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Historia 27808 — capítulo 2

Habían pasado unas cuantas semanas desde aquel fin de curso inolvidable, desde aquella despedida en la estación King´s Cross todo había cambiado. Es difícil decir quien de los dos fue quien dio el primer paso, el paso que los tendría juntos hasta su muerte, solo sucedió, James Potter y Lily Evans eran novios. Ambos se profesaban un amor mutuo, se querían y respetaban. En uno de esos días de vacaciones James había visitado a Lily. Fue bien recibido por sus padres, pero Petunia (la desagradable hermana de Lily) y Vernon, su pareja, lo habían ignorado y a cada instante le arrojaban miradas de odio y comentarios ofensivos por lo bajo.

Esa tarde se hallaban en el parque de la inmensa mansión Potter. Los padres de James, Charlus y Dorea Potter, adoraban a su joven nuera porque ella había encaminado al rebelde de su hijo. El sol pegaba de lleno en el rostro de la chica, su novio se entretenía en acariciar su hermoso cabello.

  • Quisiera pedirte perdón Lily- espetó de repente James mientras se movía incómodo en el cálido césped.

  • ¿Por qué James? Yo… ya me olvidé de todo, no quiero pensar en eso, solo en nuestro presente y futuro juntos- y besó los labios de su amor, con profunda ternura.

El 1º de septiembre había llegado con rapidez. James y Lily se hallaban en la estación tomados de la mano, él lucía en su pecho la bella insignia de PREMIO ANUAL al igual que ella. Sirius se encontraba no muy lejos de allí. Estaba más alto y mucho más apuesto (si eso era posible); su oscuro cabello caía sobre sus hombros y su mirada era de misterio. Se hallaba coqueteando con una muchacha de Ravenclaw, era su 5ª chica en menos de dos meses. Era bonita, algo que nadie podía negar, pero “de pocas luces”, según Lily. Remus recién había pisado el andén 9 ¾ con una pequeña maleta en su mano y una lechuza en la otra. Su aspecto era el de un hombre joven con algunas cicatrices, que había envejecido mucho en un corto tiempo.

  • ¡Lily, James!- había gritado al verlos para luego correr hacia ellos cansinamente.

  • ¡Remus!- dijo ella con alegría al darle un fuerte abrazo.

  • ¡Lunático, amigo!- exclamó James a su vez que le daba un buen apretón de manos.

  • ¿Cómo están?... por lo que veo muy bien- espetó enfatizando las dos últimas palabras y con una sonrisa cómplice. - ¿Y Canuto?

  • Por allí, buscando algún hueso que roer.- Lily le propinó un codazo en señal de reprobación.

  • ¡Qué bruto!- le dijo en un susurro- Está charlando con su nueva novia.

Ya el tren había comenzado a despedir aquel denso humo que indicaba la partida.

  • Nuestro último año, el último año que nos subimos al expreso de Hogwarts…- había comenzado a decir Lily- ¿no estás emocionado James?- terminó por señalar mientras observaba nostálgica los ojos de su amado. El besó su mejilla, ya estaba todo dicho, James la tomó por un hombro y la ayudó a subir a la locomotora que los llevaría a aquella escuela de Magia y Hechicería por última vez.

Los meses siguientes en Hogwarts habían pasado sin ningún sobresalto, eso sí, se estaba comentando que un gran peligro rondaba el mundo mágico, sin embargo no se había trascendido mucho más. James y Sirius no se hallaban muy preocupados pero Lily y Remus se hallaban notablemente interesados.

  • Señorita Evans- dijo en cierta ocasión con su voz rubicunda el profesor de Pociones, Slughorn.

  • Sí, profesor.

  • La felicito sinceramente por aquella maravillosa poción, los gusarapos de corea desaparecerán de una vez, la profesora de herbología estará muy agradecida. Ah! Otra cosita… el director quiere verla en su despacho.

  • ¿En su despacho? ¿Y qué hice ahora?

  • No se - dijo mientras abandonaba la sala rozagante.

La joven se dirigió hacia la oficina del Director, Albus Dumbledore, con paso raudo y temeroso. Se detuvo ante la inmensa estatua:

  • “flores de caramelo”- dijo la contraseña con voz clara y potente.

Una vez, frente a la puerta la golpeó con suavidad.

  • Pase señorita Evans- espetó un hombre con delicadeza.

Lily entró y se encontró con Remus Lupin, de pie.

  • Por favor tomen asiento- exclamó Dumbledore, el anciano de barba larga y de aspecto de típico hechicero.

  • Quisiera hacerles una propuesta, como ustedes bien sabrán hay un mago que está atormentando el mundo mágico y porque no, también el de los mugles… ¿quieren un poco de licuado de frutas?- dijo de repente a lo que los jóvenes respondieron negativamente con un seña de las manos.- Bien, siento que no puedo informarlos más sobre este asunto de lo que ya ustedes saben, sin embargo he tenido la intención de combatir con estas fuerzas oscuras, y por este motivo he creado una especie de grupo de rebeldes, que tienen ideales por los que vale la pena luchar, que representan a aquellos que no saben hacerse oír. En él están aquellos que se destacan en alguna habilidad mágica o física o que simplemente están interesados en el tema y no les interesa dar su propia vida por otros- los ojos del anciano se hallaban ligeramente brillosos tras aquellos anteojos de medialuna.- Su nombre es la ORDEN DEL FENIX.

Pese a que les había costado asimilar la cuestión en un principio, aceptaron aquella propuesta con sinceridad. Lily se hallaba muy involucrada en el tema, y aquello era notorio para James y Sirius. Ambos se sintieron algo excluidos del asunto por lo que los dos fueron a la semana siguiente a hablar con Dumbledore. El los aceptó con gusto, sabía que tarde o temprano ellos irían a verlo. A medida que pasaba el tiempo y se acercaba el fin de curso, James Potter se encontraba más participe de todo lo que incluía a Lord Voldemort, al igual que Sirius, el cual se veía más maduro, más responsable.

Aquel año, el 7º curso, llegó rápidamente a su fin. Lily más tarde hizo una breve parada en su hogar a ver a su madre enferma, se despidió de ella y de su padre, Harry, con un gran pesar en su corazón, y así se marchó hacia el lugar donde residía la Orden, lugar en el que James le tenía una gran sorpresa.