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Historia 25384 — capítulo 5

Harry despertó con los primeros rayos de sol esa mañana, pero mantuvo los ojos bien cerrados. Sabía que debía mantener los ojos bien cerrados, pues si los abría, descubriría que todo había sido un sueño, y que se encontraba de vuelta en su casa de perro.

- ¡Es hora de levantarse ya muchacho! - una voz llamaba a Harry desde atrás de sus ojos bien cerrados.

- Ese debe ser Mr. Happy, que viene a despertarme - pensó Harry antes de contestar - ¡Está bien ya me levanto!

Harry abrió sus ojos bien cerrados, y se encontró frente a su tío, quien lo esperaba en la puerta de su casa de perro.

- ¡Mierda! - pensó Harry - se suponía que era aquí cuando debía darme cuenta de que todo no había sido un sueño.

- Sígueme - le dijo Mr. Happy, quien mágicamente estaba vestido con un traje y una máscara muy extraña.

Harry, se encogió de hombros, y siguió a su tío hasta la casa, la cual a medida que se acercaban, se iba convirtiendo en una mansión. Dos hombres con máscaras idénticas a la que llevaba Mr. Happy, abrieron la puerta y los recibieron. Sin darse cuenta, Harry estaba de pronto en una sala donde numerosas personas con máscaras participaban en una orgía. En la puerta de la sala, un sujeto joven observaba la escena. Harry decidió acercarse a él.

- Disculpe señor... eh... - preguntó sin saber el nombre de su interlocutor.

- Tom Cruise.- le respondió- ¿En que puedo ayudarte?

- ¿Sabría decirme donde estamos?

- Yo, estoy en una odisea sexual a la cual he sido arrastrado, debido a las confesiones que Nicole Kidman, mi esposa, me ha hecho luego de fumar marihuana. Tú, bueno, tú por censura no deberías estar aquí muchacho, así que abre de una vez esos ojos bien cerrados.

Como Harry era muy obediente, abrió sus ojos, y se encontró tendido en la cima de los alpes, fuera de la casa del abuelo de Heidi. En ese momento, descubrió que había tenido un sueño erótico sobre "Eyes Wide shut" (Ojos Bien Cerrados), y que de no haber abierto los ojos, lo podría haber pasado muy bien, pero ya era demasiado tarde para ello, por lo que decidió observar su alrededor. La cabaña, ya había dejado de moverse, y todo lo que se oía era dos respiraciones entrecortadas que provenían de ella. Al lado de Harry, había una lechuga que contenía una tarjeta y una revista. Harry leyó la tarjeta, decía que la revista era para “Chiquitín Elfeus Helf Hagridtaker”, luego, echó una ojeada a la revista.

- ¡Chiquitín! - gritó Harry, luego de que hubo terminado de leer la revista - te llegó la "Play boy", y la cuenta de la suscripción.

Al instante, Chiquitín salió de la cabaña en bata, fumándose un habano, y arrebató la revista de las manos de Harry.

- Estas cosas no son para ti- exclamó Chiquitín, mientras se ponía una polera, y unos pantalones que tenía guardados en uno de sus bolsillos de la chaqueta de cuero.- Ya hemos perdido mucho tiempo, es hora de que nos dirijamos a Cagon Alley. ¿Sabes nadar?

-No- dijo Harry, algo asustado

-Cagaste entonces…- dijo Chiquitín

-Pero… ¿no podríamos ir en la moto?

-Yo no soy el libretista, es el estúpido, que esta al lado de la cámara 5- dijo Chiquitín, apuntando a un tipo con cara de imbecil, que estaba entre los camarógrafos

-Lo siento…

-Solo atente al libreto

-Eh, si… no se nadar, no se como podría ir…

-¡Que va, hombre! Si eres mi regalón.-le dijo con voz melosa- Te irás en mis hombros… así que… ¡A lapa!

Harry se subió a los hombros de Chiquitín, que para medir 90 cm., tenía mucha fuerza, y llevaba a Harry sin esfuerzo, y se alejaron de la montaña, con las grandes zancadas de Chiquitín, llegaron al lago, nadaron (al menos Chiquitín, Harry tenía la cabeza sobre la superficie), y llegaron a la ciudad.

- ¡Aquí es! - exclamó Chiquitín, mientras observaba su Turistel (mapa turístico, negro ignorante). Llevaban horas dando vueltas a la ciudad, al parecer, el enano no sabía muy bien adonde ir.

- ¿Estás seguro? - preguntó Harry, observando el puesto de churros que había frente a ellos.

- Bueno, tal vez me haya equivocado un poco- dijo Chiquitín, frotándose la barba.

Horas después, Chiquitín por fin pudo dar con el "Freaky Cauldron", un boliche de mala muerte, que tenía una silueta rosada fosforescente de una bailarina en su letrero.

- Ahora conocerás el "Freaky Cauldron", Harry – Chiquitín estaba muy emocionado - este lugar es más famoso que "El Barón Rojo".

Harry y Chiquitín, entraron al lugar. Para ser famoso era bastante oscuro y miserable. Unas pocas ancianas fumaban pitos de marihuana en una esquina del lugar. En la barra, estaba un hombrecito que bebía de una copa, mientras le tendía un billete a una bailarina que bailaba frente a él.

- ¡Chiquitín!- exclamó el cantinero al ver entrar al enano - ¿el privado de siempre?

- Hoy no - dijo Chiquitín, y todos, asombrados, dejaron de hacer lo que estaban haciendo - Estoy aquí por asuntos de Yeguarts. -- luego le susurró en el oído al cantinero - Aunque podrías mandarme a una de las pelirrojas al privado de siempre, más tarde.

- Buen Dios - dijo el cantinero, escudriñando a Harry - ¿Es este... puede ser...?

Chiquitín asintió.	

- Válgame Dios - susurró el cantinero - ¡Eliancito! Has podido escapar de Estados Unidos, que alegría ¿cuándo piensas volver a Cuba?

- ¡Estúpido! ¿Cómo no sabes quién es él? - gritó una anciana que se había acercado, y que se dirigió luego a Harry - ¡Haley Joel Osment! ¿Sigues viendo gente muerta? ¿Cómo ha salido todo con la grabación de "Inteligencia Artificial"?

- Si no pueden reconocerlo será mejor que lo dejen tranquilo - un hombre era el que ahora se acercaba para hablar a Harry - ¡Gokú! ¿Nos salvaras de Piccoro, el Rey de los Demonios?

Y así por largo rato, se fueron sucediendo una serie de personas, que llamaban a Harry, de las más diversas maneras (Pitufo, Filósofo, Bubu, Bill Gates, Dexter, Mr. Bean, Dalai Lama, Shakira, Nemo, Bart Simpsom, y el Grinch entre otros). Hasta que Chiquitín tomó la palabra de nuevo, y dijo en tono teatral:

- Nada de eso, él es Harry Potto.

La excitación desapareció en la cara de las personas, y todos volvieron a lo que estaban haciendo. En ese momento, un joven pálido que llevaba un sombrero de plumas en la cabeza, se acercó a Harry y su acompañante.

- ¡Chi... Chi… Chiqui… Chiquitín! - tartamudeó - ¡Por fin t... te... te encuentro! ¡Me de… debes dinero, maldito lad... lad... ladrón!

- ¡Profesor Silly! – Chiquitín, nervioso, intentó buscar un tema para cambiar la conversación - mira Harry, el profesor Stutterer Silly, te enseñará defensa contra las Artes Oscuras en Yeguarts. Profesor Silly, le presento a Harry Potto ¿Habrá oído hablar de él no?

- Va... vaya, así que este es el famo... famoso Potto - el profesor Silly estrechó la mano de Harry, como si le diera miedo- un gusto conocerlo, supon... supongo que habrá venido a comprar sus mate... sus mate... sus materiales ¿n... no? Respecto a lo que me de... me de... me debes Chiquitín…

- Lo siento profesor, estamos muy apurados- Chiquitín tomó a Harry de un brazo y abandonó el lugar rápidamente - para otra vez será.

El cuidador de Yeguarts entró con Harry a una pequeña habitación que estaba apenas iluminada por una lámpara que colgaba sobre una cama. Las sabanas de estas se movían bastante, como si hubiera algo debajo de ellas. Gemidos diversos resonaban por toda la habitación.

-Privado equivocado - exclamó Chiquitín, antes de salir junto con Harry de la pieza, y abrir la puerta de al lado- Cuídate de el profesor Silly, Harry, recuerda que el es el malo de la historia.

-No Deberías decir eso, no debes adelantar nada de la historia, el autor se puede enojar contigo, y eliminar tu personaje para otro libro, recuerda que estás contratado solo por este.

-Eh… lo siento, Harry

Harry observó la habitación en la que habían entrado. No había en el más que una pared de ladrillos, un tacho de basura y algunas plantas de marihuana.

-Chiquitín- preguntó Harry - ese tal profesor Silly… ¿está siempre tan nervioso?

- Si, bueno es comprensible. Era un tipo brillante hasta que se tomó un año de vacaciones para tener experiencias directas. Dicen que se encontró con los Violadores de Maipú, y vaya que tuvo experiencias directas. Muchas cosas cambiaron en él desde entonces, si me entiendes lo que quiero decir.

Harry recordó el extraño sombrero de plumas de Silly, y se dedicó a ver como Chiquitín contaba los ladrillos de la pared.

- ¡Aquí es! - exclamó el enano, apuntando al suelo.

Harry observó donde Chiquitín estaba apuntando. Había una pequeña madriguera.

- Santo y seña - se oyó una voz que provenía de la madriguera.

- Las lechugas maduran al amanecer – dijo Chiquitín.
  • Y el escorpión canta en la canoa - se escuchó decir a la voz.

  • Amiguitos, les presento a las neuronas

  • Que el parquímetro esta cada día más azul.

  • Hemorroides con melón y sal.

  • Muy bien, déjeme salir para que pueda pasar.

    Harry observó que un extraño ser salía de la madriguera. Parecía ser un conejo, excepto porque tenía un monóculo, vestía una chaqueta, y sujetaba un reloj en su pata delantera derecha, y un paraguas en su pata delantera izquierda.

    • Bien, muchacho, entra - dijo Chiquitín a Harry señalando la madriguera.

    • ¿Quieres que entré ahí? Es demasiado pequeño para mí.

    • Usa el poder de tu imaginación, muchacho.

    • ¡Vamos, niño! - el conejo parecía bastante exasperado - todavía tengo que arreglarme para tomar el té con la Reina de Corazones, y se me hace tarde.

    Harry, decidió entrar en la madriguera, principalmente, para que el conejo dejara de enterrarle el paraguas en la espalda. Gateó para lograr entrar en ella, y de pronto sintió que le faltaba el suelo, y se encontró cayendo por un abismo, rodeado de sillones, roperos, y toda una serie de objetos que no deberían flotar en un abismo, pero que estaban flotando. Poco a poco, la velocidad de su caída fue disminuyendo, hasta que tocó suelo de nuevo. Segundos después, Chiquitín cayó junto a él.

    • ¡Aquí es! – Chiquitín señaló al frente - Cagon Alley.

    Harry miró el callejón que se extendía ante él. Por alguna razón, se le hacía conocido. Miró más detenidamente, y recordó haberlo visto en un reportaje del Mega. Finalmente, lo reconoció.

    • Pero Chiquitín, esto es el Supermercado de la Droga.

    • No me digas que te creíste todo ese cuento - le dijo el enano - el Supermercado de la Droga es solo una fachada que montamos junto con el Director Ejecutivo de Mega Visión S.A., él es un mago también, ¿sabes?.

    • ¿También es mago? - preguntó Harry.

    • Por supuesto. ¿Cómo crees que logra que sus informes de ganancias sean siempre positivos, si no es con magia?

    • No lo había mirado desde ese punto de vista – se dijo Harry a sí mismo.

-Y como este Callejón también es de el, recuerda que “todas las opiniones vertidas en este libro, son responsabilidad exclusiva de quienes la emiten, y no representa necesariamente la opinión del autor de este libro…”

-¿Mejor, que tal si entramos?- interrumpió Harry

Harry y Chiquitín, comenzaron a caminar por Cagon Alley. El sol, brillaba iluminando una pila de ollas en el negocio más cercano. El letrero que colgaba en la entrada de éste, decía claramente: “Calderos, ollas, pailas, sartenes y demás. Todo para su cocina”.
  • ¡Eso es para las mujeres! – exclamó Chiquitín, cuando vio que Harry observaba fijamente las ollas – mejor será que vayamos a buscar dinero, y luego iremos a comprar tus cosas.

Harry decidió tener ocho ojos más. En las tiendas, se veían los más variados tipos de sustancias a la venta. En una de ellas, una señora regordeta exclamaba: “ésta marihuana está cada día más cara, si las cosas siguen así, tendré que hacer un viaje a Ámsterdam para abastecerme”. Un fuerte olor a verdura venía de un negocio con un cartel que decía: “Imperio de la Lechuga, la única sucursal de La Vega, ubicada en Cagon Alley”. En un puesto de revistas, rodeado por adolescentes, se mezclaban revistas pornográficas, con antiguos libros llenos de polvo, aunque eran más bien las primeras las que llamaban la atención de éstos.

  • Gringo’s – dijo Hagridtaker de pronto.

    Habían llegado a un edificio color caqui, que se alzaba sobre los pequeños negocios. De pie en la puerta, llevando una chaqueta azul y un gorro en punta de color rojo, y con una larga barba blanca se encontraba...

    • Si, ese es un gnomo – susurró Chiquitín, mientras cruzaban las puertas del lugar. Luego de caminar un poco más, se encontraron con un segundo par de puertas, esta vez de plata, con unas palabras grabadas encima de ella.

Evitandou a los enemigous, tenemous trolls y mofetas

Con mi gorrou, con mi zorrou

Voy corriendou de aquí para allá, ten cuidadou, no me pises

Si es que estás cogiendou setas, no sea que cometaus, una barbaridad.

Soy siete veces más fuerte que you, muy veloz y, siempre estoy de buen humour.

- Por eso, habría que estar loco para intentar robar aquí – le dijo Chiquitín a Harry, señalando el grabado.

Finalmente, atravesaron las puertas de plata y entraron en un hall de mármol. Numerosos gnomos, estaban detrás de un mostrador escribiendo libros de cuentas, o pesando piedras preciosas. Varios trolls, trasladaban sacos de monedas, a lo que parecía ser una bóveda, mientras algunos zorros y mofetas, entregaban folletos a la gente que entraba al lugar. Fue en ese momento cuando Harry descubrió que no todo lo que había aprendido en la televisión era verdad.

- ¿Can I help you, gentlemans? – les preguntó un gnomo de pronto.

- ¡Yoda! ¿Cómo has estado viejo amigo? – Exclamó Chiquitín, dándole un abrazo al gnomo, con el que casi lo desarma – he venido a retirar un par de cosas. Algo de dinero de la cuenta de los Potto, y cierto material importante de la cuenta del señor Dumbeldore.

- ¿You mean lo-que-tu-sabes-que-yo-se-que-pocos-saben-pero-que-en-fin-todos-saben-que-todos-sabemos? – preguntó el gnomo.

- Tú lo sabes mejor que yo – dijo el guardián de Yeguarts.

- Perdí el hiletion de la conversation – agregó Yoda, mientras se rascaba la cabeza – cada día estoy más viejou.

- No importa –Chiquitín le palmeó la espalda – siempre estarás de buen humor. Ahora llévame a donde haya que ir, para retirar lo que te he pedido.

El gnomo los guió por numerosos pasillos, llenos de cámaras de vigilancia, y gnomos armados con ametralladoras. Finalmente llegaron frente a una puerta blindada.

- ¿Do you have the cart?- Preguntó Yoda

- La tenía en algún lugar –Chiquitín comenzó a registrarse completamente – estoy seguro que... ¡aquí está! – exclamó finalmente, sacándola de entre sus pantalones, y sus calzoncillos

Con cara de asco, Yoda tomó la tarjeta, y la hizo pasar por una ranura en la pared, luego de lo cual, la puerta blindada se abrió. Harry observó, que el interior parecía una pieza de manicomnio, estaba completamente acolchada, y además parecía estar vacía, salvo por el cajero automático que había en un extremo. Fue aquí donde Yoda introdujo nuevamente la tarjeta, y comenzó a pulsar botones.

- Si alguien que no sea un gnomou de Gringo’s try to do esto sería automáticamente electrocutadou – dijo Yoda con una sonrisa maligna.

- ¿Y si fuera alguien a quien no le afectara la electricidad? – preguntó Harry – imagínense si Chispita intentara robarles.

- Eh... buenou... en ese casou... Chiquitín ¿cuál me dijisteu que era la contraseñau de Dumbeldour?

- No te la he dicho. Y ahora que Harry lo menciona…, ¿qué pasaría si Chispita intentara robar aquí? Las balas no la dañarían ¿no?

- ¡La contraseñau! – exclamó Yoda.

- Para ser honesto, no la sé –Chiquitín se encogió de hombros – pero conociendo al señor Dumbeldore... prueba con 6969.

- ¡Eso es ridículou! Un magou seriou como Albert Dumbeldour jamáus usaría... ¡vaya, tenías razóun! –Yoda movió sus dedos rápidamente sobre el tablero, digitando distintos botones. Todo fue tan rápido que lo único que Harry pudo ver en la pantalla, fue las letras que decían “Ahora puede retirar usted-sabe-que-mi-base-de-datos-sabe-que-quien-sabe-cuanta-gente-sabe. Gracias por preferir Gringo’s”.

El gnomo retiró la tarjeta, y un paquete envuelto en papel que había salido del cajero, y se los entregó a Chiquitín.

- Let’s go to Potto’s cámera.

Nuevamente, el gnomo los guió por diversos pasadizos llenos de las mismas cámaras, y los mismos gnomos con ametralladoras, para finalmente llegar a otra puerta blindada. De nuevo, Yoda pidió la tarjeta correspondiente a Chiquitín, y de nuevo, este se demoró buscándola, para de nuevo encontrarla donde había encontrado la anterior, y de nuevo pasársela a Yoda, él que de nuevo la recibió con cara de asco y la introdujo en una ranura (si alguien no entendió puedo explicarlo todo de nuevo).

Pues, dije que nuevamente, el gnomo los guió por diversos pasadizos llenos de las mismas cámaras y los mismos gnomos con ametralladoras, para finalmente llegar a otra puerta blindada. De nuevo, Yoda pidió la tarjeta correspondiente a Chiquitín, y de nuevo este se demoró buscándola, para de nuevo, encontrarla donde había encontrado la anterior, y de nuevo, pasársela a Yoda, él que de nuevo, la recibió con cara de asco, y la introdujo en una ranura ¿cacharon ahora?

La bóveda que Harry tuvo entonces frente a sus ojos, no se diferenciaba de la anterior, salvo por dos detalles. Esta bóveda no estaba acolchada, sino que sus paredes eran de madera. Lo segundo, era que en vez de haber en ella un cajero automático, había una máquina tragamonedas.

- Bien, chico, ve y saca un poco de la fortuna de tus padres, que sin dinero no podemos comprar tus materiales – le dijo Chiquitín a Harry.

Harry se acercó temeroso a la máquina tragamonedas, y jaló la palanca. Las figuras giraron, y giraron, pero cuando se detuvieron, eran todas distintas, y nada pasó.

- ¿Y ahora que? – preguntó Harry.

- Sigue intentandou – le gritó Yoda.

- Está bien- Harry se encogió de hombros y volvió a jalar la palanca, una vez más, pero nada sucedió. Repitió la experiencia numerosas veces, pero las figuras jamás coincidían. Ya cansado, decidió rendirse – esto es imposible. Jamás sacaré ningún dinero de aquí.

- Déjame ayudarte –Chiquitín se acercó, y elevando la máquina tragamonedas, le hizo un PileDriver. Al caer en el suelo, la máquina se hizo pedazos, y miles de monedas salieron de ésta. Harry, se acercó, y tomó una de estas monedas.

- ¡Pero si son monedas de chocolate!

- Son más baratas de producir, pueden circular sin que los muggres sospechen, y además no necesitas gastarlas en chocolate, simplemente te las comes – le dijo un sonriente Chiquitín, para luego agregar – no me digas que no es ingenioso.

Unos diez minutos después, ambos estaban saliendo de Gringo’s. Lo último que escucharon, fue que Yoda les decía a los demás del banco:” Arreglen la seguridad, pour si vieneu chispita”. La verdad, es que podrían haber salido antes, pero a Yoda no le había gustado lo que Chiquitín le había hecho a la máquina tragamonedas, por lo que el Guardián de Ultratumba, debió propinarle un par de machetazos, que lo dejaron en silencio e inconsciente por varios segundos

-¿Y ahora que, Chiquitín?– preguntó Harry.

- Sería bueno que compraras tu uniforme – le dijo señalando una tienda - ¿por qué no vas para allá? Yo, tengo una cita en el Freaky Cauldron, Harry, pero apenas termine con eso, te iré a buscar.

Harry asintió, y se dirigió hacia “Madame Marlekin, túnicas para toda ocasión”, sintiéndose algo nervioso al entrar.

Madame Marlekin, resultó ser un brujo, todo pintado, y con una extraña forma de posicionar las manos; vestido de fucsia.

- ¡Uy! ¡Pero que niño tan bello! – exclamó cuando Harry entró – de seguro quieres un traje para modelar en algún desfile ¿no?

- Necesito un uniforme para Yeguarts.

- ¡OH! Ya veo – Madame Marlekin, que le estaba pellizcando una mejilla a Harry, comenzó a caminar hacia los vestidores, moviendo la cintura de uno a otro lado – Ven por aquí, de hecho, tengo en este mismo momento, a otro alumno de Yeguarts.

Harry se cuestionó, si era prudente entrar a un vestidor con un sujeto tan extraño, pero finalmente decidió seguirlo.

En el vestidor, otro chico de rostro pálido y puntiagudo, estaba parado sobre un escabel, mientras otro brujo travesti, le tomaba las medidas. Madame Marlekin, puso a Harry en un escabel al lado del otro muchacho, y le comenzó a tomar sus medidas.

- Creo que tengo una túnica perfecta para ti, en la bodega– dijo Madame Marlekin, cuando hubo terminado de medir a Harry - ¿quieres acompañarme a buscarla?- dijo, estirando su mano, para que Harry la cogiera

- Prefiero esperar aquí.

- Está bien, mientras más difíciles, más me gustan. ¡Grrrrr!– Madame Marlekin, le guiñó un ojo a Harry, y, abandonó el vestidor.

- Hola – le dijo de pronto el otro muchacho - ¿Yeguarts también?

- Si – respondió Harry.

- Mis padres me enviaron acá mientras iban a emborracharse al Freaky Cauldron. Creo que cuando estén bien borrachos, les pediré algo de dinero para gastar a mi antojo.

Harry no respondió. Estaba muy preocupado de que Madame Marlekin le trajera su túnica, y poder abandonar pronto aquel lugar.

- ¿Juegas algo de Queerditch, siquiera? – continuó el muchacho.

- No- dijo Harry, preguntándose, que rayos era Queerditch

- Mi padre dice que si no me eligen para jugar por mi casa, los meterá a todos en una cámara de gas. ¿Ya sabes a que casa vas a ir? Bueno, nadie lo sabe realmente, pero yo estoy seguro que iré en Sgayfletin. Toda mi familia ha estado ahí. ¿Te imaginas quedar en Pfeifergesselle? Yo creo que me iría de vuelta a mi casa ¿no te parece?

- Mmmmm…- dijo Harry, deseando decir algo más interesante

- Definitivamente, no eres muy conversador que digamos… ¡oye, mira a ese hombre! – exclamó el muchacho, señalando a la vidriera donde se encontraba Chiquitín, con todo el pelo desordenado, y sosteniendo un sostén negro en su mano derecha.

- El es Chiquitín, el Guardián de Ultratumba – dijo Harry, aún esperando su túnica.

- Creo que he oído hablar de él, es uno de esos ridículos luchadores, que se pintan la cara, y se visten con atuendos estrafalarios, para luego hacer peleas de mentira en un ring ¿no?

- ¡Sus peleas no son de mentira! – exclamó Harry

- Está bien, no te exaltes. De todos modos, ¿por qué está él contigo? ¿y tus padres?

- Están muertos – dijo Harry apesumbrado. No tenía ganas de hablar sobre ese tema con ese muchacho

- Ya veo – el muchacho no pareció mostrar compasión en lo más mínimo – pero eran de nuestra raza ¿verdad?

- Eran magos si a eso te refieres.

- Personalmente – continuó el muchacho – creo que no deberían dejar entrar a los otros. Deberían dejar todo en las viejas familias de magos. En ese sentido pienso igual que mi Fürher, sueño con la consolidación de la raza aria. Por cierto… ¿cuál es tu apellido?

En ese momento, entró Madame Marlekin, y le entregó la túnica a Harry. Éste pagó rápidamente, y se bajó del escabel lo antes que pudo.

- Supongo que nos veremos en Yeguarts – le dijo el muchacho antes de que Harry se fuera.

- Muchacho, olvidaste tu boleta – Madame Marlekin le pasó un papel a Harry y luego le susurró al oído – detrás está escrito mi número de teléfono, llámame.

Mientras se dirigían a la siguiente parada, Harry se mantuvo muy silencioso.

- ¿Qué es lo que pasa Harry?- le consultó Chiquitín

- No es nada – dijo, éste mientras, se aguantaba las ganas de vomitar – a propósito Chiquitín… ¿qué son Sgayfletin y Pfeifergesselle?

- Casas del colegio. Hay cuatro. Todos dicen que en Pfeifergesselle son todos estúpidos, pero...

- Entiendo, de seguro quedo en Pfeifergesselle.

- Mejor en Pfeifergesselle que en Sgayfletin –dijo Hagridtaker lúgubremente – no ha habido ninguna bruja o mago malignos que no haya sido de Sgayfletin. Tampoco ha habido nunca un mago homosexual que no haya salido de ahí. El-que-todos-dicen-no-saber-pero-igual-saben-aunque-no-digan-que-saben fue uno de ellos.

-¿De los malvados, o los homosexuales?

- Hasta donde yo sé, tan solo de los malignos –Chiquitín frunció el ceño – pero uno nunca sabe.

Para evitar escribir lo que fue el resto de las compras, por favor imagínense cualquier serie de televisión norteamericana, de adolescentes con plata. Ahora, enfoquen los momentos en que las jóvenes recorren los centros comerciales, cargando numerosas bolsas, y las tarjetas de crédito de sus padres. Ahora cambien a esas adolescentes por Harry y Chiquitín, y lo que obtendrán no tendrá nada que ver con lo que les he estado contando (pero no pueden negar que es una escena bastante cómica ¿no?).

Cuando hubieron salido de la droguería, ya que Chiquitín necesitaba una aspirina (¿y ustedes que creían?), el Guardián de Ultratumba controló de nuevo la lista.

- Bueno, solo nos faltan dos litros de leche, un kilo de arroz, un litro de aceite... ¡rayos! Parece que me equivoqué de lista –Chiquitín se metió la mano en su enmarañado pelo, y comenzó a sacar diversas cosas – No es esto, no es esto, esto tampoco... ¡aquí está! – exclamó Chiquitín cuando finalmente encontró la lista de materiales de Harry. Para entonces, el suelo estaba lleno de las cosas que se había sacado del pelo, entre las que se contaban un par de libros, un teléfono, un jarrón Ming, un chaleco bordado, un perro galgo, entre otras cosas.

- ¿Y ahora qué? – preguntó Harry.

- Solo falta la varilla... OH, si, todavía no te busqué un regalo de Cumpleaños.

Harry sintió que se ruborizaba.

- Tú no tienes que...

- Sé que no tengo que hacerlo. Te diré que será. Te daré un vegetal. No una berenjena, las berenjenas pasaron de moda hace años, se burlarán... y no me gustan los tomates, me hacen estornudar. Te voy a regalar una lechuga. Todos los chicos quieren tener una lechuga, son muy útiles, llevan tu correspondencia y todo lo demás.

Veinte minutos después, estaban saliendo del “Imperio de la Lechuga”. Ahora, Harry llevaba una bolsa con una lechuga verde, que parecía estar en estado vegetal (¡ja ja ja, ese ha estado bueno!). Y no dejó de agradecer el regalo, tartamudeando como el profesor Silly.

- Ni lo menciones – dijo Chiquitín – aunque… ahora que lo pienso, una de mis figuritas de acción, habría estado mejor. Lo importante, es que ahora, lo único que nos queda, es conseguir tu varilla mágica. 

El último negocio de la calle, tenía un aspecto muy limpio, como si hubiera sido limpiado hace poco. Una sola varilla reluciente y brillante se encontraba en la vidriera.

Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo del negocio. Era un lugar pequeño y vació, pero muy limpio y bien cuidado. Sólo el silencio reinaba en aquel lugar.

- Muy bien, ¿qué tenemos aquí? – una voz resonó en la estancia sobresaltando a Harry y Chiquitín. 

De pronto, de detrás de una estantería, pudieron divisar una silueta, la cual avanzó hasta ponerse de cara a la luz que entraba por la vidriera. Harry, pudo observar que la silueta era en realidad un hombre de mediana edad, pelo de color café, al igual que sus bigotes. Llevaba anteojos, una camisa verde y unos pantalones azules. Pero lo más extraño de él, era el curioso tono amarillo de sus manos y su cara.

  • ¡Holi-holilla clientecillos! – les dijo el hombre alegremente – sed bienvenidos a “Varillas Oliflander`s” ¿puedo ayudarlos en algo?

  • Claro que puede – se adelantó Chiquitín.

  • ¡Jesús, María y José! – gritó Oliflander`s – Si es Chiquitín, todavía te recuerdo cuando tirabas piedras en mis vidrieras. Pero, supongo,- dijo, acomodándose las gafas- que después de que te expulsaron, ya no podrás haberlo seguido haciendo ¿no? Bien merecido te lo tenías, por tus herejías.

  • No estoy aquí por mi, Oliflander`s, necesitamos una varilla para este niño.

  • ¿Y éste quien es? Se parece al niño de “La Profecía” – luego, agregó, horrorizado, al ver el código de barras en la frente de Harry - ¡Es el signo de la bestia! ¡Dios nos libre!

Casi en un estado de shock, Oliflander`s, comenzó a correr desesperado por la tienda, frente a la mirada atónita de Harry. Fueron necesarios, no uno, sino que dos PileDrivers, para tranquilizarlo lo suficiente.

  • Está bien, está bien – dijo ya más calmado – le venderé una varilla, y que el cielo me perdone ¿eres diestro?

  • Sí – contestó Harry.

  • Bueno, eso no importa – Oliflanders comenzó a medir a Harry – todas las varillas Oliflanders son para zurdos, así que tendrás que aprender a usarla con la mano izquierda. Es más, yo mismo, antes poseía un negocio con artículos solo para zurdos, pero eso ya es otra historia.

Harry, observó, que mientras Oliflander`s hablaba, se había ido a buscar algo en los estantes, pero que aún así, la cinta seguía midiéndolo. Una segunda observación más minuciosa, le permitió a Harry darse cuenta de que la cinta métrica no se movía sola, sino que dos niños, también amarillos y de pelo café ondulado, se estaban encargando de ella.

  • Muy bien, Todd, Rodd, ya está bien – dijo finalmente Oliflander`s, mientras llevaba una varilla de papel reciclado, donde Harry, a la vez que los dos niños salían de la estancia con la cinta métrica – prueba esta muchacho, papel reciclado, vómito de sapo, 30 centímetros.

Harry agitó la varilla en el aire, pero nada logró.

  • Prueba con esta – casi tan rápido como Oliflander`s le quitó la varilla, le puso otra en la mano – cuero sintético, lagañas de lagarto, 20 centímetros.

Harry volvió a mover la varilla, pero antes de que pudiera siquiera sentirse estúpido, Oliflander`s ya le había puesto otra varilla.

  • Vaya clientecillo dificilillo – Oliflander`s parecía feliz con la situación – veamos, intenta con esta.

Harry no tuvo tiempo ni para pensar cuando ya se encontraba agitando otra varilla. La diferencia, es que ésta parecía ser de plástico, y tenía una estrellita brillante en la punta.

  • ¿Y esto que se supone que es? – preguntó.-

  • Plástico, poliuretano, 25 centímetros, hecha en Taiwán – Oliflander`s se veía extrañado – pero no recuerdo que hayamos encargado... quiero decir fabricado aquí, ninguna de éstas. ¡Ah! Seguramente, debe ser de alguno de mis hijillos, de cuando interpretan pasajes de la Biblia. Mejor trata con esta.

Harry, siguió agitando varillas durante toda la tarde. Poco a poco, comenzaron a acumularse en un rincón, y Harry comenzó a cansarse. Chiquitín, tuvo tiempo de hacer no una, sino dos nuevas visitas a su privado de siempre, en el “Freaky Cauldron”, y hasta el mismo señor Oliflander`s parecía haber perdido su habitual optimismo.

  • Está bien muchacho, tal vez esta te sirva. Plástico, hoja de repollo, 28 centímetros.

Harry tomó esta nueva varilla, sin mucho ánimo, pero de pronto, comenzó a sentir un extraño calor en sus dedos. Antes de que pudiera hacer nada, una especie de bola de fuego salió de la varilla, y comenzó a rebotar por todo el lugar, provocando que todos debieran agacharse. Finalmente, la bola de fuego se internó en una habitación, y todos pudieron escuchar el sonido de una explosión.

  • Por fin – exclamó Chiquitín– ahora se lo que siente la gente cuando vamos a comerciales.

  • Es curioso, muy curioso – repetía el señor Oliflander`s.

  • Disculpe señor – preguntó Harry – pero ¿qué es lo curioso?

  • Verás muchacho, recuerdo cada una de las varillas que he vendido, y recuerdo que cuando yo me estaba comiendo el repollo que tenía la hoja que sirve de núcleo para tu varilla, solo dejé 2 hojas, una la usé para tu varilla, y la otra para un termómetro rectal… luego lo hice varilla, claro. Y es curioso, si pensamos que esa varilla, fue la que acabo con la vida de tus padres, y te hizo la cicatriz con forma de mariposa.

  • Entonces esa varilla era de El-que-usted-sabe-que-yo-supe-que-todos-supieron... – Harry estaba muy sorprendido – pero ¿cómo sabe usted quien soy yo y que le pasó a mis padres, si no se lo he dicho?

  • No te extrañes, tengo contactos en Bloomsbury, y en Fox News

-¿Sabe algo de mis padres que valga la pena?-consultó Harry. Quería saber cuanto pudiese de sus padres.

-Recuerdo las varillas de ellos. La de tu madre era de madera de espino, núcleo de guano, 25 cm., la de tu padre, cartón corrugado, cáscara de plátano, 28 cm., especial para transformaciones. Te digo esto, por que, mas adelante, será fundamental para la historia, recuerda que tu padre era ani-vago.

-¡Ssssssssshhhhhhh…!- le calló Harry- No adelante la historia, de eso me entero en el libro 3.

-¡OH, tienes la razónsirigilla!- dijo Oliflander`s

Luego de que Chiquitín le hubo pagado a Oliflander`s, él y Harry se alejaron del lugar. Cuando ya se encontraban a algunas cuadras, pudieron escuchar a alguien que gritaba algo como “¿Maude? ¿Estás bien Maude? ¡Maude!”, pero no le dieron mayor importancia.

Cuando ya hubo atardecido, Harry y Chiquitín volvieron al mundo muggre. Chiquitín aprovechó de llevar a Harry a comer una hamburguesa, para aprovechar la promoción “McAmigos” de McDonald’s. Luego de que las hubieron comprado, ambos se sentaron en un banco de la calle.

  • ¿Estás bien Harry? Estás muy silencioso – dijo Chiquitín.

Harry no estaba seguro de poder explicarlo. Había tenido el mejor cumpleaños de su vida, y sin embargo masticó su hamburguesa, intentando encontrar las palabras.

  • Bueno – Harry tragó saliva-Chiquitín... la verdad es que... sí, hay algo que me perturba... y es que... ¡tengo un pedo atravesado, y no puedo hacerlo salir!

Chiquitín rió a mandíbula batiente, y cuando hubieron terminado de comer, llevó a Harry hasta la estación del metro, y lo subió a uno. Luego de darle todas las indicaciones para lo que le quedaba de tiempo, y de entregarle su pasaje en tanque para Yeguarts, las puertas del metro se cerraron, y Harry intentó ver a Chiquitín por la ventana, pero este ya había desaparecido