus ingredientes y entréguenme sus informes de la semana pasada por favor.

Hubo un traqueteo de sillas, y todos fueron a dejar sus informes. Severus se percató que el del era el de más pergaminos y el más pulcro.

—Vas a obtener un "Extraordinario" —dijo de malhumor Lucius sacando sus materiales.

—Eso espero, pero no creo que tú saques una mala calificación, —tranquilizó Severus a su amigo.

—Pero eso sería porque tú me ayudaste — volvió a alegar Lucius más enojado.

La profesora dejó las instrucciones en la pizarra, debían preparar un Veritaserum simple — "la poción de la verdad" —. Era un proyecto que tendría dos notas, equivalía a perfección y a trabajo en clases, y entre eso estaba la puntualidad de la entrega.

— No olviden dejar la botella en un lugar fresco, y no derramen ni una gota. Deben guardarla en un lugar seguro — ordenó la señora Platzer al final de la clase cuando los jóvenes ordenaban sus pupitres.

—Entonces me piensas dejar otra vez solo.

— ¡Pero tienes a Narcisa!

—Bueno, bueno, por esta vez te perdono, y, ¿les cuento lo que te pasó a los muchachos?

—Sí, — respondió Severus inmutable —, cuéntales que o sino después dicen que no confío en ellos.

Se sentaron en la mesa de Slytherin para cenar, al segundo se unieron los otros tres amigos y Stuart y Michael rogaron porque Severus les contara lo que había pasado.

—Les digo que Lucius les dirá en la sala común — insistía Severus irritado.

—Oye, ¿quién es esa que te hace señas? — preguntó Stuart apuntando a la mesa de Ravenclaw, una muchacha movía la mano para Severus. Era su Florence. Él le respondió con una sonrisa y un gesto de la mano.

—Es su novia — dijo Federic impacientado.

— ¿Eso es lo que pasó entonces, le pediste a esa Florence que fuera tu novia? — preguntó indiscretamente Michael.

— ¡Cállate, Michael! —exclamó Sev furioso y siguió mirando a Florence que se había puesto a conversar con su amiga Samantha.

—Adiós, los veo en la sala común — se despidió Severus cuando acabaron de cenar. Miró a Florence que aún no acababa y fue al vestíbulo a esperarla.

Cuando ella llegó se fijaron en que nadie los siguiera y salieron a dar un paseo a los terrenos. Estaba muy oscuro pero eso no impedía verse las caras. Caminaron tomados de la mano y en silencio, mirando el cielo que acompañaba a la ocasión, estaba despejado y con una luna inmensa que se alzaba encima de ellos.

Severus pensó unos cuantos segundos lo que pensaba hacer, hasta que tomó la opción, osadamente.

—Florence, he decidido algo, ya que ambos nos queremos: ¿quieres ser mi novia?

Ella al parecer no se esperaba esa pregunta porque se sonrojó y quedó boquiabierta.

— ¡Claro, por su puesto que sí! —contestó finalmente y se lanzó a su cuello. Le dio un gran beso en la boca. Sev también la abrazo y se sintió feliz. Había sido todo tan fácil, sin ningún rechazo… Debía considerarse suertudo.

Se sentaron a la orilla del lago aun abrazados y conversaron. Se conocieron mucho más, cada uno habló de sus sentimientos que en realidad fue algo muy reconfortante. Severus se pudo desahogar de toda la ira que tenía contra su padre, y ella lo pudo comprender. Nunca había hablado tan abiertamente de su familia, y con ella sí se había atrevido.

—Creo que ya es hora de volver, o sino nos descontarán puntos — dijo ella tiernamente cuando ya había transcurrido un rato, mirando su reloj. Eran las ocho y media.

Apresuraron a entrarse y se dividieron despidiéndose con un beso a la distancia, Severus corrió a la sala común, donde sus amigos conversaban alegremente.

Sev les contó todo con detalles a los chicos, quienes se alegraron aún más. Es que en realidad pocas veces se podía verle feliz a él, la mayoría del tiempo pasaba serio y sin dirigir la palabra a nadie.

Habían transcurrido cinco semanas muy románticas, a pesar de que los días se ponían más fríos, pero con el amor, nada podía congelarlos. Lucius y Narcisa estaban felices de la vida, y lo mismo pasaba con Severus y Florence. El ambiente se ponía más navideño, faltaban menos de dos semanas para Navidad, todo el mundo parecía estar contento, además que con las idas a Hogsmeade era todo mucho más entretenido.

—Mañana iré con Florence a Hogsmeade —dijo Severus a sus amigos cuando estaban todos acostados y conversando.

—Y nosotros también iremos —dijo Michael sin comprender.

—Sev se refiere a que irá con Florence, no con nosotros —dijo Lucius con exasperación.

"Mientras más grande, más idiota" pensó Sev colocando los ojos en blanco. En realidad Stuart y Michael tenían bastante poco cerebro.

—Y tú irás con Narcisa — dijo Federic sonriendo pícaramente a Lucius.

—Sí, es que hay que aprovechar a las novias cuando están simpáticas —dijo Lucius.

Todos rieron. Los cinco pensaban que las mujeres eran muy complicadas, pero Sev y Lucius pensaban que eran adorables en algún momento.

—Ya, buenas noches, me dormiré —dijo cortantemente Severus y se dispuso a dormir.

Ahora, en las noches, no se escuchaba ningún ronquido, y por eso daba gusto dormir con sus cuatro amigos, en cambio, con los búlgaros... Ojalá se quedaran en su país natal para siempre, así Lucius, Federic, Michael y Stuart se quedarían para siempre en Hogwarts.

—Ah... —bostezó Severus estirando los brazos, y los otros cuatros le hicieron coro —creo que me daré un baño, necesito desperezarme...

Levantándose con mucha flojera sacó una toalla y se fue al cuarto de baño, se desvistió y se metió a la ducha.

—Yo creo que es para gustarle más a Florence — dijo Federic a Lucius —, eso de haberse vuelto tan pretencioso.

—En todo caso, bueno, yo pensaba hacer lo mismo y reconozco que es para Narcisa.

Después de que todos se arreglaron bajaron a donde estaba casi todo el alumnado formado, el vejete Filch recibía las autorizaciones, la mayoría iba a desayunar en Hogsmeade.

—Entonces... busquemos un lugar apropiado en donde desayunar —dijo Florence cuando ya habían llegado a Hogsmeade y paseaban por ahí, sin tomarse de la mano. A ambos les daba vergüenza que supieran que eran novios.

— ¿Qué tal en la cafetería de ahí? —dijo Severus apuntando un local muy elegante.

—Vamos —dijo ella y se apresuraron para ir allá.

Los dos pidieron un vaso de chocolate caliente — en realidad vendían de todo, no solamente café — y unos cuantos pastelillos sabrosos.

El desayuno fue bastante ameno, algo silencioso pero era muy cómodo estar ahí. Muy pocos alumnos del colegio fueron a desayunar a esa cafetería, y nadie se fijaba en ellos.

Todo el día anduvieron paseando por distintos lugares, comprándose caramelos en Honeydukes y algunas bromas en el negocio de Zonko, que las gastaron entre ambos para divertirse un rato. Iba todo muy bien hasta que Severus perdió todo su buen humor, cuando divisó la Casa de los Gritos en la colina. Se le vinieron a la cabeza recuerdos bastante incómodos, pero por suerte, su acompañante, no se dio cuenta de aquello.

Intentó olvidarse de eso para no arruinar ese magnífico día. Mientras andaban por ahí trató de sacarle a Florence de la boca lo que más le gustaría tener —objeto material —, como se aproximaba la Navidad, quería obsequiarle algo.

No hubo nada más que pudiera arruinar ese día, y a los insultos de Potter hacía oídos sordos, no quería amargarse por estupideces.

Al tiempo, con Florece, tomaron la costumbre de verse detrás del invernadero. Era algo netamente simbólico ya que era ahí donde por primera vez habían revelado sus sentimientos. Además, era privado, nunca nadie pasaba por ahí, a menos que tuvieran que dejar alguna planta expuesta al sol o algo por el estilo. Sin embargo, de todas maneras, no había sol ya, hacía mucho frío y casi todos los días permanecían nublados y frescos.

Y el día de Navidad amaneció horrible, pero el hecho de que estuviera ese simple espíritu navideño todo lo otro quedaba atrás, y con los adornos y los villancicos el castillo se veía lindo.

Lucius, junto con los demás se quedaron a pasar esas vacaciones ahí, pero Florence se había ido con sus padres; gran alivio que fuera una semana nada más, y el tiempo pasaba volando así que no sería tan triste.

— ¡Eh! ¡Miren, los regalos! — despertó Federic a los muchachos aquella mañana del 25 de diciembre.

Todos soñolientos levantaron las cabezas de las almohadas y miraron los obsequios que estaban en el pino de Navidad que tenían para ellos solos.

Federic se río al verle las caras, parecían verdaderos estropajos; Sev y Lu, los de cabello más largo, tenían todo el pelo enredado y despeinado. Los otros tenían los ojos hinchados como si no hubieran dormido muy bien.

Se levantaron y fueron a abrir los dichos presentes.

—Toma Sev, estos siete son tuyos... — dijo Federic separando los paquetes —, estos otros siete son tuyos, Lu...

Sev se apartó un poco del grupo llevándose sus pertenencias a la cama, partió por desenvolver el más pequeño. No tardó en darse cuenta que era una de las famosas humillaciones de Roderick, le había enviado una chuchería lechucil, y ni siquiera algo útil para él, sino que para Darken.

Después abrió los de sus amigos, Lucius le regaló otro libro para su colección; Michael con Stuart: no faltaban sus bolsas de surtidos de golosinas; Federic, algo más varonil: un perfume de un olor muy rico y un pequeño espejo reflector de enemigos

Su elfina, Polly, le envió un de esas tantas sabrosas tartas adornada con los símbolos navideños.

El último que le quedaba era el de Florence, que lo desenvolvió con mucha sutileza sobre sus rodillas. Se encontró con una caja delgada y más o menos de treinta centímetros de largo. Dentro de esta había una pluma bellísima de la perfecta combinación negro y rojo. Iba junto con dos tintas de los colores de la pluma, y aparte un chocolate de marca que jamás había visto, quedaba en el cartucho, más una tarjetita de corazones — Sev le había mandado unos pendientes que tenían dibujadas unas runas antiguas, más un perfume que ella deseaba de hace tiempo, y una carta llena de palabras bonitas. (Se sentía muy incómodo al pensar en la carta, era primera vez que escribía una y temía a que le hubiera parecido muy cursi).

La tentación por probar el chocolate fue incontrolable así que se atrevió a sacar un trocito. Era el chocolate más delicioso que pudiera haber probado en su vida, y a la vez muy concentrado, lo activó al instante; tomó la carta de su novia y se la puso a leer.

Querido Sev:

Espero que pases una excelente Navidad con tus amigos, y por supuesto que te haya gustado mi regalo.

A pesar de que es solo una semana en que no nos veremos, te extrañaré un montón.

Te quiere mucho

Florence.

El chiquillo se sonrió y vio a sus amigos que estaban tan contentos como él, admirando sus regalos.

—Eh, Sev, gracias por el libro de Quidditch, hace tiempo que quería leerlo —agradeció Lucius guardando el volumen dentro de su baúl.

—No fue nada, yo también te agradezco el libro, lo había visto en Knockturn, pero el dinero no me alcanzaba para éste y el otro que me compré.

Lucius hizo un ademán de "No agradezcas".

Muy pocos alumnos se quedaron en el castillo. En total, eranellos cinco más una muchacha de séptimo de Gryffindor, un chico y una chica de segundo de Ravenclaw y un joven de sexto de Hufflepuff.

El desayuno, el almuerzo y la cena estuvieron muy entretenidas, almorzaron junto a los profesores en una sola mesa porque eran poquísimos para comer separados.

Severus cada vez pensaba que Dumbledore estaba más chiflado, porque sacó uno de sus "Gorros Sorpresa" de unos platos que estaban llenos de unas cuerdas multicolores que se estiraban y aparecía el gorro.

— Este viejo es un ridículo, mi padre siempre me ha dicho que no debería haber salido él director de Hogwarts, tiene demasiada preferencia a los hijos de muggles —susurró Lucius a Sev en el oído. El muchacho de pelo negro se limitó a asentir con la cabeza. Concordaba con Lucius y su padre, había demasiada sangre sucia en el colegio y eso manchaba la verdadera pureza de la sangre mágica.

El resto de la semana aprovecharon la nieve que había caído, hacían guerras de bolas de nieve, crearon unas magníficas murallas con ésta para protegerse, y se jugaba de todos contra todos: quien lograba derribar las primeras dos paredes, ganaba.

—Y tu carta me fascinó, es lo más hermoso que he leído en toda mi vida, y mi tarjeta fue tan poca cosa... —explicó la muchacha de piel de porcelana con culpabilidad.

—No importa, me habría conformado con cualquier cosa de parte tuya —la tranquilizó Sev con una sonrisa.

En esa semana volvieron con la misma rutina de siempre, pero la modificaron, ahora en vez de verse entremedio de algunos recreos en el invernadero y después de clases, dejaron treinta minutos de la hora del almuerzo. Debían prepararse para los exámenes, por eso prefirieron dedicar su tiempo más al estudio para pasar con buenas calificaciones.

— Que asco, empezamos con Historia de la Magia — dijo Sev a Lucius que practicaba el hechizo convocador (El profesor Flitwick le había enviado a practicar el encantamiento, que no le salía muy bien que digamos).

— ¡Accio lib…! ¿Qué? ¡No puede ser! Me tendrás que prestar tus apuntes —exclamó el rubio un tanto alarmado.

—No los tengo todos, pero Freddy los debe tener. Se los pediremos a él —dijo Sev con seguridad.

—Entonces no me queda otra, tomen —justo apareció Federic con un gran cuaderno de pergamino y se los dejó encima de la mesa.

— ¡Muchas gracias! —agradecieron al unísono los dos amigos.

Al día siguiente, después del almuerzo, fue como días anteriores a juntarse con Florence detrás del invernadero.

Siguieron su rutina normal, conversaron un poco de lo nuevo y luego se dedicaron al cariño. Se abrazaron y se besaron. No obstante, había algo inusitado en el lugar, ambos se sentían observados por un tercero. Echaron un vistazo al lugar, mas no se veía nada.

— Buena suerte en Defensa — deseó a ella estando ya en el vestíbulo.

—Gracias, pero no soy tan buena como tú.

Severus se dirigió al aula de Pociones, a los Slytherin les tocaba con los Gryffindor.

Todos estaban afuera en grupitos y chachareando, la profesora Platzer aún no llegaba y la puerta de la sala estaba con llave.

— ¿Cómo te fue con Florence? — preguntó Lu a Sev cuando éste se unió a ellos.

—Igual de bien —respondió con una sonrisa de suficiencia.

—Oye, tú —dijo una voz detrás del. Sev y los otros se dieron vuelta.

— ¿Qué quieres Jorkins? —inquirió Severus impacientado.

—Te vi besándote con Florence detrás del invernadero.

Severus la miró con odio. Todos habían escuchado, porque el lugar, de un momento a otro, se había quedado silencioso.

— ¡Maldita...! ¡Furunculóseo! — exclamó hacia la cara de la chica con la varita empuñada. Ella dio un gemido y en cámara lenta se vio cómo su cara se iba llenando de asquerosos y brillosos granos.

—¡Oooh!—gritaron todos.

—¡Te acusaré con Dumbledore! —voceó llevándose las manos a la cara.

—¡Hazlo si quieres! — respondió él furioso —¡Maldita asquerosa entrometida! —insultó a la muchacha que salía corriendo y se perdía por el pasillo.

—¡Eh, Quejicus! ¿Así que tienes novia? ¿Le diste un filtro de amor o la pusiste bajo la maldición imperius?—sentenció una voz arrogante que salía de los de Gryffindor.

—Mira, Potter — aclaró relajadamente el otro chico dándose vuelta hacia él —, al menos tengo algo y no ando rogándole para que me tome en cuenta — sus ojos negros se dirigieron hacia Evans que observaba a los conflictivos con atención.

—¿A qué te refieres? — pronunció Potter amenazante haciendo el ademán de ir a golpearlo pero los brazos de Lupin y Black lo detuvieron.

—Sabes perfectamente a qué me refiero con esa indirecta. Ahora, si es que quieres que sea más claro: no ando me arrastrando por Florence como tú por Evans.

—¿Qué? ¡Yo... — Potter miró a Evans que había clavado los ojos en el suelo mordiéndose el labio.

—Disculpen el atraso — dijo la profesora Platzer que llegaba apurada. Abrió la puerta con un hechizo y los estudiantes entraron.

—Que pena, Evans, que pena que un idiota como Potter ande detrás de ti —rió Severus pasando por el lado de la pelirroja.

—No más idiota que tú —refunfuñó la jovencita, furiosa —¡tú eres igual de presumido que él!

—Ídem tú, asquerosa sangre impura... —murmuró con crueldad, sonriendo malignamente.

Lily le hizo un profundo desprecio y no dijo nada más. Severus no se percató de que a la joven se le habían puesto los hermosos ojos verde esmeralda, llorosos.

— Disculpe, profesora Debra — dijo alguien abriendo la puerta del aula. Dumbledore estaba de pie en el umbral.

—Dígame, Dumbledore —dijo la maestra entregando los trabajos de la otra vez, revisados.

—¡Sí! Sev saqué una E —celebró Lucius dándole un codazo a Sev para que mirara su informe.

—Te lo dije.

— ¿Podría salir el señor Snape un momento?

Sev sintió como los ojos de sus compañeros se fijaban en él.

—Bueno, que no sea por mucho tiempo, profesor, hoy haremos un trabajo importante.

—Descuide Debra, serán cinco minutos. Ven, Severus — indicó el director al chiquillo.

Sev se paró sin comprender. Siguió al director hasta un aula vacía en donde estaba Jorkins sentada de piernas cruzadas. Los granos de su cara ya habían desaparecido, pero le reemplazaba aquello una expresión de fiera.

—Severus, explícame lo que pasó — dijo afablemente el alto hombre de barbas blancas.

—La ataqué señor, pero tengo mis razones.

—¿Y cuáles son esas razones?

—Es que es una entrometida y dijo a toda boca lo que yo no quería que nadie revelara.

—¿Qué te besaste detrás del invernadero con Florence?

—Sí, señor — contestó de mala gana. No quería hablar de aquello.

—Entonces debo decirle, señorita Jorkins, que no la atacó porque sí, aunque usted, Severus, debe aprender a controlar sus emociones. Vuelvan a sus clases.

Severus regresó al aula de Pociones y les contó a sus amigos lo que pasó poniéndose a trabajar.

El resto del día estuvo muy intranquilo, excepto por el hecho de que, sus ojos inconscientemente se iban al llamativo cabello rojo de cierta muchacha y no se explicaba por qué.

Era algo inevitable. Y no podía... no, tenía a su Florence y la adoraba, no la dejaría por nada del mundo, o eso creía al menos. "No la cambiaré por una sangre sucia".

Iba caminando, el la hora del almuerzo, como tantas veces, hacia la parte posterior del invernadero, al encuentro con su novia. Se abrazaron y se dieron un largo beso, pero cuando se separaron, Severus se llevó una tremenda sorpresa: no era Florence quien lo miraba, sino que a la muchacha de ojos verdes, más preciosa que nunca.

—Hola, mi amor.

Esas palabras resonaron en su cabeza, incluso ya despierto*. "Ése sueño, quiero decir, ésa pesadilla..."*. Se sentó en la cama con el corazón latiendo a mil por hora. Bebió un poco de agua del vaso de su velador, poniendo su mano en la frente. Tenía jaqueca. Haber soñado con aquella pelirroja…

"Evans... no, tú no, ¿cómo puede ser, si me caes mal?" pensó afligido cubriéndose hasta el cuello con la frazada y apretando sus ojos.

No se atrevía a seguir durmiendo ¿y si volvía a soñar algo así? No podría mirar a la cara a ninguna de las dos chicas mañana.

—Parece que no dormiste bien — dijo Lucius viéndole la carota que tenía su amigo, cuando había amanecido.

—No, pasé casi toda la noche despierto.

Severus no había podido conciliar el sueño en toda la noche. Tenía temor a ver a Florence y no sentir lo mismo de antes.

—Te ves extraño —dijo Federic en el desayuno.

— ¿Ah? — Severus salió de su ensimismamiento.

— Estás raro, no has probado bocado — reiteró, tomando un sorbo de leche. Lucius miró a Severus esperando una respuesta.

—Me duele el estómago —mintió Sev.

Tampoco se atrevía mirar a la mesa de Ravenclaw, y sentía que lo observaban fijamente.

—Hey, tu Florence te está haciendo señas—avisó Stuart.

Severus bufó. Con poco atrevimiento levantó la mirada y vio a Florence que lo miraba tierna. Se veía hermosa... pero no le ponía nervioso como antes. Sus sentimientos definitivamente habían cambiado o estaban cambiando. Fue un momento triste. La chiquilla siguió comiendo con la perfecta sonrisa en su boca y platicando con sus amigas, y él con su mente, hecho un torbellino. Con la horrenda mueca en su cara, ahí se veía como era su alma por dentro.

Miró el plato, rendido. Sus amigos lo observaban desconcertados ante su inusitada actitud.

Cuando acabaron el desayuno y Lucius lo apartó tomándolo del brazo. Se iban a la clase de Runas Antiguas.

— ¿Te pasa algo con Florence? — preguntó Lucius con el entrecejo fruncido, no mostrando enojo, sino preocupación.

—No — respondió secamente el otro.

—Mira... sino me quieres contar... bueno, es cosa tuya.

Lucius pareció ofendido ante la respuesta de su amigo, se fue con el otro grupo dejando a su compañero solo.

No le importó que Lucius se enojara, siempre quería meter las narices en todas partes y eso le molestaba mucho. No quería pensar en nada pero no podía faltar a la clase, tan importante. Se sentó en el pupitre al lado del rubio que lo ignoró toda la clase. No le dirigió la palabra por ningún motivo.

"No puedo pasar más tiempo con Florence así. Me gusta Lily y no lo puedo reconocer, ¿por qué soy tan orgulloso? ¡oh, diablos! Y no han andado las cosas muy bien con Flo, todo por mi maldita culpa, ¿o seré capaz de terminar con ella echándole la culpa de todo, por mi maldito orgullo? No, no me atreveré porque sé que yo soy el malo de la película. ¿Por culpa de una sangre sucia? Nunca le diré, nunca me declararé, antes me mato. No, Florence, no quiero y no puedo seguir así contigo, eres muy buena para mí y no te mereces que yo te engañe, aunque no es un engaño, es un falso sentimiento"

Con la almohada entre los brazos y sentado en la cama en medio de la oscuridad estaba, iluminado por la suave luz de la luna que salía y retornaba a las negras nubes de la noche terrorífica. Siete días habían transcurrido desde el enojo con Lucius, todavía no se lograban comunicar bien. Sólo para tareas hablaban, ninguna cosa extra.

Reflexionaba en ese instante. Su mente estaba dañada, no conciliaba el sueño, no se concentraba en nada, le hablaban y el estaba en otro mundo. Por suerte, ahora, nadie pronunciaba palabra, los chiquillos dormían plácidamente en sus camas de dosel.

Severus respiraba entrecortadamente practicando en su cerebro lo que le diría a la mañana siguiente a Florence, a la hora del almuerzo, ensayando algo para que no sonara frío. No quería herirla, no deseaba eso, simplemente que quedaran como amigos, quizá ella fuera comprensiva, y de seguro encontraría a otro novio, hombres en Hogwarts no hacían falta

"Mira, Florence... no, no hace falta que nos besemos ya... no es mi intención… o sea... oh, esto es inútil, ahí voy otra vez: Florence, no puedo seguir ocultando esto, te quiero pero ya no como antes, algo ha pasado conmigo, te veo como una amiga... nada más, no es tu culpa, sino la mía... ¡tampoco resultará!"

Suspiró entrecerrando sus ojos negros, como un par de tubos interminables. Apoyó la nuca en la pared de piedra que estaba muy fría. Así, entre tanto pensar, a la una y media se quedó dormido, y al otro día amaneció tal cual, con la cabeza ladeada y adolorida.

Mientras se vestían y peinaban, el joven de ojos grises miraba a Sev con intriga. Lo notaba extraño, no le veía la típica cara de enojo, sino que una expresión de tristeza, de desesperanza; no se atrevió a preguntarle nada, temía a que tuviera una mala reacción.

El almuerzo nunca había sido tan sepulcral. Nadie hablaba y Sev no sabía si eso era por su culpa o porque todos tenían algún problema en sus mentes.

Acabó de comer y dijo con voz queda un "hasta pronto" a sus amigos. Respondieron lo mismo y él, siguió hasta el vestíbulo que estaba lleno de gente parlanchina. Al momento llegó Florence tan alegre como siempre.

— ¡Hola! ¿Vamos, ya? — dijo jovialmente, dedicándole la típica sonrisa.

— No Florence... es mejor no ir. Quiero decirte algo rápido, pero no te quiero herir, no es mi intención...

Ella arqueó las cejas y entreabrió la boca.

— ¿Es malo o bueno?

—Malo... — la tomó de un brazo y se la llevó a un rincón — Florence, ya no te quiero como antes. Mis sentimientos cambiaron hacia a ti. Te quiero como amiga.

— ¿Qué? ¿Te refieres a que...?

—...terminamos —completó el mirando el suelo— ¡Pero no eres tú, soy yo…! —agregó de inmediato.

—Eres un... —los ojos se le enrojecieron — ¿Por qué? ¿Te gusta otra?

—No, no es eso, es que ya no me siento cómodo así y...

— ¿Te incomodo entonces? —alzó la voz en forma considerable y muchos se voltearon a mirar — O sea no me quieres. NO ME QUIERES Snape. Dímelo así, qué tanto rodeo, si al final llegas a la misma parte. ¡No duramos ni dos meses! ¿Me quisiste alguna vez?

— Florence, estás confundiendo mucho las cosas —balbuceó alarmado a la reacción de la chica. No se imaginó que actuara de aquella manera.

— ¿Sabes? Yo tampoco te quiero. ¡Y toma tus porquerías...! — de manera rápida se sacó unos aretes que le había regalado hace un tiempo atrás su ex novio, ahora. Los lanzó al suelo y dio un pisotón furiosa — No te me acerques nunca más.

—Florence... no, espera, yo no quería...

Pero ya era demasiado tarde. Ella se había ido dando tumbos por la escalera secándose las lágrimas. La gente lo miraba como si tuviera algún tipo de infección. No sabía que hacer. Recogió del suelo los aretes y e los guardó en el bolsillo de la túnica. Caminó por el sendero que le dejaron los alumnos, y siguió hasta el aula de la próxima clase, aunque faltaban quince minutos para ella.