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Historia 24978 — capítulo 7
CAPÍTULO 7: ENCUENTROS
— Sabe perfectamente, Snape, que estas no son horas de andar por el colegio como si nada, ¡menos si viene de los terrenos! — le espetaba el profesor Mason, molesto pero no furioso —, sé que a usted le gusta estar solo y que prefiere hallarse "en la naturaleza", pero eso no le da derecho a estar a las nueve y media en pie, sabiendo que la hora de regreso definitivo es a las nueve en punto. No le voy a castigar ni a quintar puntos, pero ya sabe, a la otra le restaré la mitad del puntaje que tengan, aunque sea de mi casa, y limpiará los inodoros del baño de damas ¿entendió?
— Sí, profesor — asintió Severus con la cabeza gacha. Si no se hubiese encontrado con su profesor jefe, habría sido fatal, seguro que Pringle habría pedido que lo expulsaran. El profesor lo acompañó a la sala común para asegurarse de que nadie más lo regañara ni le castigara. Entró al cuarto. Los cuatro búlgaros jugaban a la guerra de almohadas, habían realizado un buen encantamiento duplicativo porque cada uno tenía como siete de estas.
— Infantiles — pensó mirándolos con desprecio y bufando.
— "Severrus" — pronunció Ray cuando vio que el niño de pelo negro irrumpía en la habitación —, Anna Konnda dijo que necesitaba "hablarr urrgentemente" contigo, "perro" yo le dije que no sabía donde estabas, entonces ella no dijo nada y se fue corriendo.
— ¿Pero, no te dijo nada de lo que quería? — insistió Severus extrañado.
— No, absolutamente nada — aseguró Álvaro —, ¡Ah! "ahorra recuerdo" que dijo con "trristeza": "Sólo díganle que se cuide".
Severus levantó ambas cejas para sí mismo, extrañado, ¿Anna le había mandado a decir que se cuidara porque le iba a pasar algo malo y ella lo sabía? Sí, quizá alguien tramaba algo contra él y ella lo supo... ¡Potter! Potter con Black podían ser los responsables — dio un bostezo — pero mejor se encargaría mañana, tenía bastante sueño, y no había cabida para especulaciones. Apenas puso una pierna en la cama para dormirse, los otros dejaron sus jugarretas con las almohadas. Todo el mundo durmió.
Miró a su alrededor y todo estaba muy oscuro. Todo el sueño que había tenido hace unas horas atrás se había evaporado. El ambiente estaba silencioso, pero, de vez en cuando, se les salía un gruñido a sus compañeros. Abrió un poco la cortina de su cama y miró a las rendijas de la ventana, donde se veía el césped y los rayos de la luna, que esa noche estaba llena. Se puso de pie y fue hacia allí y, por algún presentimiento extraño, quiso mirar. Se subió al velador de Skandar, apoyándose en la fría pared de piedra: así veía mejor, alcanzaba a ver un trozo del cielo estrellado y otro poco de la luna, que casi estaba llena. Seguramente mañana se completaría. A lo lejos se veía la espesura del Bosque Prohibido, y en miniatura, un poco más apartado, pero poco distinguible, el Sauce Boxeador. Durante un minuto estuvo ahí, inmóvil, y cuando decidía a volver a su cama, vio algo inverosímil: tres siluetas aparecieron de la nada y se dirigían, al parecer, al Sauce Boxeador. Una de las figuras era más pequeña, e iba al medio, como si los otros lo flanquearan.
Alguien roncó y Severus se sobresaltó, miró para ver quien había sido y, con el entrecejo fruncido, miró nuevamente para ver que pasaba con estas personas que permanecían indebidamente en los terrenos, pero ya se habían esfumado. ¡Que rabia! Si no hubiese sido por Ray y su ronquido, no se habría distraído y habría visto lo que había sucedido. Gruñó dando un golpe al aire. Bajó con cuidado del velador y se fue a la acogedora cama. Cerró los ojos y se durmió otra vez.
Buscó a Anna al día siguiente, pero no la encontró por ningún lado. En la clase de Transformaciones que tenían junto a los de Ravenclaw, tampoco estuvo. En la clase de Herbología aprovecharía de preguntarle a la señorita Tilda Henley, porque si era jefa de la casa de Anna, tendría que saber lo que le pasaba. Hasta McGonagall debería saber porque era la subdirectora.
La profesora Tilda se acercó para ver como transportaba las Trucurens (un tipo de hierbas que estaban bañadas en un jugo amarillento viscoso); Severus la miró nervioso y se atrevió a preguntarle donde estaba Konnda. Ella arqueó las cejas y en tono calculador murmuró.
— Ha tenido unos asuntos familiares, pero de todas maneras a usted no le incumbe, suponiendo ella no es su amiga y no le importa.
— No... — se sonrojó — bueno, no es mi amiga....
— ¿Su novia? — interrumpió la profesora alzando más las cejas.
— Tampoco... — se sonrojó aún más, y la miró horrorizado sólo por imaginarse esa idea.
— ¿Entonces? Siga haciendo la actividad y no pregunte nada más que no tenga que ver con la clase.
Severus la miró furioso, lo había avergonzado. Frunció los labios, agarró tan fuerte a la Trucurens que esta se sacudió y lo manchó con su viscosidad la ropa. Hizo una mueca de asco y con un trapo que estaba untado en quitamanchas y se sacó el jugo verde.
Realizó la búsqueda de Anna por segunda vez — y en vano — por el castillo, pero nunca apareció. Sintió un gran vacío porque... ni siquiera sabía con exactitud el porqué de ese sentimiento de angustia.
— Que idiota soy — se reprochó — ¡Preocuparme por una sangre impura! ¡Por una mezcla! ¡Por una escoria! ¡Qué bajo... caí muy bajo! Eso de preocuparse por mujeres es de estúpidos.
Pero a pesar de que maldecía aquí y allá, le había servido eso del "sólo díganle que se cuide", algo debía significar. Sin embargo, fue una completa falsa alarma, ya que llegó abril, y en el transcurso de esos cuatro meses no ocurrió nada. Las peleas con Potter fueron iguales de groseras, defensivas, ofensivas y violentas, pero ninguno de esos chiquillos le tenía preparada alguna sorpresa. Aunque se podría haber referido a otra cosa, ¿pero a qué?
Durante el tiempo que pasó, Gryffindor pudo volver a la normalidad con los puntos. Lilian Evans seguía refunfuñando cada vez que Potter hablaba, o algunos de esos otros tres estorbos. Slytherin aún así iba en segundo lugarpara la copa de las casas. Gryffindor había tenido suerte por los partidos ganados, contra ellos y Hufflepuff, en cambio las serpientes solo habían obtenido victoria contra los de Hufflepuff, pero aún quedaba el partido contra Ravenclaw, y a Gryffindor igual, pero las serpientes podrían hacer un esfuerzo mayor para ganar más puntos y la Copa de Quidditch.
En el trayecto de esas veinticuatro semanas no se presentó más Anna, y Severus comprendió que esa frase sospechosa había sido más que una simple despedida. Debe haber sido demasiado grave para que se fuera de un día para otro y que no regresara más. Y, en efecto, fue serio, porque el muchacho, con mucho temor, le preguntó a la subdirectora, la profesora McGonagall, si ella volvería algún día.
— No, señor Severus, ella se fue, no retornará más a Hogwarts — dijo con indiferencia, aunque cortésmente. Se engañó a sí mismo con una falsa alegría porque ella no regresaría nuevamente a la escuela, pero en realidad era la única niña que le había agradado un poco más, o no le había desagradado lo suficiente como para odiarla.
Los deberes y pruebas eran de a montones, casi todo Slytherin se quedaba hasta media noche estudiando o haciendo rasgueos con la pluma, pero Severus tenía una gran capacidad intelectual, así que sabía que obtendría buenos resultados.
Y así, el frío y soleado mes de abril abrió las puertas a mayo, que fue tan ajetreado como el anterior.
— Recuerden que deben estudiar y sobre todo sacar buenos resultados —sermoneaba el profesor Mason, en pociones, a los de segundo año de Slytherin —, estos exámenes finales son importantes, aunque a ustedes no les interesen, pero si reprueban repetirán el año o simplemente serán expulsados...
Dos semanas después, en la misma clase, Mason pasó entregando unas listas de información sobre los nuevos subsectores que podían ser seleccionados libremente. Todos los alumnos pusieron los ojos en el pergamino y con caras de concentración empezaron a contestar. Severus miró su hoja.
Nombre completo:
Casa:
Seleccione libremente la asignatura que desea, ennegreciendo la letra, sin borrones por favor. Máximo dos selecciones (consultar con profesor jefe o subdirector/a para aclarar motivo de estudios extras).
*a)*Runas Antiguas.
*b)*Aritmancia.
*c)*Adivinación.
*d)*Estudios Muggles.
*Importante: Se agrega obligatoriamente la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas.
No fue difícil en realidad, le apestaban las pitonisas y cosas por el estilo, y no le veía futuro a los estudios muggles, así que se quedó con los dos primeros.
El deseo de hace una semana atrás de que llegara con rapidez cuarto año, no se cumplió, pero sí que no se dio cuenta que esa semana había pasado volando, y ya se hallaba sentadoal lado de su padre, en el auto, pasando a mediana velocidad por el pueblo vecino a Saint Ferdinand, Big Hangleton.
— ¿Cuántos exámenes aprobaste? — preguntó el hombre con un dejo de malicia en la voz.
— Todos — contestó Sev, enojado.
— ¿Cuáles son "todos"?
— Pociones, Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Astronomía, Encantamientos, Herbología e Historia de la Magia — enumeró con desagrado.
— No te creo, maldito embustero, eres demasiado torpe como para sacar buenos resultados en todos esos, además ¿qué hay del Quidditch?
Severus miró los irónicos ojos de Roderick que lo observaban analíticamente. Éste realizó una profunda mirada de odio con sus excavadores ojos negros.
— Eres una vergüenza... ¡No saber jugar Quidditch!
— ¡No había ningún puesto libre en Slytherin! ¡Y ni siquiera tengo escoba!— vociferó el muchacho con tientes apretados.
— Sí, puede ser lo primero, pero no hace falta tener una escoba buena para hacer un buen jugador, y en el colegio las hay así que…, si es así, supongo que este año postularás, ¿cierto? ¿O eres lo suficientemente cobarde como para no intentarlo? — Severus consumió a su padre con un destello de su mirada.
— ¡No soy cobarde! — se defendió el muchacho, pero luego bajó el tono de la voz — Tú eres el cobarde que mató a mujeres inocentes por el simple hecho de que tu eras más fuerte que ellas, eres un... — pero Severus no alcanzó a terminar la frase, Roderick aumentó la velocidad, dobló frenéticamente por un callejón y frenó en seco.
— ¡Hijo de...! — abrió la puerta de Sev con un encantamiento que salió de su varita, y con una fuerza acumulada e impactante, lo empujó hacia fuera, cerró la puerta, retrocedió y se fue maldiciendo con palabrotas.
— Ah... mier... — había caído contra una muralla de ladrillos, sumamente dura. Se levantó con dificultad, quejándose. Su cabeza sangraba un poco y le dolía la espalda. Mareado estaba, trató de salir del callejón, colocándose la mano derecha en el lugar afectado de la cabeza.
La calle estaba vacía, a excepto por una anciana de unos sesenta y algo, que barría el antejardín de su humilde casa. Ella lo miró con compasión y se aproximó cautelosa al chico dejando la escoba a un lado.
— ¿Quieres que te ayude, hijo? — preguntó con temor y preocupación.
— No, gracias — respondió Severus con exasperación, pero al mirar la arrugada y simpática cara de la mujer cambió de opinión —, sí, por favor.
Ella sonrió cálidamente y lo tomó del brazo con cuidado, llevándolo a la casa.
— Estás sangrando, hijo, te curaré, ¿te importa? — dijo ella haciéndolo pasar a la polvorienta casa que estaba cubierta de fotografías, cuadros y pinturas, en donde las personas y los retratados se movían, y algunos sonreían.
— No, no me importa en absoluto, gracias — jadeó abochornado.
— Siéntate ahí — indicó apuntando un agradable sillón cubierto de seda — ya vuelvo.
Desapareció por un estrecho pasillo.
Severus miró su alrededor de laluctuosa casa. Era una vieja pobre, se notaba que tenía lo justo y necesario para sobrevivir. Aparte vivía sola, ya que habían elementos para una sola persona: un sillón, una silla mecedora, una mesa con una butaca, y un conjunto de cubiertos en una mohosa vitrina.
Contempló un gran cuadro, el más resaltante de todos, en donde aparecían dos mujeres adultas (calculaba unos cuarenta) muy atractivas más una niña de unos quince años, rubia y de risueños ojos azules.
— Oh... Dios Santo, no observes esa fotografía que me siento más vieja — declaró divertida la señora, que volvía a la salita con una caja blanca.
— ¿Cuál es usted? — interrogó dudoso, mientras ella se sentaba a su lado mirándole la cabeza.
— Yo soy la bruja de la izquierda — señaló aplicándole un líquido que le producía ardor — A todo esto me llamo Amanda... la de la derecha es mi difunta hermana, Hellen — le secó el cráneo con un algodón —, listo, ya estás curado, ¿te duele?
— No, es muy amable — dijo mirando la apergaminada cara de Amanda. Los profundos ojos pardos se le habían llenado de lágrimas —. Disculpe, ¿le ocurre algo? — preguntó aparentando una falsa cortesía.
— No, sólo que... — miró la fotografía — la niña de en medio, mi sobrina Joahnne, desapareció.
Los pensamientos de Severus quedaron estancados.
— ¿Joahnne? ¿Sobrina? ¿Desaparecida? — su sorpresa no era aparentada, sino real, se acababa de encontrar con la tía de...
— Sí — sollozó ella.
— Lo siento mucho.
— No, hijo, no te preocupes... bueno, hora de que te vayas, tengo que hacer cosas — se despidió Amanda amablemente.
— Adiós.
Ella con un gesto de la cara se despidió.
Luego de salir de la puerta, el muchacho se transformó totalmente. Estaba empapado en odio... Ella era la tía de Joahnne, la cual había sido asesinada por su padre. Era terrible pensar que los cuerpos de su madre, su ex mejor amiga y Monic, estaban enterradas por los jardines cercanos a la casa.
Sintió como si un peso muerto le cayera encima, pasándole a llevar todo el cuerpo. Tenía el mismo sentimiento de cuando estaba en los terrenos de Hogwarts cuando contemplaba el Sauce Boxeador. Detestaba a todos.
Caminó pateando cada objeto que se le atravesara en el sendero. Al cabo de media hora llegó a Saint Ferdinand. Eran la una de la tarde y las tripas le rugían con ferocidad, el sol le daba tangencialmente en la cabeza. También estaba sediento, y le daba aun más sed ver que en el camino se formaban espejismos por el calor. Anduvo otra media hora más y llegó a la Mansión de los Snape. Algo estaba distinto, miró bien y se percató de que habían dos coches: el de Roderick y otro mucho más lujoso.
Se acercó a la puerta dobley la abrió, entró y la cerró sin hacer ruido. Se oían voces masculinas, avanzó un poco y Polly apareció.
— ¡Amo Severus! — masculló sollozando y lo abrazó — Ha venido un amigo suyo.
— ¿Un amigo?
— Sí, un muchacho con una coleta — trató de explicar la elfina con su vocecita.
— Pues, no conozco a ningún niño de pelo largo — puntualizó haciendo una mueca.
Las voces de aproximaron y aparecieron dos hombres más un niño, por el umbral de la puerta de la sala contigua. El señor desconocido era más alto que su padre, con cabello castaño claro y unos ojos grises y gélidos.
— ¡Justo! — exclamó Roderick con una hipócrita sonrisa.
— Sí, menos mal que llegó, habría sido una gran decepción irnos con las manos vacías de aquí.
Severus lanzó una mirada gloriosa a su padre y le extendió una mamo al padre de Lucius, el señorAbraxas Malfoy.
— Es un gusto conocer al mejor amigo de mi hijo — dijo el señor Malfoy.
— El gusto es mío — respondió Sev con su mejor tono de voz.
— Pues que esperas, vamos a arreglar tus cosas, este verano te vas con nosotros — decidió hablar Lucius.
Severus haciéndose el "enterado de todo" condujo al otro chiquillo a su habitación.
— ¡Eres fabuloso! — le dijo a Lucius cuando ya estuvieron ahí, dándole un caluroso abrazo.
— No te iba a dejar solo con tu... padrecito — guiñó un ojo con complicidad al de pelo negro —. Y echa toda la ropa que puedas por que es el verano COMPLETO — recalcó.
— ¿En serio?
— En serio.
Empezaron a ordenar el equipaje en una maleta y en el baúl de Hogwarts, que en realidad ya estaba casi listo.
Estaba muy contento porque su padre estaba ardiendo de rabia. Hacer feliz a Severus era lo que menos deseaba, y por suerte, precisamente estaba siendo feliz en esos momentos.
Puso a Darken en su jaula, quien ululó enojada tratando de darle un picotazo. Cuando todo ya estaba preparado miró el pelo de Lucius.
— Ahora comprendo — dijo entonces.
— ¿Qué cosa? — preguntó Lucius agarrando el baúl por su manija.
— Tu pelo. Polly me dijo que un cierto muchacho de moño estaba en la casa.
— ¡Ah, sí! En Dumstrang decidí usar un nuevo look, ¿se me ve bien?
— Sí, muy bien, Narcisa quedaría babosa — se burló el otro agarrando la maleta.
Lucius lo miró serio y con incredulidad.
— ¿Por qué lo dices?
— El año completo me estuvo preguntando por ti — e imitando una voz fina dijo —"Snape, ¿cómo está Lucius? ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se fue?".
Lucius se ruborizó
— Bueno, pues...
— ¡Oh cállate! Mejor sácame de aquí lo antes posible.
Ambos rieron y bajaron donde los padres que aguardaban cerca de la puerta. Roderick estaba rígido y parecía nervioso.
— Bueno papá, te veo el próximo año, adiós.
Lucius y su padre se despidieron con elegancia y salieron de la mansión.
— Chao Polly — dijo compasivamente Sev a su elfina, que se limpiaba afanosamente la nariz con su vestido Después de eso, cerró las puertas.
En diez minutos ya estaban en camino al puerto en donde tomarían el barco a Bulgaria.
— ¿Y cómo fue tu año en Hogwarts?
— Estuvo de maravillas — contestó a Lucius irónicamente.
Mientras viajaban en el cómodo auto hablaron de sus vidas con plena tranquilidad, sin que el señor Abraxas interviniera, el solo conducía, o dormía, dejando mediante un hechizo a que el carro avanzara correctamente.
— Tomaremos un barco completamente mágico — informó Lucius a su amigo quien pareció impresionarse.
— Pero si pareciera que hubiera pura gente muggle — balbuceó el niño mirando a las personas que estaban en el puerto. Lucius negó con la cabeza.
— Solo espera.
El señor Malfoy dobló por una estrecha calleja que estaba sin salida, pero al parecer no le importó haber quedado encerrado y siguió.
— Vamos a chocar — susurró Severus, el rubio tan solo rió, y cuando faltaban dos milímetros para que se produjera lo colisión, Severus cerró los ojos y se aferró a su asiento, pero no pasó nada. Abrió los ojos y observó, seguían exactamente a la misma velocidad y estaban en un estacionamiento que era diferente al de recién.
— ¿No ves? Es lo mismo que la estación King's Cross — animó el rubio.
Todos bajaron del auto; en ese mismo momento se acercó el conserje a señor Malfoy. El joven revisó los boletos y murmuró gangosamente:
— Boleto para tres..., primera clase, coche incluido, compartimiento trescientos trece. Bueno, firme aquí.
Con letra prolija hizo unas letras alargadas con una pluma de tinta permanente que le había facilitado el jovenzuelo.
— Vamos, Severus, Lucius — indicó Abraxas caminando erguido y los otros dos lo siguieron.
Transitaron hasta una fila de personas, pero no se formaron ahí, sino que el papá de Lucius interrumpió alanalizador de pasajes con un carraspeo. Severus y Lucius dirigieron sus ojos a la gigantesca nave de más de diez pisos (sin contar las plantas donde estaba la maquinaria y la muchedumbre). Era un resplandeciente barco negro azabache con un color crema, elegantísimo, pero tenía tres secciones dependiendo de la clase alta, la clase media y la clase baja. Ascendieron por una escalera a la cubierta, y luego entraron a la sala general que poseía grandes arañas con cientos de velas, sillas y sillones forrados en tul, piso de madera lustrada y muebles de mármol y raulí. Se metieron por unos de los pasillos — tanllenos de pinturas movedizas como Hogwarts — y subieron al piso siete en uno de los ocho ascensores con rejillas de plata. El ascensor se detuvo, salieron de ahí y caminaron otro tramo más para llegar a la habitación trescientos trece.
El cuarto era tan ostentoso como el barco completo, era amplio, con una sala de estar, dos baños y dos habitaciones, una doble y otra para solo una persona. Era como el cuarto de un rey o una reina, y se sintió desdichado por un momento. No era que se quejara en realidad, pero cuando estaba con su madre, ella siempre hacía lo posible para que estuviera como príncipe, y mantenía la mansión como un palacio, y no tenían elfina, a Florence no le gustaban; en cambio ahora vivían como "los pobres" porque gracias a su astuto papá que estaban quedándose sin nada, había vendido todas las joyas que alguna vez le regaló a su primera esposa. Fue una suerte haber hallado a Polly, sin ella la casa estaría hecha la inmundicia real.
Ese día lo pasaron bastante bien, había muchas cosas sorprendentes en el "ANDRONIQUE" — era el nombre del barco —, e incluso había una biblioteca llena de estanterías con rebuscados libros. Pasaron los tres días siguientes hundidos en lecturas y opinando sobre las maldiciones.
— ¡Ah! Lu, me acordé que tengo un nuevo libro de artes oscuras, es muy interesante — contó Severus mientras hojeaba un gran libro sobre pociones.
— ¿En serio? Genial, después me lo muestras.
No había nada que interviniera en ese viaje tan entretenido, el padre de Lucius era relajado y lo menos entrometido que existía, pero todo se oscureció cuando Severus se amurró por un pequeño incidente.
— Oooh... — bostezó Lucius acostándose en su cama — A pues, préstame el libro que me dijiste antes de ayer — recordó Lucius acomodando las almohadas detrás de su espalda.
— Cierto — coincidió él buscando en su baúl el dicho volumen — Aquí está, ¡piensa rápido!
Lucius apenas atajó el libro; le rozó su respingada y larga nariz.
— Bueno, veamos... — farfulló para sí colocando el libro en sus piernas. Por su lado Severus también se acostó en la tibia cama y siguió leyendo "Ingredientes y calderos, por Belis Honey".
Ambos leyeron silenciosamente durante diez tranquilos minutos, hasta que Lucius tartamudeó.
— ¡Pe... pero qué... qué...! ¡Pero que diablos es esto, Severus Dimitri!
Severus levantó la pálida cara, mirando a su amigo a través de su cortina de pelo negro que estaba en su cara, y por cierto estaba un poco menos largo que el de Lucius.
— No pronuncies mi segundo nombre — le espetó él — ¿Qué te pasa? ¿De qué te alarmas tanto?
Al rubio arqueó una ceja y sonrió socarronamente, giró el libro en una página que jamás había visto en su vida (y eso que ya se lo había leído dos veces), había una foto indistinguiblepor la distancia y por la poca luz. Simplemente sabía que se movía.
— Déjame ver — pidió Severus arrugando el entrecejo y estirando la mano.
— Oh, no, espera, deja leerte esto, escucha:
"Severus — dijo poniendo voz de niña —: esta es solo una pequeña dedicatoria, espero que disfrutes de esto y, bueno, te dejo una foto para que no te olvides de mí. Atentamente, Anna Konnda"
Severus no dio crédito a sus oídos en ese momento.
— ¿Quién es esa serpiente? — inquirió haciendo un seseo en las palabras dichas, imitando a una serpiente, precisamente.
El cerebro del chiquillo volvió a ponerse en funcionamiento.
— ¡Dame eso! — reaccionó saltando a la cama de Lucius y arrebatándole el libro.
— ¡Cálmate! — le gritó Lucius con expresión de autentica sorpresa en su rostro, moviendo las manos para que Severus se alejara. Iba a preguntar que quién era esa tal Anna Konnda pero las palabras se las tragó porque repentinamente Severus miró esa página por ambos lados, la arrancó con fuerza, la cortó en trozos pequeños, abrió una de las ventanas redondas y las lanzó por el aire, y seguramente irían a parar al mar. Se giró y miró con desdén a Lucius, que estaba boquiabierto.
— Hey, ¡lo siento! — exclamó el rubio — pero primero: se más cuidadoso con tus cosas; segundo: para qué mepasas el libro si luego me lo quitas; tercero: — sonrió burlesco — dime quién es Anna...
— Eso, a ti, no te importa.
— Si me importa — contradijo Lucius pacientemente —, eres mi amigo y me preocupa lo que te pase... sobretodo si es con chicas...
— ¡Ayy!, ¡ya! ¡Está bien! Pero no me molestes — advirtió ceñudo y le relató la verdadera versión del segundo año en Hogwarts, con lujo de detalles.
— Yo deduzco que le gustabas — confirmó convencido Lucius.
— No seas absurdo — replicó con aspereza el otro apretando los puños.
— ¡Andas insoportable, Sev! Esta muchacha en realidad te volvió un furibundo, ¡tómate las cosas con humor! Sabes que lo otro lo dije en broma.
— Ya, si, te creo, pero, ¿sabes? No me gustan tus bromas — recitó Severus retornando a su cama —. Buenas noches — puso fin a la discusión, apagó su vela, le dio la espalda a su amigo y se acurrucó. Lucius puso los ojos en blanco. Dejó el famoso libro a un lado y también decidió dormirse.
Al día siguiente Severus no se disculpó con su amigo, aunque sabía que se había comportado como un tonto, pero le habló en el mismo tono amistoso de siempre.
— Menos mal que se te pasó el enojo — dijo Lucius —, además, si mal no recuerdo, tú también me molestaste, con Narcisa.
Severus se limitó a mirarlo pero no le discutió nada.
Olvidaron la estupidez ocurrida y siguieron disfrutando de los otros dos días, perfectamente calurosos.
Había sido uno de los viajes más complicados que había tenido Severus, fueron hacia el sur por el Océano Atlántico, hasta doblar por el estrecho mar de Gibraltar, muy cerca de España, siguieron hasta el mar Mediterráneo, se internaron en elmar Egeo que bañaba a las islas de Grecia, avanzaron porel angosto mar Mármara llegando al mar Negro, donde se fueron por la costa de Turquía, hasta que por fin: Bulgaria.
Bajaron sanos y salvos del trasatlántico. Severus miró el puerto y se dio cuenta de que era un maravilloso país, pero muy frío, la presencia del mar se hacía notable por el fresco viento que corría y le sacudía el pelo.
Cuando el automóvil del señor Abraxas fue bajado a través de magia, los invitó a éste otra vez, poniéndose en marcha hacia el departamento que estaban alquilando. También salieron por una pared mágica del puerto.
Lucius le contó a Severus mientras viajaban que todos — Federic, Michael y Stuart — estaban en el mismo edificio. Severus creyó que eso sería verdaderamente genial, estar nuevamente con sus amigos era muy alentador para comenzar después, un nuevo año en Hogwarts. Conversaban jovialmente, pasando por lugares realmente verdes y hermosos, muchos bosques, casas con jardines grandes y llenos de exóticas flores.
— ¿Sabes Severus? — dijo en un momento Lucius — Cuando sea grande y tenga que casarme me volveré a gran Bretaña. Las búlgaras son bastante feas y gruñonas, te diré... — aseguró.
A Severus le causó risa la fría ofensa de Lucius.
— Es que la belleza de tu "Narci" es incomparable — se burló riéndose aún más.
En resumen, fueron las vacaciones más sensacionales que Severus podría haber tenido. Qué más podía pedir, sin su padre todo se podía disfrutar.
Severus le hizo prometer a Lucius de que no comentara nada sobre Anna delante de sus amigos cuando se volvieran a ver. Él cumplió su palabra, pero de vez en cuando se le escapaba alguna indirecta, de la cual ninguno pudo darse cuenta.
Conoció a cada una de las familias de sus amigos, eran de su gusto: no aceptaban sangres impuras y sentían fascinación por el tenebrismo. También conoció gran parte de Bulgaria, el lado muggle y el lado mágico.No pudo conocer Dumstrang, ya que el camino a este se cerraba por las vacaciones de verano, pero los cuatro muchachos le explicaron a Severus en qué lugar se ubicaba, más o menos.
— Leí la historia de Dumstrang — dijo Federic a su amigo —, se supone que el fundador hizo una maldición de frío permanente para que todos pensaran que el colegio se hallaba más al norte, o sea, los extranjeros, por eso nosotros tenemos que vestirnos con trajes de piel de oso o algo abrigador, o sino estarías resfriado todo el año. Es bastante más pequeño que Hogwarts, solo tiene tres pisos y...
Los almuerzos del elfodoméstico de los Malfoy, Kuky,preparaba comidas tan exquisitas como las de Polly, la diferencia estaba que ahí se podía comer en paz, y no con un hombre gritándote todo tipo de cosas.
Todo el tiempo se pasaron conversando y también jugando al Snap explosivo, al ajedrez mágico o a los Gobstones.
El 17 de agosto, el día de su cumpleaños, fue genial. Recibió obsequios de sus amigos y de las familias; se llenó de manjares y de objetos extraños, la mayoría refiriéndose al arte oscura.
Las cartas de Hogwarts le habían llegado allí; a Dumbledore y a la subdirectora no se les escapaba una, decía la ubicación exacta de donde estaba en esos momentos, desplegó la carta y leyó:
Estimado señor Snape
Le reiteramos que no olvide que el año escolar da comienzo el 1º de septiembre. El expreso de Hogwarts, como siempre, se marchará a las once de la mañana, en punto, en la estación King's Cross, Andén 9 ¾.
Se adjunta la lista de libros del próximo año y la autorización que permite las salidas al pueblo de Hogsmeade determinados fines de semana, a los de tercer curso. El documento debe ser firmado por sus padres o tutor.
Atentamente
Profesora M. McGonagall
Subdirectora.
Con los materiales no hubo mayores problemas, en Bulgaria también tenían un lugar mágico donde comprar libros, plumas y cosas así. No le hizo ni pizca de gracia tener que comprar cinco libros — Transformaciones, nivel intermedio; Libro reglamentario de Hechizos, curso 3º; El Lenguaje de los Números, primera lección; El Secreto de lo Secreto y Conociendo nuestro entorno: los Animales—, tuvo que pedir dinero de la bóveda acorazada de Gringotts vía lechuza, tenía que meter su llave dentro del sobre. Darken volvió justo el día 25 de agosto, el día anterior a la partida a Gran Bretaña. El señor Malfoy le había contratado dos escoltas para que lo acompañaran de regreso — ni Lucius ni él podían acompañarlo, primero por que era un viaje demasiado largo el viaje, y segundo, ambos entraban a sus labores, Lucius a Dumstrang y su padre al trabajo.
Luego del almuerzo de ese día se pusieron a jugar ajedrez mágico. Severus contempló con melancolía a uno de sus peones que acuchillaba a un caballo de Lucius.
Lucius levantó la vista y vio la expresión de la cara del muchacho.
— Oye Sev, entiendo que estés triste, yo también lo estoy, me gustaría que te quedaras, pero debes volver — reconoció su amigo con una mueca.
— Sí, lo sé... pero no es eso exactamente — declaró dibujando en su mente la autorización a Hogsmeade.
— Entonces dime qué es, porque estás raro.
— Este año nos van a dejar ir a Hogsmeade.
— ¡Súper! — exclamó Lucius sonriendo.
— Y nos dieron una autorización que debe ser firmada por padre o tutor para que esa salida se le haga posible al estudiante.
— ¿Y?
— Mi papá no me la va a firmar, eso es obvio, no le gustaría "hacerme feliz", y en verdad sería deprimente ser el único quedándome en el castillo mientras los otros se divierten... de todas maneras, mi papá no me la podría firmar, me voy directo al andén.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes? Fácil, mi padre te lo firmará.
Le agradeció todo el resto de la tarde a su amigo y a su padre, el señor Malfoy se mostró amable al firmar la autorización, no objetó absolutamente nada.
— Cállate, deja de agradecer, es lo que debe hacer un amigo ¿no? Ayudar a los suyos — le dijo a Severus cuando este por quinta vez le decía "Oye, no, en serio te pasaste...".
Al otro día se levantaron a las ocho de la mañana, y a las nueve ya estaban en el embarcadero, despidiéndose. Les dio las gracias al señor y señora Malfoy por la atención, y a Lucius un fuerte abrazo, como cuando se volvieron a ver.
— Espero que te podamos traer este próximo verano — dijo el señor Malfoy tendiéndole la mano. Severus se limitó a sonreír.
¡PIIIIP!
Habían hecho sonar el silbato, anunciando la partida del "Andronique". Severus subió flanqueado por sus escoltas Pit y Femus. Desde la cubierta le hizo señas a la familia, hasta que el brazo se le cansó y eran simplemente unas motitas negras en el piso.
Y, así el verano de Severus Snape se fue... quedando simplemente unos pocos días para la entrada al colegio...