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30 maneras de verlo. — capítulo 25

Labios Por Cheis

No le gustaba la idea. No sólo eso, la odiaba. Observó a Justin con ganas de asesinarlo, pero el muchacho solo sonreía. En sus ojos brillaban cuidada picardía y la verdad de saber que tenía razón. Zacharias jamás lo admitiría. Justin después de todo, le hacía un favor. No por eso dejaría de aborrecer la apuesta.

  • ¿No me dejas más remedio, verdad?

  • Puedes huir y no aceptar. – A veces se sorprendía de que aquel muchacho tímido pudiera tener las palabras justas para conseguir lo que deseaba.

  • Cumplirás con tu parte si lo hago. ¿Verdad?

  • Sí, Zach. Lo haré. – sonaba irritado de su insistencia. Internamente se sonrojó, solo intentaba atrás lo inevitable.

  • Muy bien, hecho entonces. – Extendió su mano y estrechó la de su compañero de casa.

Sentía que acababa de cavar su propia tumba. Tomó el tenedor y siguió comiendo, pero su mirda se desvió de su tarea y terminó en ella. Sus ojos se movían buscando a alguien. Celos recocieron su ser, sabía no le buscaban a él. Sin embargo, lo que captó su atención fueron sus labios. Rojos, suavemente delineados. Jugueteando divertidos. Siempre le había visto cometer aquel gesto inconcientemente, morderse con nerviosismo.

  • Puedes aprovechar que está sola. – La voz de Justin le hizo saltar en su lugar, y desviar su mirada de aquella perdición carmesí.

  • Cumpliré cuando yo lo crea conveniente.

  • Necesitas testigos que lo validen. – insistió Justin.

  • ¿Y a ti te parece conveniente que sean todos los alumnos de Hogwarts, no? – exclamó indignado.

  • Es una apuesta, Zacharias.

  • Lo sé… - suspiró resignado. El asunto era que, para él, era simplemente más que sólo una apuesta.

Se sentía cohibido por su presencia, no podía entender como alguien podía provocar eso en él, y aquello le martirizaba. Observaba cada uno de sus movimientos, cada gesto, cada suspiro. Le sorprendió verle levantarse, alejarse fuera del Gran Comedor.

  • Es ahora. – le indicó Justin. Pero aquello no era más que una obviedad. Si no aprovechaba ese momento perdería la apuesta. Y su oportunidad…

Se levantó, dejando su almuerzo a medio andar. Algunos de sus compañeros le miraron intrigados, pero discretos, ninguno preguntó nada. Caminó tranquilamente, y salió del lugar tras ella. No le cupo duda de que Justin y un par más irían tras él en unos momentos, pero sabía nada podría hacer al respecto. No era sólo el honor lo que se jugaba.

No tardó en divisarla. Se dirigía hacia su aclamada biblioteca. Siguió sus pasos en silencio, desde lejos. Cuando sintió que el tiempo se acababa, aceleró su paso y la alcanzó. No dio tiempo a que ella notara su presencia, cuando ya la había tomado de la cintura, colocándola de cara a él.

Fueron segundos los que sus ojos demoraron en perderse en aquellos labios. Centésimas lo que los suyos propios tardaron en callar cualquier queja que la joven Gryffindor pudiera pronunciar. Se entretuvo con su boca, sorprendido de que aquel contacto fuera respondido. Sus manos se afirmaron aún más contra el cuerpo de ella, y la respiración escapó a su organismo.

Una ligera exclamación le hizo reaccionar. Se maldijo mentalmente por olvidar que les observaban. Se separó de ella con las mejillas llenas de rubor. Hermione aún no abría los ojos, ni él la soltaba. Una nueva risilla hizo que esta vez ambos reaccionaran, alejándose a un metro de distancia. La muchacha estaba muda, incapaz de pronunciarse ante aquel hecho.

Él… estaba aún intoxicado de su beso. Del sabor a frutas de sus labios. De su esencia y su perfume. Ignorando los deseos de su cuerpo y el sentido de su razón, se dio medio vuelta, pasando frente a Justin y Susan, y con una sonrisa ironica se dirigió hacia su amigo.

  • He ganado. – pronunció.

Ante la mirada atónita de ambos Hufflepuffs y la postura congelada de Hermione Granger, Zacharias se alejó del lugar en silencio. Sin embargo, ninguno de los otros tres comprendía lo que el besar esos labios había causado en él.

Su perdición había comenzado.