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Historia 27703 — capítulo 1

Nuevo Comienzo

La oscuridad rondaba el lugar en el que me encontraba, no sabía lo que ocurría. Recordaba perfectamente el momento en que mi cuerpo se había recostado sobre mi cama y había desaparecido y empezado a descansar en aquel lugar de la mente llamado subconsciente. El cual es capaz de tele-transportar a cualquier persona al lugar más deseado de su mente y corazón.

Estaba en un suelo suave, cubierto de un pasto blando. Aun tenía los ojos cerrados por lo que los abrí. Allí frente a mi, veía la maleza de un verde sobrenatural. Solo aquel verde que alguna vez podría ver en mis sueños…

Con suma facilidad me levanté. Observé a mí alrededor y me di cuenta de que estaba en un bosque. Pero no era uno común. Era un lugar el cual yo no podía relacionar con nada, ya que no sabia de algo que se le pareciera.

Los árboles se entrelazaban entre ellos como arañas enormes de un color verde brillante, que daba un aire de humedad y vida en el lugar. El césped suave estaba húmedo con gotas de lluvia y por encima de este había neblina. No era demasiada, pero lo suficiente como para que el lugar pareciera majestuoso y a la vez misterioso. Había flores, pero estas no eran de colores estridentes, de hecho el lugar estaba lleno a rebosar de rosas azules y negras. Dándole al terreno un aire de frescura y tranquilidad enorme, lo cual era aumentado por la fresca brisa que soplaba y movía todo en el bosque, proporcionándole un tinte de vida, aun cuando el lugar para algunas personas pudiera parecer triste.

Miré hacia el cielo y por los pequeños hoyos que pude vislumbrar a través de los árboles, descubrí un cielo gris lleno de nubes suaves y con aspecto esponjoso.

El bosque se encontraba silencioso y ni un ave cantaba en ese lugar. Solo la brisa provocaba sonido, el cual para mi, era muy tranquilizador.

Sonreí, mientras pensaba que quizás todo eso fuera un sueño. No podía ser que estuviera en un lugar que parecía hecho para mí. Las nubes… el silencio… los colores fríos… la falta de sol…la humedad…la frescura… parecía el paraíso, aunque pensé que eso era imposible a excepción que me hubiera muerto mientras dormía…

-Hola- pronuncié en el lugar.

-Hola, hola, hola- el eco resonó.

Miré alrededor otra vez y vislumbre un camino entre los árboles, el cual estaba rodeado de rosas negras, que parecían encantarme para que fuera a por ellas.

Avancé y ahí fue cuando me di cuenta de lo que llevaba puesto. Ya no tenía mi pijama, si no que tenía puesto una túnica negra como la noche y verde esmeralda por dentro. Mis ojos se abrieron de sorpresa ante esto y me observe mejor.

No llevaba calzado, por lo que mis pies tocaban el suave césped. La túnica era bastante cómoda y la tela era muy liviana y fresca.

Seguí caminando durante quince minutos, sin siquiera sentir una pizca de cansancio, hasta que algo en el camino me detuvo. Mire hacia esa cosa que había parado mi marcha y que se encontraba en medio del sendero. Allí enfrente de mi había una cobra negra y en mi apreciación hermosa, que me miraba con sus ojos sin parpados fijamente a los míos. No tenía miedo, por alguna razón sabia que no me haría daño… y sin proponérmelo ni pensarlo me agache hasta quedar a la misma altura de la criatura que tenia enfrente, para decir con voz ahogada:

-Hola.

-Hola, señora de la noche- respondió siseando la serpiente bajo mi sorpresa.

Por un minuto no hable y me quede observando al ser que tenia delante. Estaba demasiado pensativa como para hablar. ¿Cómo podía ser que yo estuviera hablando con una serpiente? Ya que si eso era verdad, la hipótesis de que todo fuera un sueño estaba más presente que nunca… aunque en el fondo sabía que no era cierto, todo era real, ningún sueño era de esa forma.

-¿Qué quieres decir con señora de la noche?- pregunté interesada.

-Usted es el ama de la oscuridad, con un poder más allá de todos los mortales, dueña de la muerte y poseedora de la inmortalidad… Usted… usted es el pilar en nuestra guerra por la lucha de alcanzar la victoria e imponer nuestras ideas hasta que la verdad venga a este mundo y todos seamos juzgados.

Mis cejas se alzaron en un intento de comprender lo que acababan de captar sus oídos.

-¿Qué es eso de poseedora de la inmortalidad?- pregunté.

-Busca un reflejo de la cobertura de tu alma y así conseguirás dar respuesta a tu pregunta.- la serpiente le respondió y luego de eso movió su cabeza hacia la derecha.

Me levante he intente ver a través de la maleza y los cientos de árboles que allí se encontraban. Al final encontré lo que parecía… un reflejo de agua. Salí del sendero y me dispuse a ir cuando oí:

-En cuanto encuentres la respuesta que buscas regresa aquí.

No me di vuelta, pero la serpiente que se encontraba detrás de mi pareció saber que la había oído porque no dijo nada.

Sabía que los mitos hablaban de las serpientes como seres inteligentes, persuasivas, rápidos y astutos… amante de las palabras cultas y de utilizar un lenguaje elevado conjugado con gran cantidad de metáforas y juegos de palabras. Pero nunca creí poder ver ese mito hecho realidad…

Mis amigos siempre me decían que me parecía a las serpientes de los mitos… sagas, rápida, inteligente, astuta… y con una gran cantidad de facilidad para confundir y persuadir a las personas.

Mientras me encontraba en mis pensamientos casi caigo de pecho al hermoso lago que se encontraba enfrente de mí. Las celestes aguas estaban en total paz, y solo unas pequeñas ondulaciones afloraban a la superficie causadas por la brisa que circulaba en el lugar.

Me acerque a la orilla y casi me caigo nuevamente, pero esta vez del susto.

Mis ojos eran celestes eléctricos, fríos, calculadores y ponzoñosos. Pero a la vez eran extrañamente atrayentes y calidos, que incitaban a cualquiera que los viera a acercarse.

Mi piel se había puesto pálida, blanca como el mármol, pero aun así no era para nada transparente y no se veía ninguna vena, como solía ver en las personas con piel muy pálida.

Una cascada de cabello negro brillante caía alrededor de mi rostro. Era lacio en las raíces y a medida que avanzaba iba describiendo curvas hasta formar unos perfectos bucles que terminaban a la altura de mi pecho.

Me miré las manos y las sumergí en el agua, esta estaba fresca, pero no lo suficiente como para molestarme. Ahí fue cuando me di cuenta de que mis manos estaban más frías de lo normal. Me las toque y pude sentir un frío sobrenatural. Siempre solía tenerlas heladas… no que fuera algo que no pasara, pero mientras me tocaba todo el cuerpo me di cuenta de que no era solo ahí.

Observe mis uñas y las encontré inusitadamente duras, parecían inmovibles y se veían muy afiladas.

Volví a fijar nuevamente mí vista en el reflejo del agua buscando una explicación lógica a todo aquello. Pero por primera vez tenia que rendirme ya que no la encontraba.

“Usted esa el ama de la oscuridad, con un poder más allá de todos los mortales, dueña de la muerte y poseedora de la inmortalidad… Usted… usted es el pilar en nuestra guerra por la lucha de alcanzar la victoria e imponer nuestras ideas hasta que la verdad venga a este mundo y todos seamos juzgados.” Poseedora de inmoralidad… eso era imposible…con poderes más allá de… Observé otra vez mi reflejo y con miedo metí la mano en la túnica. Busqué la ubicación de mí corazón e intenté sentir algún latido… Nada… la búsqueda de un sonido parecía ser lo mismo que intentar buscar agua en el desierto... con desesperación puse mi mano sobre la garganta buscando la arteria… y otra vez el sepultural silencio me azotó. Ni un solo latido, nada… absolutamente nada…

Mis pensamientos se ordenaron dentro de mi cabeza y una gota de comprensión cayó dentro de las honduras de mi mente confusa.

Le sonreí al lago y este me devolvió mi reflejo. Allí estaba… unos largos colmillos asomaron por mis labios al mostrar ese signo de alegría. Mis ojos relampaguearon confusos ante esta revelación. Le di la espalda al hermoso y misterioso lago, y caminé nuevamente hacia la senda. La serpiente no se había movido ni un centímetro y seguía allí tendida, placida en el lugar que estaba. Sus ojos se posaron en mi cuerpo para luego ir subiendo y encontrarse con mis orbes celestes, observándome cautelosamente y con una mirada significativa, que daba a entender que ella ya lo sabía.

-Sígueme- fue lo que oí por parte de ella, antes de que se diera la vuelta y empezara a zigzaguear por el camino serpenteante.

Llegamos después de caminar unos momentos a una zona muy oscura, por la cual los rayos del sol eran escasos y apenas penetraban en el inmenso bosque. Las enredaderas subían por los árboles por doquier y las flores estaban a los lados del camino. Enfrente de ella había una gran roca cubierta del musgo, seguramente por la gran cantidad de humedad del lugar. La zona estaba llena de una densa neblina que casi no dejaba apreciar el suelo que se pisaba, lo que provocaba que pareciera que estuvieras flotando en una nube.

-Quieta- la voz siseante de la cobra me detuvo. Mientras que esta se adelantaba y subía a la roca que segundos antes yo había apreciado.

En el momento que la figura estirada y negra se acomodaba, esta se transformo. No lentamente, pero para mí, fue como vislumbrar un cambio en cámara lenta… algo que pensaba se debía a mi condición.

El negro de pronto pasó a dar forma a una gran túnica y la cara de la serpiente se transformo en la de un joven de cabello oscuro, con unos ojos marrones intrigantes y seductores, y un rostro bastante agraciado.

Me miró con inteligencia, tal y como lo había hecho cuando estaba en su forma de serpiente.

Yo simplemente no decía nada, estaba demasiado confundida como para hacerlo. Miles de pensamientos se cruzaron por mi cabeza, pero ninguno pudo ser apreciado por la persona que tenia adelante.

Si hay algo por lo que me caracterizaba era no querer decir las cosas hasta estar seguro… nunca hablaba demás y siempre lo justo y necesario. Había que decirlo… para sacar conversación… era una completa inútil… no sabía hablar de cosas que no sean importantes o por lo menos que no me interesen.

El muchacho del frente sonrió y yo quede más reflexiva que antes. Creía conocer esa sonrisa… no la había visto nunca… pero algo me decía que no era desconocida para mi.

-¿Quién eres?-pregunte cautelosa.

-Tu sabes la respuesta, de hecho, sabes muchas más que las que yo conozco.- le respondió, tenia una voz helada que si no fuera porque ya no estaba viva me hubiera erizado la piel.

-¿Podrías dejar de hablar en acertijos?- le espeté molesta.

La sonrisa se amplio.

-Solo uno más, pero con el cual podrás adivinar quien soy¿te parece?

-Suéltalo- le respondí.

El chico no dijo nada, solo agacho la cabeza y de su cuello pareció descolgarse algo. Lo levanto mientras que yo lo veía atónita. No que lo hubiera visto, pero después de leerlo unas cuantas veces cualquiera se memoriza como era el collar de Salazar Slytherin.

Miré a quien sostenía ese relicario y mi cabeza casi estalla por la comprensión que tuvo lugar. Si de verdad estaba enfrente de quien yo creía iba a tener que tomar la hipótesis del sueño nuevamente como verdadera.

-¿Eres Tom Riddle?- pregunte ásperamente.

Una mirada de odio quebró las hermosas facciones del muchacho que tenía delante.

-Creo que sabes como me gustaría que me llamarás.

-Entonces… ¿Lord Voldemort?- mi mirada centello a la respuesta anterior del chico.

-Sigo sorprendiéndome de todo lo que saben… estoy pensando seriamente en buscar personas de ese mundo… creo que me serian más útiles…- dijo para si mismo, el que ahora yo sabia era el Lord oscuro, en su antigua forma.

-¿Qué hago aquí?- pregunté. No tenia miedo, ese sentimiento era algo que yo no solía experimentar y estar enfrente de esa persona mas que provocarme ese estado de animo, me ponía curiosa… loca… expectante…por saber que era lo que pasaba…el por qué de cómo había terminado allí, con uno de los personajes más admirados por mi en toda mi adolescencia. Miré a un lado y al otro atenta a si aparecía alguien mas, pero no visualice nada.

Este movimiento no fue desapercibido por el sujeto enfrente de mí, y con voz divertida pregunto:

-¿A quien buscas?

-A nadie que le importe- respondí secamente. No tenía pensado develar la emoción de querer poder observar aunque fuera por algunos segundos al enemigo natural de quien tenia enfrente.

-Al menos me tratas de usted, tienes modales- su sonrisa característica volvió a tomar lugar en su rostro.- Pero creo que lo mejor será volver a nuestro tema. Y realmente creo que no te opondrás a la idea de saber el por qué de que tú estés aquí.

-¿No vas a matarme?- pregunté. Establecer una conversación… eh… “amigable” con el que yo conocía como un asesino en masa, no era algo que pasara desapercibido.

-¿Por qué habría de hacer eso?- preguntó mirándome fijamente- A los invitados hay que tratarlos con delicadeza y amabilidad, principalmente a alguien como tu.

-¿Un invitado no?- pregunté, mientras mi mente seguía pensando. Un halo de curiosidad se instalo en mi cabeza- ¿Qué es este lugar?

-Es…-parecía querer buscar las palabras correctas para expresarlo- una especie de pasaje, creado por tu mente.

Mis cejas se levantaron de forma significativa, pidiendo una explicación a lo que acababa de escuchar.

-Moriste- la simpleza de esa palabra casi me provoca un ataque si no fuera porque mi corazón ya hacia rato que había parado de bombear sangre.- Y yo te rescate.

Con otra mirada lo insté a que siguiera.

-Durante la noche unos muggles- esa palabra no paso desapercibida por mi- entraron en tu casa y antes de que pudieras despertarte te dispararon.

-Eso aun no explica por qué estoy aquí.- acoté sin alterarme. Me acaban de decir que estaba muerta, y eso era verdad si se tenía en cuenta, nuevamente, su estado. Pero en cuanto a lo otro… no me perturbaba… no era algo por lo que debía preocuparme en esos momentos…

-Calma, todo a su tiempo.- me tranquilizó- En simples palabras puedo decirte que tome tu alma desde mi universo antes de que se perdiera y se fuera a donde sea que vayan en el momento de morir.

Lo miré interrogativamente pero no dije nada.

-Hay distintos universos, cada uno con sus leyes y sus formas. Debo decir que en cuanto lo descubrí me quede asombrado. Y mucho más cuando conocí la información que se me dio, acerca de uno en el cual el mundo en el que yo habito es solo la historia de un libro.

Mis pensamientos fueron directamente al armario de mi habitación en donde siete libros se encontraban cuidadosamente acomodados, a la espera de que fueran sacados nuevamente para ser leídos.

-¿Y acaso me tomaste a mi con la esperanza de que te relatara todos y cada uno de ellos?- mis ojos se centraron en los de Voldemort y vi que estos habían tomado el tan famoso tono escarlata y que la sonrisa que me dirigía se parecía mucho más a aquella que siempre había leído en esos siete famosos libros, que ahora el mismísimo Voldemort conocía.

-Me gustas- dijo- No elegí mal a la hora de escoger a quien traer, eres inteligente.

-Sigues sin responder a mi pregunta.-le insistí.

-Tu sola lo has respondido.- respondió sin alterarse.

Mientras lo decía yo solo pensaba en el hecho de que este no parecía el Voldemort que conocía.

-¿Solo eso¿Qué me una a ti?- pregunté- ¿Y cómo estas seguro que lo haré¿Qué acaso creías que aceptaría sin decir nada, solo porque me salvaste de la muerte?-seguí- ¿Cómo quieres que este en tu circulo de sombras¿Mediante torturas, esclavizada?...

-Que mal preconcepto tienes de mi Caroline,- no me moleste en preguntar como sabía mi nombre- ¿acaso crees que te obligaré? Es verdad que tenerte seria una gran ventaja. Pero yo quiero eso sabiendo que estás completamente entregada a mi bando.- los ojos del lord me examinaron.- ¿O eres otro juguete de Dumbledore?- pregunto esta vez más ásperamente.- Ya me ha pasado- yo lo miré- Tu no eres la primera a la que traigo aquí. Hubo varios que antes que tú estuvieron en este pasaje. Pero todos terminaron de parte del viejo y para mis desgracias no hubo ninguno que quisiera poseer lo que yo le prometo.

-¿Los dejaste ir?- la pregunta que tenia en la punta de la lengua se me escapó antes de que pudiera detenerla. No me creía que Voldemort hubiera dejado ir a muchachos que conocían lo mismo que ella, al bando enemigo, sabiendo que todos ellos sabían demasiados secretos de la persona que tenia enfrente.

-Aquí no puedo hacerle daño a nadie y además no pude pararlos- mi rostro de confusión le hizo seguir hablando- Como ya te he dicho esto no es más que un pasaje entre tu mundo y el mío. Hay dos opciones, vuelves a tu mundo: por lo que tu vida seguirá su curso, o mejor dicho muerte o eliges quedarte aquí. Si es eso lo que decides tu cuerpo y alma serán transportados al lugar que la magia disponga imposibilitando que te toque, por lo menos hasta que te encuentre.

-¿Cuántos decidieron quedarse¿Puedes traer a cualquier persona a este lugar?- pregunté interesada.

-La mayoría quiso irse nuevamente a su mundo pese a haber muerto, solo un chico decidió ponerse bajo el mandato de Dumbledore- Riddle me observó detenidamente mientras yo me ponía nerviosa, estaba segura de que esa mirada lo lograría en cualquiera.- Pero gracias a mis precauciones no puede decir absolutamente nada sobre lo que sabe, incluso de que viene de otro mundo y de quien lo trajo aquí. En cuanto a quien puedo traer, solo lo he logrado con almas que estén en camino a lo que alguien normal llamaría… purgatorio. Intentar atraer un cuerpo desde otra dimensión podría haberme matado.

Una sonrisa sarcástica apareció en mi rostro al dudar extremadamente lo de que lo hubiera matado. Ya que no creía que con siete Horcruxes fuera eso posible.

-¿Qué significa esa sonrisa?- preguntó Voldemort.

-Chiste privado- respondí, dando a entender que no diría nada. Luego una duda salto sobre mi cabeza y pregunté:

-Si no puedes traer un cuerpo, quiero que me expliques como es que tengo uno y soy…-la palabra no me salía- un vampiro.-finalicé.


Pues aquí termino, espero que les haya gustado y que esperen ansiosos para el segundo. El cual ya está listo. Realmente el que viene está mucho mejor que este, y me siento súper orgullosa por lo que hice con el que sigue.

¡Nos vemos!