← Historia 25602 · de
Historia 25602 — capítulo 4
DRACO
Draco Malfoy se acercó al edificio de Hermione por la parte trasera. Hacía tres días que se había habituado a ese recorrido. Aún no estaba preparado para hablar con ella, para pedirle explicaciones de todo lo que lo atormentaba, pero tampoco se sentía capaz de estar alejado de Hermione. Por eso acudía a su urbanización, ya fuera de día o de noche, para verla aunque fuera sólo un segundo, como un reflejo en la ventana. No obstante, había obtenido mucho más que eso. Vigilando el edificio cual perro callejero, había llegado a distinguir las más pequeñas señales que se producían en el interior de aquel apartamento. Sobre todo durante la noche, podía ver a contraluz dos figuras que agitaban mucho los brazos, claramente discutiendo. E incluso, la noche anterior, Hermione había salido al balcón que había en su habitación. Durante unos minutos pudo recrearse en la perfección con que la luna sacaba destellos plateados a su piel, la suavidad con la que el viento acariciaba esos cabellos castaños siempre indomables. Amparado en la oscuridad del jardín, se permitió observarla hasta que ella pareció percatarse de su presencia. La vio tratando de escrutar las sombras del exterior, buscando aquello que la hacía sentirse extraña, buscándolo a él. Tal vez ni siquiera se dio cuenta cuando sus miradas se encontraron o quizá sí, porque un brillo delator, como plata fundida, descubrió su paradero. De cualquier modo, no se quedó a averiguarlo.
Y hoy, por fin, había decidido volver a presentarse en su casa. Era muy pronto todavía para tratar de asimilar tantos sucesos, pero no resistía seguir en la incertidumbre. Había tantas cosas que tenía que preguntarle… Giró alrededor del bloque de apartamentos, para atravesar el parque y llegar hasta el portal. Sin embargo, algo que no esperaba, le hizo detenerse.
Vio a Henry sentado en uno de los columpios del parque. Casi sin darse cuenta de lo que hacía, nada más siguiendo un impulso, se acercó y se sentó en el columpio de al lado.
-
Hola – lo saludó el pequeño, levantando la cabeza.
-
Hola, Henry, ¿qué tal estás?
-
No lo sé – respondió con esa sinceridad tan propia de los niños.
-
¿Qué ocurre, tienes algún problema?
-
Ayer oí a mis padres discutir.
“Oíste a tu madre y a tu padrastro”, lo corrigió mentalmente en un inexplicable gesto posesivo.
-
¿Y estás preocupado?
-
¿Crees que es culpa mía? – le preguntó sin rodeos, clavándole sus vivos ojos castaños.
-
Estoy seguro de que no.
El niño ladeó la cabeza y lo miró significativamente. “Demasiado”, pensó Draco.
-
Piensas que yo tengo algo que ver, ¿verdad? ¿Te molesta que haya venido?
-
A mí no me molestas – aclaró despreocupadamente. – Mi mamá está muy feliz desde que llegaste. Mi papá no tanto.
-
Entiendo – fue lo único que se le ocurrió contestar. Estaba asombrado con la perspicacia del pequeño. – Los quieres mucho, ¿no es cierto?
No supo por qué hizo esa pregunta. Hacía una semana ni siquiera se le habría ocurrido ver a Henry como otra persona a tener en cuenta en su conflicto.
-
Pues claro – respondió el chico. – Son mis padres.
-
Está bien que sea así – le sonrió Draco – pero no tienes que quererlos solamente porque sean tus padres. Yo no quería mucho al mío.
Henry lo miró como si hubiese dicho una barbaridad.
-
¿Por qué no?
-
No era muy buen padre. No se preocupaba por mí, no me apreciaba… Al principio lo admiraba, y traté de parecerme a él, pero después me di cuenta de lo poco que le importaba – suspiró con melancolía. – Aunque supongo que su forma de ser me marcó igual, por mucho que tratara de evitarlo.
-
¿Tú tienes hijos?
Se quedó asombrado con la pregunta. Había sido totalmente inocente, por supuesto, así que el pequeño no imaginaba la conmoción que le iba a causar. No podía decirle la verdad, desde luego, pero… ¿iba a mentirle? ¿Quería empezar la relación con él igual que con su madre, con mentiras? Optó por eludir la respuesta.
-
¿Por qué lo preguntas?
-
No creo que seas como tu padre. La mayoría de los mayores ni me miran, pero tú estás hablando aquí conmigo y apenas me conoces. Seguro que eres bueno con tus hijos.
Draco sonrió con tristeza.
-
¿Qué? – preguntó bruscamente Henry, olvidando momentáneamente los buenos modales que le había inculcado Hermione.
-
Tu madre me dijo algo muy parecido, hace años. Que no era como mi padre, y que dejara de intentar serlo.
-
¿Ah, sí? – parecía muy divertido con esa afirmación. – Por cierto, ¿de qué la conoces?
-
Fuimos juntos al colegio.
-
¿Erais amigos? ¿Cómo el señor Potter?
Draco no pudo evitar fruncir el ceño. Tanto tiempo, tantos acontecimientos, y aún seguía actuando de la misma manera al oír ese nombre. Trató de endulzar su mirada antes de responder.
-
No exactamente. Yo no me hablaba con él, y por eso tardé bastante en conocer a tu madre. Ella era su mejor amiga.
-
¿De verdad no te hablabas con él? A mí me pareció muy simpático.
Malfoy se rió.
-
No lo dudo. Ya te he dicho que yo no era muy agradable, sobre todo al principio.
-
Pero a mamá le caías bien – objetó.
-
Sólo cuando me conoció de verdad, y me enseñó lo que estaba haciendo mal.
-
¿Cómo era ella de pequeña?
-
Pues… era muy inteligente, y muy buena estudiante. Responsable, buena persona…
-
¿Era divertida? – lo interrumpió. Las otras cualidades no parecían ser de su interés.
-
Mucho. Siempre me hacía reír.
Henry se mostró muy complacido con la respuesta. Lo miró con una sonrisa y Draco pudo ver esa inocencia pintada en sus ojos, exactamente igual a la que solía tener Hermione. Lo observó con atención y se preguntó si habría heredado algo de él. En realidad, era casi igual a Hermione, excepto, quizá el tono de su piel. Era muy blanca, aunque no llegaba a la palidez extrema de su propia tez. ¿Y en el carácter? ¿Habría algo en lo que podría reconocerse?
Entonces, se dio cuenta de lo que estaba pensando. Puede que Henry fuera su hijo biológico, pero él jamás había sido su padre. No le había visto nacer, ni dar sus primeros pasos. No había estado con él cuando empezó a crecer y a tener sus dudas y problemas infantiles. El niño tenía un padre y ése no era él, era Etienne. Inconscientemente, extendió su mano y le acarició el pelo con cariño. ¿Cómo se podía querer tanto a un hijo al que acababa de conocer? ¿Cómo era posible que en tan poco tiempo hubiese nacido en él ese sentimiento de protección?
- Despídeme de tu madre.
Se levantó despacio y se alejó de allí, dispuesto a no interferir más en el matrimonio de Hermione. Le escribiría una carta, explicándole que se había rendido, que no iba a pelear por ella y que le deseaba que fuera feliz. Pensó con ironía que así era como había empezado todo: con una carta. Y así habría de terminar.
Y no lo haría por ella, pues estaba seguro de que lo amaba a él mucho más que a Etienne, y tampoco lo haría por éste, aunque creyese que era un buen hombre dispuesto a darle lo mejor. Lo haría sólo y exclusivamente por el bien de Henry. Por el bien de su hijo.
Mientras tanto y ajenos a todo lo que ocurría fuera, Hermione y Etienne mantenían una acalorada discusión en francés, como tantas veces había ocurrido en los últimos días.
-
¿Qué es lo que quieres, Mione? Estoy empezando a perder la paciencia…
-
¡No sé lo que quiero! – replicó Hermione con voz chillona. – Trato de buscar la solución más adecuada para todos.
-
¿Para todos? Dirás para ti… - soltó Étienne con desprecio. – Dime, ¿qué pretendes hacer sin mí? ¿De qué vas a vivir?
-
Por si no lo recuerdas, Etienne, trabajo – dijo Hermione, indignada.
-
¡Por una miseria! A duras penas te daría para comer… ¿O acaso esperas que ese pordiosero te ayude con los gastos? ¡Si no tiene donde caerse muerto!
-
Deja de insultarlo – pidió, poniéndose muy tiesa – No es ningún muerto de hambre.
-
No tiene dinero, ni trabajo, ni perspectivas de conseguir uno. Es arrogante y orgulloso, y dudo mucho de sus habilidades – enumeró, enfatizando sus palabras al contar con los dedos los supuestos defectos de Malfoy – Yo, personalmente no contrataría a un tipo así jamás.
-
Te equivocas con él – rebatió Hermione con suavidad.
-
¿Ah sí? ¡No tiene un céntimo! No hay más que ver cómo se viste…
-
Tenía mucho más dinero de lo que puedas siquiera imaginar, y renunció a ello por mí. ¡Por mí! – repitió con voz ahogada. - ¿Crees que me importa su estado económico? ¿Que mis dudas pueden deberse a eso?
-
Deberías pensar en ello, tenerlo en cuenta.
-
Si es lo que crees, me parece que ya no hay más que hablar.
-
Cometes un error, Mione. Él nunca te hará feliz.
Hermione dejó escapar una risa amarga. Extendió los brazos, mostrándose al completo.
- Mírame bien, Etienne. ¿Crees que soy feliz ahora?
Su esposo prefirió ignorar el comentario y concentrarse en sus argumentos, que él consideraba lo suficientemente sólidos para retenerla a su lado.
-
Te abandonó, ¿cómo sabes que no lo volverá a hacer?
-
Porque me quiere – aseguró escuetamente.
-
No veo que lo haya demostrado mucho.
-
No lo entiendes, lo ha demostrado con creces.
-
Sí claro – bufó, sarcástico. – Te dejó embarazada y en seis años no se dignó siquiera a aparecer. ¡Yo he estado aquí todo ese tiempo! ¡Yo he cuidado de tu hijo! ¡Yo he pagado la ropa que lleva y la escuela a la que va! ¿Qué es lo que hizo él? ¿Qué ha hecho Malfoy por su hijo?
La puerta de la habitación se abrió de golpe y apareció tras ella Henry, pálido como la cera y con los ojos muy abiertos.
-
¿El señor Malfoy es… es mi padre? – preguntó asombrado.
-
¡Genial! ¡Ya lo sabe todo el mundo!
Draco echó un vistazo a la exigua habitación que había alquilado durante esos días, para comprobar que había recogido todas sus escasas pertenencias. Miró debajo de la cama, por si acaso algún objeto había quedado ahí rezagado, y se arrepintió inmediatamente. Sintió como si la asombrosa colección de polvo y pelusas que se encontraba allí lo atacara. Se levantó deprisa, pero no pudo contener un estornudo, a pesar de que no era alérgico.
- Maldita sea, ¿cuánto hace que no limpian?
Giró en redondo, tratando de asegurarse una vez más de que no le faltaba nada. Desgraciadamente, esa minuciosidad ya empezaba a carecer de sentido, incluso para él. Sabía que no podía postergarlo más así que, emitiendo un suave suspiro, se sentó en una vieja silla y apoyó un papel en la mesa semidestruida por la carcoma. Tomó un bolígrafo - ¡cómo odiaba esos trastos! ¿Por qué los muggles no usaban simples plumas? – y se puso a escribir la que se convertiría en la carta más amarga de su vida.
“Hermione,
¡Cómo me gustaría decirte esto a la cara! Aunque sólo fuese por verte una vez más… Soy un cobarde, pero eso ya lo sabías. Siempre he escogido el camino fácil, en todo lo que he hecho. He tenido muchos años para pensarlo y lo que al principio me pareció un acto noble, valiente y desinteresado, tras muchas reflexiones, comprendí que no era más que una acción desesperada, la única que podía existir. Huir era la única manera de tener la esperanza de que sobrevivieras. Y por desgracia, ni siquiera eso era altruista. Necesitaba saber que el Señor Tenebroso no te perseguiría, al menos no más que a otros, necesitaba tener la ilusión de que tú vivirías, de que tú podrías recordarme tal como era, pues fuiste tú la única en conocerme de verdad. O en hacer que yo me conociera. Como ves, ni siquiera fui lo suficientemente valiente como para arriesgarme a estar cerca de ti, aunque fuese soportando tu odio y desprecio hacia mí, total y justamente merecido.
Fui un cobarde. Debí decirte la verdad antes de que te enteraras de una forma tan horrible. Debí atreverme a mirarte a los ojos y contarte que te había fallado. Debí soportar tu mirada de decepción, en lugar de irme lejos, con la esperanza de que pudieras concederme el perdón cuando muriese. Y es que hasta eso he llegado. ¡Qué bajo caí, cuando mi mayor ambición era conseguir que me perdonaras de un modo tan rastrero! ¡Tratar de obligarte a absolverme sólo por guardar el respeto a un muerto!”
Draco paró un momento y se frotó el puente de la nariz, cerrando los ojos. Escribir eso era lo más difícil que había tenido que hacer hasta entonces, y paradójicamente, le estaba resultando demasiado sencillo. Tal vez porque se estaba yendo por las ramas. Inspiró con fuerza una vez más, y retomó la escritura.
“Pero volví. Y como cobarde que soy no fui capaz de hacer lo que hubiese sido más apropiado. Tenía que haberme arrojado a tus pies, suplicándote clemencia, rogándote que te dignaras a mirarme una vez más a los ojos, y decirte en ese momento que te amo, que te amaré siempre, y que sólo mi amor por ti me mantuvo vivo y cuerdo.
Tú me diste la vida, Hermione, y como es tuya, ahora te la entrego. Por mucho que me duela escribir estas palabras, no volveré a verte, no te buscaré nunca y no sabrás más de mí. Sé que renunciar a la esperanza es peor que morir, pero estoy dispuesto a afrontarlo.
No sabes cuánto me gustaría poder cuidarte, estar a tu lado para siempre, compartirlo todo contigo. Pero no es justo. Me encantaría decir que al fin he comprendido que no merece la pena tratar de separarte de Dupré, pero sería una mentira. ¡Pobre infeliz! Jamás lograría sentirse tan cerca de ti como yo me siento. Te noto respirar cada vez que lo hago yo, oigo tu risa cuando estoy alegre, y veo tus lágrimas cuando las mías recorren mi rostro. Él te quiere, sí, pero es que sería imposible no hacerlo. Puede que hasta crea que te quiere tanto como yo. ¡Maldito iluso! No imagina que eso no es posible. Hay que sufrir mucho y estar mucho tiempo alejado de quien quieres para llegar a sentir un amor como el mío. Y él ha tenido suerte en la vida, te ha encontrado, y tú lo has encontrado. Es algo simple, maravillosamente simple y a la vez, algo excepcional. Muchos no lo logran jamás.
Lo odio, no te imaginas cuánto. Y lo odio porque lo envidio. Lo odio porque deseo lo que tiene y peor aún, deseo lo que ha tenido y lo que tendrá. Te tuvo y te tendrá a ti, y tuvo y tendrá a mi hijo.”
La mano le tembló al escribir esa palabra. Soltó el bolígrafo y se puso en pie, tratando desesperadamente de tranquilizarse. Paseó por la habitación, apartando el pelo hacia atrás una y otra vez, en un acto automático y totalmente inútil. “Vamos, Draco, tienes que terminar esta carta”, se dijo, “¿Cómo serás capaz de irte si ni siquiera puedes acabarla?”. Volvió a sentarse y continuó, dispuesto a no levantar la vista del papel hasta haber trazado el punto final.
“Mi hijo. Esa es la razón de todo. Muy recientemente he descubierto un extraño placer al nombrarlo así en mi mente. Es mi hijo, y probablemente lo único bueno que he creado. Y sobre todo, lo único puro y valioso en más de trescientos años de estirpe Malfoy. Ojalá siga siendo así siempre. Ojalá pueda pensar, allá donde me encuentre, que un hijo mío habita esta tierra, aunque en realidad no sea mi hijo, sino tuyo. Tuyo y de Dupré, pues él ha sido siempre su padre.
Es así, Hermione. Duro, pero cierto. Seis años de buenas acciones no compensan diecisiete de crueldad y malicia. No me merezco ser feliz, pero él sí. Se merece seguir siendo alegre y dichoso, se merece sentirse orgulloso de su padre, y verse alejado de aquel que no podría darle más que recuerdos amargos y pésimos consejos procedentes de nefastas influencias. Yo no valgo nada; estoy roto, vacío por dentro. Lo único que llena este enorme hueco es mi amor por ti, y tal vez ahora, mi amor por él. Pero eso no es suficiente, nunca lo sería. No quiero ponerte en el aprieto de tomar una decisión, puesto que si me eligieras a mí, tal vez te equivocarías. ¿Qué podría entregarte yo, a parte de mi amor incondicional? No tengo nada más. Soy niebla, soy bruma, soy un fantasma.
Cuida de él, Hermione, y trata de ser feliz. Tienes motivos de sobra para serlo…
¡Oh, Merlín! Quiero decirte que me olvides, de verdad que quiero, pero no soy capaz. No deseo que lo hagas, sólo quiero suplicarte para que no lo hagas, para que me recuerdes siempre, como yo te recordaré a ti. ¿Ves como soy un cobarde? Por favor, perdóname. Y si puedes, trata de olvidarme, aunque me duela. Trata de olvidarme, por tu bien.
Y aún me queda un último acto de cobardía. Tendría que decirte esto a la cara. Por primera vez voy a hacer algo totalmente desinteresado, algo que me hará muy desdichado, que incluso me robará la esperanza de que esto mejore, y ni siquiera reúno el valor para decírtelo frente a frente. Lo siento, pero soy un cobarde. Siempre lo seré.
Tuyo, aunque tú ya no seas nunca más mía,
D.M.”
- ¿Es verdad, mamá? ¿El Señor Malfoy es mi padre? – preguntó de nuevo Henry, totalmente aturdido.
Hermione lo miró con lágrimas en los ojos. No podía mentirle, pero, ¿cómo explicarle algo tan sumamente complicado?
-
Sí, cariño. Draco Malfoy es tu padre.
-
Fue por eso… - musitó, como si hubiese comprendido algo doloroso. - ¿Se fue porque no me quería?
-
¡No! – Hermione se arrodilló delante de su hijo, para ponerse a su altura. – Claro que no… Él no sabía que tú ibas a nacer. Ni siquiera yo lo sabía cuando él se fue.
-
¿Por qué se marchó entonces?
Lo miró con afecto y le acarició la suave carita, empapada ahora por lágrimas de incomprensión.
- Es una larga historia, cielo. Pero estoy segura de que te habría querido muchísimo, si no se hubiese ido. Tal vez entonces yo no lo imaginase, pero ahora lo sé.
Henry se llevó una temblorosa mano a la cabeza, acariciando suavemente sus cabellos, rememorando la ternura con la que Draco lo había hecho tan sólo unos minutos antes. Por su parte, Etienne miraba la escena sin saber qué decir. Daba vueltas como una fiera enjaulada. ¿Por qué tenía que haberse enterado? Ahora todo resultaba aún más difícil.
-
Creo que sí me quiere – susurró el niño, mirando al vacío como ido. Repentinamente, salió de su ensoñación y miró a su madre, que estaba a tan solo unos centímetros de él. – Lo vi hoy, mamá. Hablé con él.
-
¿Y dónde está? – preguntó Hermione con suavidad. Estaba asombrada con lo bien que se lo había tomado y no quería alterarlo bajo ninguna circunstancia.
Henry se encogió de hombros.
-
No sé a dónde fue. Me pidió que me despidiera de ti.
-
¿Qué te despidieras? –gritó Etienne, sobresaltando a los dos, que parecían haber olvidado que estaba allí. - ¿Es que planea secuestrarte?
-
No… - negó Henry, moviendo efusivamente la cabeza. – Que me despidiera de mamá por él, de su parte.
Hermione abrió mucho los ojos. Sabía lo que eso significaba. Su corazón, latiendo desbocado, se lo estaba diciendo a gritos. Draco Malfoy iba a marcharse para siempre.
_*_**
Ya sé, ya sé que lo he cortado en el momento más inoportuno, pero después de reflexionar mucho, he decidido no alargar más este capítulo, porque se haría insufrible. El siguiente será el epílogo, (se me han agotado los nombres. Ya veis lo que dan de sí sólo cuatro personajes... XD) y, para darle un cambio de ritmo, se situará cinco años después. No sé cuándo voy a actualizar porque esta semana tengo dos exámenes, uno más a principios de julio, y ni una sola línea escrita (aunque todo pensado ;p). Mientras tanto, aceptaré gustosa vuestros tomatazos o howlers por dejarlo así... Un beso enorme para tod@s y hasta el próximo!