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Historia 25126 — capítulo 1

1

Problemas en los dos Ministerios.

La noche se aproximaba con forme el cielo se camuflaba con un rojo intenso reflejado por la ciudad sobre los techos de las pequeñas casas. Por un momento las desoladas calles parecían extrañar aquella niebla intensa que no dejaba, anteriormente, rostro alguno. Sin embargo el Primer Ministro tenia de otras cosas por preocuparse dentro de su comunidad. Al recibir semejante noticia por parte de anuncios, diarios, personas a las que parecían muy afectadas por el problema, el Ministro decidió hacer lo posible, desde patrullar por las calles hasta ir de casa en casa reclutando información que podría ausentar, por algunos momentos, los asesinatos ocurridos. Pero por mucho esfuerzo que hacia (o parecía hacer),

la gente seguía desplomándose interminablemente.

Un día, pensando por la causa que podía tener aquella masacre, hasta que de pronto, como por arte de magia, el problema podría haber llegado por otra parte, mucho mas allá de lo que el creía saber. De repente, otra idea salto como despendida por su mente. Decidió ponerla en marcha- ¿me e vuelto loco?- si se disponía a hablarle a un cuadro para poder enviar un mensaje por el cual avisaría que le enviaran a la persona encargada del otro Ministerio, debía de estar loco, pero en cuanto volteo a ver al cuadro con desconcierto noto que la personilla robusta lo miraba intentando descifrar lo que pensaba- ¿Qué es lo que quiere?- dijo el cuadro al notar que el Primer Ministro abría la boca y que en cuanto escucho la pregunta directa de cuadro dio un pequeño brinco de susto- me preguntaba si usted podría hacerme un favor- le dijo al instante el Ministro-¿favor? ¿Desde cuando tengo que hacer favores de un muggle?-dijo el cuadro hipócritamente- pero si usted…debo de estar loco…-balbuceo el Ministro-para mandarme a hacer un favor estoy de acuerdo con usted, pero bueno ya me despertó ¿Qué quiere?.- repitió el cuadro tratando de ocultar su enojo-Tan solo me preguntaba si usted podría decirle a… ¿Cuál era su nombre?

  • ¿el ministro de magia Scrimgeour?

  • Si, él mismo.

  • De acuerdo, pero no intente volverme a despertar por una reunión por que le juro que no daré crédito por eso.- el hombrecillo que se encontraba en una silla, desapareció dejando completamente solo al Primer ministro que se acomodo en su silla detrás del escritorio esperando que de aquella vieja chimenea salieran destellos esmeralda para después poder charlar sobre aquel asunto.

El ministro se había percatado de tantos ataques y situaciones alarmantes gracias a los medios de comunicación como lo había echo con los demás asesinatos de otros lugares de Londres. Le hacia temblar la idea de que aquel hechicero volviera a aterrorizar a su ciudad, además, tenia la sensación de que el pueblo se empezara a quejar sobre el ministro.

-Me pregunto si…- el ministro se había percatado de la presencia del ministro de magia sobre la chimenea en la que se veía una figura giratoria que disminuía su velocidad conforme los destellos se apagaban

-¿me hablaba ministro?- pregunto Scrimgeour. El ministro de magia se veía muy viejo pero aun optaba la rigidez que tenia después de ser ministro con excepción de la pierna que le cojeaba, y, para eso, era necesario su bastón.

-si… quería saber si aquellos asesinatos tienen que ver con…-

O si, de nuestra incumbencia dice, pues si. Hemos estado investigando sobre el tema, pero debo de afirmar que es desconocido…- Scrimgeour había interrumpido con noble tono al recibir el comentario nervioso del Primer ministro.

-Pero si usted es el ministro de magia, usted debería tener información de aquel infame que ha estado asesinando gente inocente sin compasión…-declaro el Primer ministro al no tener mayor respuesta-Por favor, Primer ministro, ¿nos esta llamando inútiles? Ya le debería de haber cabido que los magos tenemos mayores dificultades que ustedes-contesto el ministro de magia tomando indiferencia- Aquella persona tiene magia, por si no se a dado cuenta, y es de las mejores. Nos a burlado a los aurores que tenemos en…-

Auro… ¿Qué?-

Aurores, señor, personas especializadas sobre la aprensión o detención de infracción de lar reglas, y de los mejores si se puede tanta modestia-

Bueno, entonces si son de los mejores ya deberían de tener…

  • Pero él también la usa, y como aquí se llagan armas mortales, halla se llaman maldiciones…-

No me diga, ¿también tienen sus problemas de armas?-se burlo el primer ministro que se notaba enfadado sobre el asunto-perdone, Primer ministro, pero si nomás me llamo para ofender a mi gente me puedo ir retirando-

No, no se vaya siéntese.-el Primer ministro señalo a la butaca que tenia frente a su escritorio- ¿desea té?- le pregunto este optando por persona mas agradable- si no es molestia- respondió Scrimgeour mientras dejaba recargado su bastón a un lado de la butaca- bien, ahora que estoy en una posición mas relajada, puedo continuar con mi conversación ¿no?- pregunto el ministro de magia al dejar de hacer un sonido en la taza disimulando beber- Oh, claro, continué, para eso lo llame-exclamo el Primer ministro- bien, como le iba diciendo, los aurores no han podido obtener información que pudiera sacar el paradero de este asesino, pero no se debe preocupar, pues estamos de que no es el-que-no-debía-ser-nombrado…- La noche discurría dejando a su paso el frió aire que rozaba las copas de los árboles oscilando. Los faros se habían prendido y, la cantidad de luces que se distinguían por las otras ventanas de otros edificios alternos, aumentaban con gran facilidad. El Primer ministro no había acabado con la charla de aquel hombre que se hacia llamar por ministro de magia, al parecer deseaba que el termino de esta pesadilla llegara. Recordaba la primera vez que lo visitaron aquellos personajes, primero un hombre bajito con un bombin llamado Fudge, y luego aquel hombre con aspecto febril- ¿aun tiene algún problema sobre como manejamos nuestras leyes, Primer ministro?- pregunto Scrimgeour al notar la escasa de atención que le brindaba su publico- Pues… no tengo intención,

¡Bah!, claro que tengo intención- balbuceo el Primer ministro- Por culpa de su legado en aquel reino ma… ¡no tengo por que mencionarlo!-

Exacto, no tiene-arremetió con firmeza el ofendido pero serio Scrimgeour-Creo que esta platica no ha llegado al desenlace, y, si me permite, tengo asuntos que arreglar con aquel otro reino. Con su permiso señor- pero al parecer tenia las esperanzas de que el Primer ministro siguiera deseando arreglar cuan terrible fuese la ocasión y para no tenerse que despedirse solamente hizo un ademán de levantarse-no entiendo, ¿Qué no quería marcharse?- pregunto indiferente el Primer ministro- hace un rato dijo que no tenia caso ¿o a deseado seguir?-

No es necesario que yo lo pida, usted me lo a pedido, aunque no haya abierto ni una milésima la boca.- se sentó de nuevo y después comenzó a hablar discretamente- Pensara que soy una persona muy… ¿Cuál será la palabra?...-

¿Inteligente?, ¿entrometida?- dijo el Primer ministro de forma ofensiva sin reparar en el elogio y en la ofensa-Tal vez entrometida sea la palabra. Pero si bien, puedo leerle la mente si quiero-

¿Acaso usted?-

Si-

Entonces ¿a que viene tanto alboroto? por que no me leyó la mente-

Por que no tengo intenciones, aparte usted fue el que tenia intenciones de verme.-

Si, tiene razón, pero no me ha dado una por la que deba de sentirme satisfecho. Por la culpa de su gente, la mía tiene que pagar…-

¡no se atreva a llamarnos buenos para nada !- le espetó entre dientes Scrimgeour- ya le he dicho que nosotros hemos intentado despojarnos de aquella plaga insolente, no por tener magia quiera decir que se nos facilite las cosas.- el Primer ministro se le quedo viendo con los ojos casi cerrados con la posibilidad de ver a través de las palabras- Bien, me da gusto que a usted le interese su gente tanto como la mía, y por eso no entiendo por que…-

¿todavía tiene la descares?-

O, no es descaro, le digo que no me siento demasiado alegre por sus asesinos en mi pueblo- el ministro de magia se había percatado de que se encontraba parado y de un tirón fue a caer en la butaca-solamente le pido que haga algo, demasiadamente drástico, no tolerare que una persona que no tiene que ver nada con este mundo, se interponga en mi y en mi gente…-

Bien si ya dejo de insultarme me iré- dijo, de repente sin antes decir el motivo, el ministro de magia- de acuerdo, váyase, pero se lo advierto, si vuelvo a encontrar acontecimientos le juro que-

¡¿Qué?! , ¿me esta amenazando?-

Si, es lo que pretendo-

Pues bien, ¿sabe lo que le respondo?- Scrimgeour se levanto de un tirón y saco su varita con la que apunto al Primer ministro y este, de un brinco, se levanto para poder enfrentarse- ¿pretende embrujarme con ese anticuado artilugio?-

Si eso es lo que usted pide-

Tal vez lo haga, pero no es digno de una persona con una autoridad y una gran carrera por detrás ¿no?- Scrimgeour vacilo por un momento y, en cuanto pudo, bajo su varita y la guardo en su capucha- usted es convincente, pero arrogante, ministro. Pero de momento de lo único que me preocupare es de mi gente- y sin mas preámbulos se aproximo a la chimenea con el bastón fuertemente agarrado y tirando de el haciendo graves sonidos en el frió piso y al tirar los polvos Flu que había sacado del otro lado de su capucha, desapareció con todas las flamas esmeraldas a su alrededor.

A muchos kilómetros de ahí, Scrmigeour había aparecido en su despacho; era un poco espacioso donde se encontraban grandes cortinas en donde se distinguían las luces del exterior. Por otro lado lucia unas alfombras de color marrón con bordados dorados y , hasta el fondo de el cuarto, su escritorio revuelto con plumas, pergaminos (con algunos tachones tratando de disimular su error), algunas manchas de tinta que hacían notar el trabajo de ministro. El ministro de magia se encontraba un poco exhausto y, ayudándose de la hora, hizo un ademán de bostezo y se aproximo a su escritorio pensando en las tareas que le podrían traerle a la mañana siguiente; siempre tenia que administrar los archivos sobre los Accidentes Mágicos a los Muggles, pues, con grave frecuencia, seguían apareciendo. Además, El Torneo de los Tres magos se acercaba ya con 4 años de anticipación y necesitaba escoger el encargado de aquel torneo pues el ultimo, Crouch, había muerto en ese tiempo.

Mas de aquellos trabajos, se encontraba en la situación en la que no debería estar; desde ya hace unos meses tenia planeado unos cuantos días libres para descansar después de tal arduo trabajo, pero todo complico en ese momento. Ya había salido de un enorme problema y ahora se encontraba en otro.

Al igual que el Primer ministro, le llegaban ideas sobre los ataques.- ¿acaso será que a regresado?- se decía con frecuencia pero no tardaban en llegar mas cosas por preocuparse como las ya mencionadas.

Siempre y cuando, soñaba sobre los asuntos de cada mañana y una que otra noche soñaba que el individuo se escapaba como el frió aire de las noches en los dedos de las manos. Una mañana lo despertó la idea de haber visto (por una calle antes de llegar a la cabina de teléfonos que lleva al Ministerio) a millones de archivos volando con diferentes títulos como “¿regreso el-que-no-debe-ser-nombrado?” o “1224 Problemas causados por magos u objetos mágicos”. Nunca se había sentido tan frustrado y tan presionado por asuntos políticos de gran tamaño, pero siempre corría la posibilidad de no volver a ver textos sobre tales asuntos, aunque estos se hallaran con frecuencia en el Profeta y en revistas sobre la Política de la Magia.

Para Scrimgeour:

Se le informa al señor Scrimgeour. La Federación Internacional de Warlocks se a percatado de la charla del día martes 15 de julio

con el Primer ministro de muggles.

Muchos aseguran que tal caso no debería ser juzgado por tal muggle, ya que la situación no le consta a este. Le queremos dar tal aviso pues nos disgusta la manera en la que piensa de darle información. Si tiene tal problema nos encantaría tener una charla y así poder discutir sobre el caso.

Firma: El jefe Warlock del

Wizengamot.

-¡no lo puedo creer!, ahora me dicen que tengo que hacer. Ahora mismo les enviare una carta explicándoles lo que verdaderamente paso… estos viejos Warlocks…-dijo por lo bajo Scrimgeour. Se encontraba en una calida mañana de verano tomándose un té mientras leía de hito en hito aquella carta que le hacia fruncir el seño cada vez que la miraba y sin mas preámbulos comenzó a escribirles la historia dejándose llevar por el pensamiento y sin poner atención si había faltas de ortografía o no.