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Historia 24978 — capítulo 6
CAPÍTULO 6: GRANDES SORPRESAS
— "Severrus", ¿tu "erres" parte del equipo de Quidditch de "Slytherrin"? —le preguntó el mismo día del partido Nathaniel York, otro de los extranjeros.
— No — respondió arqueando las cejas.
— Ah, yo en "Dumstrrang" no "logrré serr parrte" del equipo "porrque" no "perrmitían" "jugarr"a los de "prrimerr" año.
— Lo mismo acá — dijo con voz queda el muchacho de ojos negros.
— ¡Chicos, chicos, a prepararse! —pronunció el capitán de Slytherin, Hugh Duvall, de séptimo año, un chico corpulento y de cara hosca. El resto del equipo dejó el desayuno, y salió en tropel detrás del capitán.
— "Serrá" emocionante —dijo Skandar Broadbent, el tercer búlgaro.
— Muchachos, ¡dejen sus desayunos y vayamos a ver el fabuloso partido que nos espera! — gritó Dumbledore levantándose de su butaca. El resto hizo caso, se pararon rápidamente y siguieron a sus profesores jefes, que parecían más nerviosos que los mismos jugadores. Severus alcanzó a ver que la profesora McGonagall con el profesor Mason se miraban orgullosos, pero no asesinamente.
Salieron del cálido castillo y quedaron desnudos ante el cielo nublado y oscuro, haciendo creer a todos que se largaría allover en cualquier momento. Severus echó una mirada a los de Gryffindor para ver si notaba a sus enemigos, pero logró ver solo a Black que algo cantaba, y que algunas muchachas tontitas le celebraban la gracia. Entraron a la cancha y subieron abarrotadamente por las estrechas escaleras que conducían a las gradas. Cada casa se sentó en el lugar que le correspondía. Los búlgaros junto a Snape se sentaron en la primera corrida para ver mejor.
— ¡Buenos días Hogwarts! — gritó Philiph Jordan, el comentarista de tercer año — ¡Ahí se asoman los jugadores de Slytherin, sin cambios, los mismos del año anterior!: ¡Hugh Duvall, Phil Danzig, Alan Collins, Clint Lynn, Boris Karloff, Jimmy Redbone, y Kurt Easwood! ¡Y por el otro lado los fantásti... — la profesora McGonagall le echó una mirada amenazadora al moreno comentarista, y este ahogó la palabra que iba a decir — quiero decir, el equipo de Gryffindor, con una pequeña variabilidad!: ¡El nuevo buscador James Potter!¡Robert Orland…
El cerebro de Severus quedó paralizado. Miró a las gradas de Gryffindor y el corazón se le apretó al ver la felicidad con la que Lupin, Black y Peter saltaban en los tablones, cantando aún la canción. Luego miró a Potter que estaba a punto de montar la escoba con el resto de los jugadores, haciéndoles señas a sus amigos. ¡James Potter buscador! ¡Eso no podía ser! La sangre le hirvió.
...¡COMIENZA EL JUEGO! —gritó nuevamente Jordan, que sacó del ensimismamiento a Severus. James Potter se elevó a una velocidad impactante y envidiable, y salió disparado a rodear la cancha, para ver si divisaba la diminuta snitch. Kurt Easwood lo imitó. "No puedo creerlo" pensó Sev "tiene que ser demasiado bueno ese Potter para que lo hayan metido al equipo de Gryffindor" —Marlon Moore de Gryffindor tiene la pelota, se zambulle entre Collins y Lynn de Slytherin que lo intentan agarrar de la túnica pero no lo logran... Moore se la lanza a Phoenix y Phoenix a Burton... Burton esquiva una Bludger y se le suelta la quaffle que cae en las manos de Danzig, Phil Danzig con una rapidez se dirigea los aros y... ¡Punto para Slytherin! — los verdes plateados celebraron. Potter hizo una mueca de dolor y miró hacia todos lados en busca de la dorada — Kurt Duvall hace tiro de la pelota a Burton, Burton en revancha va a los aros de su equipo contrario para hacer un tanto, pero ¡OH! No le resulta porque le roza una Bludger en las ramas de la escoba y lo desvía; la pelota vuela mágicamente hasta Phoenix, por suerte, que torpemente la suelta... ¡vamos Leones!
— Jordan, si no vas a estar comentando el partido con normalidad, entonces...
— Danzig agarra la quaffle — siguió el muchacho sin hacer caso — ¡veinte a cero para Slytherin!
Los búlgaros aplaudieron con educación ante el tanto de las serpientes. Severus miró a Black que negaba con la cabeza. A los quince minutos próximos Slytherin llevaba 90 puntos y Gryffindor 20. Severus ya le encontraba gracia a eso, reía cada vez que a los Gryffindor se les iba la pelota. Pero de pronto, Potter hizo un giro repentino y bajó en picada hacia el aro central de Gryffindor, Easwood lo siguió pero sin superar la rapidez del muchacho de lentes redondos. Severus también la veía, también veía al pequeño sol de alas blancas que fue encarcelado por la mano derecha de Potter — ¡GANA GRYFFINDOR 170 A 90!
Se escuchó un grito general en las gradas de Gryffindor, y James Potter fue recibido por besos y abrazos por los muchachos de su equipo. Se puso una mano en la cara furioso por la derrota de los Slytherin, con el estómago encogido. A través de los dedos vio que Black junto a Lupin hacían un ridículo vals para celebrar, y Pettigrew aplaudía torpemente. El profesor Mason con la cara sombría murmuró un "Vamos al castillo". Obedecieron todos, deseosos de llegar a la sala común a descansar de los festejos de Gryffindor. Severus, primero que todos, fue el que inauguró la llegada a las puertas del castillo, entró y se fue a la sala común.
— Ese Potter... desgraciado... creído, maldito mimado... — refunfuñaba con puños apretados cuando llegó a la habitación. ¿Cómo le podía haber afectado tanto una simple derrota? ¡Sólo es el comienzo!, pensó tratando de alentarse, pero fue imposible. Estaba celoso, en esos minutos sentía una envidia poderosa, ¡Ah, claro! ¿Por qué Potter y no él? Quizá si se postulara para buscador, o para cualquier puesto del equipo lograría ser tan bueno como él... ¡Pero qué cosas pensaba! ¿Tratar de igualar a Potter? ¡Jamás! ¿Pero por qué se tenía que sentir tan desgraciado por eso? ¿Por qué tenía que ser tan envidioso? ¡Por qué, por qué, por qué! ¡Toda la culpa era de su padre que lo había hecho ser así! Ser un antipático, un niño sin niñez verdadera, ser un envidioso e irónico ¡Pero esa personalidad le hacía ser fuerte! ¿O no? O quizá si fuera un chico simpático y risueño no se llevaría mal con nadie... La puerta se abrió y entraron los cuatro amigos búlgaros casi tan apenados como él.
— De todas "manerras" no "jugarron" mal. Juegan el "trriple" de bien que "nuestrro" ex equipo — dijo Ray Evekret. Severus quitó la cara seria que tenía y se limitó a hacer una sonrisa irónica a sus compañeros.
A la mañana siguiente sabría que se encontraría con la pandillita fastidiosa, pero les haría frente y no se quedaría callado. Se vistió y salió hacia el gran comedor a desayunar, llegó a su mesa y miró a la de Gryffindor, pero aún no se asomaban los otros. Tomó un puñado de cereal que lo vertió en su plato de leche, y cuando iba a meter la cuchara a su boca, una voz le susurró al oído:
— Hola, querido perdedor.
Severus miró hacia el individuo y era Black, como de suponerse, que le sonreía con descaro.
—Vete de aquí — dijo entre dientes.
— Ah, bueno, si eso es lo que quieres, pero, recuerda, no te vas a escapar, solo atrasas las molestias que te daremos — y dicho esto, con semblante de suficiencia, se fue hacia los amigos que lo esperaban con una sonrisa. Potter le hizo un gesto grosero con la mano moviendo sus cejas como de "qué te parece". Por suerte llegaron Álvaro, Nathaniel, Rayy Skandar, que lo rodearon y trataron de charlar con él, pero Severus estaba ocupado de sus pensamientos, en cómo podría atacar a esos mocosos.
Cuando acabó ya, se paró rápidamente diciendo un frió "permiso" y mirando de soslayo a la mesa de Gryffindor. Salió del gran comedor, y cuando logró caminar tres pasos, una voz de arrogancia le gritó.
— ¡Oye! ¿Te pensabas escapar, Grasosito?
— Fíjate que no, Potter —dijo éste volteándose y metiendo la mano en la túnica para agarrar con firmeza la varita, por si las moscas.
— Bueno, para serte franco, no jugaron tan mal, pero ¡les ganamos! O... les gané, mejor dicho... — reconoció Potter alborotándose el cabello y sacando una snitch de juguete, atrapándola increíblemente — Soy admirable, ¿No?
Sirius rió, lo cual no le hizo ninguna gracia a Severus.
— No eres nada admirable, Potter, porque eres un pobre cobarde que no se atreve a molestar sin sus amigos, pero como ya te lo he dicho, eres una simple gallina.
— ¿Ah, sí? — intervino Lupin, mientras Peter se escondía detrás de él — Pues entonces no hay mucha diferencia entre tú y James, porque me imagino que si fuera el revés la historia, tu también atacarías con tu malévolo grupo al más débil.
— Para que sepas, Lupincito — dijo burlonamente — quizá tenga la cara de poco atrevido, pero no lo soy, y los amigos, si es que a eso se les llama amigos —dijo liberándose del sentimiento que tenía hace meses —, no me sirven mucho.
Durante unos segundos se produjo un silencio sepulcral. Potter miró a sus amigos asombrado. Hasta que entonces dijo:
— Bueno, si es así, acordemos un duelo.
— Un duelo... — farfulló Severus pensativamente "El profesor Hemingway ya nos enseñómaldiciones de duelo... no será malo" — Está bien, un duelo, dónde y cuándo.
— Bueno... ¿Lupin, tú que conoces más el castillo, dinos un lugar apropiado? — dijo Potter.
— Este... — balbuceó el niño de pelo castaño — el aula de Binns está siempre vacía.
— ¿Y tú cómo sabes eso? — pregunto Severus perspicazmente.
— Eso a ti no te incumbe — sentenció Black frunciendo el entrecejo.
— ¿A qué hora? — dijo enojosamente Sev.
— A las once en punto — dijo Lupin mirando a todos.
— Ya, pero que les quede claro, Potter y yo, nadie más.
— Si, nadie más, Grasoso.
Severus taladró a cada uno con sus profundos ojos negros, y se fue a las mazmorras, a buscar los libros de Encantamientos, porque la clase ya iba a empezar.
El resto del día pasó ansioso esperando la llegada de las once. En la clasede Botánica poco se pudo concentrar.
— ¡Cuidado, señor Snape! — le espetaba la profesora Tilda Henley al ver que agarraba de mala forma a las Mandrágoras, que chillaban incontrolablemente como bebés diabólicos.
Y por lo mismo se tuvo que disculpar varias veces por las tonteras que hacía.
— Señor Snape — dijo cansinamente la profesora la cuarta vez —, no me está poniendo atención suficiente como lo suele hacer, ¿le sucede algo? ¿Se siente mal?
— No maestra, solo que... estoy distraído, trataré de hacerlo mejor... y el llanto de las mandrágoras me debilita... — mintió.
— ¡Oh, eso tiene arreglo, ponte estas orejeras, son mucho más gruesas que las otras!
El muchacho tuvo que ceder, la profesora Tilda le colocó las dichas orejeras, que no consiguieron hacerlo concentrar, pero ya podía tomar con firmeza a las plantas lloronas.
A la hora de la cena se atrevió a mirar a Potter con complicidad asesina que fue bien respondida por los castaños ojos del muchacho. Disimuló bien lo tratado, los búlgaros no sabían nada, pero podían sospechar algo si Snape no se dormía a la hora que ellos lo hacían, así que no tuvo más remedio que apagar la vela a las nueve y media. Se quedó con los ojos bien abiertos hasta que escuchó cuatro ronquidos de distinto timbre a la vez. Miró su reloj pero no distinguió la hora.
— Lumos — susurró y de la punta de su varita surgió luz. Eran las 10:05, temprano aun para salir, pero mientras, y con sumo, silencio se levantó y se vistió abrigadamente y con la túnica encima. Tardó quince minutos en vestirse, miró a los cuatro niños que dormían roncando libremente sin inmutarse. Bajó a la sala común. En la chimenea ardían llamas que expandían un exquisito calor. Cuando dieron las 10:40 decidió salir a la sala de Binns que quedaba a unos 10 minutos, pero debía de ser cuidadoso de no encontrarse con Pringle. Anduvo sigilosamente en las mazmorras hasta que encontró la escalera que conducía al primer piso... caminó otro pocomás, llegó al segundo piso y empezó a contar las puertas, en la quinta estaba la de Historia de la Magia. Entró y alumbró el lugar. No había nadie y eran casi las once en punto. Sólo quedaban tres minutos y lucharía con ese imbécil de Potter... pasaron cinco minutos y se asomó por la puerta para ver si venía, pero ni rastro de él.... Las 11:15... Severus se aburrió de esperar.
— Cobardes — pensó con fastidio saliendo del aula con rotundidad — se le hizo al muy... Sabía que yo le iba a ganar, es un miedoso, lo único que sabe es alardear de sus patéticos triunfos...
Llegó a la sala común sin problema alguno, y con el mismo sigilo con el que entró se fue a dormir uniéndose a la orquesta de ronquidos.
Soñó que al día siguiente en el desayuno, Potter iba donde Dumbledore y decía en voz alta:
— Director, Snape no se presentó al duelo que acordamos a las once treinta en punto.
— ¿Es cierto eso? -preguntó Dumbledore mirándolo con ira. Severus asentía con la cabeza.
El resto lo apuntaba y le gritaba "¡Cobarde! ¡Cobarde!" y le lanzaban caramelos, cereal, frutas que lo golpeaban en el cuerpo y le causaba dolor...
— Que el público decida — decía el profesor Manson, entonces de pronto, todo el colegio sacó de la nada unas pancartas que decían "¡EXPULSADO!"
— ¡Entonces, eres expulsado! — gritó Dumbledore. Seguía sintiendo dolor en el cuerpo por las cosas que le lanzaban los estudiantes: Abrió los ojos. Estaba tendido en el piso: se había caído de la cama, Miró a sus compañeros que tenían la boca abierta y les caía saliva. Eran las 7:50, o sea, temprano, pero aprovechó de darse un baño. Cuando salió del cuarto de baño los otros cuatro se estaban vistiendo.
— Buenos días "Severrus" — saludó Nathaniel.
— Hola — respondió él secamente.
Los esperó para que bajaran todos juntos a desayunar.
No estaba el grupito en la mesa de Gryffindor. Todos los que estaban ahí miraban el reloj de puntaje de las casas y luego discutían. Algo le pareció raro, y entonces, él también miró hacia allá. Ciento cuarenta y tres puntos tenían. No notó nada extraño hasta que recordó que no podían tener menos de ciento cincuenta por lo del partido ganado. Durante todo el desayuno, ni Black, ni Potter, ni Lupin y Pettigrew, se presenciaron. ¿Qué pasaba? Se preguntó Sev. Hasta que cuando iba en camino a la clase de Pociones comprendió todo. Evans había pasado por su lado con su amiga Ulrich, hablando furiosa con los ojos llorosos.
— ¡Es injusto, Alice! ¡Es injusto que, la mayoría de los puntos que yo gané, se hayan esfumado gracias a cuatro idiotas! ¿Me entiendes?
— Si, Lily, te entiendo... vamos, ya cálmate, recuperaremos esos puntos. Por lo menos ya aprendieron su lección de no andar merodeando por los pasillos a horas no permitidas...
"Entonces Pringle, o algún profesor, los pilló" pensó Severus con una torcida sonrisa cuando se sentaba en el pupitre. Trató varias veces durante el resto del día de ver al cuarteto pero al parecer Potter y Black se habían preocupado de no pavonearse por el colegio porque sabían que medio mundo estaría en su contra.
Ni en el transcurso del tiempo ninguno se molestó en darle explicación a Severus de lo que había sucedido en la noche del supuesto duelo de magos. Pero se aproximaba la Navidad y eso ponía alegres a todos, exceptuando a Severus, quien sabía que no recibiría regalos, aunque él sí enviaría. Compró, con sus ahorros del verano pasado, regalos vía lechuza; para Lucius un detector de Sangre Impuras con una caja de pasteles artesanales de Candys & Titbits, para Michaeluna gran bolsa de golosinas surtidas, y para Stuart igual, a Federic una pluma de Águila con un juego de tintas especiales. Como siempre, tres días antes empezaron a pedir las autorizaciones de los que pasarían las vacacionesde invierno en la casa. Los búlgaros se quedarían ya que no podían volver a Bulgaria por una semana; el viaje no valdría la pena.No contentó mucho a Severus el saber que no iba a poder tener unas tranquilas vacaciones en el colegio, y más se desganó cuando vio que Anna no había entregado autorización, y eso significaba: "Charlatana Navidad", pero algo lo alentaba: Potter y sus secuaces no estarían en esas fechas, seguían avergonzados por la pérdida de 160 puntos, y Evans había tenido varios encontrones con Potter, lo que le ponía de mejor humor.
La mañanadel 25 e diciembre todo el colegio despertó tarde; las vacaciones invernales comenzaban.
— Tú "erres" el que más "rregalos" ha "rrecibido" — informó con voz queda Álvaro, al ver que el montón de Severus era mucho más grande que el de él. Y era cierto, Severus quedó boquiabierto al ver que eran seis paquetes empapelados con vivos colores los que estaban puestos bajo el árbol. El primero era de Polly, que, como siempre le enviaba sabrosas golosinas caseras, el otro pertenecía a Lucius, le mandaba el tomo II del libro de bolsillo de Artes Oscuras; Federic le regaló una túnica de terciopelo negro de Bulgaria. Stuart le obsequió ingredientes especiales y nativos de Bulgaria para pociones, y Michael un paquete de grageas de vainilla, chocolate, frutilla, menta, café y crema. Y el sexto regalo le faltaba por abrir, y era el más grande de todos.Estaba seguro de que no era de Roderick. Rasgó el papel y dentro había otro voluminoso libro forrado de cuero negro quecon letras doradas decía: "Libro de Tenebrismo y Fatales Brebajes". Dejó el libro a un lado y tomó una nota que se había caído, vio la femenina y redonda letra del pergamino y leyó:
Severus Snape:
Sabiendo que tú no me regalarías nada (porque no me conoces, por la tanto, no tendrías porqué hacerlo), de todas maneras te regalo esto, que sé que lo encontrarás interesante. Me perteneció alguna vez, así que disculpa porque sea usado pero procuré mantenerlo en buen estado siempre. Me lo aprendí de memoria, y noté que eres un niño al que le gusta estudiar estas Artes, por eso, ahora es tuyo.
Feliz Navidad
Anna Konnda
A Severus le tembló una ceja. No podía creer que Konnda le hubiera regalado eso. ¡Ese libro a lo menos estaba a cien galeons (aunque no tenía idea, porque no lo había visto a la venta, pero lo imaginaba)! En realidad estaba demente esa niña... mas no se podía hacer el desagradecido con ella, apenas la viera iría a darle las gracias, no sabía cómo, pero era su deber. Miró a Ray que mostraba a Nathaniel un libro que decía: "Quidditch a través de los tiempos", pero en ese instante el Quidditch no valía nada porque con esetremendo libro que tenía él ahora en sus manos, no podía quejarse ni un poquito. Se bañó, se vistió y fue a buscar algún resto de comida del desayuno, pero no quedaban restos, sino que un desayuno abundante y completo ya que todos se habían desperezado hace poco rato. Se sentó al lado de Skandar que ya había bajado y miró hacia la mesa de Ravenclaw, Anna charlaba contenta con Venus Tinery, una muchacha de tercer grado. El estómago protestó por el nerviosismo de un simple "gracias" que tenía que decir, ¡cómo iba a tener vergüenza de algo tan simple como eso! ¡Oh!, bueno, primera vez que tenía que hablarle a una niña tan directamente, pero estaba Venus, y no haría el ridículo delante de ella... A los cinco minutos después, Venus se fue y Anna quedó sola, pero después que terminó su bocadillo se fue del gran comedor. Severus, sin perder tiempo, dejó lo que le restaba de comer y salió tras su búsqueda.
— ¡Eh, Anna! — voceó temblorosamente cuando llegó al corredor. La muchacha se dio vuelta y lo observó.
— ¡Hola! — correspondió ella sin moverse.
— Este... — se acercó a ella danzo trancos — Oye, Konnda...
— Anna — repuso ella sin alterarse mirándolo intensamente a los ojos.
Severus sentía que estaba moviendo mucho las manos, y eso que no explicaba nada todavía.
— Anna... en serio, te pasaste... quería agradecerte el libro que me obsequiaste, en verdad, no lo tendrías que haber hecho... gracias — titubeó el chico, y sin saber lo que hacía, se acercó a ella y le dio un rápido beso en la pálida y suave piel de la mejilla de la niña, que no se perturbó, se limitó a sonreír y asintió con la cabeza. Severus sentía que la cara le hervía.
— No fue nada, Severus, como ya te dije, me lo sé de memoria, además algunos de mi casa me miraban como bicho raro — Severus pensó "pues lo pareces..." — porque seguramente pensarían que soy del lado malo o algo así, pero primero yo estudio la Arte Oscura y luego investigo la defensa, se me hace más fácil. ¿Tú también haces lo mismo?
— Sí —mintió Severus, no se atrevió a confesarle que él las llegaría a practicar cuando pudiera —, y gracias nuevamente, adiós Anna.
— Hasta luego — dijo y siguió su camino.
¡Había osado a darle un beso! Nunca había besado a alguien, excepto a su madre y a Joahnne, pero esto era completamente distinto. Ella era de su edad, y ni siquiera existía vínculo familiar o amistoso… qué ruborizado estaba. Fue al baño de varones más cercano y se miró al espejo. Tenía las mejillas coloradas, y su piel ya no era cetrina, sino que de un tono salmón. Quiso, en ese mismo momento, contarle a alguien lo ocurrido, pero era una estupidez, no iba a gastar pergamino y tinta para escribirle algo como eso a Lucius, el no lo entendería, nadie lo entendería, era demasiado personal. Se guardó para él ese sentimiento de vergüenza para él solo.
Disfrutando de la tranquilidad del colegio, se leyó casi la mitad del gigantesco libro (tenía 2563 páginas). Leía día y noches completas, sin preocuparse de apagar la vela a las nueve y media, Skandar le había pedido varia veces el libro, pero Severus se negó rotundamente, no quería compartir eso que era tan valioso, quería saber más que ellos, ser superior, un erudito ojalá, pero empezaron a desvanecerse esos sentimientos cuando el bullicio de Hogwarts apareció otra vez. La molesta voz de la sabelotodo de Evans, la arrogancia de los otros cuatro, la sala común de Slytherin repleta por las noches, la cerrazón de tareas continuas, los profesores idiotizados por culpa de los estudiantes, en fin, la rutina de siempre.
— ¡Hola Grasoso! — saludó con sarcasmo Black, antes de que la clase de Encantamientos diera por empezado. Severus gruñó y lo miró dilatando los agujeros de su nariz, conteniendo su ira.
— ¿Cuántos regalos recibiste? — preguntó Potter mimosamente — ¿Una caja de bombones de Lucius hechos por él mismo?
— Cierra tu asquerosa boca Potter, si no quieres que te eche una maldición letal — dijo por lo bajo el muchacho apenas moviendo los labios.
— ¡Ja! Pensé que eras un poco más inteligente, se supone que las maldiciones mortales están prohibidas, cabeza de chorlito — se burló Potter.
— Aquí tu eres el único poco inteligente, Potty,Eres tan tonto como para creer que lo que yo digo es cierto, pero no descartes la idea de que te puedo lanzar maldiciones. Sé muchas, y te aseguro que no es satisfactorio sentir el dolor en tu piel — dijo displicentemente.
El ambiente quedó en silencio cuando el profesor Flitwick entró al aula y se subió a la pila de libros que estabaen la mesa. Severus y Potter se aniquilaron con la mirada y cada uno desvió la vista hacia el profesor.
— Buenos días jóvenes — saludó cordial el maestro —. En esta clase aprenderemos un encantamiento que nos ayuda a mover objetos que no estén a nuestro alcance, ¿alguien puede decirme cómo se llama y como se utiliza?
Evans fue la primera y única en alzar la mano, estaba erguida en su asiento con cara de importancia.
— ¿Dígame, señorita Evans? — dijo el profesor con voz de emoción.
— Es el encantamiento "Mobili" — presumió la jovencita — que se utiliza con palabras del latín extremadamente de antaño, como por ejemplo "Mobiliarbus" que sirve para desplazar un árbol. Se hace un movimiento suave pero directo con la varita, y como prioridad, hay que pronunciar siempre en la forma correcta los conjuros — acabó la pelirroja. La clase completa la quedó mirando, unos asombrados, otros con las cejas alzadas. Narcisa le murmuró algo a su hermana Bellatrix, y Severus simplemente pensó: "es una maldita jactanciosa, jura que ella no más sabe todo".
— ¡Muy bien! — la felicitó el profesor dando un par de aplausos que no fueron acompañados. — Como dijo la pequeña, es el encantamiento Mobiliarbus, que es muy útil, en cualquier momento se verán necesitados a correr un objeto de mayor peso, o que no esté a un alcance.
— ¡Mobiliescritorium! — gritaban todos los alumnos a la vezpara mover las mesas, cinco minutos después de que el profesor terminara de explicar.
A Evans, como era de esperarse, le resultó al primer intento mover su pupitre. Severus lo hizo al tercer intento. Pettigrew erael que más dificultad tenía, la mesa temblaba levemente. Potter y Black lo hicieron en una misma mesa a la vez y esta salió despedida hasta el fondo del salónhaciendo un sonido chirriante. Lupin lo logró a la segunda vez; la primera había dado un salto.Pocos de Slytherin habían superado la prueba de mover los pupitres, solo Severus, Bellatrix, Nathaniel y Ray lo hicieron. Flitwick le sumó cinco puntos al que lo logrará, fuera de la casa que fuese.
Terminó la clase, y a lo que salieron de la sala Severus no pudo contenerse y le habló a Evans:
— Oye, tú, sangre asquerosa, ¿cuándo vas a dejar de presumir? ¿Eso es lo único que sabes hacer?
Ella lo miró amurrada con sus intensos ojos verde esmeralda.
— Estás celoso porque yo soy capaz de razonar y responder, en cambio tu no, maldito cerdo. Lávate el pelo y luego me hablas, me da asco mirarte.
— Y tú, te miras al espejo y vomitas porque no soportas tu imagen, también te bañas en perfume para no sentir tu olor, y tratas de estar siempre resfriada así no olfatear tu putrefacción...
— ¡Prefiero ser sangre sucia antes de ser como tú! — chilló Evans con lágrimas en los ojos apretando los libros fuertemente con ambos brazos.
— ¿Otra vez molestando a Lilian, Snape? ¿No te cansas de molestar? Déjate de fisgonear en su vida que voy a darte un azote que no olvidarás jam...
— ¡Tú también cierra la boca, Potter! — le espetó la niña irritada.
— ¡Por qué siempre lo mismo, Lilian! — se quejó el de lentes circulares — ¡Te defiendo y tú te enojas!
— ¡Me caes mal! — apuntó ella cansinamente.
— Miren, miren, pareja de esposos, a mí no me interesa su relación, pero, ya oíste Potter, déjala en paz, sabe defenderse...ahora vete y déjame pelear con ella — dijo socarronamente Severus.
Como siempre tuvo que ser interrumpida la pelea por alguien: un prefecto de Ravenclaw pasó por el lado de los tres mirándolos con cejas arqueadas. Severus se dio vuelta y se marchó, dejando a los otros dos solos, para que discutieran tranquilos.
La tarde estaba nublada y fría, con condiciones buenas para él, y así dar un paseo, fue a los terrenos del colegio, saliendo por las dos grandes puertas, el vestíbulo estaba desolado, así que nadie lo vio. Respiró el aire puro que llenó sus pulmones e inspiró su soledad. Miró hacia el bosque prohibido, las copas de los árboles se movían todas al mismo ritmo del viento que le calaba los huesos. Se acomodó la bufada verde con gris para que le cubriera mejor el cuello. Miró a su alrededor y se fijó en algo que nunca antes había llamado su atención, ese algo estaba solitario igual que él. Era un árbol, más bien, un sauce de aspecto grotesco, con ramas gruesas. ¿Desde cuando había estado ahí? Parece que del año anterior, pero nunca se había dado cuenta, ¿por qué estaba tan apartado del bosque prohibido? ¿No debería estar en conjunto con los otros árboles? Ahora recordó, Dumbledore dos días después del comienzo de primer año advirtió de que nadie se acercara a ése sauce, era peligroso, y podía herir a alguien. "Lo plantamos, pero cometimos un error, es un árbol agresivo, es un 'Sauce Boxeador', y ahora no lo podemos sacar, sus raíces están muy firmes, pero si tienen cuidado, no les hará ni un rasguño" declaró esa vez Albus Dumbledore. Tuvo el impulso de ir a investigar que hacía ese árbol, mas pensó que su vida era más importante que el capricho de saber cómo hacía el árbol para agredir a las personas.
Pasó media hora aproximadamente ahí, se había sentado en una de las bancas que había detrás de unos arbustos, reflexionó sobre su yo, sobre quién era, sobre que quería... Severus pasaba a otra etapa... Formuló su imagen en el cerebro y se revisó minuciosamente. Había crecido ya, pegado un "estirón" considerable, su cara a no era infantil, ni su cuerpo tampoco, sus pensamientos maduraban, tenía otros fines, tenía otros propósitos... deseaba poder... recordó la voz que cuando más pequeño había oído en el bosque cuando arrancaba de las garras de su padre: "No existe ni el bien ni el mal, sólo el poder", eso era cierto, existía la gente estúpida como Potter y los otros muchachos, pero había gente inteligente, como él, que buscaba más allá de lo que se debe tener, y buscaba venganza, vengarse de su padre...Desde eseinstante se dio cuenta que ya no era el mismo, había sido un estúpido al avergonzarse por besar la mugrosa mejilla de una niña sangre impura "¡sangre impura!"— se redijo — que ni siquiera pertenecía a su casa. Se miró ambas manos "puedo hacer mucho más que lo que demuestro". Pensó en Lucius "el próximo verano iré a verlo, y buscaremos otro destino".Y Dentro de sus pensamientos más oscuros imaginó un mundo sin sangre sucias, un mundo diferente, de un solo régimen, ejercido por un superior, una excelencia, todo justo para los justos y a los que de verdad se lo merecían, muerte a los indeseados y que distorsionaban la tierra, un mundo lleno de verdaderos magos que pudieran realizar grandes hechizos, encantamientos y, sobre todo, maldiciones. Sintió un odio que por un momento ennegreció por completo su mente y su corazón, odio hacia todos, odio hacia su madre incluso, hasta Konnda, que le había regalado el libro perfecto, odió al mundo entero, a Hogwarts, y se hizo las dos típicas preguntas de los niños que estaban a punto o entrando casi a la adolescencia: "¿Quién soy?", "¿Qué estoy haciendo aquí?". Tomó una piedrecilla, la lanzó y decidió cerrar los ojos.