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Historia 27387 — capítulo 46
- EN LAS NUBES
Después de lo que le pareció un interminable día en la oficina de Aurores, Leanne colgó su abrigo en el perchero y se recostó un rato; de nada le servia revolotear en la cocina si Molly ya se había hecho cargo de todo y solamente estorbaría un montón con su enorme panza.
Esa tarde era 12 de diciembre, el cumpleaños de Charlie.
A Leanne le hubiera encantado prepararle un enorme pastel en forma de dragón, una magnifica cena y adornarlo todo con pequeños dragones voladores que cantaran cada dos por tres "Feliz cumpleaños a ti", pero no, no había podido hacer nada de eso porque Molly lo había hecho por ella. Era el primer cumpleaños de Charlie que festejarían como marido y mujer y ella simplemente se había limitado a arreglar con Kingsley para que trajeran un nuevo Colacuerno Húngaro desde Rumania para el santuario y para dárselo de regalo.
Nada de eso le importaría tanto si tan siquiera tuviera un poco más de movilidad en su casa pero Molly siempre se encargaba de enviarla a descansar antes de cenar. Leanne no se sentía así de inútil desde que estuvo encerrada en el cuadro a causa de Voldemort.
Y ya no era solo en su casa, también en el Ministerio se sentía de esa forma. Tenía que salir a escondidas y pasar horas enteras en casa de Andrómeda o en casa de Fleur, donde por lo menos podía pasar tiempo con Teddy o Victoire y conversar o hacer cualquier otra cosa que no fuera papeleo. Pero ese día no había podido escapar porque las montañas de documentos ya amenazaban con derrumbarse.
En otros tiempos hubiera convencido a Kingsley, Alice o Frank para que ellos hicieran su papeleo, inclusive James le había ayudado, "¡Pero que no se entere Lily!", solo con poner su carita de aflicción y sonríeles un poco. Sirius le ayudaba en casa pero ahora lo tenía que hacer todo ella sola y no era para nada divertido.
Era constantemente vigilada. ¡Vamos, que tampoco era para tanto que una tarde de aburrimiento se pusiera a jugar con una espada! Charlie y su madre habían dado un grito de muerte cuando la vieron entrenando un poco con una vieja espada que usaba en los entrenamientos con su abuelo. Todos se habían puesto histéricos y desde entonces no la dejaban ni a sol ni a sombra, Camus la vigilaba en todo momento, desde que entraba por la puerta hasta que salía por ella. Percy se hacía cargo de vigilarla en el Ministerio a petición de Molly, Charlie y Kingsley y aunque a él no le hacía mucha gracia estar de niñero, lo hacía con gusto. Pero entonces Leanne se quedaba completamente desprovista de un momento de soledad y eso la estaba volviendo loca. Y ya se estaba cansando.
---Leanne, querida--- Molly se asomó a la habitación y vio a Leanne recostada--- Charlie ya no tarda en llegar y me gustaría que todos estuvieran abajo para darle la sorpresa.
"Sorpresa"--- pensó con ironía Leanne--- "Sorpresa sería que yo organizara todo"--- Leanne le sonrío mientras se ponía de pie--- Ahora bajo, sólo quiero ponerme algo más cómodo--- le dijo antes de que Molly desapareciera por la puerta para atender a los incomprensibles gritos de Ron.
Resulta que Charlie había decidido no llegar por la chimenea, como lo hacia siempre, sino hacerlo entrando por la puerta trasera para sorprender a Leanne y agradecerle por el nuevo dragón bebé que estaba en el Santuario, con todo y lazo, porque era el mejor regalo que nadie le había hecho y porque sabía que Leanne se estaba esforzando aún cuando ellos la estaba limitando demasiado.
--- ¡Oh, Charlie! Queríamos darte una sorpresa--- dijo Molly respirando entrecortadamente, había bajado corriendo desde el segundo piso.
---Me han sorprendido madre--- le sonrió Charlie. Claro, la sorpresa había sido algo diferente a lo que tenía planeado su madre pero había sido una sorpresa encontrarse a Ron metiendo mano en todo plato que se encontraba, a Hermione mirándolo entre divertida y preocupada y a Harry y a Ginny besándose detrás de la alacena, pero al fin y al cabo había sido una sorpresa.
Lo único que Molly logro notar de la sorpresa de Charlie fue que Ron había metido mano en los platos, la mirada que le dedico fue suficiente para que fuera el primero en salir y esperar en el comedor, ocultado la misma sonrisa que ocultaba cada vez que su madre lo descubría.
Todos los invitados ya estaba sentados a la mesa, solo faltaban el invitado de honor y su esposa. Leanne llego a tiempo para tomar de la mano a Charlie y dejar que este la guiara hasta su asiento, para después sentarse enfrente de ella, al otro extremo de la mesa.
---Todo luce delicioso, Molly--- dijo Candence al ver la cantidad de comida y el enorme pastel en forma de dragón que adornaba la mesa.
---Gracias, querida, pero no puedo llevarme todo el crédito, Leanne ayudo mucho--- correspondió sonriente Molly y todos le sonrieron también a Leanne.
Era la misma mentira que se venía escuchando desde hace meses a la hora de sentarse todos a la mesa en las celebraciones. Todos sabían que Molly no había permitido que Leanne moviera un dedo pero también sabían que hasta cierto punto era mejor fingir que era verdad.
---Realmente me sorprende todo lo que puedo hacer sin darme cuenta--- sonrió, muy a su pesar, Leanne.
Era una tortura eso de tomar crédito por algo que no había hecho pero también sabía que no debía de dar más preocupaciones a la gente que realmente hacia algo, así que hacía lo que hacía siempre, sonreír y dejaba que todos creyeran que todo estaba bien.
La cena transcurrió de forma agradable, Charlie no hacia más que hablar emocionado de su nuevo dragón que a Leanne no le fue muy complicado fingir alegría porque la felicidad de Charlie la hacia muy feliz.
--- ¿Qué sucedió cuando tú y Kingsley regresaron de Francia?--- preguntó Ron antes de partir el pastel.
--- ¿Qué tan monumental fue el regaño que te dieron tus padres?--- quiso saber emocionado George.
---Bueno…--- Leanne sonrió algo apenada pero divertida--- Bastante monumental.
--- ¡Madre!--- gritó emocionada Leanne en medio del anden 9 y 3/4--- ¡Que alegría verte!--- y se arrojó a los brazos de su madre y la llenó de besos mientras veía por el rabillo del ojo como Kingsley hace lo propio con su madre algunos metros por delante de ellos.
Sirius, James, Alice, Frank y Remus y sus respectivos padres están algo alejados a su izquierda, viendo el espectáculo con caras de enojo. Leanne lo sabía y no pudo evitar sonreír divertida por su pequeña travesura.
--- ¿Sabes lo que hiciste, Leanne?--- preguntó Melinda conteniendo todo el coraje que llevaba dentro--- Dijiste que estarían aquí a primera hora y ya son las ocho--- le recriminó enojada.
---Lo sé--- se mostró de acuerdo Leanne--- Pero perdimos el trasladador de las 6 y el de las 7 y ya no había otro hasta las 12--- le explicó Leanne--- Yo estaba esperando que Kingsley me despertara y Kingsley estaba esperando que yo lo despertara y entre esperar el uno al otro, pues nos quedamos dormidos y perdimos esos dos trasladadores--- le dijo sonriente--- Traje regalos--- le puso en las manos una bolsa enorme.
---Y me quieres explicar cómo es que llegaron hasta aquí si no había trasladador hasta las 12--- quiso saber Melinda, aunque ya conocía la respuesta y eso solo la enfurecía más e ignorando por completo la bolsa de regalos, aunque los tomo y los guardo, reduciéndolos.
---Tuve que hacer uno--- le respondió inocentemente Leanne. Melinda respiro profundamente intentando tranquilizarse pero le era imposible.
--- ¿Sabes lo qué fueron estás tres semanas?--- le preguntó con ira mal contenida--- ¿Sabes lo preocupados que estuvimos todos por no saber nada de ustedes dos? ¿Sabes la vergüenza y la culpabilidad que sentí cuándo hable con los padres de Kingsley para explicarle que su hijo estaba desaparecido, qué posiblemente no lo volverían a ver, qué los mortífagos podrían encontrarlo y matarlo?
Leanne se sintió cada vez más pequeña por cada palabra que salía de los labios de su madre. Es verdad que no había pensado en esas cosas y todo le había parecido de lo más divertido e ingenioso pero ahora sentía una terrible opresión en el pecho y unas ganas terribles de ponerse a gritar una y mil veces perdón.
---No sabes el terrible sufrimiento que nos causaste a todos, la horrorosa sensación de estar atados de manos ante cualquier desgracia que pudiera sucederles, éramos unos completos inútiles--- continuo Melinda atormentando a su hija--- No hacía más que revisar los periódicos internacionales en busca de alguna noticia en la que dijeran que dos jóvenes habían sido encontrados muertos y desmembrados en un cuarto barato de algún hotel muggle parisino o ver esos noticieros muggles donde todo son asesinatos y violaciones. Pudieron matarlos, descuartizarlos, torturarlos, violarlos…
--- ¡Madre!--- gritó Leanne desesperada. El panorama que le estaba pintando no hacia más que acrecentar la opresión en su pecho--- Pero si te deje señales de donde estábamos--- dijo intentando liberarse un poco--- ¿Por qué no simplemente te alegres porque volví con bien y me llenas de besos como la madre de Kingsley?--- iba a lamentar su intento de broma conciliadora pero no pudo evitar decirla.
--- ¡Nada de madre, Leanne, ahora me vas a oír!--- le dijo Melinda completamente fuera de sí--- Ya de por sí estaba al borde de mis fuerzas…--- Melida se detuvo---… con todo lo que sucede en el Ministerio y tú te vas y desapareces ¡PUDE PERDER LA RAZÓN! Y después de todo eso vas y le agregas lo que pudo ser un conflicto entre naciones ¡PUDISTE DESATAR UNA GUERRA ENTRE FRANCIA E INGLATERRA POR HACER QUE NEVARA EN EL CENTRO DE PARIS EN PLENO VERANO! ¡PUDISTE HABER MUERTO Y YO… Y YO…!- pero Melinda no pudo continuar porque el solo pensamiento le destrozaba el corazón.
---Lo siento--- soltó completamente derrotada Leanne. Nunca le pasó por la cabeza que su madre… pero había cometido una tontería y eso se lo perdonaría, había hecho sufrir a su madre y se merecía el peor de los castigos.
---Estás castigada--- le dijo de forma serena, ya había sacado todo lo que llevaba dentro--- Todas las noches ayudaras en la biblioteca…
--- ¡Pero, mamá! En mis castigos siempre ayudo a Hagrid en el bosque.
---… te reduciré tu mensualidad a 10 galeones y pasaras las vacaciones de navidad y pascuas en casa--- continuó Melinda como si no Leanne no la hubiera interrumpido--- Ponerte ayudar a Hagrid no es ningún castigo.
--- ¡No puedes castigarme en Hogwarts! ¡Eso está fuera de tu jurisdicción!--- alegó Leanne aún sabiendo que no le serviría de nada.
---Ya lo hable con la profesora McGonagall y se mostró de acuerdo--- le respondió Melinda--- Y más te vale no dar más problemas o te saco del colegio y te mando a uno militar muggle--- Melinda besó a su hija en la frente, le entregó su maleta y se dio media vuelta, desapareciendo por la barrera.
Leanne se quedo clavaba en el exacto lugar donde la había dejado su madre, incapaz de reaccionar. Melinda nunca le había hablado de esa forma y mucho menos le había impuesto semejantes castigos, a ella siempre la habían tratado con guantes de seda. Sabía que se lo merecía, sí, pero eso era demasiado cruel.
---Ya no eres una niña--- dijo su padre tomándola por las mejillas y dándole un beso en la frente. Eso la regreso al presente. Siempre podría contar con su padre y su abuelo le festejaran todo.
--- ¡Papi, Abu!--- gritó emocionada Leanne mientras abrazaba a su padre y a su abuelo--- ¿Están molestos conmigo?--- preguntó haciendo un puchero, ese que nunca le fallaba.
---Enojados no--- le contestó Octavio--- Estamos desilusionados.
Leanne sintió como si un balde de agua helada le cayera encima. Eso no pintaba nada bien.
---Tu madre tiene razón--- continuó Octavio--- Las cosas que pudieron sucederte… no paró de llorar en estás tres semanas, nunca la había visto así de triste y preocupada… lo que hiciste no tiene nombre.
--- ¡Papi!--- otra vez su mundo se venía abajo y aún más dolorosamente.
---Como dije, ya no eres una niña, Leanne; tus acciones conllevan consecuencias que pueden perjudicar al resto de las personas y lo van a hacer--- Octavio la miró un segundo y continuó--- Pórtate bien Leanne, te queremos, pero pórtate bien--- le dio un fuerte abrazo y después siguió el camino de su esposa.
---Creo que cometí un error y se que lo voy a pagar muy caro, espero que puedas perdonarme--- Camus le susurró esas palabras al oído a Leanne mientras la abrazaba--- No eres invencible, por mucho que te hiciéramos creer que sí--- le dio un beso en la mejilla y también se marchó.
¿Tanto mal había hecho? ¿Tan grande era su pecado? Ella sólo había querido tener un poco de diversión; estaba bien, nada malo le había pasado a ella o a Kingsley pero al parecer ella había dañado por montones a la gente que mas quería.
---Le rompiste el corazón a tu madre--- la ronca voz de Alastor Moody la torturo aún más profundo de lo que ya la habían torturado--- Pusiste en riesgo muchas vidas, no sólo la tuya; arriesgaste toda la operación que estamos realizando y pudiste haber muerto--- a pesar de que eran susurros, Leanne lo sintió como gritos a voz de cuello.
--- ¡Lo lamento, en verdad! No pensé que…--- pero Leanne no pudo continuar hablando a causa del nudo en su garganta y se abrazo sollozando a Moody.
---Ya no vale la pena llorar por eso--- le dijo dándole una torpes palmaditas en la espalda--- Ninguno de nosotros está enojado contigo, aunque no lo parezca, es sólo que estábamos muy asustados y preocupados. ¡Deja de llorar!--- le ordenó y Leanne se secó inmediatamente las lágrimas de su rostro y se serenó un poco--- Yo también tengo un castigo para ti…
--- ¡Oh no, usted también, no por…!--- la mirada que le dedicó Moody fue suficiente para que guardara silencio.
---Todos los sábados limpiaras la lechucería, ese lugar siempre ha estado asqueroso--- le dijo--- De forma muggle y sin ayuda de nadie--- continuó y en esta ocasión le dirigió una mirada de advertencia a todos los presentes--- El que le ayude, se las vera conmigo--- les dijo--- Fabian y Gideon te vigilaran y se aseguraran de que lo hagas tu sola.
---Pero…
---Pero nada--- la cortó antes de que continuara hablando--- Yo también hable de esto con la profesora McGonagall y ella se mostró de acuerdo. Fabian y Gideon se encargaran de vigilar Hogsmeade entre semana e irán un par de horas al colegio los sábados para asegurarse de que cumples con tu trabajo--- le dijo--- Y no intentes convencerlos de que te ayuden porque de ellos me encargo yo. Y Leanne, si vuelves a cometer una cosa así, yo mismo me encargaré de que no pongas ni un solo pie en la Academia de Aurores--- le advirtió antes de darle una palmada en la espalda y desaparecer también por la barrera mágica.
Leanne se quedó un par de segundos plantada en el mismo lugar, sólo respirando. No podía, no debía dejar que el resto de sus amigos se preocupara más de lo que ya estaban. Lo aceptaba, había cometido un error pero lo volvería a hacer, esas tres semanas fueron las más liberadoras que había vivido en toda su vida y era junto lo que necesitaba. Cuando sintió que ya todo estaba bien, puso una sonrisa en sus labios y se dirigió arrastrando la maleta hasta sus amigos pero Sirius la intercepto antes.
--- ¿Tú también me vas a regañar?--- le preguntó de forma inocente Leanne.
--- ¿En verdad quieres qué te regañe después de lo que te dijeron tus padres, tú abuelo y Moody?--- quiso saber Sirius.
---No, pero me lo merezco--- le dijo sonriendo.
---Sólo… sólo no lo vuelvas a hacer--- le pidió antes de darle un beso.
--- ¡Eso sí que yo llamo una buena reprimenda!--- soltó sonriente George.
---Tus padres tenían razón--- se mostró de acuerdo Molly y con una mirada reprendió a su hijo--- Las cosas que pudieron sucederle a dos adolescentes en esos lugares y en esa época.
---Mi madre nos hubiera matado de haber hecho algo semejante--- puntualizó Charlie.
---Créanme cuando les digo que es algo que paso por la mente de mi madre, pero afortunadamente me amaba demasiado como para matarme--- sonrió Leanne, eso era verdad.
---Con Leanne, nunca sabes en que terreno te encuentras--- comentó acertadamente Frank.
---Me cuesta creer que las cosas te resultaran tan perfectamente--- dijo distraídamente Hermione--- Es decir, cómo es que nadie en Francia se dio cuenta de que dos adolescente, menores de edad, hacían magia y de alto rango--- preguntó más para si misma que para el resto de los presentes--- ¿Tan incompetentes son las autoridades francesas?
---No es que fueran incompetentes--- respondió Kingsley--- Leanne y yo nos hicimos inmarcables, el resto vino por añadidura.
--- ¿Cómo se logra eso?--- quiso saber Ron.
---No es algo que se logra con un hechizo, es más bien una actitud--- le respondió Leanne--- En mi experiencia, se da cuando tienes muchas ganas de revelarte, de hacer travesuras y tienes las fuerzas necesarias para desafiarlo todo.
---En resumidas cuentas, cuando eres un "vale-madres" y tienes los tamaños… para que no te importe--- lo dijo más claro George.
---Sí, creo que es eso--- coincidió sonriente Leanne.
--- ¿Qué opinaron tus amigos?--- preguntó Harry.
Nadie mencionó nada respecto a la desaparición de Leanne y Kingsley, nadie mencionó nada respecto a los regaños que Leanne recibió por parte de sus padres, nadie preguntó acerca de dónde es que se habían metido esas tres semanas. Todos esperaron pacientemente a que el tren arribara y abriera sus puertas para poder ingresar en el.
Leanne se dedico a sonreír inocentemente a sus amigos mientras tomaba de la mano a Sirius, quien parecía decidido a no saltarla nunca más, ya le había probado que podía desaparecer en cualquier momento. Candence hacia lo propio con Kingsley; tenía una mirada en su cara que advertía que no permitiría que nadie, mucho menos Leanne, se acercara en ese momento a su novio y Leanne decidió que lo mejor que podía hacer en esos momentos era estar lo mayormente alejada de él, tanto por su salud e integridad física como por la de él.
Una vez dentro del tren y del compartimiento, el cual no compartían con Kingsley y Candence, el primero en todos sus años de colegio; James decidió que ya era hora de poner las cosas claras y dejar de andarse con guantes de seda cuando era obvio que todos se morían de ganas por saber dónde es que se habían metido Leanne y Kingsley y principalmente por qué no los habían llevado a ellos, o a él, que en todo caso era lo mismo pero más importante.
--- ¡Ahórratelo, James!--- le dijo Leanne antes de que su amigo comenzara con el interrogatorio--- Fuimos a Francia, Kingsley no sabía nada, no por lo menos hasta la noche en que nos marchamos; no te voy a decir nada de lo que hicimos y no te lleve porque sabía que tú no podrías mantener un perfil bajo y comenzarías a lucirte por todos lados y nos expondrías sin la menor de las consideraciones--- le soltó Leanne.
--- ¡Eso me parece totalmente injusto!--- dijo ofendido--- Yo me podría haber comportado mejor que el "señorito perfección"--- James se enfurruñó en su asiento--- Te fuiste porque Sirius…
La mirada que le dedico Leanne estuvo tan envenenada que se calló de inmediato.
---Por el motivo que fuera, James--- le dijo con los dientes apretados--- Nunca te hubiera llevado y con tu actitud no haces más que demostrarme que estaba en lo correcto.
--- ¿Qué es lo que nos puedes contar?--- preguntó conciliadora Alice.
---Que nos la pasamos muy bien, que nos divertimos mucho y que por supuesto no volverá a suceder--- contesto de mejor humor Leanne--- Traje regalos--- dijo sacando una bolsa más grande que la que le había dado a su madre y comenzando a repartirlos entre sus amigos.
James se relajo un poco cuando las manos se le llenaron de regalos, siempre y cuando no se olvidaran de él, era feliz.
Remus y Lily se unieron a ellos al cabo de un par de horas, sus labores de prefectos siempre los hacían separarse de ellos por ratos, pero siempre volvían. Después de recibir sus regalos y comentar acerca del resto de sus vacaciones, todos se quedaron en silencio.
--- ¿No vas a preguntar nada?--- le dijo Leanne a Remus después de unos cinco minutos de miradas intencionadas.
--- ¿Vas a responder a alguna de mis preguntas?--- contraataco Remus.
---Todo depende de cómo las formules--- le sonrió pícaramente Leanne.
---En verdad no creo que valga la pena preguntar por algo que ya decidiste no contestar, ya sea por terquedad o por simple necedad, mejor me ahorro mi saliva--- era un golpe bajo, lo sabía, pero igual lo disfruto.
Los ojos de Leanne centellaron por un segundo y su sonrisa burlona se borro de sus labios; no era agradable que Remus la pusiera en su lugar.
---Como quieras--- dijo restándole importancia.
---Está bien--- le sonrió Remus descaradamente.
Kingsley y Candence aparecieron pasada la hora de la comida. La situación estuvo bastante incomoda por lo menos 15 minutos, en los cuales todos se dedicaron a sus propios asuntos, por lo menos hasta que la cosa se fue dando naturalmente.
Candence no le quitaba la mirada de encima a Leanne y eso la inquietaba; nunca le había gustado la sensación que le producía tener demasiado tiempo sobre de ella los ojos celeste de Candence, siempre la intimidaba. Parecía que la conocía mejor que nadie o que podía ver todo aquello que ella planeaba. Era como si los ojos de Dumbledore y Melinda se hubieron conjuntado en los de ella y eso era de preocuparse.
Leanne prefirió moverse de lugar, un lugar donde los ojos de Candence no pudieran mirarla de forma fija, podía soportarlo siempre y cuando no fuera por más de 15 segundos consecutivos.
Una vez que se bajaron del tren, Leanne arrastró rápidamente a Sirius hacia el carro más cercano que se encontró, poco le importaba si estaba lleno de serpientes o completamente vacío. Solamente quería alejarse de Candence y sus ojos acusadores, lo mejor era dejarla rabiar a solas o rabiarle a Kingsley, lo que la hiciera sentir mejor.
Sirius había estado callado, cosa bastante inusual en él, pero Leanne podía ver que se moría de ganas por decir algo y tal vez no se había atrevido porque estaban rodeados de gente, lo que continúo en el carro; tres estudiantes de segundo de Hufflepuff ya lo ocupaban.
Leanne no estaba prestando atención, no había escuchado ni una sola palabra de la canción del Sombrero Seleccionador, no había escuchado ninguno de los nombres que había pronunciado la profesora McGonagall ni cuales eran los nuevos alumnos que estarían en su casa y estaba completamente segura que tampoco escucharía ni una sola palabra del discurso de bienvenida del profesor Dumbledore.
Lo único que podía hacer era mirar a Sirius, sonreírle a Sirius, pensar en Sirius, Sirius, Sirius, Sirius, Sirius, Sirius, y más Sirius. No pudo evitar apoyar su mejilla en su mano y suspirar, porque no se había dado cuenta cu{anto es que lo extrañó esas tres semanas hasta que ahora se han vuelto a separar, que es sólo una mesa la que se interpone entre ellos pero es que a ella le parece un mundo entero y es un mundo el que le impide estirar la mano y entrelazarla con la de Sirius y soñar que aún hay más para ellos y no un triste final, de esos que son tragedia porque son románticos o que terminan en nada y se vuelven oscuros y dejan marcas profundas que no cicatrizan porque eso sería olvidar y olvidar es un lujo que ninguno de los dos se puede dar porque es lo mismo que sanar y la sanación no va con ellos porque es demasiado común y ellos son todo menos comunes.
Sirius tiene ese brillo en los ojos, ese brillo que sólo le ha visto una vez y que le trajo demasiadas alegrías y futuros sinsabores, pero ella ama ese brillo y va a amar aún más lo que está a punto de sus labios porque ahora entiende muchas cosas y eso es lo único que importa.
Poco importo que Dumbledore se estuviera poniendo de pie, que estuviera preparado para dar su discurso, que la profesora McGonagall estuviera presente y pudiera castigarlos hasta que doliera, nada importo excepto los lindos ojitos que Leanne le estaba dedicando a Sirius.
---Bienveni…
--- ¡CÁSATE CONMIGO!
Fue todo lo que se escuchó porque el grito fue tal que tomo la atención de todos y la coloco solamente en ellos dos.
--- ¡SÍ!
Leanne pego tal grito que bien pudo destrozarle los oídos a Remus junto con su brazo y la cabeza de James pero poco le importo porque ya estaba cansada de tener esa mesa separándolos y se lanzo a sus brazos. Sirius apenas si tuvo tiempo de cacharla al vuelo y sentir como los labios de ella chocaban con los de él, el mundo viniéndose abajo con ellos y un encuentro en el piso que dejo a todos helados.
Todo era un revoltijo de túnicas, labios, brazos y piernas enzarzados en una pelea por más, porque todo les estorbaba en su camino a la felicidad.
---Coof, coof--- la tosecilla falsa y rabiosa de la profesora McGonagall les rompió su pequeña burbujita de felicidad.
Leanne se levantó arreglándose la túnica y con las mejillas encendidas, sonriendo sin disculparse y dejando que Sirius encontrara su salida a la superficie. Estaba en las nubes, lo demás no le importaba.
La profesora McGonagall les manda miradas de reproche, mientras Leanne se apretuja entre Peter y Sirius, no quiere separarse de él ahora, no cuando por fin podían estar eternamente juntos o lo que sea para ellos eternidad.
--- ¿Qué demonios fue eso?--- preguntó enfurecido James mientras se sobaba la mejilla, ahí donde Leanne lo había pateado en su salto a los brazos de Sirius.
--- ¡Agradece que no llevara tacones!--- le contestó sonriente Leanne.
--- ¡Sabes a lo que me refiero!--- le dijo resentido.
--- ¡Una propuesta de matrimonio! Hasta alguien con el intelecto de un troll, como tú, debería comprenderlo--- contraataco Leanne.
--- ¡Troll! ¡Él único aquí con intelecto de Troll es…!
--- ¡Basta!--- les gritó Remus--- La gente está comenzando a observarlos.
Remus tenía razón. Todos los rostros estaban girados hacia ellos y la profesora McGonagall amenazaba con mandarlos a callar a base de gritos.
---Leanne…--- la interrogó Remus una vez que todos continuaron con lo suyo.
---Sólo le estaba demostrando mi amor--- le respondió de forma esquiva. Sabe perfectamente como debió lucir el espectáculo que dieron.
--- ¡Eso no fue amor!--- soltó Remus más que sorprendido--- ¡Eso fue puro salvajismo animal!
---Se que… fue sólo una reacción algo precipitada, no hay nada de que preocuparse--- continuó por la tangente.
--- ¡Dile eso a la abolladura que dejaron en el suelo de piedra! ¡Piedra!--- recalcó James como si fuera necesario.
--- ¿Podemos dejar el tema por la paz?--- pidió Leanne, estaba comenzando a hartarse.
--- ¡Lo dejaste idiotizado!--- dijo James mientras señalaba la sonrisa idiota que tenía Sirius en la cara--- ¡Pareciera que le quisieras sacar el cerebro con la lengua!
Leanne se limitó a sacarle la lengua. Sabía que era una acción demasiado infantil pero también le pareció increíblemente divertido
---Ninguno de los dos se andaba con rodeos, ¿verdad?--- preguntó sonriente George.
---No eran tiempos para andarse con rodeos--- le sonrió de regreso Leanne.
---Típico de Sirius--- continuó Frank--- Siempre le gusto lanzarse a la brava.
--- ¿En verdad no tenías la menor idea de qué Sirius pensaba proponerte matrimonio?--- le preguntó Hermione.
---No--- contesto simplemente Leanne.
---Continua--- le pidió Arthur.
--- ¿Qué?--- preguntó Leanne.
---Nada, es solo que pareces algo diferente--- le contestó Lily desviando la mirada.
Se había pasado los últimos 15 minutos observando fijamente a Leanne. Ciertamente había algo diferente en ella pero no podía dar con la respuesta correcta.
---Supongo que debo felicitarte--- continuó mientras le mostraba a Leanne la revista Corazón de Bruja que había estado hojeando antes.
El rostro de Leanne adornaba una página completa de la revista y en la otra había un pequeño reportaje donde la nombraban, de nuevo, la "Bruja más bella de Hogwarts".
---No creo que deba ser algo meritorio de celebración--- contestó Leanne ignorando su propio rostro sonriente.
--- ¿Por qué?--- quiso saber Lily--- Si me nombraran a mi, me gustaría celebrarlo.
---Porque es la cuarta ocasión que me nombran la "Bruja más hermosa de Hogwarts" y a mi madre solamente la nombraron en tres ocasiones--- le respondió Leanne--- Ella estaba muy orgullosa de sus títulos y de ser la más triunfadora, pero ahora le he quitado el puesto.
--- ¿Se molesta por eso?--- preguntó sorprendida Lily. No sabía que Melinda fuera tan vanidosa.
---No, para nada, pero no es algo en lo que yo esperaba superarla--- le dijo Leanne--- Eso es demasiado sencillo--- Leanne se sentó junto a Lily y continuaron hojeando la revista.
En segundo lugar había quedado Narcisa y en esta ocasión Leanne sonrió triunfante.
--- ¿Qué es tan gracioso?--- le preguntó Leanne.
---Sé, por muy buena fuente, que Narcisa hizo que su madre convenciera a su padre para que donara una buena cantidad de oro a la revista para asegurarse el primer lugar--- le confió Leanne--- Seguro esta haciendo el coraje de su vida.
---Su belleza es demasiado fría--- dijo Lily mientras examinaba la foto de Narcisa--- Como una princesa de hielo, muy común. Con sus ojos azules y su cabello rubio ondulado.
---Pero es hermosa--- no podía negarlo--- Hay algo en la sangre de los Black que los hace irrepetibles e insuperables.
---Supongo que tienes razón--- coincidió Lily mientras cambiaba la hoja--- ¡Candence!--- soltó sorprendida.
En esta ocasión Leanne no sonrío, sólo se queda mirando la fotografía de Candence, de la perfecta y hermosa Candence.
---Bueno, esto si que es una sorpresa--- dijo Lily leyendo el artículo que acompaña la foto.
---No me imagino por qué--- le dije Leanne--- Es más que obvio que Candence es hermosa, todo el mundo lo sabe--- continuó algo malhumorada.
--- ¿Qué pasa?--- le preguntó Lily al escuchar el tono de Leanne.
---Nada, olvídalo--- le contestó Leanne.
--- ¿Qué harás con los 50 galeones del premio?--- Lily prefirió cambiar de tema.
---Como siempre, dárselos a Frank--- le respondió sonriente Leanne--- Como cada año. Los apartó aún ante de saber si me darían o no el premio.
--- ¿Para que lo utiliza?
---Para el regalo de Alice--- le dijo Leanne--- Ya se gasto la mensualidad que le dieron sus padres en tonterías y necesita el dinero.
--- ¿No te hará falta ahora que tú madre te redujo tu mensualidad a 10 galeones?--- le preguntó sonriente
---Tengo suficiente oro en reserva para estás situaciones--- le respondió Leanne--- Mi madre me da una buena cantidad considerando que sólo tenemos tres excursiones a Hogsmeade, además, mi padre y mi abuelo me envían dinero extra cada mes; aunque mientras mi madre me tenga castigada no me van a enviar nada.
--- ¿Con cuánto cuentas?
---No lo sé. Aunque son James y Sirius los que asaltan mis existencias cuando se acaban las suyas. Ya sabes, cuando se escapan a Hogsmeade a comprar cosas para las fiestas que organizan--- le dijo Leanne.
---Todos estábamos muy preocupados--- la reprendió Lily--- Lo que hiciste fue demasiado arriesgado y por demás imprudente. Te mereces todos los castigos que te impusieron--- le dijo sonriente y Leanne también le sonrió.
---Hoy es el primer día de mi largo castigo--- dijo con exagerado dramatismo--- Pero el que de verdad me preocupa es el sábado, limpiar la lechucería de forma muggle va a ser una verdadera tortura.
--- ¿Por qué no llevaste a James?--- preguntó de pronto Lily--- ¿Por qué no llevaste contigo a ninguno de nosotros?
Leanne lo reflexionó durante unos segundos y después habló.
---No es verdad que no llevara a James porque haría demasiado escándalo, se puede comportar cuando quiere--- le dijo--- No lo lleve porque sabía que Dorea no soportaría saber que James estaba quien sabe donde con todos los problemas que se nos vienen encima, eso le hubiera roto el corazón--- le explicó--- Si hubiera llevado a Frank, Augusta nos hubiera perseguido por mar y tierra, además de armar un escándalo semejante que los mortífagos se hubieran ido encima de nosotros. Alice no iría sin Frank, así que… ¡Candence ni loca me hubiera seguido, eso es seguro! Pensé que Remus era una buena opción pero luego recordé que Melody sufriría demasiado sin él, Sebastián nunca me lo hubiera perdonado y su transformación era por esos días. A Sirius no lo lleve porque estaba molesta con él.
--- ¿Y a mí?--- quiso saber Lily.
---Tus padres son muggles, Lily, civiles que no entenderían nada de lo que hicimos allá donde lo hicimos--- le dijo Leanne--- Además, hubiera sido muy difícil hacerte inmarcable como a Kingsley o a mí
--- ¿Por qué?--- le preguntó ofendida.
---Porque respetas demasiado las reglas, sobre todo la que dice que no puedes hacer magia fuera de Hogwarts. A King y a mí no nos importa pero a ti sí; he visto que cuando estás en la mansión, apenas si usas la magia más simple ¿Cómo sería cuando tuvieras que hacer magia por demás ilegal?--- le preguntó Leanne.
---Bueno, supongo que sí me hubiera afectado un poco--- respondió Lily.
---Lo he intentado, ¿sabes?--- le dijo Leanne--- Desactivar el rastreador que llevas pero nunca he podido pero está bien, eso habla muy bien de ti--- Lily se sorprendió durante un segundo y supuso que era mejor así.
---Supongo que debes de estar contentísima porque Sirius te pidió matrimonio--- dijo sonriente Lily
--- ¡Sí!--- le dijo emocionada Leanne--- Aún no puedo creer que Sirius y yo nos casaremos dentro de nada--- pero luego se puso seria de pronto--- Aunque hay muchas personas que no están muy contentas que digamos.
--- ¿Eso qué importa?--- le dio ánimos Lily--- Sólo importa que ustedes dos sean felices.
---Sí, pero me gustaría que sus padres se pusieran tan contentos como los míos y que James no nos mirara con rencor cada vez que estamos juntos, esta demasiado celoso. Se que piensa que ya nunca más lo volveremos a querer como antes pero se equivoca--- le dijo Leanne.
---Seguro que pronto se le pasa, ya vez como se pone cuando no es el centro de la atención--- Lily sonrió intentando infundirle valor a Leanne.
---No quiero que él piense que lo estamos desplazando, eso nunca pasaría.
---Déjalo, seguro que en un par de días se le pasa y vuelve a ser el mismo pesado de siempre.
--- ¿Cómo se puede desactivar el rastreador?--- fue lo primero que preguntó Ron--- ¿Con un hechizo?
---Más que usar hechizos, que no funcionan, es una actitud--- le contestó Leanne--- No te tiene que importar romper las reglas, usar magia de forma ilegal y, básicamente, desafiar a todo mundo.
---Ser una valemadrista, en resumidas cuentas--- aclaró Geroge.
---Algo así, sí--- se mostró de acuerdo Leanne--- Pero no veo porque te interesa saber eso ahora, ya eres mayor de edad y no tienes el rastreado.
--- ¿Es lo mismo para hacerte inmarcable?--- preguntó esta vez Hermione.
---En realidad es más fácil volverse inmarcable que desactivar el rastreador--- le respondió Leanne.
---No me gusta el tono que está tomando esta conversación, mejor cambiemos de tema--- ordenó Molly
La semana pasó demasiado rápido; en medio de castigos, tareas, exámenes sorpresas cada tres segundos, comidas de cinco minutos y horas y horas de biblioteca. Los ÉXTASIS estaban a un año pero parecía que se llevarían a cabo en el siguiente segundo; todos los maestros les mandaban cantidades alarmantes de tareas y redacciones, los atormentaban con cuestionamientos aún en los pasillos y si aún respiraban era por pura suerte. Apenas si le dejaban tiempo a Leanne de ver 10 minutos a solas a Sirius.
Y para complicar aún más su horario, tenía que buscar un nuevo golpeador y un nuevo cazador. Daniel y Susan se habían graduado, dejando esos lugares vacíos. Kingsley se había hecho cargo de poner en el tablón de anuncios la convocatoria para los lugares, las pruebas se llevarían a cabo el primer sábado, después del castigo de Leanne en la lechucería.
Después de un curso rápido de limpieza muggle con Lily y de tomar los utensilios de limpieza de uno de los armarios de Filch y de soportar sus burlas y comentarios mal intencionados, se encamino hasta la lechucería.
Fabian y Gideon ya la esperaban en la entrada; sus sonrisas eran idénticas, de una diversión infantil que no les cabía en el rostro. Tenían las manos llenas de pastelillos y pastas, lo que hablaba de que habían estado antes en las cocinas.
--- ¡Bonita mañana! ¿Cierto?--- le preguntó burlesco Fabian antes de estamparse un pastelillo de chocolate.
---Ideal para pasear por los jardines del colegio de la mano de alguien especial o de jugar al Quidditch--- continúo Gideon.
---Siempre me ha apetecido limpiar lechucerías en las mañanas bonitas como esta--- les contesto con acidez Leanne, esos dos estaban enterados de todo--- Podemos apresurarnos, tengo selección de jugadores a las 12.
---Después de ti--- dijeron los dos al mismo tiempo, cediéndole el paso a Leanne.
Leanne nunca había pasado demasiado tiempo en la lechucería, cuando quería enviar una carta siempre llamaba a su lechuza y ella iba hasta la ventana de su habitación. Pero ahora que estaba ahí podía ver claramente todo lo que le esperaba; apenas si tenía dos horas y media para dejar eso lo más decente que pudiera, darse un baño y estamparse una o dos tostadas y un zumo de calabaza antes de ir al campo de Quidditch. Había plumas por todos lados, tierra, lodo, desperdicios de toda clase, huesos de animales y excremento como para cubrir a todos los Slytherin de pies a cabeza.
Fabian y Giedon hicieron aparecer un par de sillas y se sentaron para poder observar a Leanne sin cansarse.
--- ¿Qué tan limpio tiene que quedar este lugar?--- preguntó dejando caer la escoba, el balde y otros muchos productos que en su vida había visto.
--- ¡Tan limpio como para comer en el suelo!--- le respondió Gideon haciendo una magnifica imitación de Moody.
Estaba agotada. No había parado en toda la semana, se levantaba a las cinco para poder ayudarle a Hagrid y después de eso no paraba hasta las 12 o 1 de la mañana; agradecía enormemente la capacidad de no necesitar dormir demasiado pero ahora deseaba poder hacerlo. Hagrid ya le había dicho que él podía hacerse cargo solo pero a ella le encantaba ayudarle y no iba a parar ahora sólo porque tenía muchas cosas que hacer.
Leanne barrió, fregó los pisos, limpió las escaleras, alimento a las lechuzas, uso todo tipo de productos mágicos para limpiar, talló hasta el cansancio el piso de madera, uso fragancias para darle un olor agradable al lugar y apiló todos los desperdicios y las plumas en una esquina. Fabian y Gideon habían dejado de sonreír al cabo de diez minutos, al darse cuenta de todo el trabajo que tenía que realizar pero ahora que había terminado, ambos tenían la misma sonrisa gambera de siempre.
--- ¿Aprendiste tú lección?--- le preguntó sonriente Gideon.
Leanne estaba tan agotada que no podía ni responder, así que se limito a hacer una mueca.
--- ¡Las niñas malas y traviesas deben ser castigadas!--- Fabian la reprendió con fingida autoridad--- Tu desaparecida y tú padre en una mis…--- pero se calló inmediatamente.
---Mi padre…--- Leanne no se esperaba eso--- Él nunca… ¡pero si Moody siempre ha dicho que sí esta en el Ministerio es por su cara bonita!--- soltó Leanne preocupada; ahora comprendía porque su madre estaba como estaba.
---No estaba cumpliendo misiones para el Ministerio--- le dijo Gideon mientras miraba duramente a su hermano--- Era para…
---La Orden--- terminó por él, Leanne--- ¿Por qué?
---Tú padre nunca ha sido una cara bonita--- le explicó Fabian, se notaba que estaba arrepentido pero ahora tenía que explicar las cosas--- Tú abuelo le enseño tan bien como a ti, aunque no podemos negar que su cara bonita le ayuda a convencer a mucha gente, gente que de otra forma no nos ayudaría. Moody también le enseño bien, es de los mejores que tenemos.
--- ¿Entonces es cierto?--- preguntó preocupada y emocionada al mismo tiempo Leanne--- ¿Se están preparando para dar batalla?
---Hemos dado batalla desde hace mucho tiempo, pero no parece estar dando muchos resultados, por lo menos no como para mermar considerablemente al otro bando--- Gideon miró preocupado a Leanne.
--- ¡Quiero participar!--- les dijo.
--- ¡No!--- le dijeron los dos al mismo tiempo. Leanne se enojo un poco.
---Aún estás en la escuela--- continuó Gideon.
---Y tú madre ya nos advirtió que mientras no termines la escuela, no participaras en nada de nada--- le dijo Fabian--- Y lo que dice Melinda se cumple.
---Me mantendrán informada, ¿cierto?--- Leanne quiso replicar, pero Fabian tenía razón, cuando Melinda decía algo, se cumplía--- Mi madre nunca me diría nada por no preocuparme.
---Lo haremos--- le prometió Fabian, aunque Gideon se mostró un poco renuente; él siempre había apoyado la idea de Melinda, Leanne nunca debió meterse en nada de eso.
A Leanne siempre le habían gustado ese par de gemelos pelirrojos, desde que le habían dado una enorme tarántula negra por su tercer cumpleaños y su padre se había puesto histérico cuando ella se negó en ponerla en su caja para dormir; le habían gustado desde que a los dos años la dejaron comer cantidades astronómicas de helado y pastel cuando hicieron de niñeras mientras mamá y papá habían salido a pasear y cuando estos regresaron la encontraron vomitando por toda la mansión y pidiendo por más helado y pastel. En realidad a Leanne le habían gustado desde siempre y ahora le gustaban mucho más.
Eran un poco más bajos que su padre pero eso le importaba poco, tenían la espalda ancha y los brazos más músculos que ella hubiera visto, llenos de adorables pecas por todos lados y de unos preciosos ojos verdes. Eran tan guapos que sentía que se enamoraba de ellos.
--- ¿Cómo está Molly?--- preguntó Leanne--- ¿Cómo están Arthur y los niños?
---La casa parece un manicomio--- le dijo sonriente Fabian--- Bill y Charlie ya son mayorcitos pero Percy les esta dando algunos problemas, no deja de llorar por las noches.
--- ¿Quieres ver algunas fotos?--- le dijo Gideon sacando las fotografías de su billetera. Fabian hizo lo mismo. Eran un par de tíos demasiado orgullosos.
---Bill se ve adorable con el cabello largo--- dijo sonriente ante la primer foto.
---Molly se las ha visto negras intentando convencerlo para que se corte el pelo, dice que pronto tendrá más cabello que cuerpo--- sonrió también Gideon.
--- ¡Y Charlie! Cuando crezca va a ser todo un rompecorazones, es muy guapo--- dijo Leanne al ver la foto en la que Charlie estaba tomando un baño bajo la lluvia.
--- ¡Pues claro! Es el más parecido a nosotros--- soltó con galantería Fabian.
---Percy va a ser muy inteligente, ya no se traga ninguno de nuestros trucos. Bill y Charlie lo hicieron hasta los tres años pero le gusta que le contemos historias de nuestro pasado, aunque Molly no lo apruebe--- continuo Gideon.
--- ¡No me puedo imaginar por qué!--- bromeo con ellos Leanne--- ¡Tres niños! Debe ser genial tener hermanos con los que compartir.
---Sí, lo es--- sonrieron al mismo tiempo Fabian y Gideon.
---Tenemos que irnos--- dijo el último.
---Pero volveremos el próximo sábado--- continuo el primero.
--- ¿Es en serio?--- preguntó derrotada Leanne.
---Muy en serio--- le contestó Gideon mientras le daba un beso en la mejilla, de despedida.
---Lo más serio del mundo, según Moody--- afirmó Fabian dándole un beso, justo en la comisura de los labios. A él le gustaba jugar con Leanne, a quien se le tiñeron las mejillas de un rojo carmesí--- ¡Que suerte tiene ese Black!--- le dijo al oído.
--- ¡Adiós pequeña!--- se despidieron al mismo tiempo.
--- ¡Adiós!--- Leanne quiso seguirlos pero se resbalo con un trapo mojado y calló al montón de plumas y desperdicios.
Lo siguiente que escuchó fue el sonido de una cámara tomando fotos; se movió lo más rápido que pudo pero inmediatamente se le revolvió el estomago y un asco terrible le recorrió la columna.
---Moody quiere pruebas de que cumples con tu castigo--- Leanne pudo escuchar la gracia en la voz de Fabian que todo eso le causaba.
--- ¡Ayúdenme!--- pidió intentando controlar las arcadas que la sacudían.
Pero ninguno de los dos la ayudo a salir de eso asqueroso lugar, solamente los escucho bajar las escaleras riendo. Estaba a punto del desmayo cuando unos brazos fuertes la sacaron de su desespero.
--- ¡Quédate quieta!--- le ordeno Kingsley mientras intentaba ayudarla a salir.
--- ¡Esto es asqueroso!--- grito Leanne. Los escalofríos que la recorrían le impedían poder quedarse quieta.
---Sino te quedas quieta, no podré limpiarte--- dijo Kingsley y a continuación la inmovilizó en la pared, usando su cuerpo para evitar que continuara temblando--- ¡Fregotego!--- dijo mientras apuntaba a Leanne con su varita, dejándola completamente limpia.
--- ¡Asqueroso!--- soltó una vez más Leanne y un último escalofrío la recorrió antes de comenzar a hiperventilar, aún tenía la sensación recorriendo su cuerpo.
---Respira conmigo--- le dijo Kingsley. Su respiración era pausada y calmada, aún la tenía acorralada en la pared. Leanne respiro con él y poco a poco se fue tranquilizando.
---Gracias--- le dijo entrecortadamente unavez que se hubo tranquilizado.
---Vamos, tenemos selección de jugadores--- Kingsley se aparto un par de pasos, para que Leanne recuperara su libertad de movimiento.
En un primer momento Leanne pensó en ir a cambiarse el uniforme pero después de pensarlo mejor, decidió que no había tiempo para hacerlo, ya iba diez minutos retrasada y si no se apuraba James despacharía a todos los presentes y él ocuparía los lugares disponibles.
Leanne alcanzó a Kingsley antes de que pusiera un pie en el último escalón de la lechucería y se colgó de su brazo.
--- ¡Y pensar que tengo que volver la próxima semana!--- dijo con dramatismo.
---Intenta no volver a caer en la pila de los desperdicios--- Kingsley parecía algo molesto y Leanne prefirió comportarse--- Ya he despachado a los de primero y a los de segundo--- le comunicó--- Los de primero apenas si han tenido una lección de vuelo y los de segundo aún están muy verdes para los puesto que necesitamos.
--- ¿James pensó que fue él que tomo la decisión?--- le preguntó Leanne. Kingsley se limitó ha hacer un gesto de malestar--- Supongo que fue lo mejor--- Leanne le sonrió, no comprendía el por qué del enojo de su amigo--- ¿Podemos…? ¿Podemos fingir…?
---Tenemos que darnos prisa--- la cortó Kingsley mientras apretaba el paso.
Leanne soltó un suspiro de frustración y se limitó a caminar en silencio un par de pasos detrás de Kingsley, no le agradaba su malhumor y la negatividad que estaba soltando. James y los entrenamientos de Quidditch siempre conseguían sacar la peor parte de su personalidad.
Había alumnos de tercero hasta séptimo, todos en una fila interminable, tan ansiosos y optimistas que casi logran poner de malas a Leanne ¿Cuántos sueños iba a destrozar ese día? Demasiados. Solamente dos podrían verlos coronados.
La fila de los presentes se fue acortando dolorosamente lento. No eran malos pero no eran grandiosos y Leanne necesitaba jugadores grandiosos. Se estaba muriendo de hambre y hace tiempo que había pasado la etapa de querer volverse loca para estar simplemente histérica. Las gradas estaban llenas de observadores, de los que ya habían pasado la prueba y no lo habían conseguido y del equipo de Slytherin, quienes no paraban de hacer comentarios crueles e hirientes.
---Sólo quedan dos más--- le susurró Kingsley, su humor había mejorado en medida que el de Leanne empeoraba.
James estaba extasiado, había tomado las riendas de la selección y hacia que los presentes se pusieran a prueba en situaciones extremas, aunque Leanne no podía quejarse, eso le daba tiempo de relajarse un poco. Había decido improvisar partidos de cinco minutos y probar a un cazador y a un golpeador en cada uno. Leanne se dedicaba a observar mientras los demás hacían su trabajo.
---Smookie Jones, cazadora y Leroy Adams, golpeador--- llamó a los dos últimos de la lista. Todos se asombraron al escuchar esos nombres, pues nadie los había escuchado antes.
De ambos extremos del campo salieron los dos mencionados solo que los nombres no correspondían con las personas que veían sus ojos.
--- ¡Sirius!
--- ¡Lily!
Gritaron Leanne y James al reconocerlos. Sirius traía la Saeta de Fuego último modelo que los padres de James no le quisieron comprar a este y sonreía de forma gambera. Lily llevaba consigo una humilde pero siempre fiel Barredora.
Todo el equipo bajo de las nubes y se encontraran con Sirius y Lily en el centro del campo. James estaba furioso y Leanne parecía no querer comprender la situación.
--- ¡Si los nombres no corresponden a las personas, entonces no pueden presentarse como candidatos!--- gritó James aún antes de tocar el piso--- Es una regla.
Lily y Sirius contuvieron la carcajada que estaban a punto de salir, el resto simplemente miró atónito a James. ¿Desde cuándo James Potter respetaba las reglas?
---Tengo todo el derecho a presentarme a las pruebas, lo haya hecho con mi nombre o no--- dijo Lily altivamente.
--- ¡Esto es algo serio! Si ustedes no lo toman lo suficientemente en serio como para inscribirse con su nombre, no me imagino lo que sucederá después--- le dijo casi ladrando James.
---En eso tiene razón--- todos sintieron que el final del mundo estaba cerca cuando esas palabras salieron de la boca de Kingsley, quien ignoro sus miradas de aterradora sorpresa--- No podemos andarnos con juegos cuando nuestra última oportunidad de ganar la copa esta a unos cuantos palmos de nosotros.
--- ¡Nos lo tomamos muy en serio!--- dijo Sirius ofendido por el cometario de Kingsley.
--- ¿Leanne?--- le preguntó iracundo James--- ¿Vas a dejarlos hacer la prueba?
---Me estoy muriendo de hambre, no he parado en toda la semana, no tengo buenos prospectos para los lugares disponibles, tengo un terrible dolor de cabeza y más deberes de los que nunca pensé llegar a tener…--- recitó Leanne con los ojos cerrados y masajeándose la sien---… si les hago la prueba, ¿me prometen que será en serio?--- les preguntó abriendo finalmente los ojos.
---Sí--- gritaron los dos al mismo tiempo.
---Adelante, pues--- dijo Leanne mientras se elevaba en su escoba.
James se dio media vuelta indignado y mientras bufaba ocupo su lugar en las nubes, un lugar que el sabía se había ganado por derecho propio y que nadie se lo arrebataría. Jane intento transmitirle con la mirada seguridad pero este no quería mirar a nadie; ella le sonrió para darle ánimos a Lily. Jack saludo con una seca cabeceada a Sirius, por ahora eran enemigos ya podrían ser tan amigos como siempre cuando este entrara en el equipo.
Lily y Sirius seguirían la misma línea de juego que James había trazado desde el comienzo: ellos dos contra James, Jane, Jack y Kingsley; Leanne observaría para ver el desempeño de los candidatos.
Ambos se entendieron de maravilla desde el primer momento. El ataque de Lily era certero y lo hubiera sido mucho más si Kingsley no fuera tan bueno en lo que hacía; Sirius era perfecto en el contraataque, las bludger que le lanzaba Jack a Lily salín despedidas hacia otro lado gracias a la intervención de este. Leanne estaba emocionadísima, había encontrado lo que estaba buscando, la perfección.
--- ¡Genial!--- dijo Leanne, por más que intentaba esconder su emoción, se le notaba por la sonrisa radiante que llevaba en el rostro--- Mañana por la mañana publicaremos la lista de los dos elegidos en el tablón de anuncios; ahora tenemos que discutirlo entre nosotros--- continuó señalando al resto del equipo.
Los presentes se marcharon desilusionados, por más que buscaran a la mañana siguiente sus nombres en el tablón de anuncios, los únicos que encontrarían serían los de Lily y Sirius.
--- ¿Crees qué sea lo más conveniente?--- le preguntó Kingsley después de que Leanne les diera su opinión--- Fueron los mejores pero estaríamos dejando a solo dos miembros del equipo para el próximo año.
---Creo que Jack y Jane se las arreglaran bastante bien, son excelentes--- le contestó Leanne. Los dos aludidos sonrieron orgullosos--- No podemos perder este año, tenemos que dejar la copa en su hogar y sólo con Lily y Sirius lo conseguiremos. ¿Qué opinas James? ¿Podrás trabajar con ellos?
James había estado inusualmente callado para haber sido él el que había organizado toda la selección. Estaba recargado en la esquina y su actitud era la de un perfecto huraño.
---Fueron los mejores, tiene sentido que los elijamos. Pero como siempre, depende de ti--- dijo de forma seca y después se marchó.
Leanne miró a Kingsley durante un segundo y después salió detrás de James.
--- ¿Esta todo bien?--- le preguntó una vez que lo alcanzó.
--- ¡El quidditch es lo nuestro!--- le dijo furioso--- ¿Por qué se tienen que meter? ¿No le basta con casarse contigo?
---James…
--- ¡Olvídalo, Leanne!--- le soltó molesto y continuo andando.
---No te pongas así--- le pidió reteniéndolo por la mano--- Tu sabes que siempre voy a estar ahí para ti--- le dijo con total sinceridad--- Sin importar con quién me case o no.
--- ¿Lo prometes?
----Lo prometo--- le aseguró Leanne.
--- ¿Ya terminaste?
La voz de Kingsley a sus espaldas la sorprendió. No habían pasado un momento a solas desde que se encontraron la mañana anterior en la lechucería y el resto de la semana apenas si habían cruzado palabra.
---Los de Slytherin ya tienen nuevo buscador--- le dijo sentándose enfrente de ella. Al ser domingo por la mañana no había más gente que ellos en la biblioteca--- Están entrenado un poco ahora, pensé que te apetecería ir a verlos. Tienes que ver quien es su nuevo buscador o de lo contrario no me lo vas a creer si te lo digo.
Leanne aún estaba algo sorprendida por la reacción de su amigo, no le había hablado en una semana completa y ahora se comportaba como si nada hubiera sucedido. Pero tampoco era como si Leanne tuviera que pensarlo mucho, así que acepto gustosa la ofrenda de paz que le ofrecía Kingsley; lo suyo no era de andarse con explicaciones ni falsas demostraciones de arrepentimiento, hacían lo que hacían y después continuaban.
---Claro, me gustaría verlo con mis propios ojos--- le dijo guardando sus cosas y caminado a su lado hacia el estadio de quidditch.
Se detuvieron lo suficiente para encontrar un lugar lo suficientemente oculto y lanzarse hechizos desilucionadores mutuamente para después continuar su camino. Todo mundo sabía que los de Slytherin espiaban los entrenamientos de los Gryffindor porque no eran nada discretos a la hora de hacerlo, pero Leanne había implementado la táctica de hacerlo de forma incubierta para que los de Slytherin sacaran sus mejores armas y no las niñerías que practicaban cuando sabían que eran observados.
Se sentaron cómodamente en las gradas del estadio y esperaron a que los jugadores salieran de los vestuarios. Era un día maravilloso, excelente para practicar, además de que por ser domingo el resto del cuerpo estudiantil dormía hasta pasado el medio día.
Kingsley tenía razón, cuando los jugadores salieron de los vestuarios Leanne no pudo creer lo que vio al darse cuenta de quién sería el nuevo buscador de Slytherin.
Regulus Black llevaba el número 7 en su espalda, el mismo que había elegido Sirius; su escoba era la nueva Saeta de Fuego, la misma que tenía Sirius; y su andar era tan seguro y altanero como el de su hermano, ambos sabían que pertenecían plenamente a ese campo. Los Black habían nacido para estar en las nubes, en lo alto del cielo junto a las estrellas, no en la tierra con el resto de los simples mortales.
---Es bueno--- dijo Kingsley 10 minutos después de comenzada la práctica--- Es tan bueno como Sirius.
---Sí--- se limitó a contestar Leanne. No tenía mucho que decir.
A decir verdad, nunca se había detenido a observar a detalle a Regulus. Lo conocía tan poco como conocía a Sirius y ahora que lo analizaba a detalle, lo poco que conocía de ambos era gracias a terceros. James era el que en ocasiones le decía una cosa o dos referentes al pasado de Sirius y su hermano. Sirius nunca hablaba de su vida dentro de la familia Black y Leanne había aprendido, con el paso del tiempo y el malestar que le producían a Sirius sus preguntas respecto a su pasado, a no querer saber más de lo que ya sabía.
---Bellatrix les enseño a volar--- le dijo Leanne. Regulus volaba con mucha gracia y elegancia pero también tenía mucha fuerza, decisión y coraje, además de un toque de locura que sólo podía responder al apellido Black; una locura que sólo tenían los seres grandiosos--- James me lo dijo hace ya mucho tiempo--- continuo Leanne al ver la incomprensión en el rostro de Kingsley--- Bellatrix les enseño muchas cosas y parece ser que le continua enseñando a Regulus--- dijo señalando una acción evasiva muy peligrosa para el contrario que había realizado Regulus.
---Recuerdo que Bellatrix era la jugadora más valiosa que a tenido Slytherin, muchas de sus jugadas se continúan utilizando hasta hoy; según algunos miembros de su casa, no ha habido nadie mejor que ella--- le dijo Kingsley. Él tenía un talento innato para enterarse de cosas que nadie más podía enterarse.
---Sirius nunca habla de su pasado. Él lo sabe todo sobre mí y yo apenas si conozco la superficie de su vida--- a Leanne la embargo un sentimiento de infinita tristeza y Kingsley la envolvió en un calido abrazo--- No sabía que tenía una cicatriz en el muslo derecho o un tatuaje en forma de pata de perro en la espalda baja o que por mucho que busques, no encontraras un solo lunar o peca en todo su cuerpo---- le dijo desesperada--- No se a qué jugaba de niño o si siquiera jugaba, si tuvo alguna vez una mascota o si dormía todas las noches abrazado a un muñeco de felpa o a una matita; no se si Walburga lo arropaba todas las noches, le contaba un cuento y después le daba un beso de buenas noches, no se… no se nada de él por él--- soltó deshecha--- Bellatrix lo conoce a la perfección, ella tiene su pasado…
---Y tú tienes su presente y su futuro--- le dijo Kingsley intentando consolarla--- No te atormentes por algo que ya paso, en algún momento Sirius te va a contar lo que fue de su vida entes de conocerte pero estoy seguro que lo único que le importa es tenerte a su lado no el hecho de que su prima le enseñara a volar o las mascotas que ahora ya no posee.
---A veces me preguntó si no seria mejor terminar todo de un solo tajo--- le dijo Leanne. Ninguno de los dos ponía atención al entrenamiento ya--- A lo mejor, de esa forma, Sirius no sufriría tanto cuando… cuando yo ya no este por aquí.
--- ¿Destrozarle el alma antes de tiempo?--- le preguntó furioso Kingsley--- ¿Dejarlo qué te pierda a cada segundo? ¿Qué te sueñe muerta todas las noches y te busque desesperado todas las mañanas sólo para comprobar que no es más que otra pesadilla, para estar cien por ciento seguro de que aún estás viva y respiras?
---Yo no… no era mi… lo lamento--- se disculpo Leanne al ver que, de nuevo, había lastimado a su amigo--- Lamento que por mi culpa estés sufriendo de esta forma, lamento que por mi culpa y mi irresponsabilidad Candence se molestara de nuevo contigo, lamento haberte causado una nueva herida, una más que se agrega a todas las que ya te he causado.
---No me imagino el placer de una herida si no es causada por ti--- Kingsley se sorprendió de la verdad y el significado que había en esas palabras. Nunca nadie había conseguido que una herida le pudiera producir placer; las heridas que le producía Candence lo lastimaban pero cerraban cuando los dos estaban juntos, las de Leanne, las de ella eran puro placer. Placer de saber que estaba vivo y que podía sentir, que aún había motivos por los cuales odiarla y quererla al mismo tiempo, porque sabía que por mucho que ella lo lastimara nunca dolería tanto a menos que dejara de hacerlo, porque sabía que Candence y sus heridas lo sanaban con amor.
--- ¿Piensas en ella?--- le preguntó Leanne--- Siempre te pierdes cuando piensas en ella, siempre pones esa cara de enamorado perdido cuando ella entra danzando en tus pensamientos.
---Algo así--- le contestó Kingsley, obviando el tono acusatorio en la voz de Leanne--- Pensaba en todo lo que he vivido con ella esta semana.
---Me lo imagino, casi no hemos hablado, todo el tiempo has estado con ella.
---Candence se molesto mucho porque me marche contigo, porque deje que me arrastraras, una vez más, en tu locura sin más resistencia que dejar una simple nota--- le dijo Kingsley--- No he estado con ella porque ella me lo haya pedido o porque me pase tres semanas solo contigo, he estado con ella porque me di cuenta de que a pesar de todo lo que te quiero, la quiero a ella mucho más, de que la amo y que tu sola presencia ya no me basta para soportar estar alejado de ella.
Leanne no supo que responder a aquello, mucho menos pudo reaccionar y solo atino a quedarse pasmada como una idiota. En el fondo, ella ya lo sabía pero que Kingsley se lo dijera con todas sus letras le dijo sin poder respirar. Le había confirmado que siempre, por más que ella lo impidiera, por más que se entrometiera y le quisiera, él siempre elegiría a Candence.
---Es lo mismo que esta haciendo él, Sirius--- continuó Kingsley sin querer ver la reacción que sus palabras habían surtido en Leanne--- Es por eso que se unió al equipo de quidditch, es por eso que te pidió matrimonio, es por eso que ha iniciado una batalla contra sí mismo y a perdido. Ya probo lo que significó perderte una vez, no quiere volver a hacerlo.
Leanne sintió que se hundía en una infinita tristeza. Lo iba a perder todo y por más que luchara, los que se quedaban también iban a perder y entonces su pérdida sería mucho mayor porque no había podido evitar que los que se quedaban fueran un poquito más felices.
--- ¿Cómo se lo diré a Sirius?--- preguntó Leanne volviendo su vista al campo de quidditch y rompiendo el abrazo que la unía a Kingsley.
---De la forma en que lo digas, dolerá lo mismo, así que hazlo como mejor te parezca--- le respondió Kingsley ignorando lo sucedido. Los dos habían dicho verdades que calaban muy hondo como para volver a pensar en ellas--- Vamos, tenemos que volver al castillo--- Kingsley se puso en pie, los de Slytherin ya habían regresado a los vestidores.
---Nunca me dejaras, ¿cierto? Promete que nunca me dejaras--- le pidió Leanne sujetándolo de la mano--- Sin importar todo lo que haga, a pesar de todas las heridas que te cause, promete que no lo harás--- no podía verlo a la cara, no quería ver la negativa en sus ojos antes de escucharlo de sus labios, eso sería más doloroso.
---A veces te pareces demasiado a una niña pequeña--- le dijo Kingsley sujetándola por la barbilla; la sonrisa en su rostro era sincera y Leanne supo que nunca la dejaría cuando le dio ese beso en la frente.
Candence no supo que decir, se esperaba todo menos aquello y fue una sorpresa tan agradable como desconcertante.
---A veces creemos que lo tenemos todo cuando no tenemos más que un puñado de humo--- dijo Leanne sonriendo--- Yo soy la que siempre compitió contra ti, no al revés--- le dijo a Candence.
---Supongo que podemos llamarlo un empate--- le sonrió Candence. Leanne se sorprendió, Candence había dejado de sonreírle hace ya demasiado tiempo. Era bueno saber que eran amigas de nuevo.
---Ya sabemos a quien eligió Kingsley, pero ¿a quién elegirías tú?--- le preguntó Harry.
---Creo que esta bastante claro--- se adelanto a hablar Hermione señalando a Charlie, Leanne se limitó a sonreír.
---Lo esta--- le dijo Charlie.
El beso que se dieron cerró la noche. Charlie estaba seguro que todo estaba bien, que ahora era su turno de estar en las nubes al lado de Leanne.
El jardín se veía hermoso, a Leanne siempre le había gustado como lucía en invierno; era como su pequeño palacio de cristal, todo cubierto de la nieve más blanca que ella hubiera visto. Era una verdadera lastima que no pudiera caminar por el jardín, Molly y Charlie le habían dicho expresamente que no podía hacerlo y ahora se tenia que limitar a verlo desde el balcón.
---Hace una noche hermosa--- comentó Kingsley recargándose, junto a Leanne, en el balcón--- Las noches invernales son las mejores aunque Candence opine que son las primaverales.
---Charlie opina lo mismo. King…
---Las mentiras piadosas son más dolorosas que las verdades--- le dijo mirándola directamente a los ojos--- Pero en nuestro caso, una mentira piadosa siempre es mejor que una verdad que destroza almas.
---Tenemos que irnos--- dijo Giedon.
---Pero volveremos el próximo sábado--- continuo Fabian.
--- ¿Es en serio?--- preguntó derrotada Leanne.
---Muy en serio--- le contestó Gideon mientras le daba un beso en la mejilla, de despedida.
---Lo más serio del mundo, según Moody--- afirmó Fabian dándole un beso, justo en la comisura de los labios. A él le gustaba jugar con Leanne, a quien se le tiñeron las mejillas de un rojo carmesí--- ¡Que suerte tiene ese Black!--- le dijo al oído.
--- ¡Adiós pequeña!--- se despidieron al mismo tiempo.
--- ¡Adiós!--- Leanne quiso seguirlos pero se resbalo con un trapo mojado y calló al montón de plumas y desperdicios.
Lo siguiente que escuchó fue el sonido de una cámara tomando fotos; se movió lo más rápido que pudo pero inmediatamente se le revolvió el estómago y un asco terrible le recorrió la columna.
---Moody quiere pruebas de que cumples con tu castigo--- Leanne pudo escuchar la gracia en la voz de Fabian que todo eso le causaba.
--- ¡Ayúdenme!--- pidió intentando controlar las arcadas que la sacudían.
Pero ninguno de los dos la ayudo a salir de eso asqueroso lugar, solamente los escucho bajar las escaleras riendo. Estaba a punto del desmayo cuando unos brazos fuertes la sacaron de su desespero.
--- ¡Quédate quieta!--- le ordenó Kingsley mientras intentaba ayudarla a salir.
--- ¡Esto es asqueroso!--- gritó Leanne. Los escalofríos que la recorrían le impedían poder quedarse quieta.
---Sino te quedas quieta, no podré limpiarte--- dijo Kingsley y a continuación la inmovilizó en la pared, usando su cuerpo para evitar que continuara temblando--- ¡Fregotego!--- dijo mientras apuntaba a Leanne con su varita, dejándola completamente limpia.
--- ¡Asqueroso!--- soltó una vez más Leanne y un último escalofrío la recorrió antes de comenzar a hiperventilar, aún tenía la sensación recorriendo su cuerpo.
---Respira conmigo--- le dijo Kingsley. Su respiración era pausada y calmada, aún la tenía acorralada en la pared.
Leanne podía sentir como el pecho de Kingsley subía y bajaba con relativa calma sobre su propio pecho, podía sentir su corazón latiendo tranquilo justo al lado del suyo, podía sentir sus manos rodeando su cintura, sujetándola con fuerza e inmovilizándola contra la pared, esas manos que la sujetaban con tanta delicadeza y fuerza a la vez; podía ver sus labios, a unos centímetros por arriba de los suyos, unos labios que nunca antes le habían provocado esas ganas locas de besarlos como en ese mismo momento, claro que lo había pensado pero nunca con tanta firmeza como ahora. Sólo tenía que estirar un poco el cuello y listo.
El corazón de Kingsley comenzó a latir tan desbocado como el de Leanne cuando se dio cuenta de lo que ella planeaba hacer. Los dos cerraron los ojos al mismo tiempo y Leanne pudo sentir como Kingsley la acercaba un poco más a él usando sus fuertes brazos para unir cadera con cadera. Sus pulsos se aceleraron aún más cuando sus alientos chocaron, sus labios estaban a milímetros de distancia y…
Leanne apenas si consiguió rozar la comisura de los labios de Kingsley, él se había alejado unos centímetros y Leanne no conseguía alcanzarlo. Se quedo quieta, recuperando la respiración e intentando borrar de su cabeza lo genial que hubiera sido besarlo.
---Lo siento--- le dijo entrecortadamente unavez que se hubo tranquilizado lo suficiente.
---Vamos, tenemos selección de jugadores--- Kingsley se aparto un par de pasos, para que Leanne recuperara su libertad de movimiento.
En un primer momento Leanne pensó en ir a cambiarse el uniforme pero después de pensarlo mejor, decidió que no podría hacerlo, toda ella tenía impregnado el olor de Kingsley, su dulce aroma y lo único que consiguió hacer, antes de bajarse de esa nube, fue arreglarse un poco el uniforme pues estaba todo lleno de arrugas.
Leanne alcanzó a Kingsley antes de que pusiera un pie en el último escalón de la lechucería y se colgó de su brazo.
--- ¡Y pensar que tengo que volver la próxima semana!--- dijo con dramatismo.
---Intenta no volver a caer en la pila de los desperdicios--- Kingsley estaba molesto y Leanne prefirió comportarse--- Ya he despachado a los de primero y a los de segundo--- le comunicó--- Los de primero apenas si han tenido una lección de vuelo y los de segundo aún están muy verdes para los puesto que necesitamos.
--- ¿James pensó que fue él que tomo la decisión?--- le preguntó Leanne. Kingsley se limitó ha hacer un gesto de malestar--- Supongo que fue lo mejor--- Leanne le sonrió; se sentía fatal, sabía que Kingsley estaba molesto pero para ella eso había sido genial--- ¿Podemos…? ¿Podemos fingir…?
---Tenemos que darnos prisa--- la cortó Kingsley mientras apretaba el paso.
Leanne soltó un suspiro de frustración y se limitó a caminar en silencio un par de pasos detrás de Kingsley, no le agradaba su malhumor y no quería que este contaminara lo bien que ella se sentía en esos momentos a pesar de que sabía que lo que había hecho estaba mal.
---Bellatrix le enseñó a besar, ella fue la que le enseñó a amar, por más negro que fuera su amor, ella fue la que le enseñó--- le dijo derrotada--- Yo no fui la primera en la vida de Sirius.
---Él tampoco fue el primero en tu vida--- le recordó Kingsley--- Tú me amaste primero a mi.
---Es diferente. Él fue el que me enseñó a besar, él fue el que me enseñó a…--- pero Leanne se quedó callada. No había necesidad de decirlo, King ya lo sabía---A veces me preguntó si no seria mejor terminar todo de un solo tajo--- le dijo. Ninguno de los dos ponía atención al entrenamiento ya--- A lo mejor, de esa forma, Sirius no sufriría tanto cuando… cuando yo ya no este por aquí.
--- ¿Destrozarle el alma antes de tiempo?--- le preguntó furioso Kingsley--- ¿Dejarlo qué te pierda a cada segundo? ¿Qué te sueñe muerta todas las noches y te busque desesperado todas las mañanas sólo para comprobar que no es más que otra pesadilla, para estar cien por ciento seguro de que aún estás viva y respiras?
---Yo no… no era mi… lo lamento--- se disculpo Leanne al ver que, de nuevo, había lastimado a su amigo--- Lamento que por mi culpa estés sufriendo de esta forma, lamento que por mi culpa y mi irresponsabilidad Candence se molestara de nuevo contigo, lamento haberte causado una nueva herida, una más que se agrega a todas las que ya te he causado.
---No me imagino el placer de una herida si no es causada por ti--- Kingsley se sorprendió de la verdad y el significado que había en esas palabras. Nunca nadie había conseguido que una herida le pudiera producir placer; las heridas que le producía Candence lo lastimaban pero cerraban cuando los dos estaban juntos, las de Leanne, las de ella eran puro placer. Placer de saber que estaba vivo y que podía sentir, que aún había motivos por los cuales odiarla y amarla al mismo tiempo, porque sabía que por mucho que ella lo lastimara nunca dolería tanto a menos que dejara de hacerlo, porque sabía que Candence y sus heridas lo sanaban con amor.
--- ¿Piensas en ella?--- le preguntó Leanne--- Siempre te pierdes cuando piensas en ella, siempre pones esa cara de enamorado perdido cuando ella entra danzando en tus pensamientos.
---Algo así--- le contestó Kingsley, ignorando el tono acusatorio en la voz de Leanne--- Pensaba en todo lo que he vivido con ella esta semana.
---Me lo imagino, casi no hemos hablado, todo el tiempo has estado con ella.
---Candence se molesto mucho porque me marche contigo, porque deje que me arrastraras, una vez más, en tu locura sin más resistencia que dejar una simple nota--- le dijo Kingsley--- No he estado con ella porque ella me lo haya pedido o porque me pase tres semanas solo contigo, he estado con ella porque me di cuenta de que a pesar de todo lo que te quiero, la quiero a ella mucho más, de que la amo y que tu sola presencia ya no me basta para soportar estar alejado de ella.
Leanne no supo que responder a aquello, mucho menos pudo reaccionar y solo atino a quedarse pasmada como una idiota. En el fondo, ella ya lo sabía pero que Kingsley se lo dijera con todas sus letras le dijo sin poder respirar. Le había confirmado que siempre, por más que ella lo impidiera, por más que se entrometiera y le quisiera, él siempre elegiría a Candence.
---Es lo mismo que esta haciendo él, Sirius--- continuó Kingsley sin querer ver la reacción que sus palabras habían surtido en Leanne--- Es por eso que se unió al equipo de quidditch, es por eso que te pidió matrimonio, es por eso que ha iniciado una batalla contra sí mismo y a perdido. Ya probo lo que significó perderte una vez, no quiere volver a hacerlo.
Leanne sintió que se hundía en una infinita tristeza. Lo iba a perder todo y por más que luchara, los que se quedaban también iban a perder y entonces su pérdida sería mucho mayor porque no había podido evitar que los que se quedaban fueran un poquito más felices.
--- ¿Cómo se lo diré a Sirius?--- preguntó Leanne volviendo su vista al campo de quidditch y rompiendo el abrazo que la unía a Kingsley. No podía sentirlo en esos momentos porque sentía que acababa de perderlo para siempre.
---De la forma en que lo digas, dolerá lo mismo, así que hazlo como mejor te parezca--- le respondió Kingsley ignorando lo sucedido. Los dos habían dicho verdades que calaban muy hondo como para volver a pensar en ellas--- Vamos, tenemos que volver al castillo--- Kingsley se puso en pie, los de Slytherin ya habían regresado a los vestidores.
---Nunca me dejaras, ¿cierto? Promete que nunca me dejaras--- le pidió Leanne sujetándolo de la mano--- Sin importar todo lo que haga, a pesar de todas las heridas que te cause, promete que no lo harás--- no podía verlo a la cara, no quería ver la negativa en sus ojos antes de escucharlo de sus labios, eso sería más doloroso.
---A veces te pareces demasiado a una niña pequeña--- le dijo Kingsley sujetándola por la barbilla.
--- ¿Me amas?--- preguntó de pronto, tenía que saberlo.
---Te necesito demasiado--- le dijo y Leanne pudo ver como una sombra cruzaba por sus ojos--- Es una droga demasiado adictiva la que me produce tu presencia. Necesito amarte y tomar de la droga que me ofreces porque si dejo de hacerlo… Te amo, Leanne pero los dos ya elegimos y en esta ocasión te toco perder--- quería hacerlo, quería besarla pero sabía que no podía hacerlo y en lugar de eso le dio un beso en la frente.
La sonrisa en el rostro de Kingsley era sincera y Leanne supo que nunca la dejaría, por mucho que les doliera a los dos.
---Tienes razón--- le dijo Leanne--- Las mentiras piadosas son nuestras mejores aliadas.
---Buenas noches, Leanne--- se despidió Kingsley con un beso en la comisura de los labios, ambos necesitaban tomar un poco más de la droga que los mantenía unidos.
Leanne volvió su vista de nuevo al paisaje invernal que era su jardín. Kingsley era un mejor mentiroso que ella, pues nunca le había dejado ver cuanto era que en verdad anhelaba un beso de sus labios, un beso que les terminara de envenenar el alma y alimentara aún más la necesidad de amarse hasta que sus corazones dejaran de latir.