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¿Por qué de ti? — capítulo 27

Capítulo 25: Arreglando cuentas entre Harry, Ginny, Hermione, Draco y Ron.

Hermione relató toda la historia a Ron y Harry. De principio a fin. Tal como lo había hecho con Ginny… ya se estaba hartando un poco de tener que repetir las cosas como un loro, pero esperaba que sirviesen para ayudar a Draco y que sus amigos comprendiesen que el quería ofrecer su ayuda y no estaba con los mortífagos, sino con ellos. Que todo lo había hecho por salvar su vida (la de Hermione) y la de su hijo.

  • ¿Cómo podemos creerle? – preguntó Ron más calmado.

  • Yo he confiado en él. Confiad vosotros en mí por lo menos.

  • Esta bien Hermione. Se quedará aquí… pero antes tenemos que hablar con él, a solas. – razonó Harry.

  • No. Quiero estar presente. – se negó Hermione.

  • De acuerdo. Dile a Ginny que también esté, sino no me volverá ha hablar en lo que me resta de vida. – sonrió.

  • Ahora bajamos. – dijo saliendo de la sala Hermione.

  • ¿Crees que de verdad está con nosotros?

  • Hermione dice que Malfoy tiene pruebas. Es hora de que nos demuestre de que lado está y a quien apoya en esta guerra. – susurró Harry.

Hermione subió las escaleras (otra vez) y entró en su cuarto (otra vez).

  • ¿Qué ha pasado? – preguntó la pequeña de los Weasley.

  • Vamos ha hacer una reunión los cinco.

  • ¿Los cinco? – dijo Draco mientras Ginny le curaba las heridas con la varita.

  • Harry, Ginny, Ron, tú y yo. – respondió Herm. – Vamos para abajo. Nos están esperando.

Entraron a la cocina en fila india, uno detrás de otro. Se sentaron y entonces Harry preguntó.

  • Malfoy… - comenzó. – Hermione nos ha explicado todo lo que ha pasado desde la última vez que supimos algo de ti y bueno nosotros confiamos en ella así que podrás quedarte en la casa.

  • Por supuesto eso no es gratis, ¿verdad? – dijo Draco, perspicazmente.

  • Has dado en el clavo. – intervino Ron. – Nos contarás todo lo que sabes sobre los planes que tienen los mortífagos, sus guaridas, los hombres que trabajan para ellos, los posibles infiltrados y todo eso que tú sabes que nos tienes que decir.

  • La mitad de las cosas ya las sabemos hermanito… además, ¿no deberíamos hacer esta reunión con toda la Orden del Fénix?

  • Eso da igual ahora Ginny. Mantén el pico cerrado.

  • ¡¡¡No me des órdenes!!!

  • Calmaros chicos. – dijo poniendo orden Hermione.

  • Parece que ahora me toca a mí hablar. – dijo Draco. – Respecto a los planes que tiene los mortífagos, se tan poco como vosotros. No teníamos nada planeado, a excepción de un ataque a un edificio muggle para alborotar… pero sabíamos que nos teníais acorralados, así que mi padre… con lo cobarde que es nos dejaba encerrados en la guarida que vosotros os encargasteis de destruir y nos mantenía a raya y con los brazos cruzados.

  • No teníais ningún plan. – dijo incrédulo Ron.

  • No, nada que os afectara a vosotros ni al mundo mágico… tan solo ese pequeño ataque que acabo de mencionar. – dijo cortésmente. Hermione estaba impresionada por lo bien que estaba tratando Draco a todos. Parecía que su novio sabía cual era el momento para mantener la boca cerrada y ser respetuoso con los demás.

  • ¿Cuándo se llevará a cabo ese ataque? – preguntó Hermione.

  • No tengo ni idea. No me dijeron una fecha exacta. Además lo habrán cambiado todo después del ataque. Yo solo os estoy contando lo que sabía antes de que destruyeran el Cuartel… ahora no se que planes tendrán.

  • ¿Qué me dices de las guaridas, Malfoy? – dijo Harry.

  • Sólo tenemos cuatro guaridas desde las que podíamos actuar para causar daño a la Orden. La que os encargasteis de destruir. La que está situada en las afueras de Edimburgo, en Escocia. Después también teníamos otra en Londres, o sea aquí, en esta misma ciudad… y luego estaba la del Castillo.

  • ¿El Castillo? – preguntó Hermione.

  • Sí. Mi padre tenía más propiedades que la Mansión Malfoy. Adquirió un castillo medieval… muy deteriorado en el norte de Inglaterra.

  • Entonces Malfoy, tú seguramente sabrás cual de esos lugares habrá elegido tu padre, ¿no es así?

  • Es demasiado obvio, ¿no crees Potter? – retó Draco.

  • Desde luego, Malfoy. Jamás elegiría la de Londres puesto que está muy cerca de nuestro Cuartel General y eso sería un suicidio. Ahora nos quedaría la vivienda a las afueras de Edimburgo y el Castillo al Norte de Inglaterra. Y como imagino que los mortífagos sabían, varios miembros de la Orden están vigilando las capitales de Escocia e Irlanda… Lucius Malfoy habrá llevado a sus secuaces al Castillo del Norte de Inglaterra.

  • Impresionante deducción. – afirmó Draco.

  • ¿Entonces que haremos? ¿Iremos al castillo con toda la Orden y los tomaremos por sorpresa?

  • Primero – recitó Ron – deberíamos asegurarnos de que los mortífagos si se encuentran en ese misterioso castillo. No es que no me fíe de vuestra increíble deducción, pero y si tal vez nos equivocamos. Tenemos que estar seguros al 100%. Este tiene que ser el último golpe. El que decante la victoria de nuestro lado. El que finalice la guerra. ¿Estáis de acuerdo?

  • Opino lo mismo que Ron. – asintió Herm. – No podemos arriesgarnos.

  • Acerca de las demás preguntas – continuó Draco. – Los mortífagos son todos aquellos que apoyaron a Voldemort en su día, siguen siendo los mismos, y no hay ningún infiltrado en el Ministerio de Magia ni en ningún otro lugar. Los mortífagos son escasos. Muchos los habéis encarcelado o están muertos y los otros que sobreviven son tan pocos que por eso no se atreven ha enfrentarse a la Orden. Sus filas son cada vez menos. Son bastantes menos que la Orden.

  • Volviendo atrás. – dijo Ginny. - ¿Quiénes iremos a garantizar que nuestro ataque final a los mortífagos no vaya a ser una cagada total?

  • Yo tengo que ir. – respondió Draco. – Soy el único que sabe donde está el Castillo. Hacen falta pocos para un reconocimiento. Tenemos que ser silenciosos.

  • Entonces está claro ¿no? Iremos nosotros cinco. – aclaró Hermione.

  • ¡No! Ginny se queda y tú también. – señaló Ron a Hermione.

  • Ron tiene razón, vosotras os quedáis. – afirmó Harry.

  • Potter y Weasley, por una vez, piensan igual que yo.

  • ¡¡¡No os lo creéis ni muertos!!! – gritó Ginny. ¡Nosotras vamos y punto! Somos mayores para decidir que queremos hacer y como vamos a intervenir en esta guerra.

  • ¡Bien dicho, Ginny! Ninguno de vosotros nos va ha impedir que vayamos a la misión. ¿Habéis tomado nota?

  • Qué remedio… - susurraron al unísono los tres chicos.

  • Bien, vendréis las dos. Pero si la cosa se pone fea, regresaréis aquí, ¿lo prometéis?

  • Sí. – respondieron las Gryffindor.

  • Mañana empezaremos con todos los preparativos. Despertad temprano. Buenas noches. – y los cinco salieron de la sala. Cada uno a su habitación...