Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 25682 · de

Historia 25682 — capítulo 2

Capítulo 2. La Hija de Lord Voldemort

  • Hermione Jane Ryddle -dijo en voz alta- ¡No suena tan mal!

En una casa en el Londres muggle, una joven se despertó sobresaltada. Se hallaba acostada boca arriba, jadeando como si hubiese recorrido una gran distancia. Acababa de despertarse de un sueño muy real y tenía las manos sobre la cara.

Se incorporó era la cama mientras con una mano buscaba la manera de prender la luz, lo hizo, al hacerlo su dormitorio se convirtió en un lugar un poco más nítido. Se levantó de la cama, cruzó el dormitorio, abrió el armario y se miró en el espejo que había en el lado interno de la puerta.

Una bella joven de 17 años le devolvió la mirada con una expresión de desconcierto en los brillantes ojos castaños que relucían bajo una indomable cabellera debido a que recién se despertaba. Ella respondía al nombre de Hermione Jane Granger.

La chica intentaba por todos los medios recordar lo que recién había soñado antes de despertar. Había sido tan real… se concentró todo lo que pudo frunciendo el entrecejo, tratando de recordar… pero nada… era como si no hubiera debido presenciar aquello. Parecía que una fuerza exterior le prohibiera recordarlo.

Una hermosa joven de ojos castaños poseedora de una mirada cálida y penetrante a la vez, en la cual se inspiraba confianza y tranquilidad, le devolvía la mirada. El espejo no engañaba a nadie, Hermione había cambiado bastante durante su sexto año en Hogwarts. Ya no era la misma chica de hacía varios años.

Cerró los ojos mientras traía a su mente los recuerdos de aquella niña que en primer año se hizo de los mejores amigos del mundo… Harry Potter y Ronald Weasley… con quienes había estado en peligro varias veces desde entonces. Esperaba que pronto todo acabara… Acabar con lord Voldemort, les brindaría la tranquilidad que poseía algunos años atrás… antes de entrar a Hogwarts… antes de descubrir que era una bruja.

Abrió los ojos nuevamente tras terminar despejar su mente, se dedicó a contemplar que tanto había cambiado en todo aquel tiempo. Su tez blanca hacía lucir increíbles sus ojos. Bajó la mirada de su cara hacía su figura.

Después de algún tiempo bajó la vista hacia su muñeca para observar su reloj de pulsera, eran las 7:30am, aquél domingo se abstendría de hacer ejercicios puesto que ya era muy tarde, se dirigió al baño y tras media hora regresó a su cuarto envuelta simplemente con una toalla.

Se introdujo en el closet mientras buscaba que atuendo ponerse, cuando lo hubo encontrado se vistió y se dirigió al baño nuevamente a peinarse y a maquillarse. Cuando hubo terminado bajó a desayunar.

Sus padres ya se encontraban allí, les dio un beso en la mejilla a cada uno mientras les daba los buenos días. Sus padres no respondieron, cosa que llamó su atención y los miró fijamente mientras se sentaba frente a su madre.

Matthew Granger tenía frente a sí un sobre negro con el slogan de una calavera plateada y no apartaba la vista de él. Kathe, su mujer, estaba completamente pálida y, al igual que su esposo, miraba aquel sobre como si estuviese a punto de explotar.

-Papá… mamá… -dijo asustada mirando alternativamente a uno y luego al otro- ¿Qué sucede? – preguntó temeroso por lo que le pudieran decir.

-Hermione -dijo su padre asustándola aún más, pues nunca acostumbraban a llamarla con su nombre- Debemos hablar contigo… -Hermione lo miró en silencio esperando que continuara- lo que vamos a contarte es algo muy delicado… y… muy difícil para nosotros… así que te pedimos que por favor… escucha lo que te vamos a decir y…

-Entiendo -dijo ella dispuesta a permanecer en silencio.

-Verás Hermione, Kathe y yo siempre quisimos tener un bebé en casa, pero… simplemente nos fue imposible… un día nos decidimos a hacernos algunas pruebas para averiguar que andaba mal y fue allí donde nos enteramos de que somos estériles… Nunca abandonamos la esperanza de que se hubiesen equivocado, fuimos donde diferentes doctores con la fe de que nos dijeran que aquello había sido un error… pero no… Ya habíamos “aceptado” el “problema”… El 24 de Diciembre de 1979…

Flash back…

Una de las mansiones más grandes y hermosas de Westminster Hall, Londres, tenía un aspecto triste, sin ningún tipo de decoración a pesar de ser Noche buena. Los dueños, una joven pareja casados, Kathe y Matthew Granger no encontraron excusa alguna para decorar la mansión ese año.

Sin alguna razón para celebrar, el matrimonio decidió pasar la Navidad en casa, sin nadie que les tuviera lástima. Estaban acostados juntos en un enorme sofá cuando alguien llamó a la puerta… Ding-dong… Ambos se miraron perplejos, no esperaban visitas, y sin embargo alguien osaba interrumpir su dolor.

Kathe se puso de pie y seguida por su esposo, se dirigió hacia la entrada. Al ser día festivo habían dado la semana libre a los criados, y ellos se encargaban de la casa en ese momento. Al llegar, la joven abrió la puerta, pero no encontró a nadie de pie tras esta. Instintivamente miró hacia el suelo y allí se encontró un bulto envuelto en sábanas celestes.

Se agachó poder observarla mejor. Al recogerlo, notó como alguien caía al suelo, su marido también lo notó y fue el quien lo juntó. Se enderezó nuevamente y vió que era un sobre y en este se leía la inscripción “Señores Granger”. La pareja se observó extrañada.

Kathe corrió un poco las sábanas del bulto que yacía en sus brazos y observó el rostro de una hermosa bebé de escasos tres meses de edad que dormía. Ella le sonrió maternalmente y entró a la casa seguida por Matthew, quien cerró la puerta tras de sí y se dirigieron nuevamente hacia el sillón que habían ocupado minutos antes.

Al sentarse ambos se observaron el sobre que yacía en manos de Matthew. Era un sobre negro y tenía una calavera plateada a manera de sello. Tras dirigirle a su esposa una evaluadora mirada el joven comenzó a abrirlo despacio, luego extrajo el pergamino que había dentro de esta. La desdobló a manera que lo que traía escrito quedara a la vista de ambos… una perfecta caligrafía redactaba:

Estimados Señores Granger:

Primero que todo les deseo una Feliz Navidad y les comunico que realmente lamento molestarlos en un día tan importante como lo es hoy, pero esto es urgente.

La niña que yace con ustedes se llama Jane Ryddle y nació el 19 de Setiembre de este año… ella es una niña muy especial ¿En que sentido? Eso no interesa, tan sólo estén seguros que un día se enorgullecen de ella.

Sé por muy buenas fuentes que ustedes no pueden tener hijos. Créanme que entiendo su dolor, aunque no lo comparta. Por unos tres o cuatro meses he estado buscando una familia que posea algunas características especiales…

Me complace comentarles que ustedes parecen tenerlas todas y cada una de ellas. Con todo el dolor que siente una madre al ser separada de sus hijos les doy el regalo más hermoso que recibirán esta Noche buena. Les obsequio una vida… m vida… a Jane.

Mi hija lo es todo para mí, pero desgraciadamente por motivos que no vienen al caso, no podré hacerme cargo de ella. Al hacerlo, no sólo estaría arriesgando mi vida, sino también la de Jane y si algo le llegara suceder, no me lo perdonaría nunca. Estoy segura de que con ustedes estará a salvo.

Por favor, cuídenla y críenla como si fuera una más de ustedes. Desearía que le diesen un nombre y el apellido Granger. Pero háganme un favor, si le dan otro nombre, al menos permitan que mantenga el que ya posee.

Así algún día, cuando nuestras vidas ya no peligran, podré ubicarla y darle el amor que sólo yo como madre le puedo dar. Si así lo hicieran, les estaría agradecida por toda la eternidad, y estaría en deuda con ustedes.

Gracias;

M. Jane Black.

Matthew separó la vista de aquella carta que les había traído un regalo de vida y amor en la mejor época del año. Observó como su esposa, con lágrimas de gratitud, bajándole por el rostro, hacia una extraña observaba a SU hija como sólo una madre podría hacer.

Fin Flash Back

-Ese día prometimos que te cuidaríamos como si fueras nuestra hija, te dimos un nombre y nuestros apellidos, pero le hicimos un último favor a tu madre -le dijo Matthew- mantuvimos el nombre que ella te dio y quiso que mantuvieras, para así lograr identificarte cuando sea necesario…

-Por eso… -añadió Kathe tratando de sonar indiferente- te llamas Hermione Jane Granger.

-Eso significa -comenzó Hermione tratando de reprimir las lágrimas que amenazaban con bajar por sus mejillas- que… ¿Ustedes no son mis padres?

-Al menos no los biológicos -dijo Matthew- Hermione… hija… antes que digas algo, recuerda lo que siempre le dijiste a aquella “amiguita” tuya…

-Cuál amiga? -dijo mientras lloraba desconsoladamente- ¿La adoptada?

-Si… ¿Recuerdas cuando ella se puso a llorar porque sus padres e contaron que no era su hija?

-Si, lo recuerdo…

-¿Qué le dijiste tú?

-Que sus padres siempre serían quienes la cuidaban y la habían amado durante estos años -de pronto su voz se apagó, observó como Kathe y Matthew la miraban. Después de algunos segundos añadió- Pero no es lo mismo… No viene al caso…

-Hermione… nosotros te cuidamos y te quisimos toda la vida como si hubieras sido nuestra hija… te dimos todo…

-Pero aún así… ustedes no… ¿Quién es mi madre?

-M. Jane Black…

-¿Black…? Eso no me ayuda de mucho…

-Lo sabemos -dijo Kathe- pero talvez si te pueda ayudar, recordar lo que escribió tu madre, tu nombre…

-¿Mi nombre? Ni siquiera eso sé…

-Si lo sabes, desde un principio eras Jane… Jane Ryddle…

El cerebro de Hermione comenzó a trabajar a toda prisa, con e afán de procesar la información y tratando de entender lo que le habían comunicado…

“¿Ryddle? Me suena… -pensó- ¿Pero, de donde?”

“¿De Tom Ryddle –le respondió una voz en su cerebro- quizá?”

“Eso no es posible, Voldemort nunca tuvo hijos… o hijas en este caso”

“Eso no lo sabes, tan sólo lo supones”

“¿Eso quiere decir…?”

“Así es Hermione… eres la hija de lord Voldemort”

“¡Me niego a creerlo!”

Esta lucha tenía lugar en la cabeza de Hermione, quien, sin darse cuanta, había palidecido asombrosamente rápido.

-¿Hermione, estás bien?

La voz parecía venir de un lugar muy lejano, apenas fue audible para la chica. De pronto todo a su alrededor se volvió borroso. “¡Hermione!” fue lo último que escuchó antes de desmayarse. Matthew y Kathe hicieron ademán de acercarse a ella, pero una voz masculina, que provenía de la entrada del comedor les dijo:

-¡Quédense donde estan Grangers! Mientras menos la toquen será mejor.