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Memorias de Idhún: Revelación — capítulo 15

Capitulo 15

Alex lo había visto todo. Por medio de su magia, había impuesto en Eva un hechizo de localización y se había teletransportado a un lugar cercano a donde estuviera ella.

Fue a parar a un pequeño bosque, cerca de un arrollo. Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor, tratando de situarse. Pensó que se encontraba ya cerca del desierto de Kash-Tar.

Anduvo un rato por el bosque, buscando a Eva. Con sus poderes a punto por si necesitaba defenderse. Acababa de cruzar un pequeño arrollo, cuando escuchó un grito agudo, el chasquido que provoca una rama al romperse y un golpe sordo contra el suelo.

El susto le hizo trastabillar con sus propios pies y caer estrepitosamente en el arrollo. Mojado y avergonzado, se puso de pie y se dirigió al lugar donde había oído el ruido. Aún estaba lejos del lugar… pronto se pudo oír el sonido del galope de varios caballos y, al cabo de un par de minutos el de gritos de rabia y golpes con espada.

Alex se apresuró y echó a correr. Esquivó ramas y raíces, pero en un par de ocasiones estas le hicieron caer y perder más tiempo. Aminoró el paso según se acercaba al lugar…

Se asomó entre unos arbustos y contempló como metros mas allá reposaba un enorme dragón artificial. Miró más a su derecha y quedó paralizado durante un minuto. Eva yacía encima del shek… este o estaba muerto, o gravemente herido. Un pequeño yan metía prisa al piloto del dragón. Éste cogió en brazos a Eva, Alex se envaró pero no juzgó inteligente atacar, y la metió en el dragón. Realizó la misma operación con Christian y después ayudó a subir al yan. Pronto el dragón ya había despegado y se dirigía con movimientos lentos y torpes, debido al peso, hacía la amurallada ciudad.

Alex salió de su escondite y contempló el terreno. En él había tres cadáveres de soldados, seguramente los habría matado el shek, y tres caballos sueltos pastando a su gusto.

Decidió robar uno de ellos y se acercó. Debía avisar a su padre o a Jack del secuestro y no le quedaban energías suficientes para realizar otra teletransportación. Quizás mas adelante, pero para aligerar, no le iría mal un caballo.

Montó en él cuidadosamente y le arreó para que caminara hacia el interior del bosque.

Cabalgó durante horas al galope, casi la mitad del camino. Cuando se encontró con fuerzas, abandonó el caballo cerca de una casa celeste y desapareció.

                                                           ***

Erik y Jack salieron de la Torre de Kazlunn con pocas noticias. Primero, no les habían dejado entrar, aún asegurando Jack que él, efectivamente, era un mago.

Solo les habían indicado que ni Shail, ni el muchacho que le acompañaba estaban allí.

Así que tendrían que haber vuelto a Haai-Sil.

-Jo- soltó malhumorado Jack de nuevo convertido en dragón.- Hemos dado un rodeo para nada, venga sube.

Erik subió al lomo del dragón. Ya se estaba acostumbrando al vuelo, la única incomodidad eran las escamas, las duras escamas doradas.

El dragón despegó con violencia, y se dirigió con un rápido movimiento de alas hacia el sur.

Llegaron a Haai-Sil por la noche, cansados y fatigados por el vuelo. Aún tardaron un poco mas en encontrar la casa de Shail, era de noche, y casi no había gente por las calles.

Jack aterrizó cerca en un parque, Erik desmontó fatigado y se dirigieron con prisa a la casa.

Les abrió Zaisei, sin pintas de haber estado durmiendo y les hizo pasar. En la salita se encontraron con Shail y Qaydar el Archimago.

-¡Qaydar!- exclamó Jack y al momento se acercaron para darse la mano.

-Vaya, que de tiempo Jack- respondió el mago con una sonrisa un tanto forzada.- Escúchame chico, siento lo de Victoria… pondré mi magia y mi vida a servicio de encontrarla con vida.

Jack frunció el ceño, pensando lo mismo que Shail… Qaydar no sentía lo de Victoria, sentía la posible pérdida de Lunnaris, del unicornio.

-Y tú debes de ser… Erik.

Erik se limitó a intentar sonreír, sin éxito alguno… estaba ya harto de presentaciones; y más aún si estas no le daban información alguna sobre la persona a la que era presentado.

-Jack, ¡ya sabemos donde puede estar Victoria!- exclamó Shail impaciente. Jack lo miró al instante.- Christian va ya de camino, creemos que está en el nuevo santuario de la magia edificado por Covan en pleno Awinor…

-¿Qué?- exclamó Jack indignado- ¿Cómo que en Awinor? ¿Quién es él para entrar ahí? Ese hombre ya me esta tocando las narices.

-Papá, ¿Qué es Awinor?-Le preguntó un poco asustado por la ira de su padre. No le agradó ver como retrocedían Zaisei y los dos magos ante su violenta mirada.

-Es… maldita sea… era la tierra de los dragones, un… cementerio ahora.- contestó aún furioso.

-No sabemos porqué decidió construirlo ahí, tal vez para que nadie lo encontrara y nadie fuera. Yo, como mago, ni siquiera lo sabía. En Awinor no entra casi nadie, solo los fabricantes de dragones artificiales y los traficantes. Aunque ya cada vez hay menos esqueletos de dragones.

Jack estaba furioso pero intentó calmarse y pensar con claridad.

-Bien…-dijo.- ¿Dónde están el shek y Eva?

-Emm… Christian me dijo que te esperaría en el oasis más cercano al límite de Kash- Tar con Celestia. Dijo que desde lo alto se ve bien. 

-Está bien… ¿Cuándo partieron?

-En realidad no lo sabemos.- respondió Zaisei.- La última vez que vi a Eva fue cuando se fue a dar un paseo con mi hijo, con Alex. Pero ninguno de los dos volvió. Eso fue hace un dia.

En ese momento fue cuando Jack se dio cuenta de que Zaisei estaba muy nerviosa y apenas se mantenía en pie. Sabía lo que le harían a su hijo si le encontraban en compañía de dos sheks.

-No te preocupes Zaisei, Alex se las arregla solo. A veces creo que hasta es mejor mago que Zinae. 

-¿Alex es mago?- preguntó Jack asombrado.

-Si, pero por accidente… tocó el cuerno cuando era niño, cuando ya habíamos enviado a Zinae a Kazlunn, pero no pudimos enviarlo también a la torre porque habría sido muy sospechoso que nuestros dos hijos fueran magos… así que le enseño yo.- explicó Shail.

-Pero, ¿dónde está ahora Shail?- preguntó Zaisei con un deje de desesperación en su voz.

-Tal vez se fue con ellos.-dijo Shail abrazándola por los hombros.

-No es propio de Christian.-murmuró Jack.

-Seguramente los siguió- intervino Erik haciendo que todos se volvieran hacia él.

-¿Qué te hace pensar eso?- le preguntó Shail

-Pues… no se- se veía muy apurado.- Por la forma en que… miraba a mi hermana.

Todos se quedaron atónitos mirándole pero este se limitó a encogerse de hombros.

                                                           ***

Jack decidió partir por la mañana temprano al darse cuenta de que estaba exhausto y no lograría avanzar mucho en esas condiciones.

Así que se acostaron enseguida, Jack y Erik en el sofá, siendo el Archimago el que ocupaba la habitación de Alex.

Pero unos fuertes golpes en la puerta de la entrada les hicieron despertar. Jack oyó a Shail levantarse y dirigirse hacia la puerta al tiempo que se incorporaba el mismo.

Shail abrió la puerta con cuidado, y una figura oscura entró precipitadamente en la casa.

-¿Alex?... ¿Qué…?

-Los han cogido…-dijo el chico respirando con dificultad.- Los seguí, escuché como se enfrentaban a unos pocos soldados cerca de Dyan…

Jack y Erik lo escuchaban aterrados.

… vi como bajaba un dragón artificial y como el piloto metía dentro a Eva y a Christian, el sangraba mucho por la espalda… fue lo único que vi. Después se los llevaron a la ciudad y vine corriendo hacia aquí… me teletransporté, pero no llegué muy lejos… aparecí a las afueras de Haai-Sil y… he venido lo mas rápido que he podido.

Jack permaneció unos minutos asimilando información.

-Hay que rescatarlos…- murmuró Erik muy asustado.

-No va a ser fácil luchar contra los dragones… ni siquiera luchando yo como dragón. Porque habrán llevado muchos a Dyan. En fin… Shail, Qaydar… ¿venís?

-Yo también voy a ir…- replicó Alex.

-No puedo llevar a cuatro personas sobre mi lomo… pesareis mucho.-replicó Jack.

-Bien, pues podemos hacer un simple encantamiento para hacernos mas livianos. Yo soy medio celeste y no peso mucho. Y papá y el Archimago pueden hechizarse a si mismos.

Los otros no pudieron replicar, aún no gustándole la idea a Shail de inmiscuir a su propio hijo en el viaje y sobre todo en la lucha. Enseguida partieron; un dragón con cuatro figuras sobre su lomo justo al alba.