Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 27387 · de

Historia 27387 — capítulo 47

Todo estaba demasiado tranquilo, hacia ya demasiado tiempo que nada estaba tranquilo dentro de la mansión y eso le gustaba a Leanne. La tranquilidad que se respiraba le daba la sensación que, después de mucho tiempo sin estarlo, las cosas estaban bien.

Pero había algo dentro de ella, una sensación, que no le gustaba porque rompía con la momentánea paz que había en su hogar. Los recuerdo, los acontecimientos que seguían dentro de su historia eran demasiado dolorosos; unos que todos se habían empeñado en enterrar y olvidar.

Esa mañana no le costo salir de la cama, sería porque ya estaba acostumbrada al peso extra del embarazo o porque tenía que evadirse. Tenía la miraba perdida en el mundo de nieve que era el jardín, podía escuchar la respiración acompasada de Charlie, aún dormido, a sus espaldas y el silencio que se extendía por toda la mansión. La navidad no era un buen momento para hablar de cosas tristes pero sabía a la perfección que Harry no esperaría hasta pasando las festividades; se armó de un valor que siempre la había acompañado cuando lo que tenía que ser no era para nada agradable y se dispuso a hacerlo. El dolor no era fácil de sobrellevar pero confiaba en que Harry pudiera separar las cosas y no le afectara demasiado.

--- ¿Qué haces?--- preguntó molesto Charlie.

---Preparar el desayuno--- le sonrió Leanne--- No es nada del otro mundo.

---Deberías estar en la cama, aún es muy temprano--- Charlie le quitó de las mano a Leanne el sartén con huevos y la llevo a sentar--- Yo haré el desayuno el día de hoy.

---No soy ninguna invalida, Charlie--- le recordó Leanne, no le gustaba que la sobreprotegieran de esa forma.

---Ya lo sé--- le respondió Charlie vigilando los huevos y el tocino--- Pero recuerda que te agotas con suma facilidad y Candence dijo que no era bueno, que tenías que descansar. Mi hijo y tú deben mantener todas sus fuerzas.

--- ¿Cómo estás tan seguro de que será niño?--- le preguntó Leanne, Charlie se limitó a encogerse de hombros.

---Niño, niña, lo que sea, sólo quiero que este bien--- le sirvió una taza de té--- Iré a llamar a Harry.

El silencio en la mansión se debía a que sólo había tres habitantes en ella: Leanne, Charlie y Harry; el resto de la familia Weasley había vuelto a la Madriguera y Hermione había ido a pasar unos día a casa de sus padres. Harry había mencionada algo acerca de irse a vivir a Grimmauld Place para darles espacio a Leanne y a Charlie pero entre Molly y Leanne lo habían convencido de quedarse, por lo menos hasta naciera el bebé. Aunque Leanne no quería que Harry se marchara pero también sabía que ya era un adulto y necesitaba su espacio.

Los tres desayunaron en silencio, Harry aún tenía cara de sueño pero conforme engullía los huevos y el tocino se fue despabilando. Charlie desayunaba un poco a prisa, Leanne sabía que tenía que ir al Santuario a revisar algunas cosas que habían quedado pendientes y quería solucionarlos lo más rápido posible porque no quería dejar mucho tiempo a solas a Leanne. Harry había quedado con Ginny, los dos saldrían a dar un paseo y regresarían para la cena.

Leanne despidió a ambos desde el jardín, se las había apañado para salir sin que Charlie se lo impidiera. Sus zapatillas se empaparon en cuanto la nieve entro en contacto con su fina tela pero le importo poco, era agradable sentir la nieve entre los dedos; era una sensación diferente a la de la arena caliente de la playa pero igualmente agradable.

El bebé se removió incomodo, no le gustaba la nieve. Leanne resoplo molesta y se encamino a la casa. Él o ella eran definitivamente Weasley, a ellos les gustaba la calidez de la primavera y no la fría belleza del invierno. Se quitó las zapatillas y anduvo descalza por la casa, ahí dentro se estaba calientito y el bebé se sintió tranquilo, seguro. Si Candence la viera, le pondría una regañiza, si no fuera porque no confía mucho en los otros Sanadores se dejaría atender por alguno de ellos pero solamente confiaba en Candence.

Candence y su gran capacidad de curar a la gente e irritar a Leanne con su mirada de superioridad cada vez que va a la mansión y le dice que no puede hacer tal o cual cosa, que tiene que quedarse sentadita y masajearse la barriga para que el bebé se sienta seguro; que por pasar tanto tiempo congelada en el tiempo, los cambios por los que esta pasando su cuerpo la agotan demasiado y al bebé aún más. Leanne sabe que todo eso es por su bien y del bebé pero le gustaría que las cosas no fueran tan complicadas.

No es que fuera una mala madre, no quería serlo, no pensaba serlo pero ella estaba hecha para la acción, para andar correteando por todos lados y haciendo mil cosas mientras luchaba contra mortifagos, jugaba con licántropos, ayudaba a semigigantes y poniendo en juego su vida por el simple placer de la adrenalina corriendo por sus venas.

Se recostó en el sillón y tomó el libro que había comenzado a leer hace más de tres semanas y del cual no había pasado de la página 50. Ya ni siquiera estaba Leonor molestándola cada cinco minutos, se había quedado callada y no pensaba abrir la boca. Su vida se había vuelto mortalmente aburrida.

Escucho a Molly aún antes de que esta entrara por la puerta de la cocina, dejo de nuevo abandonado el libro y se levantó para ir a revolotear a su lado mientras su suegra cocinaba para toda la familia. Molly no se molesto siquiera en mandarla a sentar y Leanne no hizo ningún amago de querer ayudarla sino que simplemente hicieron lo que tenían que hacer: Molly se puso a cocinar mientras hacia dos o tres comentarios, Leanne abrió otra caja de galletas y solamente contestaba con monosílabos a los comentarios de Molly.

--- ¡Mis dos mujeres favoritas!--- saludo Charlie tres horas después. Besó a su madre en la mejilla y después a Leanne en los labios.

--- ¿Estás bien?--- le preguntó Leanne al ver la fea quemadura que tenía Charlie en el brazo derecho.

--- ¡No es nada!--- le aseguró sonriente--- Grawp se asustó un poco cuando estábamos alimentando a los dragones y me tocó entrar en acción. Ya casi esta curada.

Molly frunció los labios y se guardo uno que otro comentario. Leanne quiso decir algo también pero prefirió curar la herida de su esposo, sin lugar a dudas eso sería lo más emocionante que realizaría ese día.

---Cenaremos a las 7, quiero que Leanne se acueste temprano, no es bueno que esté levantada a altas horas de la madrugada solo por complacer la curiosidad de otros--- les dijo Molly al cabo de un rato.

---Yo también estaba pensando lo mismo. Últimamente nos hemos esta yendo a la cama muy tarde.

Leanne prefirió hacerse la sorda y continuo comiendo galletas porque aparentemente esa era una de las pocas cosas que aún le permitían hacer. Después de un rato se marchó a su habitación, se tenía que preparar para la cena.

--- ¿Qué vamos a ver el día de hoy?--- preguntó Ron cuando considero que ya era educado hacerlo. El problema es que no lo era, apenas habían pasado 15 minutos de que se habían sentado a la mesa.

---Muchas cosas--- le respondió Leanne--- Pero quiero aclararles que algunas van a ser algo…. Bueno, no van a ser tan bonitas como otras que hemos visto.


--- ¿Qué?--- preguntó Sirius. Estaba recostado en un sillón de la sala común y Leanne ya tenía cinco minutos de pie a su lado sin decir ni una sola palabra.

Sirius se había pasado toda la mañana de ese sábado recostado en el sillón, en una posición estudiadamente despreocupada, cucando a algunas alumnas que no hacían más que suspirar cuando él se movía un poco y dejaba ver un poco de su pálida piel o el bordado de sus boxers; tentándolas, provocándoles pensamientos impuros y disfrutando de la atención y deseos que despertaba.

---Sirius…--- dijo arrodillándose para quedar a la altura del rostro de él.

No le gusto el tono que utilizó; una mezcla de lastima, disculpa, tristeza, derrota y decepción salió de los labios de Leanne, una mezcla que le produjo un nudo en el estómago y un sabor amargo le invadió los sentidos.

---… Regulus se…

---Se pasó al lado oscuro--- pudo verlo en sus ojos. Los ojos de Leanne nunca le habían mentido--- ¿Eso es todo?--- le preguntó fingiendo despreocupación--- Dime algo que no sepa ya.

---Aún no… no se pasa al lado oscuro--- le contesto Leanne preocupada y molesta por la despreocupación de su novio por su hermano--- Regulus entro como buscador al equipo de Slytherin pero….

---Pero también ya están haciendo planes con él, lo sé--- le dijo desviando la vista--- Bella no pudo conmigo, pero con Regulus si que va a tener suerte.

--- ¿Por qué no hablas con él?--- le preguntó esperanzada.

--- ¿Para qué?--- contraataco encogiéndose de hombros--- ¿Qué sentido tendría? Él ya tomo su decisión, tal y como yo tome la mía.

--- ¡Se puede meter en cosas muy peligrosas!--- le recordó molesta Leanne--- Por lo menos déjame informarle al profesor Dumbledore.

--- ¡No!--- soltó molesto Sirius e incorporándose de golpe--- ¡No le puedes decir nada!

Salió dando un portazo al retrato de la Señora Gorda. Leanne se dejó caer derrotada, estaba convencida de que por lo menos Sirius permitiría que se lo comunicara a Dumbledore, él si que podía hacer mucho por Regulus.


--- ¿Por qué Sirius no quería que Dumbledore se enterara?--- quiso saber Harry.

---Porque eso representaba una derrota aún mayor para Sirius pero sobre todo porque él se había hecho la promesa de que lo salvaría y al no lograrlo, se propuso retenerlo lo más posible o eliminarlo--- le respondió Leanne--- Sirius… él no quería ver a su hermano en medio de los mortifagos pero sabía que no podía salvarlo tan claramente como sabía que él no podía ser salvado; estaba convencido de que todos los Black estaban condenados y lo único bueno que podía hacer por él era eliminarlo antes de que Regulus eliminara a alguien más.


--- ¿Por qué los usas?--- le preguntó Leanne a Remus.

Remus estaba sentado en la mesa de Gryffindor desayunado, llevaba puestos unos guantes de color café, o por lo menos eso es lo que se podía interpretar que eran porque parecían todo menos guantes: estaban cosidos de la forma más chueca y deforme que se hubiera vista, además de que tenían un dedo extra demasiado largo; también llevaba un sombrero tejido que parecía una vejiga deforme y con una borla que le colgaba por lo menos hasta media espalda. La bufanda era lo único que estaba mediamente confeccionada aunque no tenía el ancho suficiente para cubrir el cuello y tenía varios nudos demasiado grandes. Todo era completamente horrible.

---Porque esta nevando, por si no te habías dado cuenta--- le respondió Remus de la forma más obvia que existía.

--- ¡Son la cosa más horrible que se ha tejido!--- insistió Leanne--- Deberías quitártelos, la gente esta comenzando a reírse.

---Sí tú te tomaste la molestia de tejerlos, yo me tomo la molestia de ponérmelos, no están del todo mal--- le dijo levantando la vista de su plato de cereales.

Leanne sonrió. Por eso es que quería tanto a Remus.

Cada año les tejía a sus amigos, pero nadie más los usaba en público excepto Remus; James, Sirius y Kingsley los usaban cuando nadie más los podía ver. Leanne era muy buena en muchas cosas pero para tejer no servía. Como muy bien se lo había dicho James hace tiempo atrás.

Pero claro que James, Sirius y Kingsley si que usaban en público las hermosas creaciones que hacía cada año Candence. A Leanne no le molestaba; hace tiempo había entendido que Candence la superaba en muchos aspectos y en tejer siempre llevaría las de ganar.

Tiempo atrás había estallado en un berrinche descomunal cuando James le dijo que ella era una pésima tejedora y que lo debería dejar o por lo menos pedirle a Candence que le diera algunas lecciones. Ella había dejado de hablarle a James durante tres días y no le tejió nada hasta el año pasado cuando él le rogo que lo hiciera pues solamente le había tejido a Kingsley, Sirius y Remus.

---Además…--- continuo sonriente Remus---… tiene un dedo extra para mi varita.

A Leanne siempre le salían los guantes con un dedo extra siempre y cuando James se había burlado por ese motivo, ella le dijo, furiosa, que era para mantener la varita calientita. Remus aún lloraba de la risa cuando recordaba ese insidente.


---Nieve…--- dijo pensativamente Kingsley a nadie en particular. Ya tenía puesto el abrigo y los guantes.

La noche anterior había caído una nevisca que había cubierto todo, era un bello invierno el problema estaba en que…

--- ¡¿No es hermoso?!--- preguntó Leanne jugando con la nieve, todo era como un sueño para ella.

---En realidad es preocupante--- contestó Kingsley mirando al vacío.

--- ¡No seas un aguafiestas, Kingsley!--- pidió Leanne. Visto desde la Torre de Astronomía todo se veía más hermoso--- ¡Es Halloween!

--- ¡Y eso es lo que debería preocuparnos!--- le dijo mirándola directamente--- No es una buena señal que nieve en Halloween, siempre trae cosas malas.

Leanne miró detenidamente a Kingsley unos segundos, en verdad lucía preocupado. Después de unos momentos recordó su viaje a África cuando tenía 10 años; ahí había conocido a la abuela paterna de King: una bruja nativa de ese continente que había sido coronada Reina de su aldea cuando apenas tenía 8 años a causa de la desafortunada muerte de sus padres. Samira había acopado el puesto que le correspondía con gran responsabilidad pero no había dejado de soñar con algún día poder estudiar en Hogwarts, por eso, cuando a los 11 años partió a Londres dejo encomendada su tribu a los dioses. Samira había sido una alumna modelo en el colegio y una jovencita muy popular. Después de concluir sus estudios, regresó a su tribu y combinó lo aprendido en el colegio con los conocimientos de sus ancestros, convirtiéndose en la bruja más poderosa que hubiera nacido dentro de su pueblo.

La madre de Kingsley no le tenía mucho apreció pues Samira, después de casarse con el abuelo de King, no se había hecho cargo de su hijo por atender a su pueblo. A King y a su padre no les molestaba en absoluto pero a su madre sí; eran pocas las ocasiones que King había visitado a su abuela en África y otras pocas las que ella había viajado a Londres pero ambos se querían mucho. Leanne se había divertido mucho el verano que paso con King visitando a su abuela y también había aprendido muchas cosas, conocimientos que la mayoría de los brujos no conocían y los que los sabían no los tomaban en cuenta.

--- ¿Qué dice la vieja bruja?--- le preguntó Leanne al cabo de unos momentos.

---Samira me contó que cuando nieva en Halloween es señal de que enormes desgracias van a ocurrir, que la línea entre la vida y la muerte se hace aún más delgada--- le respondió Kingsley.

--- ¿Crees qué sea cierto?--- preguntó Leanne mirando el aspecto tan inocente que tenía todo.

---La abuela tiene razón en muchas cosas pero no se si esta sea una de ellas.

Leanne le dio la espalda a la nieve y camino hacía la puerta, no quería que su mente relacionara a la nieve y el invierno con la maldad o destrucción.

---Será mejor que me de prisa, Sirius de seguro ya me esta esperando para partir a Hogsmeade--- le dijo antes de desaparecer escaleras abajo.

Kingsley permaneció unos segundos más mirando al vacío, sopesando las opciones y las formas en que todo podría salir mal; al final el también siguió los pasos de Leanne para encontrarse con Candence.


Todo lucía como si la navidad ya estuviera a la vuelta de la esquina y Hogsmeade se veía como una linda postal navideña. Algunos olvidaron por completo que la verdadera celebración era Halloween y se dedicaron a hablar sobre lo que harían durante las vacaciones navideñas.

--- ¡Ojala no faltara tanto para navidad!--- dijo Leanne habiendo un puchero.

---Ya no falta tanto--- le aseguró Sirius mientras caminaban tomados de la mano--- Toma esto como un adelanto.

---Sí, creo que tienes razón…--- dijo al cabo de unos segundos, no había porque lamentarse sí se podía ser feliz.

Sirius se vio arrastrado por Leanne a todas las tiendas que había en el pueblo mientras parloteaba de esto y aquello; no es que no le estuviera poniendo atención, sino que estaba preocupado: su hermano lo había mandado a volar cuando había intentado hablar con él, se estaba metiendo con gente muy peligrosa y su vida estaba en peligro. Ojala Leanne no le hubiera dicho nada.

--- ¿Te encuentras bien?--- le preguntó Leanne al cabo de 20 minutos de monologo.

---Estaba pensando…--- se quedo callado y la observo durante unos segundos---… en lo hermosos que se te verían estos aretes--- dijo al cabo y saco de su mente todos esos pensamientos. ¿De qué servía preocuparse por algo que ya no tenía solución?

Leanne sonrió, prefería ignorar los verdaderos pensamientos de Sirius y hacerlo feliz, ya encontraría ella la forma de salvar a su hermano.

Continuaron andando por las calles del pueblo hasta que el frío fue superior a sus fuerzas y se refugiaron en Las Tres Escobas para tomarse una cerveza de mantequilla. A media tarde irrumpieron en el local James, Remus y Peter; ese día no se les habían acercado porque Leanne y Sirius habían salido en pareja; pero a James eso pareció no importarle y en medio de una fuerte oleada de frío se sentaron con ellos a la mesa.

---Lamento interrumpir--- dijo con lo que él pensó que era su voz de sincera disculpa, pero no lo era, para nada; su voz sonaba entusiasmada, extasiada--- Sirius, tienes que venir con nosotros--- luego le dirigió una mirada significativa, de esas que solamente utilizaban cuando tenían entre manos una plan o una travesura verdaderamente impresionante.

Leanne los observo mientras mantenían una conversación a base de miradas; James ya había convencido a Sirius y después se dedico a observar a Remus, en busca de respuestas, él sólo se limitó a encogerse de hombres. Sí Remus estaba dispuesta a hacer aquello que James tuviera en mente no podía ser tan malo.

--- ¿Leanne?--- le preguntó Sirius de forma suplicante una vez que ella dejo de observar a Remus; parecía estar emocionado y desesperado al mismo tiempo. Leanne se limitó a asentir y Sirius le dio un beso en la mejilla antes de salir corriendo detrás de James.

Lanzo un suspiro a modo de suplica mientras veía como Sirius desaparecía por la puerta; por lo menos habían pasado toda la mañana y parte de la tarde juntos. Se dedico a observar a sus compañeros mientras veía reían y conversaban muy tranquilamente.

--- ¿También te abandonaron?--- le preguntó Kingsley al cabo de 30 minutos, sentándose en la silla que había dejado vacía Sirius.

---Tal vez esta es la desgracia de la que hablaba tu abuela--- le contesto sonriente Leanne--- ¿Dónde se encuentra Candence?

---Sus amigas llegaron hace unos segundo y se la llevaron a donde sólo Merlín sabe--- le contestó.

---Vamos a dar un paseo--- le propuso Leanne una vez que ambos terminaron con su cerveza--- No me apetece quedarme aquí sentada.

Leanne y Kingsley anduvieron caminando durante una hora sin rumbo por las afueras del pueblo, hablando de todo y de nada. Ambos sabían que no veríanni a Sirius ni a Candence hasta que regresaran al castillo. Eran las 6 de la tarde y ya casi estaba anochecido, el frío se volvió soportable después de las cervezas pero sabían que ya era hora de volver o se perderían la cena.

Se habían alejado bastante del camino principal, los árboles crecían muy juntos y estaba más oscuro de lo que en realidad estaba; sólo habían avanzado unos cuantos pasos cuando una rayo rojo se estrello en el árbol que estaba justo delante de ellos. Inmediatamente sacaron sus varitas y se pusieron en guardia. Una estridente carcajada les erizo el vello, solamente alguien podía reír de esa forma tan desquiciada.

---En verdad esperaba encontrarme contigo--- Bellatrix Lestrange salió de entre las sombras con una sonrisa diabólica en los labios y su varita apuntando directamente al corazón de Leanne. Más sombras se movieron detrás de ellos--- ¡Crucio!--- gritó y Leanne esquivó por un pelito la maldición.

--- ¡Expelliarmus!--- gritaron al mismo tiempo Leanne y Kingsley.

Y fue como si esa fue la orden que esperaban los demás para atacar porque inmediatamente se vieron rodeados por lo menos por cinco sombras. Los hechizos y las maldiciones apenas si les pasaban rozando, si querían salir con vida de esa, tendrían que moverse rápido y no perder el tiempo con jueguitos.

--- ¡Depulso!--- grito Leanne apuntando a la sombra que tenía más cerca; aún la rodeaban dos sombras más. Kingsley estaba a su izquierda y luchaba con otros tres sujetos. Bellatrix reía a carcajadas.

--- ¡Incendio!--- el hechizo de Kingsley fue a dar al árbol en el que reía a carcajadas Bellatrix y una rama encendida le prendió el vestido, enfurecida grito:

--- ¡Avada…!

--- ¡Expulso!--- el hechizo de Leanne la arrojo contra el tronco pero no se detuvo a ver que le sucedía.

--- ¡Desmaius!--- gritó Kingsley y el último oponente de Leanne cayó paralizado--- ¡Vamos!--- la tomo de la mano y comenzaron a correr.

--- ¡Reducto!--- gritó Bellatrix y un enorme árbol cayó sobre Kingsley, dejándolo inconsciente.

--- ¡KING!--- gritó Leanne desesperada y se lanzó sobre él intentando retirar el árbol.

--- ¡Crucio!--- la maldición de Bellatrix la arrojó unos metros más allá de Kingsley y comenzó a retorcerse de dolor. El resto de los mortifagos rodearon a las dos mujeres mientras disfrutaban del espectáculo.

Bellatrix levanto la varita y la maldición dejo de surtir efecto pero inmediatamente atacó. Leanne sentía que se asfixiaba, el aire no entraba en sus pulmones y la desesperación que eso le producía le hacía arder la garganta.

--- ¿Qué le pasa a la pequeña muñequita de porcelana?--- le preguntó Bella y todos rompieron en sonoras carcajadas. La apunto de nuevo con su varita y dos profundos cortes aparecieron en su vientre; Leanne grito de dolor--- ¿El pequeño ángel está sufriendo?

--- ¡Maldita!--- gritó leanne e intento ponerse en pie pero Bella la ataca de nuevo.

--- ¡Expulso!--- Leanne se estrelló contra un árbol y el golpe casi le hace perder el conocimiento.

--- ¡Aurores!--- gritó alguien de pronto y la batalla se desato de nuevo pero la atención de Bellatrix estaba posada solamente en Leanne.

--- ¡Crucio!--- Bella atacó de nuevo y Leanne se retorció de nuevo en el suelo; los dos cortes en su vientre comenzaron a sangrar aún más--- ¡Ya no eres más la bella muñequita de porcelana que tanto ama el idiota de Sirius!--- le dijo burlonamente y más cortes aparecieron en el cuerpo de Leanne--- ¡Él siempre volverá a mi lado!--- le dijo al oído levantando la maldición. Ese susurro envenenado le dolió aún más que todo lo que ya le había hecho--- ¡Ya lo hizo una vez y lo volverá a hacer de nuevo!--- Leanne se vio elevada en el aire y con el movimiento de la varita de Bella comenzó a estrellarse con todo lo que había alrededor--- ¡Yo fui quien lo besó primero!--- gritó enloquecida mientras Leanne se estrellaba contra una roca--- ¡Él me amo primero a mi! ¡Yo fui la primera con la que él…!

--- ¡NO!--- grito de pronto Leanne--- ¡Crucio!--- cayó al suelo en el mismo momento en el que Bella comenzó a retorcerse de dolor.

La carcajada de Bella le inundo los oídos; Leanne había intentado ponerse en pie pero estos se negaron a sostenerla. En la caída, Leanne había perdido su varita.

--- ¡Arrodíllate!--- le ordenó Bella enloquecida de felicidad.

---Me gustaría morir de pie--- le dijo desafiantemente Leanne.

--- ¡No!--- y sujetándola del cabello, la obligo a arrodillarse--- ¡Morirás como la basura que eres! No eres más que una asquerosa rata traicionara ¡No se como mi amo llego a pensar que podrías ser de utilidad! ¡Vas a morir! Y los siguientes serán tus amiguitos--- le dijo loca de felicidad--- ¡Y el pequeño Sirius volverá a mi lado! De donde nunca debió marcarse. Hasta nunca, muñequita--- le dijo sonriendo diabólicamente--- ¡Avada…!

Todo fue demasiado rápido que sólo el grito de dolor de Bellatrix dio constancia de que sucedió en realidad. Leanne tenía la espada de Godrig Gryffindor en la mano derecha y Bella un profundo corte en el vientre, tan profundo que casi la parte por la mitad.

--- ¡Accio!--- dijo Leanne, su varita salió de entre la nada y fue hasta su mano izquierda. Bella se estaba desangrando, tirada a sus pies; ella se puso en pie y la miro directamente a los ojos--- Sí vas a matar a alguien…--- dijo con malicia---… hazlo, no lo cuentes. ¡Avada…!

--- ¡Expulso!--- el rayo de Rodolphus Lestrange la elevo por los aires e hizo que se estrellara contra un árbol; alcanzó a ver que este le dedicaba una mirada de odio antes de desaparecerse con su esposa entre sus brazos. Después se desmayó.

Cuando abrió los ojos, segundos después, los rostros de Moody y Kingsley la miraban preocupados. Fabian y Gideon estaban curando sus heridas.

--- ¿Estás bien?--- preguntaron al mismo tiempo Leanne y Kingsley.

---Tienen suerte de estar vivos--- respondió por ellos Moody, la severidad de su mirada hizo que Leanne se guardara unos cuantos comentarios.

---Kingsley logró desarmar a dos mortifagos antes de que llegaran a ti--- comenzó a relatarle Gideon--- El resto de nosotros no encargamos de los que quedaban pero Rodolphus se nos escapo.

---Fue él el que me dejo inconciente--- le dijo sentándose, sus heridas ya habían sido curadas, sólo le dolían un poco los músculos pero eso era comprensible--- No se si sea de consuelo… pero casi elimino a Bella, no se si lograran cerrar sus heridas antes de que se desangre.

---Atrapamos a un mortifago, es joven pero esperamos poder sacarle algo de información--- le dijo Fabian.

---Nosotros no nos buscamos esto, nos atacaron--- dijo Kingsley de pronto, esa era la siguiente pregunta.

--- ¿Qué hacían tan alejados del camino principal y del pueblo?--- preguntó Gideon.

---Ciertamente no buscando esto--- le respondió Leanne--- Creo que se dirigían al pueblo cuando se encontraron con nosotros.

---Era cuestión de tiempo antes de que intentaran atacar Hogsmeade--- razonó Moody.

---O Hogwarts--- indicó Leanne.

---Eran muy pocos para lanzar un ataque. Dumbledore los hubiera detenido en segundos--- la corrigió Gideon.

---Vamos, los llevaremos hasta el colegio--- Moody ayudo a Leanne a ponerse en pie y después los condujo hasta el castillo; Gideon y Fabian también los acompañaron.

Caminaron en silencio todo el trayecto que los separaba de Hogwarts; Leanne alcanzó a ver todo el destrozo que habían causado los mortifagos, y los aurores; la batalla tendría que haber sido épica. Aunque no mostraban muchas señales de la batalla, Leanne pudo ver que sus túnicas estaban manchadas de barro y sangre.

Cuando cruzaron las puertas de roble de la entrada, Sirius, James, Remus, Candence, Alice, Frank y Lily se les echaron encima. Seguramente la noticia del ataque de los mortifagos se había corrido como pólvora. Candence estaba muy pálida y lloraba histéricamente en el hombro de Kingsley. Sirius tenía bien sujeta a Leanne por la cintura y parecía que nunca más la dejaría separarse de su lado.

---Tenemos que hablarlo en privado--- la profesora McGonagall apareció de pronto y los condujo hasta su despacho. Sus padres, Camus, Antonella, los de Kingsley, el profesor Dumbledore y el resto del profesorado ya los esperaba ahí.

Leanne no se había dado cuenta del aspecto que ofrecían hasta que se vio reflejada en el espejo que había en el despacho de la profesora: ambos tenían la túnica hecha jirones, estaban cubiertos de sangre, especialmente Leanne, la piel estaba aún tierna y rojiza donde habían recibido las maldiciones; tenían varios moretones y Leanne llevaba el cabello despeinado y lleno de ramitas. Comenzó a arreglar su aspecto mientras los demás relataban lo sucedido y por el rabillo del ojo vio que Kingsley hacía lo mismo.

Nadie se movió de ahí hasta que la madre de Leanne y la de Kingsley estuvieron completamente seguros que nada malo o permanente les había sucedido y después se marcharon al Ministerio junto con Moody, Fabian, Gideon y el profesor Dumbledore. La profesora McGonagall les hizo aparecer comida y les pidió que se quedaran en su despacho hasta que ella les dijera que se podían retirar a la Torre de Gryffindor.

Una vez que la profesora salió, Sirius, James, Remus, Candence, Alice, Frank y Lily los acribillaron a preguntas sobre lo ocurrido y ellos les volvieron a relatar lo sucedido, aunque Leanne prefirió omitir algunas cosas que le había dicho Bellatrix.

---Pudieron haberlos matado--- dijo Alice una vez terminado el relato, estaba más pálida de lo que Leanne la había visto nunca--- Cuando nos enteramos de lo sucedido ya estábamos todos aquí, quisimos volver pero el profesor Dumbledore nos lo impidió.

---Fue horrible--- dijo Frank estremeciéndose--- Por un momento creí que James y Sirius atacarían al profesor.

---Paso por nuestras mentes--- le aseguró Sirius--- Pensé que te perdía--- le dijo y la beso de forma desesperada--- No lo vuelvas a hacer.

---Créeme, no esta en mis planes volverlo a hacer--- le aseguró Leanne y un intento de sonrisa apareció en sus labios--- Supongo que ya todo el colegio lo sabe.

---No--- le dijo James, quien ya había recuperado un poco del color que había perdido--- La profesora McGonagall nos llamó aparte y nos lo contó todo. Los estuvimos esperando en la entrada desde entonces.

---Aunque no podemos estar seguros de eso--- Remus miró de forma significativa a Sirius.

--- ¿A qué se refiere, Sirius?--- le cuestionó Leanne.

---Cuado James fue a buscarme por la tarde…--- comenzó a relatarle Sirius con una mirada sombría---… fue para decirme que había visto a Regulus actuar de forma muy sospechosa y que lo siguieron sólo para comprobar que se había ido a reunir con Bella.

Todos guardaron silencio, en el despacho se había creado una atmósfera muy pesada. A nadie le gustaría tener que admitir que su hermano se estaba relacionando con mortifagos.

--- ¿Qué fue…? ¿Lograste enterarte qué es lo que quería Bella?--- le preguntó Leanne.

--- ¿No era uno de ellos, cierto? ¿No era uno de los mortifagos que los atacaron?--- le preguntó lo más tranquilo que pudo pero todos pudieron identificar el tono de alarma en su voz.

---No--- le aseguro Kingsley de forma segura, Leanne parecía haber perdido el habla--- Los que nos atacaron eran hombre mayores, fuertes, curtidos, y altos; Regulus es más bajo que ellos y más delgado.

---Kingsley tiene razón--- secundo Leanne recuperando la capacidad de hablar--- Si uno de ellos fuera Regulus yo lo habría sabido. Es un adolescente, Sirius--- le dijo Leanne al ver que no estaba muy convencido--- Nadie en su sano juicio dejaría que un adolescente sin experiencia se uniera a una horda de mortifagos, supongo que ellos se sentirían ofendidos.

---Ellos tienen razón--- los apoyo Remus.

---Tú hermano es algo tonto pero no tan estúpido como para unirse a los mortifagos cuando aún no ha terminado el colegio y estando bajo la supervisión de Dumbledore; a ese loco no le gustaría que lo descubriera el mejor mago del mundo.

---Gracias por sus halagos, señor Potter--- dijo sonriendo el profesor Dumbledore desde la puerta--- Ya pueden marcharse a su sala común. Señor Shacklebolt, señorita Love, sus padres me pidieron que les dijera que tenían estrictamente prohibido abandonar los terrenos del colegio.

Leanne y Kingsley asintieron antes de salir. Ya sabían ellos que sus madres dirían algo así.

A la mañana siguiente todo mundo ya se había enterado del ataque de los mortifagos pero nadie sabía que Kingsley y Leanne habían estado involucrados. Sólo un pequeño grupo de Slytherin no parecía ni asustado, preocupado o sorprendido por lo sucedido, entre ellos se encontraban Regulus y Narcisa. Ellos dos hablaban con las cabezas muy juntas con sus amigos de siempre. Sirius hizo un amago de levantarse e ir a cuestionar (sacarle información a golpes) a su hermano pero Leanne lo detuvo y Remus lo hizo entrar en razón.

---Es tú hermano, Sirius, no puedes golpearlo--- le dijo Remus una vez que Sirius se hubo tranquilizado.

---Ese ya no es mi hermano--- soltó con despreció para luego marcharse muy ofendido.

---Bueno, si me lo preguntan, creo que fue lo mejor que pudo resultar de esta situación--- dijo James mientras untaba mermelada a su pan.

Remus y Leanne prefirieron no hacer ningún comentario y continuar comiendo; aunque Leanne sintió una punzada en el pecho al escuchar las palabras de su novio.


---Creo que tu abuela tenía razón, Kingsley, no es nada bueno que nevé en Halloween—dijo entre impresionado y preocupado Ron

---Eso es algo que lo que estoy de acuerdo contigo, Samira tenía razón en muchas cosas pero esperaba que estuviera equivocada en esa--- le respondió Kingsley.

--- ¿Era cierto o sólo lo dijeron para que Sirius no se sintiera peor de lo que ya se sentía?--- les preguntó Hermione en referencia a lo de Regulus.

---Era cierto, Regulus no se unió a los mortifagos hasta después del colegio--- le respondió Leanne.

---Bueno, creo que Leanne no los dejo claro cuando nos dijo que lo que veríamos no sería nada bonito--- razonó Arthur.

--- ¿Sirius en verdad amo a Bella?--- preguntó Harry; las palabras de Bellatrix lo habían impresionado tanto como a Leanne y aún más teniendo en cuenta que Bella siempre dijo odiarlo y fue quien termino matándolo.

---El concepto del amor de Bella es muy diferente al nuestro--- le respondió Leanne--- Es cierto que Bella introdujo a Sirius en…---- Leanne se quedo callada, observaba una fotografía donde Sirius miraba de forma aburrida a la nada para luego sonreír de forma seductora y misteriosa---… en aspectos que pueden… que están relacionados con el amor pero nunca la amo. Pero creo que ella tuvo sentimientos obsesivos hacia él.

--- ¿Qué ocurrió después?--- preguntó Hermione; no quería que nadie se pusiera a indagar cuales eran esos aspectos a los que se refería Leanne, porque ella no se veía muy dispuesta a contestar.

---Algo que es realmente hermoso pero que siempre a estado relacionado con algo demasiado terrible--- le respondió Leanne.


A mediados de noviembre la nieve se instalo de forma definitiva en todo Londres y el colegio no era la excepción. Los hechos ocurridos en Halloween habían dejado de ser tema de conversación para dar paso a los preparativos para las navidades.

Aunque Leanne había dejado pasar muchas cosas aún continuaba preocupándole la actitud de Sirius hacia su hermano pero cada vez que ella intentaba intervenir, Sirius se molestaba y pasaba horas sin hablarle; James no resultaba de mucha ayuda pues él ahora se había instalado como único y verdadero hermano de Sirius, diciendo toda clase de cosas que no hacían más que aumentar el odio de Sirius hacia Regulus. Leanne tuvo que amenazarlo con borrarlo del mapa si no dejaba de meter cizaña, sólo así se detuvo.

A finales de noviembre Leanne decidió que lo mejor que podía hacer era dejar en paz a Sirius por lo menos hasta después de las festividades, cosa que alegro a todos porque el ambiente que se estaba formando era muy pesado como para vivir una época tan feliz como la que estaban celebrando.

El último día de noviembre Leanne se despertó con el ruido de una lechuza, era la de Sirius y llevaba una carta fuertemente apretada en el pico con su nombre en ella. Leanne se levanto y en cuanto hubo tomado la carta, la lechuza emprendió el vuelo. La irregular letra de Sirius la hizo sonreír.

Leanne,

Me gustaría que nos encontráramos esta noche a las 8 en las puertas del colegio para tratar temas muy importantes concernientes a nosotros y a nuestro futuro.

Espero que la fecha y la hora no te sean inconvenientes. Sin nada más por el momento, se despide de ti

Sirius Orión Black

Leanne no supo si reírse o tomarse aquello con la misma seriedad con que lo había hecho Sirius pero la verdad es que él nunca se había tomado nada en serio en su vida; así que soltó una carcajada y después guardo la carta en su mochila.

Durante el día, Sirius se negó a hablar con Leanne respecto a la carta o a aquello de lo cual quería hablarle; cuando intentaba sacar el tema a colación, él simplemente le daba un beso en los labios y comenzaba a tararear, lo único que le dijo referente al tema fue que se vistiera elegante. Ella prefirió no preguntarle a Remus o James.

Quince minutos a las 8, Leanne salió de la sala común vestida con su mejor vestido y se encamino a las puertas del colegio. Sirius ya la estaba esperando ahí, estaba vestido con una túnica de gala negra que lo hacia verse aún más guapo de lo que ya era.

---Señorita--- dijo ofreciéndole su brazo. Leanne creyó que se trataba de una broma pero al ver la seriedad de Sirius, no pudo más que ponerse nerviosa. ¿De qué se trataba todo aquello?

Caminaron en silencio durante unos minutos, hasta que llegaron al límite del bosque prohibido, en ese momento Sirius sacó un celo mágico de su túnica y le cubrió los ojos a Leanne. De ahí se adentraron un poco, Sirius guiaba a Leanne mientras le susurraba palabras dulces al oído.

Se detuvieron al cabo de unos cinco minutos. Sirius retiro el celo mágico de los ojos de Leanne y lo que vio la dejo sin palabras. Un claro del bosque se había convertido en un paraíso terrenal: había una mesa con cena para dos, en los árboles había guías llenas de hermosas flores, con hadas revoloteando entre ellas y en el piso había pétalos de rosas.

---Sirius…

--- ¿Te gusta?--- le preguntó emocionado.

---Es hermoso--- le dijo sonriendo enamorada--- Pero… ¿Por qué?

---Porque te amo--- le dijo simplemente y después le ayudo a sentarse.

Leanne estaba tan emocionada y feliz que las razones simplemente no le importaban, lo único que quería hacer era disfrutar ese momento con Sirius y hacerlo tan feliz como él había hecho con ella.

La cena estuvo deliciosa y trascurrió de forma agradablecon conversaciones ligeras pero que en realidad tenían mucho significado.

Después del postre Sirius se puso en pie y con un movimiento de su varita una música comenzó a escucharse.

--- ¿Me permite este baile, señorita?--- le preguntó de forma galante.

---Por supuesto, caballero--- le sonrió aceptando su invitación.

Estuvieron bailando lentamente al compás de la música; Leanne se sentía infinitamente feliz en los brazos de Sirius, esos que eran su cielo personal. Después de un rato la música cesó y Sirius volvió a ayudarle a sentarse para después hincarse delante de ella.

---Leanne…--- comenzó mirándola directamente a los ojos; ella se sonrojó y sintió como si su estómago estuviera lleno de mariposas---…eres la persona más importante de mi vida, a la única mujer que he amado y que amaré, tú amor me ha hecho una mejor persona, me has dado más alegría de la que creí que tendría en mi vida y me harías aún más feliz si aceptaras ser mi esposa--- le dijo sacando del bolsillo interior de su túnica un anillo de plata con un diamante negro coronándolo. Leanne se quedo pasmada observando el bello anillo y la enorme sonrisa en los labios de Sirius.

---Sí--- le respondió al fin. La sonrisa de Sirius se ensanchó aún más y la de Leanne en el momento en que Sirius le puso el anillo en el dedo anular de la mano izquierda. Cuando lo hizo, Leanne lo beso y se sintió la mujer más feliz del mundo.

---Te amo--- era la primera vez que se lo decía de esa forma: con toda el alma y con todo el corazón.

---Ya estábamos comprometidos--- le recordó Leanne sonriente.

---Sí, lo sé pero quería hacerlo bien; es por eso que hice todo esto--- le dijo feliz.

Estaba a punto de besarse de nuevocuando una explosión los sacó de su pequeño pedazo de cielo. Leanne y Sirius se miraron un segundo y un mismo pensamiento se les vino a los dos al mismo tiempo: "James". El corazón les latía tan deprisa que dolía; corrían tan deprisa pero parecía que no avanzaban nada. Un terrible dolor parecía engarrotarles el alma.

Gritaron la contraseña unos metros antes de llegar hasta el retrato de la Señora Gorda pero aunque no lo hubieran hecho, ella les hubiera permitido la entrada.

--- ¡Es terrible!--- les gritó mientras entraban corriendo desbocados.

No se detuvieron hasta que estuvieron en el dormitorio que compartían James, Sirius, Remus y Peter. Lo que vieron los dejó clavados en la puerta: la mitad de la habitación había salido volando por un boquete en donde antes se encontraba la ventana, James estaba hincado llorando en el suelo, el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall miraban impotentes a James y Remus y Peter parecían ser victimas de un Confundus.

--- ¡Están muertos!--- dijo James en medio del llanto--- ¡MIS PADRES ESTÁN MUERTOS!

Leanne dio unos pasos al frente, Sirius aún sostenía su mano pero antes de soltarla le lanzó un hechizo de invisibilidad al anillo; ambos lo comprendieron, James no soportaría ver ese anillo en la mano de Leanne en esos momentos.

Mientras Leanne abrazaba a James e intentaba contener el llanto que amenazaba con salir por sus ojos no pudo evitar recordar en la amenaza que le había hecho Bellatrix tiempo atrás y pensar en que ahora estaba viviendo entre el cielo y el infierno.


Todos guardaron silencio. Harry no sabía cómo reaccionar o qué decir; ver a su padre sintiendo todo ese dolor, el mismo dolor que él estaba experimentando: nunca había dedicado mucho tiempo a pensar en sus abuelos paternos, tampoco en los maternos pero ahora que lo había visto el dolor lo embargaba, el dolor de su padre le caló muy hondo. Casi deseo que Leanne no le hubiera mostrado esos recuerdos pero sabía que era algo que tenía que experimentar porque quería vivir la experiencia completa. Quería conocer todo lo que no había conocido hasta ahora y dejar de vivir a medias.

---Me hubiese gustado mostrarles todo esto en otro momento pero… pero sabía que no les hubiera gustado esperar hasta pasando las festividades--- les dijo Leanne a modo de respuesta.

---Tienes razón, por muy doloroso que sea, me ha gustado verlo--- le dijo Harry.

--- ¿Fueron los mortifagos?--- preguntó Hermione

---Sí--- le respondió Leanne--- Pero me gustaría explicárselos después de que veamos los siguientes recuerdos

---Los cuales veremos mañana, el día de hoy ya es muy tarde y Leanne necesita descansar--- la mirada severa de Molly no dio lugar a reclamos.

Todos se fueron levantando poco a poco y se despidieron los que no se quedarían. Harry espero a que Leanne se encaminara a su habitación para hablar con ella.

---Leanne…--- le llamó cuando ella iba por la mitad de la escalera.

--- ¿Sí?--- le preguntó Leanne.

---Gracias por no ocultarme nada--- le dijo acercándose a ella--- Por muy doloroso que sea--- y antes de marcharse, le dio un abrazo.

Al separarse, Leanne le dio un beso en la mejilla y este volvió a la sala donde Ginny lo esperaba.