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Historia 24978 — capítulo 15
CAPÍTULO 14: ANALIZANDO EL PASADO
—Profesor.
El hombre de cabello grasiento, nariz ganchuda y piel cetrina abrió sus ojos como un autómata, asustado y con el corazón acelerado. Sintió que la sangre se le iba a la cabeza. Se había quedado dormido. Alguien lo llamaba.
—Profesor — volvió a repetir aquella voz frívola que arrastraba las palabras.
Severus Snape se dirigió a los ojos gélidos que lo observaba, no siendo el único par de ojos que lo miraban; varios estudiantes lo vigilaban con curiosidad. Nunca habían visto al profesor de Pociones dormir en clases y dejar de vigilarlos.
—Profesor — reiteró Draco Malfoy dejando algo sobre el escritorio —, aquí está la poción que pidió que realizáramos.
Snape sacudió su cabeza, desperezándose en un solo segundo. Miró la botella.
—Ah, sí, sí Draco, una E obtienes — dijo Severus aún algo confuso.
Ese día había dado instrucciones para que los alumnos de sexto año prepararan la poción Felix Felicis (poción para la suerte). Estaban a mediados de abril, a punto de comenzar los ÉXTASIS para los jóvenes de sexto.
Cómo explicar todo lo sucedido durante veintiocho años desde el último día que pudo de verdad ser feliz. Su vida... ¿Vida? ¿Se le podía llamar a eso "Vida"? ¿A todo lo que había sufrido y sigue sufriendo? Su vida era ARREPENTIMIENTO, eso era, años de dolor y remordimientos.
La campana sonó y una masa de estudiantes dejó pequeñas botellitas de colores en el escritorio del profesor de Pociones de Hogwarts. De pronto el aula estuvo completamente vacía.
Con toda la depresión que tenía, no pudo resistirse a recordar los momentos más terribles de su vida. Y era la razón de su cansancio. Todo lo malo que había cosechado le pesaba como nunca.
Cerró los ojos otra vez, y la voz de cierta pelirroja le retumbó en los oídos,igual que aquél día de finales de quinto año.
Se hallaba sentado en una mesa circular en el gran salón, haciendo el examen escrito de Defensa Contra las Artes Oscuras, una de sus "especialidades", de los TIMO. Era un día caluroso y el aire estaba tibio, pero eso no le impedía concentrarse.
"Qué fácil" pensó el jovencito. "Enumere cinco características que identifiquen a un hombre lobo" Dirigió una mirada de asco hacia Lupin. Con letra diminuta y agachándose bastante escribió todas las características que sabía que, por supuesto, eran más que cinco. Y una por una fue contestando, y cuando acabó por responderlo todo releyó lo escrito velozmente para asegurarse de que todo estaba correcto. Seguro que obtendría un Extraordinario.
— ¡Dejen las plumas, por favor! — chilló el profesor Flitwick con su vocecita — ¡Tú también, Stebbins! ¡Por favor, quédense sentados en sus lugares mientras yo recojo las hojas! ¡Accio!
Su hoja de respuestas salió disparada a las manos del pequeño profesor. Tomó la hoja de las preguntas y las fue leyendo una por una para analizarlas nuevamente; siempre le nacían dudas luego de acabar, y quería asegurarse para ser el mejor en Defensa.
Dirigió sus pies hacia los terrenos, tenía ganas de tomar aire fresco, además, no quería encontrarse con los búlgaros, ese año estaban verdaderamente insoportables.
"Mmh" murmuraba de vez en cuando en forma de asentimiento en relación a las respuestas que había escrito. Se refugió en unos matorrales sombríos para estar más tranquilo, sin embargo, algo lo distrajo un poco: Evans. La bella pelirroja de ojos verdes que no podía quitar de su mente chacoteaba con sus amigas que se mojaban los pies a la orilla del lago. "No la mires... mejor vete, sácatela de la cabeza, imbécil" pensó desesperado y abrió su mochila para guardar la hoja de preguntas quitando los ojos de la joven.
Se paró y empezó a hacer el mismo recorrido por el césped hasta que...
— ¿Todo bien, Quejicus?
Severus automáticamente sacó su varita para atacar a su enemigo Potter, pero fue mucho más rápido que él.
— ¡Expelliarmus!
"¡Oh no!" exclamó en su mente mientras su varita se escapaba de su mano y salía volando por los aires, cayendo en el césped. Se apresuró a recogerla pero nuevamente Potter habló primero:
— ¡Impedimenta!
Severus cayó al suelo y quedó ahí, tirado y mareado. Muchos alumnos observaban la escena, y él sentía que el mundo se le iba encima. Potter y Black avanzaron hacia él empuñando las varitas, listos para atacar otra vez.
— ¿Cómo te fue en el examen, Quejicus? — interrogó con antipatía el de gafas.
No respondió nada, pero Black trató de contestar por él.
—Yo lo vi: tenía su nariz pegada al pergamino. Su hoja debe estar llena de manchas de grasa; no van a poder leer ninguna palabra.
Varios rieron, pero él no, a Severus no le hacia ninguna gracia estar forcejeando para pararse ni estar oyendo los estúpidos chistes del grupito de Potter, mientras se moría de vergüenza.
—Esperen... y verán —dijo jadeante observando a Potter con el odio que más podía sacar de su ser — ¡Esperen... y verán!
— ¿Qué veremos? — preguntó Black con un dejo de impaciencia —¿Qué vas a hacer, Quejicus, limpiarte los mocos en nuestra ropa?
— ¡Idiotas, hijos de...!
Severus siguió soltando un torrente de palabrotas, no podía evitarlo, estaba deshecho.
—Vete a lavar esa boca ¡Fregotego! — bramó Potter.
Severus sintió el asqueroso sabor a jabón en su boca, y vio que se le salían burbujas, le dieron arcadas, el jabón cada vez le llegaba mas a la garganta, era malísimo... Maldito Potter, quería matarlo… quería destruirlo con sus propias manos, sin magia… Hijo de puta, infeliz…
— ¡DÉJENLO EN PAZ!
Una voz femenina gritó, y con arcadas y todo volvió sus ojos hacia... Evans. El corazón le dio un vuelco.
— ¿Qué tal, Evans? —preguntó Potter removiéndose el cabello.
"No le hables maldito..., no te atrevas a dirigirte a Evans, no ensucies su mente con tus mugrosas palabras…" pensó Severus con ira dando más arcadas.
—Déjenlo en paz —repitió Lily con desprecio — ¿Qué les hizo?
—Bueno, es simplemente que existe, no sé si me explico...
Otra vez Severus escuchó que reían, y también sintió que tenía movilidad en su cuerpo.
—Te crees muy gracioso, pero no eres más que un sinvergüenza y bravucón, Potter. Déjalo en paz.
— Lo dejaré en paz si sales conmigo, Evans. Vamos, sal conmigo y no volveré a apuntar a Quejicus con mi varita.
Severus con algo de dificultad se empezó a arrastrar por el césped hacia su varita escupiendo la espuma del jabón... los otros seguían discutiendo, agarró su varita, se puso de pié y apuntó a su contrincante que giraba lentamente la cara.
" Rasurmus " pensó y un destello color sangre de su varita le llegó al rostro de Potter, el hechizo le produjo un tajo. Potter reaccionó de inmediato.
Severus no supo lo que pasó, pero se encontró mirando hacia abajo con la sombra de la túnica. La sangre se le iba a la cabeza y a sus piernas le llegaba el fresco aire.
Risas, más risas por la exhibición de los calzoncillos grises de Severus.
Deseaba morirse ahí mismo.
— ¡Bájenlo! —gritó Evans nuevamente.
—Como quieras — convino Potter deshaciendo el embrujo.
Cayó de golpe al césped, y de la manera más rápida se desató de la túnica y se puso de pie.
— ¡Petrificus totalus! — exclamó Black esta vez.
Severus cayó de bruces rígidamente.
— ¡DÉJENLO EN PAZ! — oyó que otra vez gritaba Evans.
"No más, no más… Evans, cállate… Vete…"
Potter le quitó la maldición a Severus haciendo caso a la petición de Evans.
—...Has tenido suerte de que Evans estuviera aquí, Quejicus...
Severus se sintió demasiado humillado, tan humillado que se atrevió a rebatir eso:
— ¡No necesito la ayuda de una asquerosa sangre impura como ella!
Los hermosos ojos de Evans se dirigieron a él con frialdad.
—La próxima vez no me meteré donde no me llaman. Y por cierto, yo que tú me lavaría los calzoncillos, Quejicus.
Volvió a la realidad, abrió los ojos humedecidos y miró al final del aula. Sintió un ardor en su antebrazo izquierdo. Se levantó la manga y miró el tatuaje que tenía, mejor dicho, la Marca Tenebrosa; una calavera con una serpiente saliendo de la boca. Era tan repugnante verla… Eso era lo que nunca se podría perdonar…, el haberse metido con Lord Voldemort, era un acto que no poseía perdón de nadie… Era algo terrible…
Ni en sexto ni séptimo año pudo olvidarse de la hermosa ojiverde Evans. Ocupaba tres cuartos de su pensamiento el día completo, pero era algo sumamente extraño: la amaba y odiaba a la vez. La amaba porque era ella. La odiaba por su condición… Los pensamientos de pureza de sangre, a esas alturas, le tenían fanatizado. Pero no pudo evitar sentir esos celos que le carcomieron el corazón cuando, a finales de séptimo año, Lily aceptó ser novia de Potter. Fue un choque realmente grande. "Pero si parecía que lo detestaba..." se repetía una y otra vez, sin querer aceptarlo. Ese período estuvo más violento que nunca. No obstante, tenía más que clara su culpabilidad. Si él tal vez se hubiese aproximado a la pelirroja, le habría aceptado… Pero no. Él y su maldito odio, él y su maldito orgullo.
Para qué decir que las cosas con Potter estaban al filo de la muerte. Jamás se habían odiado tanto. Se atacaban sin razón, y hacían perder un montón de puntos a las casas.
Luego de salir del colegio, se matriculó en el INAM (Instituto Nacional Mágico) para especializarse en Pociones y Defensa contra las Artes Oscuras y así poder ser Profesor o algo por el estilo, pero todo lo planeado fue interrumpido magistralmente: después de tantos años apareció su mejor amigo, Lucius Malfoy a ofrecerle una vida diferente. Y a decir verdad, demasiado diferente. ¿Por qué se había metido en todo ese maldito embrollo?
— Si te unes al Señor de las Tinieblas, tendrás todo lo que quieres, el mundo será mejor, seremos ricos, ya no habrán híbridos... piénsalo... — decía con su gélida voz el rubio, quien estaba más cambiado que nunca. Ese no era el Lucius que Severus había conocido. Pero todo lo que decía sonaba bonito y diferente. Y en ese entonces, que ya no tenía nada que hacer, estaba más solo que nunca, sin el amor de Evans… ¿Qué más daba?
Por lo tanto, Severus aceptó aliarse al "amo", como todos lo llamaban con sumo respeto y terror.
Entonces fue así como una fría noche él junto con su amigo viajaron a una zona desconocida para encontrarse con el llamado Lord Voldemort.
Le sorprendió mucho la recibida, fue demasiado impresionante ver que Michael Goyle y Stuart Crabbe, Bellatrix Black y Rodolphus Lestrange estaban en la reunión.
La vista era increíble: a lo menos treinta sillas estaban rodeando a una más grande, y una fogata iluminando la cueva a donde estaba todo aquello.
—Siéntense. Comenzaremos el ritual de bienvenida a los nuevos — agregó una voz tan fría como la nieve que surgía de las sombras de una de las esquinas de la cueva.
El hombre que hablaba se aproximó y se sentó en la silla mayor. Era un hombre de cabello negro, alto, delgado, de tez pálida y de ojos negro rojizo. Vestía una capa negra muy elegante.
—Párate ahí —le ordenó a Severus apuntando un trozo de alfombra, sin rastro de amabilidad. Severus obedeció.
—Dime tu nombre.
—Severus Snape —contestó sin titubear. Supuso que él no era un hombre de juegos, y no aceptaría a gatos miedosos en su grupo.
—Te doy la bienvenida, Severus Snape, uno más que se une a mi círculo de Mortífagos. Un verdadero Mortífago es alguien que me es fiel realmente y me presta sus servicios para siempre, para toda la vida. ¿Serás capaz de resistir todo lo que vivirás conmigo? ¿Aceptar lo que harás? ¿Abolir la misericordia, y no traicionarme por ningún motivo?
Severus se sintió perturbado, hallando todo eso demasiado compromisorio, pero respondió con seguridad.
—Sí, señor.
— Eso es lo que busco: decisión y pragmatismo —comentó, con una nota de orgullo en su voz—. Y como un hombre jamás debe ser mal educado, me presento: para mis Mortífagos soy Lord Voldemort. Colagusano, por favor...
Un joven bajito y tembloroso salió de entremedio de uno de los asientos. La luz de las llamas de la fogata iluminó su rostro enmascarado.
El llamado "Colagusano" con una floritura de su mano hizo aparecer una fogata más, y luego un caldero encima del. Todos miraron expectantes.
Lord Voldemort se puso de pie al lado del caldero. De su bolsillo sacó una navaja y se cortó un pedazo de piel de la mano sin siquiera chistar. Parecía no tener dolor, o era lo suficientemente valiente.
Severus miró con atención todo lo que hacía.
Luego dejó sangrar un poco para que las gotas cayeran en el caldero que comenzaba a silbar.
—Ahora, dame tu mano — dijo.
Severus pensó que le iba a cortar un pedazo de piel, pero no fue así, le hizo un pequeño tajo en el dedo, que también dejó sangrar.
—Colagusano, por favor, quiero el agua purificada.
El chiquillo sacó de su bolsillo una botella y la vació en el caldero. Se produjo una explosión, pero fue solo ruido, la poción seguía ahí.
—Ahora, del mismo caldero, bébete la poción, la "Poción de la Fraternidad".
Severus, muy nervioso, se arrodilló, tomó el caldero tibio con ambas manos y tragó todo el contenido, hasta la única gota. Tenía un espantoso sabor a sangre.
Sintió que el antebrazo izquierdo le escocía demasiado, se agarró la muñeca con frenesí y se dispuso a mirarse.
— ¡Párate! —dijo con énfasis Voldemort.
Severus, con todo su cuerpo acalambrado, se paró, el hombre lo agarró de la mano izquierda, desenvainó su varita, apuntó al antebrazo y vociferó: "¡MORSMORDRE!"
El ardor cesó. El lugar se llenó de silencio. Los llamados Mortífagos sonreían contentos. Severus miró su antebrazo. Fue sorprendente la imagen: tenía un dibujo de una calavera con una serpiente saliendo de su boca.
—Esta, es la Marca Tenebrosa. Es lo que une a cada uno de mis Mortífagos a mí —explicó—. Con esto yo avisaré cuando y cuando no debes aparecerte a mi lado, y cuando no te necesito. Esto simboliza tu servicio PARA SIEMPRE. Si no se cumple, el pago es la muerte.
Severus sonrió tímidamente, pero se sentía muy bien, se sentía útil, al menos, hasta ese momento.
—Y, como ya eres de confianza, mi verdadero nombre es Tom Riddle —dijo, haciendo una mueca de asco—. Pero aún así, está prohibido a que me llamen por ese horrendo nombre muggle. Ahora, siéntate en la silla vacía, comenzaremos la reunión...
Golpeó la mesa. En realidad era como estar podrido, y más podrido se sentía al analizar el pasado. ¿Cómo olvidarse de lo que hizo? ¡Prestar servicios! ¿Prestar servicios? Eso era regar y regalar la muerte. Jamás fueron servicios… ¡Ja! Eso sí que era estúpido. Ni siquiera supo ser fiel por cobardía.
Respiró con dificultad. Hace tiempo que sus pensamientos querían desviarse hacia ese recuerdo. El más terrible todos. Fue el golpe más duro cuando supo que el propio Señor de las Tinieblas la había matado a ella... Fue un balde de agua fría, o peor. Había sido como cien puñales clavados en su pecho. Aunque él ya no era culpable de nada en ese momento, pero las manchas quedaban. El sentimiento permaneció, y hasta ese mismo día en que estaba acordando de todo aquello, se arrepentía de haberse involucrado con alguien así. El sentimiento era de culpabilidad infinita. En el fondo había sido un asesino más. No había ninguna palabra que disminuyera el grado de aquello.
Cerró otra vez los ojos y se mordió el labio.
Y así fue como pasaron siete años del dicho "servicio" hacia Lord Voldemort. Ahora Severus sabía todo sobre él (o casi todo), él también había asistido a Hogwarts, así que tenía información de su estadía en el colegio. También se alcanzó a dar cuenta — haciendo memoria — que a él había escuchado decir una vez, cuando paseaba por el bosque cercano a su casa: Él era el mayor culpable de su tremendo lavado de cerebro.
Pero tras esos cuatro años, todo empezaba a resultarle turbio: matanzas, torturas, masacres... no solamente a los magos y a los muggles, sino que el mismo Voldemort asesinaba o torturaba a quien cumpliera mal el trabajo, era realmente despiadado y gélido. Además — aunque nuca le dio mucha importancia —, mató a su padre por ser funcionario del ministerio. Ni siquiera se limitó a darle explicaciones, simplemente lo hizo. Y aunque Severus, cuando pequeño había estado muy ligado a planear una venganza contra su propio padre, jamás tuvo la verdadera necesidad de hacerlo.
Voldemort mandaba a matar a sangre fría a sus enemigos, maldecía por doquier y como fuese para reclutar seguidores, si no era por la voluntad, era por la fuerza.
El mundo completo —incluido muggles —estaba en alerta permanente, era muy difícil andar por las calles a altas horas, los Mortífagos atacaban en multitud y sigilosamente; asesinaban a los constituyentes del ministerio de magia, y ya se empezaban a tomar drásticas medidas.
—Tenemos información de último momento —chistó Voldemort risueño — ¿Ha que no adivinan quién se ha opuesto a mí? ¡Nada más ni nada menos que Albus Dumbledore! ...Quizá para muchos un buen director... —se refirió a Peter, este susurró "Ni en sueños, milord...". Peter Pettigrew, sí, ese mugroso traicionero de su amigo James Potter se había pasado al bando oscuro sin decir nada a nadie. Era un cobarde.
"Albus Dumbledore".
Severus Snape se empezaba a arrepentir de haberse involucrado en tal grupo. ¿Y si se retiraba? Voldemort lo mataría. Siempre advertía que quien se atreviera a dejarlo lo exterminaría. "Ustedes se aferraron a mí de por vida" decía. Pero comenzaba a trastornarse, muchas noches seguidas soñaba con la muerte de su madre, también con las muertes de las personas que mandaban a aniquilar. Tenía demasiados altibajos seguidos. En cualquier momento iba a enloquecer.
Y ahí fue cuando cometió su garrafal error. Aún seguía trabajando para el Señor de las Tinieblas, y fue cuando le mandó a espiar al susodicho director. Lo siguió varias noches seguidas rondando por el pueblo de Hogsmeade, hasta que un día Albus Dumbledore se dirigió al sospechoso cabeza de puerco, el bar más extraño del pueblo.
Lo siguió durante toda su caminata, escondiéndose de vez en cuando para no ser descubierto. Sin embargo, no se quedó en la barra a tomar un trago, sino que subió una escalera, que seguramente daban a las habitaciones de hospedaje. Con sigilo y sin ser visto por nadie, subió las escaleras tal cual lo había hecho Dumbledore. Al final se halló con dos tres puertas solamente, y solo de una provenían voces. Apegó su oreja a la puerta y oyó lo que había cambiado el destino de todos.
Una mística voz femenina, pero ronca, había pronunciado lo siguiente ' El único con poder para derrotar al Señor de las Tinieblas se acerca... Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor de las Tinieblas lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor de las Tinieblas no conoce...' No obstante, no pudo seguir escuchando, por que en ese preciso momento había llegado un camarero con una bandeja.
— ¿Qué está haciendo? ¿Escuchando conversaciones ajenas?
Pudo huir de esa embarazosa situación. No obstante, aquel remordimiento le sigue persiguiendo. Había partido de inmediato a contarle lo oído a su amo.
Sin embargo, una de las tantas noches había escuchado la voz de su madre, hablándole, "¿Quieres ser como tu padre, Severus...? ¿Un asesino...? ¿Por qué? Sabes que es lo incorrecto... ¿Por qué me haces esto, si traté de darte los mejores valores que yo tenía...? Busca a alguien de confianza..."
Entonces ahí cuando se hablar con una persona digna de su confianza, aunque nunca lo consideró cercano, pero, ¿quién más lo podría ayudar sin encerrarlo en Azkaban? No tenía otra mejor opción.
Fue directamente a hablar con Albus Dumbledore, era el único que podía ayudarlo.
Nunca pudo objetar nada contra el anciano director. Apenas le explicó lo que estaba ocurriendo, le comprendió, e incluso le ofreció trabajo en el colegio, en el puesto de Pociones, para el próximo año escolar que comenzaba en tres meses. Eso no fue lo único: se comprometió a servir de espía del Señor Tenebroso, o sea, se arriesgaba a sufrir consecuencias de su "amo", con tal de servir a la nueva sociedad secreta para combatir en contra Voldemort, denominada Orden del Fénix. En un principio temió fracasar, o arrepentirse, pero el hablar con Dumbledore le daba seguridad.
Hasta ahí su vida no era suficientemente mala, al menos tenía algo que hacer.
Dando clases era bueno, o sea que descubrió una nueva habilidad, y lo mejor de todo, Dumbledore lo había nombrado jefe de la casa Slytherin, y obviamente —porque no era tonto — favorecería a sus alumnos, y trató de perjudicar a los Gryffindor, por siempre sus enemigos.
Pero días antes de Halloween de ese año (1991), el rumbo de Voldemort empezaba a dar un vuelco. Estaba dispuesto a matar a los Potter. Y el sabía que Lilian estaba casada con James Potter, entonces, se disponía matarla a ella también. Así que eso significaba la profecía que había oído de la mujer en el cabeza de puerco, nunca se habría imaginado que Voldemort se pondría en contra de los Potter. Por supuesto informó a Dumbledore sobre esto, pero Voldemort nunca aclaró cuando sería exactamente el asesinato, lo único que podía asegurar era que los Potter estaban "seguros" en un lugar muy escondido. Aunque... cuando supo lo que pasó... no pudo ser el mismo de antes. Se volvió alguien peor de lo que era, alguien agresivo y tan despiadado como Voldemort. Su alma se había terminado de pudrir. O eso era lo que creía él, porque siempre había un trozo de bondad, por más mínimo que fuera, en las personas.
Para qué repetir todo lo que pasó. Netamente, en resumen, la muerte de los Potter, en este caso Lilian Evans, dejó una profunda huella en su corazón, aunque no lo quisiera reconocer del todo.
¿Habrá sido amor en realidad? ¿O siempre fue solo su imaginación de que la quería? Tal vez, ¿una obsesión? No lo sabía bien… pero desde que asistía a Hogwarts que se sentía vacío. Como que algo, o alguien, lo habían abandonado, de un momento a otro. Y no se refería precisamente a su madre o sus amigos.
Había pasado varias horas sentado ahí, recordando el pasado que le condenaba. Ya era casi la hora de la cena, así que decidió salir de su confinamiento y encaminarse al gran salón.
Caminó por el largo corredor, subió una escalera y llegó al pasillo principal, en donde se hallaba la entrada al gran salón.
Cuando estuvo ya ahí se sentó en la mesa de profesores al lado del profesor Flitwick y Trelawney.
No pudo evitar mirar con desprecio a Potter que hablaba con alegría con sus dos amigos Weasley y la sangre impura Granger —odiaba a esa chiquilla, le traía malos recuerdos, tenía una personalidad muy parecida a la de Evans, y eso le molestaba muchísimo.
Mientras tanto comía, su mente siguió viajando al pasado. Necesitaba autoanalizarse. Una vez empezado, no podía terminar.
La marca tenebrosa dejó de notarse cuando Voldemort "murió". Se veía la sombra o, más bien, una quemadura. Pero no le ardía, eso era un gran alivio. Aún así, debía seguir teniendo contacto con Mortífagos, siempre estaba informando a Dumbledore de cada movimiento que se hacía, pero no pudo nunca confesar directamente que su "amigo" Lucius era un Mortífago. No podía hacerlo, primero porque él era su amigo (a pesar de que no era el mismo), segundo, se metería en graves problemas si Lucius llegaba a saber que estaba del bando bueno, aunque... el rubio era bastante cobarde.
Resultó que después de la desaparición de Voldemort el ministerio de magia pudo atrapar a la mayoría de los Mortífagos (los Lestrange, Barty Crouch*—*quien resultó ser hijo de un funcionario de alto rango del ministerio de magia, también llamado Barty —, Dolohov, Rabastan Lestrange, Rookwood; unos cuantos otros más, sin contar a los muertos). Pero Severus se salvó, se salvó todo gracias a Dumbledore que se presentó en la audiencia de los Mortífagos para testificarlo diciendo que él se había retirado mucho antes de la muerte de los Potter y todo el asunto.
Luego de eso la comunidad mágica pudo estar en paz nuevamente. La gente nuevamente podía pasear sin preocupaciones, excepto él, que no le daba lo mismo estar muerto por dentro.
Se había vuelto un total mezquino con sus alumnos, malintencionado y tenía favoritismo con los Slytherin, su casa. No obstante, eso no era lo único que le incomodaba.
"Harry Potter es nuestro niño salvador".
"Harry Potter es como un Dios".
"Harry Potter es la bendición personificada".
"¿Pero cómo pudo Harry Potter, siendo un niño de tan solo un año, acabar con el mago más malvado de todos los tiempos?".
"Harry Potter deberá pasar a la historia, haremos libros y libros sobre él".
"Si algún día llego a conocer a Harry Potter, me cortaré las manos".
¿Qué tenía de maravilloso un bebé? ¿Por qué tenía que ser "Potter" y no otro apellido? ¡Por qué James Potter había sido el progenitor de ese engendro! ¿Por qué todos lo idolatraban? ¿Qué importaba que hubiese hecho desaparecer al Señor de las Tinieblas?
¡Qué fastidio!
Envidia dijo una voz detrás de su cerebro.
Severus tuvo un ataqué de ira: "¡NO ES ENVIDIA!" Pero eso en realidad no lo sabía. Tendría que verse sí mismo tratando con Harry Potter para darse cuenta de que era envidia y odio.
En diez años había conocido de todo tipo de alumnos, y nunca pensó que podría odiar a alguien más que a su eterno enemigo Potter.
Llegó el año número once de su carrera de profesor. Vio cómo dos filas de alumnos de primer año cruzaban el gran comedor esperando con ansias el comienzo de la ceremonia de selección. Entonces, ahí lo vio. Vio a quien esperó por varios años poder conocer. Era la viva imagen de él. Idénticos físicamente, con la excepción de los ojos. Pudo observar que había heredado los de su madre, pero esos ridículos lentes que usaba habían pertenecido a su padre, seguramente, porque eran los mismos.
— Harry Potter*—*leyó la profesora McGonagall de un pergamino enrollado.
Un silencio sepulcral se formó en el lugar, un gran vacío. Todos observaban con atención al "Niño que vivió". ¡Por qué lo miraban así, si no era más*—y sigue siéndolo—*que un simple humano! ¡Un simple mago!
Y eso solamente era el comienzo. Se avecinaban años cada vez más difíciles, sobre todo con Harry Potter, trataría de hacerle la vida imposible. "Es hijo de James. Pero es como lo mismo, es obvio que de tal palo tal astilla".
Con su mirada profunda e insondable recorrió el gran salón envidiando a los estudiantes que reían y hablaban alegremente, sin siquiera enterarse de sus penosos sentimientos de esos instantes.
Los profesores también, conversaban lo más bien, en cambio él... ¿cuándo llegaría su oportunidad? Ya casi llevaba media vida y no había ni rastro de su maldita felicidad, tema del que siempre le había hablado su madre cuando era pequeño.
Se devolvió a su despacho con las manos en los bolsillos de la túnica negra ondeante, a paso muy lento.
El primer día de clase en que tuvo que enseñar a Harry Potter no pudo evitar ser antipático. Y... nunca había sido amable, la verdad, pero, con él la ración de pesadez era peor.
Se atrevía a decir que casi lo deja en vergüenza ante la clase ¿casi? Lo dejó en vergüenza...
— Ah, sí. Harry Potter, nuestra nueva... celebridad —susurró, colocando el máximo énfasis de sarcasmo en su voz. Lo que cientos de veces le había hecho su padre… delante de toda la gente de Hogwarts, de Evans…
Varios alumnos rieron. Dio un pequeño discurso que dejó a todos boquiabiertos, formándose silencio. Luego decidió...
— ¡Potter! ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
—No lo sé, señor — contestó el muchacho de gafas y ojos verde esmeralda. Granger levantaba la mano desesperada, quería contestar la respuesta, pero el la ignoró porque quería que él contestara a sus preguntas.
—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo — dijo burlonamente. ¡Era inevitable molestarlo! Ver cómo su cara pasaba de la tranquilidad al desconcierto… del desconcierto a la vergüenza… era gratificante — Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?—insistió con malicia. Quería, si podía, hasta hacerlo llorar. Cosa de la que estaba seguro que no lograría, porque debía ser igual de caradura que su padre…
Más risas. Potter miró a su alrededor, nervioso. Granger seguía con la mano en alto.
—No lo sé, señor.
—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?
Potter lo miró fijamente a los ojos descaradamente, él no le quitó los suyos de encima. Decidió preguntar otra vez para entretenerse otro poco dejándolo en vergüenza.
— ¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?
—No lo sé. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?
Severus se sintió ofendido. Le gritó a Granger que se sentara.
—Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo están apuntando todo?
Los niños atemorizados se apresuraron a sacar la pluma y pergamino para anotar lo dicho por Severus.
—Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.
Se sintió satisfecho. Habría restado otros cinco más por no estudiar absolutamente nada, pero quería guardar un poco de odio para alguna otra ocasión.
Sin embargo, durante ese año tuvo muchos encontrones con Potter, sabía que el muchacho lo comenzaba a odiar, pero eso era lo que quería, hasta que se atreviera a enfrentarlo.
El peor castigo que pudo tener en ese año fue tener que pagar el vínculo que quedó entre James y él. Cuando Potter lo había salvado de Lupin se había formado un cierto vínculo entre ellos, y debía hacer algo para quedar limpio de ello, y así lo hizo, aunque odiaba a Harry Potter y trataba a la vez de hacerle la vida imposible, lo tenía que proteger de lo que fuese. Y la vez que pudo salvarlo de algo fue en el primer partido de Quidditch; alguien intentaba de derribarlo de la escoba mediante una maldición y él la contrahechizó, pero no del todo, ya que sucedió un pequeño incidente: su túnica comenzó a incendiarse.
De todas maneras, eso no era lo más importante. Tenía una leve sospecha de aquello. ¿Quién trataría de botarlo de la escoba? ¿Por qué? Tenía solamente un candidato a ello: Quirinus Quirrell, el "nuevo" profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —lo odiaba por dos razones: primero, era demasiado estúpido; segundo, él había solicitado el puesto de Defensa (como todos los años anteriores) y por culpa de ése maldito payaso con turbante no se lo dieron —. Algo le olía mal de él, se sentía vigilado y siempre despedía un extraño olor detrás de su cabeza, en el lugar en donde tenía puesto el turbante. Una esencia raramente conocida... Hasta que de pronto las cosas se hicieron más sospechosas. Entonces lo citó al bosque prohibido una de las tantas tardes, lo obligó más bien dicho.
Nunca pudo descubrir nada, hasta que "nuestro héroe, Potter" les salvó la vida a todos. A fin de año escolar, Potter, se enfrentó nuevamente a Voldemort como todos lo saben, y no era un riesgo para él únicamente, sino que para Severus también.
La marca pronunciaba constantemente, mirándose el antebrazo izquierdo. Daba la impresión de que se volvía más clara.
Prefirió no hacer caso y siguió dedicándose a fastidiar por el año siguiente.
Y como cada año era diferente, cada año pasaban distintas cosas. En segundo año de Potter el odio se forjó más. Y más lo odió cuando nuevamente les salvó a todos del horror de la cámara de los secretos. "¡Pero qué especial era ese chico!". Nunca. Aunque salvara a toda la humanidad, lo detestaría. Siempre pavoneándose, igual que su padre... Siempre queriendo la fama y ser el protagonista de todo, aunque ese año era mucho peor Gilderoy Lockhart, el nuevo profesor de Defensa; era un verdadero engreído y embustero. Era una lástima que cada año tuvieran que cambiar de profesor de Defensa, se decía que estaba embrujado y nadie podía permanecer más de un año, pero Severus sabía que Voldemort había dejado una maldición eterna. Él en persona se lo había contando a sus Mortífagos.
Y a pesar de que se había abierto la cámara y todo, no había sido un mal año, no tanto como tercero.
Todos saben que Sirius Black había escapado de Azkaban y que había matado a muchas personas — él, AHORA, sabía que eso no fue cierto —, pero Severus no temía de él, no temía nada, simplemente, el hecho de saber que un enemigo más, que en ese momento, cuando se había escapado, era culpable, se había escapado de Azkaban, ¡era terrible! Era como ver nuevamente el pasado, como estar otra vez en Hogwarts como parte del alumnado, siendo humillado por él y por Potter, más sus dos guardaespaldas, Lupin y Pettigrew, ¡y para peor ése año, Remus Lupin había tomado el puesto de Defensa! "Soy un maldito fracasado".
Y así las cosas en su vida iban de mal en peor.
En cuarto año, la marca tenebrosa se hacía más clara que nunca. No tardó en notificar a Dumbledore sobre eso, y el director trató de tomar precauciones de alguna manera, pero una vez más, el superhombre lucha con el Señor de las Tinieblas. Y precisamente ahí, la Marca Tenebrosa se volvió a notar como en un principio. ¡Pero qué escozor le producía! Era horrible... los recuerdos... todos los recuerdos volvían a su mente... Voldemort había vuelto a su estado de poder. Todos se habían dado cuenta, todos los seguidores.
Así nuevamente los Mortífagos y ex Mortífagos volvían a temer. Lucius, su... — ya no podía decir amigo, porque habían cambiado un montón de cosas a esas alturas, y prácticamente se ignoraban — estaba horrorizado. La mayoría se arrepentía de haberse involucrado con Voldemort, pero otros mostraron devoción cuando en quinto año, los encerrados en Azkaban, se fugaron en masa.
Lucius siempre preguntaba a Severus cuándo iría a visitar a su amo, pero él trataba de siempre encontrar una mentira o un engaño, como "voy a recolectar mucha información" y cosas por el estilo, pero no tuvo tanta necesidad de mentir cuando su amigo cayó preso a final de año porque lo descubrieron como Mortífago.
Y ahí no acababa todo. Precisamente en ese año, Potter vio uno de sus recuerdos más humillantes de quinto año: cuando hizo los TIMO de Defensa. El odio que sintió en ese momento... la ira, la furia... era incontrolable.
Severus tenía el deber de enseñarle a Harry Oclumancia para que pudiera cerrar su mente, y así Voldemort no pudiera penetrar en ella y no descubrir cosas (últimamente se había estado haciendo más clara la rara conexión que tenían ambos, Potter podía sentir las emociones del Innombrable). Pero justo una tarde, llegó Draco avisando que uno de sus compañeros había sido encontrado en el retrete; su deber era ir para manejar la situación. Dijo a Potter que continuarían otro día la clase. Salió del despacho olvidándose por completo del Pensadero que le había prestado Dumbledore, para que guardara sus secretos. Y también olvidó que Potter era un completo entrometido que le gustaba saberlo todo.
Siguió a Draco hasta el baño de varones del cuarto piso, en donde se encontraba Montague, el que había aparecido ahí, en el inodoro. Severus mandó a averiguar quién había hecho esa broma de tan mal gusto —de hacer aparecer a Montague en el inodoro —, y luego de llevarlo a la enfermería, volvió a su despacho lentamente. Cuando entró... Simplemente atinó a agarrar a Potter del brazo y sacarlo de "sus pensamientos".
— ¿Te diviertes? — preguntó temblando de ira— ¿Y bien? ¿Lo pasaste bien, Potter? — el mocoso debía haber visto todos sus horrores… sus situaciones embarazosas…
— N-no —contestó Potter tratando de zafar el brazo de su mano que lo mantenía firme. Severus percibió el terror del muchacho.
Y sintió que el mundo se le iba encima. Había visto lo que había ocurrido, no cabía menor duda.
—Tu padre era un tipo muy gracioso, ¿verdad? — dijo zarandeando a Harry casi a punto de llorar de la rabia.
—Yo... no...
Severus se sintió invadido, se sintió pasado a llevar, se sintió una vez más humillado... Empujó a Harry con todas las fuerzas que pudo, Potter cayó al suelo.
Prefirió no seguir internándose en aquel recuerdo tan cercano. Había ocurrido hace un año. Lo único que esperaba, era que Potter no le hubiese contado a nadie lo que vio, como le ordenó que hiciera.
Era tan poco grato recordar su juventud... pero debía hacerlo. Era un masoquista, ¿Ahora gustaba del sufrir?
El tiempo poco a poco se apresuró hasta sexto año, donde fue uno de los años más normales que había tenido: Potter estaba algo cambiado, la comunidad mágica alerta y trabajando poco nada con ejércitos para combatir contra Voldemort, un profesor nuevo de Defensa (Neth Higgs), y nada más.
Llegó fin de año, y, por desgracia, ganó Hufflepuff la copa de las casas, con segundo puesto Gryffindor, tercero Slytherin y cuarto los Ravenclaw.
Qué aburrida era su vida. Si tan solo apareciera alguien especial...
Aunque no podía negar que la muerte de Sirius Black (y padrino de Harry Potter) le había alegrado mucho la vida, por cruel y sin sentimientos que sonara.
Las vacaciones, no eran vacaciones. Simplemente se dedicaba a leer libros de Artes Oscuras, cómo siempre, su pasatiempo, y preparar pociones. Se quedaba en el castillo autorizado por Dumbledore. Y creyó que así serían nuevamente esas vacaciones. No le gustaba estar en su casa, precisamente porque quedaba en un pueblo muggle y corría más peligro que cerca del director.
Se disponía a sentarse en su butaca al lado de la chimenea, de su despacho, cuando alguien tocó la puerta.
— Adelante —gruñó malhumorado.
— Permiso, Severus — era Dumbledore —vengo a proponerte algo, pero no te quitaré mucho tiempo.
— Dígame — sugirió con poco interés.
Dumbledore se sentó delante de él y lo miró con sus ojos azules a través de los lentes de medialuna.
—Quiero que tengas vacaciones fuera del castillo —soltó, sin mayores preámbulos.
— ¿Qué? ¿Por qué? — saltó Severus poniendo los ojos como platos.
—Porque este año el colegio se prestará para asuntos mágicos especiales. Creo que será divertido...
— ¿Qué asuntos? —indagó Severus frunciendo el entrecejo.
— Pocos lugares ahora son seguros, así que he prestado Hogwarts para bodas, fiestas, convivencias, etcétera.
Severus no supo que contestar. "Qué cosa más absurda" pensó mirando a Dumbledore sin atreverse a decir que era lo más ridículo que había oído.
—Sé que el castillo es grande, pero dudo que a ti, Severus, conociéndote, te guste estar compartiendo con gente extraña o, al menos, gente de fiesta, interrumpiendo tu tranquilidad.
Era cierto. No soportaría estar en un ambiente que no le gustaba, así que decidió aceptar.
—Me iré de vacaciones entonces.
— ¡Estupendo! Entonces toma. Te compré un boleto a Isla de Pascua.—le entregó a Sev un pergamino morado. Precisamente un boleto.
— ¿QUÉ?
—Sí, Severus, un cambio de ambiente total no te haría mal, así que ve y aprovecha. Es para mañana mismo, a las diez de la mañana, todos los gastos pagados, la vez que fui ahí lo pasé muy bien. Boleto para barco, no traslador, por si las moscas. Es mejor viajar en barco.
—Pero...
—Nada de peros. Ve y disfruta — dicho eso, Dumbledore sonrió afablemente y salió del despacho.
"¿Y ahora qué?" pensó Sev quedándose paralizado. *"Me debo ir de vacaciones a Isla de Pascua... quién lo diría..."*Miró el boleto y luego la hora, sin poder creer todavía la rara idea del director.
Prefirió hacer las maletas en ese mismo instante, y también ir a buscar ropa a su casa. Se dirigió a Hogsmeade (en Hogwarts ni siquiera un profesor podía aparecerse o desaparecer). Había vendido la mansión después de la muerte de su padre, y Polly había fallecido de vieja.
A pesar de que se había aparecido, se demoró toda la tarde en arreglar sus cosas. Se suponía que se iría por gran parte del verano, así que completó una enorme maleta con ropa y otra con utensilios de aseo, más sus botellitas de pociones de emergencia (resfriado, alergia, mareos, pesadillas, fracturas, heridas y hemorragias), una caja mediana y hechizada llena de dinero por si debía alquilar alguna cabaña y pagar por la comida, aunque el director le había garantizado "Todos los gastos pagados". Ojalá fuera un lugar pacífico y alejado del ruido.
Dumbledore, antes de que él se acostara a dormir, le deseó buena suerte en el viaje.
Se levantó a las ocho de la mañana para llegar antes de las diez a así poder tomar el barco con calma.
Se arregló, se colocó una capa del mismo color de siempre: negra, con unos pantalones negros y una camisa negra. En realidad, ningún cambio.
No se despidió de nadie, porque no había nadie, y si hubiese habido algún otro profesor aparte del director, no se habría despedido tampoco. Salió del castillo con las dos maletas en cada mano — ya no llevaba lechuza, Darken se había escapado cuando se integró al lado de Voldemort —, pero iban livianas, las había encantado. Se fue por Hogsmeade y luego tomó el primer tren que partiera hacia el puerto mágico, que por cierto, le trajo muchos recuerdos de su niñez... como cuando Lucius lo invitó a Bulgaria.
Se subió al tren, a un compartimiento solitario, dejó las maletas en el portaequipajes.
Se sentó y esperó a que el tren se marchara.
El viaje duró una hora y media, le quedaron diez minutos justos para encontrar el busque que tenía que tomar y entregar el boleto para que lo hicieran pasar. Tuvo que atravesar la misma pared de piedra que cruzó con Lucius cuando eran pequeños. Eso le trajo un montón de recuerdos; ya ni sabía si eran buenos o malos.
—Debe conservar el otro trozo de boleto para que lo canjee en alojamiento —avisó el boletero.
Antes de que pisara la escalera mágica para subir a la borda, miró la inscripción que tenía el barco.
— Andronique — leyó en voz baja. Sintió una sacudida en el estómago, sintiendo que todo aquello era una situación de ensueño.
— ¿Puede subir? Está obstruyendo el paso.
El boletero le hacía una seña para que avanzara.
—Oh, lo siento — se disculpó con distracción y subió los peldaños.
Por segunda vez en su vida se encontraba en el barco más emocionante en el que había viajado, y en realidad, el único. Con las maletas en las manos, entró a ver como estaba el interior, y no había cambiado nada. Todo igual de elegante, de pulcro y cómodo.
Como todo evolucionaba, la magiología también lo hacía. Los cientifimagos habían encontrado un hechizo de rapidez, o sea ahora, los viajes duraban tan solo unas horas.El viaje más largo era de un día. Entonces, lo único que cambiaba, era que ya no había tantas habitaciones para dormir. Había salones con camas sencillas, más que nada para tomar siesta. Había un salón de té, y un salón para comer en forma general, con muchas mesitas. En conclusión, ya no existían las habitaciones con baño y cocina privados.
Qué bueno que el viaje duraba tres horas, no soportaría estar más ahí, le traía demasiados recuerdos, no pudo evitar echar otro vistazo a su pasado.
Hizo memoria de su viaje. Recordó que en una noche le había prestado el libro de Arte Oscura a Lucius, que alguien le había regalado. Pero no podía acordarse de quién era. Lo único que podía recordar de cuando era pequeño, era el horrible asesinato de su madre.