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Historia 27622 — capítulo 13
Cap. El Obsequio.
-¡Ahh!-lloraba Caroline de berrinche, mientras Charlie le quitaba los animales por medio de magia, que volvieron a su reparada pecera junto al alfeizar de la ventana.
Una vez terminado, salió para dejarla vestirse, pues estaba semi desnuda, ella a su vez le dio entre sollozos e hipidos las gracias.
Mientras en la cocina, una molesta Molly les daba de desayunar a todos. Los hermanos sabían que estaba enojada y prefirieron guardar silencio, pues no estaban dispuestos a permitir que Caroline siguiera con Ron. Cuando bajó Caroline, todos habían terminado, sólo Molly la esperaba comiendo tostadas con azúcar y té. Al verla se sorprendió (bueno, sabia que pasaría tarde ó temprano) pues llevaba sus maletas y una cara de enojo que no le pedía nada a un colacuerno húngaro.
-Pero…querida ¿A dónde vas?- le preguntó con cautela Molly a su nuera.
-Lejos de su hijo. No puedo creer lo que ha pasado, yo no tengo por qué permitir todo esto, así que me marcho. Adiós. – Y con paso firme salió de la cocina, se desaparecería al salir de la madriguera. No había dado ni diez pasos cuando:
-¿A dónde vas?- Caroline sintió escalofríos era Ron quien le preguntaba, pero se armo de valor.
-Pues me largo, ¿Qué no ves? Ya estarás feliz, quédate con tu familia, yo ya no quiero estar aquí.- Y volvió a levantar las maletas, sólo que lo que le dijo Ron la dejó pálida y sorprendida.
-Mmm, de mil amores te dejaría ir, pero hay un pequeño detalle.-le comentó muy risueño.
-Ah, si ¿Cuál? – le espetó de mal talante ella.
-Pues que eres mi esposa y estás obligada mágicamente a obedecerme, ¿recuerdas querida?
Ella sintió que los chones le hicieron yo-yo. Tenía razón, su marido tenía toda la maldita razón.
-Por favor Ron, me quiero largar de aquí, ¿Qué puedo hacer aquí? este no es mi lugar, no pertenezco aquí, no puedo lucir mi ropa, ni mis alhajas, mucho menos mi belleza. Y no quiero que mi belleza se marchite en un lugar como éste-añadió una nota de repulsión al comentario.
-Lo siento querida, pero como mi esposa, tu obligación es quedarte. Además no es tan malo, claro que puedes vestirte, ya viste cómo les gustó a las gallinas.-Eso último provocó que él mismo riera de su ocurrencia. Hasta que para sorpresa de ambos.
-Deja de reírte de Caroline Ron, eso no es gracioso, ¿No ves que sufre?-quien había hablado era nada más ni nada menos que uno de los gemelos. Fred.
George se acercó a Caroline y le ofreció sus brazos como refugio y le dijo a su hermano:
-No sabes tratar a una dama Ron, ella necesita que la cuiden, pobrecita, sólo te pide un poco de atención, ¿es mucho pedir?
Ella y Ron estaban con la boca abierta, mientras que ella se recuperó pronto al ver que por fin tenia aliados y los siguió cuando ellos la llevaron de vuelta a la casa, uno cargando las maletas y el otro llevando de la mano a Caroline.
-Vamos querida cuñada, vamos adentro, necesitas una taza de té.-afirmó Fred. Mientras George:
-Sabes, te tenemos un regalo y creo que te va a gustar.-Esas palabras produjeron una alegría a Caroline, adoraba los regalos, a ver que le regalarían. Subieron al cuarto de los gemelos, muy bien arreglado (cosa extraña en ellos) y sacaron de uno de los cajones de un ropero una caja roja alargada y se la dieron.
-De nosotros para ti, con mucho cariño-respondieron al unísolo los gemelos. Ella temblaba de emoción y porqué no decirlo, de miedo también, esperaba que no fuera otra de sus bromitas y abriendo el regalo, cerró los ojos y se agachó, como esperando que algo dentro explotara. Cuando pasaron unos segundos y abrió los ojos, no había pasado nada. Suspiró aliviada y al ver lo que había en la cajita la dejó sin habla.
Era un collar de oro y un enorme diamante en forma de corazón que refractaba la luz de manera muy hermosa, sin poder creerlo, uno de los gemelos se lo puso y el otro le acercó un gran espejo con el que se admiró durante unos segundos.
-Gracias… es realmente… hermoso-alcanzó a balbucear con beneplácito.
-Celebramos que te guste. En realidad es una reliquia familiar es un collar hecho por duendes y ahora que eres parte de la familia, te pertenece.-ella se arrojó a los brazos de los gemelos sonriendo con inmensa alegría. En eso entró con una jarra de jugo Ginny, quien al verle el collar, miró con furia a los chicos y les reprochó.
-Ese collar es de la familia, ¿porqué se lo han dado?-mirándolos aún más furiosa y volteando a ver a la rubia, mientras se llevaba una mano al collar, nadie se lo quitaría,- primero muerta- pensó la rubia.
-Hey, Ginny, no seas así, ¿no ves todo lo que ha sufrido la pobre? Es un regalo para que sepa que le queremos-añadió inocentemente George.
-Pues a mi no me parece. Así que lo devolverá, puede quedárselo por unos días pero después, regresará a su lugar. La cámara de Gringotts.
Mientras tanto en otra parte de Londres, Hermione y Viktor entraban al teatro. Viktor era muy atento con ella y muy caballeroso.
-Te ves herrrmosa con ese vestido Mione, cómo se ve, que hasta el harapo más insignificante puesto en ti, se ve soberbio.-le dijo al verla, ella se sonrojo, por la galantería. Una vez que terminó la obra, Viktor la llevó a cenar a un lujoso restaurant, que tenia reservado hacia unos días. Una romántica música de violines envolvió los sentidos de Hermione, el vino era simplemente exquisito y la cena fue una verdadera delicia, Viktor pidió que tocaran una pieza búlgara muy hermosa, dedicada para su prometida, mientras la invitaba a bailar y ella accedía. Mientras bailaban un fotógrafo de El Profeta se acercó para fotografiarlos, era un fastidio para ella, que no quería notoriedad, pero de pronto se le iluminó el rostro y cuando el fotógrafo iba a pedirles que sonrieran, ella besó a Viktor, los flashazos no se hicieron esperar y el beso se prolongó hasta que ella se separó y él contuvo el aliento.
-Vaya Mione, eso fue… intenso y delicioso. Y él se acercó a ella nuevamente para repetir el beso cuando:
-Ahh, ya se acabó la melodía, vamos a sentarnos-le dijo Hermione a lo que Viktor accedió.
-Discúlpame, por favorrr, Mione. Debo salirrrr porrr unos días. Ya sabes que tienes a los sirvientes parrra lo que necesites, es sobrrre el trrrabajo del equipo.-le decía dulcemente cómo si se estuviera disculpando de una gran ofensa.
-Oh, no te preocupes Viktor, tengo muchas cosas que hacer todavía, así que estaré muy ocupada.-le respondió tranquila. Ambos siguieron en el lugar hasta muy tarde.
Al día siguiente en la cocina de los Weasley, alguien daba un grito de enojo y salió dando un portazo de ahí. Ginny curiosa al igual que los gemelos y demás miembros de la familia quisieron saber el motivo del enojo del pelirrojo.
-Ahh, es Hermione besándose con Viktor Krum-espetó Ginny, mientras los papas de Ron, movían la cabeza muy pesimistas. Y Caroline tomaba el periódico y vio con envidia y celos la suerte de Hermione.
-Ahh, que suerte tienen algunas.- y volvió a dejar el periódico junto a la mesa. Se disculpó y se fue a su recamara.
En otro lado, en la zona muggle, concretamente en un hospital de la cruz roja, una preciosa morena le enseñaba sus deberes a un chico rubio de ojos grises.
-Te agradezco tanto, ¿sabes?, casi nadie ayuda a otros en estos tiempos. Es difícil encontrar a personas como tú.-le dijo agradecida, la verdad el chico le gustó desde que lo vio por primera vez.
-Me encanta ayudar Jessica, así que creo que nos vamos a entender “muy bien”-le respondió el rubio, mientras trabajaba a lo muggle y pensando divertido que cara pondrían sus padres al verlo ahí. Cuando la morena se fue para hacer otros papeleos, él la miró irse, el contoneo de sus caderas al andar hacían que las hormonas le jugaran malas pasadas.
-Si yo quisiera, podría hacerla mía y modificarle la memoria para que no recordara nada. Pero jamás haría algo así, en cuanto la vi, me trastornó, jamás pensé que una mujer muggle podría hacerme sentir lo que ahora siento y sobre todo que pudiera ser tan hermosa y sencilla, creo que si me pidiera cruzar el desierto caminando, con gusto lo haría- y suspirando siguió con su tarea. Estaba acomodando cajas de papeles y después tenia una clase de primeros auxilios. Y eso lo tenia muy curioso. Faltaba poco para que terminara, llevaba casi un mes ahí. Y el viernes le pediría a Jessica salir con él. La verdad estaba muy nervioso. Ron le había ayudado muchísimo, pero quien le terminó de ayudar y jamás lo creyó posible había sido: Colín Creevey.