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Atada al Destino — capítulo 32
Habían pasado ya varias semanas desde que Selene aclaró las cosas con Braulio y todo iba mucho mejor. Como su tío le había advertido, su abuelo le había incrementado las horas de entrenamiento, dejándola prácticamente sin tiempo para nada más. La única ventaja es que pasaba más horas con Héctor que con ningún otro entrenador, ya que el manejo de la espada era lo más importante en la nueva destreza que su abuelo pretendía enseñarles.
Con tanto entrenamiento la chica no había tenido tiempo de hablar con Savitri. No habían vuelto a discutir ni para parecido, ni siquiera habían vuelto a cruzar una palabra.
Esa tarde Héctor y ella estaban entrenando en el patio de atrás bajo la atenta mirada de un grupo de curiosos. Llevaban casi una hora luchando sin descanso y eso los tenía a todos atónitos. Nadie, ni siquiera Febo, había sido capaz de soportar el duro ritmo que Héctor imponía. Ambos empezaban a estar cansados, pero la experiencia del muchacho empezó a imponerse. Selene paró un nuevo golpe son su espada. Se revolvió e intentó desarmar a Héctor, pero el chico se anticipó a su estocada y se alejó de la chica. La atacó de nuevo. Ella paró el golpe con dificultad y mantuvo la posición a duras penas. Estaba cansada, le dolía el brazo por el esfuerzo y el peso de la espada y las piernas le temblaban. Él aprovechó todo eso y empezó a imprimir golpes más fuertes y veloces. Selene frena un nuevo golpe, más fuerte que los anteriores, pero no tiene tiempo de reponerse. Al intentar detener la espada del muchacho tropezó y cayó al suelo. Héctor sonrió creyendo tener la victoria, pero Selene no estaba dispuesta a darse por vencida. Cogió un puñado de arena, se la arrojó a los ojos al muchacho y se puso en pie con rapidez. Este, cegado momentáneamente, detuvo la espada de Selene en el último instante. Estaba sorprendido por la agudeza y tozudez de la chica, pero a la vez orgulloso.
-¿Cansado?
-Sabes que no pequeña. Puedo seguir así toda la tarde si es necesario. ¿Y tú? ¿Quieres dejarlo?
-No voy a rendirme si eso es lo que quieres. Venderé cara mi piel.
-A mí no me hace falta comprarla pequeña, la puedo tener cuando quiera.
Atacó tan rápido que Selene no tuvo tiempo de moverse. De un golpe Héctor le arrebató la espada e intentó acorralarla, pero en un acto reflejo fruto del entrenamiento Selene se agachó para luego rodar por el suelo hasta el sitio donde había caído su espada. En pocos segundos estaba de nuevo en pie y en guardia, pero sin fuerzas. Le costaba mantener la espada en alto y el sudor que le corría por la frente empezaba a molestarla. Había llegado el momento dar por finalizado aquel entrenamiento. Con un par de zancadas Héctor se colocó frente a la chica y descargó su espada contra la de Selene. Ella resistió, así que empezó a moverse a su alrededor y a atacarla desde todos los ángulos. Tenía que reconocer que la chica no carecía de reflejos. Paró todos sus golpes, incluso los que eran por la espalda. Cuando él le atacó con un golpe por encima de la cabeza ella tuvo que levantar la espada y fue eso fue lo que aprovechó. Soltó su propia arma y le agarró las muñecas forzándola a quedarse desarmada. Luego le puso las manos en la espalda dejándola inmovilizada entre sus brazos.
-¿Te rindes ahora?
-Nunca.
-Entonces tendré que convencerte ¿no?
-Y ¿cómo piensas hacerlo exactamente?
-¿De verdad quieres saberlo?- la apretó un poco contra él y deslizó las manos de la chica un poco más abajo.
-Héctor para, tenemos público.
-Ríndete.
-Eres un tramposo. Está bien, me rindo, pero la próxima vez no te lo pondré tan fácil. Te ganaré.
Héctor la soltó, recogió ambas espadas y le dio la suya. Juntos entraron a la Base para ducharse y, en el caso de Selene, asistir a su próxima sesión de entrenamiento, pero esta vez con Soray. Las clases con la mujer eran las más relajadas que tenía porque precisamente eran de relajación y control, algo que en ese momento le venía como anillo al dedo.
Héctor en cambio tenía reunión con Braulio. Tuvo que esperarlo durante un rato en su despacho. Mientras estaba allí solo sentado en el despacho pensó en el entrenamiento de hoy. Tenía que reconocer que había estado a punto de ser derrotado. Él era el mejor espadachín que había en la Base y si Selene, con menos de un año de entrenamiento casi había conseguido vencerlo, no quería imaginar de lo que sería capaz con algo más de experiencia. Estaba sumido en sus pensamientos cuando Braulio entró. Parecía más relajado que de costumbre.
-Siento haberte hecho esperar, pero me he entretenido resolviendo algunos asuntos.
-Parece que las cosas van mejor ¿no?
-Sí, últimamente todo va mejor y hemos descubierto algunas cosas nuevas. Pronto pondré al corriente a Selene y Jeff.
-Veo que has entrado en razón, aunque te ha costado.
-Sí, pero no estás aquí para eso. Dime como va todo por la Base.
-En general bien. Todos han estado trabajando duro para reforzar las defensas, hay más vigilancia que antes y más exploradores. Se han intensificado los entrenamientos de los más jóvenes. Todos están colaborando. Todo se está haciendo tal y como tu dijiste.
-Bien, de momento quiero que todo siga así. Daré órdenes para que se trabaje además con la disciplina de los cadetes, es muy importante que no discutan las órdenes y que aprendan a obedecer sin hacer preguntas. Si es necesario se castigará a aquellos que no cumplan lo que se les manda.
-No sé si eso valdrá de algo, puede que con los castigos opten por desertar en vez de obedecer.
-No serán castigos físicos. Les privaremos de algunas cosas, de algunos lujos. Tienen que aprender. Con los más jóvenes tendremos más problemas, pero algunos veteranos también necesitan un repaso.
-¿Quién se ocupará de todo eso?
-He pensado en Zac, Christian y en ti. Sois los que mejor conocéis el funcionamiento de la Base y en quienes más confío.
-Me parece bien, pero no creo que con tanto entrenamiento me quede tiempo para ayudarte en esto.
-¿Cómo lo lleva Selene?- Héctor miró a su superior pensando en mentirle, pero era algo que no tenía sentido.
-¿La verdad? Hoy he tenido serios problemas para derrotarla en el entrenamiento.
-¿A ti? Eso es algo difícil de imaginar.
-Yo he pensado lo mismo, pero así es. Ha mejorado muchísimo, más de lo que pudiera haber imaginado. Es ágil, rápida, precisa y fuerte. E inteligente. Sabe anteponerse a su rival. Solo tengo una pega.
-¿Cuál?
-Está cansada. Es bueno que entrene duro, pero unos días de descanso le vendrían muy bien. Casi no tiene tiempo para dormir, la espada le pesa y le cuesta memorizar mapas y estrategias.
-¿Por qué no me ha dicho nada de eso?
-Por algo relacionado con tu padre según me dijo. No quiere que crea que es débil o yo que sé. No me lo ha explicado bien.
-Creo que lo entiendo. De todas formas te haré caso y le daré unos días de descanso. Tú ya has pensado en algo ¿o me equivoco?
-Algo al aire libre no estaría mal, o tal vez visitar a su familia. Hace ya meses que no va a casa y creo que le gustaría.
-La conoces bien. Creo que no podría estar en mejores manos. Muy bien, le daré una semana de descanso, pero no quiero que deje de practicar, sino le costará luego más trabajo volver a la rutina.
-Yo me encargaré de eso. Ahora voy a ver si ha acabado con Soray, quiero saber cómo le ha ido.
-¿No son sus clases de relajación? Estará bien.
-Normalmente sí, hoy puede que necesite matar a alguien… Aunque espero que no sea así.
-¿Qué habéis hecho?
-Una encerrona. Soray quiere que arregle las cosas con Savitri de una vez por todas, así que… Se tendrán que ver las caras allí.
-Espero que valga de algo. Ya es hora de que vuelvan a estar como antes.
Cuando Selene entró en el aula para la clase con Soray, vio que no era la única que la estaba esperando. Sentada en los cojines que ella misma utilizaba en sus clases, Savitri se quedó mirándola. Era una situación muy tensa para ambas, pero aún más para Soray. La chica entró y se sentó en su sitio de siempre. Ninguna dijo nada durante un rato hasta que Soray rompió el silencio.
-Bien, ninguna de las dos os esperabais esto, pero hemos decidido que ya es hora que arregléis vuestras diferencias por el bien de todos. Ahora es el momento de que os digáis todo lo que tengáis que decir pero con calma. Estamos aquí para arreglar las cosas, no para empeorarlas. ¿Me habéis entendido?-Las dos se miraron y luego asintieron en silencio- Bien, empezamos por Savitri. ¿Qué es, según tú, lo que ha pasado?
La chica miró a su amiga y luego comenzó a hablar buscando siempre las palabras más adecuadas. Selene escuchaba en silencio sin interrumpirla. Estaba de acuerdo con la mayor parte de lo que estaba diciendo la otra, pero no tenía razón en algunas cosas. Las aclararía cuando llegase su turno. Todo se reducía a eso. Esperar el momento de hablar y, aunque estaba deseando contestarle a Savitri, esa era una de sus clases y tenía que hacer lo que le habían enseñado. Cuando su amiga se quedó callada y Soray le dio la palabra pensó bien como empezar a hablar.
-Llevas razón en mucho de lo que has dicho Sav, he pagado contigo muchos de mis enfados sin razón y te pido disculpas por ello. En lo que no estoy de acuerdo es en lo secretos. Nunca he tenido secretos contigo y lo sabes.
-¿Qué me dices de todo lo que te han contado aquí? Dijiste que me pondrías al corriente y todavía estoy esperando.
-Te dije que lo haría, pero cuando fuese necesario. Además tú quieres saberlo todo y eso no puede ser. No porque yo no quiera, sino porque es algo que solo sabemos los miembros de la familia.
-¡Ah! Se me olvidaba que todo queda en familia.
-Si eso fuese así tú no estarías aquí en este momento. Sabes que para mí eres como una hermana pero eso no cambia nada en esta ocasión. Además no puedes culparme solamente a mí de eso. ¿Le has pedido a Jeff que te cuente algo?
-Sí, pero tampoco quiere decirme nada. Es como si pensarais que voy a ir contándolo todo por ahí.
-Piensas que dudamos de ti pero no que lo hacemos para protegerte. Cuanto más sepas más peligro corres. Ya te lo dije una vez Sav, solo por ser mi amiga estás en peligro constante.
-Sé cuidarme sola. Para eso he estado entrenando.
-Por eso dejaron que vinieses a la Base, para que te entrenases y aprendieses a defenderte. Pero si eso no es suficiente para ti puedes irte, volver a casa.
-No quiero eso. Quiero quedarme aquí.
-¿Entonces?
-Lo que quiero es recuperar a mi mejor amiga, que no haya más secretos y que todo esta situación se acabe de una vez. Estoy harta.
-No eres la única, pero podías haberlo demostrado de otra forma.
-Sabes que no soy muy dada al expresionismo, se me da mejor llamar la atención con tonterías.
-Y que lo digas.
-Bueno muchachas, por lo que veo las cosas están ya aclaradas ¿no?
-Casi.
-Bien, os dejo solas. Tenéis más cosas que hablar y yo ya no hago falta aquí. Selene, mañana retomaremos nuestras clases habituales.
-Está bien Soray, gracias.
Salió y las dejó que hablaran tranquilas. Se encontró con Jeff y le hizo un gesto de asentimiento. Las cosas habían salido bien, ahora quedaba por ver cuánto durarían así.
Las dos chicas salieron charlando animadamente, como lo hacían antes de que todo cambiase. Era ya la hora de la cena, por lo que fueron juntas al comedor. En la puerta las estaban esperando Jeff y Héctor. Al verlas llegar de buen humor dedujeron que su plan había funcionado y que ellas por fin habían resuelto sus diferencias.
-Si estáis las dos de una pieza significa que volvéis a ser amigas.
-Nunca hemos dejado de serlo, solamente nos hemos distanciado un poco. Algo normal- era Savitri la que hablaba. Selene los miraba a ambos como evaluando cuál de los dos había tramado aquello.
-¿Entramos a comer o qué? Estoy muerto de hambre.
-Jeff, tú siempre estás hambriento. No entiendo como no has engordado.
-Entrenamiento y ejercicio, gracias a eso mantengo este cuerpo.
-Deja de presumir que no es para tanto. Y entremos ya de una vez, yo también tengo hambre.
Los cuatro entraron y se sentaron en la mesa junto a Braulio. Pronto entablaron una agradable conversación que se prolongó hasta tarde. Era ya algo más de medianoche cuando se fueron a sus habitaciones. Cuando salieron del comedor Braulio entretuvo a Selene para hablar con ella. Héctor se quedó un poco rezagado esperándola.
-¿Pasa algo tío?
-No, tan solo quería decirte que tendrás libre la semana próxima.
-¿Libre? ¿Entera? ¿Es qué pasa algo?
-Creemos que te hace falta un descanso.
-¿Creéis? Ya habéis estado hablando de mí a mis espaldas ¿no?
-Tengo que estar siempre informado de cómo va tu entrenamiento y para tratar esa información tengo que hablar de ti.
-Era tan solo una broma tío. Pero sigo sin saber a qué viene esa semana libre.
-Lo necesitas y eso no puedes negarlo.
-Solo te puedo decir que gracias. ¿Tengo prohibiciones o algo por el estilo?
-Esta vez no. Puedes hacerlo que te venga en gana, pero si lo aceptas te haré una sugerencia.
-Te escucho.
-Ve a ver a tu madre, a las dos os vendrá bien.
Selene sonrió y se fue junto a Héctor. Los dos, como era habitual, se quedaron hablando en la habitación del chico un par de horas. Cuando la chica decidió que era hora de irse él la detuvo.
-Quédate esta noche.
-Héctor, mañana tengo que madrugar.
-¿Y qué? Yo solo quiero que te quedes a pasar aquí la noche, que duermas conmigo y despiertes conmigo. Te echo de menos.
-Estamos casi todo el día juntos.
-Peleando, entrenando…Yo lo que quiero es estar todo el día cubriéndote de besos y caricias- Héctor iba acompañando cada palabra con acciones. La tenía agarrada por la cintura y le besaba el cuello con cariño- ¿qué me dices?
-Está bien, me quedaré. Tienes buenas formas de persuadir a la gente.
-Hm, siempre me salgo con la mía. Es bueno que lo recuerdes pequeña.
-Ten por seguro que no lo volveré a olvidar. Pero si mañana llego tarde al entrenamiento será solo culpa tuya.
-No te preocupes ahora por eso. Deja que disfrute de ti mientras pueda. No todos los días tendré la misma suerte que hoy y quién sabe, a lo mejor tu abuelo me manda al fin del mundo para que no esté contigo por un buen tiempo.
-Ya me encargaré yo de que eso no pase. Convenceré a mi abuelo como sea. Además, no tiene por qué enterarse de que paso tanto tiempo contigo.
-Entonces me quedo más tranquilo. Y ahora, que te parece si dejamos de hablar de tu abuelo. Me interesa más hablar de nosotros.
-A mí también. Sobre todo de lo que haremos en mi semana libre. Seguro que tú ya has planeado algo.
-Supones bien. ¿Te lo cuento ahora o estás demasiado cansada?
-Me puede la curiosidad. Habla.
La pareja se quedó haciendo planes la mayor parte de la noche. Intentaron sacar tiempo para todo, pero al final llegaron a la conclusión que una acampada junto con Jeff y Savitri era la mejor opción. No sabían lo movida que iba a ser esa semana.