30 maneras de verlo. — capítulo 31
Control Por Cheis
Zacharias creía en muchas cosas. A pesar de que todos lo conocían por escéptico, tenía claras muchas cosas. Estaba seguro de ellas y las afirmaba con vehemencia. Zacharias tenía dominio de sus conocimientos, de sus procesos, de sus haberes. Lo que sabía lo administraba, enjaulaba cada detalle y cada dato en su propia sección, nada escapaba a su vista. Era algo mecánico, ya ni pensaba en ello. A veces culpaba a su familia, pero… juraba no se parecía a ninguno de ellos. Quizás un poco a su padre, pero no lo suficiente. Quizás su abuela, pero demasiado. Zacharias sabía lo que hacía y por qué lo hacía. Todo pasaba por su pequeño radar, era seleccionado, guardado y empaquetado para futuro uso.
Hermione era un libro con patas. O así le habían apodado toda su vida. La realidad era que se había acostumbrado a dicho apodo y ya no le molestaba. Los libros eran parte de ella y lo agradecía. Se sentía perdida sin ellos, era tonto, lo admitía, pero le daban confianza y datos, datos a los cuales atenerse, datos con los que teorizar y armar sus conocimientos. Eran su arma y su ropero. Era donde almacenaba todo, donde aprendía y donde sabía. No creía. Pocas cosas la convencían de creer. Salvo quizás, en los libros. Era y vivía para ellos. Su Biblia según su padre, su obsesión según sus amigos, su placer según su corazón.
Zacharias no sabía de sentimientos. O más bien. Los conocía. No era que no sintiera. No era que no supiera sentir. Simplemente, pasaba de analizarlos. Creía en ellos, y en como controlarlos. Entraban dentro de aquella gran marea de archivos clasificables que era su mente. Cada uno era definido según claras indicaciones culturales que le habían sido ligeramente impuestas, o autoeducadas. Palabra santa. Eran palabras, palabras y cosas. Pero no lograba distinguir más allá de eso. Justin se burlaba de él cada vez que pedían opinara al respecto de algún tipo de sentimiento o algo que le envolviere. Zacharias parecía más tronco que Goyle sobre una escoba. Pero Zacharias sabía más de lo que para si mismo admitía.
Hermione era una chica. Aún cuando a Ron y Harry en su momento hubiesen costado distinguirlo. Como tal, sabía de cosas que los chicos no. Si bien era verdad que de enojona pareciera no pasar, ella sabía, comprendía y entendía. Como toda chica. Le gustaba observar, aunque no tanto como leer, y aprendió muchas cosas. Por eso, entendía. Entendía de sonrisas y pequeños coqueteos. Entendía de palabras como amor, amistad y cariño. Se guiaba por unas y huía de otras. Porque así como tanto entendía, así de torpe era con ello. Los libros eran su armamento. Su escudo. Allí sabía de leyendas, de magias imposibles, sabía de esas cosas que no se atrevería a soñar. Que prefería no creer. Sabía de las ciertas y de las dudosas. Pero conocía. Conocía más de lo que mostraba saber.
Zacharias era el patán de Hufflepuff. Nadie lo dudaba. Si alguien alzaría la voz, criticaría y no se conformaría con tu respuesta. Ese sería él. Smith hasta los huesos. O eso afirmaba su madre. Tal vez, no lo suficiente.
Hermione era la niña del trío. La chica desprolija que vislumbró junto al jugador de quidditch. Era la única capaz de superarte en conocimiento, terquedad y decisión. Hermione sabía que debía resistir. Porque lo supo desde pequeña, infante y discriminada. Porque nunca fue muggle, ni tampoco maga. No en su infancia. Hermione tenía carácter, más del necesario.
Zacharias estaba en dominio de si mismo. Porque todo lo controlaba, todo lo administraba. Era quien era porque así quería, porque así lo buscaba. Cada movimiento, cada creencia y hasta cada saber se conjuntaban para actuar a su voluntad.
Hermione estaba en dominio de si misma. Se había comprometido a usar todo de si misma, ordenar sus pensamientos y sus acciones para lograr sus metas. Demostrar que era buena en lo que hacía y ser quien era. Todo evolucionaba a ello. Porque era sus amigos, pero sobretodo era su saber.
Zacharias y Hermione podrían haber sido opuestos. O quizás, solo choques constantes. Hermione y Zacharias podrían haber sido iguales. O quizás, solo retratos de la imagen del otro. Solo quizás. Porque de opuestos tenían mucho, y también de iguales. Pero, de contrincantes, todo, y de compañeros, lo demás. Aunque Zacharias tuviera su orden, aunque Hermione clasificara sus libros, de control el uno sobre el otro tenían menos de lo que deseaban, y más de lo que obtenían.