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Historia 24978 — capítulo 4

CAPÍTULO 4: SIN AMIGOS

— Oye, ¿dónde te metiste?

— Te dije que fui a la biblioteca, Lucius.

— No me mientas. Te fuimos a buscar y no estabas. ¿Qué pasa? Sabes que puedes confiar en mí.

Severus se sentó en la cama, pensativo, con las manos entrelazadas, y cabizbajo. No quería responder.

— Vamos, Sev, soy tu amigo ¿no? —repuso sentándose al lado de él y pasándole un brazo por el hombro — Dime lo que te pasa.

— Bueno, pues... —titubeó — este... es que... ¡Está bien! ¡Estoy celoso porque tú y los demás se irán de Hogwarts y yo no puedo!

Lucius miró a Severus con el entrecejo fruncido; no parecía enojado, pero sí algo triste.

— Tu padre no te deja ¿cierto?

— No. No me deja, me odia y no quiere que yo me sienta a gusto.

— Pero, podrías intentarlo...

— No —dijo cortante —, lo conozco, y no va a querer, menos si me voy con mis amigos, porque se llevaría un disgusto si se entera que tengo amistades.

Se quedaron callados un buen rato. Lucius parecía estar meditando alguna posibilidad para que a su mejor amigo lo dejaran. Severus en cambio, quería estar solo, no necesitaba la ayuda de nadie.

— Lo único que nos queda por hacer es comunicarnos por vía lechuza... y si quieres te iré a visitar cuando pueda, en las vacaciones —dijo Lucius en tono alentador.

— Está bien, ahora voy a dormir, ¿vale?

Al decir esto, Lucius se marchó algo ofendido y dio un portazo. Severus había sido demasiado antipático, pero se sentía bastante mal para ser amable, aunque fuera con su mejor amigo. Se puso el pijama salvajemente y se durmió, o más bien dicho, intentó dormirse, ya que, en varias ocasiones, de descubrió a él mismo mirando por una pequeña rendija de la habitación, el césped que se asomaba y la claridad de la noche.

En la mañana siguiente, todo el mundo andaba frenético por el segundo partido de Quidditch del año: Slytherin contra Gryffindor. Durante el desayuno no hubo momento en que Severus dejara de mirarse con el cuarteto de idiotas de la otra casa. Y no fue muy cómodo estar ahí porque no le había hablado a Lucius y a los otros tres tampoco.

Al término del desayuno todo el colegio se fue en marcha al campo de Quidditch (una cancha ovalada, con tres postes con un aro a cada lado, y alrededor tribunas con cientos de asientos), excepto los jugadores de los equipos respectivos, que emocionados, fueron a los camarines para ponerse el uniforme y aclarar los planes.

— Y tú, ¿cuándo me piensas hablar? — preguntó ceñudo Lucius a Severus cuando encontraron puestos libres en la tribuna de Slytherin.

Severus lo miró con los labios fruncidos sin saber qué responder.

— Bueno, haz lo que quieras. Si no me quieres dirigir la palabra, pues no lo hagas.

— Tengo razones para no hacerlo.

— ¿Cómo cuáles?

— Como que...

No alcanzó a terminar lo que estaba diciendo por que la gente se puso a dar gritos de ánimo a las catorce figuras montadas en escobas que se elevaban en el campo: los de Gryffindor tenían un uniforme color rojo escarlata; los de Slytherin, unas túnicas gruesas color verde esmeralda. Pero, en el fondo, lo que pensaba decir, era que "si fueran buenos amigos, harían el esfuerzo de quedarse aquí".

— ¡En el equipo de Gryffindor! — gritó eufórico el comentarista de segundo año: Philiph Jordan - ¡Robert Orland, Marlon Moore, Dorotty Pitt, Jack Burton, Phaola Castell, Arnold Phoenix y Joshua Brand! — aplausos prorrumpieron en el ambiente— En Slytherin: ¡Hugh Duvall, Clint Lynn, Phil Danzig, Alan Collins, Jimmy Redbone, Boris Karloff y Kurt Easwood! ¡COMIENZA EL PARTIDO!

El sonido del silbato resonó y dio a informar que el partido comenzó. Los jugadores de ambos equipos se colocaron en sus posiciones rápidamente para no perder tiempo.

Severus se subió a la banca para ver mejor; era demasiado menudo para su edad.

— Y Phil Danzig tiene la Quaffle... se la lanza a Collins, Collins vuela hacia los postes a toda velocidad, pero Jack Burton de Gryffindor se lo impide y se apodera de la Quaffle..., Burton pierde el control de la escoba y lamentablemente Lynn agarra la pelota... mientras tanto Dorotty batea una Bludger que se dirige raudamente al buscador de Slytherin, Kurt, pero Boris la sabe desviar impresionantemente... Lynn va como un rayo hacia los postes para tratar de marcar un tanto... ¡Punto para Slytherin!

Ovaciones del equipo de las serpientes se oyeron en el estadio completo. Severus feliz abrazó a Lucius para festejar el punto para su equipo. Desde ese momento volvieron a ser amigos y continuaron viendo el partido, juntos, olvidándose del problema.

— Y el juego prosigue, Phoenix del equipo de Gryffindor trata de hacerle frente a Slytherin y se zambulle hacia los postes... ¡NO! —gritó enojado Jordan.

Una Bludger le llegó de lleno en la cara a Phoenix. Para la buena suerte de Severus el chico comenzó a sangrar de la nariz, pero aún así prefirió seguir jugando sin pedir tiempo muerto.

— Después de ese horrible golpe de la pelota negra, lanzada adrede por Redbone, podemos deducir la injusticia que se manif... —empezó a reclamar el comentarista.

— ¡Jordan! ¡Sigue con el partido! — lo reprendió la profesora McGonagall, jefa de la casa Gryffindor, que se hallaba sentada a su lado.

— Lo siento, profesora, bueno, este... Moore agarra la quaffle, y le da un pase largo a Burton, Burton vuela convertido en una bala muggle... se aproxima al aro... ¡Punto para Gryffindor!

Los de Slytherin abuchearon furiosos por el tanto que marcó el equipo contrincante.

A los diez minutos siguientes Clint Lynn marcó otros tres tantos más, pero aún tenían posibilidades de perder.

—Vamos, nosotros podemos ganar —rogaba Severus en sus pensamientos.

Kurt Easwood era un muchacho macizo, rubio, de ojos pequeños y de un verde opaco. Se paseaba por la cancha de Quidditch mirando para todas direcciones para lograr ver a la minúscula esfera dorada. Mientras tanto el buscador de Gryffindor, Joshua Brand, imitaba a Easwood.

Severus alcanzó a divisar al fastidioso Potter con su desgraciado trío de imbéciles cantando una canción de apoyo.

Kurt desesperado miraba a su alrededor, hasta que un destello dorado en el poste izquierdo de su equipo lo distrajo. Joshua al parecer también se había percatado de aquello y ambos salieron disparados hacia el resplandor.

— ¡Easwood ha visto la snitch y sale en la búsqueda de esta al igual que Brand! —exclamó Jordan.

En tan solo una fracción de segundos, Easwood tenía contra su mano la bolita del tamaño de una nuez grande.

Severus y Lucius, junto a sus compañeros, vitoreaban orgullosos y contentos.

— ¡Eeeeh, ganamos, ganamos! —gritaban con emoción saltando sobre las gradas.

Después de la gran victoria de Slytherin todo el alumnado se dirigió al castillo.

—Que bien... ahora sí me podré burlar de Potter —murmuró Severus con cara de satisfacción mientras marchaban por un pasillo —, y también del petulante de Black —siguió hablando mientras doblaban una esquina.

—... y no nos podremos sacar a Snape de encima...

—Exacto —respondió Severus.

Precisamente enfrente de ellos estaba parado el cuarteto de imbéciles.

— Tienes toda la razón, Pettigrew —dijo Lucius con una sonrisa malvada mostrando su blanca dentadura con los largos colmillos —por fin aprendes a pensar.

Severus, Stuart y Michel rieron a coro. Pettigrew se puso colorado y retrocedió un paso, temeroso.

— Eres una verdadera gallina, gordinflón —dijo Severus en tono despectivo.

— ¿No tienes nada mejor que hacer, Grasoso? ¿O acaso no puedes vivir si no molestas a las personas con tu espantosa pandilla?

— Cierra el pico, Potter — le advirtió amenazadoramente Severus. Stuart y Michael se arremangaron la túnica y blandieron los puños de las manos.

— Si quieres que James cierre el pico deja de molestar a Peter, porque el no te ha hecho nada —bramó Black.

— Pésima derrota, ¿no Black? —dijo volviendo sus fríos ojos negros hacia el muchacho — ¿Algo que decir?

— Sí, que te metas tu triunfo por donde más te quepa —masculló Potter a regañadientes.

— ¡Éja! ¿Y esa boquita, Potter? ¿Así es como le contestas a tu madre y a los profesores?

— Y hablando de madres, ¿qué tal la tuya, Grasoso? ¿Se la comió el Cuco o se hizo invisible? Porque desapareció, ¿no? — refunfuñó James.

— ¡Qué sabes tú! —gritó Severus furioso.

— ¿Qué pasa aquí chicos? —dijo una voz chillona. Era el profesor Flitwick.

— Nada maestro —contestó Lupin con voz segura— estaba contando un chiste Snape.

— ¡Qué bien chicos, qué bien! — los felicitó el diminuto hombre aplaudiendo — Sigan divirtiéndose.

A los segundos el profesor se perdió de vista.

— Esto no se queda así, Potter, Black —susurró Severus dilatando los agujeros de su curvada nariz.

—Mira como tiemblo, ¡mándale saludos a tu madre! —dijo James burlesco.

Severus hizo un gesto grosero con las manos.

— Ese Potter... —gruñía Severus mientras caminaban a la sala común— se las va a ver conmigo.

—Tranquilo, en algún momento te vengarás —lo animó Lucius —. ¡Apocalipsis! —la muralla se deslizó silenciosa dejando un hueco para que pasaran. Adentró había un gran tumulto y bulla.

— ¡Vaya! — dijo Federic — ¿dónde se habían metido? El profesor Manson nos proporcionó comida de la cocina secreta... que bien que sea nuestro jefe de casa, es muy simpático. McGonagall no nos habría hecho ese favor...

Los escritorios estaban llenos de platos con pasteles y de jarras con jugo de calabaza.

Se dieron un buen celebrón (lo que le borró de la mente lo ocurrido a Severus) luego se fueron a dormir.

El tiempo pasaba y se aproximaba Semana Santa. El ambiente era totalmente diferente, los días se ponían fríos y grises; el lago estaba casi congelado, las chimeneas pasaban día y noche crepitando con el ardiente fuego, y las ropas eran más cálidas y acogedoras al igual que los platos de comida.

— Creo que pasaré las vacaciones de Semana Santa en casa, ¿y tú Sev?

— Este... —farfulló saliendo de su ensimismamiento —, no sé, quiero pasar acá las vacaciones, no quiero ir donde mi padre, Lucius.

— Pero Sev, ¿y si vas a mi casa? —preguntó Lucius con el entrecejo fruncido.

— Sé lo que me responderá Roderick, pero lo intentaré...

Se interrumpió a él mismo, ya que cientos de lechuzas de todos los colores entraron por las ventanas del gran comedor, para hacer entrega de la correspondencia a su destinatario. Entre estas apareció Lougbrus, la lechuza plomiza de Roderick. El ave se posó en el brazo de Severus y extendió una de sus patas para entregar la carta. Severus la desplegó y la leyó mentalmente.

Severus:

Espero que el día antes de Semana Santa tengas listas tus cosas a primera hora, porque te pasaré a buscar. Además Polly tiene deseos de verte.

Has pronto.

Roderick

PD: me imagino que tus calificaciones de primer y segundo trimestre son buenas, ¿no?

Severus con furia arrugó el pergamino y lo dejó en la mesa, resopló.

— ¿Malas noticias? —preguntó Lucius con precaución cuando tragaba un trozo de tostada.

Severus hizo un ademán de golpear la mesa con el puño, pero se contuvo.

— Sí —respondió con dientes apretados—, según él, que quiere pasar las vacaciones conmigo —dijo con ironía.

Unos segundos más tarde, Dumbledore se levantó de su asiento y alzó una mano para pedir silencio y atención.

— Damas y caballeros —dijo con voz solemne— les informo que los jefes de cada casa les entregarán un formulario, el que deberán llenar con sus datos como permiso para pasar las vacaciones en sus casas con sus familias. Mientras tanto, los que se quedarán en Hogwarts tendrán que inscribirse también con el jefe de sus casas. Y ahora, pueden ir a sus respectivas clases.

Severus y Lucius fueron hacia el aula de Pociones, con el profesor Manson. Tocaba clase doble con los de Ravenclaw.

— Buenos días chicos —dijo el profesor con su ronca voz —antes de comenzar la clase, señorita MacDougall, ¿sería tan amable de repartir las autorizaciones a los que se irán de vacaciones?

La muchacha que se parecía a la Hechicera Blanca de los cuentos infantiles, se levantó de su puesto y con una vocecilla tímida respondió:

—Sí, señor.

A lo que la niña acabó con su labor, la mayoría de los chicos (entre esos Severus) completaron la hoja y se la entregaron al profesor Manson, y los que se quedarían en el castillo en ese periodo, se inscribieron.

Manson les enseñó a preparar un filtro curativo con ajenjo, agua de cactus y ojos de hormigas. A Severus se le hizo más fácil que a todos, ya poseía una especial sutileza para preparar pociones. En cambio Michael tuvo una complicación tremenda: casi hace estallar el caldero.

Pasó la semana rápidamente, Severus habría preferido que transcurriera lentamente, porque así no tendría que ver a su fatal padre.

Eran las nueve y media de la noche, casi todos se estaban durmiendo, excepto Severus que ordenaba de mala gana su maleta.

— Oye Sev, ¿qué tal si te voy a visitar un día? —propuso Lucius — ¿le molestará a tu papá?

— Quizá... —se puso a pensar— creo que me dirá que sí... así te muestro la biblioteca secreta, si, le diré, no creo que haya problema mientras seas de Slytherin.

— Genial, buenas noches —se despidió con una sonrisa y apagó la vela de su velador.

Severus lo imitó, se acostó, apagó la vela con un soplido y se durmió.

Al día siguiente a primera hora se levantaron los que viajarían a sus casas. La mañana estaba con una ahogante neblina, y el viento pegaba muy fuerte, haciendo que las copas de los árboles del bosque prohibido sonaran estremecedoramente.

Severus y Lucius se formaron en filas junto a los otros que viajarían. Ogg, un hombre de aspecto enojoso los condujo por un túnel hasta el pueblo de Hogsmeade.

— ¡Hey! ¡Momento, espérennos!!  gritaron unas voces casi al principio del túnel, acompañado de unos pasos rápidos que se aproximaban.

Ogg se detuvo miró hacia atrás, al segundo aparecieron Potter, Black y Pettigrew agitados por tanto correr.

— ¿Por qué tardaron tanto ustedes tres? — interrogó Ogg con su vozarrón.

—Este... nos quedamos dormidos— respondió Black.

— Ah, por supuesto ¿y los tres se quedaron dormidos?

— Sí —dijo Pettigrew.

— Bueno, pues pónganse a la fila.

Los tres muchachos obedecieron y se pusieron a cuchuchear. Severus agudizó el oído para ver que tramaban el trío de imbéciles.

— ¿Pero dónde diablos se habrá metido Remus? —dijo James con voz preocupada.

— Pues anoche estaba durmiendo con nosotros en el cuarto —susurró Peter.

— Quizá se haya vuelto a sentir mal y fue a la enfermería —aportó Sirius.

— Puede ser —dijo James.

— ¡Bah! Se les escapó su amiguito Lupin —dijo Severus con una sonrisa maliciosa.

— Cállate y no te metas — lo amenazó Black.

— Mira, Black...

— ¡Ya llegamos, voy a pasar la lista, silencio! A lo que los llame, dicen presente y suben a bordo.

Poco a poco fueron siendo llamados los muchachos, hasta que el tren estuvo con los respectivos viajeros.

— Vamos Sev, este vagón está vacío —dijo Lucius abriendo la puerta de uno.

No mucho rato después llegaron varios muchachos de Slytherin de cuarto curso. A veces les gustaba juntarse con Severus y Lucius ya que eran muy sabios en Ciencias Oscuras.

En la hora del almuerzo comieron todos juntos un pastel con forma de caldero y otras golosinas que llevaba la señora regordeta del carrito.

—Hey, muchachos, despierten, llegaremos en dos minutos.

Un prefecto de Hufflepuff les había ido a avisar la llegada.

Todos los del tren tomaron sus equipajes e hicieron filas en los pasillos.

Lentamente el tren fue perdiendo la velocidad, hasta que se pudo divisar el cartelito café que decía: Andén 9 ¾.

Severus apenas bajó buscó con la mirada a su padre, quien en un rincón lo aguardaba.

— Lucius, entonces quedamos en que vas a mi casa.

— Siempre que te den permiso —respondió Lucius estrechando la mano con su amigo.

— Bueno, adiós —dijeron al unísono.

Lucius se reunió con sus padres y Severus con el suyo. Roderick le dio unas cuantas palmadas a su hijo en forma de bienvenida.

— ¿Cómo has estado? —preguntó Roderick aparentando ser amable.

— ¿Ahora te interesa eso? — contestó Severus fríamente.

— No voy a permitir que me hables en ese tono.

— Tú también me has hablado así, incluso toda la vida.

— ¿Me quieres dejar en vergüenza acaso?

— No me molestaría hacerlo.

— Pues bien, vamos, ya verás.

— Si piensas golpearme en casa no dejaré que lo hagas.

Furioso y disimuladamente Roderick agarró el brazo de Severus, el equipaje y caminaron hacia la salida del andén. Severus forcejeaba para zafarse, pero su padre poseía bastante fuerza.

— ¡Te trato bien y tu me respondes de aquella manera! — voceó Roderick soltando a Severus y llevando el equipaje hacia el coche, abrió la maleta y lo lanzó con violencia — Hazme el favor de subir al auto.

El niño de mala gana hizo caso y cerró de un portazo.

Las vacaciones de Semana Santapasaron volando. Severus no se dio ni cuenta cuando ya estaba de vuelta a Hogwarts, pero mejor que haya sido así, no podía soportar más tiempo al odioso de su padre, que acababa de cumplir su tercera esposa, una pérfida irreparable.

La invitación que había hecho a Lucius no había resultado, su amigo se había ido con su hermano mayorHermanius y su madre Adannae a Suecia.

— ¿Cómo lo pasaste en las vacaciones, Sev?

Severus hizo una mueca con expresión pensativa.

—No del todo bien, si no fuera por la nueva esposa que tiene mi padre...

— ¡¿Qué?! — preguntó sorprendido Lucius— ¿Tiene una nueva espo...?

— ¡Vaya! Don Grasoso con sus tres madres ¿no les parece divertido? —dijo una voz arrogante casi detrás de ellos.

—Tú, Potter, no te cansas de molestar, eres tan poco inteligente que tu cerebro no da más que para fastidiar —apremió Lucius con frialdad y con un brillo maligno en los ojos grises.

— A ver Lucius... creo que al que estamos molestando es a Severus, no a ti, ni siquiera es molestar, es decir la pura y santa verdad —corroboró Sirius.

— Qué diablos sabes tú si es cierto o no, ¡no te metas en mi vida! —gritó Severus.

—Ayayay... pero no te enojes amigo... bueno, no tienes tres madres, ok. Eres un desmadrado ¿conforme? —dijo Potter.

—Váyanse ¿saben?, váyanse —advirtió Lucius.

— Mejor vamos, que el bebé Snape va a llorar —se burló Lupin, por primera vez de Snape.

— ¡Ja! Ahora que recuerdo el día en que todos partimos a casa tus queridos amigos te estaban buscando ¿dónde te habías metido?

Lupin miró a los profundos ojos negros de Snape. Con tranquilidad dijo:

— Me sentí mal... creo que me dio un enfriamiento, entonces partí a la enfermería, soy muy vulnerable a los enfriamientos... me decidieron dejar en la enfermería privada, así podía estar solo y en paz.

A Severus realmente no se le ocurrió que agregar para fastidiar a ese cuarteto, solamente se fue haciendo un desprecio junto con su amigo.

— Esos cuatro son unos verdaderos engreídos. No me dejan en paz...

— Bueno, sólo nos queda algún día tomar venganza, el que ríe último, ríe mejor —dijo sabiamente Lucius con una sonrisa satisfactoria y una mirada frívola.

Los partidos de Quidditch este año para los Slytherin fueron totalmente beneficiarios para ellos, ganaron todos los juegos, así que obtuvieron la Copa de Quidditch; Potter y sus amigos estaban muy molestos, porque hallaron que los Slytherin habían jugado demasiado sucio.

— Vamos, Potter, reconócelo, el equipo de nosotros jugó mejor que el de ustedes —decía Severus con simplicidad.

— Por supuesto, que apuesto si hubieses jugado tu, pierden todos los partidos— defendía Pettigrew tartamudeando.

— Pequeño gusano, hasta que por fin hablas, ¿te habían comido la lengua los ratones? —se burlaba Lucius.

Las clases fueron totales retos para Severus, cada vez se ponían más difíciles, aún más en Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Transformaciones. Hogwarts no era tan decepcionante después de todo. La Profesora McGonagall era muy estricta y esforzada para con sus alumnos, últimamente les hacía transformar libélulas en Doxys y velas en frascos de vidrio.

— Muchachos, quiero que en esta clase le pongan mucho empeño en transformar la cuchara en un pato de hule, es la última calificación que tendremos este año y quizá sea favorable para los que tienen malas calificaciones conmigo... hasta ahora nadie está peligrando.

La profesora, dicho esto, empezó a llamar por lista y tomó el examen a cada uno.

Aparte de las riñas por el Quidditch, cada vez que se encontraban las miradas de Potter y Severus, los insultos volaban como un rayo, y Lucius, astuto también, atacaba al punto débil de ese grupo, a Pettigrew, que salía arrancando por cualquier cosa, y sus amigos tenían que ir en su búsqueda para calmarlo.

— ¡Escápate gordito, escápate! —gritaba Lucius entre risas incontenibles.

— Mira, Malfoy... nos la van a pagar ustedes dos... ¡no fastidien a Peter! —gritó Potter furioso.

Y así, contando estos últimos detalles del primer año en Hogwarts de Severus Snape, llegamos a fin de año...

— ¡Queridos niños míos —dijo Dumbledore con entusiasmo en el Gran Banquete —, así, como llegó el nuevo año... el nuevo año nuevamente se fue! Espero que este año hayan aprendido muchas cosas, pero este verano, tienen que vaciar todas sus cabezas de aquella materia para que el próximo año escolar tengan más capacidad de aprender nuevas materias interesantes.

"También en estos momentos daremos la premiación a la casa ganadora con la Copa de las Casas — dijo mirando la decoración: verdes banderas con una gran serpiente plateada —. En cuarto lugar con trescientos cuarenta y un puntos, ¡Hufflepuff! — todos aplaudieron cortésmente —; en tercer lugar con trescientos noventa y dos puntos, ¡Ravenclaw!; en segundo lugar con cuatrocientos veintitrés puntos ¡Gryffindor! Y por último, en primera lugar con cuatrocientos cincuenta y cinco puntos ¡Slytherin!

Severus festejó con sus amigos toda la noche, aunque a la mañana siguiente se levanto con muchísimo sueño, pero... habían ganado la copa, eso era lo importante. Al día siguiente nuevamente el Expreso de Hogwarts estaba repleto de alumnos de Hogwarts, que volvían a sus casas.

— Que pena Potter, ¿No? Ganamos, espero que eso te sirva de lección —dijo Severus reluciendo sus profundos ojos negros.

— Ya verás el próximo año, Grasoso... te tenemos una sorpresa —dijo Potter sin inmutarse.

Entre peleas de los Slytherin y Gryffindor, el tren se alejó con el "chucu, chucu" y despidiendo el oloroso vapor esponjoso.

El verano fue trascurriendo paulatinamente, el calor se expandía por el pueblo de Saint Ferdinand y los rayos solares eran muy peligrosos para una piel tan blanca como la de Severus. Y, por supuesto Mr. Roderick era quien exigía que se cuidara la piel con unos tónicos de «Tía Betty» que protegía la cara de los rayos ultravioletas. Pero a Severus no le gustaban porque dejaban la cara de color amarillo y se veía muy ridículo, según él. Aunque cada vez que salía fuera de la casa la riña se hacía una rutina.

— Ponte el cuidapiel antes de salir— ordenaba Roderick.

— No pienso lubricarme con semejante tónico. No voy a hacer el ridículo en la playa.

— ¡Todos los niños lo usan!

— ¡Sí, todos lo usan, pero ellos se compran los más caros que son transparentes! En cambio tú, como te estás quedando en bancarrota compras el más simple, así aprovechas de que los otros se rían de mi aspecto.

— ¡Te pones el cuidapiel, porque yo no voy a estar después pagándote algún tratamiento para mejorar tu rostro!

De todas maneras el muchacho tenía que obedecer o su padre sacaría el cinturón de cuero y le daría unas cuantas tundas en la espalda. Lo peor era que descargaba toda su furia con Severus por su frustración de no haberse podido casar con Cassandra Dickinson. Y en realidad esa furia no era por amor, sino por dinero, porque Polly le reveló a Severus que, la familia de Cassandra era muy poderosa y que quizá eso podría sacarlos de la miseria en la que empezaban a estar, pero la joven que apenas tenía 25 años sospechó de los planes de Mr. Roderick y se negó al casamiento.

Cuando llegaron a la playa muchos niños quedaron mirando a Severus con caras de sorpresa, otros se reían y otros cuchicheaban. Él, lo único que podía hacer era mirar a esas personas con desdén entrecerrando los ojos y enseñando los dientes.

Cuando pudieron encontrar el lugar adecuado (apartado de las demás personas y libre de basura) se sentaron en la cálida y fina arena oscura.

— ¡Nubus! —exclamó Roderick apuntando con la varita al cielo. Apareció una pequeña nube esponjosa y blanca, que desplegó suficiente sombra satisfaciente para ambos.

Por largo rato ninguno pronunció palabra. Severus no podía, odiaba a su padre y verle a los ojos, le repugnaba.

— Iré a bañarme —dijo el niño aburriéndose del gran silencio sepulcral que había entre los dos, así que se puso en pie y fue a paso rápido hacia el agua. No estaba fría, seguramente un experto en hechizos acuáticos había realizado uno para entibiarla. Caminó por el mar unos cuantos metros hacia el fondo. El agua le cubría hasta el pecho. Observó a los niños que jugaban a unos veinte metros de distancia y se dio cuenta de cuán apartado estaba de la otra gente. Regresó a la orilla y se sentó ahí, dejando que las pequeñas olas lo mojaran. Habrían pasado unos cinco minutos, cuando una voz femenina le dijo:

— Hola, tú eres de Hogwarts, yo te he visto.

Severus volvió la cabeza hacia una niña menuda, delgada, de pelo castaño oscuro y de piel blanca, pero que ahora estaba tostada por el sol, y de grandes ojos marrones. Trató de recordar la ceremonia del Sombrero Seleccionador del año que pasó, pero no pudo acordarse quien era esa niña. Así que estúpidamente dijo «Hola». La niña se puso de rodillas al lado de él y le extendió la mano.

— Tú eres el que siempre anda con unos matones ¿no?

Severus frunció el entrecejo taladrándola con los ojos, pero ella no se inmutó.

— ¿A qué te refieres con «unos matones»?

— Bueno, es que son demasiado feos, macizos y amenazadores —respondió la pequeña como sin darle importancia — ¿Cómo te llamas?

— Severus Snape —contestó algo molesto por el comentario— ¿Y tú?

— Anna.

— ¿Anna qué?

— Konnda —respondió la niña ruborizándose, pero manteniendo firme la mirada en los ojos de Severus.

— ¿Anna Konnda? —repitió Severus sin poder contener una sonrisa burlona.

— En el colegio muggle al que fui, los niños de mi clase siempre me molestaban (excepto mis amigas), pensé que Hogwarts iba a ser diferente, pero me equivoqué —confesó la niña apenada —, espero que tú no seas otros de los idiotas sin cerebro que se mofan de los nombres de los demás ¿no? —interrogó la niña poniendo cierto toque amenazador en su rostro.

— ¡No! Claro que no —corroboró Severus tornando su cara de burla a seriedad.

— Perfecto, entonces eres un buen muchacho. Eres de Slytherin si no me equivoco.

— Sí, soy de Slytherin —respondió con orgullo.

—Yo soy de Ravenclaw, tengo un primo que está allí...

— ¡An! —se escuchó a lo lejos.

— Oh, Oh, bueno, ya me voy Snape, te veo luego, o en Hogwarts —Se despidió la niña poniéndose en pie y haciendo un gesto con la mano. Salió corriendo donde su madre quien la había llamado, quien era muy parecida con su hija.

Severus no supo que pensar, la niña había quedado en estado neutral para él. Vio como los padres de la niña ordenaron los «quitasoles» (especie de sombrilla de gran tamaño) y las toallas sin magia, ya que ellos eran muggles.

De pronto Severus recordó que estaba sentado en la orilla del mar y que estaba con su padre en ese paseo. Miró en dirección en la que estaba su papá, pero las toallas y las nubes estaban solas. Arqueó una ceja, desconcertado, y lo buscó con la mirada. Sus penetrantes ojos se detuvieron en el puesto contiguo, en donde se hallaba una mujer de rizos rubios, algo bronceada y de mirada coqueta, y con ella, precisamente su papá. Lo inundóuna ira, su padre era un verdadero descarado, ya estaba harto de que se hiciera el galán con las solteras ¡pero se le ocurrió una idea brillante!, se levantó, dio grandes tumbos para llegar a ellos.

— Papi, acuérdate que mami dijo que no tardáramos mucho.

La mujer miró a cada uno con las cejas curvas.

— ¿Mamá? ¿Y lo nombró papá?

— Já, já, este no, es que me llama papá, y a la elfina doméstica mamá..

— ¿Qué edad tienes, chico? — preguntó con tono afable a Severus.

— Once — respondió con tono de madurez.

—¡Vaya! Señor Snape, no creo que un niño de once años le diga aalguien que no es su padre «papá», y menos que crea que su elfina es su mamá. De todas maneras, no me agradademasiado la gente que esclaviza a elfos, aunque a ellos les guste, ¿puede salir de aquí por favor? Vaya donde su esposa.

El hombre sin disimulo fulminó al pequeño con la mirada, lo agarró del brazo, sin lastimarlo, lo llevó al puesto en que tenían ellos sus cosas.

— A lo que lleguemos a casa te las vas a ver conmigo.

— Ya sabes que no te tengo miedo, Roderick, maldito pervertido.

Severus disfrutó ver, por pocos segundos, como la cara de su padre cambiaba de naranjo a rojo, de rojo a morado y de morado a azul.

— Y tú, maldito confianzudo, ya me tendrás miedo, me provocaste más de lo que tú crees.

De mala gana, Roderick desapareció la nube y guardó las toallas en un bolso. Colocó la mano en la nuca de Severus y lo empujó para que caminara.

— No deberías haber nacido nunca — dijo con dientes apretados.

— Bueno, tu fuiste el culpable número uno para dar pie a mi nacimiento.

Su padre lo ignoró, de cualquier forma, Severus se sintió mal.