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Historia 26948 — capítulo 1
EL MANUAL DEL BUEN SLYTHERIN
Pequeña Intro-
En tiempos inmemoriales, cuando... No, ese no es un buen comienzo. Sobretodo porque pasó hace algunos años, no miles, sino más bien, unas tres décadas. Esta es la historia de cómo un pequeño Black se convirtió en todo lo que hoy conocemos. Pero… No es Sirius, sino más bien alguien un poquito más pequeño. Solo un poquito.
Capitulo 1- El Arribo a Hogwarts
La gente que se reunía alrededor de la aparentemente inexistente Plataforma 9/3 cuartos rebalsaba sus dimensiones habituales. Tanto, que un guardia muggle empezó a husmear por la zona. Ahí fue cuando los magos y brujas se dispersaron educadamente para no llamar más la atención. Finalmente fue el turno de los Black.
-¿Ya puedo pasar, mamá? –preguntó el más pequeño de los dos hermanos.
-Espera. –miró con desden a un muggle que miraba- Ahora si, pasa con Sirius. –miró con disgusto a su hijo mayor.
-Vamos, Regulus. –dijo un Sirius de 12 años.
Ambos entraron a la estación, donde el tren escarlata de Hogwarts partiría en unos minutos. Un segundo después entraban Walburga y Orion, sus padres, que se despidieron cariñosamente de Regulus, aunque no mostraron tanta dicha con Sirius.
-Y mas vale que no se junten con los sangre sucia, ¿eh? –exclamó su padre mientras observaba como el tren se movía. Y luego desaparecía.
Sirius y Regulus fueron hacia un compartimiento. Era el primer año de Regulus, así que no conocía a nadie. Sirius abrió la puerta, y allí lo esperaban sus amigotes del año pasado; James, Remus y Peter.
-¡Hey, chicos!
-Hola Sirius. ¿Cómo te trataron este verano? –preguntó James, mientras se acariciaba el pelo.
-No tan bien como el año pasado –respondió, recostándose sobre su asiento- Creo que siguen enojados porque quedé en Gryffindor.
-Creo que todas las casas son buenas. –acotó Remus, mientras se rascaba una herida superficial de la cara.
Regulus se lo quedo mirando fascinado.
-¿Qué te pasó en la cara?
Ahora era Remus él que lo miraba. Y a él se sumaron los demás.
-Ah, lo había olvidado. El es mi hermano menor, Regulus. –dijo Sirius sin darle mucha importancia.
-¿Es tu primer año? –preguntó James. El chico asintió- Ojala que salgas en Gryffindor.
-Oh, cállate, vas a espantarlo. –murmuró Remus- No te preocupes, Regulus. Como ya dije, todas las casas tienen algo especial. Honestamente, me gusta más la mía, pero…
Peter rió con ganas.
-¿Y que te pasó ahí? –insistió Regulus, señalando la herida.
-Ah… eso… Bueno, estaba trepando un árbol en mi casa, y me raspé feo con una rama. Si, eso era.
-Debió haber sido una rama bastante afilada. –murmuro James, y le guiñó un ojo.
Charlaron bastante y rieron hasta que fue hora de ponerse los uniformes. Regulus omitió opinar sobre el tema de Gryffindor y Slytherin, porque en su familia habían sido casi todos de Slytherin. Al menos los que se podían ver claramente en el árbol genealógico. Sin embargo, su tío Alphard había sido Hufflepuff y nadie lo había quemado nunca, como otros cuatro miembros cuyos nombres no recordaba.
Estaba seguro de que esta vez no iba a ser diferente. Porque Sirius y el no eran muy parecidos. Su hermano mayor, siempre con su rebeldía… Algún día iba a terminar muy mal… Bueno, eso era lo que decía su padre Orion, siempre.
Bajaron del tren, y Regulus siguió a su hermano por los carruajes tirados mágicamente (supuestamente, según el). De inmediato, Sirius lo frenó.
-No, no, no. Tú vas con los de primer año –obviamente-, ya sabes, ¡con los botes! –formo con las manos la forma de un bote frenéticamente.
-Ah… -dijo, algo desilusionado. Los amigos de su hermano le habían caído bien después de todo.
-No te preocupes. Nos veremos luego. –dijo Sirius, sintiéndose un poco culpable. Y antes de irse, añadió- Suerte con el Sombrero. Espero verte en Gryffindor.
Sirius se fue con sus amigos, y Regulus sonrió tristemente. ¿Qué diría su padre si salía en Gryffindor? Sin más remedio que seguir al guardabosque y remar un rato, el pequeño de once años enfrento su destino.
Y así fue. Arrivaron al castillo 15 minutos después de cruzar el Lago. En la puerta los esperaba una bruja de unos 40 años, de rostro severo y gafas cuadradas. Repitió el discurso que todos bien conocemos, acerca del sistema de puntuación de las casas, el Sombrero y todo eso.
Fueron pasando todos los chicos, de a uno. Regulus ya empezaba a sentirse nervioso, cuando llego su turno.
-¡Black, Regulus Arcturus! –exclamo la bruja de rostro severo.
Regulus se puso el sombrero, con el corazón palpitante.
‘Mmm… ¡Ah! Inseguridad…Pequeños anhelos de grandeza… Pero, ¿Qué es lo que veo? Lealtad, y una mente muy astuta. Perfil bajo, ¿eh?’
-En Gryffindor no…
‘Pero posees varias de las cualidades de un Gryffindor. Podrías encontrar a tus verdaderos amigos ahí.’
-En serio, ahí no. –‘Mis padres no podrían soportarlo’ pensó. El Sombrero capto el pensamiento, como buen sombrero que era.
‘Bueno, si no quieres a Gryffindor, mejor que seas un…’
-¡SLYTHERIN!
Los de la mesa de Slytherin aplaudieron solemnemente, mientras el muchacho corría a sentarse con los demás. Regulus suspiro aliviado, y noto que su hermano movía la cabeza negativamente en la otra punta del Gran Hall.
Y después de unas palabras divertidas de un hombre de larga barba rojiza y canosa, la cena apareció en las mesas. Y las conversaciones. Y gente nueva conociéndose.
-¡Uf, miren, el Baron Sanguinario! Pretendan ser amables con el y quizás los salve de Peeves. –dijo un prefecto.
-¿Peeves? –pregunto Regulus. Su hermano no le había hablado de el.
-Es un poltergeist. Se coló en el castillo el año pasado. No creo que tenga intenciones de irse.
Sin embargo, Regulus estaba mas bien concentrado en la Dama Gris de Ravenclaw (eso si lo había mencionado su hermano). El fantasma llevaba la mirada perdida y melancólica, y se llevaba las manos a la cabellera de vez en cuando. De repente, el chico sintió como todo el cuerpo se le helaba. El Baron Sanguinario acababa de atravesarlo, y ahora se dirigía en dirección a la fantasma. Pero ella no parecía muy interesada, de hecho, se desvaneció enseguida.
-Vaya… ¿Qué les pasara? –se pregunto.
-Nadie lo sabe. –dijo secamente un alumno de segundo año que estaba sentado frente a el. Tenía un largo pelo oscuro, nariz ganchuda y era pálido como la muerte. Para colmo, lo miraba fríamente.
-¿Por qué nadie lo sabe? –pregunto.
-Nadie lo sabe. Los fantasmas son muy antiguos. –reitero el chico.
-Oh… que amable. –murmuro Regulus.
-¿Eres un Black, verdad? –pregunto el chico de súbito.
-Si… así es. –Regulus estaba sorprendido de veras.- ¿Cómo lo sabes?
-Tienen cierto… parecido. –afirmo con un dejo de regaño.
-¿A que te refieres? –pregunto con la ligera sospecha de que el y su hermano no se llevaban bien.
-Mas que físicamente, son muy preguntones… Y algo engreídos.
-Oye, el chico no parece engreído. –se metió otro alumno de 2do. Este tenía el pelo rubio y platinado, y miraba con interés malicioso a Regulus.
-No te metas, Malfoy.
-Cállate, Snape.
-Olvídalo. –Snape se enfurruño como cualquier niño de 12 años haría, y no volvió a abrir la boca en todo el banquete.