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Historia 26948 — capítulo 11

Capítulo 11- El Entrenamiento

Snape era demasiado ágil para Regulus. Era demasiado ágil para cualquiera, de hecho. A todos los que habían puesto a practicar con él, los había dominado enseguida, mostrando lo bueno que era en DCAO. ‘Hoy no será diferente’ pensó Regulus, mientras caminaba derecho a la práctica de duelo.

En efecto, no bien puso un pie en el patio empedrado, empezaron las maldiciones.

-¡Desmaius!

-Ehh, ¡Protego!

TUM! Demasiado tarde.

-¡Levántate, Black! –gritó Snape, descargando su ira contra el pobre novato.- ¿NO TE ESTADO ENSEÑANDO ESTAS COSAS DESDE HACE UN MES?

-¡Bueno!

-‘Bueno’, ¡NADA! Se supone que le hagas frente a gente mas fuerte que tu, ¡y no sabes ni encantar un saquito de te!

-¡Es solo mi primer año!

-¡No sabes una sola maldición, Black!

-Expelliarmus!

Severus no tuvo tiempo ni de pensarla. La varita resbaló de su mano, y quedó algo aturdido, en todo sentido. Levantó su varita y miró al chico de arriba abajo.

-No-está-mal. –admitió en tono cortante.

Entonces, Snape empezó a armar parejas para que lucharan. Necesitarían suplentes, por las dudas que uno cayera en el campo de batalla. La solemnidad ante todo.

A Regulus lo pusieron junto con la hermana de Zabini, un muchacho de tercero. Su melliza lo reemplazaba, y según todos, era mejor que el en materia de duelos. ¡No era justo! El apenas era un novato.

-Stupefy! –grito ella.

Regulus se tiró al suelo como jugador de rugby muggle, esquivando el encantamiento y exclamó:

-Impedimenta!

Parecía que Zabini se movía en cámara lenta. Y lentamente, pudo pronunciar un hechizo:

-Flipendo! (NdA: en honor a mi primer juego de hp, allá por 2002…)

-¡Auch! –gimió Regulus. Había sido como una patada en el trasero. Enojado, grito:

-Locomotor Mortis!

Las piernas de Zabini se ataron mágicamente, pero eso no le impedía hacer conjuros.

-Petrificus Totalus!

-¡ALTO! –bramó Snape, para todas las parejas.- Quiero ver como van.

Paso caminando por al lado de los chicos. Bullstrode tenía unos tentáculos bastante horribles saliéndole por los costados de la cabeza; Jugson estaba todo brotado; Macnair no podía dejar de bailar y Avery tenía unos dientes enormes. Finalmente llego a Regulus y Zabini. Hizo un gesto de aprobación.

-Los he estado mirando. Bastante bien, Black. –dijo secamente, y luego le apunto a su cuerpo petrificado- Finite Incantatem!

Ah, que lindo era poder moverse.

-OoO-

Mientras tanto, otros cuatro chicos estaban haciendo exactamente lo mismo.

-¡Ahora todos contra todos! –grito James, corriendo por la Sala Multipropósito.

-Rictusempra! –exclamo Remus.

-Protego! –se defendió Peter.

-Relashio! –dijo James, apuntando a Sirius.

-Desmaius! –grito, después de aplicarse aquamenti en el brazo.

-Inmobilus! –exclamo Remus a Sirius.

-Toma esto, Pete!... Furnunculus! –grito James.

-Diffindo!

-¡Ah, otra vez no! –grito el chico de anteojos; la ultima vez que había estado en un duelo, Snape le había hecho lo mismo.

Y así siguieron durante quince minutos, hasta que cayeron rendidos en los almohadones del piso. Sirius necesitaba vendarse el brazo que James le había quemado con aire caliente; Peter necesitaba recuperarse de aquellas asquerosas pústulas verdes que le habían salido en la frente; James necesitaba que una herida de la pierna le cicatrizara y Remus… bueno, el había salido ileso, así que eso demostraba que era el mejor duelista del equipo.

-Lo que significa que tendrás que llevarnos a la enfermería, Lunático… -afirmó James cantarinamente.

-Ferula!... y a ti también; Ferula! –dijo, apuntando a Sirius y a James. De inmediato, sus heridas fueron vendadas. Pero Peter…

-¿Y yo qué?

-Tú necesitarás a Madame Pomfrey… Lo siento, pero no puedo vendarte esas bubas, solo lo empeoraría más de lo que está. –explicó.- De todas maneras, Sirius, creo que deberías revisarte ese brazo. No creo que las vendas hagan otra cosa más que protegerte.

-Ay, siempre tan sensato… -bromeó James, imitando la voz de una chica.

-Esta bien. Vamos Pete. –dijo Sirius, resignado.

-En la Sala Común brindaremos por nuestro éxito; Remus y yo iremos a robar unas cervezas. –afirmo el chico de gafas cuadradas. Aunque luego miro dubitativamente donde estaba el corte de su pierna.- O tal vez no…

-OoO-

Regulus y los demás volvieron a la Sala Común de Slytherin con muchísimo sueño. Había sido un sábado provechoso y necesitaban descansar. Faltaban tres semanas para el gran duelo, y había aprendido muchas maldiciones. Por supuesto, la mitad aun no salían muy bien porque tenía que hacer el movimiento de varita indicado.

-Prueba a hacer movimientos seguidos sin decir nada. –aconsejo Mulciber, quien estaba leyendo Corazón de Bruja, muy cómodo en uno de los sillones esmeralda.

-¡Propongo un brindis, muchachos! –exclamo Jugson, el chico de tercer año, muy alegremente.

-Que lastima, porque no tenemos con que brindar. –murmuro Severus.

-¡Bah! Tu siempre arruinando el clima… -dijo Yaxley, aburrido.

-Necesitaremos alguien que vaya a las cocinas… -opino Macnair.

-Alguien que no despierte sospechas… -dijo Jugson.

-Alguien pequeño que se pueda escabullir fácilmente a estas horas.

-Siempre con la excusa perfecta.

Regulus estaba muy ocupado siguiendo los consejos de Mulciber con la varita como para estar prestando atención a lo que sus compañeros decían.

-Y que sea amable con los elfos domésticos. –opino Lucius, que había estado absorto jugando a los naipes explosivos hasta ese momento. Miro a Regulus, y todos lo miraron.

-¿Qué les pasa? –pregunto, sin saber por que todos se habían quedado callados mirándolo.

-¡¿Por qué siempre yo?! –se preguntaba Regulus, mirando el Manual en busca de indicaciones.

Para ir al cuarto piso había que tomar el pasadizo de un señor canoso, calvo y gordo. Según el libro, estaba vestido muy formalmente y tenía la mirada severa. Con cuidado de que ninguno de los otros cuadros se despertaran e hicieran que el nuevo celador, Filch, corriera a ver que sucediera, Regulus empezó a bajar las escaleras con cuidado. Segundo piso. Allí estaba el gordo. Ese lo llevaría adentro del cuarto piso, lejos del celador.

-Hola. –susurro. El mago del cuadro estaba semi dormido.

-Eh, ¿qué? –pregunto, despertándose.

-Necesito pasar, señor.

-¿Sabe la contraseña?

Error. No la sabía. Busco desesperadamente en el Manual, a ver si había alguna nota al respecto, pero lo único que encontró fue: ‘A este retrato le gusta poner contraseñas relacionadas con materias.’ Fantástico.

-¿Me da una pista? –pregunto el chico a continuación.

-Es algo que necesita si quiere quedar bien con el profesor de Pociones.

-Uhmm…

Era fácil pensar en muchísimas cosas. El problema es que tenia el tiempo contado y tenia que elegir la correcta de entre tantas opciones.

-¿Inteligencia?

-No.

-¿Paciencia?

-No.

-¿Hipocresía?

El retrato rió entretenido, y luego dijo:

-No.

-¿Me da otra pista?

-Solo porque me ha hecho reír, le diré que no es una cualidad, ni un sentimiento. Y ya no diré más.

‘Entonces debe ser un objeto…’ pensó Regulus.

-¿Bilis de algo? ¿Un cucharón?

-Nooo…

-¿Caldero?

-Ah-ah.

-¿Mis ingredientes?

El retrato miro hacia otro lado.

-¿Mis ingredientes? –repitió Regulus, expectante.

El hombre del cuadro sacudió la cabeza, como diciendo ni si ni no.

-Ingredientes… A ver, para evitarme dolores de cabeza con el profe, debería llevar mis ingredientes…

Ahora el cuadro miraba expectante.

-¿Ingredientes… listos?

-¿Ve que no era tan difícil, pequeño? Puede pasar.

Regulus suspiro de alivio. Y el no alcanzo a verlo, pero justo cuando entraba por el agujero del retrato, Filch subía las escaleras, distraído.

-OoO-

Remus tenía puesta la capa de invisibilidad de James, corriendo sin preocupaciones por las escaleras. James estaba demasiado adolorido para ir a buscar las cervezas con el, así que había tenido que ir solo. No quiso tomar el pasadizo del segundo piso (Nda: quiso, piso, pasadizo… hoy ando de bien… xD) porque Filch había estado rondando por el lugar. En cambio, tomo un atajo del sexto piso, que le quedaba mas cerca (recuerden que Remus estaba en la Sala Multipropósito, el mismo piso de la Sala Común de Gryffindor) y corrió una tabla floja que había debajo de unos estantes. Cuando se deslizo hacia el otro lado, allí estaba una escalera que daba a la Biblioteca, es decir el cuarto piso.

-Alohomora! –susurro a la puerta, tratando de no despertar a Madame Pince, que se había dormido sobre un libro de maleficios.

Salio al corredor, sin que nadie lo viera. El cuadro de frutas debía estar por algún lado… Y entonces, vio una persona de lejos, que caminaba sigilosamente por el corredor. Parecía Sirius.

Remus se arriesgo a acercarse un poco. ‘Ya veo que le curaron la pierna enseguida y el muy tonto salio a buscarme’ pensó. Se acerco un poco mas… ¡Si, era el! Tenia el mismo pelo negro bien peinado. Le toco el hombro, segurísimo. Sin embargo, al momento siguiente le asaltó la duda: había algo que andaba mal… ¿Sirius no era más alto?

-¡AH! –exclamo Regulus, dándose vuelta, asustado.

A Remus el corazón le cayo por la boca del estomago, mas o menos. ¿Qué demonios hacia el hermano de su amigo en el 4rto piso a estas horas?

-¿Quién anda ahí? –preguntó Regulus, asustado.-Lumos!

No se veía nada…

Regulus tomo un pequeño libro del bolsillo de su túnica y abrió una página, cuidadosamente. Asintió con la cabeza y camino hacia…

‘No… ¡No me digas que vas al mismo lugar…!’ pensó Remus desesperadamente.

Regulus paro ante el cuadro de frutas y le hizo cosquillas a la pera, que empezó a reírse juguetonamente. Se abrió como si fuera una puerta, dejando entrar al muchacho.

‘¡Oh, Merlín!’ se dijo Remus, fastidiado, y entro justo antes de que se cerrara la puerta; no tenía tiempo para esperar que saliera, porque de un momento a otro empezaría la guardia nocturna de los profesores.

La cocina estaba repleta de elfos domésticos que trabajaban arduamente para el desayuno del día siguiente. ‘¿No duermen siquiera?’ se pregunto Remus, asombrado. Vio como Regulus se iba directamente a un elfo en particular, bastante feo.

-¿Tures? ¿Eres tú?

El viejo elfo le miro de arriba abajo.

-¡Señorito Black! Es un honor su visita…

‘A ver si entiendo…’ pensó Remus, intrigadísimo.

-Tures, necesito unas bebidas para mis compañeros.

-¡Será un gusto servir al amo de mi hermano! –exclamo el feo elfo, contento. Al instante, comando a un par de elfos más jóvenes a su servicio para que prepararan unas canastas.

Aaah… Así que Tures era el hermano de Kreacher. Eso explicaba muchas cosas. Remus se hizo una nota mental de preguntarle a Sirius sobre Tures. Mientras Regulus recibía un par de canastas, Remus aprovecho y fue robando unas cervezas de manteca en una parte alejada de los elfos. También agarro una pequeño pastel, y se dispuso a irse.

Regulus también. De hecho, abrió la puerta y Remus alcanzo a salir antes de que cerrara.

Regulus caminaba entre las sombras para evitar ser descubierto. Abrió la puerta que daba a la Gran Escalera. Estaba tan feliz de haber terminado su pequeña misión que no oyó el ruido que había hecho al abrir la puerta, y tampoco los cuidadosos pasos atrás de el.

-¡¿QUIEN ANDA AHÍ?! –grito una voz áspera, desde el segundo piso.

‘Demonios, demonios, demonios…’ pensó Regulus, mientras corría a toda velocidad hasta la puerta del tercer piso.

-¡TE VI, PEQUEÑA MOLESTIA! –grito Filch, el también corriendo.

Regulus intento intentó abrir la puerta del tercer piso, ¡pero estaba cerrada! Este era su fin… ¿Y si lo suspendían? ¿Y si lo expulsaban? ¡Que vergüenza! Si Filch aun no le había visto la cara, ahora iba a saber quien era. Ya se estaba acercando…

Y milagrosamente, la puerta del tercer piso se abrió, estando el muchacho de espaldas. Sintió como le tironeaban la túnica y atrancaban la puerta para que Filch no entrara.

-Ssshhh… -dijo una voz.

-¿Qué? ¿DONDE TE METISTE? –grito una voz al otro lado.

Regulus tenía la mano de alguien sobre el pecho, como intento evitar que respirara siquiera. Estaban casi inmersos en la oscuridad, así que no tenia forma de saber quien lo había salvado de Filch.

-¡TE ENCONTRARE PEQUEÑA ALIMAÑA, YA VAS A VER! –grito Filch por ultima vez, y luego Regulus sintió como se iba caminando, bajando las escaleras. La mano que lo retenía aflojo la tensión.

-Lumos. –dijo Regulus, ni lerdo ni perezoso. Tenia que agradecerle, al menos.

Grande fue su sorpresa.

-¡¿Remus?! –exclamo.

-¡¡¡Shhhh!!!

-Lo siento… ¿Qué haces a estas horas? –pregunto, apuntándole con la varita.

-La pregunta es, ¿Qué haces tú a estas horas? –puntualizo Remus, también apuntándolo.

-No te importa.

-Tampoco a ti.

Quedaron en silencio, mirándose. Entonces Regulus vio una canasta colgando de la otra mano de Remus.

-¿Fuiste a la cocina?

-Si, y te vi. No sabía que Kreacher tuviese un hermano.

-Pues si lo tiene. ¿Cómo hiciste para encontrarme hace un par de minutos?

-Tome un atajo hasta aquí. Pero no puedo decirte cual. –dijo Remus.

-Bueno, pues, debo irme. –repuso Regulus.

-Yo también. No diré nada a mis amigos de que te vi.

-Yo tampoco.

Quedaron otra vez mirándose, y dejaron de apuntarse. Luego Remus amago a irse.

-Adiós, Regulus.

-…Adiós.

Regulus se dio la vuelta y empezó a caminar a la Sala Común. Un momento… Se estaba olvidando de algo.

-¿Remus?

El se dio vuelta. No estaban separados por mucha distancia.

-¿Si?

-Gracias.

Remus le sonrió amablemente y desapareció entre las sombras.


NdA: Les gusto? Quizas un poco incompleto, pero es q ya se viene el final! Este final de cap sirve para mostrar lo seguro q esta como slytherin... :S

Por cierto, Tures no existe, xD. Es q queria ponerle un hermano a Kreacher. Kreacher me suena a 'creaTURE' en ingles, entonces ahi le invente nombre. Asi Tures se pronuncia 'Chore', xDD