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Historia 26948 — capítulo 2
Capitulo 2- La Reunión
Regulus corría rápidamente por las escaleras, intentando encontrar la bendita aula de Pociones, que estaba en los calabozos. De repente, se dio cuenta de que las iba subiendo, y no bajando, como debería ser. ‘¡Ay, demonios…!’ pensó.
Su hermano le había dicho que existían atajos para llegar antes a las aulas, pero jamás había hablado de alguno en particular. Desesperado, miró de un lado a otro, fijándose si habría algún cuadro que lo ayudara. En eso estaba cuando paso un chico de pelo negro revuelto y gafas cuadradas.
-¿James?
El muchacho lo miró sorprendido.
-Ah… tu… el hermano de Sirius, ¿no?
-Si, bueno… -respondió, desconcertado porque James no lo había reconocido a la primera.- Oye, necesito ayuda ¡o llegaré tarde a Pociones!
-El primer mes siempre es difícil –dijo despreocupado- Baja un par de escaleras más y encontrarás a un retrato enorme, con una gorda toda enjoyada. Vera que eres un Slytherin, así que te dejará pasar.
-¿No necesito una contraseña? –preguntó sonriente.
-No, solo los que no son de tu casa la necesitan. Que tengas un buen día. –y se fue murmurando por el camino.
Regulus llegó finalmente al aula, justo a tiempo. El profesor también era de Slytherin, porque vestía una corbata verde y plata muy elegante. Era bajito, un poco rechoncho y de cara afable. Se había retrasado un par de semanas en sus vacaciones. Resulta que tenia mucho estrés laboral. Así que había vuelto hacia unos 10 días.
Al instante, surgieron un montón de preguntas para el profesor Slughorn, que así era como se llamaba. Y eran de las que típicos slytherins pronunciarían. El profesor respondió brevemente a algunas de ellas.
-A diferencia de lo que supongan de mí, ya que soy de Slytherin, sepan que no discrimino a las otras casas. Es más; tengo una excelente relación con todos mis colegas de Gryffindor –muchos de los alumnos murmuraron por lo bajo.- Así que, aclarado el tema, ¡vamos a trabajar!
Los puso a trabajar de a dos, en el típico filtro del sueño de primer año. A Regulus le toco con un chico llamado Parkinson, que tenia la nariz como la de un bulldog y una mirada muy adusta. ‘Falta que babee’ pensó Regulus (no muy inocentemente como pueden ver). Al rato se pusieron a charlar.
-Mi padre trabaja en el Ministerio ¿el tuyo? –pregunto Parkinson.
-También. –respondió.
-¿Qué hace?
-Seguridad Mágica. Detectores, chucherías para distraer a los muggles y esas cosas. ¿El tuyo?
-Es secretario del primer ministro. –dijo, irguiendo la cabeza y dándose aires.- Probablemente llegue a ser ministro algún día.
-Ah… claro… -Regulus no sabía que decir.
Pausa.
-¿Qué opinas de los muggles? –saltó su compañero.
-Mmm… -pensó en su padre, dándole un sermón acerca de lo inútiles que eran los muggles.- Creo que poseen las cualidades esenciales: ‘I.I.I’.
-¿Qué? –preguntó consternado.
-‘Imbéciles, Inservibles e Inútiles’.
-Ah… -abrió tanto la boca que Regulus no se habría sorprendido de haber vislumbrado algún órgano- ¡Genial! Tienes que decirles eso a mis amigos de 2do, les encantará. –afirmó, orgulloso.
-¿Tu crees? –preguntó Regulus tímidamente.
-¡Por supuesto! Además, están formando una especie de club raro en contra de los muggles. Si quieres venir, nos reuniremos hoy a las siete en el pasillo en frente de la estatua de la bruja tuerta.
-Oh, esta bien. –dijo Regulus, tratando de asimilar toda esa información.
-¿Y cómo va esa poción, Parkinson, Black? –preguntó el profesor.
-Bien, profesor Slughorn… ¡de maravillas! –respondió el primero.
-Mgh…
¡El caldero no estaba verde, sino fuxia!
Sirius, James, Remus y Peter se hallaban en el baño abandonado de niñas, donde hacía una década había muerto Myrtle la Llorona.
-Jaaaameeees… ¿Cómo estás, lindo? –le susurraba la chica en el oído.
-Oh, déjame, Myrtle. Intento hacer una poción.
-‘Intentamos’ –corrigió Remus.
-Lo siento, si, ‘intentamos’. –dijo James, muy concentrado en echar unas raíces.
-Peter, ¿conseguiste la piel de serpiente arbórea africana? –preguntó Sirius.
-Si, me la mandaron desde Knockturn. –afirmo el muy petiso, orgulloso.
-Más vale que no nos metas en líos, Petercito. –amenazó su amigo.
-No se preocupen.
-Hace un mes que estamos cultivando esta porquería, solo para saber que hacen los slytherianos en sus reuniones.
-Lo se, Remus.
-Bueno, caballeros, esta noche finalmente lo sabremos.
-¿Hace un mes que están con esto? –interrumpió Myrtle anonadada.
-Si, ni bien llegamos a Hogwarts. –contestó Remus.
-Como sea, solo dos de nosotros podrán infiltrarse con los tarados para ver que hacen, ¿de acuerdo? –dijo James.
-Yo no puedo ir. Hoy me toca. –dijo Remus, lo bastante bajo como para que la fantasma no los oyera.
-Y yo estoy castigado. Me pillaron orinando en el Lago. –Peter daba tanta lastima…
-Pero que idiota… -murmuró Sirius- Bueno, tendremos que ir nosotros dos –se señaló a él y a James.
Y salieron cargando un par de vasos con una sustancia asquerosa en ellos. Llegaron al vestíbulo, y pillaron a un par de slytherins de segundo por la espalda. Los encerraron en el armario de escobas del celador, les arrancaron unos pelos y bebieron, asqueados.
-¡Puaaaj! Es como si hubiera tomado aceite… -el chico de anteojos casi vomita.
-Y con razón, tú te agarraste a Quejicus.
-¡¿Qué?! ¡Oh, deshonor!
-En cambio el mío sabe a loción para el cabello.
-Debe ser por que te agarraste al sex symboll de Lucius Malfoy. –dijo esto con cara de asco- Pura basura.
Pero Sirius no tuvo tiempo de responder. Unas pequeñas convulsiones subían por todo su cuerpo, y de a poco se iban sintiendo diferentes. Después de la horrible sensación de mareo de la poción Multijugos, y convertidos en los dueños de los pelos, cambiaron sus togas y se dispusieron a ir a la estatua de la bruja tuerta.
-¡Apúrate, Black! –gritó Parkinson.
-Ya va…
El muchacho estaba exhausto de la cantidad de escaleras que había tenido que subir para llegar… Bueno, en realidad solo habían sido tres, pero Parkinson corría como perseguido por el diablo y Regulus no quería perderse.
Finalmente, llegaron.
Y allí se encontraba un grupo bastante extenso de muchachos y muchachas de todos los años. Estaba su prima, Narcisa (en séptimo año) Al verlos, se acercó.
-Vaya, nuestro pequeño primito se va a unir a nuestro grupo, ¿eh? –dijo Narcisa con una sonrisa maliciosa.
-Así es. –dijo Parkinson.
-Bueno, vayan conociendo a los chicos. –dijo Narcisa.
Y los fue presentando uno a uno. Estaba Dolohov (en séptimo año), Avery y Nott (en 2do y 3er año respectivamente) y algunos otros. De primer año solo estaba un tal Rookwood y los dos chicos. Parece que era tradición llamarse por los apellidos.
Había un par de gryffindors que venían de curiosos, pero los echaban a cada rato. Uno era flacucho, tenia la piel pálida y el pelo de paja, y el otro era rubio, de ojos azules y brazos fornidos (Nota de la Autora: a que no adivinan quienes son? xD). También iban a primer año.
-¡Menos mal! ¡Allí vienen Snape y Lucius! –exclamó Narcisa.
-‘Malfoy’, no Lucius. –corrigió Dolohov.
-Cállate. Mi hermana no llamaba ‘Lestrange’ a Rodolphus.
Dolohov la miró despreciativamente y se mordió el labio.
-Ahí viene Mulciber. –anunció momentos después. Mulciber iba a cuarto año.
Snape y Malfoy caminaban como si tuviesen yunques en los pies, y miraban desorientados a todos. Regulus vio como Malfoy le pegaba un codazo al otro y empezaban a caminar normalmente. Malfoy también fue el que abrió los ojos enormemente cuando lo vio.
-¡Reg…! –recibió un codazo, pero esta vez de Snape- Ejem, digo, ¿tu no te llamas Regulus?
-Er, si, claro. –respondió, un tanto desconcertado.
-Ah, ah, ya… ya te recuerdo. –repuso el rubio un poco ruborizado.
-¡Lucius! –gritó Narcisa.
-¿Narcisa?
-Oye, tú siempre me llamas ‘Cissy’. –replicó, y le dio un beso en los labios.
Regulus observo que Lucius no parecía muy contento. Snape tenía un rictus muy especial en la cara, como si intentara reírse y no le saliera. Regulus pensó que estaba tan concentrado que la cara le iba a explotar. Pero ignoro a los dos por unos momentos cuando Dolohov se sentó al pie de la estatua de la Bruja Tuerta y empezó a hablar.
-Compañeros, nos hemos reunido aquí para darle la bienvenida a quienes seguirán nuestros pasos cuando nosotros ya no estemos en Hogwarts –se señaló a el, a Narcisa y a Lucius- así como otros nos dieron la bienvenida a nosotros hace algunos años.
-Como Bella y Rodolphus. –murmuro Narcisa.
-Nosotros seguimos la ideología de nuestros padres, fieles seguidores de la doctrina de Salazar Slytherin. Los muggles –parecía que iba a escupir en el piso, pero no lo hizo (NdA: una rima, una rima!!! xD)- no merecen estudiar magia.
Se oyeron vítores y gritos de aprobación.
-Eso es lo que opina nuestro líder máximo. –los mayores hicieron silencio solemne.
-Por las barbas de Merlín… -murmuró Snape, para que solo Lucius lo oyera.
-Es muy conocido. Pero no lo suficiente. Ha realizado varias cosas… interesantes. Solo los que nos dejaron atrás han tenido la suerte de conocerlo en persona.
Narcisa trago en seco. Se había dado cuenta adonde apuntaba la reunión, y no le gustaba mucho.
-El Señor Tenebroso. –dijo Dolohov, en medio del silencio.
Un escalofrío recorrió desde primero hasta séptimo año.
-Los que quieran seguir su camino, deberán seguir con nosotros. Somos sus verdaderos amigos. Gracias. –finalizo el joven.
Se oyeron aplausos, tan fríos como el agua que yacía en el Lago a esas horas.
Un rato después, los Slytherin se reunieron a charlar en el pasillo. Regulus estaba con Parkinson, quien estaba fascinado por lo que decían los más grandes, aunque también algo asustado. Se retiro hacia donde estaba Narcisa, que tomaba jugo de calabaza sola.
-Hola.
-Hola ratita.
-Que simpática.
-Solo bromeo. –estaba pálida, y un poco tembleque.
-¿Qué te pasa?
-Nada, es que simplemente… -hizo un esfuerzo porque las palabras salieran de su boca- Estoy de acuerdo con las ideas que tienen los chicos, pero… No seguiría al Señor Oscuro.
-… ¿o sea?
-Prefiero odiar a los muggles en mi vida privada, ya sabes.
-O sea que…
-Mira, mejor que te lo explique Lucius…-lo interrumpió- ¡Lucius! ¡Ven aquí! –le grito, sacándolo de su retraimiento con Snape.
Ambos se acercaron, un tanto nerviosos. Regulus los miro atentamente. ¿Por qué se comportaban así? Malfoy no estaba coqueteando con su chica, ni hacia sonrisas maliciosas, y Snape no tenia esa cara de seriedad absoluta. Estaba más bien… tenso, y con una mezcla de ira y temor en sus ojos.
-¿Qué pasa, Narcisa?
-Ejem…
-Lo siento… ‘Cissy’.
-Así esta mejor. Tengo que ir al baño, explícale un poco las cosas a mi primo. –dijo, y se fue corriendo.
-Oh, ah… ¿Qué quieres que te diga, niño?
-¿Por qué están actuando así?
-Vaya, que directo. –murmuro Snape.
-No es que los conozca mucho, pero no parecen ustedes.
Lucius puso una cara parecida a la que alguien pondría si le pegaran con un bate para bludgers en el estomago.
-Eso no es de tu incumbencia, mocoso. –se le escapo.
Regulus abrió bien grandes los ojos, al tiempo que el rubio ponía cara de horror. Eso solo se lo decía su hermano, Sirius.
-Ya tenemos que irnos. –dijo Snape, bostezando- Un gusto, enano. –Severus se despeino el pelo con mucha pereza y sacudió la cabeza en el aire.
Eso fue lo que lo termino de convencer.
-¡James!... ¡Sirius! –exclamo para si.
Pero los otros se habían ido corriendo como desquiciados.