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Historia 26688 — capítulo 9

Capitulo 9. Lecciones de Conquista III

Es interesante, e incluso diría que un tanto gracioso, cuando ese misterio al que llamamos “tiempo” decide jugar con nosotros cuando más desesperados estamos porque algo ocurra. Seguro que se habrán topado con un momento así…

Son uno de esos días en donde empiezas con el pie equivocado, todo te salió mal desde que abriste los ojos en la mañana, entonces deseas que acabe ese día lo más rápido posible. Momentos de intenso calor, cansancio, cuando estas harto de oír al estúpido profesor hablando monótonamente de algo que estas seguro no te servirá para nada en la vida, cuando aparece esa molesta mosca, que zumba a tu alrededor como burlándose de que ella es libre de escapar de allí cuando quiera, sin embargo tú no puedes. O simplemente ya estas harto de todo y de todos, y lo único que quieres es salir de tu ultima clase, para poder llegar a casa, darte un baño y tirarte en tu cama hasta la próxima semana…

Y es justo ahí, cuando faltan dos minutos para que esa tortura acabe, que te da la impresión de que las manecillas del reloj empiezan a girar mas lentamente, pasando de un numero a otro con una parsimonia asombrosa como si no quisieran completar su recorrido hacia el numero doce… Tic Tac. Tic Tac. Te provoca zarandearlo para hacer que pare ese sonido que se esta amplificado a mil en tu cabeza. Y él solo esta allí, tranquilo, estático, dándote la certera sensación de que esos dos minutos se convierten en dos largas horas, o peor aun: que se ha detenido y nunca se acabara el tiempo.

Y… ¿Entonces? ¿Qué se supone que haces? No tienes más remedio que esperar. Sí, aguantar y esperar a que pasen esos minutos. No los necesitas. Solo quieres que terminen de pasar para largarte de allí. Esa es la única solución para el problema.

Ahora… ¿que pasa cuando el caso es completamente al revés? Cuando ves que el tiempo pasa demasiado rápido para tu gusto. Tienes mil cosas en mente para hacer antes de un tiempo determinado. Quien sabe… talvez un trabajo que terminar antes de que llegue el profesor, o tratar de memorizarte los últimos párrafos de tu cuaderno de apuntes antes de que empiece el examen. Sin embargo es allí cuando una hora desaparece en un abrir y cerrar de ojos, y sin darte cuenta, ya tienes el tiempo encima. Y presientes que no podrás lograrlo… Que necesitas con urgencia mas tiempo para poder cumplir tú propósito. Es lo único que te ayudaría. Unos miserables minutos más. ¿Qué hacer entonces? No puedes detener el tiempo. Esto si es un poco mas complicado. No te sobra, te hace falta.

Supongo que ahora tienen una idea de lo que estaban pasando nuestros protagonistas. Tenían que lograr ponerse en forma y hacerse un poco más interesantes para, según ellos, poder agradarle al otro como algo más que un simple amigo. El problema es que solo disponían de un verano para hacerlo.

Hermione contaba con Ginny quien estructuraba toda su rutina diaria para llegar al objetivo lo mas fácil posible. Aunque debemos decir que de fácil no tenía nada. Todos los días, la pelirroja se encargaba de enseñarle algo nuevo a su amiga, quien como buena alumna, ponía todo su empeño en hacerlo lo mejor que podía.

En un par de ocasiones tuvo que tomar un respiro y recordarse a sí misma por qué estaba haciendo todo aquello. Ocasiones como:

-¡Mas rápido! -gritó Ginny.

-¡Eso estoy haciendo!-le respondió casi sin aliento la otra.

Para cambiar un poquito la costumbre de la caminadora habían salido a correr al parque. Bueno, en realidad la castaña era quien se ejercitaba, mientras la pelirroja iba rebasando y haciendo piruetas con un carrito de mini golf alrededor de ella. Llevaba ropa deportiva, audífonos para escuchar música y el cabello recogido en una cola alta para evitar sudar bajo el sol abrasador que iluminaba el cielo de la tarde.

-¡Estoy segura que un fénix corre más rápido que tú!

-¡Los… fénix… no… corren! ¡Vuelan! -respondió acelerando el paso.

-Sabes lo que quiero decir… ¡Aun te quedan cincuenta metros! ¡Vamos!

-¿No podemos hacer solo veinticinco?-preguntó con poquitas esperanzas a sabiendas de la respuesta.

-Nooop…-le contestó tranquilamente mientras con una mano seguía conduciendo y con la otra agarraba un helado de vainilla que había sacado de no se donde…

-¿Por qué?

-A ver… ¿quieres estar más delgada para la fiesta, si o no?

-Si.

-Pues entonces serán sesenta metros...

-¿¡Qué!? ¿Me quieres matar o qué? ¡Ya llevo casi un kilómetro!

-Pues entonces complétalo… ¡y deja de actuar como una cría!-le espetó simplemente y sin mas pisó el acelerador del auto dejándola atrás por mucho…

-Hay Ginny… Ojala que nunca tengas problemas con Harry… Porque te las voy a cobrar con creces… -dijo por lo bajo y resignada siguió con su rutina a la vez que veía como a lo lejos la pelirroja se estacionaba y se disponía a destapar un nuevo helado.


Mientras tanto… para los chicos las semanas se hacían cada vez mas cortas.

El tiempo se les iba rapidísimo. Se levantaban temprano, desayunaban algo, ayudaban a abrir la tienda y enseguida se ponían a trabajar. En la noche solo subían a dormir.

Los primeros días fue algo duro para ellos, pues debían organizar el “territorio” antes de comenzar a pasar los artículos de un lado para otro, pero luego que hubiesen arreglado todo, y con un poco de ayuda por parte de la varita de Ron, las cosas de a poco empezaron a verse mejor.

Harry comenzaba a preocuparse por la salud mental de su amigo, pues cuando todos por fin se iban a descansar, y se suponía que dormían, el pelinegro se levantaba en busca de un vaso de agua, y casi siempre encontraba a Ron medio dormido en la sala, con un paquete de libros encima. Lo escuchaba recitar párrafos de memoria mientras tomaba una ducha, cuando se cambiaba, desayunaba, trabajaba, o incluso cuando dormía… No paraba de practicar con toda chica que se le cruzara por delante (claro, sin que los gemelos se enteraran…) y prácticamente no comía ni dormía, por eso se le veía unas ojeras horribles. Pero el seguía repitiendo una y otra vez: ¡valdrá la pena!

El ojiverde trataba de ayudar a su amigo en todo lo que podía. Le tomaba el tiempo cuando se ejercitaba e incluso, para que se le hiciera menos tedioso, los hacía con él…

En su tiempo libre y los fines de semana iban a la biblioteca pública que se encontraba a unas cuadras, y allí se la pasaban hasta tarde buscando cosas que le pudiesen servir de algo en su intento de impresionar a Hermione. La encargada era una chica algo mayor que ellos, de unos veinte años, morena, cabello negro y lacio, ojos negros rasgados, estatura media y muy lindas facciones. Ron había intentado varías veces aplicar los “conocimientos adquiridos” en ella, pero para su desgracias, no era tan fácil como pensaba…

-Hola linda… ¿Sabes donde puedo encontrar…?-miró a su alrededor en busca de inspiración.- ¿… el catálogo de vinos internacionales?

La chica levantó los ojos de su libro “Memorias de una Geisha” y sin mucho interés le señaló la sección de gastronomía que estaba a su izquierda.

-Ohh… Bueno, gracias…-se pasó la mano por la cabeza, dio unos pasos sin rumbo fijo y de repente se acercó de nuevo.-Es que… Estoy muy interesado en aprender acerca de las culturas extranjeras, ya sabes… expandir los horizontes siempre es bueno… -le comentó en otro intento desesperado por entablar conversación.

-Ajá...

-Sí…

-…-Ya se le había acercado ese pelirrojo acompañado de su amigo unas dos veces, siempre con una excusa estúpida, por lo que estaba algo familiarizada con el proceso.

-Y… ¿Trabajas todos los días aquí o…?

-No, solo los fines de semana.-le respondió más por salir del paso.

-Bueno… seguro que aquí no te diviertes mucho…

-De hecho, me encanta leer y me parece un trabajo muy entretenido…-dijo señalando su libro.

-Mmm… -asintió, pensando quién diablos en su sano juicio pasaría todo el fin de semana dentro en una sala repleta de libros con un silencio sepulcral arropándolo. En seguida le vino a la mente la respuesta: Hermione pagaría por ello.

-Sí.

-De todas formas… ¿Cómo te llamas?-preguntó sin captar la indirecta anterior.

-Escucha…

-Ron… Mi nombre es Ron.

-Como sea… No te ofendas, sé que tratas de ser agradable, pero eres muy niño para mí… -Lo veía con una media sonrisa en el rostro, al parecer en son de burla.

-Oh… Ya veo.

-¡Lo siento!-le dijo con cara de que en realidad no le importaba mucho, y regresó a su libro.

-No hay problema...- y completamente rojo y con las palabritas ¡¿muy niño?! resonándole todavía en la cabeza, tomó el catalogo y se fue de allí.

-¿Cómo te fue?-preguntó Harry con una sonrisa de burla en el rostro.

-¿¡Y me preguntas!? –exclamó sin buen humor, a sabiendas de que el pelinegro había visto y escuchado todo…

-Solo es una chica, no te preocupes…-trató de animarlo.

-Sí, no es lo que me molesta… es que el no conseguir ni siquiera que me diga su nombre demuestra que aun no estoy listo para un desafío mayor…

-Dicen que la tercera es la vencida…

-Esta es como la quinta vez que lo intento…

-Bueno, pues entonces será la sexta…

-Eso espero…

-¿Qué tal si dejamos todo por este fin de semana y hacemos algo con los chicos?

-No lo sé… No quiero desperdiciar el fin de semana…

-¡No lo harás!-y al ver que su amigo no estaba del todo convencido continuó- Te servirá para despejarte un poco y luego vendrás con más fuerzas…

-Mmm…

-¡Vamos!

-Esta bien… ¡Salgamos de aquí!-tomaron todo y salieron.


Pero nada fue más complicado para ella como la semana en que tuvo que aprender a maquillarse. A Ginny no le cabía en la cabeza como es que su amiga podía realizar complicados movimientos con la varita y pronunciar dificilísimos hechizos, si ni siquiera sabia donde se ponía un delineador y mucho menos la dirección en que se colocaba una sombra. Aquella tarde, sin poder inventar una nueva excusa para sacársela de encima, no tuvo más remedio que hacerle caso y cruzar los dedos para que lo que sea que tuviera en mente la pelirroja, la dejara viva por lo menos hasta la fiesta…

-Muy bien… sígueme…-le ordeno el sargento… digo, Gin.

-¿A dónde vamos?-preguntó temerosa la castaña.

-A nuestra habitación….-ya era costumbre llamarla así desde que Andrea había desterrado a Herms de la suya.

-¿Y que haremos allí?

-Te enseñaré las nociones básicas de un buen maquillaje…

-Bueno…

Giró la manecilla de la puerta. Ginny susurró algo de que necesitaban más claridad y se fue a correr las cortinas para dejar entrar un sol radiante desde los ventanales de la habitación. Luego fue a su armario y sacó de su baúl un bolso negro que colocó encima de la cómoda y sin más empezó a vaciar todo. Había desde lápices labiales de todo tipo y grosor, hasta sombras de todos los tonos. Indicó a Hermione que se sentara justo en frente del espejo.

-Recógete el cabello…-dijo remangándose.

-Listo…-respondió la chica haciéndose una cola alta.

-Perfecto… Comencemos… Primero que nada, debes saber que la mirada es una de las claves de la belleza femenina. Para que forme parte de las irresistibles armas de una mujer, es imprescindible conocer ciertas técnicas de maquillaje de ojos y contar con los cosméticos y útiles adecuados. Las sombras, la mascara, el delineador y el lápiz de ojos correcto es lo que necesitas para tener una mirada capaz de parar el tránsito… -mientras hablaba iba mostrándole cada cosa a la castaña, quien a su vez tomaba nota mental y visual de todo lo que estaba diciendo su amiga.

-El primer paso son las cejas…-continuó- Ahora quiero que reclines un poco la cabeza hacia atrás y cierres los ojos…

-¿Para qué?

-Ya sabrás… ¡Solo hazlo!

-Bien… -e hizo lo que le indicaba. Esperó unos instantes, y al sentir que nada ocurría abrió los ojos nuevamente.-¡¡¡AHHH!!!

-¿Qué pasó?-se asustó Ginny.

-¿Qué rayos es eso que tienes en la mano?-preguntó.

-Ah… ¿Esto dices?- le preguntó señalando una paleta llena de una mezcla humeante color verde pálido que acercaba a su cara lentamente.

-¡Si!

-Ah… Pues es solo cera para depilar…-dijo restándole importancia y acercándola a la cara de la castaña otra vez.

-¿QUÉ?-vociferó apartándose rápidamente del alcance de la pelirroja.

-¿Y ahora que pasa?-preguntó alejando la paleta de la cara nuevamente.

-¡¿Me vas a depilar las cejas?!

-Sí…

-¿Y para qué?

-¿Acaso no pusiste atención a lo que te he estado diciendo?-preguntó colocándose una mano en la cintura mientras miraba de manera acusadora haciendo que su parecido a su madre se acentuara aun más.

-¡Sí que puse atención! Lo que pasa es que…

-¡Nada!-la cortó la pelirroja.- ¡Harás lo que te diga y punto!

-Pero y si…

-Estas en buenas manos… ¡No te preocupes!- Hermione guardó silencio y aún mirando recelosa la paleta volvió a su posición inicial en la silla.

Ginny sonrió satisfecha y soplando un poco la cera se la puso alrededor de las cejas de su amiga. Justo donde sobraban uno que otro pelito de más… Luego sacó de la bolsa unos papelitos de colores y se los colocó con mucho cuidado encima de la mezcla.

-Ahora respira profundo…-sugirió.-A la cuenta de tres… ¿ok?

-Vale…

-Uno…-la castaña cerró los ojos con fuerza y se aferró a la silla.-Dos…

  • ¡Ahyyy! ¡¡Me duele!! ¡¡Me duele!!

-¡Pero si ni siquiera he tirado de la cinta!

-¿Ah no?-Hermione abrió un ojo. Ginny estaba a cinco centímetros de su cara, pero aun así no la había tocado.

-¡No!

-Upss… ¡Lo siento!

-Ok… Aquí vamos… Uno, dos…

-¡¡AHHH!!

-¡Hermione! ¡Ya basta! -reprochó la chica mirando la cinta que aún estaba en su lugar.

-Solo estoy practicando…

-Bien, pues si ya terminaste de practicar, aquí vamos…-y sin contar para evitar otro simulacro por parte de la castaña, despegó la cinta.

-¡Bien! ¡Ya estoy lista! Puedes… ¡Auch!– abrió los ojos.- ¿Ya acabó todo?

-Sí…

-¿Tan pronto?

-Ajá…-asintió poniendo una crema sobre la parte enrojecida de su rostro.

-¿Por que no me dijiste que casi no dolería?-preguntó mirándose al espejo.

-No me preguntaste…-respondió encogiéndose de hombros al tiempo que examinaba como había quedado.-Sigamos… Luego que depilas tus cejas, te aseguras de que queden del mismo tamaño. Para ello utilizas esto –dijo enseñándole un lápiz de ojos- que debes procurar que sea de la misma tonalidad de tu cabello. Rellenas los espacios y así disimulas cualquier imperfección.

-¡Que buen truco!

-Lo es… Además puedes utilizar el mismo lápiz para pasar dentro y alrededor de tu ojo, con mucho cuidado por supuesto. Así…-le dijo mostrándole cómo hacerlo.

-¡Quedan como si estuvieran enmarcados!-se asombró la chica.

-Ese es precisamente el objetivo. Ahora aplicas una sombra que sea completamente opuesto al color de la ropa que llevas puesta….

-¿No debería ser igual al color de mi ropa?

-Antes era así… pero ahora, es todo lo contrario. ¡El objetivo es que destaquen tus ojos! A ver… Verde.-dedujo al fijarse en el polo naranja que traía la castaña. Se puso a rebuscar encima de la cómoda.- ¡Aquí están!

-Pero ahí tienes dos tipos de sombras…

-No, en realidad es una sola. Lo que pasa es que debes jugar con el color y usar dos tonalidades del mismo naranja. Una más oscura que el otro. O incluso otro color… rosa pálido talvez. Puedes aplicarlo con los dedos si quieres…

-¿Puedo intentarlo?

-Eh… pues…

-¡Dale, vamos! ¿Sí?-preguntó mientras ponía cara de niña a quien no se le deja estrenar su nuevo juguete de navidad.

-Esta bien…

-¿El oscuro dentro o fuera?

-Como quieras…

-¡Wao! ¡Estupendo! –celebró untándose un poco en los párpados.

Ginny se fijó en que al parecer a su amiga no le habían enseñado en el jardín de infancia que se pintaba dentro de los bordes y no fuera de ellos, pues con cada segundo que pasaba la castaña se embarraba cada vez más. Ya no sabía donde empezaba un párpado y terminaba el otro.

-Eh… ¿Herms?

-Dime…

-Mejor te ayudo yo… ¿ok?

-¿Qué pasa? ¿Acaso lo estoy haciendo mal?

-Pues no… Pero mira, creo que si lo haces de esta forma te irá mejor… Difuminas un poco aquí y luego algo de mascara para las pestañas, brillo de labios y listo…

Y así, paso a paso fue cambiando no solo el aspecto, sino también la forma de pensar de la chica. Comenzaba a darse cuenta que cuidarse un poquito de vez en cuando no le hacía nada mal a nadie. Aunque hay que admitir que los métodos de enseñanza de su amiga eran bastante buenos, porque nuestra protagonista aprendió de todo un poco, lo justo para cambiar lo que le molestaba y lo necesario para en el fondo seguir siendo ella misma. Su personalidad dio un giro muy notable.

Basta con decir que aprendió la mejor forma de arreglarse, se cortó el cabello (no sin antes patalear, para después dejarse convencer de que lo cambios a veces son buenos) de caminar, vestir, comer, como combinar la ropa con los accesorios, y hasta a dejar un poco su obsesión por la lectura de libros de texto y sustituirla por revistas de moda. Ya no era aquella chica que vivía con un libro en la mano en pleno verano. La puso al tanto de las celebridades del mundo mágico y la ayudó a saber que tipo y el color de ropa a usar en cada temporada del año.

Los fines de semana salían al centro de Londres las dos chicas solas. Tomaban un capuchino, iban de compras y se olvidaban todo por un buen rato. Incluso llegaron a caminar por el callejón Diagon en busca de Ron y Harry, con la intención de sorprenderlos. Pero por alguna extraña razón, a la hora del almuerzo los chicos nunca estaban allí. Así que no tenían más remedio que conformarse con los piropos baratos y las miradas de codicia que recibían de los de la calle. Algo desilusionadas regresaban a casa, con la única meta en mente por parte de la castaña, de poner mas empeño y regresar a la otra semana mas linda que nunca.


En fin, que en seis semanas, Hermione Granger, la antigua chica de cabello enmarañado, amante de los libros, la sabelotodo insufrible, aquella que sabía tanto de moda como de quiddicth... y Ronald Weasley, antiguo pelirrojo bromista, que no le daba importancia a nada en la vida, el alma de la fiesta, quien sabia tanto de cultura general como de maquillaje… Se habían transformado totalmente.

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Hola hola!!!!

¡Sí! ¡Lo sé! ¡Ya no me atormenten más! ¡Lamento no haber actualizado en tanto tiempo! Les juro que no fue mi intención hacerlos esperar, pero es que… (Esperen, déjenme sacar mi lista de posibles razones)

  1. Me raptaron unos marcianos verdes que querían que les escribiera un fic solo para ellos…

  2. Mi perro se comió mi tarea, por lo que tuve que hacerla dos veces…

  3. Mi hermanita babeó la computadora y provocó un electro circuito en ella…

  4. Me dio una enfermedad extraña que no me permitía usar el teclado…

  5. Me llamaron de Warner Brothers para pasar el fic a película y bueno… estuve ocupada regateando el precio :P

  6. Voldemort me secuestró por querer ayudar a Harry y sus amigos…

  7. Accidentalmente y practicando con mi nueva varita (treinta centímetros, madera de pino y pelo de unicornio por si les interesa) desaparecí la laptop…

  8. Tenía una montaña de tarea tan grande que duré algunos días sin dormir…

  9. Estaba celebrando Halloween…

  10. Una tormenta tropical dejó inundado y sin electricidad mi país por varios días…

Bueno… ¿Qué les han parecido mis excusas? :D Si, se que apestan… pero es que no tuve tiempo, ¡de verdad! Lo siento muchísimo y trataré de no hacerlo de nuevo ¿Bien? (Lu pone cara de niña buena)… Ojala que les haya gustado el capi, y pues… ¡por fin acabamos la transformación! ¡No más lecciones de conquista! Ya me cansaba de no tener que preparar titulo… Estamos a dos capis de distancia para la gran noche, así que ¡prepárense!

¡Gracias a todos por su tiempo al dejarme reviews! ¡¡¡Ya casi llego a los cien!!!

¡Vivaaa! (hago unas porras improvisadas) ¡Sigan así!

Bueno, y sin más me despido de ustedes…

¡Un beso y un abrazo enorme! ¡Cuídense mucho!

¡Byeee!

Lu

P.D. ¡La excusa número diez es verdadera!