30 maneras de verlo. — capítulo 12
Los pasillos siempre han sido deliciosos. Susan siempre los llama así. Dice que el aroma de las cocinas siempre se cuela por ellos cuando vuelve a casa. Casa, no le llaman su casa, es simplemente, casa. Hufflepuff siempre ha sido así, es más que suya, es de todos y para todos y es una casa. Simple casa. Sonríe y camina. Susan tiene razón, los pasillos son deliciosos.
Se sorprende en sus pensamientos al ver a una niña de tercero rondar por aquellos lugares. Es una niña de Ravenclaw, tiene el cabello rubio y largo, pero lo que le llama la atención son las orejeras en forma de zanahoria que porta en su cabeza. Tararea una suave canción mientras camina como ida. Zacharias la observa, y sonríe. La pequeña parece finalmente notar su presencia.
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Hola, ¿no sabes dónde puedo encontrar al Señor Meier? – la joven sonríe. – He quedado en hablar con él de parte de Helena. Pero no puedo encontrarlo.
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No conozco ningún señor Meier. – proclama Zacharias.
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Oh, bueno… ¿puedo ayudarte a encontrar a quien buscas?
La sonrisa de la pequeña era cautivamente, pero la pregunta era simplemente una sorpresa para el joven Hufflepuff.
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No busco a nadie.
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Eres bueno mintiendo. Papi dice que las mentiras es lo que hace que la gente se esconda y no vea.
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¿Qué no vea qué?
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La realidad. – la pequeña sonríe. – Es mejor que busques en la biblioteca, ella siempre está allí.
La queda observando, entre maravillado y confundido. Nunca nadie en su vida había hablado de aquella forma a su persona. Nunca nadie había adivinado tenía una ella. Río. No había forma que la pequeña supiera de que hablaba, seguramente había escuchado alguna tontera por ahí y había creado alguna tonta historia donde increíblemente él estaba envuelto. Sacudió su cabeza y emprendió camino por los pasillos, no tan dulces ahora. La biblioteca no estaba lejos, y ni la pequeña Ravenclaw y ni el gran jugador de Quidditch eran los primeros en descubrir que allí se encontraría ella.