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Harry Potter: Una serie de eventos desafortunados. — capítulo 23

Capitulo 23: Lo nuevo en Hogwarts

Un niño de ojos cafés y pelo color azabache muy alborotado se despertó el 1 de septiembre cuando el sol le dio en los ojos. Le costó un poco encontrar un pantalón y una remera, ya que en los lugares donde siempre se encontraban ahora solo había aire. Su ropa se encontraba en una valija. Bajó por las escaleras y se sentó con sus padres.

-Hola mi vida ¿Qué vas a desayunar?

-No tengo hambre ma-dijo el pequeño

Su padre, un sujeto muy parecido al niño, con el mismo pelo y una cara idéntica, tanto que podrían haber sido gemelos si usaran lentes oscuros y el pequeño creciera o el mayor fuera más joven. Este tipo fue el que habló.

-Uff, si hace muchos años, cuando tenía tu edad me hubieran preguntado eso, no me habría cabido en la imaginación.

-Sí, deberías aprovechar y comer algo-le retó su madre, una mujer pelirroja, muy bonita, que a pesar de tener sus treinta y tantos no había perdido totalmente la plenitud ni la belleza de sus años jóvenes.

-Dejalo querida, es la ansiedad, yo lo viví. Y vos también, ya comprara algo en el carrito del tren.

-Papá… ¿hay animales en Hogwarts?-preguntó el niño, como si necesitara ir asimilando el hecho de que cambiaria de ubicación.

-¿Qué si hay animales? ¡Y de todas las clases! Criaturas de todos los tamaños ¿alguna vez te conté el enfrentamiento que tu madre y yo afrontamos contra una hidra?

-No, pa, cuéntame.

-Bueno, pero apresúrense que hay que ir a King Cross-dijo Ginny que estaba terminando de juntar algunos platos del desayuno.

Una historia de aventuras después y la familia se encontraba en la estación de trenes cerca de la plataforma 9 y 3/4. Cuando iban a entrar oyeron una voz que los llamaba.

-¡Hola Harry!

-¡Hey, Remus!-gritó Harry al reconocerle. Al lado de Lupin se encontraba su familia. Remus se hallaba un poco viejo, pero no era por que se le notaran los cincuenta, si no por que sus constantes luchas contra su otro yo, lo agobiaban tanto física como emocionalmente. Tonks lucia bien, tenía un mejor porte que el de antes, por ser una mujer ya madura, y el aspecto de su cara era el de una persona sabía, no la distraída que antes tenía. Con ellos había un niño, pálido, castaño y su cara era bien redonda. Tenía una extraña barba de chivo y las mejillas oscurecidas por las constantes afeitadas del niño. Realizó un muy rápido trote hasta donde Harry, Ginny y Sirius se encontraban.

-¡Hola padrino!

-¡Romulus! Cada día estas más grande ¿Cómo te tratan las mujeres? Listo para el segundo año.

-Claro, siempre y cuando McGonagall no me regañe en cada hora de transformaciones.

-¿Vive aun McGonagall? Debe tener dos mil años-dijo Harry contento reviviendo con la mente viejas épocas

-Si… y conseguí el color y la raza de la lechuza de la nueva celadora para que le mandes la carta que querías padrino.

Harry abrió los ojos sorprendido y después los cerró esperando un golpe.

-Harry… ¿no le estarás enseñando esas idioteces al niño verdad?-preguntó enojada Ginny

-No se de que habla, se debe haber confundido.

En eso Lupin y Tonks logran llegar hasta donde estaban los demás.

-Hola a todos-dijo Remus agotado- hola Sirius

-Hola-dijo el niño tímidamente.

-Este niño cada vez que lo veo me hace acordar a James. Y es tan extraño decirle Sirius.

Remus y Tonks se despidieron con un largo beso. La mujer volvió a ser contratada de Auror y tenía que ir a trabajar. Por el contrario, Remus era profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, y llevaba ya cinco años en el cargo.

-Harry, debo ir a ver si hablo con los padres de un alumno de tercero. Espero que nos veamos antes de que el tren parta y espero que tu hijo sea tan bueno en defensa como vos.

-No lo se… espero que si-dijo Harry ilusionado.

-Papa, yo quiero ir con mis compañeros-dijo el pequeño Romulus

-Esta bien, anda, y cualquier cosa que Sirius necesite quiero que lo ayudes ¿eh? Mira que tenes que dar el ejemplo.

-Entendido-terminó el joven despidiéndose de todos. Remus lo imitó y se retiró.

La familia de Sirius iba a entrar en la plataforma pero Ginny los detuvo.

-Miren allá…

Por el mismo lugar en que apareció Lupin, ahora se veía una familia que se acercaba. Una gran familia. Ron la encabezaba. Era aun más alto que cuando se había casado, pero seguía tan atlético como siempre. Hermione tenía la cansada cara de una mujer que estudió todos los años de su vida para ser… una simple ama de casa. No necesitaban dinero, por que Ron con su participación en los mejores clubes de Quidditch aun seguía siendo una figura de temer, aun con todos sus años. Se la notaba a Hermione gorda… no, no gorda, digámosle… embarazada. Y por cuarta vez. Sí, había una niña con lentes y el cabello enmarañado, tenía un porte muy elegante para sus doce, casi trece años y un aire intelectual que terminaba de expresar el carácter de la niña solo con mirarla. Era muy bonita, tenía el pelo de color muy rojo, y la piel muy blanca. Ella era Helena. Delante de todos y como si fuera la más importante de la familia venía otra niña con el pelo atado, la cara marcada por muchas pecas y con una sonrisa radiante. Saltaba felizmente y cantaba una canción, con el rostro como perdido en la nada. También era bella, pero sin embargo no poseía la misma feminidad y el elegante andar de su hermana. Su nombre era Cleopatra y tenía once años. Al final y tomada de la mano de la madre venía una pequeña niña de unos cinco o seis años, con aspecto tímido, el cabello muy largo y enmarañado y una cara tierna e inundada de pecas. Se llamaba Neome.

-Hola mis amores-dijo Ginny abriendo los brazos para recibir a sus sobrinas. Fue Cleopatra quien se lanzó primero a sus brazos y luego la pequeña Neome. Helena se quedó estática al lado de su madre y saludó sonriente con la mano.

-Hey, Sirius, vos también vas a estar conmigo en Gryffindor ¿no es cierto?-preguntó Cleopatra entusiasmada.

-Eso creo.

-No puedo esperar a que nos dejen usar las escobas. ¿Vos sabes usar la tuya?

-¿Eh? Oh, sí.

-¿Vino toda la prole?-preguntó Harry a Ron mientras le ponía una mano en la cabeza de Cleopatra

-Que le vamos a hacer

-¡Tío Harry! En el invierno quiero que juguemos al Quidditch como prometiste, yo con mi papa y vos con Sirius-reclamó Cleopatra

-¿Y yo?-preguntó Ginny haciéndose la pendeja

-No se tía… tendríamos que hablan con los tíos Fred o George…

-¡No llamen a nadie! No se preocupen que no hace falta que yo juegue.

-¿Vamos a la plataforma? A lo mejor encontramos a algún conocido-sugirió Hermione

Todos aceptaron y se iban a meter cuando…

-¿Ya se van?-preguntó una voz de fondo-siempre igual de antipáticos ustedes.

Un escalofrió le recorrió a Harry la espalda. Ginny cerró los ojos agobiada. Ron los abrió sorprendido. Hermione miró al cielo en busca de respuestas para sus desgracias. Todos voltearon, incluso la sonriente Cleopatra se puso seria.

Era Demian. Y es difícil describir a una persona que no cambio nada… pero nada. El pelo igualmente castaño pero corto, los mismos ojos cristalinos, los mismos dientes, no parecía haber envejecido ni un día. Estaba igual que hacia 17 años atrás, cuando tenía 20. Claro que a los veinte Demian estaba lo suficientemente baqueteado como para aparentar treinta, pero no era tampoco para estar completamente igual que antes. Incluso las cicatrices que Harry le había impreso en su último encuentro se habían borrado, claro que con el dinero que tenía era fácil contratar un buen cirumago. Seguía teniendo esa misma expresión de autosuficiencia que tuvo toda su vida. Sonreía de forma burlona. A su lado había una mujer cuarentona, pero muy hermosa. El pelo aun no había sido tocado por las canas y seguía igual de morocho que la última vez que la vieron. Samanta solo tenía un par de arruguitas pero no le quedaban mal, al contrario le daban una expresión de joven madura y sabia. Harry se enfocó en sus piernas que se veían de cabo a rabo a causa de la corta pollera, y ahí notó una gran diferencia… ya no eran de mármol, por lo que se notaba aun se conservaban suaves, pero con finas manchitas violetas, producto de los insoportables tacos que usaba todos lo días. Las varices son inocultables.

-¿Qué les pasa? ¡Parece que vieron un fantasma! ¿No me piensan saludar?

El tipo los miró aun más burlonamente y mostró sus grandes colmillos. Todos quedaron callados y Sirius se aferró a la mano de Harry como si la imagen de ese sujeto le diera miedo. Luego de un rato Ron le preguntó seriamente.

-¿Seguís igual de puto que siempre?

-No se… si queres esta noche te muestro.

Ron sonrió y le estrechó la mano.

-¡Hermione! Mírate… estas…-Hermione esperaba oír uno de los horribles cumplidos de Demian, pero al parecer lo que dijo fue peor-te has convertido en todo una señora de edad

-Debí haberlo imaginado, seguís siendo el mismo torpe, inmaduro e insoportable de siempre-dijo la mujer agobiada por el peso en su vientre

-Te faltó buen amante… no se si tanto como Ron pero bueno. ¡Ginny! Escuche que te casaste, que lastima que lo nuestro nunca funcionó… estas igual que hace veinte años… salvo esa pata de galo que tenes ahí y… permitime que te diga que tu cintura ya no es la de antes-Demian sonrió y Ginny le hizo una mueca de asco. Harry abrazó a Ginny de forma sobreprotectora de la cintura. A Demian le brillaron los ojos-Harry…

-Hola…

-¡Tanto tiempo! La última vez que te vi fue… bueno, no lo recuerdo muy, pero estoy seguro que el alcohol consumió tus abdominales.

-Si… desgraciadamente, pero por suerte hace cinco años que definitivamente no tomo.

-¡Que bueno! Tenemos que ir a tomar un Whisky para festejar. ¿Qué es esta criatura?

Demian se puso a mirar a Sirius sin omitir detalles en su persona.

-Esta un poco raro-le susurró Harry a Ron-¿le pusieron el chip como les dije?

-Si, lo hicimos, pero no se…

-Ehhh, creo que les tengo que explicar algo-dijo Samanta-cuando lo encontré en Brasil, no me reconoció. Yo pensé que él había perdido la memoria en alguno de todos los líos que estaba metido. Entonces una noche que este… estábamos los dos… bueno, ya saben, en la cama, me di cuenta de que tenía un chip en la nuca. Se lo saque y lo destruí, entonces le fui enseñando más o menos lo que yo sabía de él. Tal vez eso aclare sus dudas…

Harry sonrió un poco… tal vez Demian era inofensivo en ese estado y no tenía por que tener miedo.

-¡Que preciosidades de niñas que tenes Ron! Te felicito… y deben ser inteligentes ¿no es cierto Hermione? ¿Estas esperando o estas así de gorda?

-Estoy embarazada idiota, podes dejar de decir estupideces-estalló Hermione. Sus tres hijas se asustaron.

-Ya veo-dijo Demian inmutable-uno, dos, tres… ¡cuatro! Mierda che, como le dan al pingo la puta…

Hermione se sonrojó y Ron sonrió.

De repente Harry empezó a reír desencajadamente y Hermione, Ron y Ginny lo observaron enojados.

-Demian… ¿Qué tenes en la mano?

Demian miro a Harry un segundo y después se puso rojo como la sangre.

-¿A dónde?

Harry siguió riendo y luego siguió Ron.

-¡Te casaste Demian! Que noticia, es imposible zafar, tarde o temprano todos nos casamos…-dijo Ron palmeándole la espalda

-No se rían… ni siquiera fue deseado… es que yo no sabía que cosa era una UNIÂO DO CASAL y ese brasilero de mierda me dijo a las cinco de la mañana en el carnaval carioca, cuando ya era imposible volver atrás, “CASAMENTO” y casi lo mato.

-¿A que viniste?-preguntó Ginny apurada

-Traigo mi hijo al colegio-dijo Demian sonriente. De pronto de una esquina de la estación llega un niño, bien vestido, con una camisa sobre una remera de mangas cortas y un Capri, tomándose una Pepsi. Tenía un porte muy arrogante, casi de superioridad, ojos marroncitos, morocho, nariz chiquita y respingada, ¡mi amor! Era un potro el vago.

-¿A dónde esta la escuela?-preguntó inocentemente.

-Se llama David. Es un hijo de puta-dijo Demian y Samanta le pegó un codazo.

Los Potter y los Weasley se quedaron serios al ver tremendo niño. No era parecido a Demian en nada… La pequeña Cleopatra se quedó con la boca abierta y los ojos perdidos en el chico en cuanto lo vió. A David le pasó lo mismo pero cuando vió a Helena.

-Mira vos… es un lindo chico-dijo Ginny-tiene los ojos de su madre.

-Si-dijo Hermione- y el mismo pelo

-Y la misma nariz-dijo Ron

-Los labios y las orejas también son como los de ella…-dijo Harry

-Y de Demian tiene…-nadie acertaba a encontrarle algo parecido. Era la versión masculina de Samanta, pero de Demian no tenía nada.

-El apellido, y confórmense con eso-dijo Demian sonrojado-no lo castiguen al chico, por suerte es como la madre.

-No, pero de Demian tiene mucho-saltó Samanta a defender su fidelidad-la forma de actuar es igual a Demian. Es muy extrovertido y yo soy más bien tímida…

Harry carraspeó.

-Uff, le tocó la mejor parte entonces-dijo Hermione que ya no se aguantaba a Demian.

-Y tendrían que bajarle los pantalones para que vean…

-¡Basta Demian!

Todos lo miraron enfadados. Había que apurarse, por que el tren estaba por partir.

-Adentro, vamos-dijo Ginny. Primero pasó Helena por la columna, luego fue Cleopatra, Sirius y David.

Después de que ingresaron al andén también los padres estuvieron chocando saludos, recomendaciones, y suertes para que a los jóvenes les fuera bien en el colegio.

-Todos ellos irán a Gryffindor-dijo Demian-estoy seguro. ¿La más grande tuya a donde va Ron?

-Gryffindor-dijo el padre orgulloso.

Los padres saludaron con los brazos a sus hijos mientras estos caminaban hacia el tren. Sirius se encontraba un poco pálido, e iba cabizbajo mientras su prima Cleopatra le hablaba incesantemente sobre cualquier cosa, sin dejar de mirar al nuevo integrante del grupo. David se había acercado a Helena y le estaba hablando… el joven era carismático, pero el corazón de hielo de Helena era intachable. No hacia más que mirarlo con asco y como si fuera solo “un niño”. David no cedía a esta mirada e incluso llegó a apoyar sus “sucias manos” en la espalda de la chica como esta le recordó segundos después de que lo hiciera. Eran cuatro niños con nuevas aventuras que no saben lo que me muero por relatar, y que a lo mejor alguna vez en la vida lo haga…

Ahora volvamos con los padres. Todos ellos salieron del andén en cuanto el tren se puso en marcha. Dieron un respiro de alivio mezclado con melancolía.

-Ya están grandes-dijo Ron

-Espero que triunfen…-habló Harry

Las parejas se abrazaron.

-Bueno-dijo Demian- un día de estos nos tenemos que juntar a comer algo…

-Espera-dijo Harry- hay ciertas preguntas que te tengo que hacer

-Uno de estos días nos juntamos a comer algo. Y no va a quedar ninguna pregunta sin responder-dijo Demian sonriente-Tenemos que ir a trabajar. Adiós.

La pareja Stuart se despidió de todos y se encaminaron hacia dos autos que había en la calle, un Peugeot 206 y un Italdesing Schiguiera deportivo. Segundos antes de meterse Demian volteo y los miró con malicia.

Los cuatro hicieron un jadeo de preocupación.

-¿Vieron lo mismo que yo?-preguntó Ginny

-¿Qué cosa?

-Cuando Demian se dio vuelta, yo, muy observadora, vi que uno de sus zapatos decía el famoso “Made In 3097” ¿será algo malo?

-No se si tanto como lo que ví yo-dijo Hermione- el documento de identidad grande que había en su bolsillo y decía: “Rohan Anthony Bonning” y nosotros le estuvimos llamando todo el día Demian.

-¿Y la fecha de vencimiento del seguro del auto que había en vidrio? Vencía como en el 3100 ahora que Ginny me recuerda las fechas-observo Ron.

-Demian esta bien vivo. Solamente fingía… vi el brillo a la altura de la medula cuando se iba. Tiene el chip puesto… -dijo Harry-el dijo que había otro en su casa, probablemente lo encontró, y al ver que encajaba en ese lugar se lo puso. Ahora hay que ver que hace.

-¿Tenes miedo de que sea peligroso?

-No para nosotros… Demian ya no va a atacarnos y si lo hace no creo que llegue muy lejos. Tengo miedo por los chicos… tampoco creo que los ataque pero David…

-¿Pensas que él sí es peligroso?-le preguntó nuevamente Ginny

-No lo se… parece buen chico pero tiene mucha influencia de Demian-explicó preocupado Harry

-No te preocupes Harry. Nosotros también afrontamos problemas a los once años… ellos saldrán bien librados de cualquiera.

-Eso espero-dijo Harry un poco más aliviado

-¡Claro!-dijo Ginny- siempre que estén unidos como lo estuvimos nosotros

Harry sonrió, ya no eran sus aventuras, pero igualmente sentía la adrenalina. Abrazó a Ginny como solía hacerlo antes de que naciera Sirius. Esta se estremeció al sentir nuevamente este abrazo. Los problemas nunca acabarían y siempre vivirían con miedo… pero es parte de la vida y hay que aceptarlo; además ¡Qué aburrida que sería si no hubiera peligro! ¿No?