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Historia 27506 — capítulo 40

Un rayo de sol le dio de lleno en la cara. La joven se tapó la cara con los brazos. Que dolor de cabeza… aún no bajaba de su nube. En realidad, seguía dormida, pero con más consciencia de lo normal. Poco a poco, iba sintiendo como su cabeza quería explotar. El dolor era cada vez más fuerte. De repente, se sintió incómoda, y sintió…frío. Mucho frío. Se abrazó el cuerpo, pero la cabeza le dolió aún más, así que dejó escapar un gemido de dolor. Su colchón, de repente, era muy duro. Como si... como si hubiera dormido en el piso. Con mucho esfuerzo, abrió un ojo…luego el otro…y se dio cuenta de que no estaba en su dormitorio. Dejó escapar un grito agudo, que retumbó en su propia cabeza, y se tapó con los brazos.

  • ¡Lily, deja de gritar! – se oyó la voz de Mora, ahogada.

Lily bufó. Con mucho esfuerzo, otra vez, giró la muñeca y miró el reloj. Al principio no se dio cuenta de la hora que era, pero al ver como la aguja pequeña señalaba el número nueve, y la grande entre el cinco y el seis, tuvo que enterarse.

  • ¡No! – gritó, incorporándose. Se mareó al principio, pero el hecho de estar llegando a clase la mantuvo de pie. - ¡Son las nueve y media! ¡Estamos tarde!

Nadie le hizo caso. Lily miró alrededor. James estaba tirado en el suelo, con la boca abierta y los brazos estirados, con una botella en la mano. Remus estaba sentado en una silla, con la cabeza caída, y Mora dormía sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en su regazo. Emily y Sirius, por su lado, se habían quedado dormidos detrás de la barra, apoyando la espalda en ella.

  • Emily – susurró Lily, agachándose a su lado. Emily dejó escapar un gemido – Emily, tenemos Pociones… estamos llegando tarde…vamos, levántate…

Al oír aquello, Emily abrió los ojos rápidamente, pero se arrepintió al instante, y se llevó las manos a los ojos.

  • Ah, la luz… - se quejó – que dolor de cabeza…

  • Emily, vamos, la clase empieza en… - volvió a mirar su reloj – ¡tres minutos!

  • ¿¡QUE!? – esta vez fue Sirius quién saltó sobre sí mismo - ¿Tres minutos? ¡No! ¡Si vuelvo a llegar tarde me van a castigar…otra vez! ¡Tal vez me suspendan! ¡No puedo llegar tarde!

  • ¿Te pueden suspender? – preguntó Emily. Sirius asintió. – Uh…

  • La bruja de McGonagall me amenazó – dijo - ¡Ahora va…!

Pero no pudo seguir hablando. Apenas se levantó, se llevó una mano a la cabeza, otra al estómago, y casi se cae, sino fuera porque Emily lo atajó.

  • ¡Sirius! ¿Estás bien? – exclamó.

  • ¡YA DEJEN DE GRITAR! – se oyó la voz de Mora, del otro lado. Lily bufó.

  • Ella tiene suerte porque no tiene clase… voy a dejarles una nota, no quiero despertarlos – dijo. Tomó la varita, y escribió algo en una hoja de papel, ya que no encontró lapicera. Sin siquiera pararse frente a un espejo, salieron corriendo hacia fuera. Fue recién cuando cerraron la puerta que Lily preguntó:

  • ¿Y James?

  • ¡Lo sentimos mucho, profesor! – jadeó Lily, al entrar a clases. Emily casi cae encima de ella. Toda la clase se dio vuelta a mirarlas. Emily estaba roja como un tomate, y se ocultaba detrás de Lily. El profesor las observó un instante, dándose la vuelta con la tiza en la mano, y luego sonrió dulcemente.

  • No se preocupen, chicas – dijo – No están tan tarde, sólo… - miró su reloj – diez minutos…quince, máximo…venga, siéntense aquí adelante…

Lily miró alrededor. Sólo quedaban dos lugares delante, y dos al fondo. Le hizo una seña a Emily, y ambas se sentaron adelante. Habían tenido que subir corriendo a la Sala Común, a buscar las mochilas, y luego habían bajado. Aún jadeaban. El profesor volvió a darse la vuelta, y continuó escribiendo. Mientras se instalaba, Emily miró discretamente hacia atrás, dónde Sirius y James se colaban silenciosamente dentro de la clase, y se sentaban en los asientos del fondo. Sirius le hizo una seña a Emily, una vez que estuvo sentado, y Emily volvió a darse la vuelta. Tanto ellos cuatro como el resto de los alumnos pensaron que el profesor no se había fijado en ese detalle, hasta que dijo:

  • Potter, Black, llegan quince minutos tarde, fuera de mi clase.

  • ¿¡Que!? – exclamó Sirius - ¡No, profesor! ¡Por favor!

  • No – declaró el profesor – Ya es la quinta vez que llegan tarde a mi clase desde que empezó el año. Van a ver a la profesora McGonagall ahora.

  • ¿Entonces por qué nosotras no? – preguntó Lily en voz alta. Todos se giraron a mirarla. James hizo un gesto para silenciarla, pero Lily no le hizo caso.

  • Porque ustedes es la primera vez que llegan tarde – explicó el profesor – mientras que ellos ya es la quinta vez.

  • Pero si los manda a ellos también debería mandarnos a nosotras, ¿no? – preguntó Emily, levantándose al igual que Lily. El profesor pasó su mirada de las chicas a los chicos, y luego a las chicas. Luego, suspiró.

  • Bueno, pueden quedarse – dijo, resignado. James y Sirius chocaron las manos, con un grito de alegría – Pero que sea la última vez.

  • ¡Lo prometemos! – dijo James, tirándole un beso a Lily, mientras las dos chicas volvían a sentarse, sonrientes.

Las dos horas que siguieron fueron un completo desastre. Ninguno quería que se notara que no estaban en su mejor estado, así que ponían su mejor esfuerzo. Pero aquello fue peor. Emily supo que nunca había sufrido tanto en una clase. Después de media hora de esfuerzos, Emily no soportó más: le dolía el estómago, sentía como si la cabeza le fuera a estallar, todo le daba vueltas y los oídos le zumbaban. Tuvo un segundo para mirar a Lily, y tuvo que salir corriendo para no vomitar todo lo que había tomado sobre su caldero.

  • ¿Qué le ocurrió? – preguntó el profesor Slughorn, cuando vio como Emily abría la puerta de la mazmorra y salía corriendo. Lily miró al profesor.

  • Eh…creo que no se siente muy bien, profesor… - murmuró, mientras ella también comenzaba a sentir ese dolor de cabeza infernal – Y de hecho…yo tampoco me siento muy bien…

  • ¿Gripe? – preguntó el profesor. Lily no lo oyó. Miró a James, y notó lo pálido que estaba su novio. Sin embargo, lograba mantenerse de pie, algo que ni ella ni Emily habían logrado en toda la hora, quedándose sentadas en sus bancos el mayor tiempo posible. – Lily, ¿quieres ir a la enfermería?

  • Eh…creo que… - murmuró Lily. Los oídos le zumbaban cada vez más fuerte. –…sí.

  • Señor Potter – al escuchar el apellido de James, Lily suspiró aliviada. Pero no tanto como James. - ¿Quiere acompañarla a la enfermería, por favor?

  • Sí, señor – Lily no entendía como James podía hablar con tanta seguridad. ¿Acaso él no se sentía fatal también?

  • Señor Black – al oír su apellido, Sirius levantó la vista de su caldero - ¿Quiere ir a buscar a la señorita Perednik y llevarla a la enfermería también? Debe ser una epidemia…

  • Sí, señor – Sirius salió del aula lentamente. James se acercó a Lily, la ayudó a levantarse y la llevó hacia fuera.

  • Que dolor de cabeza… - se quejó Sirius, mientras caminaban por el pasillo.

  • ¿Cómo puede ser que estén así? – preguntó Lily – Es decir…yo no puedo ni mantenerme parada…ay, me duele…

Lily se llevó una mano al estómago, y luego la otra a la boca. Rápidamente, se soltó de James y se tiró al suelo.

  • ¡Lily! – exclamó James, mientras Lily vomitaba en el suelo. – Ah, que lindo…vamos a limpiar esto…Sirius, ayúdame.

James se rodeó el hombro con el brazo de Lily, quién seguía tirada en el suelo, y la levantó lentamente.

  • ¡Fregotego! – exclamó Sirius, apuntando al suelo, con expresión de asco. – Voy a buscar a Mily, chicos…debe estar en el baño.

Dicho esto, se fue hacia el lado del baño de las chicas. Lily miró a James con la expresión más fuerte que pudo.

  • ¿Cómo hacen para estar tan…bien? – preguntó. James se encogió de hombros.

  • No estamos bien – contestó – También nos duele la cabeza, nos da vueltas todo, se nos revuelve el estómago y sentimos el zumbido en los oídos…es eso lo que sientes, ¿no? – Lily asintió – pero sabemos controlarlo. Estamos acostumbrados… ¡la cantidad de veces que hemos llegado así a clases! Ya se te pasará, Lily, lo prometo. Lamento haberte metido en esta situación…

A Lily le sonó raro que James se disculpara por haber hecho que tomara la noche anterior…pero al ver su expresión de tristeza no lo cuestionó. Sin embargo, sentía que James estaba raro, y no sabía – ni tenía la fuerza para pensarlo – el porqué.

  • ¿Mily? – Sirius tocó a la puerta del baño de mujeres. Se oyó una arcada, y a Sirius le dio un escalofrío - ¿Mily, estás bien?

  • ¡No! – se oyó la compungida y ahogada voz de Emily.

  • ¿Puedo entrar? – preguntó Sirius. Como toda respuesta, se oyó otro ruido de arcadas. Sirius abrió la puerta. Emily se encontraba en uno de los cubículos, pálida como la cera, casi tirada por completo en el suelo. Sirius se acercó rápidamente a ella y trató de ayudarla a incorporarse. Apoyó su espalda contra la pared, mientras le acariciaba la mejilla. – Estás en un estado deplorable…

  • No, te parece – se mofó ella, con la poca voz que le salía.

  • ¿Nunca habías tomado alcohol? – preguntó Sirius, mientras se sentaba a su lado. Emily negó con la cabeza – No sabía eso, Mily…lo lamento…

  • No fue culpa tuya – susurró Emily, tratando de ahorrar su energía – Yo fui la idiota que tomó de más… yo fui la idiota que creyó que si tomaba ibas a quererme más.

  • ¿Qué? – preguntó Sirius, dándose vuelta a mirarla, con las cejas alzadas. Emily suspiró.

  • Creo que…inconscientemente, creía que si no tomaba anoche, ibas a creer que yo era una tonta aguafiestas, una aburrida…e ibas a dejar de quererme. Es esa inseguridad permanente que tengo… porque sé que no soy nadie para un chico como tú, Sirius. Y yo…

  • Basta – la calló Sirius. Emily obedeció, y cerró la boca. Sirius sonrió levemente. – Emily, después de todo lo que pasamos para estar juntos, ¿por qué iba a dejarte por ser racional? Anoche eras la única que quería parar aquella locura. Fue una estupidez lo que hicimos… míranos a todos ahora. Yo estoy acostumbrado, pero sigo sintiendo como mi cabeza da vueltas… Mily, es eso lo que a mi me gusta de ti.

  • ¿Qué, que sea una insegura y termine vomitando en el baño del colegio o que sea la aguafiestas que se aburre cuando sale por la noche? – preguntó Emily con media sonrisa. Sirius rió.

  • No, que seas como eres. – dijo - Te quiero como a nadie, Mily…no lo olvides nunca. – Sirius trató de acercarse para besarla suavemente, pero Emily puso la mano entre sus dos labios.

  • ¡No, no me beses, que tengo mal aliento! – exclamó. Sirius resopló suavemente. - ¡Por favor!

Sirius sonrió, mientras negaba con la cabeza.

  • Vale, pero me debes un beso, ¿eh? – Emily rió.

  • Tenemos tiempo, Sirius…

Lily pasó el día entero dormitando en la enfermería, al igual que Emily. Sirius y James lograron soportar el día entero de clase. Cuando llegaron a encantamientos, Peter salió corriendo a su encuentro, gritando a los cuatro vientos qué había pasado con ellos la noche anterior. Por suerte no había ningún profesor, y lograron callarlo antes de que el profesor Flitwick llegara.

  • Luego te explico – le dijo James, mientras veía como Remus y Mora llegaban corriendo.

Mora se sentía bastante mal, pero había logrado sobreponerse, al igual que Remus, y lograron soportar el día entero sin levantar sospechas. Por la tarde, cuando terminaron las clases, después de herbología, Remus, Mora, James y Sirius fueron a la enfermería, a buscar a las dos que seguían allí. Al abrir la puerta, encontraron a Emily leyendo en una cama, y a Lily dormitando en otra.

  • ¿Cómo estás, Mily?

  • Mucho mejor – confesó Emily, saliendo de la cama con una sonrisa – Creo que estoy lista para volver a trabajar…pero… - miró hacia la cama de Lily, dónde James se había acercado – Lily sigue bastante mal…

  • Estoy bien – dijo Lily con voz ronca. Emily se sobresaltó, ya que no sabía que estaba despierta. – Vamos, que tengo que cumplir con el castigo…

  • Lily, no estás bien – le dijo James, mirando lo pálida que estaba – Creo que deberías quedarte hoy…

  • No, estoy bien – Lily se levantó de la cama, y se puso los zapatos – Ya debemos ir, ¿no?

Todos asintieron. Tanto Emily como James miraban a Lily con preocupación.