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Historia 26948 — capítulo 3
Capitulo 3- Pobre Sirius
Durante las siguientes semanas Regulus trato de interceptar a los dos merodeadores, pero cada vez que los veía, ellos desaparecían. No sabia como, pero era como si se escurrieran a través de una pared. ¿Será que conocerían los pasadizos de Hogwarts? Porque el aun no conocía ninguno, salvo el que le había dicho James hacia tiempo.
Parkinson no había quedado muy conforme con la reunión; parecía tan asustado como Narcisa. Y cuando dio a conocer sus pensamientos, fueron casi iguales a los de ella.
Hablando de la reunión, encontraron a Snape y Malfoy desmayados y en calzones en el closet del vestíbulo. Sus uniformes estaban desperdigados por la escalera del primer y segundo piso. Así que se había dado la alarma de que un par de extraños habían estado de infiltrados.
-Estoy seguro de que fue algún gryffindor. –dijo Parkinson, un día que desayunaban en el Gran Salón.
-Si, probablemente. –Regulus bebió un gran vaso de jugo de calabaza, relamiéndose con su secreto. Miro a James y a Sirius, quienes también lo miraban. Apartaron la vista de inmediato.
-Ya, olvídenlo. Fue hace semanas. Ninguno divulgo nada, sino estaríamos todos en grandes problemas. –comento Mulciber.
-Ese patán me las va a pagar… -murmuro Snape.
-¿Quién? ¿Sabes quien es? –pregunto Avery.
-Tengo mis certezas… -susurro en una voz dramática y misteriosa- Y juro que me las va a pagar.
-¿No estarás con eso de Potter otra vez, no? –pregunto Lucius- Yo ya le dije a mi padre lo que me habían hecho y dijo que se encargará, ¡pero creo que a Potter no le da el cerebro ni para hacer una poción del sueño!
Parkinson y Regulus se miraron ruborizados.
-No lo subestimes. –respondió secamente Snape.
-Mira, Sirius, ¡tenemos suerte de que tu hermano aun no haya dicho nada!
-Oh, Remus… Para ti no seria tan duro… Tú no desmayaste al niño rico de Slytherin.
-En realidad tuviste suerte, amigo. Lucius es bastante mas alto y fuerte que tu.
-James, en mi mundo, la fortaleza física no lo es todo. –le sonrió a una chica que pasaba por al lado. Casi se desmaya.- ¿Lo ves? Hay que saber usar tus talentos…
-No creo que hayas desmayado a Malfoy sonriéndole y haciendo muecas. –se rió James.
Entraron por el retrato de la Dama Gorda.
-Como sea, Sirius, debes hablar con tu hermano. –interrumpió Remus.
-Oigan, no me llamen Sirius todo el tiempo. Recuerden nuestra investigación, y nuestros apodos.
-Son secretos. –replico Remus.
-Yo los usare. –hablo Peter.
-Que bueno, Peter, pero aun no tienes animal.
-Me fije. Los roedores son de los más fáciles, porque son chiquitos y no molestan.
-Entonces ya tendrás apodo. Por lo pronto, yo ya tengo pensado en que me convertiré.
-Basta de tonterías, ya tendremos tiempo para eso, Sirius. ¡Debes hablar con Regulus!
-¡Es más peligroso que hable con el! No lo conoces. Se hace el santo, pero tiene más cerebro de lo que aparenta. Y es muy observador.
-Sirius tiene razón. ¿No recuerdas como te miraba en el tren, Remus? Y a nosotros no paraba de lanzarnos miradas cuando fuimos a la reunión. –acoto James.
-Poderoso el chiquitín. –dijo Peter. Todos lo miraron extrañados.
-Si, seguro… -murmuro James.
-Bueno, yo voy a salir un momento. –dijo Sirius, tomando unos pergaminos de su mochila- tengo que entregar la redacción al señor Binns. ¡Hace tres clases que debería haberlo hecho!
Salio por el agujero del retrato y bajo las escaleras hasta el cuarto piso, el pasillo donde estaba la clase de Historia de la Magia. Y entonces lo vio. ¡Era Regulus, saliendo del final del pasillo! Solo estaban separados por unos 20 metros. Si tan solo tuviese un lugar donde esconderse…
-Piensa, Canuto, piensa… -murmuraba- ¡La armadura!
Hizo un esfuerzo sobrenatural para empujarla y poder esconderse detrás.
‘Justo a tiempo’ pensó. Su hermano paso por al lado. Ya estaba abriendo la puerta para irse, cuando frunció el ceño extrañamente. Empezó a olfatear el ambiente. Y se detuvo frente a la armadura en la que estaba escondido su hermano mayor detrás.
-Snif-snif… Mmm…
‘¿Qué estas haciendo, enano estúpido? ¡Vete ya!’ pensó Sirius.
-Ya te descubrí. Sal de ahí.
Sirius no se movió. Pensó que tal vez era una trampa.
-Vamos, ‘Fragancia Tenttia: solo para conquistadores’. También funciona con los varones, y debes ser el único que la usa, Sirius Black.
Sirius se movió de la armadura, vencido.
-¿Qué quieres?
-Espera, deja que disfrute este momento de éxito. ‘Sirius Black, atrapado por su hermano menor debido a su lascivo intento de conquistar chicas, usando perfume con una pizca de amortenttia…’.
Sirius abrió la boca, anonadado.
-¿Cómo sabes que era poción del amor? ¡Eso no se enseña hasta 6to año!
-¿Y tu como lo sabes?
-Porque me lo dijeron los dueños de Zonco.
-¿Cuándo?
-Cuando fuimos a Diagon Alley.
-¿Y quien estaba contigo?
-Tú… ¡Demonios!
-Ajá. Después investigué en uno de los libros de mama. Tu perfume no es tan potente, pero lo suficiente como para que la gente reconozca el olor que le gusta. Tu gancho con las chicas debe ser algo más bien natural.
-Genial, dejaré de usarlo, entonces.
-Que bueno, porque dejaron de fabricarse hace dos meses, después de una visita del Ministerio. Papa lo dijo, y se enteró porque tiene contactos en ese departamento.
-Me alegro. Bueno, si me disculpas, yo me dirigía hacia donde esta el señor Binns. Nos vemos, mocoso.
-¡Alto ahí! Aun no les dije a mis compañeros que habías sido tú y James los que se colaron a nuestra súper reunión.
-Por favor, no digas ‘súper’. –dijo Sirius, mirando hacia el techo.- ¿Y qué quieres que haga, Regulus? Primero, no les tengo miedo; segundo, si alguno de ellos hace escándalo, Dumbledore se enterara y echará mano. Ustedes pierden.
-Lo se. Pero la poción multijugos es ilegal para los menores.
-No te tengo miedo.
-Pero apuesto a que a papá si.
-…
-Mira, ya tengo la carta escrita, detallando todo lo que hicieron ustedes para conseguir los materiales y para que usaron la pócima. Estoy seguro de que a papá no le molestaría una reunión de slytherins, sino más bien que la interrumpan. Y papá siempre me cree a mí, porque yo siempre le he dicho la verdad.
-Si te atreves… te juro que… te voy…
-¿Mmm?
-Ahhh… Esta bien. Tú ganas. –suspiró Sirius- ¿Qué diablos quieres que haga por ti? Porque eso es lo que quieres, ¿verdad?