Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 27506 · de

Historia 27506 — capítulo 41

Emily esperaba que Lily mejorara con una noche de sueño, pero no fue así. El viernes por la mañana, Emily se despertó oyendo el ruido de la ducha, dentro del baño. Al notar la cama de Lily vacía, supo que era ella quién se encontraba dentro. Como se había duchado la noche anterior, porque Mora le había vaciado una botella entera de cerveza de manteca en la cabeza al notar la enésima mirada de reproche que le lanzaba Emily al verla copiando la tarea de Remus, directamente se puso el uniforme y se sentó en la cama, esperando a que su amiga saliera del baño. Lily salió diez minutos después, con el uniforme ya puesto y el cabello mojado. Tenía ojeras, y estaba pálida como la cera. Sus labios estaban casi de color violeta, y se la veía muy débil.

  • Buenos días – le deseó sin fuerzas a Emily al verla allí sentada. Emily suspiró, y se levantó.

  • Lily, tienes un aspecto horrible – le dijo. Lily se encogió de hombros, y se dirigió hacia su mochila. - ¿Te ocurre algo?

  • No es nada – mintió la pelirroja – me siento perfectamente…

  • No es cierto – murmuró Emily – Lily, no estás bien. ¿Qué te dijo Madame Pomfrey ayer?

Lily levantó la mirada, y suspiró.

  • Nada… dijo que tenía una gripe, pero no era eso, sólo me sentía mal por el alcohol, pero no podía decírselo…

  • Pero Lily – interrumpió Emily – Yo también me puse ebria la otra noche, y no sigo con aspecto de muerta… tal vez sí tengas una gripe…

  • Tal vez. – dijo Lily. Luego, volvió a darse la vuelta, y comenzó a meter sus libros en la mochila. Emily se acercó a ella.

  • Deberías quedarte en cama hoy – le dijo. Lily negó con la cabeza.

  • No puedo…mañana es sábado…

  • Lily, no seas terca – le dijo Emily – Venga, quédate.

Lily estaba por contestar, cuando se oyó un ruido desde una de las camas, y una Mora despeinada y somnolienta se incorporó.

  • ¿Qué hacen despiertas? – preguntó, tratando de no bostezar - ¡Son las ocho y media de la mañana!

  • Es viernes, Mora – le dijo Emily – Tú también deberías estar levantada, al igual que Ayleen y Mary.

  • Pero es feriado… - protestó Mora. Emily y Lily se miraron.

  • ¿Feriado?

Mora suspiró, y les enseñó el calendario que estaba colgado en la pared. El número treinta, del día treinta de enero, estaba en rojo, y debajo decía: “Día de la muerte de Merlín”.

  • ¿Lo habían olvidado? – preguntó Mora. Emily suspiró, y luego rió.

  • Vale, ya estoy vestida – dijo – Voy a bajar a desayunar… - le dirigió una mirada preocupada a Lily – Lily, tú quédate durmiendo un poco más.

  • Estoy bien, Emily – aseguró Lily. Emily suspiró resignada, y bajó las escaleras. En el Gran Salón, se encontró con Sirius y Remus, sentados, charlando con expresión de dormidos. Emily se sentó al lado de su novio, y le besó la mejilla. Al ver su uniforme, Sirius sonrió de un solo lado.

  • No me digan que ustedes también olvidaron que era feriado… - Emily rió con ganas, mientras se servía un poco de jugo de naranja.

  • Lily, ¿estás bien? – preguntó Remus.

  • No, no lo está – contestó Emily, antes de que Lily pudiera decir nada – Tiene gripe, yo le digo que debería quedarse hoy y no me hace caso…

Remus le lanzó una mirada de reproche a Lily.

  • Déjame ver – dijo, poniéndole la mano en la frente, pero no pudo lograr nada, ya que Lily logró zafarse.

  • Ya déjenme – pidió – de acuerdo, no me siento bien…pero estoy castigada, ¿recuerdan? Estar enferma para mí nunca fue un impedimento para hacer lo que tengo que hacer. Voy a curarme sola, en unos días.

  • No vas a curarte con esa actitud – la contradijo Sirius. Lily lo fulminó con la mirada – Tienes que descansar para curarte, roji…

Lily resopló enfadada. Se estaba por levantar y alejarse, cuando vio que la profesora McGonagall se acercaba.

  • Buenos días – les deseó.

  • Buenos días, profesora – contestaron los cuatro. La profesora carraspeó.

  • Como saben, hoy es feriado… - dijo - y es el día en que todos van a Hogsmeade.

  • ¿Enserio? – preguntó Sirius, extrañado - ¿No es mañana?

  • Pero se pasó para hoy, ya que es feriado – explicó la profesora – He puesto un cartel en la Sala Común, y he avisado en clase. ¿Dónde estaba usted, señor Black? - Sirius comenzó a silbar, corriendo la mirada de la de la profesora, y haciendo que Emily riera con ganas. – Como sea… hoy irán todos a Hogsmeade. Así que tendrán que ocuparse de Las Tres Escobas el día entero.

  • ¿El día entero? – saltaron Emily y Remus.

  • ¿Algún problema? – preguntó la profesora. Ambos miraron a Lily, quién volvió a resoplar.

  • Es que… - comenzó Emily, pero Lily la interrumpió:

  • Ninguno, profesora. Muchas gracias, estaremos allí a eso de las diez para abrir el bar antes de que lleguen los alumnos.

La profesora asintió, y se alejó hacia la mesa de los profesores. Tanto Emily como Remus le dirigieron una enfadada mirada de reproche.

  • ¿Por qué hiciste eso? – le reprochó Emily – Me dejabas que le dijera que estás enferma, y te quedabas el día entero reposando.

  • ¡Que no estoy enferma! – exclamó Lily, tratando de evitar un estornudo, cosa que no logró. Al ver que no tenía como rematar, se levantó ofendida y se dirigió a las puertas del Gran Salón. Remus negó con la cabeza.

  • Es una terca… - dijo.

Después del desayuno, Emily fue a despertar a Mora, mientras Remus y Sirius se ocupaban de la ardua tarea de despertar a James. Una vez que lograron tenerlos bien despiertos, bajaron a la Sala Común, donde encontraron a Lily sentada, casi dormida, en uno de los sillones. Al sentir sus pasos, la joven se despertó y se levantó rápidamente. Pero ese gesto hizo que se mareara, y se llevó la mano a la cabeza mientras caía al suelo. Tanto James como Emily corrieron hacia ella, y el muchacho logró tenerla antes de que se cayera.

  • Lily, ¿estás bien? – le preguntó. Ella asintió, y volvió a levantarse, no sin cierto esfuerzo.

  • Lily, de verdad pienso que deberías quedarte – insistió Emily.

  • Ya basta, Emily – pidió Lily – Estoy bien, ¿sí?

Emily suspiró, y asintió. Ella ya no podía hacer nada por su amiga…pero eso no quitaba que se preocupara. Salieron afuera, y caminaron hacia el pueblo. James le puso a Lily su saco, ya que la chica temblaba de frío. Llegaron al bar y se pusieron los uniformes. Lily ocupó su puesto en la caja. Emily suspiró aliviada al recordar que su amiga no tenía que moverse mucho. La gente comenzó a llegar a las once de la mañana. Cerca del mediodía, el bar estaba repleto. Los chicos iban de un lado a otro, con pedidos por todos lados. Lily sentía como todo le daba vueltas. La gente en la caja la apuraba, aunque ella lo hacía lo más rápido que podía. La gente le gritaba en el oído, y ella lo sentía diez veces más fuerte. Le latía la cabeza. Sin embargo, ponía todo su esfuerzo, y forzaba una sonrisa para los clientes. James la miraba con preocupación desde la barra.

  • ¡Hey, Potter! – exclamó de repente uno, haciendo que James dejara de mirar a Lily y volviera a la realidad - ¿Vas a darme mi cerveza de manteca o no?

  • Yo te daré tu cerveza de manteca… - pensó James, imaginando como le tiraba una botella en la cabeza al idiota ese. Sin embargo, se limitó a contestar: – Sí, seguro…

  • ¡Esto es un caos! – exclamó Sirius, mientras Emily tomaba el pedido de una mesa de chicas ravenclaws, mirando la enorme cantidad de gente que había en el bar.

James se dio la vuelta, y notó que se habían acabado las botellas de cerveza de manteca. Miró hacia atrás, y exclamó:

  • ¡Eh, Emily! – Emily lo miró, mientras le entregaba la pequeña hoja con el pedido de las chicas a Remus - ¿Vas a buscar las cajas de cerveza de manteca que hay en la despensa?

Emily asintió, y subió las escaleras que daban a la despensa. Abrió la puerta, y prendió la luz. La despensa era un pequeño y apretujado cuartito, casi oscuro, dónde entraban máximo dos personas. Emily comenzó a buscar las cajas, y se lamentó al notar que estaban arriba, en el último estante. Se llevó la mano al bolsillo, y notó que había dejado la varita en el colegio. No le quedó más remedio, y tomó la escalera que había del lado de afuera, apoyada en la pared. Subió lentamente, pero aunque se paró en el último escalón, aún no llegaba. Se puso en puntas de pie, tratando de alcanzarlas. Ya casi…ya casi las tenía…

  • Mily, ¿Qué haces? – al oír una voz que no esperaba, Emily se sobresaltó, perdiendo el equilibrio, y cayendo de bruces, con todas las cajas de cerveza de manteca cayendo sobre ella.

Debajo, se oyó un estruendo, y todo el bar se calló.

  • ¡Emily! – exclamó Mora, y corrió hacia la despensa. La luz se había apagado. Al volver a prenderla, vio un montón de cajas apiladas. - ¿Emily?

  • Au… - dijo una voz ahogada, debajo de las cajas. Mora y Remus, que había llegado detrás de ella, se apresuraron a quitar las cajas. Emily estaba tirada en el suelo, encima de Sirius, y se frotaba la cabeza. A Sirius le sangraba el labio, y Emily había chocado la cabeza contra la escalera, y le sangraba la sien.

  • ¿Están bien? – preguntó Mora, ayudando a su amiga a levantarse.

  • Me asustó… - susurró ella – Estoy bien, de todos modos…ay – se quejó, llevándose la mano al tobillo.

  • Eres una torpe – se mofó Sirius, mientras tomaba la mano de Remus y se levantaba. – Y lo peor, es que eres una torpe con suerte. Podías haberte matado… ¿qué hacías de puntas de pie en la escalera?

  • ¡Buscaba las cajas! – se defendió ella, mientras se volvía a sentar y se frotaba el tobillo – Además, si tú no hubieras llegado y me hubieras asustado, estaría perfecta.

Sirius bufó, y se arrodilló a su lado.

  • ¿Te duele? – le preguntó, doblándole el tobillo. La respuesta estuvo en la expresión de Emily.

  • Hay un botiquín de primeros auxilios en el fondo – dijo Remus. – Allí deben tener algo… dejé mi varita en el castillo, no puedo hacer nada…

  • Todos lo hicimos – dijo Mora – Nadie se acordó de traerla…

Sirius negó con la cabeza, y le dio la espalda a Emily, para que ella montara sobre él.

  • Soy pesada… - dijo Emily, algo cohibida. Sirius lanzó un resoplido.

  • Vamos, súbete, no puedes caminar.

Emily obedeció, y Sirius la llevó hacia la parte trasera del local.

  • ¿Están bien los dos? – les preguntó Lily, cuando los vio pasar. Sirius asintió.

  • Bueno – dijo Remus, mientras posaba una de las cajas de cerveza de manteca sobre la barra – hasta que no vuelvan Sirius y Emily tenemos un solo mozo…

  • Suerte – le deseó Mora, con media sonrisa, dirigiéndose detrás de la barra. Remus bufó enojado, y comenzó a encargarse de las mesas.

Sin Sirius y sin Emily, quienes estaban ocupándose de sus heridas en la parte trasera del negocio, todo era mucho más complicado. La gente se volvía cada vez más demandante, y los chicos estaban cada vez más agotados. Lily no podía más. Sentía sueño, le dolía todo el cuerpo y la cabeza le daba vueltas. Casi ni oía a los clientes, sólo un molesto ruido de fondo. Hasta el ruido de la caja al abrirse le molestaba. Quería que todo terminara, para poder irse a la cama y dormir las siguientes veinticuatro horas. Sin embargo, recién era el mediodía: le quedaban aún varias horas de trabajo duro.

  • ¡Aquí está el pedido! – exclamó James, dejando sobre la barra una bandeja con un ron de grosellas, un hidromiel y dos galletitas de limón. Lily miró hacia donde Remus se estaba ocupando de un par de niños de tercero que querían tomar algo, y rápido. Seguramente no lo habría oído. Sirius y Emily aún no habían vuelto, y Mora se estaba ocupando de mantener el orden en la sala. No le quedaba más remedio: dejó la caja, ya que nadie estaba allí por el momento, y tomó la bandeja. Miró el papel en la bandeja, que decía Mesa 5. Lily tomó la bandeja con sumo cuidado, y se dirigió a la mesa. Nadie se había fijado en ella. Estaban todos demasiado ocupados en lo suyo. Comenzó a caminar: cada vez estaba más mareada. Pero iba a llegar, tenía que llegar. Sentía como si sus piernas fueran de gelatina: iba perdiendo la fuerza a medida que avanzaba. Los párpados la traicionaban, y hacían fuerza para cerrarse. Todo comenzó a darle vueltas. Sintió una presión muy fuerte en la cabeza… y se sintió desfallecer.

James se giró justo a tiempo, para ver como Lily dejaba caer la bandeja.

  • ¡Lily, no! – exclamó, dejando la canilla de dónde salía el hidromiel abierta. Pero aquello no le importó. Corrió lo más rápido que pudo, y logró atrapar a Lily antes de que esta cayera al suelo. Sin embargo, el peso de su cuerpo fue demasiado, y James cayó sentado, pero con Lily en brazos. Se oyó el ruido de las dos tazas y el plato de vidrio, haciéndose añicos. Todo el bar se quedó en un completo silencio.

  • ¡Lily! – se oyó la voz de Emily, quién acababa de salir de la habitación trasera, con una venda y un tabique en el tobillo izquierdo. Emily trató de correr hacia ellos, y se agachó al lado de James. Sirius, Remus y Mora también se acercaron, preocupados - ¡Lily, Lily, despierta!

James le puso una mano en la frente.

  • Tiene fiebre – murmuró. Emily levantó la mirada.

  • Sabía que tenía que quedarse hoy… - se lamentó. Sirius la ayudó a levantarse, mientras Remus y Mora lo ayudaban a James. Todo el bar los miraba. James miró fijo a sus compañeros.

  • ¿Les importa ocuparse mientras llevo a Lily al casillo? – preguntó. Todos negaron con la cabeza, y James salió del bar, con Lily desmayada en brazos.