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Historia 25602 — capítulo 3
éTIENNE
- Salut, chérie – dijo Étienne nada más abrir la puerta.
Hermione acudió a su encuentro y, antes siquiera de percatarse, se vio enterrada en un cariñoso abrazo. Su esposo la besó tiernamente en los labios y ella sintió una punzada de culpabilidad en el pecho. No hacía ni cuarenta y ocho horas que había recibido unos besos bien distintos. Levemente azorada, se separó de él y se agachó para abrazar a Henry con todas sus fuerzas. Le acarició suavemente los finos cabellos y lo miró a los ojos.
-
¿Qué tal lo has pasado, cielo?
-
¡Muy bien, mami!
Se echó hacia atrás y lo miró de forma evaluadora.
-
Has crecido – decretó con seguridad, sin tener en cuenta lo absurda que resultaba esa afirmación.
-
Ojalá – musitó el pequeño, agachando la cabeza. – No quiero volver a ser el más pequeño de la clase.
-
Bueno… lo que sí es seguro es que seguirás siendo el más guapo – respondió conmovida antes de darle un sonoro beso.
Ayudó a Étienne a deshacer las maletas, mientras éste le ponía al tanto de todos los pormenores del viaje. Henry interrumpía su relato de vez en cuando, contando sus propias anécdotas e impresiones, como la vez que una paloma coja se acercó hasta el banco en que estaban sentados y él la alimentó con unas migas de pan; o cuando un cliente de su padre estornudó y se le despegó el peluquín que llevaba precariamente colocado sobre la cabeza.
A las ocho en punto, sonó el timbre. Étienne se ofreció para abrir la puerta, ya que Hermione estaba ocupada terminando de preparar la cena, mientras que Henry trataba de ayudarla con más entusiasmo que eficacia. La cara que se le quedó al ver al visitante fue digna de inmortalizar. Aunque al principio había estado un poco preocupado por el hombre que había venido justo antes de su viaje, pronto tuvo otras muchas cosas en las que pensar y se olvidó de él por completo; pero al verlo allí, de nuevo, un desagradable escalofrío recorrió su cuerpo. Le pareció que incluso tenía peor aspecto del que recordaba. Ojeroso y mortalmente pálido, demasiado delgado como para resultar natural, y con una vestimenta extraña y ruinosa. Se quedó mirándolo, incapaz de articular palabra, con la boca ligeramente entreabierta por la sorpresa.
-
Hola – saludó Malfoy con una soltura que resultaba demasiado artificial. – No sé si Hermione lo ha avisado de que venía a cenar…
-
Debió “avégsele” olvidado – musitó Étienne, tratando de disimular su disgusto. – Pase – lo dejó entrar y rápidamente pensó en algo que decir. – Llegamos tan sólo hace unas “hogas”.
-
Lo sé – cortó Draco con frialdad.
Étienne se preguntó cómo se habría enterado, pero después supuso que su mujer se lo habría comentado cuando vino la primera vez, así que no le dio mayor importancia.
- Mione está en la cocina, con notre fils.
Malfoy arrugó la nariz con desagrado. ¿Es que no era capaz de mantener una conversación sin que se le escapara algo en francés? Lo que sospechaba, era un completo idiota. Se adelantó hacia la cocina. No le costó distinguir al niño, tratando de cortar las hojas de lechuga sobre la pequeña mesa, valiéndose de sus diminutas manitas. Disimuladamente, agarró su varita por encima de su capa e hizo un pequeño movimiento. Hermione dio un brinco y se volvió asustada, pues ante sus ojos, el cordero que acababa de sacar del horno había aumentado de tamaño.
-
Draco…
-
Buenas noches, Hermione – la saludó educadamente, guardando las distancias. - ¿No se te habrá olvidado tu invitación para cenar, verdad? Me pareció que tu… “esposo” – remarcó con cierto retintín – parecía sorprendido por mi presencia.
-
Ah… eh, no, no – dijo ella, comprendiendo al instante lo que había ocurrido y siguiéndole la corriente. – Es sólo que… ya sabes, con la emoción de su llegada y eso… eh, sí, se me olvidó comentárselo.
Hermione escondió sus manos bajo el delantal. Hacía tiempo que no se sentía tan nerviosa. ¿Cómo había sido capaz de presentarse allí? Y sin avisarla, siquiera.
Draco sonrió levemente e introdujo la mano en el bolsillo interno de su capa. Extrajo de él un pequeño ramo de jazmines, ignorando deliberadamente la mirada extrañada de Étienne, que parecía tratar de analizar cómo podía haberlo llevado en ese sitio sin que se notase lo más mínimo.
- Esto es para ti – le indicó a Hermione, ofreciéndoselo.
Cuando ella lo aceptó, mirando de reojo a su marido, se volvió hacia el hijo de ambos y lo observó unos segundos, con creciente curiosidad.
-
Hola. ¿Tu nombre era…?
-
Henry – respondió tímidamente el pequeño.
-
También te he traído algo – Henry abrió los ojos con expectación y sonrió de oreja a oreja. – Es un rompecabezas – aclaró, ofreciéndole un amorfo objeto de madera, del tamaño de un puño. – Cuando está resuelto tiene la forma de una serpiente que se muerde la cola.
-
Oh – se le escapó, admirado por el detalle.
Malfoy levantó la vista y se fijó en que Étienne lo miraba atentamente. Sonrió para sus adentros, ya que podía notar el recelo que sentía el hombre flotando en el ambiente.
-
No sabía cuáles son sus gustos, por eso no se me ha ocurrido qué traerle – le dijo arrastrando las palabras. Estaba seguro de que hasta él podía notar su sarcasmo.
-
No tiene “impogtancia”. No tenía “pog” qué “molestagse” – se volvió hacia el niño – “Enrie”, ¿qué se dice?
-
Muchísimas gracias, señor Malfoy.
Hermione observaba a todos los presentes con inquietud. Su hijo parecía muy emocionado con el regalo, y Draco le sonreía sinceramente. Étienne, en cambio, tenía el ceño ligeramente fruncido. Hermione lo conocía lo suficientemente bien para saber que más que enfado, eso denotaba un cierto disgusto. Se sintió peor que nunca, ¿cómo había podido engañarlo? “Déjalo estar”, se dijo. “Si no paras de darle vueltas, acabará dándote algo”. Se obligó a sí misma a sonreír.
- Has llegado justo a tiempo, Draco – dijo con voz animada. – La cena ya está lista.
Étienne y Henry fueron a poner la mesa (en el comedor) y Hermione se quedó sola en la cocina con Malfoy.
-
¿Qué haces aquí? – le preguntó en un susurro apresurado. - ¿Por qué no me avisaste de que ibas a venir?
-
Tú misma me invitaste, ¿recuerdas? – le respondió con una sonrisa insolente. – Sólo que no precisaste cuándo…
-
¡Eres increíble! – bufó, exasperada. – Ten cuidado con lo que vayas a decir. Ellos no saben…
Se interrumpió al ver a su esposo entrar de nuevo.
-
¿Qué te “paguece” si “abgimos” una botella de buen vino, Mione? – se volvió hacia Draco y le guiñó un ojo, en un intento de parecer amistoso. – Así “podgemos iniciag” la típica discusión “acegca” del vino y la “cegveza”.
-
Personalmente, prefiero el whiskey de fuego – replicó Draco con sarcasmo.
-
¿Pardon?
Draco se fijó en la mirada de advertencia de Hermione y comprendió al instante la frase que ella no había alcanzado a terminar. “¿Será posible que no sepan nada del mundo mágico?”, se preguntó asombrado.
-
Decía que prefiero el whiskey. De ése que calienta la garganta como si bebieras fuego.
-
¡Ah! – Étienne sonrió por compromiso, aún un poco confundido, pero no insistió más.
Finalmente, Étienne se salió con la suya, y sirvió el mejor vino tinto que había en la casa. Empezaron a cenar en un incómodo silencio, que Draco no tardó en interrumpir.
-
¡Vaya, Hermione! No conocía tus habilidades en la cocina – el ligero énfasis en las últimas tres palabras hizo que Hermione enrojeciera y lo mirara con censura. Malfoy se rió entre dientes al comprobar su reacción. – Esto está delicioso – completó, conteniendo una carcajada.
-
Gracias.
-
Ahora me arrepiento de no haber aceptado tu invitación antes. Si lo llego a saber, el otro día me quedo a cenar.
Hermione apretó el tenedor con fuerza, conteniéndose para no levantarse (lo tenía enfrente) y clavárselo en una mano. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Por suerte o por desgracia, Étienne intervino en la conversación.
-
Ya hacía mucho que no se veían, ¿“vegdad”? “Espego” que hayan podido “ponegse” al día.
-
Sí, por supuesto. Estuvimos recordando viejos tiempos – respondió Malfoy con malicia.
Hermione se ruborizó hasta la frente y se atragantó con la comida. Étienne se volvió hacia ella sorprendido, y le dio unas suaves palmadas en la espalda.
-
¡Mione! ¿Estás bien?
-
Sí, sí – lo tranquilizó en cuanto pudo, y apuró su copa de un solo trago.
Desde luego… Malfoy no tenía vergüenza. Era aún peor que en sus tiempos de colegio. Trató de mirarlo con odio, pero al ver su falsa sonrisa inocente, se ablandó y, sin pretenderlo, también le sonrió.
El resto de la cena transcurrió en relativa calma, ya que Draco optó por no seguir prodigando sus afilados comentarios, e incluso pudieron mantener una conversación bastante normal.
- Es “hoga” de que te vayas a la cama, “Enrie” – anunció Étienne cuando hubieron terminado, levantándose.
Malfoy no pudo menos que admirar la cortesía de Dupré, quien a todas luces estaba dispuesto a dejarles un momento de intimidad; pero le pareció curiosa la confianza que tenía en él. Si estuviera en su lugar, él no se fiaría de alguien como él mismo. No obstante, el niño evitó inconscientemente que se quedara de nuevo a solas con Hermione.
-
Mamá, acompáñame tú, por favor. ¿Me puedes leer el cuento de “Los tres cerditos”?
-
Está bien – se puso en pie rápidamente, evitando la mirada de Malfoy.
Draco siguió a Hermione y al niño con la vista, hasta que éstos entraron en la habitación. Al percatarse de lo que estaba haciendo, carraspeó ligeramente y se limpió la boca con la servilleta, tratando de disimular. Durante unos segundos, se formó un silencio incómodo, hasta que Étienne, tras beber un nuevo sorbo de vino, se volvió hacia él y le preguntó en su tono amable y reposado:
-
¿Usted también “ega” un “compañego” de colegio de Mione? No “guecuegdo” que lo “nombgase” nunca…
-
Sí, íbamos al mismo colegio – respondió secamente, aunque sentía cierto interés por saber hasta qué punto le había hablado Hermione de Hogwarts. - ¿Conoce a algún antiguo compañero más?
-
Sólo a un tal “Hagy Potteg”. Vino hace unos meses de visita.
-
Claro – murmuró Draco, retorciendo la servilleta entre sus manos. – Tenía que habérmelo imaginado.
-
En “guealidad” Mione no habla mucho de su pasado… - comentó Étienne con cierto pesar. – Hay muchas cosas que todavía no sé de ella – expresó con la mirada perdida, como si no se diera cuenta de que estaba diciéndolo en voz alta. Súbitamente se irguió y sonrió forzadamente. – “Pego” eso es lo “integuesante” en un “matgimonio”, ¿“vegdad”?, “ig” conociéndose poco a poco, y “descubgig” cada vez más cosas que te apasionan de tu “pagueja”… “Veg” día a día lo “magavillosa” que es…
Draco lo miró con envidia. Que amara a Hermione no le suponía ninguna sorpresa. Él jamás había conocido a nadie como ella. Era sencillamente perfecta, aunque hubiese tardado tanto en darse cuenta. No había palabras para expresar todo lo que provocaba en él. Era como una avalancha de sentimientos, que formaban un deseo ferviente e irrefrenable de abrazarla, de sentir su calor, de protegerla de todo mal. Envidiaba a Étienne, sí. Él había estado todos esos años junto a ella, disfrutando de su compañía, de su ternura, de sus caricias… Se volvía loco de sólo pensarlo. ¿Qué derecho tenía ese muggle francés? Jamás había sentido la necesidad vital de estar junto a ella, no podía haber sentido ese dolor al estar alejado de la dueña de sus desvelos. No sabía lo que era comprender que tu corazón ha abandonado por siempre tu cuerpo y está a miles de millas de ti, mientras tú luchas porque nada le ocurra. ¡Dupré no tenía el menor derecho a ser el esposo de Hermione! Él era el que sufría su ausencia; él, el que lloraba en las noches; él, quien se aferraba al recuerdo de su amor para mantenerse con vida en aquel lugar desierto, presa de la más terrible soledad. Era él quien debía su vida a Hermione, a los sentimientos que había despertado en su interior. Y ella le debía mucho más a él.
Le había cambiado completamente; para mejor, tal vez, pero había contraído una deuda con él. Le había impulsado a sacrificarse por ella, a luchar por su vida y por la de sus semejantes, y eso la obligaba a, como mínimo, concederle el perdón. Dupré nunca podría entender los lazos que unían a ambos; pues ese continuo sacrificio, esa angustia y esa forma de recordarla cada día, lo habían ligado irremediablemente a ella. Sus destinos, por mucho que les pesase a terceras personas, estaban marcados por su breve relación y por el duradero amor que sentía Draco. Nunca la olvidaría y jamás la dejaría de querer, y ella lo sabía. Y por eso mismo también lo recordaría para siempre.
-
Los secretos no son buenos en una pareja – terminó diciendo. – Acaban destruyendo la relación.
-
No hablo de “secgetos”, me “guefiego” al “misteguio”, hace que el “integués” se mantenga vivo – replicó Étienne, un tanto confundido por su objeción.
Draco lo miró desde la profundidad de sus ojos grises, tan frío e inexpresivo como acostumbraba, y su voz sonó tan gélida como el propio hielo, igual que si fuera una sentencia mortal:
- El misterio nunca une a dos personas, las separa – el francés le dirigió una mirada extraña, por lo que apostilló: - Yo lo sé muy bien.
Étienne se echó hacia atrás, golpeándose violentamente contra el respaldo de la silla, a todas luces horrorizado. Malfoy no sabía qué podía haber dicho que le resultara tan terrible, así que lo observó confuso mientras éste dirigía una mirada nerviosa a la habitación de Henry, como comprobando que Hermione no fuera a salir todavía de allí.
-
Es usted, ¿verdad? – dijo en un estrangulado susurro. – “Egues” de quien me ha hablado…
-
¿Qué está diciendo? – preguntó, bastante sorprendido por el repentino tuteo.
-
El que la abandonó… Aquél que le mintió y le hizo tanto daño…
Draco alzó las cejas, demasiado asombrado con la noticia como para mantener su postura distante y carente de expresión.
-
¿Qué es lo que sabe de eso?
-
¿Qué estás haciendo aquí? ¿A qué has venido? – Étienne estaba tan alterado que ni si quiera se había dado cuenta de que le hablaba en su lengua materna. En un momento como ese, le resultaba imposible pensar en inglés. No obstante, Draco lo entendía perfectamente, pues dominaba mejor el francés de lo que el muggle podía imaginar.
-
Creo que eso es sólo asunto de Hermione y yo. Si a ella no le molesto aquí, tú no tienes nada que objetar – respondió fríamente, dirigiéndose a él en su propio idioma.
-
No tenías ningún derecho a presentarte aquí. Éramos muy felices antes de que llegaras.
-
Tal vez tú lo eras, pero… ¿y ella? ¿Estás seguro de que ella era tan feliz como tú? ¿Que me había olvidado por completo? ¿Que ya no estaba enamorada de mí? ¿Acaso podrías asegurar que nunca pensaba en mí, en si había muerto o todavía vivía; si estaba sufriendo? ¿Crees que nunca me imaginaba a mí mientras la hacías tuya? Si de verdad piensas eso, si tan seguro estás… ¿por qué te molesta tanto mi presencia?
Dupré arrugó los labios y apretó sus puños con furia, dispuesto a responderle. En ese momento, Hermione salió de la habitación de su hijo y se acercó a ellos.
-
¿Ocurre algo? – preguntó con una media sonrisa, seguramente confundida por la tensión que se mascaba en el ambiente.
-
Nada, chérie. “Ahoga” mismo le había “ofgecido” una copa de “cognac” a Monsieur Malfoy – lo miró con la irritación pintada en sus ojos castaños – “pego” el me ha dicho que tiene que “magchagse”.
-
¡Oh! – dijo simplemente Hermione. - ¿Tan pronto?
Draco esbozó una sonrisa lentamente, casi con crueldad.
-
En realidad… supongo que podría aceptar esa copa – le clavó su burlona mirada a Étienne. – Si todavía está en pie la oferta, claro.
-
“Pog” supuesto – masculló él, apretando los dientes, y se levantó a por ella.
Malfoy ya no estaba acostumbrado a beber. En los últimos años, no había tenido prácticamente ninguna oportunidad, y aunque así hubiese sido, probablemente habría desistido. En general, prefería mantenerse con todos sus sentidos alerta y sobre todo, tener un control total de sí mismo. Y esa noche se demostró que sus recelos no eran para nada infundados. Tal vez, si el alcohol no hubiese hecho mella en su autocontrol, habría sido capaz de evitar formular aquella pregunta que tanto lo atormentaba.
- ¿Por qué te casaste, Hermione? – soltó sin previo aviso. - ¿Fue porque te pedí que rehicieras tu vida o ya lo tenías pensado anteriormente?
Hermione ahogó un grito y lo miró con cara de horror. Durante un segundo pensó que sus sentidos le habían jugado una mala pasada, pero el sonido de un cristal haciéndose añicos la obligó a desviar la vista de Draco, sin darle tiempo a asegurarse de que esa pregunta había sido realizada de verdad. Étienne estaba lívido, y ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que la copa le había resbalado de la mano. Se levantó del sofá (en el que se habían sentado los tres después de la cena) y señaló a Malfoy con un dedo tembloroso.
-
Exijo que se vaya “ahoga” mismo, Mione – soltó, poniendo cuidado en no levantar la voz, para no despertar al niño. – No “quiego vegle” aquí nunca más.
-
¡Étienne! – se asombró Hermione. - ¿Cómo puedes decir algo así? – se puso también en pie y le susurró en francés: - No seas grosero.
El hombre la fulminó con la mirada, y viendo que tenía vía libre para utilizar su idioma, volvió a murmurar:
-
Que se vaya ahora y que no vuelva jamás. Que no se acerque nunca más a nosotros.
-
¿Es que acaso mi opinión no cuenta?
-
Precisamente a ti es a quien menos quiero que se acerque. ¿Acaso has olvidado lo que te hizo? ¿Lo mucho que sufriste por su culpa? ¡No se te ocurra perdonarlo!
-
Eso no es decisión tuya – le recriminó, sin pararse a pensar cómo había averiguado quién era. – Si quiero perdonarlo es cosa mía.
-
¿Por qué habrías de hacerlo? ¿Acaso sientes todavía algo por él?
Hermione se irguió repentinamente y sus ojos destellaron, furiosos; pero no pudo evitar que un tenue rubor se extendiera por sus mejillas.
- ¡Oh, Dios! – gimió Étienne, llevándose las manos a la cabeza. - ¿Es eso? ¿Aún sientes algo? ¿Después de todo lo que pasaste?
Su esposa no respondió. Se quedó mirándolo fijamente, sin atreverse a negar su afirmación, pero tampoco deseando confirmarla. ¡Por Merlín! ¿Cómo podía hacerle esas preguntas? Y más, delante de otra persona, delante de la persona implicada. ¿Había olvidado que Draco estaba sentado en el sofá de su casa?
-
Con más razón ahora, Mione. Debe irse. ¡Irse para siempre y dejarnos en paz!
-
Estás sacando las cosas de quicio, Étienne. No estás siendo nada razonable.
-
¿Razonable? – repitió, indignado. – ¡Creo que he sido demasiado razonable! ¡Debí expulsarlo a patadas de mi casa en cuanto se atrevió a pisarla! ¡En cuanto supe quién era!
“Podrías haberlo intentado”, pensó Draco. Seguía la conversación recostado cómodamente en el asiento, como si todo aquello no fuera con él. No obstante, ardía en deseos de saber en qué iba a terminar la discusión. De repente, era como si todo rastro de alcohol se hubiese esfumado de su sangre.
-
¿Quieres algo irracional, Mione? – prosiguió Étienne. – Pues aquí lo tienes, por primera vez en todo nuestro matrimonio. Por primera vez te voy a pedir algo a ti – su voz se volvió temblorosa, como si estuviera a punto de gritarle o peor, echarse a llorar – y más te vale hacerme caso. Draco Malfoy se irá… ahora mismo.
-
¿Es una amenaza? – preguntó Hermione con lágrimas en los ojos. - ¿Qué es lo que harás si no accedo?
-
No, Mione, es más bien un chantaje – replicó Étienne, con ojos vidriosos. – Elige Mione, y piénsatelo bien: él o yo.
Hermione dio un paso atrás, como si no creyera lo que acababa de oír. Echó un fugaz vistazo a Malfoy, que seguía en el sofá, aunque se había erguido para escuchar mejor su respuesta. En su rostro se podía adivinar la expectación que sentía, y quizá, una gota de esperanza.
-
¿Te lo estás pensando? – preguntó repentinamente Étienne, con voz dolida. - ¿Cómo puedes hacerme algo así? ¿Cuándo te he tratado yo mal? Si te he dado todo de mí… ¿Cómo puedes tener alguna duda? ¿Cómo podrías preferir a este… mugriento?
-
Sé que me lo has dado todo, Étienne, y jamás me has herido – respondió Hermione lentamente, mientras las lágrimas rodaban despacio por sus mejillas. - Draco, en cambio, me insultó y humilló durante seis años, haciéndome la vida imposible. Después me engañó para vengarse de mí, y con sus sucias mentiras hizo que me enamorara de él. Todo el mundo se enteró y se rió de mí cuanto quiso. Y luego me dejó sola y embarazada, para ir en busca de la muerte. Sé que nunca entenderás cómo puedo seguir amándolo, pues ni yo misma lo comprendo, pero así es, y no puedo cambiarlo.
Malfoy, que había permanecido en silencio hasta entonces, tardó unos segundos en asimilar la información. Se puso en pie tan rápidamente que pareció marearse, y se tambaleó con torpeza para no caer al suelo.
-
¿Embarazada? ¿De mí? ¿Acaso Henry es… es… es hijo mío? – tartamudeó, abrumado por la noticia.
-
¡Por favor, Draco! ¡Calcula! ¿Tan pronto creías que me iba a olvidar de ti?
-
Yo… Es tan pequeño… - musitó – Creía que…
-
En noviembre cumplirá siete años – lo cortó, tajante. - Siempre ha sido demasiado bajo para su edad.
Draco dio unos pasos hacia Hermione, olvidándose por completo de la presencia de Étienne.
-
Hermione, yo no sabía… yo no tenía ni idea. ¿Cómo…? ¿Cómo pudo pasar…? – la mujer alzó una ceja con incredulidad. ¿Tenía que explicarle lo de los abejorros y las semillitas? – Quiero decir… ¿tú lo sabías? ¿Lo sabías cuando…?
-
Draco, creo que son muchas preguntas para responder en un solo día. Lo mejor es que ahora te vayas, y que trates de digerirlo tú solo.
Por mucho que desease saber, tuvo que reconocer que tenía razón. Asintió lentamente, cerrando sus ojos plateados para no mirarla, y se dirigió a la salida, sin esperar a que le acompañasen hasta ella.
_*_**
Decidme, ¿os imaginábais algo así? Me ha sorprendido mucho que nadie me preguntara hasta hoy, porque creí que iba a ser vuestra primera suposición. Por cierto, Yedra, vaya vista! El primer día que lo lees y ya lo adivinas!!! Así se hace!
La verdad es que os he dejado unas cuantas pistas (sobre todo en este cap, así que espero que alguno más lo haya captado en el transcurso de la lectura). Os las comento:
-
La canción que Hermione le canta en el primer cap habla de un niño RUBIO y una niña MORENA que estuvieron una vez en un mundo de fantasía al que nunca más pudieron volver. Me pareció una bonita alegoría... no sé a vosotr@s.
-
¿No os pareció curioso que os ocultara DELIBERADAMENTE tanto la edad de Henry como el tiempo que llevaban sin verse Draco y Hermione?
-
Yo, directamente como narradora, nunca he mencionado a Etienne y Henry como padre e hijo, y la única vez que digo algo parecido (en este cap, cuando están en la cocina), está Draco de por medio, y la frase es muy ambigua (comprobadlo!)
-
Y ya en este cap, os menciono que Henry es mucho más pequeño que los niños de su edad, razón por la cual Draco no sospechó que podía ser hijo suyo.
Finalmente, aclarar varias cosas. La razón de que Hermione se alejara de sus amigos y del mundo mágico fue, como supongo habréis adivinado, por culpa de su embarazo. ¡Imagináos la vergüenza que suponía para ella estar esperando un hijo de alguien que-supuestamente-había estado con ella como venganza y que muchos imaginaban del lado de Voldemort!
Me preguntaron por qué razón Hermione se sentía culpable por la vida que llevó Draco. Creo que él sí que entiende esas razones y las explica bastante bien en este cap.
Y ahora, para todos los que preguntaron por el título de Doble venganza (y a los que respondí que podía ser hasta triple), Hermione nos ha dado las razones.
Un beso para tod@s y hasta el próximo cap!!!! Y mientras tanto, para hacer más corta la espera, os recomiendo que paséis por mi nuevo fic, titulado: Tiempo atrás: PASADO (podéis acceder directamente pinchando en mi nick) y cuyo segundo capítulo está al caer. Ciao!