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Historia 25618 — capítulo 1
Acababan de empezar el curso y ya tenían un aumno nuevo en clase.
La llegada de un nuevo alumno no entusiasmaba nada de nada a Eva. És más, prefería que no viniese nadie más y que se fueran algunas personas que estaban con ella en esa clase.
Eva era una niña de quinze años que vivía con sus padres y hermano en un piso de las afueras de Madrid. Pero por alguna extraña razón no paraban de mudarse de barrio en barrio. No hacía ni medio año que habían llegado a ese colegio pero Eva ya se haabía ganado la fama de ser un bicho raro.
-¡Eva Redfield! - Una voz que ya conocía de sobras la llamó deesde el otro lado de la clase. Era su profesora de matemáticas. - Yo estoy aquí explicando cosas del nuevo alumno y tú no me estás escuchando.
Su profesora era una de esas personas que ves una vez y deseas con todas tus fuezas no volver a verla. Era una mujer muy vieja, de unos sesenta años. Era muy gorda y llevaba puesto un vestido de color verde oscuro que la hacía parecer aún más gorda de lo que era.
-La verdad es que no me interesa este tema y, por tanto, no escucho. - Eva respondió con la total indiferencia que la caracterizaba.
En un segundo todas las miradas en esa habitación se pusieron en ella, aunque parecía que a Eva no le importara demasiado.
La profesora apretó los punyos enfadada. Odiaba a esa niña, odiaba su indiferencia, odiaba que fura la chica más inteligente del colegio y posiblemente del país. Pero lo que más odiaba eran sus ojos azules que le daban escalofrios cada vez que los veía.
Reflexionó unos instantes y luego dejó escapar una media sonrisa.
-Pues si no te importa, seguro que no te importará que se siente a tu lado el resto del curso. - Había dado en el clavo. Eva odiaba relacionarse con gente, especialmente la nueva. Y lo mejor de todo era que sus compañeros no la mirarían con los mismos ojos. - Cómo és inglés necesitará a alguien que lo ayude en los estudios.
A Eva no le dio ni pizca de gracia lo que acababa de decir su profesora.
-Pero no sería mejor que se sentara con Maria. Como sabe más inglés que yo. - Mintió.
-Pero tu sacas mejores notas en todo lo demás. - Había ganado y lo sabía. - Bien, por donde iba antes de esta terrible interrupción... - En ese momento todas las miradas s dirigieron hacia Eva, haciendola sentir una extraña en su clase. - Se llama Josua y llegará mañana por la mañana.
El timbre que indicaba el final de las clases la interrumpió en medio de su explicación.
Todo el mundo ya se había ido pero, cómo siempre, Eva fue la última en salir.
Justo cuando se disponía a salir chocó con alguien. Todos sus libros cayeron al suelo y se agachó para cogerlos. Alguien más también al ayudó a cogerlos.
Cuando se levantó pudo ver quien la había ayudado. Era un chico un poco más alto que Eva. Su pelo era rubio y sus ojos eran azules cómo el cielo. En su rostro se podía apreciar una expresión de arrepentimiento.
-Lo siento mucho, debería de tenr más cuidado. - El chico hablaba con un acento ingles en su voz.
-No pasa nada, soy o la que debería disgustarse. - Dijo un poco tímidamente, una cosa que no era normal en ella.
-No digas eso. - Dijo aún más arrepentido. - Por cierto, ¿cómo te llamas?
Eva dudó un momento antes de contestar. No solía decir su nombre a los extraños pero este chico tenía algo especial.
-Eva
-Eva, bonito nombre. Yo me llamo Josua y soy nuevo por aquí. - ¡Él era el alumno nuevo! - Creo que te veré más por aquí. Adiós.
Josua se fue andando con una sonrisa en la cara. Una sonrisa de las más dulces del mundo. Una sonrisa que Eva no podría olvidar jamás.
Durante unos instantes sólo podía ver a la imágen de ese chico, pero el ruído de un claxón la despertó.
Era su madre que la ahbía venido a buscar.