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Memorias de Idhún: Revelación — capítulo 16
Capitulo 16
Victoria notó como su consciencia se despertaba; cómo iba saliendo del sopor. Tras muchos días de inconsciencia notaba su cuerpo torpe y no tenía muy buenos reflejos. Tardó varios minutos en poder incorporarse. La estancia en la que se encontraba estaba oscura y silenciosa.
Se apoyó en la pared para ponerse en pie, y tanteó en la oscuridad en busca de puertas; pero no encontró nada… Confusa, volvió a palpar la pared y se sorprendió al comprobar que era flexible y blanda. Desesperada por no poder ver Victoria se volvió a echar en el suelo. No había remedio; estaba en una prisión mágica.
Durante el tiempo que estuvo consciente pensó en Jack y en Christian que seguramente estaban intentando encontrarla. Se preguntó si sus hijos estarían bien, si Christian había logrado salvarlos. Se terminó auto convenciendo de que sí, Christian habría luchado hasta el final por salvarlos, y el no había muerto… lo habría notado gracias al anillo.
¿Dónde está el anillo?
Victoria se incorporó asustada, provocando que se mareara momentáneamente. Empezó a buscarlo por el blando suelo, aún sabiendo que era poco probable, por no decir imposible, que se le hubiera caído.
La angustia se apoderó de su mente, y empezó a gritar… hasta que ya no tuvo fuerzas para más. De pronto, Victoria escuchó un ruido en uno de los extremos de la sala, y notó como alguien entraba en la habitación.
-Estate ahí quietecita unicornio- le previno una voz.
Victoria retrocedió todo lo que pudo, sin poder evitar pensar lo familiar que le sonaba esa voz.
-Voy a dejarte comida ¿vale?- continuó el hombre- Nadie quiere que te mueras de hambre. Dejó algo en el suelo y sin decir una palabra más, se retiró.
Victoria se acercó vacilante al objeto que había dejado el hombre; se trataba de un cuenco con un contenido caliente con olor agradable. Ni siquiera pensó en que podría ser una pócima o algo peor, tenía tanta hambre que se bebió el contenido con avidez.
Una vez saciada, se sentó y no pudo hacer más que esperar a que aquella persona que le había traído comida o cualquier otra volviera. Echó de menos a Jack, a Christian, a sus hijos; qué harían en un mundo totalmente desconocido para ellos, tan diferente a la Tierra. Sus pensamientos siguieron con ellos, sin poder preocuparse de nada más, ni siquiera de lo que le deparaba a ella misma.
No muy lejos de allí, en una celda de una amurallada ciudad yan, Christian abrió los ojos.
Rápidamente miró alrededor: era una celda pequeña, sin ventanas y cuya única salida era la herrumbrosa puerta. Sentía una sensación extraña que no le gustaba nada proveniente del exterior. Se levantó, tumbando delicadamente a Eva en el suelo y se acercó a la puerta con cuidado; acercó lentamente la mano a los barrotes de la puerta, pero no llegó a tocarlos.
En efecto, tal y como temía, los barrotes estaban hechos de fragmentos de la Roca Maldita, no tan pura como la que tuvo que soportar él pero aún así, no estaba dispuesto a comprobar cuál sería su efecto sobre su cuerpo.
Se alejó y volvió a sentarse junto a Eva. La zarandeó un poco y ella abrió los ojos.
Vio a su padre inclinándose sobre ella y le sonrió mientras se incorporaba.
-Tengo una idea- dijo Christian solamente.
**********
Eva tuvo que gritar durante varios minutos hasta que por fin escuchó ruido al otro lado de la puerta. Inmediatamente después apareció una figura vestida con una túnica de color arena, que cubría la mayor parte de la cara con un velo, dejando solo sus ojos a la vista, sin saber que ésa sería su perdición.
-Callaniñashek- exclamó el yan enfadado.- Reservatusgritosparatuejecución.
Eva hizo caso omiso del comentario, y continuó con el plan de su padre, el cual se ocultaba a un lado de la puerta, totalmente inmóvil. Eva se echó a un lado rápidamente y Christian se movió, rápido como una sombra, tomando al yan por sorpresa. Estableció contacto visual con horrorizado yan y a toda prisa cortó los hilos de su consciencia. Segundos después, el yan cayó al suelo. Muerto.
Eva ahogó un grito; no esperaba que fuese a ser así. Christian se volvió para mirarla pero ella bajó la cabeza, para que él no viese el miedo en su mirada. Se agachó junto a la puerta, pasó su brazo entre los barrotes y rebuscó en los ropajes del yan. Al cabo de un rato, encontró lo que buscaba; una pesada llave de hierro.
Al volver a introducir el brazo a través de los barrotes, su mano rozó uno de ellos y sintió un leve quemazón pero no comentó nada. Christian la había estado observando y percibió la expresión de sorpresa de Eva al rozar el barrote con la mano desnuda; a ella también le afectaba, aunque en menor medida que a él. La consciencia de shek de su hija estaba aún dormida.
Abrieron la puerta en silencio, salieron al exterior y recorrieron con cuidado el oscuro pasillo. Subieron unas escaleras que les resultaron eternas y cuando ya llegaban a la superficie, Christian se volvió hacia su hija:
-En cuanto tenga un sitio despejado, me transformaré. Sube lo más rápido que puedas. Saldremos de aquí en seguida, pequeña.
Volvió a fijar la vista al frente, al notar una presencia acercándose con rapidez. Fueron rodeados en cuestión de segundos, sin que él pudiese hacer nada; las armas de sus contrincantes estaban hechas de la misma aleación que los barrotes de su celda.
Jack volaba lo más rápido que podía, pero el que en los últimos días hubiera realizado tanto esfuerzo después de pasar años sin volar tanto, le estaba pasando factura.
Suspiró aliviado cuando vio que se acercaban al río Ilvar y poco después ya divisaban la inmensa ciudad de Dyan.
Empezó a descender poco a poco, extrañado de que nadie le saliese al encuentro.
-¿Crees que deberíamos aterrizar en el patio del castillo o mejor a las afueras de la muralla?- le preguntó a Shail pero antes de que éste pudiese responder Alex exclamó:
-Sale mucho humo del castillo, parece como si hubiese una gran hoguera.
Yandrak remontó el vuelo apresuradamente, sorprendiendo a sus pasajeros que se aferraron asustados al dragón y voló directamente hacia allí, con un mal presentimiento creciendo en su pecho.
Cuando el patio se hizo visible, la realidad de lo que vieron golpeó a los cinco de forma violenta. Alex gritó y se encogió sobre sí mismo; había captado las emociones y sentimientos de todos los humanos y yan que observaban el espectáculo, pero sobre todo, el miedo y angustia de Eva, que veía como las llamas se acercaban lenta pero inexorablemente hacia los postes donde estaban encadenados ella y su padre, que estaba al parecer inconsciente, rodeados de un infierno del que eran incapaces de escapar.
Erik por su parte no gritó, simplemente no podía creerlo. Miró a su hermana, que levantaba la vista hacia ellos y algo en su interior explotó, una fuerza interior que latía desbocada salió a flote, pero inmediatamente después, la certeza de que su hermana estaba muriéndose superó esa fuerza. Se sintió muy débil de pronto y se agarró a Alex.
********
Eva lloraba desesperada, sentía como su piel sufría del intenso calor debido a la cercanía de las llamas y como sus lágrimas se evaporaban nada más salir de sus ojos. Volvió la cabeza y miró a su padre; en cuanto lo habían encadenado con esas pesadas cadenas negras había perdido el conocimiento pero ahora despertaba, quizás porque las llamas comenzaban a lamer el poste al que continuaba encadenado o tal vez al escuchar los agónicos gritos de su hija, a varios metros de ella.
-¡Eva!- gritó Christian, ahora consciente de la situación. Nunca podría olvidar lo que vio en ese momento, como las llamas alcanzaban finalmente a su hija y la mirada que ella le devolvió, una mirada llena de miedo, dolor y desconcierto, pero sobre todo, una mirada llena de luz. En su frente brillaba una luz, similar a aquella que a Victoria le aparecía en su cuerpo humano cuando su esencia de unicornio se defendía.
Algo se revolvió en su interior, no podía dejarla morir, no podía verla morir. El shek en su interior debatió por tomar control de su cuerpo, pero el contacto con la aleación de roca maldita en las cadenas, una vez más, se lo impidió. Notaba como perdía poder poco a poco, y como el calor nublaba sus sentidos. Su ropa prendió fuego pero no tuvo fuerzas para gritar de dolor.
Cuando lo creía todo perdido, su instinto de shek se disparó al notar la presencia del dragón, y por una vez no sintió odio, sino el más sincero alivio, y la esperanza volvió a resurgir en su interior.
Yandrak rugió furioso y, olvidándose de que Qaydar, Shail, Alex y su hijo seguían en su lomo, se abalanzó sobre los espectadores destinándolos, al lanzar su llama, al mismo destino que habían elegido ellos para Eva y Christian.
Qaydar no dudó un instante, se anticipó a la reacción de Jack y realizó un conjuro de levitación sobre Erik, Shail y su hijo, y rápidamente aterrizaron sobre la piedra del patio del castillo.
Erik se abalanzó sobre la pira desbocado, notó el calor, pero lo ignoró. Su mente no obedecía a los reflejos de su cuerpo de huir del fuego. Resbaló con los troncos y se abrasó la mano al apoyarse para volver a incorporarse. Inmediatamente después, la temperatura bajó súbitamente y las llamas solo duraron un segundo más antes de extinguirse.
Se volvió solo para ver como Qaydar, Shail y Alex tenían las manos alzadas dirigidas a la pira, y como una luz azulada brotaba de ellas y se había estrellado contra el montículo ardiente.
Continuó su camino hasta su hermana, ahora inconsciente, y la abrazó aliviado con desesperación. Vio horribles quemaduras en los brazos de Eva y se le formó un nudo en el estómago. Miró a Christian, que aún estaba consciente y lo miraba con intensidad.
-Estáis bien, estáis vivos- murmuró Erik.
Jack recuperó su forma humana y corrió para reunirse con Erik y los demás, que intentaban liberar a su hija y a Christian.
Cuando las pesadas cadenas cayeron finalmente al suelo, Erik tomó en brazos a su hermana con ayuda de Alex y la bajaron de la pira. Jack comprobó su estado y a continuación se acercó al shek, que se sostenía a duras penas gracias a la ayuda de Shail.
-No podía hacer nada- murmuraba repetidamente Christian, desolado. Jack lo notó diferente, tenía los hombros hundidos, la mirada de hielo parecía haberse derretido con el fuego pero sobre todo, se dio cuenta de que lo que había desaparecido era su aura de poder y se asombró al notar que su instinto no reaccionaba al estar en presencia del shek.
Miró las cadenas con mayor atención y notó el frío y la oscuridad que desprendían, a pesar de haber estado, hacía apenas unos minutos, sometidas a altas temperaturas.
-Roca Maldita- se dijo a sí mismo, pero Christian oyó sus palabras y lo miró. Jack sostuvo su mirada y fue testigo de como en cuestión de segundos, los ojos azules de Christian recuperaban poco a poco su antigua característica gélida y ya le pareció que olía un poco más a shek.
-No es pura como la que me incrustaron la otra vez; pero la tienen en todas partes.- le dijo al dragón mientras sentía como recuperaba rápidamente su percepción shek y sus fuerzas. A su vez, notó que una corriente de energía curativa lo recorría y lo curaba de sus quemaduras con una desconcertante rapidez. Cruzó una mirada de agradecimiento con Shail.
Alex a su vez, acunaba a Eva y le transmitía toda su energía para sanar sus heridas, mientras Erik los miraba con aprensión; notaba el cuidado y cariño con el que trataba el semiceleste a Eva, pero segundos después ya sonreía internamente, Alex era un buen chico, no conocía a nadie mejor merecedor de su hermana.