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Historia 27703 — capítulo 6
Capítulo 6: Impaciencia
Seis… siete… ¿Qué acaso el reloj no podía ir más rápido?
Suspiré en medio de la oscuridad perteneciente al baúl del auto que había robado a la vez que volvía a ver la hora, esperando en vano que hubiera avanzado algún tramo desde la última vez. No hacía mucha falta decir que en cuanto lo hice solté un gemido. ¿Por qué siempre el tiempo pasa lento cuando uno quiero lo contrario?
Abrí muy poco la tapa que me protegía de cualquier haz de luz proveniente del sol y pude ver que el brillo que iluminaba los objetos visibles desde mi punto de vista era cada vez más opaco. Bien, pensé mientras volvía a sumirme en las sombras. Al menos ahora no debería esperar demasiado y podría salir a estirar las piernas.
Hacía ya dos horas que me despertaba de mi sueño y sinceramente deseaba haber dormido más para no tener que soportar esta tortura. Espero llegar a los cien años de edad con más paciencia que con la que tengo ahora. Si no es así a mitad del camino me volveré loca… hice una mueca. ¡Cien años! Parecía algo demasiado increíble como para pensar siquiera en que existía alguna posibilidad de vivir tanto… y sin siquiera envejecer.
¡Qué dilema era todo aquello! ¿Qué haría durante tanto tiempo? ¿Qué cosa me tenía propuesta a mi misma para no caer en la depresión y mantenerme fuerte, para así poder perdurar durante los siglos? Toda persona vive por una razón, yo supongo que lo hago por algo. Y sé exactamente qué es ese algo. Pero aun así, ¿qué pasará cuando eso ya no exista? ¿O cuando el propósito que tengo implantado en mi mente se cumpla? ¿Qué es lo que planearé para mi propia supervivencia en un mundo en el que la frase "no tengo tiempo" no existe?
Conocía lo suficiente de la mente humana como para saber sobre reacciones a diferentes situaciones. Sabía lo que era levantarse y no saber lo que depararía el futuro, además de conocer perfectamente lo que es no tener un objetivo en la vida. Ver pasar cada minuto de ella sin posibilidades de hacer nada, solo de pensar que una parte de la existencia en la tierra se ha perdido para siempre, que nunca volverá, que no puede ser reemplazada y que ha sucumbido por culpa de terceras personas. Yo conocía lo que era la desesperación de no tener algo a lo que aferrarse para seguir luchando y seguir adelante. ¡Qué difícil resulta explicarlo si no se ha sentido o experimentado! Pero sinceramente cuando a uno le toca preferiría nunca haber tenido que pasar a través de esa experiencia. Yo deseaba no haber pasado por aquello.
*¿Por qué a mí?*Pensé mientras una sonrisa irónica pasó por mi rostro. La pregunta del millón. La pregunta que una gran cantidad de personas se hacía a diario y por la que se amargaba toda su jornada. Aquella por la que cualquiera pagaría un buen precio por conseguir la respuesta.
Aunque nunca no lo demostraba por fuera siempre fui frágil. Las cosas por las que pasé simplemente me fueron dando a entender que no debía dejar que los demás siguieran pasándome por encima. No me daba miedo la muerte, siempre viví con ella a mi lado esperando a tenerme. Encontrarme con Voldemort no fue ni en pisca algo que podría haberme causado terror. Había pasado por cosas peores…
De hecho, si él me hubiera asesinado hubiera muerto más feliz que en cualquier otra circunstancia. No que fuera masoquista… solo digo lo que sería en realidad. Claro que estoy contenta de seguir viviendo… aunque creo que mejor digo seguir existiendo… teniendo en cuenta la situación. La suerte que tuve… si, suerte. No catalogo mi viaje como una complicación. No dejé nada en mi vida anterior que me hiciera querer salir de este lugar. Y aunque fuera así, no sé si mi opinión sería distinta. Supongo que todo dependería de lo que hubiera sido de mí con una familia. No soy idiota. Sé que con una crianza diferente yo no sería como lo soy ahora. Y las cosas que me sucedieron podrían haberse dado de otra manera totalmente desigual.
Ahora el tema es, ¿Qué tanto?
Aun así, las cosas son como son. Dejarse arrastrar por el "qué hubiera pasado si…" es solo una forma de perder tiempo y de no pensar en la realidad. Y la mía fue una llena de cosas que fueron dando lugar a mi personalidad. En cierto modo creo que lo agradezco. Como el dicho dice: "lo que no mata fortalece" y yo sinceramente era un ejemplo de ello.
El dolor siempre fue algo con lo que tuve que lidiar. Y eso era lo que no soportaba y hundía mi esperanza cada vez más en las oscuras lagunas de mi mente.
Porque esa era la única arma con la que había aguantado durante todos los años de mi vida.
La herramienta con la que uno cree que podrá seguir adelante aunque el presente sea un campo lleno de neblina en el que uno no puede verse ni los pies, la esperanza.
Por eso yo quería darle una mano a Harry, por eso me había quedado.
Porque los libros de alguna forma me habían dado sueños por los que luchar. Me había enseñado a seguir adelante aunque no todo fuera como uno quisiera y aunque en el camino se perdieran cosas de valor.
Me habían ayudado.
Y como había dicho, yo ayudo a quienes lo hacen.
La noche no presentaba ninguna diferencia a las dos anteriores a excepción del hecho que de vez en cuando, se podía ver a través de la espesa capa de nubes una luna grande y brillante que lograba iluminar mi camino por el sendero por el que transitaba.
Era ya casi las once de la noche y me encontraba en un parque ecológico cerca de un zoológico a unos diez kilómetros de la casa de Harry. No podía permitir que encontraran el auto robado, por lo que me había asegurado de esconderlo en este lugar, por donde no muchas personas pasaban. Por lo menos en un día de semana.
Aunque también tenía que decir que la razón por la que rondaba estos lares, era que la sed se estaba haciendo presente una vez más en mi garganta, la cual de a poco se iba secando y le reclamaba a mi instintos que volviera a ponerla cómoda como estaba hacia dos noches.
Por lo que me había decidido a cazar un animal, ya que como Voldemort me lo había comentado, eso era algo que podía hacer para no matar personas cada vez que fuera necesario, esto era muy recomendable tomando en cuenta con quien me encontraría esta noche… ya que podría terminar matando a Harry.
Olí la brisa que me golpeó en la cara y un olor nauseabundo penetró en mi nariz. No sabía lo que era, pero mis instintos tomaron el control y me dijeron que tuviera cuidado, sea lo que sea, estaba segura que no era algo fácil de enfrentar… Tomando en cuenta todas las cosas que me pasaron en solo tres días, no me extrañaba encontrarme con algo peligroso.
Con gran agilidad subí a un árbol y escale hasta una rama lo suficientemente gruesa como para sostenerme y luego empecé a vislumbrar los alrededores.
Fue allí cuando un aullido enérgico y claro resonó en el pequeño bosquecillo. Mis ojos se abrieron de golpe y mi rostro se centró en el orbe redondo que había logrado abrirse paso a través de las nubes.
Hombre**lobo, pensé con desesperación. ¿Por qué me pasaba esto siempre a mí? ¿Qué acaso no podía vivir un minuto en paz sin que nada intentara atentar contra mi vida?
Otro aullido, uno mucho más cerca que el anterior, me alertó de la proximidad de mi enemigo. Con agilidad y casi sin poder creérmelo empecé a saltar de árbol en árbol. Quería alejarlo lo más posible del auto, lo necesitaba completamente intacto para la reunión de esta noche. Aunque mejor llegaba yo intacta antes que el auto.
Cuando pasaba de rama en rama, un fuerte golpe al árbol que cruzaba en esos momentos y que no era de los más grandes, hizo que perdiera el equilibro y cayera de espalda al suelo cubierto de hierba totalmente húmedo, en el camino una rama se me engancho en la ropa y destruyó gran parte de ella.
Rodé sobre mi misma y quedé en cuatro patas. Enfrente de mí, a unos siete metros, un lobo enorme de pelaje negro y con ojos dorados me miraba mostrándome los dientes mientras se iba a agazapando y me gruñía.
El miedo no era un sentimiento presente en mi cabeza, en lo único que esta estaba trabajando era como acabar al lobo gigante que tenía delante. Sabía que en la posición que estaba presentaba una clara desventaja, por lo que no tardé en levantarme.
En cuanto lo hice el animal se las ingenió para saltarme encima. Su mandíbula llena de dientes afilados no tardó en querer buscar mi cuello, como acto reflejo, puse mis manos por delante y no pude reprimir un grito cuando los colmillos perforaron mi piel y la sangre se derramó por toda mi cara, a la vez que manchaba mis ropas y me segaba. Él animal empezó a sacudirme el brazo, hundiendo más sus caninos y desgarrando la carne. No me paré a regodearme con el dolor y actué por puro instinto, con la otra mano me las ingenié para asestarle un golpe en la cara, cortándole con las uñas. El lobo soltó un gemido, me soltó y retrocedió.
Con impulso y tratando de ignorar la herida punzante de mi brazo me alcé y me le tiré encima.
Podía no ser tan pesada como el lobo y podía no tener dientes tan afilados ni preparados para morder de esa forma. Pero seguía teniendo inteligencia humana y eso era suficiente como para saber que con ejercer un poco de fuerza en el cuello y doblarlo en cierto ángulo, la victoria era mía.
Milésimas de segundos después, el cuerpo del lobo cayó pesadamente enfrente de mí, completamente muerto.
Me levanté sosteniéndome el brazo ensangrentado. Al verlo de cerca pude apreciar el desastre producido. Tenía un gran tajo de casi diez centímetros en donde la carne parecía triturada, además de poder partes blancas que seguramente eran los huesos.
Me quejé casi sin aliento, el dolor me estaba segando.
Pero no solo eso me molestaba. La sed se había vuelto insoportable y estaba segura que la respuesta a la pregunta de porque, era la sangre que en esos momentos perdía a chorros de mi brazo.
-¡Mathew! ¿Oíste eso? ¿Crees que se haya salido algún lobo?- me tensé al escuchar la voz. Parecía la de un chico joven.
-¡No lo creo! ¡Me aseguré de que todo estuviera correcto! ¿Cómo quieres que se escape?- contestó otra voz.
-No lo sé, ¿pero cómo me explicas esos aullidos?
-Ni idea.
Giré hacía donde yo sabía estaban los hombres. Llevaban linternas y no tardarían en encontrar el cadáver detrás de mí.
Fue allí cuando capte su olor y me di cuenta de mi error. Estaba sedienta, endemoniadamente sedienta.
Dejé de lado todo atisbo moral que tenía en mi mente y aceleré el paso. Ya no controlaba mi cuerpo, este había tomado el control para ocuparse de sus necesidades.
Un muchacho de no más de veinte años, cabello castaño oscuro y ojos negros que se encontraba a la izquierda fue el primero. Nunca supo lo que se le vino, ya que antes de que se diera cuenta se encontraba entre mis brazos, encerrado en la peor de las cárceles, mientras clavaba en su cuello los colmillos.
-¡Suéltalo!- escuché que gritaba en la lejanía el compañero rubio de aquel muchacho al que le iba llegando la hora. Estaba muerto de miedo y no sabía qué pasaba.
Entonces escuché un chasquido muy conocido: una arma al cargarse. Podría tener sed, pero eso no me volvería lo suficientemente loca para hacer que me maten.
Me di vuelta, y en cuanto lo hice, recibí un disparo en donde esta mi corazón… el cual ya no funciona. Me dolió, o sí, pero no lo suficiente como para hacerme caer. Me abalancé sobre aquel que había osado dañarme. No tardé mucho en dejarlo seco.
En cuanto me separé de él, me sentí volver a mi cuerpo. La razón volvió junto con los pensamientos y emociones.
Observé los dos cadáveres a mis pies y estuve segura que hacia unas noches si me hubieran presentado semejante postal me hubiera desmayado… y eso no era algo fácil de lograr. Los cadáveres estaban rojos, pero no por su propia sangre, sino por la mía.
Miré mi brazo, me sorprendí al ver que la herida no estaba más. El dolor se había ido, tanto de allí como de mi pecho.
Nota mental, me curo si me alimento, pensé. O solo es que me curo rápido…
Miré hacia abajo y encontré que ambos sujetos llevaban mochilas. Se las saqué, miré a los alrededores y luego a mi ropa. Fruncí el seño disgustada al ver el desastre en mí. Debía conseguir algo nuevo.
Pensando en la tienda de ropa que había pasado en el camino hacía este lugar, me di vuelta en dirección al auto. Tenía pensando hacer mi primer robo y luego ir directo a Privet Drive.
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Harry
Maldije por lo bajo mientras releía la carta que sostenía en mis manos en esos momentos.
Harry:
Por razones de último momento habrá un cambio de planes y la estadía en la casa de tu familia durante todo el verano será imposible. Prepárate para ser buscado. Estaré allí con un acompañante a las doce de la noche.
Atte. Albus P.W.B. Dumbledore.
Observé el reloj en la mesa de luz y vi que éste marcaba las doce menos cuarto. Gemí en voz baja y me tiré en la cama estresado.
Había estado empacando todo y en esos momentos la habitación se encontraba inusualmente vacía y ordenada. Pero eso no era lo que me tenía nervioso, sino que el estado en el que me encontraba era causado por la inminente llegada, a las doce de la noche, de dos personas que irían a buscarme y quienes, estaba seguro no se llevarían demasiado bien.
Las conclusiones a las que Dumbledore podría llegar viéndome con un vampiro eran infinitas, y muchas de las representaciones mentales que me hacía sobre el hecho no eran muy agradables en varios sentidos.
Ya podía imaginar los titulares en el profeta.
"El niño que vivió se descarría y hace amigos con vampiros." o "El nuevo Lord Oscuro"
Otra cara de disgusto se formó en mi cara.
"Me aseguraré de pedir el periódico ese día, seguramente se pondrá interesante una nota como esa"
Cerré los ojos intentando tranquilizarme al escuchar esa voz. Como no, otra complicación a la noche.
"¿Qué quieres?" le espeté.
"Potter, Potter, Potter… sentir desde la conexión, a tu cabeza estresada da mucho que pensar a la mía. ¿Alguna razón especial para tales sentimientos esta noche?"
"¿Crees que te lo diría?"
"Puedo buscarlo y lo sabes, pero hoy seré cordial y te permitiré decírmelo de forma voluntaria. ¿El pequeño niño que vivió ha estado relacionando con criaturas oscuras? Mis acciones empiezan a surtir efecto. Bueno es saberlo.
Gruñí y él se rió con su forma característica. Aunque yo pensé que parecía bastante curioso por el asunto.
"Vete de aquí, sabes de mi posición."
"No me sacaras de tu cabeza, Harry. Ahora, ¿qué está por ocurrir que no me dejas torturar a mis mortifagos tranquilo?"
No le respondí y sentí a través de nuestra conexión que se enojaba.
"Tu lo pediste." fue lo único que oí antes de caer en las tinieblas.
Imágenes pasaron delante de mis ojos a gran velocidad. Todos los recuerdos recientes iban sucediéndose como si de una película se tratara, a la que estaban rebobinando.
No pasó mucho tiempo hasta que el rostro de cierta vampiresa y la carta en mis manos apareciera durante milésimas enfrente de mí. En ese momento la lista de imágenes desapareció y mi mundo se volvió negro. No tardé mucho en volver a la luz.
En cuanto lo hice podía escuchar en mi cabeza la risa de Voldemort; por alguna razón, parecía complacido. Aun me encontraba débil por el ataque mental, además ahora de tener dolor de cabeza, por lo que no hice ningún comentario.
"Lo que pensaba. No ha tardado tanto, creí que se comunicaría contigo más adelante. Aunque al parecer no le gusta esperar" parecía hablar para sí mismo, aunque yo pensaba que quizás lo hiciera para llamar mi atención.
La desgracia era que lo estaba logrando.
"Si no vas a decir nada, mejor vete, tengo mejores cosas que hacer."
"¿Cómo irte con el come caramelos?"
Gruñí otra vez. Había olvidado que eso también lo había visto. Cerré los ojos.
El cansancio se estaba llevando gran parte de mis energías y sinceramente esperaba que todo lo de la noche terminara para así poder dormir. Aunque el hecho de tener a Voldemort en la cabeza, estar esperando por una vampiresa y que el director junto con alguien desconocido viniera a buscarme no ayudaba más a la noche.
Y los últimos comentarios que Voldemort hizo empeoraban las cosas.
"¿Qué se contactaría conmigo?" mi mandíbula inferior descendió unos centímetros. Después la cerré y digerí lo que el demente había dicho. Me había mentido, si trabajaba para Voldemort.
"No te ha mentido" me aseguró el lord. "Que nos hayamos encontrado no significa que yo la haya mandado o que esté de mi parte."
Quedé inmóvil criticando aquello. No tenía pensado creerle demasiado por mucho que lo dijera. ¡Era Voldemort después de todo!
"Supongo que tienes razones para creer eso" razonó con ironía. "Piensa lo que quieras, aunque creo haber dejado claro que suelo ser bastante sincero. No tengo ningún poder sobre ella" le escuchó decir "aún" finalizó.
Resoplé. Pensando en que significaría "bastante" para Voldemort.
En ese momento escuché un suave "¡plop!".
"Al parecer el viejo ha llegado. Me quedaría a ver la masacre pero seguro me descubren en esta débil cabeza tuya, hasta luego Potter."
Y la conexión se cortó.
Fui hasta la ventana y vislumbre a través de ella. Ataviado con sus habitual atuendo Dumbledore caminaba seguido de otra figura que intentaba mantenerle el paso. Al cruzar al lado de un farol pude vislumbrar a una chica de complexión mediana y cabello negro. Aunque no puede distinguir nada más a causa de la poca luz.
A lo lejos, un cuervo graznó. Y a lo lejos, unas dos cuadras en la dirección opuesta una figura se internaba en la oscuridad en dirección hacia la casa.
Oh si, el final del día no sería nada agradable.
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Caroline
Miré nuevamente para asegurarme de que la vista no me estaba jugando una broma muy pesada. Demasiado horrible.
Estaba allí.
-Maldita sea, no puede ser, viejo estúpido, ¡metete en tus asuntos!- quería gritar, patalear, chillar como una niña de cinco años y quejarme sin que tuviera reprimenda. Pero no podía dejar que me descubrieran así que me remití a decir injurias contra el anciano decrepito que veía tras la ventana de la casa de los Dursley.
"Ya decía yo que las cosas iban bastante bien." Más que estar allí parecía haber caído en algún lugar mezclado con "Una serie de eventos desafortunados."
Volví a mirar a Dumbledore.
Solo que empezaba a pensar que Violet, Klaus y Sunny todavía y habían tenido mucha suerte.
¿Y? ¿Qué haría? O mejor dicho, ¿por qué estaba Dumbledore allí? ¿Lo venía a buscar como pasaba en las vacaciones antes del sexto curso? ¿Lo llamó Harry? ¿Acaso el chico le había engañado y todo lo que había dicho la noche anterior era absoluta mentira y pretendía atraparla? ¿Interrogarla? ¿Mandarla al ministerio?
Sacudí la cabeza intentado despejar mis pensamientos. Tranquilizarme.
No podía ser, si quisiera atraparla. ¿Estaría allí el viejo a la vista de cualquiera? Además, creía tener algo de conocimiento sobre Harry. No sería capaz de dar una actuación tan buena. Si fuera un Gryffindor en esencia, simplemente hubiera sacado la varita y habría empezado a enviarle hechizos en cuanto la hubiera visto.
¿Y quién era la morena que lo acompañaba?
Fruncí el ceño. Dumbledore seguramente venía a recogerlo solo para su ida a La Madriguera y el pasar por Slughorn…
No más de diecinueve años, e irreconocible, no conocía ninguna descripción que se le acercara, ni tampoco a alguien de esa edad en el mundo en el que estaba…
Observé los alrededores y caí en la cuenta. ¿Acaso no me había dicho Voldemort que uno se había quedado? ¿Qué alguien había decido el irse con los del bando de la luz?
Me senté en el césped.
Todos mis planes arruinados. ¿Ahora como lo contactaría?
Podía tener muy buen oído, pero ni desde allí llegaba a escuchar lo que decían. ¿Acaso iban como yo sabía a la madriguera? ¿Podía ser que fuera a Grimmauld Place? ¿A Hogwarts? ¿A algún lugar desconocido?
Me mordí el labio y luego suspiré. Paciencia, pensé. Solo necesito eso, paciencia.
Ya encontraría una manera de comunicarme nuevamente. ¿Tenía todo un año, no? Había tiempo.
Me levanté y giré sobre mi misma. Di un último vistazo, antes de que oyera la puerta delantera abrirse y observara a Dumbledore, la chica y Harry salir y esfumarse luego por arte de la desaparición. Salí corriendo hacia el lugar en donde había dejado el auto.
Pese a todo lo que sabía, necesitaba de ayuda. No sabía el lugar exacto. Pero al menos tenía una idea de por donde empezar.
Little Hangleton.
---FIN---
Espero lo hayan disfrutado, he intentare tener el proximo cap lo más antes posible.
Au revoir!