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Historia 27506 — capítulo 39
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¿Se dan cuenta que no ha parado de nevar en todo el mes? – se quejó James, mirando por la ventana de la Sala Común. Era sábado 24 de enero por la noche, y todos se encontraban allí.
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Es verdad…este año ha nevado como nunca – admitió Lily, quien estaba sentada frente a él, en el alféizar de la ventana - ¿Por qué será?
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Dicen que cuando nieva mucho va a pasar algo importante – contó Mora, sentada frente a la chimenea. Remus bufó divertido.
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¿Es verdad? – preguntó Sirius. Mora se encogió de hombros.
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No lo es, Sirius – sonrió Emily. Sirius lanzó un resoplido. - ¿Recuerdan que mañana nos toca comenzar el castigo?
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Me pregunto qué tan duro será – murmuró James, tomando la mano de Lily entre las suyas – Es decir…nunca he hecho un castigo como este…y eso que he tenido que cumplir muchos castigos.
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Concuerdo contigo, amigo – concretó Sirius. Emily le lanzó una mirada asesina - ¿Qué? ¡Es verdad!
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Lamentablemente, sí… - murmuró Lily – Pero ahora has conocido a Súper Emily, Sirius, ¡Y ya no tienes esos problemas!
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Yo no te lo aseguro… - murmuró Remus, haciendo que todos rieran.
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Adelante – susurró James con una sonrisa, abriendo la puerta de las Tres Escobas y dejando pasar a las tres muchachas. Emily sintió una oleada de calor al entrar en el local, y suspiró aliviada. Se quitó el abrigo al mismo tiempo que Lily y Mora, la boina que llevaba en la cabeza, los guantes y la bufanda, y los dejó colgados en el perchero que había en la entrada.
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¿Hoy te dejaste el cabello suelto? – le preguntó Remus, cuando entró detrás de Sirius. El bar estaba completamente vacío – Te queda bonito.
Emily sonrió.
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En realidad…fue porque tenía frío – confesó. Remus bufó divertido.
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Bienvenidos – se oyó una voz detrás de ellos. Madame Rosmerta los esperaba con seis botellas de cerveza de manteca, sentada en una mesa redonda. Los seis jóvenes se acercaron, y se sentaron en una silla cada uno. Emily miraba la expresión de Madame Rosmerta: Nunca la había visto tan contenta. Al fin obtenía sus merecidas vacaciones. Y ellos la reemplazarían - ¿Son ustedes seis?
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James Potter a tus órdenes, Rosmie – sonrió seductoramente James. Lily le pegó una patada bajo la mesa.
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Tanto tiempo, James – sonrió Rosmerta – Veo que también está Sirius… - Sirius dejó ver una suave sonrisa - ¿Y cuál era tu nombre? – le preguntó a Remus.
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Remus Lupin – contestó este. Rosmerta miró a las tres muchachas.
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Lily Evans – se presentó la pelirroja.
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Emily Perednik.
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Mora O’Connor.
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Bien – Rosmerta se sentó recta, los miró a ambos uno por uno, y se detuvo en Sirius abriendo su botella de Cerveza. – Todos saben que hoy me voy de vacaciones, una semana. Vuelvo el sábado que viene. Ustedes se tienen que ocupar del bar hasta entonces, según me ha comentado la Profesora McGonagall. Antes de irme, voy a darles algunas indicaciones:
“Primero, quiero que antes de salir, guarden todo en su lugar, apaguen las luces y cierren todo muy bien. Segundo, usen los uniformes que les dejé en el bolso en la cocina. Hay justo seis. Tercero, traten bien a los clientes. Siempre con una sonrisa. Recuerden, el cliente siempre tiene la razón. Creo que eso es todo… ¿Entendido?
Todos asintieron. Rosmerta les explicó una que otra cosa, y les indicó que el bar abría en una hora. Luego, tomó su bolso, se despidió de los seis, y salió del bar.
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Bueno…aquí empieza nuestro castigo – dijo James - ¿Quién se anima a ver los uniformes?
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¿Por qué dices eso? – preguntó Emily - ¿Qué tiene de malo usar uniformes?
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Que con el gusto de Rosmerta para la ropa, seguro nos hace usar piel de elefante – murmuró Sirius - ¿Quién se lo prueba primero?
Mora abrió la puerta de la cocina, y los hizo pasar. En la mesada principal, había un bolso negro. Lily se acercó, metió la mano… y sacó un ejemplar de uniforme.
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Bueno…no está tan mal… - murmuró Mora. El de las chicas estaba compuesto por una falda azul oscuro que llegaba hasta arriba de las rodillas, una camisa blanca de mangas largas, unas medias del mismo color que la falda hasta debajo de las rodillas y un par de zapatos negros de charol, con taco y un broche en el tobillo. Encima de ello, tenían que ponerse un delantal del mismo color que la falda, con el escudo de las Tres Escobas en la zona del corazón, y que se ataba detrás del cuello y en la cintura. El de los chicos era prácticamente igual, sólo que en vez de falda llevaban pantalón, los zapatos eran parecidos a los que llevaban para ir al colegio, y el delantal sólo ocupaba la parte de abajo.
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A mi me gustan – sonrió Emily, tomando uno - ¿Qué te parece, Sirius?
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Que ya quiero verte con eso puesto – sonrió el pelinegro, haciendo que Emily riera.
Los seis se dirigieron a los baños del bar, y se pusieron los uniformes.
Se fijaron que todo funcionara correctamente, Lily calculó la cantidad de dinero en la caja, y luego de controlar todo lo necesario, al cabo de una hora, abrieron el negocio.
Los clientes aquél día no fueron muchos. Algunos fueron compasivos, notando que sólo eran principiantes. Otros, no tanto. Pero con Mora a cargo, nadie se atrevía a replicar nada. James servía las bebidas en la barra. Emily, Sirius y Remus paseaban por el bar, preguntándole a la gente que querían para beber. Lily, en la caja, con una sonrisa de oreja a oreja, se ocupaba de las finanzas. Mora, por su lado, iba de un lado para otro, cerciorándose que aún hubiera provisiones, vigilando a los clientes y ocupándose del negocio en general. Cerraron a las ocho, ya que tenían que volver al colegio, para al día siguiente ir a clases.
Al día siguiente, después de clases, todos se dirigieron al pueblo y abrieron el bar. Durante la mañana, mientras ellos estaban en el colegio, eran tres elfos domésticos quienes se ocupaban del bar.
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Hola, Lyla, Munly, Gryte – saludó Lily a los tres elfos domésticos, apenas entró. La profesora McGonagall le había advertido, aquél día, que no se asustara al ver a los elfos. Ella se lo había contado a Emily y a Mora. Sin embargo, los tres chicos, al verlos, se sobresaltaron.
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¡LADRONES! – gritó Sirius, sacando su varita.
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¡SALGAN DE AQUÍ! – gritó James, poniéndose a la defensiva. Lily y Emily se miraron, y estallaron en carcajadas. Sirius y James bajaron un poco la varita, pero Sirius continuó mirando a los elfos, quienes se habían acurrucado entre ellos - ¿Qué?
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Sirius, James, son empleados aquí – explicó Lily, mientras se enjugaba las lágrimas de risa. James bufó, y volvió a guardar su varita.
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¿Tú sabías, Remus? – preguntó Mora. Remus se encogió de hombros.
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Lo suponía.
Así pasaron los días. Los chicos hacían bien su trabajo, y eso generaba clientes. Nunca estaba el bar lleno, pero sin embargo, las ganancias eran razonables. Lo que los complicaba bastante, eran los deberes. Porque, claro, no se habían librado de los deberes por trabajar. Se turnaban para hacer los deberes durante las horas de trabajo, y tanto Emily como Lily o Remus tenían que funcionar de profesores particulares para que Mora, James o Sirius hicieran sus deberes.
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¡Eres inteligente! – le había dicho Emily a Sirius el lunes por la tarde, mientras trataba de explicarle Transformaciones – No es que no puedas, es que no quieres.
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Quiero continuar suponiendo que no puedo, así me explicas – le dijo Sirius con una sonrisa, haciendo que Emily se sonrojara.
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¡Sirius “maquina-de-excusas” Black! – gritaba Mora, de vez en cuando - ¡Una excusa para no hacer lo de Encantamientos!
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¡Se me van acabando! – le solía contestar Sirius – No tengo tantas…Pero Flitwick no va a decirte nada. Le dices que se la comió tu perro y te cree…
Emily, Lily y Remus los miraban con reproche. Ninguno de los tres querían pasarles la tarea, y los demás tenían que arreglarse con lo que tenían.
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James, ¿te das cuenta que llevas secando ese vaso desde hace cuarenta y cinco minutos? – le reprochó Lily el miércoles por la tarde, mientras contaba las ganancias de aquél día.
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Sí, pero ¿no se supone que eso hacen los barmans? – preguntó James, mientras agitaba el trapo - ¿Secar siempre el mismo vaso para quedar bien?
Mora, quién estaba sentada en las rodillas de Remus sobre una silla, estalló en carcajadas.
- James, tu concepto de “barman” es completamente erróneo – dijo Emily, acostada sobre la barra.
Ya eran las siete y media, y no venía ningún cliente desde hacía una hora. Aquél día, estaba todo cubierto de nieve, y el pueblo, al ser miércoles, estaba casi vacío.
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Vale, entonces diviértanme – pidió James – Ya no hay más vasos para lavar. ¿Nadie quiere una cerveza de manteca?
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Podríamos…aprovechar – sugirió Sirius – Digo, tenemos una barra entera de Whisky de fuego, hidromiel, ron de grosella… ¡Hasta Whisky envejecido de Ogden!
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¡Sirius! – lo retó Emily - ¡No podemos hacer eso!
Mora giró la mirada.
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Eso es una buena idea – dijo – Total…no hay mucho para hacer…yo quiero probar el ron.
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Genial – dijo James, sacando una botella de Whisky de fuego - ¿Quién quiere?
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¡James! – exclamó Lily - ¿Qué haces?
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Vamos, Lily – la trató de convencer James, mientras abría la botella – Rosmerta nunca dijo que no podíamos tomar. Luego le damos el dinero. ¿Qué problema hay? No vamos a robarlo.
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Pero… - Lily miró la botella con desconfianza. Mora se levantó, y tomó un vaso. – pero…
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Vas a negarme que te gusta – le dijo James, con una sonrisa, mientras se acercaba a ella con un vaso en la mano – Lily, yo se que te gusta…
Lily trataba de no respirar. La verdad, era que había probado el Whisky de fuego en la fiesta de compromiso de la prima de James, y le había gustado mucho. Pero no quería tomar…no ese día. Su sensibilidad hacia el alcohol era muy alta.
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Vamos, Lily… - James la abrazó suavemente por la cintura, mientras le ponía el vaso cerca de la nariz y la boca cerca del oído. – Diviértete un poco…
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Dame eso – Lily tomó el vaso y se lo tomó de un trago. James estalló en carcajadas.
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Que alcohólica, Roji – se burló Sirius, mientras buscaba debajo de la barra - ¿Algún pedido especial?
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Yo quiero algo – dijo Remus. Mora lo miró sorprendida.
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¡Miren al señor responsable! – se mofó. Remus lanzó un bufido.
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Me gusta tomar, no estoy haciendo nada malo, ya soy mayor de edad – dijo, mientras tomaba un vaso que le alcanzaba James. Sirius sintió como alguien lo tomaba de la muñeca, y se giró para ver el brillo de reproche en los ojos de su novia.
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Vamos, Mily – le dijo – Mira a Lily…ella ya está casi borracha. Y sólo tomó dos vasos.
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¡Mentira! – gritó Lily, mientras le sacaba la lengua.
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¿Lo ves?
Emily miró a su alrededor, y luego el vaso que le ofrecía Sirius.
- Esto no está bien – dijo – No podemos tomar lo que no es nuestro así como.... ¡No, Sirius, no!
Se tapó los ojos. Sirius la miraba con una expresión que Emily conocía muy bien. Sirius se fue acercando a ella lentamente.
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Mily…mírame – rogó.
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¡No! – exclamó Emily - ¡Soy sensible a esas cosas!
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Mily… - Sirius le tomó las manos, y suavemente se las quitó de los ojos. Emily abrió lentamente un ojo y le vio la cara…James tenía que meterse el puño en la boca para no reír.
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Pero…yo…es que… - balbuceó Emily. Finalmente, suspiró – Vale…pero un solo vaso.
Sirius sonrió.
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¡Otra copa, Potter! – gritó Emily, desde las rodillas de Sirius, alzando su vaso. Ya era la medianoche, y aún no se habían ido del bar. James, casi tambaleándose, le sirvió un vaso lleno a Emily, y se tiró en el piso, al lado de Lily. Remus se encontraba acostado sobre la barra, con un vaso en la mano, y Mora sentada en una silla, directamente con la botella. Emily se tomó el contenido de un trago, dejó el vaso en la mesa, miró a Sirius a los ojos, y comenzó a besarlo apasionadamente. Sirius no se hizo rogar, y la abrazó por la cintura.
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¡Me siento mal! – gritó Lily de repente, haciendo que todos se sobresaltaran. - ¡Además, veo triple! ¡No soporto a tres Black, ni a tres James, quiero ver normal!
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¿Quieres otro vaso? – preguntó James, semi-dormido, tirado en el suelo.
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¡NO! ¡NO QUIERO OTRO VASO! – gritó Lily, mientras trataba de levantarse. Pero lo único que logró fue tambalearse un poco, y caer sobre sí misma. - ¡COMO SI FUERA POCO! ¡NO ME PUEDO LEVANTAR! ¡ALGUNO DE LOS TRES REMUS, QUE ME AYUDE!
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Deja de gritar, Lily, me duele la cabeza – dijo Remus, mientras se tapaba los oídos, y trataba de levantar la cabeza, sin éxito. Emily y Sirius seguían en su mundo, sentados en la silla.
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Soy una basura – declaró de pronto Mora. Todos la miraron. Emily y Sirius dejaron de besarse, y dirigieron su mirada hacia ella. – Yo no merezco vivir… pero, ¿saben chicos? – sonrió, aunque algo débilmente - ¡Los quiero mucho a todos!
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¡Noo! – exclamó Emily - ¡Mora, no te mueras! ¡Te vamos a extrañar!
Dejó escapar un fingido sollozo.
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¡Los quiero! – exclamó Mora, alzando la botella, sonriendo atontadamente - ¡Los quiero mucho!
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Nosotros también te queremos, O’Connor… - declaró Sirius. Emily, tambaleante, se levantó, y fue a sentarse en el suelo, al lado de Mora, mientras la abrazaba por los hombros - ¡No, Mily, no te vayas! ¡Quiero beso, más, más, más!
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¡YA DEJA LA DEPENDENCIA HACIA LA MUJER! – gritó Lily - ¿ES QUE NO PUEDES VIVIR SIN UNA MUJER QUE TE ESTÉ TODO EL DíA TOQUETEANDO?
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¡Hablo la señorita no-dejo-a-mi-novio-en-paz! – exclamó Sirius, mientras se sentaba junto a Emily y apoyaba su cabeza en el regazo de la joven - ¡La necesitada aquí eres tú, Evans! ¡Elegiste a James porque estabas necesitada, eras la única adolescente de todo el colegio que no había tenido su primer beso!
Todos se quedaron en silencio. Remus se incorporó, despeinado, y se sentó con las piernas cruzadas sobre la barra y la boca entreabierta. Mora y Emily miraron a Lily con los ojos abiertos como platos.
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¿Soy…tu primer novio? – balbuceó James con voz gutural. Lily estaba roja como un tomate.
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¡Es…es mentira! – trató de excusarse, pero fue evidente que nadie le creyó - ¡Yo…yo…! Bueno, está bien. Salí con uno que otro chico… pero nunca besé a nadie. ¿Felices? Mi primer beso fue a los diecisiete años.
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Wow – murmuró Emily – la chica más linda del colegio…la más codiciada… ¿la última en besar a alguien? ¿Soy más fácil que Lily Evans?
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Tú eres muy fácil, Emily – le dijo James, mientras le daba un sorbo a la botella – Eres una puta, literalmente.
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¡Sí! – exclamó Emily, alzando los brazos - ¡Soy fácil! ¡Wiiiiiii!
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¡Emily no es fácil! – exclamó Lily – Si no, ¿por qué rechazó a Black tanto tiempo?
La expresión de Emily cambió al instante. En vez de la sonrisa aniñada y emocionada, de sus labios brotaba un puchero, y inspiraba rápidamente y pequeñito por la nariz.
- Pero, pero… - sollozó - ¡Yo quiero ser fácil! ¡Así, como Analí!
Mora la rodeó por los hombros, mientras ella continuaba sollozando.
- ¿Analí Davis? ¿La huffie? – preguntó Sirius. En su expresión se denotaba que no estaba completamente en sus cabales. Al verlo con los ojos entrecerrados, el cabello despeinado, la boca entreabierta, y esa mirada de loco, cualquiera hubiera salido corriendo - ¿La chica que me engañó?
Todos dirigieron su mirada hacia Sirius, quién se tapó la boca con las manos.
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¿Te…engañó? – preguntó Remus, incrédulo - ¿Una chica te engañó a ti?
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Pensé que eras tú el que engañabas a las mujeres, Black – le dijo Lily despectivamente.
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¡Yo nunca engañé a ninguna mujer! – exclamó Sirius - ¡Me parece inmoral, un gesto de cobardía, un acto innoble! ¡Puedo ser muy duro, y muy mujeriego, pero jamás engañaría a una mujer!
Emily dejó escapar un sollozo, y lo abrazó con fuerza.
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¡Pobre, pobre mi osito, que le rompieron el corazón! – lloró. Sirius le devolvió el abrazo.
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¿Con quién te engañó esa zorra, Canuto? – preguntó James, quién se había incorporado, haciendo gestos con el puño.
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Con Ashton Limely, el Slytherin… - murmuró Sirius, mientras Emily le sollozaba encima y lo apretujaba contra si.
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Con razón lo odias tanto. No nos habías contado nunca nada… - murmuró Remus. Sirius se encogió de hombros.
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No soy el único que oculta cosas. – dijo - Tú nunca le dijiste a nadie que estabas enamorado de Lily hasta principios de sexto.
Volvió a llevarse las manos a la boca. Se oyó el grito de Mora, y luego el ruido de un vidrio roto, al caerse la botella de sus manos. Remus se puso más pálido de lo que ya estaba. Lily se llevó las manos a la boca.
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¿Cómo? – exclamó.
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¡Prometiste no decir nada, Canuto! – exclamó Remus, mientras se levantaba y trataba de correr hacia él. Pero las piernas no le dieron, y se tumbó en el suelo. – Au…mi cabeza…
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¿Estabas enamorado de mi Lily? – preguntó James – Es decir… que yo siempre te hablaba de ella… ¿y tú te lo callabas?
Remus se encogió de hombros. Mora comenzó a sollozar.
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¡No! – exclamó Remus, yendo a abrazarla - ¡Ahora te amo a ti! ¡Lo prometo!
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¡No! – exclamó Mora, entre sollozos - ¿Lo ven? ¡No merezco vivir! ¡Soy pura basura!
Remus miró con odio a Sirius, aunque no se le notó mucho, y luego volvió a mirar a Mora:
- ¡Pues a ti antes te gustaba James, es lo mismo!
James, que en ese momento estaba tomando un sorbo de la botella de whisky, escupió todo…sobre el rostro de Lily.
- ¡Ah! ¡ASQUEROSO! – gritó ella, mientras Sirius se destartalaba de risa - ¡DAME ALGO PARA LIMPIARME, TONTO!
James miró a todos lados, tembloroso, y al no encontrar nada y no querer levantarse, se quitó la camisa y se la entregó a Lily, quién se secó el rostro con ella.
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¿Cómo que te gustaba James, Mora? – preguntó Emily, curiosa. Ella estaba roja como un tomate.
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Eh… ¡fue en la primera semana! – exclamó - ¡Me parecía lindo, eso es todo! ¡Luego me di cuenta que no era para mí! ¡No como tú, Emily, que saliste con él cuatro meses y hasta trataste de violártelo!
Se hizo el silencio completo. Esta vez, le tocó a Emily ponerse roja hasta la raíz, pero no fue la única: James también se había puesto rojo, y se tapaba la cara con las manos, con la intención de ocultarse – en vano.
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¿Qué…qué? – preguntó Sirius, después de un instante, soltándose de Emily.
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¡No…no es lo que piensan! – exclamó Emily – Es… es que…¡Mora!
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Ups – murmuró ella.
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Emily Perednik – dijo Sirius, acordándose increíblemente del apellido de su novia – Quiero que me digas ya lo que pasó.
Emily lo miró a los ojos.
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Bueno…
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James… - murmuró Emily, mientras James la tomaba suavemente de la mano y la guiaba por la oscuridad del pueblo - ¿Adónde me llevas?
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Ya verás… - susurró James. La llevó a través de las luciérnagas y el bosque, hasta llegar a los terrenos de Hogwarts. Emily tenía miedo: se preguntaba adónde la llevaba, hasta que James se acercó al Sauce Boxeador. – No temas… - susurró, mientras sacaba su varita, hacía un hechizo…y el sauce boxeador se detenía. Emily no tuvo tiempo de admirar esa maravilla, ya que James la volvió de tomar de la mano, y la llevó por un agujero entre las raíces, hasta que llegaron a…
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¡La Casa de los Gritos! – exclamó Emily. James sonrió débilmente, y la guió a través de los pasillos, hasta llegar a una habitación de madera, con las paredes y los pisos rotos y raídos. - ¿Qué hacemos aquí, James?
James se quitó el abrigo y lo dejó en el suelo. Luego, la miró un instante a los ojos, luego se acercó, la rodeó por la cintura, y la besó con pasión. Emily, comprendiendo el significado, le siguió aquél beso. Al cabo de unos segundos, James comenzó a meter las manos dentro de la camisa de Emily. Ella sintió un escalofrío, pero lo dejó continuar. Las manos frías de James pasaban por su espalda, iban girando…hasta llegar a su estómago. Luego se salieron de su ropa, pero comenzaron a bajar, y a rotar…hasta meterse dentro de la falda. Lentamente, James iba posando sus manos en todo el cuerpo de Emily. Ella decidió corresponderle el gesto, y comenzó a desabotonarle la camisa. James continuaba besándola como si fuera el último beso de su vida. Despacio, Emily tironeó de la camisa, y la tiró hacia el fondo de la habitación. James fue avanzando, hasta posar a Emily contra la pared, y comenzó a quitarle lentamente la camisa, hasta dejar ver un sostén de color blanco. Entonces, James se atrevió a llegar más allá, y posó sus manos en el pecho de Emily. Ella lo tomó por las mejillas. Se separaron un instante, jadeantes.
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¿Segura…que quieres hacer esto? – preguntó James en un leve susurro. Emily asintió, segura, aunque la pura verdad era que tenía miedo. Nunca había hecho aquello, a diferencia de James, y no podía evitar continuar sintiendo ese escalofrío en su cuerpo, y sentir dentro de si que lo que estaba haciendo no estaba bien…pero debía hacerlo. Era la única manera de avanzar. James pegó su frente a la de Emily, mientras posaba sus manos sobre las mejillas de la muchacha, y la acariciaba suavemente. Se miraron a los ojos un instante, y luego James volvió a posar sus labios sobre los de Emily. Esta vez, a ella le costó un poco más seguirle el beso, pero finalmente lo hizo. James posó su mano sobre su cadera, y comenzó a bajar el cierre de costado de la falda. Emily se aferró, esta vez, a su cuello, dispuesto a no dejarlo ir. Nada se oía alrededor, excepto ellos mismos. Emily comenzaba a preguntarse qué resultaría de aquella experiencia: de inmediato, cuando James le había dicho que no soportaba más la situación, Emily había comprendido que James necesitaba sentirse querido…de esa forma. Pero no estaba segura de que fuera a funcionar. Después de todo…ellos sólo estaban probando. Tenía miedo de abrir los ojos, por lo que fuera a ver. Sin embargo, lo hizo: abrió apenas los ojos. Pero eso bastó para hacerle volver a la realidad. Ella no lo estaba besando a James…lo estaba besando a Sirius. Ella lo veía a Sirius. Lo sentía a Sirius. No pudo evitarlo, y se sintió impulsada: apoyó las manos sobre el pecho de James y lo empujó con fuerza. Fue un instante de quietud: Emily con los brazos estirados, mirando hacia el suelo…y James quieto en el lugar, alejado apenas del cuerpo de su novia.
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Lo…lo siento – murmuró Emily – yo…
Pero James negó con la cabeza.
- Yo tampoco pude – confesó – Fue como…tratar de acostarme con mi hermana.
Emily cerró los ojos, y dejó escapar una suave lágrima. Sintió el suave índice de James enjugándole los ojos.
- No llores, Emily… - murmuró, abrazándola – No hay porqué llorar…
Emily le devolvió el abrazo. James no era su novio. Era, como Mora solía decir…”un amigo con derecho a roce”. Era su mejor amigo. La persona en la cual podía contar en todo momento, ya que sabía que iba a comprenderla.
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Pensaste en Sirius… ¿verdad? – le susurró James al oído. Ella asintió. James la abrazó aún con más fuerza. Lentamente, se fue separando.
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Ten – le dijo, alcanzándole su camisa a Emily – Vámonos al castillo.
Emily asintió. Iba a proponer que probaran otro día…pero descubrió que no iban a ser capaces de hacerlo, cuando el rostro apenado de Sirius se le vino a la mente. James la tomó de la mano, le sonrió débilmente, y se la llevó hacia fuera.
Sirius pasaba su mirada de Emily a James, y de James a Emily.
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¿Trataron de…acostarse juntos? – murmuró. Emily asintió – Pero…pero…no se amaban…
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¡Nos queríamos! – exclamó Emily.
Sirius parecía a punto de llorar. Emily se echó a llorar de verdad.
- ¡No, no, no! – exclamó - ¡No te me pongas así, osito!
Sirius miró hacia el cielo. Todos lo miraban expectantes.
- Yo siempre pensé que el amor era un concepto subjetivo – dijo - Para mí, el amor era salir con muchas chicas, acostarme con una una noche, con la otra la otra noche, ser el chico más guapo del colegio y poder hacer lo que quería cuando quería…hasta que la conocí a Mily. Ella me hizo abrir los ojos…me hizo entender que existe esa persona que mejorará tu vida para siempre, aunque creías que era inmejorable. Que logrará cubrir todos tus problemas con un simple “Te quiero”. Que te hará sentir como un miserable, cuando con cualquier otra te hubiera dado igual. Siempre, no importa qué camino tomes, terminarás topándote con esa persona que logrará importarte más que ti mismo, porque si esa persona termina lastimada, no te lo perdonarías jamás. Esa persona por la cual matarías, si necesario. Aunque no lo creas…esa persona siempre existe. Y Mily me lo ha demostrado.
Emily lo observaba con los ojos brillosos. Ya había dejado de llorar, pero esta cuarta vez no pudo contenerse. Se enjugó la lágrima que trataba de escaparse, se aferró al brazo de su novio y le preguntó:
- ¿Cómo es que estando tan ebrio se te ocurren cosas tan hermosas?
Sirius se encogió de hombros.
- ¿Quién sabe? – preguntó – Por ejemplo: Voldemort. Tal vez Voldemort comenzó a matar por amor… ¡tal vez tuvo un amor secreto! Pero luego le agarró el gustito al asesinato. Maldito Voldemort.
Emily estalló en carcajadas, y cayó hacia atrás con un ruido sordo. Sirius miró hacia atrás, y luego volvió sobre si mismo.
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Se murió – dijo. Lo dijo con tal expresión de aburrido e indiferencia, que hizo reír a Lily, y está también cayó de bruces, pero sobre James.
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Ups – dijo, con una sonrisa pícara. James alzó las cejas tres veces.
Sirius se acercó al rostro de Emily, viendo si estaba bien, pero no tuvo tiempo de levantarse, ya que Emily se aferró a su cuello, acercó su rostro, y comenzó a besarlo con pasión. Sirius, sacando una fuerza de quién sabe dónde, la levantó del suelo. Ella aferró sus piernas a la cintura de él, y se dejó llevar, mientras él caminaba por el bar, y depositándola detrás de la barra, desapareciendo de la vista. James, cuando no pudo seguirlos más con la vista, miró a Lily, quién se había quedado dormida, y a Remus y Mora, ella con la cabeza apoyada sobre su hombro, completamente dormidos. Remus roncaba. James, sintiéndose vencido y acompañando a sus compañeros, cerró los ojos y cayó de bruces.