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Historia 25602 — capítulo 2

HERMIONE

La escena al otro lado de la puerta había quedado congelada. Etienne miraba al recién llegado con ojos como platos. Tal vez era debido a la aparición tan repentina e inesperada, o al notorio aspecto de mago que poseía. El hombre retiró la capucha hacia atrás, permitiendo ver su rostro claramente, pero eso no alivió la tensión.

  • ¡Draco! – musitó Hermone. - ¡Creí que estabas muerto!

  • Al parecer se necesita mucho más para matarme, Granger – respondió con voz fría e inexpresiva, arrastrando las palabras.

Etienne se sobresaltó al escuchar el apellido de soltera de su esposa, que ella tanto se había empeñado en borrar, adoptando el suyo en cuanto se casaron.

  • ¿Cómo me has encontrado? – preguntó ella débilmente.

  • Soy mago, ¿recuerdas?

Henry se rió, pensando que era una broma, aunque el rostro del visitante no había variado su expresión. Etienne, sin embargo, no hizo nada. “Mago” (wizard) era una de las palabras en inglés que no se había esforzado en aprender - ¿para qué? – así que no entendió el comentario.

La infantil risa hizo que Draco desviara su vista hacia el niño, al que observó durante unos instantes.

  • Cariño, ¿conoces a este hombre? – preguntó Etienne en francés.

  • Sí, sí, es un viejo amigo – respondió en el mismo idioma.

  • Bien, nosotros tenemos que irnos. “Enrie”, despídete de mamá.

El niño obedeció y le dio un cariñoso abrazo a su madre. Étienne se inclinó sobre su esposa, para darle un beso en la mejilla. Le susurró:

  • Estarás bien, ¿no? ¿No tengo nada que temer? – era una clara alusión al mal aspecto del hombre.

  • No te preocupes. Nunca me haría daño – respondió con una tranquilidad que no sentía.

Satisfecho, Etienne se dio la vuelta, encarando al visitante.

  • Lo siento, la “sogpgesa” me ha hecho “olvidag” mis buenos modales – explicó en su peculiar inglés. – Mi “nombge” es Etienne Dupré.

  • Enchanté – replicó con su sarcasmo característico, aunque sus ojos no centellearon como lo solían hacer antaño. No estrechó la mano que le tendía Etienne.

  • “Enrie”, saluda al señor – pidió, fingiendo que no había notado el desaire.

  • Encantado de conocerlo, Don…, eh, señor. – (N/A: Una pésima traducción de mi idea original. En inglés sería: “Nice to meet you, Mister… er, Sir”.)

  • Mister Malfoy – aclaró Draco, inclinándose para, a él sí, estrecharle la mano.

  • Discúlpenos, s’il vous plaît, pero debemos “ignos”.

Malfoy hizo una leve referencia, echándose hacia atrás, pero no dejo de observar con ojos fríos a su interlocutor.

Hermione contempló a Malfoy incrédula, durante unos instantes que parecieron durar siglos. Estaba casi segura de que en cualquier momento despertaría y descubriría que sólo había sido un sueño. Cuando comprendió que estaba totalmente consciente, le hizo un ademán para invitarlo a entrar. Lo condujo hasta la salita y le indicó que dejara la capa sobre una de las sillas del comedor. Draco se despojó de ella muy lentamente, con una sonrisa extraña. Actuaba como si viera a Hermione todos los días y aquella visita fuese simplemente una de tantas más.

  • ¿Francia, Granger? – preguntó finalmente, con su sonrisa torcida. – Esperaba que me lo pusieras más difícil… Singapur, por lo menos.

  • No he estado ocultándome – rebatió rápidamente Hermione. “Al menos no de ti”, completó mentalmente.

  • Ya lo sé. Era una broma – dijo, poniéndose mortalmente serio. Parecía querer demostrar que no iba a repetir el intento.

  • Puedes sentarte – ofreció Hermione, sin saber qué más decir.

  • Estoy bien de pie – rechazó con inesperada frialdad.

La contempló unos segundos, hasta que ella retiró la vista, incómoda.

  • Así que Dupré… - tanteó mientras pasaba distraídamente un dedo sobre la mesa, como si tratara de comprobar que no había polvo. - Suena a marca de natillas – añadió con malicia, fijando sus ojos grises en los de la mujer.

  • Me alegro de que te guste – replicó Hermione con sarcasmo. – Ahora es mi apellido.

  • Prefería Granger – repuso Draco, con una entonación que impedía averiguar la intención de su afirmación.

Levantó la vista al techo y oteó las cuatro esquinas de la salita. Hermione estaba desconcertada con su actitud. ¿Qué era lo que tanto observaba?

  • Es un poco bajo, ¿no? – preguntó con indiferencia y Hermione comprendió al instante que no se estaba refiriendo al techo, precisamente.

  • Mide metro setenta y cinco, Draco – respondió con calma. No sabía a dónde quería ir a parar.

  • Ya… ¿Y eso te parece altura suficiente? – se irguió orgulloso y añadió, alzando una ceja: - Yo mido 6,14 pies.

Hermione no pudo reprimir una sonrisa. Su aspecto estaba lejos de demostrarlo, pero en el fondo seguía siendo todo un aristócrata inglés. Ni siquiera utilizaba el sistema internacional de medidas, a pesar de que ella estaba segura de que lo conocía a la perfección.

  • ¿Cuándo has vuelto? – le preguntó. Detestaba quedar en silencio frente a él, pues Draco aprovechaba esos momentos para escrutarla de una forma desconcertante.

Malfoy volvió a esbozar una sonrisa torcida al oír ese eufemismo. Trató de poner cara inocente y preguntó en un tono dulce y reposado que no le pegaba lo más mínimo:

  • ¿Volver a dónde? Pasé largas temporadas en Francia cuando era un crío, pero nunca he considerado este país ni tan siquiera como segunda residencia…

Hermione no quería ser más específica. No podía serlo. Decidió cambiar de tema y buscó desesperadamente algo de qué hablar, ya que ese horrible silencio volvía a establecerse entre ellos. Y él no dejaba de mirarla…

  • ¿Qué estás haciendo aquí?

Le faltó poco para llevarse una mano a la cara. En su cerebro eso había sonado muy distinto. Podía hacerse una idea de lo que hacía en su casa, pero tenía cierta esperanza (o aprensión, no sabía muy bien lo que era) de que estuviese allí de paso, como complemento a algo mucho más importante que tenía que resolver cuanto antes. El problema era que parecía absurdo siquiera planteárselo, dado el aspecto lamentable de su vestimenta.

  • Sabes muy bien por qué he venido – contestó, con una voz gélida que le puso la carne de gallina. Dio un paso hacia ella, atravesándola con sus ojos afilados como puñales.

  • No tienes derecho – musitó Hermione. Las palabras salían de su boca sin pasar previamente por su cerebro, procedentes directamente del corazón. – No puedes pedirme que rehaga mi vida y luego venir aquí y pretender que yo…

  • ¿Pretender qué, Hermione? – preguntó en un susurro Malfoy, acercándose a ella más de lo políticamente correcto.

Ella se estremeció al oír su nombre de nuevo en boca de él. ¡Tenía una manera tan particular de pronunciarlo! Arrastraba las sílabas como si deseara postergar el contacto con esa palabra, acariciándola con su lengua y deslizándola lentamente a través de sus labios… Jamás nadie la había llamado de esa forma.

  • No te pido nada que tú no quieras darme… - prosiguió, aproximándose aún más. - ¿Qué es lo que te sobra, Hermione? ¿Qué me regalarías?

Decenas de escalofríos recorrían la espalda de Hermione. Draco estaba demasiado cerca. Sus ojos, fríos y espectrales, la taladraban como solían hacer en el colegio, y su rostro estaba muy serio, endurecido por la mala vida que había llevado en esos años. Era otro, a penas se parecía al chico que había conocido en Hogwarts, y… daba un poco de miedo. No obstante, esa mirada tan gastada y extraña provocaba una fuerte reacción en ella. El corazón le latía violentamente, preso del espanto y la excitación, y era incapaz de dejar de observarlo. Se preguntó qué secretos esconderían aquellos ojos, cuánto horror habrían visto y quiso averiguarlo. Sin ser muy consciente de lo que hacía, extendió su mano y acarició la pálida mejilla. Draco cerró los ojos, disfrutando al máximo del tímido contacto, y el hechizo se rompió. Hermione apartó rápidamente su mano, recordando de nuevo que era una mujer casada y con responsabilidades.

Confuso, Draco abrió los párpados, mostrando de nuevo su argéntea mirada. Hermione desvió la vista a la pared para no volver a cometer el mismo error.

  • Me alegro de que estés vivo – dijo con voz neutral. Una leve sonrisa apareció en el rostro de Malfoy – pero creo que es mejor que te vayas. – Con la misma rapidez que se había formado, la ilusión se desvaneció, y volvió a mostrar su cara dura y fría.

  • ¿Eso es lo que quieres? – preguntó en un susurro carente de expresión.

  • Es lo más conveniente. Quizá te apetezca venir un día a cenar. Hablaré con Etienne para ver cuándo tiene libre.

Draco se echó hacia atrás como si lo hubiese golpeado. Aún totalmente inexpresivo, se acercó a la silla y recogió su desvaída capa. Se la echó sobre los hombros, sin decir una sola palabra. Hermione no se había movido del sitio. Esperaba una reacción muy distinta, tal vez hasta agresiva, no esa muda frialdad que era el peor de los castigos. Desolada, aunque sin saber qué podría decir para arreglar aquella ofensa, se dirigió muy despacio hacia la puerta, maldiciéndose a sí misma por haber echado a Draco tan pronto de su casa, de su vida. Sabía que era lo suficientemente orgulloso para ignorar aquella invitación. Jamás volvería a verlo, y todo por su miedo a cometer un desliz, a dejarse llevar por una situación que había soñado tantas veces, con una mezcla casi imposible de esperanza y temor.

Entreabrió la puerta al exterior, con el corazón en un puño. Algo dentro de ella le gritaba que no lo dejase marchar, que no permitiese que se fuera en esas circunstancias. “Ya no soy tan valiente”, pensó amargamente, “ya no soy una Gryffindor”. Empezó a temblar, presa de la angustia y de la indecisión. Temerosa de que él lo notara, trató de llevar sus dos manos, que se movían en frenéticas sacudidas, a la espalda. No obstante, no llegaron a su destino, ya que por el camino se encontraron con un bonito jarrón de porcelana. Éste se balanceó peligrosamente un instante, y después cayó al suelo, haciéndose añicos.

Draco lo miró casi con indiferencia y, con gesto cansado, sacó su varita y apuntó a los restos.

  • ¡Reparo!

Hermione agachó la cabeza, avergonzada por su torpeza. Notaba que las mejillas le ardían y eso la hacía sentirse de nuevo como una adolescente. La sensación era tan desagradable que por un momento hasta olvidó que Draco seguía allí… y no por mucho tiempo. Con bastante reticencia alzó la vista, dispuesta a retenerlo aunque fuera con una súplica silenciosa. Sin embargo, fue incapaz de cruzar la mirada con él. Malfoy estaba demasiado concentrado mirando a un punto fijo, un poco por debajo del hueco entre sus clavículas. Y es que acababa de ver un brillo que le había llamado la atención. Lo había visto antes, durante menos de un segundo, así que no se percató de lo que podía ser. Sin previo aviso, extendió la varita hacia el cuello de Hermione, ignorando la exclamación contenida de ella, que probablemente pensaba que la iba a atacar. Con extremo cuidado, acarició la delicada piel de su escote y hábilmente ensartó la varita en una fina cadena que se ocultaba tras la blusa, poniéndola a la vista. Su cara se iluminó al reconocer el colgante que pendía de la cadena. Justo lo que había imaginado.

  • Aún lo guardas…

Clavó su gélida mirada en los ojos de Hermione, que parecían haber aumentado de tamaño al saberse descubierta. La joven trató de darle una explicación al hecho de seguir llevando el regalo que él le había hecho el mismo día en que rompió su corazón; pero no lo logró. Y no sólo porque la sorpresa la había dejado sin palabras, sino porque ni siquiera había podido explicarse a ella misma su comportamiento. A Draco no le importó que ella no hablara. Prefería imaginarse él las razones que había tenido Hermione para, además de conservar aquella cadena, llevarla puesta. Tras guardar la varita, se inclinó sobre ella y, antes de que pudiera hacer cualquier movimiento, la besó. No de una forma romántica y delicada, como parecía más apropiada en ese momento. Fue un beso fiero, apasionado y angustioso, porque en sus labios depositó todo el dolor de un alma rota y una vida acabada.

  • Draco, yo no… - musitó Hermione cuando se separaron. Estaba demasiado aturdida como para intentar una frase más expresiva.

Malfoy alargó un brazo para cerrar de golpe la puerta, dejando claro que no tenía la más mínima intención de irse. Después, rodeó la enrojecida cara de Hermione con sus manos ásperas y apoyó su frente contra la de ella, emitiendo suaves jadeos sobre sus labios, producto del esfuerzo y la pasión del momento.

  • No digas nada… - dijo en un susurro cargado de emociones. Tensó la mandíbula y prosiguió, masticando las palabras casi con ira. – No-te-atrevas-a-mentirme.

Hermione sólo pudo cerrar los ojos, incapaz ya de aguantar la presión de esa fantasmagórica mirada. Inmediatamente, notó que él volvía a besarla, irrumpiendo en su boca como un maremoto. Retiró las manos de su rostro y la estrechó firmemente a él, con rudeza, pero con una desesperación tan marcada, que empañaba cualquier otra acción. Los pensamientos dejaron de acudir a la mente de Hermione, volviéndola momentáneamente libre e inconsecuente. Simplemente no podía responder por sus actos, como si estuviese ebria o drogada. Y en cierto modo lo estaba. Se había embriagado de nuevo con el sabor de sus labios, ahora secos y cuarteados, pero llenos de más deseo y necesidad de lo que lo habían estado jamás. Tardó mucho tiempo en darse cuenta de que se estaban desplazando, pues su mente se encontraba obnubilada por la falta de oxígeno, el cual sólo se permitía acudir a sus pulmones en los escasos segundos en que Draco se separaba de ella. Notó una presión en su espalda, al chocar contra una puerta. Un instante después, la presión había cedido de forma inexplicable, y se encontraba en la habitación matrimonial. No sabía cómo había podido guiarla hasta allí sin conocer la estructura de su apartamento, pero en ese momento no era capaz siquiera de plantearse esa cuestión.

Malfoy cortó el beso un momento y la miró fijamente. Tenía los ojos cerrados y el rostro enrojecido, pero no había hecho ningún intento de oponer resistencia, así que decidió seguir adelante, sin plantearse ninguna cuestión ética. La volvió a besar, mientras sus manos cobraban vida. Demasiado tiempo había pasado anhelando algo así, demasiadas noches soñando con un encuentro de esa magnitud, como para pararse a pensar. Dejó que su instinto lo guiase, como había estado haciendo hasta el momento, y sus dedos no tardaron en encontrarse con los botones de su blusa. Prácticamente se la arrancó, y la dejó caer al suelo. Si hubiera tenido un poco más de tiempo, si hubiese habido un poco más de distancia entre ellos, quizá se habría reprendido por sus gestos ansiosos y su total falta de tacto, pero no podía pensar en nada. En nada que no fuese Hermione, en la necesidad que tenía de ella, en la falta que le había hecho todos esos años.

Un escalofrío recorrió su espalda al notar las suaves manos de la joven acariciando su abdomen, por debajo de la maltrecha camisa. Dejó escapar un ronco gemido al descubrir que Hermione comenzaba a actuar, al parecer de forma inconsciente. Con mucha más delicadeza que él, desabrochó uno a uno los botones y se la retiró con ternura.

Pocos segundos después, se hallaba recostado sobre ella, en el blando lecho de una cama que no le pertenecía, pero dispuesto a hacerla suya por ese día, dispuesto a fingir que toda la habitación era de su propiedad, y que Hermione era, aunque fuese tan sólo por unas horas, su mujer.


Algo similar a un aullido rompió el silencio de la noche. Hermione abrió los ojos, sobresaltada. No sabía qué hora era y a duras penas tenía idea de dónde se encontraba. Mientras trataba de situarse, cientos de imágenes de unas horas atrás bombardearon su cerebro, llenándola de desasosiego y culpabilidad. ¿Qué había hecho? Si no fuera porque aún podía sentir esos labios recorriendo cada centímetro de su piel, pensaría que no había sido más que un sueño, una ilusión. Precisamente ella, ¿cómo había sido capaz de algo así?

Notó algo removerse a su lado y comprendió qué la había despertado. Encendió la lámpara de la mesita que se encontraba a su derecha y en la penumbra pudo distinguir el cuerpo de Malfoy retorciéndose como presa de una maldición especialmente dolorosa. Volvió a gritar y ella lo zarandeó apresuradamente, muy asustada. Draco se incorporó y de un solo movimiento la apresó, inmovilizándola contra la cama. Sus pupilas, muy dilatadas, recorrieron su rostro lentamente. Parecía no creerse lo que estaba viendo. Poco a poco, fue reaccionando y la soltó, apoyándose en la cabecera de la cama. Se pasó una mano por la frente, repleta de gotas de sudor frío.

  • Lo siento – se explicó en un susurro. – No consigo librarme de estas pesadillas – confesó. No estaba lo suficientemente despierto como para tratar de disimular.

Se frotó los ojos enérgicamente con la mano izquierda. En ese momento, la luz de la lámpara dio de lleno en su antebrazo, revelando unas finas líneas aún más blancas que su propia piel. Hermione ahogó un grito y agarró su brazo, dispuesta a ver más de cerca lo que se encontraba allí.

Años atrás, Draco le había enseñado ese mismo antebrazo y ella pudo comprobar, con horror, cómo la Marca Tenebrosa lucía negra y desafiante, en contraste con la palidez de su piel. Tras la caída de Voldemort, sabía muy bien que esa huella se había borrado, lo que dificultaba enormemente poder distinguir a los antiguos aliados del Señor Tenebroso. Y lo que Malfoy tenía, era algo muy diferente. Pasó su dedo sobre la nueva cicatriz, comprobando que estaba formada por decenas de líneas finísimas, que en conjunto delineaban una enorme y elaborada H.

  • ¿Qué significa esto? – preguntó, sin poder ocultar una nota de pánico en su voz. - ¿Quién te hizo algo así?

Malfoy esbozó una sonrisa triste, cansada, pero no se atrevió a mirarla. Fijó su vista en su propio antebrazo y en aquella macabra señal.

  • Nadie… nadie me lo hizo.

  • ¿Fuiste tú? – preguntó Hermione, atónita. - ¿Por qué?

  • Pasé muchas noches en vela – respondió lentamente, con una voz que parecía venir de muy lejos. – Y resulta complicado no dormirse. Una vez leí que algunos centinelas muggles se quemaban con cigarros encendidos – alzó la cabeza, sin mirarla todavía. Añadió con cierto humor: - Pero yo no fumo.

  • Pero…

Hermione era incapaz de expresar lo que sentía. No llegaba a entender por qué se había hecho algo así. No cabía duda que lo había repetido muchísimas veces, a modo de espeluznante tortura autoimpuesta, pues había notado un marcado relieve, como el provocado por un tejido que cicatriza una y otra vez.

  • No podía borrar la Marca – aclaró Draco, con la misma voz etérea e impersonal. – Pero tenía la esperanza de opacarla con tu recuerdo.

Y entonces la verdad cayó sobre ella como una losa aplastante. “H de Hermione”. Se sintió estúpida por no haberse percatado antes. Lo miró con angustia. Ella era la culpable de la vida tan terrible que había tenido que sufrir. Y ni siquiera parecía culparla por ello.

  • Draco, yo…

No encontraba las palabras adecuadas. Estaba segura de que nada que pudiese decir iba a borrar esos años de sufrimientos. Era culpa suya. Le había destrozado la vida, quizá no de forma intencionada, pero lo había hecho. Y ahora estaba a punto de volver a hacer daño a otra persona. Sin poder evitarlo, las lágrimas acudieron a sus ojos y empezaron a fluir como una fuente inagotable.

  • Esto no debería haber pasado – sentenció entre sollozos. No sabía si se refería a la vida que Draco se había obligado a llevar o a lo ocurrido en esas últimas horas.

Malfoy tampoco la entendió. La miró, llorando a su lado, tapada a medias por una sábana blanca, y la vio tan frágil y vulnerable que no supo qué hacer. La rodeó con su brazo e hizo que se apoyara sobre su pecho, el cual se empapó inmediatamente con sus lágrimas. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero repentinamente, cesó su llanto. Hermione alzó la cabeza, cruzando con él una mirada llena de amargura.

  • Me casé, Draco – musitó débilmente.

  • Lo sé.

  • Tengo una familia – añadió. – Como tú me pediste que hiciera.

  • Lo sé.

“Hermione”, pensó Draco. No sabía desde dónde llegaba su propia voz, pero sonaba más angustiada que nunca. “No me rechaces, por favor. No así, no tan pronto”. Deseaba gritarlo a los cuatro vientos, rogarle, ponerse de rodillas y suplicarle que no lo abandonase. Que no lo dejase solo otra vez. No obstante, no lo hizo.

  • Etienne es un buen hombre.

Draco notó que algo dentro de él, algo muy íntimo y que hasta que la conoció a ella no sabía que tenía, se desgarraba de dolor.

  • Eso espero – susurró. Sin darse cuenta de lo que estaba diciendo, la miró y añadió lentamente: - Espero que se dé cuenta de la inmensa suerte que tiene, que cada noche dé las gracias por estar contigo. Que en cada minuto, en cada segundo, piense más de mil veces en ti. Que te quiera con toda su alma, que sienta su corazón latir con fuerza cuando te ve. Que sienta hervir la sangre de sus venas con cada roce de tu piel. Que sueñe día y noche, despierto y dormido, con el sabor de tus labios. Que se crea morir cuando no está a tu lado. Que adore cada palabra que dices, cada gesto que haces y cada mirada que le dediques.

‘Que todo lo demás carezca de sentido, que se sienta estúpido, loco o vulnerable por tu causa. Que no se sienta persona sin ti. No te mereces menos que eso.

  • ¿Por qué me dices esto? – preguntó Hermione, dejando que nuevas lágrimas brotaran de sus ojos.

  • Porque es lo mismo que yo puedo darte. Porque podría hacerme a la idea de que no me quieres, y tal vez algún día llegue a soportarlo, pero no podré vivir si no sé que quien está contigo te merece más que yo y siente al menos lo mismo que siento yo. – suspiró y se levantó de la cama. Se vistió a golpe de varita y antes de salir por la puerta, completó: - Por eso no me iré hasta averiguarlo.

Hermione lo vio irse sin poder mover un solo músculo. Por si lo que acababa de oír no era suficientemente increíble, unas palabras pronunciadas en el pasado salieron a flote desde la profundidad de sus recuerdos, golpeándola como un puño de hierro. “Ten en cuenta, que si por alguna razón que ahora no consigo imaginar, escapo de la muerte, cuando todo esto acabe, te aseguro que volveré y nada ni nadie podrá evitar que trate de recuperar lo que ha sido mío”.

_*__*

N/A: 6,14 pies equivalen aproximadamente a 1,87 m.

Uf, menudo pasado tiene este chico! ¿Qué os ha parecido esta nueva faceta tan oscura y amargada? Y a pesar de todo, más vulnerable que nunca... ¡Espero vuestros comentarios!

Los reviews del anterior cap están contestados individualmente. ¡Un beso enorme para tod@s!