30 maneras de verlo. — capítulo 28
Disfraz Por Cheis
Mientras se observaba en el espejo, no podía evitar sentirse… ridícula. En su vida se había sentido tan tonta. De pequeña solía usar ropas como esas, sus padres adoraban usarla de muñeca. No que los culpara, pero realmente los trajes había variado tanto por muchos años, que llegar a Hogwarts y vestir de mago simplemente, había sido un completo alivio. Crecer había sido un completo alivio, y en ningún momento de todos sus años había debido de volver vestirse así. Ridícula gritaba una voz en su cabeza. Vestidito blanco largo, alitas de gasa y seda. Muy bien, si, había costado una fortuna, pero es no hacía que le gustara más. La aureola dorada mágicamente encantada para flotar su cabeza completaba el conjunto.
Ron había pasado un rato atrás, comentando lo interesante que se veía en dicho atuendo, y en cuanto le gustaría verla sin él. Sonrió para si misma. Algo bueno debía de tener el tonto disfraz ese. Angelito. Angelito. ¿De dónde sacaba esas ideas su esposo? Acomodó la capa también sobre sus hombros, sus cabellos se enredaron levemente, pero los acomodó con cuidado. No que pudiera hacerles mucho, y no estaba dispuesta a sacrificar horas de su día para hacerlo.
La puerta de la habitación se abrió, y volteó rápidamente para ver ingresar a una pequeña y tambaleante Rose de mano de su padre. Río mientras la niña prácticamente corría hasta sus brazos, y se colgaba de su vestido blanco. Como el de ella. Como todo su atuendo. Sus manitas transparentes contrastaban con su cabello de fuego, pero el vestidito le hacía lucir aún más pálida. Besó los cachetes de la pequeña, el calco de su padre, y la aupó en brazos.
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El blanco no es nuestro color, Rosie. – río, mientras le pequeña comenzaba a hablar rápidamente, y atolondradamente con sus pocos conocimientos de las palabras sobre lo linda que estaba su mama.
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Rose tiene absoluta razón. – Ron pasó sus brazos alrededor de la cintura de su mujer, besando la frente de la pequeña en el proceso. – Son dos hermosos angelitos.
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Tu y tus ideas. - Ron sonrió misteriosamente y besó a su mujer, recibiendo pequeñas risas de Rosie.
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Será mejor que nos marchemos, no querrás llegar tarde.
Hermione suspiró. Si no fuera porque amaba ver los ojitos de Rose ante la igualdad e sus ropas, o porque Ron llevaba un traje de los Chuddleys que le quedaba demasiado bien como para optar cambiarlo, hubiese decidido quedarse en casa. Aún cuando sabía no podía faltar al evento. Amaba el ministerio, pero… ¿era necesario generar una fiesta de disfraces?
Ginny le había dicho el día anterior que le parecía muy tierno fuera igual que su nena. Sabía que Ginny moría por tener una pequeña, sobretodo teniendo al cuidado dos ratitas como James y Albus. Que dada la oportunidad sería Ginny quien fuera vestida de dicha forma, en conjunto con una niña. Temía la mirada de su amiga cuando las viera, aunque sabía se pondría feliz de igual manera. Posiblemente más feliz que ella misma.
Hermione suspiró nuevamente mientras Ron quitaba de sus brazos a Rose, permitiéndole observarse nuevamente en el espejo. Habría tanta gente en esa fiesta, y el blanco definitivamente no era su color. Se sentía completamente fuera de lugar. Se encontrarían con tantos viejos conocidos. Hasta Luna había prometido volver de su viaje con Rolf para asistir. Nadie quedaría fuera, siquiera el egocéntrico de Zacharias Smith, con quien lidiaba demasiado por trabajo en el ministerio. Odiaba las ideas del ministerio, odiaba las ideas de su esposo, pero amaba ver los ojos de su pequeña reflejados en los suyos.
Cuando Ron volvió a llamarla, y Rose bailó dulcemente con su disfraz, Hermione supo que nada en ese mundo podría hacerla sentir incómoda, si tenía de su familia para estar con ella.