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Historia 27179 — capítulo 3
¿Qué tenía de lindo levantarse a las 7 de la mañana para tener clases de Defensa contra las Artes Oscuras con, hace unos meses, el mortífago de Lucius Malfoy? De todas formas, el solo estar en Hogwarts hacía sentir a Harry plenamente feliz. Todo en el castillo volvía a ser como antes, a pesar de la ausencia de varios alumnos y de bastantes trozos de ladrillos. La sala de Defensa contra las Artes Oscuras había sido irreparablemente destruida, al igual que la Sala Multipropósitos al haber sido atacada por el fuego, por lo que impartirían esa asignatura en el corredor del tercer piso.
Harry se estiró en su cama para luego ir a cambiarse. Una vez vestido, zamarreó a Ron para despertarlo pero, al ver que éste no le prestaba atención, le gritó que había visto a Hermione besándose con Draco, por lo que el pelirrojo se sentó de un golpe en la cama observando, confuso y pálido, las carcajadas de su amigo.
Bajaron las escaleras y esperaron, sentados en los sillones, la llegada de Hermione. Les parecía raro que la castaña no estuviese despierta el primer día de clases pero, tras verla atravesar el cuadro de la Dama Gorda, se dieron cuenta de que se había levantado, hacía ya, mucho tiempo.
_ ¡Al fin se levantan!_ Exclamó la castaña saludando a Ron con un ruidoso beso y sentándose en las piernas de él. Ginny, que había entrado con ella, saludó con un hola general y con un beso, mucho más intenso que el de Hermione, a Harry quién se puso color escarlata. Giró lentamente la cabeza para observar a Ron, la historia volvía a repetirse.
_ Se lo tenían guardado_ Dijo el pelirrojo con una sonrisa. Harry perdió todo tipo de incomodidad al ver que sus dos amigos retomaban sus besos sin darle mucha importancia a la escena reciente. Una vez despegados, Harry encontró oportuno el momento para hablar de quien, en pocos minutos, sería su profesor.
_ Hermione ¿Pudiste averiguar algo de Malfoy?_ Interrogó intrigado.
_ No Harry, pero no creo que tenga intenciones de hacer nada malo. Eso sí, de seguro va a ser otro Snape.
El moreno perdió todo tipo de intranquilidad al ver la graciosa cara de terror que ponía su amigo Ron.
_ Creo que ya es hora de que bajemos a desayunar. La clase es en media hora_ Hermione se levantó llevando al pelirrojo de la mano. Harry, por su parte, se despidió de su oficialmente novia, quién iba a clases de Transformaciones, para luego reunirse con sus amigos.
El gran comedor estaba casi vacío. La falta de 50 alumnos era muy notoria a la hora de desayunar. El trío se sentó junto a los únicos alumnos de Gryffindor que yacían en la mesa: Neville, Dean y Seamus. Charlaron sobre distintas cosas, empezando por la rara aparición de Malfoy, hasta que las lechuzas los interrumpieron para hacer su entrega de paquetes. Harry estaba a punto de devorar su tocino cuando una caja larga calló sobre la mesa produciendo un gran estruendo. Luego de recibir una caricia de su amo, Dobby se dirigió nuevamente a la lechucería con un tranquilo ululato. El moreno no aguantó más y abrió, lo más rápido que pudo, el paquete provocando curiosidad entre todos sus compañeros.
_ ¡Woow! ¡Una escoba!_ Exclamó contento Neville. Pero algo en la cara de los tres amigos lo hizo darse cuenta de que eso había provocado misterio.
_ Es… Es… ¡Mi Saeta de Fuego! ¡La que Sirius me regaló!_ Harry no lo podía creer. La había dado por desaparecida y el hecho de que hubiese vuelto a él era muy sospechoso y extraño. Buscó desesperado, con la ayuda de sus amigos, una nota que señale algún nombre, pero todo lo que encontró fue una pluma.
_ ¡Es de Buckbeak! ¡Estoy seguro! Pero eso significa que…_ Harry no pudo evitar ponerse de pie. La emoción se le notaba en la mirada y en todos los rasgos de su cara ¿Y si Sirius le había mandado esa escoba?
_ ¡Harry no pienses cualquier cosa!_ Dijo Hermione como si le hubiese leído la mente_ Esta pluma no es de hipogrifo, es de un ave_ Agregó pensativa tomando la blanca pluma con una mano e investigándola con cuidado para asegurarse de que no fuese nada peligroso. Harry no pudo esperar a que su amiga terminase de mirarla por lo que se la arrebató para comprobar lo que ella le había dicho. Definitivamente se trataba de la pluma de un ave.
_ Ron, tienes una Nimbus 2001 nueva. No pienso separarme de mi Saeta nunca más_ Dijo radiante de alegría y la volvió a meter en el paquete con extremo cuidado. Luego se dirigió a la sala común, lo más rápido que pudo, para dejar su nueva y, a su vez, vieja escoba.
Había llegado cinco minutos tarde a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, por lo que se dirigió sigiloso hasta su asiento rogando pasar desapercibido. Pero, lamentablemente, no había tenido esa suerte.
_ Tarde Potter. 20 puntos menos para Gryffindor_ Dijo la irritante voz de Malfoy_ No Potter. No necesito que te sientes. Pasa al frente_ Harry experimentó una sensación de odio y recuerdo. Había vivido ese momento muchas veces con Snape pero, sin dudas, Lucius era mucho más despreciable que hasta el mismo Severus a la hora de enseñar. El moreno caminó, aguantando las risas de los alumnos de Slytherin, hasta donde se encontraba su profesor. En el trayecto pudo ver que el aula estaba decorada con personajes, vestidos de verde y plateado, que yacían dormidos en sus cuadros y varios objetos raros de los cuales muchos los había visto en la tienda de Borgin y Burkes.
_ Como decía… _ Prosiguió el hombre de pelo rubio y largo_ la magia que utilizó la tan famosa Circe para convertir a los marineros en cerdos, no es para nada complicada. Se trata de una de las artes oscuras más fáciles de hacer. Al principio se consideraba a este hechizo dentro de la asignatura de Transformaciones pero, como solo puede lograrse con odio y con fines de perjudicar, se decidió trasladarlo a Defensas contra las Artes Oscuras. Para invocarlo solo tienen que decir ¡Transforcast!
El aula se llenó de gritos de susto por parte de los alumnos de Gryffindor al ver un cerdo con anteojos en el mismo lugar en donde yacía Harry. Los de Slytherin, por su parte, reían a carcajadas al ver que presentaba la misma cicatriz que el chico que vivió.
_ ¡No puede hacer eso! ¡No se puede utilizar la transformación como castigo!_ Hermione se había parado de golpe y gritaba desesperada entre las carcajadas de los alumnos.
_ ¿A sí? Ya han utilizado esta transformación con mi hijo Granger_ Dijo Malfoy con una sonrisa malévola mientras el chanco lo golpeaba, con la cabeza, en las piernas.
_ ¡Basta papá!_ Las risas dejaron de sonar en el aula. Draco Malfoy se había puesto de pie y miraba, enfurecidamente, a su padre. No hacían falta explicaciones. El profesor Malfoy pronunció el contra maleficio y Harry reapareció en cuatro patas.
_ ¡Lo odio! ¿Quién se cree que es? ¡¿Por qué McGonagall lo dejó entrar en este colegio?!_ El moreno estaba rojo de ira. Se pasó toda la clase de Encantamientos insultándolo por lo bajo hasta llegar la hora del almuerzo.
_ Ya pasó_ Le repetía una dulce Ginny, pero la bronca que sentía el muchacho era inmensa y no lo dejaba tranquilo. El Gran Salón se encontraba un poco más lleno que en el desayuno. Harry podía ver a Luna y Cho en la mesa de Ravenclaw, sentadas una al lado de la otra pero sin hablarse. En la mesa de Slytherin, un grupo de alumnos se había juntado para observar un partido de ajedrez mágico. Draco formaba parte del grupo y parecía estar divirtiéndose con la derrota que experimentaba el chico de primero que competía contra Goyle. El muchacho desvió la mirada hacia la mesa de Hufflepuff. Allí se encontraba Ernie hablando animadamente con la chica nueva. Esta forzaba, de vez en cuando, una sonrisa, parecía estar muy triste. De pronto, la chica rubia volteó y lo miró directo a los ojos, pero eso no fue lo que lo sorprendió. En vez de observar los ojos marrones del día anterior, Harry vio que estos habían tomado otro color. Un color entre amarillento y anaranjado, un color ámbar.