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Atada al Destino — capítulo 31

Habían pasado más de tres horas desde que Héctor saliera de la Base. Braulio esperaba ansioso el regreso del chico con su sobrina. Aunque le había prometido a su hijo calmarse, no podía evitar estar preocupado. Él llevaba razón en muchas cosas de las que le había dicho, tenía que dejar de tratar como una niña a Selene, contar más con ella, con los dos. Era hora de hacerlos participes en todo lo que averiguase. Quizás ellos podían resolver sus dudas y ayudarlo. Si, era una buena idea. Tan sumido estaba en sus pensamientos que no vio entrar a la pareja en el patio de la Base.

Selene y Héctor dejaron los caballos y fueron directamente al despacho de Braulio. El rato que habían pasado a solas les había servido a ambos para relajarse y pensar. La chica estaba más calmada y dispuesta a enfrentar a su tío y a quien fuera necesario.

Llamó a la puerta y entro agarrada de la mano de Héctor. Braulio los miró a ambos con desaprobación. Iba a reclamarles su tardanza, pero se tragó las palabras. No quería empezar a discutir, no después de haber tomado la decisión de aclarar las cosas con los muchachos.

-Héctor, déjame solo con mi sobrina por favor.

Ambos hombres se miraron. Braulio sabía lo que estaba pensando el chico y, aunque no le gustaba que se revelase de esa forma, lo entendía.

-Te prometí que no iba a echarle la bronca, así que vete tranquilo.

-Está bien. De todas formas no me iré muy lejos.

Se despidió de Selene con un beso y salió. Como había dicho, no se fue muy lejos, sino que se quedó en el pasillo. No intentó escuchar la conversación, sabía que la chica se lo contaría todo en cuanto saliera, pero estaría atento por si Braulio rompía su promesa.

Dentro del despacho tío y sobrina se evaluaban. Ella sabía lo que venía a continuación, pero estaba dispuesta a revelarse de nuevo si era necesario. Él hacía un esfuerzo por no gritar a la chica.

-Siéntate- señaló uno de los sofás que había en un rincón del despacho y él mismo se  dirigió hacia allí. Aunque aquello le había tomado un poco por sorpresa, la chica no tenía ganas de alargar aquella conversación.

-Acaba cuanto antes.

-Selene, por favor. Te lo estoy pidiendo civilizadamente. Siéntate.

Se sentó sin protestar más. Aún no tenía claro que era lo que su tío pretendía, por lo que su actitud era ante todo defensiva, dispuesta a no quedarse callada ante nada. Notaba que Braulio se estaba conteniendo, seguramente para no gritarle. Ella no estaba dispuesta a romper el hielo, así que esperó a que el hombre le dijese de que iba todo aquello. No estaba preparada para lo que escuchó a continuación.

**-**Ante todo quiero pedirte disculpas por cómo te he tratado estas últimas semanas. Sé que no me he estado portando bien contigo y que te he tratado como si fueses una niña pequeña.

-No acabo de creerme lo que me estás diciendo.

-Pues créelo Selene. Creo que decirte esto es lo más difícil que he hecho en mi vida. No se me da bien reconocer mis errores pero me habéis hecho ver que estaba equivocado. Jeff y tú sois inteligentes, valientes y conocéis más secretos que ningún otro. Pero después de la muerte de Febo lo único que quise fue protegeros a los dos. Sois la única familia que me queda y no quiero que os pase nada. No soportaría perderos a ninguno.

-Tío, tanto Jeff como yo sabemos que nos quieres y yo te lo agradezco, pero esto ha llegado demasiado lejos. Después de lo de Sol todos hemos sufrido y sé que yo principalmente he sido un peligro, pero entiéndeme...

-Eres joven y Febo para ti era un hermano. Sé que lo que él sentía por ti era algo más que amistad, pero aun así os queríais. Comprendo tu afán de vengar su muerte, yo mismo lo he compartido.

-Pero tú has sido capaz de pensar en frío y no dejarte llevar.

-Exacto. Ahí radica mi preocupación. Para ti todo esto ha sido más difícil que para los demás. En estos meses han pasado muchas cosas, demasiadas en tan poco tiempo. Has soportado todo tipo de situaciones y ninguna de ellas ha sido algo sencillo. Me hubiese gustado que todo fuese diferente, más fácil y llevadero.

-Tarde o temprano las cosas habrían pasado de igual manera, pero tienes razón. Maté por primera vez, viví mi primera guerra, vi morir en mis brazos a mi propia sangre... Es más de lo que cualquier otro soportaría...

-Pero tú no eres como los demás y por eso te has sobrepuesto a las adversidades, por eso estás aquí. Espero que algún día puedas perdonarme por haberte puesto en esta situación.

La chica se levantó y se sentó junto a Braulio. Luego lo abrazó. Ambos encontraron consuelo en aquel abrazo. Habían pasado por lo mismo pero en ningún momento habían pensado en apoyarse. Tío y sobrina se habían distanciado hasta ese momento, donde se dieron cuenta que podían confiar el uno en el otro.

-¿Sabes? Me recuerdas a tu madre. Ella siempre encontraba la forma de hacerme entrar en razón y convencerme de hacer las cosas a su modo.

-Al menos tengo algo en común con ella y espero que lo hayas dicho como un cumplido.

-Por supuesto que sí. Y tienes en común muchas más cosas de las que imaginas.

-Me gustaría que me contases más cosas de ella. Quiero conocerla mejor, aunque sea a través de recuerdos.

-Te contaré todo lo que quieras saber, pero primero cuéntame tú que tal con Héctor- Selene lo miró asombrada y se sonrojó- Vamos, no te pongas así, solo quiero saber que tal os va. Ese cabeza loca nunca se ha portado bien con nadie y me sorprende que después de tanto protestar por tener que enseñarte ahora esté así.

-Bueno, nos va bien. Me hace sentir bien y lo más importante es que nos entendemos.

-Jaja, no me puedo creer eso.

-Pues está vez el que tiene que creérselo eres tú. Puede que sea un cabeza loca, pero yo lo quiero así y sí, somos capaces de entendernos.

-Me alegro por vosotros, aunque te pido que no descuides tu entrenamiento. Quizás ahora sea más importante que nunca.

-Descuida, no lo haré. Lo que nos vais a enseñar tiene pinta de ser interesante.

-Respecto a eso, quiero pedirte algo. Ten mucha paciencia con tu abuelo. No está acostumbrado a que le contradigan y siempre se sale con la suya.

-Tío…

-No te estoy pidiendo que lo obedezcas en todo, sino que hagas todo con cuidado. Hazlo bien, entrena duro, esfuérzate y él dejará de fijarse en el resto de cosas.

-Lo dices por algo en especial ¿verdad?

-Por Héctor. A tu abuelo no le cae bien y seguro que intenta que lo veas lo menos posible.

-Eso quiere decir…

-Más trabajo extra, más horas de entrenamiento. Todo lo posible para que no estés con él.

-Hay algo con lo que no cuenta.

-¿Qué?

-También tengo entrenamiento con Héctor y es el principal, por lo que si me añade más horas de entrenamiento, serán más horas con él.

-Creo que en eso no ha pensado, pero no lo hagas muy evidente. Tú quéjate.

-Así lo haré. No tengo ganas de que me limiten aún más la vida.

Braulio sonrió y dio por terminada la conversación. Selene salió y se encontró con Héctor apoyado en la pared. Cuando la miró supuso que las cosas estaban bien. Miró tras la chica y vio a Braulio que le sonreía.

-Cuídala bien, no encontrarás a nadie que te entienda mejor que ella.

-Lo sé.

La pareja se fue dejándolo allí solo. De nuevo tenía que hacer planes y preparar toda la información de la que disponía. Era hora de darles respuestas.

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Se agradecen comentarios. Ea, a disfrutar...