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Historia 27808 — capítulo 4
Habían pasado 2 largos meses desde la boda de Lily y James, corría el año 1979. Durante aquel tiempo La Orden se había enfrentado a los mortífagos de Voldemort e inclusive habían llegado a luchar contra él en por los menos 2 ocasiones. Ahora James se recuperaba en el hospital San Mungo de magos, de una fuerte herida en su cabeza y brazo luego de haber caído de su escoba cuando uno de los mortífagos le había arrojado una maldición imperdonable que había pegado en su escoba y la había hecho casi añicos. Sirius voló hacía él con la velocidad de un rayo y desarmó al mortífago, quien parecía ser muy joven, Sirius lo había encontrado extrañamente familiar, para luego comentar que no le hubiera extrañado que el enmascarado fuese su hermano menor. El joven tomó a su amigo con mucho cuidado y voló hacía el hospital, James sangraba por su brazo y frente, Lily los había acompañado, sentía su corazón oprimido y lloró mucho aquella noche. Alice Longbottom estuvo junto a ella aquella vez, ambas se habían hecho muy amigas, eran jóvenes y se había casado casi al mismo tiempo, compartían y compartirían muchas cosas, más de las que se podían imaginar. A la mañana siguiente luego de hacerle una breve visita a James, Dumbledore partió casi de improviso hacia Cabeza de Puerco para entrevistar a una nueva profesora según Remus. Había llegado al lugar, el sitio parecía repugnante y aun cuando no había entrado se podía percibir un cierto olor a perro mojado, las ventanas se hallaban extremadamente sucias por lo que apenas llegaba al exterior una tenue luz de las velas que iluminaban el interior. Dumbledore entró cansinamente.
Mientras tanto Lily se hallaba en el lugar que servía de cuartel general a La Orden leyendo, aunque su cabeza no estaba en las líneas que sus ojos estaban repasando una y otra vez, no. Había algo más, Sirius entró a la sala algo molesto y a al ver a Lily se sobresaltó, estaba recostada en un sillón dándole la espalda y parecía que lloraba, no se había percatado de su presencia.
- Lily- espetó Sirius casi en un susurro.
La joven giró su cabeza perezosamente, tenía los ojos hinchados y brillosos.
-
¿Qué ocurre Sirius?- preguntó a la vez que tomaba asiento.
-
¿Estás bien?
-
Sí… no, en realidad no.
-
Cornamenta es fuerte va a salir de esta.
-
Ya lo se, no es por eso.
-
¿Y entonces? ¿Qué te tiene mal muñeca?- Sirius no servía para consolar a una mujer pese a esto al verla débil en su lugar, él se aproximó y se sentó junto a ella.
-
No se lo digas a James- dijo con aquella voz suya tan particular, que le hacía recordar al joven sus años en Hogwarts.
-
Depende de lo que sea, sabes que James es como un hermano, es mi hermano, y no nos ocultamos nada entre nosotros- eso no era lo que Lily quería oír y algo ofendida se puso de pie dispuesta a marcharse.
-
Ya lo suponía.
-
No espera, está bien no le diré nada.
Lily regresó al escuchar estas palabras. Sirius la miró a los verdes ojos, se hallaban tristes y pese a esto parecían sonreírle.
- Estoy embarazada- exclamó rápidamente.
Sirius no supo como reaccionar de momento. ¿Su amigo, padre? Eso tendría que verlo.
- ¡Te felicito!- dijo mientras la abrazaba fuertemente, con una enorme sonrisa estampada en su rostro. Al concluir el abrazo el muchacho vio que la joven no estaba igual de alegre que él.
-¿No estás feliz?- preguntó Sirius.
-
Oh… claro que lo estoy, pero… tengo miedo.
-
Todo saldrá bien- exclamó él con su optimismo característico.
-
No lo se… ya ves lo que le pasó a James además yo no quiero dejar de luchar… no se, no se.
-
Pero tarde o temprano lo sabrá.
-
Ya lo se, pero te pido que lo mantengas en secreto por una semana más, porque cuando el lo sepa no me dejará hacer nada, sabes como es.
-
De acuerdo- exclamó como sin otro remedio.- ¿Y qué nombre le pondrás?
-
Si es niña supongo que Becky o Louise.
-
Uhhh...- y recordó una novia suya, Becky Winhouse, de cabello sucio y algo chiflada, todavía no podía creer que hubiese salido con ella.
-
Y si es niño creo que Harry como mi padre.
-
Harry Potter... suena bien; prométeme que seré su padrino...- decía con un brazo cruzando la espalda de Lily mientras abandonaban la sala.
-
Claro Sirius. ¡Oye!... al final no resultaste ser tan engreído y tonto como yo pensaba- decía entre risas.
Ya muy tarde Dumbledore regresó a Hogwarts algo preocupado y meditabundo. Se sentía como si un Billywig lo hubiese picado, se hallaba mareado y levitando en sus pensamientos.
Unos días después James abandonó el hospital San Mungo y Alice Longbottom supo que estaba embarazada. Una vez en el cuartel general supieron que los mortífagos con Voldemort a la cabeza estaban atacando el Callejón Diagon y La Orden salió a defender al mundo mágico. Fue la tercera vez que Lily y James se enfrentaron al Señor Oscuro, como solían llamarlo sus seguidores, y milagrosamente habían logrado escapar. Esto provocó en Dumbledore un leve estremecimiento, y si… no, no podía ser cierto. Aunque por unos días creyó que Alice y Frank Longbottom estaban en la mira de Voldemort y los protegió, ahora estaba preocupado por los Potter al enterarse que la joven también estaba esperando un hijo. La reacción de James fue de alegría como era de esperar aunque cuando su esposa le informó de su estado al instante, él se desmayó. Remus siempre andaba haciendo bromas con Sirius sobre el padre que James llegaría a ser en el caso de que Lily estuviese esperando una niña, aunque ambos sabían que su amigo sería un gran padre les gustaban verlo enojado y algo asustado.
Pasaron cuatro meses en el Cuartel de la Orden, Lily no pudo salir de allí, no la dejaban salir, en especial James temiendo que la joven cometiese alguna locura enfrentándose a alguna amenaza, solo lo hizo en una ocasión ante el fallecimiento de su padre. Su madre ya había muerto y sentía que ya nada le quedaba en ese mundo para seguir visitándolo, pues su hermana Petunia con su marido Vernon Dursley y un hijo en camino parecía detestar a su hermana menor y a James, y pese a que Lily la seguía queriendo evitaba hacer mención de ella o visitarla en su hogar para impedir cualquier discusión o conflicto familiar. Prefería que las cosas siguieran así, como de costumbre. Petunia sin embargo, le enviaba algunas cartas de vez en cuando y algunos obsequios, “pequeños pero significativos”, decía Lily con una sonrisa.
Ya corría el séptimo mes de embarazo, los Longbottom viajaron a visitar a la madre de Frank, y a buscar una casa para vivir. James sintió la necesidad también de visitar a su madre, Dorea, que se hallaba convaleciente en una cama del hospital, quería que viera a Lily embarazada y que por lo menos sintiera a su nieto también. Pero la mujer falleció una triste noche de primavera, Sirius y James, como dos hermanos viajaron a despedirla. A darle el último adiós.
De aquella fecha al nacimiento del bebé el tiempo pasó lento y duro.
Transcurría Julio y el hijo de James y Lily no se dignaba a nacer.
- Me parece que se quiere a quedar a vivir ahí, lo comprendo... pisar este mundo de porquería debe de ser molesto.- dijo Sirius en una ocasión mientras observaba el vientre de Lily
Un 30 de Julio nació el hijo de Alice y Frank, un niño, Neville. Dumbledore, Sirius, Remus y Lily con su inmensa barriga habían ido a conocerlo. James se había quedado en el cuartel, Pettigrew también estaba allí haciendo guardia junto con los hermanos Prewett y Emmeline Vance. James se hallaba pensando en lo que de ahí en más podría llegar a ocurrir si ellos seguían en La Orden con un hijo, querría verlo crecer, reír, querría enseñarle a volar con su escoba, a hablar con las chicas si era niño y si era niña a cuidarla de los chicos. Querría verlo disfrutar de su infancia y adolescencia, de sus años en Hogwarts, porque de seguro iría allí, en aquel lugar él pasó los mejores años de su vida y conoció a su único amor, verlo ya mayor, casado y con hijos. Pero tal vez no podría. Tenía tantas cosas que vivir y ver vivir…
Sumergido en sus pensamientos, se quedó dormido. Creía que habían pasado solo unos minutos cuando la voz de Colagusano lo despertó de sus sueños.
-
JAMESS, JAMESS…
-
¿Qué quieres?- exclamó mientras se desperezaba.
-
Lily.
-
¿Qué ocurrió con ella?- dijo de repente, el nombre de ella lo había despertado finalmente y había tomado fuertemente con ambas manos los pequeños hombros de Colagusano.
-
Ella tuvo el bebé…
James al escuchar estas palabras comenzó a saltar de alegría, saltaba en el sillón como un desaforado, y se arrojó a abrazar con firmeza a Pettigrew.
-
Estoy feliz Peter, soy el hombre más feliz del mundo, ¡Soy padre! ¿Ella está bien? ¿Y el bebé? ¡Dios no puedo creerlo! ¡Soy padre!- y reía y cantaba y tomaba de un brazo a Pettigrew para que saltara con él- Vamos acompáñame a conocerlo.
-
No puedo, iré después.
-
Vamos Peter, un minuto y luego te vas. Quiero que todo el mundo conozca a mi hijo.
Casi toda la Orden estaba presente aquella mañana del 31 de Julio, el inmenso y de gran corazón, Hagrid, Black y Lupin a ambos lados de la cama en la que Lily descansaba, Dumbledore, Marlene Mckinnon y los Prewett. Al entrar en la habitación James se encontró con esta peculiar estampa, Hagrid corrió (correr es una manera de decir), y lo abrazo tan fuerte que lo levantó por el aire.
-
Ya Hagriddd, pog favog...- decía casi sin aire.
-
Te felicito amigo- decía el gran hombre entre hipos porque estaba llorando.
-Gracias Hagrid-dijo cuando pudo desprenderse de él.
Sirius se le aproximó le tendió una mano y le palmeó la espalda al igual que Lupin. Ambos tenían una gran sonrisa en ellos, hacía bastante tiempo que no reinaba alegría semejante. Luego de saludar a todos lo presentes pudo finalmente llegar a Lily, la cual parecía no haber dado a luz, estaba muy tranquila y “más bella que nunca”, según James. En sus brazos sostenía a una pequeña criatura cubierta de mantas blancas que apenas le dejaban ver su carita. James besó a Lily y vio a su hijo.
-
Es…
-
Un niño- dijo Lily casi en un murmullo para no despertar al infante.- Harry James Potter.
-
Me gusta ese nombre- dijo él con una media sonrisa.
-
¿Quieres cargarlo?
-
No se… tengo mie…- pero antes de concluir esa palabra ya lo tenía contra su pecho. Los presentes abandonaron la habitación y los dejaron solos para que disfrutaran de su pequeño.
-
Tiene tus ojos- había dicho James mientras hamacaba al niño en sus brazos.