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Historia 27506 — capítulo 38
Lentamente, fue abriendo los ojos. Aquel rayo de sol que había entrado por el hueco entre las cortinas le daba justo en el rostro. En realidad, no había dormido en toda la noche, pero sabía que debía levantarse. Nunca se había sentido tan ansioso de ir a clase. Así que bajó suavemente los pies de la cama, y comenzó a tantear en la silenciosa casi oscuridad, solo interrumpida por los ronquidos de Peter, hasta encontrar lo que buscaba. Se sonrió, y tiró los brazos hacia los costados, abriendo completamente las cortinas.
Al oír como James soltaba una palabrota, se dio la vuelta, y pudo ver claramente a sus tres amigos, completamente iluminados. James se apretujaba el almohadón contra la cabeza, tratando de esconderse de su destino, en la cama de su derecha. Peter continuaba roncando boca arriba, en la cama de su izquierda. Remus, por su parte, se había incorporado, y lo observaba ceñudo desde la cama de más a la derecha, con todo el cabello alborotado y los ojos entrecerrados.
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¡Hay que ir a clase, chicos! – exclamó Sirius, impaciente, abriendo su placard y tomando su uniforme. En realidad, no estaba ansioso por ir a clase. Estaba ansioso por ir con ella a clase. Si hubiera podido dormir, habría pensado que todo había sido un sueño. Sin embargo, aquello no era posible: todo era real. Más real que nunca. Un gran bostezo de Remus lo hizo volver a la realidad.
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Sirius…es sábado – le recordó James – S-A-B-A-D-O. Por si no lo recuerdas, los SABADOS no hay clase.
Entonces Sirius cayó en la cuenta. Miró el calendario en la pared y vio que el último día tachado había sido el viernes nueve de enero. El día anterior. El cumpleaños de Emily. Viernes.
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Oh… - dijo. Remus se frotó los ojos, se pasó una mano por el cabello y se levantó.
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Ya estoy despierto… - murmuró, y se encerró en el baño. James se incorporó lentamente y le dirigió a Sirius una profunda mirada de odio. Luego se levantó y se dirigió al armario.
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Recuérdenme porqué no despertamos a Colagusano – pidió James, mientras entraba al Gran Salón junto a Remus, seguidos por Sirius.
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Porque somos buenos amigos, y lo dejamos disfrutar que es el único que tiene el sueño tan pesado que no lo despierta ni una manada de centauros corriendo por el dormitorio – explicó Remus. Los tres se sentaron en la mesa de Gryffindor, donde no había casi nadie. James y Remus comenzaron a hablar de los entrenamientos de Quidditch, y Sirius miró hacia la puerta. Al cabo de un rato, el lugar comenzó a llenarse, y empezó a crearse el habitual bullicio. Cuando la mayor parte del colegio se encontraba allí, Remus se dio cuenta del estado de ausencia en el que se encontraba su amigo Sirius.
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Canuto, ¿estás bien? – le preguntó. Sirius asintió distraídamente, mientras miraba hacia la puerta. Una muchacha que entraba, al ver que Sirius la observaba, se ruborizó y corrió hacia donde estaban sus amigas.
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¿En qué piensas? – preguntó James. Sirius señaló las puertas del Gran Salón, que acababan de abrirse. Emily entraba algo absorta, con Mora y Lily a cada lado. James lanzó un resoplido. - ¡Por Merlín, Sirius! ¿Otra vez con eso? ¡Si tanto te molesta, ve y habla con ella!
Pero Sirius negó con la cabeza, y levantó la mirada. Sus ojos tenían un brillo de autosuficiencia y felicidad que sorprendió a su amigo, y su sonrisa era más sincera que nunca. Sirius se levantó, y corrió hacia Emily. Justo en el momento en que ella levantó la mirada, pudo ver los ojos grises de Sirius, para sentir el primer latido del día de su corazón.
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Sirius… - murmuró, pero inmediatamente sintió como él le tomaba las mejillas y la besaba como si fuera la primera vez. Sintió como si su corazón volviera a latir después de siglos, salvajemente dentro de su pecho, y le devolvió el beso. Ni siquiera se dio cuenta del silencio que se había generado en el Gran Salón, ni le importaban los rumores que se generarían a partir de ese simple beso de los buenos días.
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Buen día, novia oficial – le susurró Sirius, sin quitar su mirada de la de su amada, y sin descruzar las narices. Emily sonrió. Cuando ella no se lo negó, a pesar de que se lo esperaba, Sirius sintió como el globo de felicidad en su interior de hinchaba más y más.
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Buen día, señor de los sentidos – se burló Emily. Sirius rió con ganas, como hacía tiempo no lo hacía, y volvió a besarla. Luego se dio la vuelta, y enfrentó a todo el colegio.
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¿Pueden creer… - exclamó, ante la mirada perpleja de todos - …que esta maravillosa muchacha es mi novia?
Emily se ruborizó.
- ¡Sí, hoy puedo afirmarlo, es mi novia! – gritó Sirius - ¡Es mi novia, mi novia!
Entonces, se oyó un grito de alegría, y Mora corrió a abrazarlos, con lágrimas en los ojos. Lily rió con ganas, mientras James y Remus chocaban las palmas de las manos. Entonces, se armó el bullicio. Sirius abrazó a Emily por la cintura, y por encima de su hombro, ella pudo ver el lío que habían generado. Todo el mundo hablaba en voz alta, varias chicas lloraban en sus lugares, muchos hacían apuestas de cuánto durarían, y los profesores habían tenido que intervenir para que se calmaran. El único que continuaba en su asiento era el profesor Dumbledore, quién al ver a Emily, le guiñó un ojo. Ella sonrió.
- Yo quería desayunar – se quejó al oído de Sirius. – pero veo que me será imposible.
Sirius sonrió, y le susurró:
- Yo puedo ser tu desayuno.
Dicho esto, la tomó entre sus brazos, y la sacó fuera del Gran Salón.
Durante todo el día, la gente no habló de otra cosa que de la nueva noticia. Sirius Black salía con Emily Perednik. La gente por los pasillos se les quedaba mirando, y luego oían como cotilleaban entre ellos. Sin embargo, a ninguno de los dos les importó. Dedicaron su primer día de noviazgo a estar juntos en los terrenos del colegio, tomando sol sobre la nieve casi derretida. Lily y James, por su parte, habían tomado prestado el campo de Quidditch, y se divertían con la escoba de James.
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Es increíble que todo haya terminado bien – le dijo Mora a Remus, mientras miraban desde la puerta como Emily y Sirius bailaban divertidos al borde del lago. Remus sonrió, y asintió. Luego abrazó a su novia por la cintura.
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Ahora todo será mucho mejor… - murmuró, mientras Mora sonreía. – Pero hay algo que no me cierra…
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¿Qué cosa? – preguntó Mora. Remus se quedó un rato pensativo, y luego sonrió y negó con la cabeza.
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Nada…no quiero arruinarte el día.
Mora lo miró ceñuda, pero luego lo abrazó.
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Te quiero, ¿lo sabías? – Remus sonrió – Más que Emily a Sirius, o que Lily a James.
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Hoy estás competitiva, ¿eh? – bromeó Remus, mientras le devolvía el abrazo. Mora lo estrujó aún más contra si.
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Es que ahora que ya todos están con quién deberían estar…ya no va a ser el mío el único “Te quiero”.
Remus rió por lo bajo, y Mora lo imitó.
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Muchas gracias por la pulsera, Lily – sonrió Emily, esa noche, en la Sala Común, mientras se miraba la pulsera de plata que su amiga le había regalado. Lily sonrió.
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Por nada, Emily – le dijo. Emily se encontraba sentada sobre las rodillas de Sirius, apoyada en su pecho, mientras él la rodeaba con sus brazos y dormitaba sobre su cabeza. James estaba acostado en el sillón de tres plazas, con la cabeza apoyada en el regazo de Lily, quién le acariciaba los cabellos. Remus estaba sentado en el otro sillón de una plaza, con Mora apoyada en sus piernas y sentada en el suelo.
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¿Y no te gustó mi regalo? – preguntó James, haciendo un puchero.
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¡Claro que me gustó! – rió Emily – Aunque mira que regalarme un perfume…es un regalo un poco…
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…romántico – murmuró Lily, ceñuda.
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¿Qué se supone que le tienes que regalar a tu ex-novia? – se quejó James, mientras Lily sonreía.
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Si es tu mejor amiga, pues un regalo para una mejor amiga – sonrió Emily – Pero gracias, James, me ha encantado.
James sonrió.
- De nada, Emily…
Emily le devolvió la sonrisa, y miró hacia arriba. Sirius mantenía los ojos cerrados, con todo el cabello sobre la cara, y respiraba suavemente. La joven sintió su corazón latir con mucha fuerza, y sintió impulsos de besarlo. Y eso hizo. Sirius abrió lentamente los ojos.
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¿Qué…? – preguntó, mientras se frotaba el ojo izquierdo. Emily rió por lo bajo.
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Nada, que te amo – contestó Emily. Sirius sonrió sinceramente, y volvió a besarla.
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Son tan lindos… - murmuró Mora, apoyando su cabeza en las piernas de Remus y mirando hacia arriba, mientras Emily se aferraba al cuello de Sirius para continuar ese beso - ¡Y pensar que tardaron tanto en darse cuenta…!
Remus sonrió enternecido. Emily, con mucho esfuerzo, se separó de Sirius, y se levantó.
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Tengo sueño… - dijo – Me voy a dormir.
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No te vayas… - rogó Sirius, tomándole la mano. Emily sonrió. Lily se levantó también.
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Yo también me voy… - James hizo un puchero. Mora los miró incrédula.
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Como que están un poco cursis… ¿no? – Emily y Lily estallaron en carcajadas, y Remus contrarrestó:
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¿No eras tú la que decías que eran súper lindos?
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Sí, pero hasta ahí – contestó Mora con una sonrisa. Luego se levantó también - ¡Buenas noches, chicos!
Dicho esto, subió detrás de sus amigas.
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Miren quién se acerca – le susurró Sirius a sus amigos, a la mañana siguiente, en la mesa del desayuno. Todos levantaron la mirada, y vieron como la profesora McGonagall caminaba hacia ellos. Emily se puso recta, al igual que Lily. Sirius bufó, al igual que Mora. James rió por lo bajo.
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Buenos días – deseó la profesora, cuando llegó hacia ellos.
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Buenos días, profesora – contestaron Emily, Lily y Remus.
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Vengo a darles información que puede interesarles – explicó la profesora – Tienen un castigo que cumplir… ¿recuerdan?
Emily y Lily se miraron. ¡Aquél castigo…! Se habían olvidado por completo.
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¡No! ¡El castigo! – exclamó Mora, mirando a los demás, expresando exactamente lo que todos pensaban.
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Sí, señorita O’Connor, el castigo – corroboró la profesora McGonagall – Aquí tengo las cartas con las indicaciones.
Mostró seis sobres blancos, dónde estaban escritos en tinta verde los nombres de cada uno.
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¿Qué tendremos que hacer, profesora? – preguntó Lily.
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Reemplazarán a Rosmerta mientras ella se tome una semana de vacaciones – explicó la profesora – Todas las tardes, después de clases, tendrán que ocuparse de las Tres Escobas…de domingo a sábado.
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¡Es verdad! – recordó Remus - ¡El profesor Dumbledore nos había dicho!
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Exacto – admitó la profesora – Empezarán el Domingo 25 de enero. Dentro del sobre está el puesto de cada uno. Que tengan un buen día.
Dicho esto, se retiró hacia la mesa de los profesores. Cada uno, exceptuando Peter quién no tenía, abrió su sobre y leyó.
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Soy una… ¿mesera? – murmuró Emily, asqueada. James estalló en carcajadas. - ¡No te rías!
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Yo también soy mesero – dijo Sirius, mirando el papel - ¿Te mejora eso el humor?
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Mucho – admitió Emily, sonriente – Aunque ser mesera a tu lado va a ser una pesadilla…
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Yo me encargo del bar – explicó James – Será genial… - se puso recto, e hizo como si secara un vaso - ¿Una bebida, señorita?
Todos estallaron en carcajadas.
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Yo estaré en la caja… - murmuró Lily – Seré “la cajera”.
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Por suerte no estoy allí – murmuró Mora – soy un desastre para los números…pero me tocó ocuparme de la despensa y la cocina.
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Yo soy el tercer mesero – dijo Remus – No estará tan mal…
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No, será divertido – admitió James.
Emily miró hacia el techo nublado. No sabía porqué, pero tenía muchas ganas de que llegara aquél castigo.