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Historia 26948 — capítulo 4

Capitulo 4- Snape descubre todo

-No puedo creer que quieras que haga eso. Hermano, es patético.

-Vele el lado bueno; soy yo el que lo va a hacer, no tú.

-Pero es incoherente. Soy un gryffindor. Soy el león y tú la serpiente.

-Pero Sirius… Tienes gente que te admira en todos lados… ¡Hasta en Slytherin!

-¡ES COMO TENER AMPOLLAS EN LAS AMPOLLAS! –gritó Canuto como un maniático desquiciado.

-¿Qué?

-Nada, yo y mis estupideces.

-Ah… Escucha, realmente necesito que me ayudes. Jamás podré complacer a papá si no lo haces. Y tú también podrías salir beneficiado.

-Niño, no se nada de sus costumbres diabólicas, o lo que…

-¡Sirius! Tu y tus amigos viven molestando slytherins cuando las cosas se ponen feas. Y no solo eso, también los espían.

-Un segundo, ¿Por qué estas hablando en tercera persona? ¿No te crees un chico serpiente también?

-…Bueno, es decir, yo… Me gusta…

-¿Pero…?

-Digo, ¡claro que si! Es solo que siento que quizás… no encajo muy bien en el grupo.

-Patrañas. Tienes la astucia de un verdadero slytheriano.-afirmo y luego añadió- Y la chispa para los negocios. –‘Maldito granuja’ pensó Sirius.

-Es que, me gustan sus ideas, pero de ahí a ponerlas en practica…

-Mira, aquí te va mi opinión: llegas a unirte a las hordas de idiotas tenebrosos que el tal Señor Oscuro tiene en reclutamiento, nuestra ‘hermandad’ (y lo digo en el sentido familiar, filial y lo que se te ocurra) se termina para siempre. ¿Oíste?

-¡Tranquilo! No pienso hacerlo. Pero sigo necesitando tu ayuda.

-Okey. Ya basta. Te veo mañana a las 6 en el corredor del séptimo piso. Y si llega a ser mentira todo… No hay padre que valga si se me traiciona…

-E-esta bien, adiós.

Resulta que ese día Regulus le había contado a su hermano mayor su pequeña ambición; encajar en la casa que le correspondía. Por algún motivo, nuestro chico no se consideraba un verdadero ‘chico serpiente’, como Sirius los llamaba. La única manera que podía funcionar para serlo, era recurrir a la ayuda de un profesional. Uno que se supiera todas las costumbres de un slytherin. Uno que conociera sus escondites, sus fallas, sus reuniones clandestinas y sus apodos. Y ese era Sirius.

A partir del día siguiente, su instrucción comenzaría.

-¿Por qué tan concentrado, Sev? (NdA: te robe el apodito, Shanyra! xD)

-Mmm…

Severus gruñía espectacularmente cada vez que lo llamaban así.

-Estoy analizando los restos de mugre que los patanes dejaron en mi túnica. –respondió un instante después.

-Tardaste bastante.

-Esta poción tarda dos semanas en alcanzar su punto. –dijo fríamente- Si llega a ser Potter…

-¿Por qué lo odias tanto?

-Por el simple motivo de que me hace la vida imposible, Mulciber.

-¿Estas seguro de que no es por otra cosa…?

-¿Qué dices? –Snape lo miró amenazadoramente.

-He visto que pasas las tardes con esa chica. Creo que a Potter también le interesa.

Severus se paró automáticamente y le apuntó con la varita al cuello.

-No creo que te sepas muchos maleficios en cuarto año, principito. –dijo Mulciber tranquilamente.

-Te sorprenderías. –dijo Snape casi en un susurro.

-Déjame. No quiero pelear contigo. ¿Es que no tienes sentido del humor?

-No. –respondió secamente- Y no revises mi libro de Pociones.

-De acuerdo, mestizo. Esa si que no me la sabia. Y de todas maneras, me ha servido mucho con la tarea que dejo el profesor Slughorn.

-Levicorpus!

Mulciber quedo colgado boca abajo.

-¿Quién te enseño eso, maldito desgraciado?

-Nadie.

-¡Suéltame! ¡No le diré a nadie!

-Ya no puedo confiar en ti, Mulciber.

-Oh, vamos. ¿No sabes que corren rumores de que el mismo Innombrable es mitad muggle?

PAF. Mulciber cayó al suelo estrepitosamente. La nariz le sangraba.

-Si le dices a alguien, compañero –esto lo dijo con mucho desprecio cargado en su voz-, puedes dar por sentada la venganza. No me gusta cuando me traicionan…

Las clases habían terminado temprano ese día, ya que Flitwick se había caído del quinto piso y había rodado por las escaleras, por lo tanto se encontraba en la enfermería, tomando asquerosos brebajes para el dolor de espalda. Regulus llego a la Sala Común, donde encontró a Mulciber con un paño en la nariz (sabría Merlín por que) y a Snape con los ojos clavados en una pequeña poción, que derramó en su túnica. Regulus siguió caminando hacia el dormitorio de los chicos, donde se saco el uniforme. Estaba tan cansado… Bajo hacia la Sala, donde solo se encontraban los dos chicos ya mencionados.

Se sentó en una de las sillas finamente talladas a descansar, y paso la mirada distraídamente por las lámparas verdosas que colgaban del techo. La habitación era un poco lúgubre, ahora que lo notaba. Le recordaban las mazmorras frías del profesor Slughorn. Al final dirigió su mirada hacia los chicos.

-¿Qué haces, S…?

-Snape.

-Si, eso. ¿Qué haces?

Snape siguió callado unos instantes. Segundos después, una sonrisa se le dibujo en la cara, y se incorporo de la mesa triunfante. Estiro los brazos y dijo:

-Acabo de atrapar a dos peces gordos.

-¿Qué? ¿Cuáles peces? –preguntó Regulus, temiendo lo peor.

-Potter y Black. Sabía que eran ellos.

-N-no entiendo, ¿cómo lo descubriste?

-Mediante esta poción. –mostró un frasco lleno hasta la mitad con un líquido fuxia- Se evapora al tocar el objeto que uno necesite, y el vapor muestra el nombre del que lo toco por ultima vez. Me he cuidado de no tocar (ni que toquen) determinada zona de mi uniforme, ¡y lo descubrí!

-O sea que es Potter…

-Y obviamente Black. No podría haberlo hecho solo, ¿no?... A propósito, mas vale que no le digas nada a tu hermano.

-N-no… claro.

Regulus se quedó quieto en su silla unos quince minutos, hasta que Snape y Mulciber se fueron a otro lado. Faltaba una hora para su encuentro con Sirius, ¿pero que tal si la venganza de Snape tenía lugar ahora? Tenia que avisarle…