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Historia 26688 — capítulo 10

Capitulo 10. ¿Misión Imposible?

-¡¡DESPIERTA!!-vociferó por enésima vez la pelirroja. Había estado tratando de despertar a su amiga desde hacía ya media hora. Pero ésta, al parecer ni se enteraba. Seguía durmiendo, sonriendo de vez en cuando y murmurando palabras que no lograba entender… -¡Por Dios! ¿Será que tiene el sueño de piedra esta niña?

-Probablemente…-contesté apareciéndome de repente en la habitación.

-¡Hola, Lu! ¿Cómo estás? – me preguntó la única chica a la que le presto a MI Harry.

-¡Hola Gin! Pues, aquí ya ves… Tenía rato que no las veía y decidí hacerles una visita… -contesté sonriéndole.- ¿Y tú en que andas?

-Tratando de que Herms se levante, ya son las 11:00 AM y tenemos unas cosas que hacer… Pero nada de nada…-suspiró resignada a la vez que mirábamos cómo la castaña se daba vueltas enredándose aun más entre las sábanas, abrazando su oso de peluche con fuerzas y hablando dormida.

-Mmm… Ya sé lo que podemos hacer… -comenté.

-¿Qué?

Y sin responder a la pregunta ni pensarlo dos veces, tomé un vaso de agua helada que había encima del tocador y me acerqué a la cama sigilosamente. Lo levanté justo encima de la cara de la castaña y sin miramientos, se lo vertí encima. La reacción fue inmediata:

-¡¡Levicorpus!! –gritó la chica mas por instinto que por otra cosa, tomando su varita de encima de la mesita de noche.

-¡Oye! ¡Bájame de aquí!-le espetó Ginny, que había sido como halada por una cuerda invisible desde su tobillo, y ahora guindaba cabeza abajo con las manos en las cintura y el cabello rojo cayéndole desordenadamente por la cara. Mientras que yo, alejándome de la escena del crimen rápidamente, ya que ya suponía que algo de esa naturaleza pasaría, mantenía una cara de inocente que no ha roto ni un plato. -¡Ni siquiera fue yo! –exclamó la chica.

-Gracias por delatarme niña…-respondí aparentando enojo… Luego miré detenidamente el aspecto que presentaba la castaña: un pijama azul empapado de la cintura para arriba, con el cabello enmarañado como si no hubiese visto un cepillo en días, una expresión mojada de pocos amigos y la varita aun en ristre.

-¿Por qué rayos hiciste eso?-preguntó furiosa Hermione temblando de pies a cabeza.

-¡Hola! A mi también me da gusto verte de nuevo Herms… -respondí sarcásticamente. Luego continué:

-Es que me dio la ligera impresión de que tenías calor y decidí refrescarte un poquito…

-¡Jajaja! ¡Mira como me río! –dijo señalando su cara, que tenía una mueca que podía ser todo menos una sonrisa…

-Esta bien… Me disculpo… Pero es que no tuvimos mas remedio… No querías despertarte… -admití encogiéndome de hombros.

-¿Tuvimos? Eso suena a mucha gente… -comentó la pelirroja aun colgada del tobillo desde lo alto del techo de la habitación.

-¿Y no podían hacerlo como personas normales y corrientes y zarandearme un poco? ¡No! Pensaron que sería más divertido hacerlo a lo antiguo, ¿no? –contestó ignorando el comentario anterior.

-¡Ginny llevaba un buen rato tratando de hacerlo! Pero estabas muy ocupada soñando quién sabe qué cosa y no le hacías caso… Así que tuve que ayudarla un poquito…

-Es cierto… -corroboró la pelirroja apoyándome por fin.- ¿Qué era lo que soñabas?

-Nada… -contestó la castaña tratando de borrar una sonrisa estúpida que había aparecido en su rostro al recordar lo que estaba soñando.

-Apuesto a que era algo relacionado con Ro-Ro… -dije con voz cantarina tratando de imitar a La-La… Digo, a Lavender.

-¡Claro que no!-se defendió de inmediato.

-¿No? ¡Pero solo mira como te has puesto!- se burló la pelirroja, señalando la cara de su amiga que estaba de todos los colores. –Total… Lo importante es que ya estas despierta… ¡Ahora bájame de aquí!

-¡No lo haré! –Respondió testaruda la chica…- ¡Te lo mereces por lo que me hiciste!

-¡Pero si no fui yo! Además, ¡No tenías por que reaccionar así!

-¿A no? Recuerda que estas hablando con la chica que tomó clases de defensa junto a Harry y Ro-Ro, digo, Ron… para derrotar a Voldemort… No puedo reaccionar de otra forma cuando me toman por sorpresa.-se justificó cruzada de brazos.

-Como sea… ¡Solo bájame que la sangre se me esta subiendo a la cabeza!

-Bien…-repuso su amiga.- ¡Liberacorpus!-pronunció el contra hechizo, dejando caer al suelo de un golpe a la pelirroja. Después de todo, por su culpa estaba mojada… O eso seguía pensando ella.

-¡Ouch! … ¿No podías hacerlo con más delicadeza?-preguntó resentida Ginny, pasándose la mano por la cabeza…

-Lo siento…-se disculpó Hermione. Luego utilizó su varita para secarse la ropa y la almohada con la corriente de aire caliente que había conjurado. Y sin más, se acostó de nuevo.

-¿Vas a dormirte otra vez?-preguntó incrédula la pelirroja.

-Si…-contestó simplemente la castaña, acomodándose las sábanas.

-¿Después de todo lo que duré para despertarte?

-Duramos…-corregí.

-Aja…-contestó la otra cerrando los ojos lentamente.

-¿Qué no te acuerdas qué día es hoy?

-¿Lunes?

-No...

-¿Martes?

-No…

-¿Miércoles?

-No…

-¿Jue…?

-¡NO! ¡Es sábado!-la corté yo, antes de que siguieran recitando los días de la semana.

-Ah, sí… Sábado… Ahora déjenme dormir… Ginny, ayer me mataste con los ejercicios y me duele todo el cuerpo…

-No hablo de día de semanas…

-¿Entonces?-dijo de mal humor, mientras se tapaba con las sábanas hasta la cabeza.

-Hoy es un día sumamente importante para tí…

-¿Ah sí? –dijo abriendo un ojo y tratando de recordar.

-Sí…

-No se de que me hablas…-respondió después de pensar un rato.

-¡HOY es el día en el que pondrás a prueba todo lo que has aprendido! ¡HOY me demostrarás que todo lo que te enseñé sobre chicos servirá de algo! ¡HOY sabrás si estás lista para conquistar a Ron! Pero sobre todo… ¡HOY te demostrarás a ti misma que puedes lograr todo lo que te propongas! –Ginny tomó aire.

-¿De verdad? ¿Y cómo querías que lo adivinara si no te tomaste la molestia de comentármelo siquiera?

-¡Pero si te lo dije hace una semana!

-¿En serio?

-Sí, soy testigo…-dije solemnemente mientras tomaba las riendas de la situación que estaba haciendo que Ginny echara chispas por las orejas… literalmente.

-Bien… ¿Entonces que haremos?

-Sólo vístete… Mi queridísima amiga y yo nos encargaremos del resto…-dije misteriosamente.

-Aish… Está bien…-se resignó la castaña a la vez que se paraba de la cama.

-Nos vemos abajo…-dije abriendo la puerta.

-¿Me visto para alguna ocasión especial? –preguntó algo curiosa Hermione. Ginny y yo intercambiamos una mirada cómplice y respondimos al unísono:

-Algo coqueto y sencillo…

-Ahora sí, apúrate…-y salimos dejándola confusa.


Uno que otro transeúnte caminaba sin mucha prisa por el desolado Callejón Diagon bajo los abrasadores rayos del sol del mediodía. Los únicos dos restaurantes de la calle estaban repletos de gente apurada por conseguir mesas libres, pues al parecer, aquel sábado todas las familias de magos de Londres habían decido comer fuera de casa. (N/A: ¿Será que no había un McDonalds, un Domino’s pizza o un Burger King en el mundo mágico?) En fin, que por lo tanto, nuestros chicos estaban sin mucho trabajo que hacer en la tienda, a excepción de dar los toques finales a la “nueva” personalidad de Ron.

-Bien amigo… Creo que has avanzado mucho en estas últimas semanas… -comentó Harry.

-Sí, hasta pareces digno de llevar el porte de un Weasley…-dijo George

-Tienen razón… Incluso me atrevería a decir que estas tan guapo como nosotros…-agregó Fred.

-Gracias…-respondió a los cumplidos el menor de los pelirrojos, mientras colgaba el letrero de “Cerrado” a la nueva, mejorada y mucho más grande sucursal de artículos de broma.

-Definitivamente esas clases que te dimos te servirán de mucho…

-¿Clases? Pero si a eso no se les puede llamar de esa forma… ¡Pagué para que mis hermanos mayores me dieran consejos con las chicas!

-Consejos, clases, lecciones, recomendaciones, toques, recordatorios, consultas, advertencias, avisos, guías, reflexiones, orientaciones… Da igual…-Fred le restó importancia con un gesto de la mano.

-Sí, la única diferencia es que a los otros hermanos se los dan de gratis, pero a mí me cobran por ello…

-Dale, ya no te quejes tanto… Sí que te agradecemos el gesto de ayudarnos con la tienda –el pelinegro fingió un ataque de tos.

-Y a Harry también…-completó George.- Pero, ¿me vas a decir que un hermano ordinario podría lograr que conquistes a la chica de tus sueños?

-Aun no hemos probado si funcionará…-le recordó Ron.

-Sí, pero estoy seguro que estás preparado y que cualquier chica cae rendida a tus pies.-dijo Fred.

-Bueeeeno… No estaría tan seguro de eso si fuera tú…-comentó con gesto divertido el pelinegro.

-¿A que te refieres?

-Pues…

-¿Estas poniendo en duda nuestras capacidades para enseñar “El Arte de Conquistar”?-preguntó amenazadoramente George.

-¿Y las mías para aprender? –preguntó con el ceño fruncido su amigo.

-Eh…

-Porque si lo estas haciendo te digo estas totalmente equivocado… -respondió rápidamente con los brazos cruzados.

-Sí, él puede con lo que sea…-asintió George.

-Solo di cuándo y dónde y estará allí para demostrártelo…-dijo Fred.

-Por supuesto que sí…

-Créeme cuando te digo que confío en tus facultades… Pero ¿que les parece si lo probamos?

-Claro que lo hará…

-Acepta…-dijo Fred estrechándole la mano a Harry como si cerraran un trato.

-Pues vamos entonces…

-¿A dónde? –preguntó Ron con la boca abierta, quién se había quedado en su mismo sitio mientras los otros discutían si era lo suficientemente capaz o no…

-A que demuestres que sabemos conquistar… Digo, que sabes conquistar… -respondió George como si fuera algo obvio.

-¿Ahora?

-Sí…-dijo Fred tomando la chaqueta de su hermano menor y pasándosela.

-¡Vamos! –lo alentó Harry, sonriendo ante la expresión atónita de su amigo mientras caminaban hacia la puerta y la abrían haciendo sonar la campanita. Los gemelos lo tomaron por los brazos y lo sacaron de allí


Mientras tanto, en las afueras de Londres, un trío de chicas iba a toda velocidad rebasando a todos los autos que se encontraban por la carretera, montadas en una carrito de minigolf que minutos atrás y por arte de magia se habían encargado de pintar color rosa chicle, para que según ellas, estuviera mas acorde con la ocasión…

-Bien… ¿ahora si puedo saber que es lo que se supone que haré? –preguntó la castaña que estaba sentada en el asiento del acompañante, sujetándose como podía por los acelerones que metía la pelirroja quién estaba al volante.

-Mejor le decimos cuando lleguemos…-sugerí desde la parte de atrás.

-Sí, sorpresa es mejor, además quiero ver la cara que pone cuando le digamos…

-¡Sí! Seguro que le da algo y se pone histérica…-comenté sonriendo a la vez que me imaginaba la futura escena.

-¿Recuerdan que estoy aquí verdad? –preguntó con sarcasmo Hermione.

-Por supuesto… pero no puedes negarnos ese placer amiguita… -dijo Gin mirándola maliciosamente y recordando como había estado colgada del techo por casi media hora esa mañana.

-¿Será algo difícil? –preguntó con temor.

-No si sabes como utilizar tus dones… -respondí con algo más de misterio.

Llegaron a aquella plaza que meses antes, a principios del verano, habían visto rápidamente cuando iban en busca de Andrea al aeropuerto. Estaba compuesta por muchísimas tiendas que vendían desde maquillaje, accesorios, zapatos, cosas para la casa, hasta ropa al último grito de la moda (tuvimos que sujetar a Ginny para que no se fuera directo a ellas), centros de belleza e incluso una librería antiquísima (adivinen a quien tuvimos que sujetar…). Pero el destino de estas intrépidas chicas, era nada más y nada menos que un café/bar súper caro que había en la planta baja del edificio, al aire libre. Se desmontaron del carrito, y pareciendo los tres Ángeles de Charlie, se sentaron muy coquetamente en una de las mesitas con sombrilla.

-¿Así que mi prueba consiste en hacer aparecer dinero para pagar este restaurante? -comentó incrédula la castaña.

-No exactamente…

-¿Entonces qué?

-Bien, escucha con atención: tu meta es lograr que nos dejen gratis la cuenta… Tan sólo usando tus encantos…

-¡Y nada de magia!-advertí.

-Además, no es cualquier restaurante…

-¿A sí? ¿Y que tiene de diferente?

-Para empezar, es sólo de chicas…

-Por lo tanto nuestra presencia aquí no llamará mucho la atención…

-Así que tienes que hacerte destacar de alguna forma…

-También tiene la particularidad de que sus meseros son los chicos más lindos de por aquí…-contesté demostrando que había hecho bien mi tarea.

-Y su trabajo es atender a las clientas, pero sin inmiscuirse con ellas…

-Lo que nos lleva a pensar, -agregué- que tendrás que hacer que se las jueguen por ti…

-Pero sin rogarle nada, ¿entendido?

¡¿Qué rayos haría?! Pensó sin expresar su pánico en voz alta. Esto sí que era misión imposible…


Cuatro chicos caminaban sin mucha prisa por el centro de Londres, guiados por un pelinegro de ojos verdes, quien maquinaba en silencio su plan macabro para poner a su amigo a toda prueba.

-¿A dónde vamos? –preguntó George.

-Estamos llegando, solo nos falta una cuadra…-contestó evadiendo la pregunta.

-¿Sabes que pierdes tu tiempo, no?

-Tal vez… Eso lo veremos cuando lleguemos…-dijo mientras cruzaban la calle.

-No hay ninguna chica que sea incapaz de caer rendida a sus pies…-siguió uno de los gemelos.

-No con todos los consejos que le dimos…

-Y con la ropa que compraremos para el día de la fiesta de Hermione, cuando te desmontes del Ferrari a la entrada de su casa, con un ramo de rosas rojas en la mano, una actitud diferente, muchísimo más caballeroso, y tan culto como ella… Segurísimo que cuando te vea, ni siquiera te dejará hablar y te preguntará: ¿Quieres ser mi novio Ro-Ro? –dijo en son de burla Fred.

-Jajaja… ¡muy gracioso! –exclamó el menor de los Weasleys.

-Bien, ya llegamos…-comentó Harry sacando a los hermanos del principio de su sesión de “Molestemos a Ron”.

-¿La biblioteca?-preguntó incrédulo su amigo.

-¿Qué hará allí? ¿Demostrar que puede gustarle a la chica que atiende la sección de libros infantiles? –preguntó Fred cuando entraron.

-¿Cómo sabes que hay una chica que atiende esa sección? –preguntó suspicaz Ron.

-Es que Fred y yo hemos venido un par de veces, ya sabes…-contestó George, guiñándole un ojo a su hermano.

-De todas formas, no es para eso… Bueno, casi…-dijo Harry cuando se sentaron en una de las mesas más próximas a la puerta. –Ella no sería un gran reto que digamos…

-¿A no? ¿Entonces a quién debo conquistar? –preguntó Ron temiendo la respuesta.

-La bibliotecaria…-dijo con una sonrisa de oreja a oreja su amigo.

-¿A esa chica linda de allí?- preguntó Fred señalando a una joven morena de pelo suelto que estaba sentada tras el mostrador, ocupada fichando algunos libros nuevos que alguien acababa de traer.

-Pero si se ve que es muy dulce…-comentó George viendo como esta sonreía amablemente a unas niñas que la saludaron al pasar.

-Si, pero así de dulce como la ves, ha rechazado a Ron unas diez veces…

-Nueve…-dijo el pelirrojo entre dientes poniéndose colorado.

-¡¿Qué?! –exclamó Fred.

-¡¿Cómo es posible?! –exclamó su gemelo.

-Así como lo oyen… Por lo que si Ron logra que ella le acepte una invitación a la fiesta que dará Herms, quedaré completamente convencido de que eres capaz de todo amigo mío…

-¡Vamos, que lo harás bien!

-¡Sí, anda! ¡Es pan comido!

-¡¡Levántate hombre!!-le animó Harry.

Ron tragó saliva con dificultad y luego se puso de pie, caminando lentamente hacia la chica de la cual no sabía ni el nombre. ¡¿Cómo iba a lograrlo?!


Así que tenía que hacer que un niño lindo, completamente extraño, acostumbrado a miradas lujuriosas por parte de las decenas de chicas que atendía diariamente, le pagara la cuenta, ¡¿Y sin utilizar magia?! ¡Ja! ¿Pero quien se creían que era? ¿Andrea? Seguro que esa cabeza hueca si que lograría poner de cabeza a cualquier chico… Y eso, que estaba casi confirmado que solo le quedan un par de neuronas (si es que no se le han quemado aun del esfuerzo que hace por caminar y hablar al mismo tiempo)… Entonces, ¿cómo era posible que una bruja de casi 18 años, prefecta de uno de los colegios más prestigiosos de Magia de Europa, posible Premio Anual de séptimo curso, y con un coeficiente intelectual próximo al de Einstein, no puede ser capaz de cumplir con ese simple reto…? ¡No! Si pensaban que me pondría como loca y no sabría cómo actuar, pues ¡se equivocan! Les enseñaré con quién están tratando… ¡Como que me llamo Hermione Jane Granger!

Vamos Hermione, ¡piensa!-Se dijo a sí misma haciendo que su cerebro empezara a trabajar a mil por hora. –Recuerdo que leí alguna vez que deseamos lo que no podemos tener… Y estos chicos están acostumbrados a llamar la atención de cada mujer que se les cruza, he de admitir que pueden tener a la que quieran cuando quieran, sin proponérselo siquiera… Pues talvez ignorarlos sea la clave… ¿Hacerme la difícil? ¿No?

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sus ojos enfocaron la imagen de un chico alto, blanco, cabello y ojos negros, de mirada cautivadora y un físico excelente acentuado por el atuendo que llevaba puesto: jeans y un t-shirt color rojo que al parecer formaba parte del uniforme de los empleados. Se dirigía hacía ellas rápidamente montado en patines en linea y con una libreta entre manos.

-Buenas tardes señoritas, mi nombre es Arturo… ¿Puedo tomar su orden?

-¡Hola! –dijimos Ginny y yo al unísono, mientras Hermione se limitaba a cruzar las piernas, las cuales quedaban al descubierto gracias a la minifalda negra que se había puesto combinada con una blusa naranja y un ligero maquillaje que destacaba la forma de su cara, mirando el menú tras los lentes de sol que había echo aparecer de repente.

-¿Cuál es la especialidad de la casa?-preguntó la castaña.

-Bueno, pues de entrada tenemos ensalada estilo mediterráneo, acompañado de vino blanco… -respondió el chico mirando a su interlocutora con interés.

-Mmm… -la castaña aparentó estar indecisa.

-¡Yo si quiero la ensalada asiática! –exclamó Ginny haciéndole ojitos.

-Estilo mediterráneo señorita…-corrigió el joven.

-Lo que sea… Y luego, creo que unas pechugas de pollo…

-¿Y usted?-dijo refiriéndose a mí.

-Tengo casi 16, estoy soltera y sin compromisos y me puede aparecer en este fic cuando quiera, pues soy la autora, así que no tengo ningún inconveniente en que me invites a salir…-contesté de inmediato con una sonrisa.

-Me preguntaba que iba a pedir para almorzar…-aclaró sin sorprenderse de mi declaración.

-Ah… Me parece que ordenaré lo mismo que ella…-contesté sin nada de vergüenza, examinando los cuadritos del abdomen del chico, los cuales se notaban bajo la fina tela del t-shirt.

-Yo simplemente tomaré una piña colada…-se decidió por fin Hermione, cerrando su menú y devolviéndoselo sin mucho interés al perplejo pelinegro, que no podía creer que aun no la castaña no se dignaba en mirarlo.

-Bien… si quieren algo más, estaré dentro si me necesitan…-y tras decir esto, se fue patinando hacia adentro.


¿Qué estrategia usaré? ¿Le hablo de cualquier tema? No… ¿Le muestro mi faceta romántica? No, seguro que me saca a patadas si le salgo con algún poema… ¿Y si le digo que estoy interesado en alguna cultura extranjera? Mmm… creo que esa técnica la utilicé la quinta vez que intenté abordarla. ¿Le pregunto cómo se llama? Talvez sea un buen inicio de conversación… O quizás no… ¡Por el amor de Dios! ¿Por qué las mujeres tienen que ser tan difíciles? ¿Por qué Harry con solo mirarlas las tiene bajo sus pies? ¡No es justo! ¿Qué no se supone que los Weasleys somos como un imán atrapa-chicas? Al parecer yo no heredé esas facultades… Si sólo pudiera ser yo mismo… ¿Le hablo con la verdad? ¡Ja! ¡Cómo si fuera a funcionar! Sólo voy, me le acerco y le digo:

-Hola, ¿Qué tal? –Comenzó a hablar solo cerca de una de las estanterías.- Me llamo Ron, no se si me recuerdas, soy el chico que te ha estado molestando todo el verano para conseguir que le des tu nombre… Pero tú ni siquiera me miras… Sólo quería que supieras que mis amigos están en el otro extremo de la sala, esperando que me acerque a ti y te convenza de ir a la fiesta que ofrecerá nuestra amiga con motivo de sus 18 años dentro de unas semanas… Sí, se que no me conoces aun, pero entiéndeme, aquí estoy poniendo a prueba no solo mis capacidades para tratar con mujeres algo difíciles (no me malinterpretes, con eso no quiero decir que seas difícil) es solo que… estoy enamorado de la chica en cuestión, y no sabía como hacer que me viera como mas que un amigo, así que Harry Potter (Sí, quien derrotó al-que-no-debe-ser-nombrado) y mis hermanos gemelos (el par de pelirrojos de aquella mesa), me ayudaron todo el verano a cambiar mi apariencia y algo de mi personalidad para gustarle a Hermione. Seguro te preguntarás, ¿Qué tienes que ver con todo esto? Bien, en realidad, nada. Pero si consigo que vayas a esa fiesta, les demostraré a ellos, y sobre todo, a mí mismo, que estoy preparado para conquistar al amor de mi vida… En fin, no espero que me entiendas, pero…

-Te entiendo…-dijo una voz a sus espaldas.


-Voy al baño chicas, regreso en unos minutos…-dijo Hermione.

-Ok…

La castaña se levantó de su asiento y entró con paso decidido al restaurante. Todos se quedaron mirando a la chica, que caminaba con mucha desenvoltura y gracia, como toda una modelo, encima de unos tacones naranja que hacían juego con su blusa. Se detuvo frente al mostrador y le preguntó a la chica que cobraba donde estaba el baño. La joven le señaló una puesta a la izquierda y sin mirar a nadie en específico, se dirigió a la puerta con el letrero que decía “Damas”, captando la atención de todos los meseros del lugar.

-¿Quién es ella? –preguntó un chico rubio.

-Una clienta obviamente…

-Se ve que no frecuenta mucho este lugar…

-O que lo frecuenta demasiado, depende de cómo lo veas…-comentó otro.

-No, llevo todo el verano trabajando aquí y nunca la había visto…-dijo Arturo participando de la conversación.

-¿Quién atiende su mesa? –preguntó un muchacho de cabello largo.

-Yo…-respondió.

-¿No se te ha insinuado?

-Para nada… Se limitó a ordenar… Sin embargo sus amigas están babeando… -comentó como sin querer colocando lo que iba a llevar sobre una bandeja.

-Eso es lo que se llama una chica con clase…-dijo otro.

-Sí, la verdad es que tiene un aire desafiante…

-Talvez desafiante no sea la palabra correcta.-comentó el rubio.

-Más bien parece que es algo diferente…

-Diferente para bien supongo…

Hermione salió del baño, y con mucho porte, se dirigió nuevamente a su mesa, con la cabeza en alto y sin demostrar el más mínimo interés hacia los que la miraban con descaro.

-Mejor les llevo su orden…-dijo Arturo mirando la silueta de la castaña desaparecer tras la puerta.

-¡Yo te acompaño! –exclamó el chico rubio embobado.

-¡Yo quiero verla de cerca! –dijo el de cabello largo.

-¡Es mi mesa!-reclamó el de pelo negro.

-¿Y?

-¡Que yo la ví primero!

-¡Y nosotros después!


-¿Me entiendes?-preguntó incrédulo el pelirrojo.

-Sí… Con razón siempre venías acompañado de Potter todos los fines de semanas…-supuso la chica terminando de colocar unos libros en la estantería que Ron había utilizado para practicar.

-¿Conoces a Harry?

-¿Y quién en el mundo mágico no conoce “Al-niño-que-vivió”?

-¿Eres bruja?

-Sí.-contestó simplemente.

-¿Y qué rayos haces trabajando en una biblioteca?

-Te lo dije hace unas semanas… Lo hago por diversión… Sólo mientras termino mi carrera de medimaga.

-Increíble… Y yo que pensaba que eras muggle.

-Pues ya ves como no…-dijo encogiéndose de hombros.-Eres Ronald Weasley, ¿no?

-Sí.

-Bien, mi nombre es Lorena… ¡Mucho gusto!-dijo estrechándole la mano.

-No sabes lo aliviado que estoy de poder hablar abiertamente contigo…-admitió siguiéndola hasta la parte delantera del lugar.

-Supongo que sí… ¿Decías algo sobre una fiesta al principio de la conversación que te traías contigo mismo…?

-Sí, será dentro de unos días, y me preguntaba si querías venir… Claro, no como mi pareja, sino como invitada…

-¿Van tus hermanos? -comentó aparentando estar distraída, pero la verdad era que se había quedado muy interesada al observar a los acompañantes de su interlocutor.

-Sí, creo que sí…

-Pues esta bien… Solo avísame por vía lechuza cuando… ¿Vale?

-¡Perfecto!

Y sin más, se encaminó hacia los chicos que desde la mesa de atrás lo miraban expectantes.

-¡Listo!-exclamó cuando estuvo más cerca.

-¿Ya?-preguntó Harry.

-¿Tan rápido?-se extrañó George.

-¿Estás seguro que no usaste magia? –preguntó incrédulo Fred

-Mira que estaba prohibido…-le recordó el pelinegro.

-No, usé sólo mis habilidades innatas…–dijo restándole importancia Ron.-¿Nos vamos?

-Sí, pero…

-A ver… Ya hice lo que me pidieron, su nombre es Lorena, es bruja, estudia para trabajar en San Mungo como medimaga, esto es sólo un trabajo de medio tiempo que hace por diversión, nos conoce perfectamente y dijo que iría a la fiesta, que solo le avisara cuando…-aclaró con una sonrisa de autosuficiencia, mientras se juraba a si mismo nunca rebelar que la había invitado por accidente.

-¿En serio?

-Sí. ¿Ya podemos irnos? Quiero comer algo antes de abrir la tienda...

-¡No puedo creerlo!-escuchó como exclamaba Harry cuando salían a las calurosas calles de Londres para dirigirse al Caldero Chorreante.


-Oh vamos… ¿Qué no tienen algo mejor que hacer? –preguntó la chica que atendía el mostrador, mirando como los chicos empezaban a pelearse por llevar la orden a la mesa del trío. -¿Qué tal si van los tres? –sugirió la chica.

-¡No!-exclamaron al unísono.

Entonces, de repente, empezaron una carrera para ver quién llegaba primero a la mesa de la misteriosa castaña, empujándose entre sí como niños que peleaban por quedarse con el trozo de chocolate más grande. Pero como los tres llevaban patines, la carrera iba muy a la par. El problema era que la puerta era muy estrecha y no podían salir todos por allí. La atravesaron como pudieron, y a tropezones se acercaron a la mesa, donde las tres chicas conversaban.

-Me llamo Joan…-se presentó el chico rubio.

-Y yo soy Michael…-saludó el de cabello largo.

-¡Hola chicos!

-Ehmm… nos preguntábamos si este incompetente las está atendiendo bien…

-Porque si no es así, estamos a sus ordenes…-dijo desesperadamente el rubio, mirando a

Hermione, quien mostraba sumo interés en la pulcritud de sus uñas.

-Sí, muy bien.-contestó Ginny.

-Aquí esta lo que ordenaron, señoritas…-dijo galantemente Arturo, amagando a poner las cosas sobre la mesita.

-¡Yo te ayudo!

-¡No, lo haré yo!

-¡Son mis clientas!

-¡Eso no importa!

-¡¡¡Si importa!!!

-¡Basta chicos!-exclamó de repente Hermione, llamando la atención de todos. Se quitó los lentes de sol que aun llevaba puestos, y miró directamente a los ojos a Arturo, quien se quedó paralizado ante la belleza de sus ojos, perdiendo así el control de sus patines, para terminar resbalando y llevándose consigo a los otros dos, quedando los tres tirados en el piso y llenos de pastas por todos lados, mientras unas albóndigas adornaban sus cabezas.

-¿Misión cumplida no les parece?-preguntó sonriente la castaña, media hora más tarde, cuando las tres entrábamos a la casa.

-Creo que sí…-admitió Ginny.

-Te felicito, nos sorprendió tu forma de actuar…-le dije.

-Gracias, gracias…-contestó haciendo falsas reverencias.-Se lo debo todo a mi maestra…-comentó mirando a Ginny.

-Bien, así que ya sabes que puedes con todo, ¿verdad?-preguntó la pelirroja.

-¡Sí! Ya estoy mucho más confiada. Ahora más que nunca sé que lograré que Ron se enamore de mí…

Al otro lado de la sala, detrás de la puerta que da a la cocina, una rubia de ojos verdes se llevó la mano a boca sorprendida…

-Con que esa es la razón por la cual ha cambiado tanto este verano…-se dijo a sí misa Andrea, atando los cabos sueltos rápidamente en su cabeza.-Hay primita… si supieras que yo también tengo en mente mis propios planes de verano…