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Historia 27515 — capítulo 8
Me tumbé en la cama sudorosa aún por la experiencia con Malfoy, me había encantado el roce de mi mano cálida con sus frías mejillas. Ahora ya si que dudaba de mi amor por Malfoy, las experiencias vividas los últimos días habían marcado el inicio de mi Era de Amor, esa fecha que pensé que nunca llegaría. Me puse más guapa que nunca y bajé a la biblioteca, a la Sección Prohibida, para ver a Malfoy, siempre se dejaba caer por allí. Me senté a esperarle como siempre en la mesa circular de la Sección Prohibida “aquí di mi primer beso”, pensé cuando noté la presencia de Malfoy detrás de mí (ya me era inconfundible).
-Hola Hermione- me saludó él.
-Hola Draco- dije yo mirándole a los ojos, sorprendiéndome por que, por primera vez, vi una chispa de amor en ellos.
-¿Desde cuando me llamas Draco?- preguntó él.
-Desde que tú me llamas Hermione- contesté.
-Ayer no tuve la ocasión de darte las gracias por ayudarme, aunque no sé por que lo hiciste, eso te traerá problemas…- dijo él.
-Ya lo sé, imagino cómo se pondrán mis amigos…- dije yo sonriendo.
-Me gustas mucho cuando sonríes- dijo él piropeándome por primera vez en su vida.
-Tú, bueno, a mi también- dije yo poniéndome roja.
-Supongo que si que puede haber relaciones entre los Slytherin y las Gryffindor…- dijo él acercando su cara a la mía.
-¡¡No!!- dije yo apartando la cara.
-¿Por qué no?- preguntó él.
-Porque nos buscaremos problemas…, bueno, tú no, pero yo sí- contesté.
-Escucha, voy a arreglar las cosas entre tú y Pansy- dijo él.
-¿Por qué, estás loco?- pregunté yo.
-No, porque tengo que agradecerte que me hubieras sacado de allí- dijo él.
-De acuerdo, adiós- dije levantándome apresurada de la silla.
Bajé al jardín y me senté junto a un árbol a esperar a mis amigos. Por suerte, estos llegaron enseguida.
-Buenas, Herms- saludó Ginny.
-¿Por qué no subiste ayer a la torre con nosotros?- preguntó Ron.
-Porque tenía sueño- contesté yo. “Estoy mintiendo a mis amigos”, pensé.
-Te perdiste la fiesta- dijo Harry.
-¿Y los gemelos?- pregunté yo cambiando de tema.
-Cogieron el expreso que salía de madrugada, llegaron esta mañana a casa- contestó Ginny. Pronto me di cuenta de que Pansy y sus amigas se estaban acercando a mi.
-Bonita broma la de ayer, Hermione, pero no podrás hacer muchas más cuando estés en San Mungo… - dijo ella alzando la varita.
-¡Atrevete a tocarla Pansy, y verás cómo se siente uno con una maldición!- gritó una voz detrás mía. Miré a mis amigos, pero todos estaban tan incrédulos como yo. Pronto me di cuenta que la voz no era de otro que de Draco.
-¡Desde cuando la defiendes, traidor!- gritó ella fuera de sus casillas y sus amigas alzaron también las varitas.
-No preguntes y limítate a irte- dijo Draco aún con la varita en alto.
-No sabes lo que haces, Draco- dijo ella.
-Si no lo supiera no lo estaría haciendo- dijo él. Sonreí para mis adentros, no era tan malo como creía.
-¡Serás el chico más odiado de la escuela!- gritó Pansy dándose la vuelta y caminando hacia el interior de la escuela. Me giré para darle las gracias a Draco, pero él no estaba. Miré a mis amigos sonrojada y estos me miraron con odio.
-¡¡¡¡¡Sueño!!!!- gritó Harry.
-¿¿¿¿¿Cómo has podido, después de lo que te ha hecho?????- preguntó Ron rojo de ira.
-Me da igual lo que penséis, me gusta estar con Draco, ¿y qué?- dije levantándome casi llorando y corriendo hacia mi torre empujando a muchos alumnos a mi paso. Me tumbé en uno se los sofás de la torre y me puse a llorar de dolor. “¿Dolor de qué?”, me pregunté a mi misma mientras me iba respondiendo. “Dolor a saber que te gusta alguien y no eres capaz de admitirlo”, pensé derramando lágrimas de amor. “Dolor a haberlo perdido todo por amor” susurré llorando cada vez más. Acabé rompiendo a llorar en el sofá cuando oí un crujido proveniente de la puerta.
-¡¡¡Lárgate!!!- grité tratando de que no me temblara la voz y tapándome la cara con un cojín.
-Ni siquiera a mí- dijo amablemente una voz detrás mía.
-¡A ti sobre todo, Malfoy!- grité mordiéndome los labios, pero acabé llorando.
-No voy a irme, Hermione, últimamente he experimentado algo parecido al amor por ti, y, bueno, verte llorar así me hace algo de daño- dijo él agarrándome por la cintura y acariciándome el pelo.
-Escucha, quiero que vengas conmigo esta noche, por favor- susurró él en mi oído.
-¡¡¡No!!!- grité yo.
-Veo en tu mirada que te mueres por venir, así que, bueno, te espero en el jardín, abrígate, esta noche hará frío- dijo él yéndose.
No entendía por qué, pero estaba vestida con ropa de la que Ginny me había dejado y un abrigo de piel encima de la ropa esperando a que Draco llegara. El llegó pronto, como siempre. Traía en sus manos su escoba.
-Veo que al final has venido- dijo él.
-Supongo que, bueno, quería venir- dije con las mejillas sonrosadas.
-Bueno, a qué esperas, monta en la escoba- dijo él mientras se montaba. Aunque no me gustaba volar, me monté en la escoba y me agarré fuertemente a la fuerte espalda de Draco. Este dio una patada al suelo y nos fuimos elevando varios metros del suelo. Yo tenía miedo a las alturas, pero estar con Draco hacía que me sintiera segura.
-Howarts es precioso de noche, ¿verdad?- dijo él.
-Si- contesté yo. Seguimos sobrevolando Howarts un buen rato más hasta que Draco decidió parar en un claro cercano al lago. Bajamos de la escoba y nos tumbamos en la hierba a contemplar el firmamento.
-Me encanta contemplar las estrellas- dije yo.
-A mí también, de pequeño, antes de ser mago, mi padre siempre me dejaba solo en casa y se iba por ahí con los mortífagos, la única manera que tenía de relajarme era mirando las estrellas- dijo él mirándome.
-¿Tus padres te dejaban solo?- pregunté yo.
-Casi siempre- contestó él.
-Yo siempre pensé que tu vida estaba llena de riquezas- dije yo por primera vez comprendiendo el porqué de su carácter.
-Y lo estaba, pero no tenía nadie con quien compartirlas- dijo él decaído. Sonó una campanada del reloj de Howarts que indicaba que ya era medianoche.
-Volvamos- dijo Draco subiendo en la escoba. Yo subí detrás suya. Llegamos a la torre y me quedé en uno de los balcones de nuestra torre.
-Lo he pasado muy bien, gracias- dije yo.
-Yo también- dijo él besándome en la mejilla. Nos despedimos y me interné en mi habitación. Aquella noche había sido inolvidable.