← Historia 27808 · de
Historia 27808 — capítulo 6
Era una cálida tarde de octubre, todavía faltaba una semana para concluir el mes, James se hallaba podando el césped del jardín de su hogar, Lily se encontraba en una reposera con Harry en brazos. El niño jugaba con un pequeño auto rojo que Bathilda le había obsequiado. Bathilda era una especie de abuela para el chiquillo. Era una mujer sola que veía en Lily y James los hijos que nunca había llegado a tener y en Harry su adorable nieto.
-
¿Qué te preocupa James?
-
Nada, es que estoy cansado, cansado…- y suspiró profundamente.
-
Ya debe de faltar poco y podremos salir de aquí.
-
¿y si no?- espetó de mala manera el joven mientras se ponía de pie y dejaba las tijeras- ¿y si esta es nuestra morada para toda la vida? ¿Nuestra prisión? Yo no se Lily, no creo que pueda soportar mucho tiempo más aquí encerrado, quisiera que Harry conozca el mar, quisiera tantas cosas… y encima Dumbledore tiene mi capa.
Mientras tanto en el cuartel general de la Orden, Sirius había bajado de su hermosa motocicleta con un regalo en sus manos.
-
Es para mi ahijado- dijo ante la pregunta de Remus.- Todavía no entiendo por que tu no eres su padrino.
-
Ni yo- dijo con una sonrisa.- Todo bien Canuto, eres como el hermano de James, eres buena persona… es comprensible.
-
Si… que se yo. Todavía nadie se repuso de la muerte de Benjy Fenwick…- dijo al ver las caras largas que había dentro del cuartel.
Había llegado la mañana del 31 de Octubre. Lily se había despertado con los primeros rayos de aquel sol entrando por su ventana. James ya estaba despierto.
-
¿Cómo estas amor?- preguntó Lily mientras besaba la mejilla del merodeador.
-
Bien ¿y tu?- le dijo a su vez que besaba los labios de su esposa.
-
¡Hoy es la gran cena!- espetó con alegría Lily mientras corría las sábanas y se ponía de pie arriba del colchón.
-
Estás loca Evans…- decía James mientras tiraba de ella hacia abajo y la volvía a besar- es por eso que te quiero tanto.
Ambos fueron a ver a su niño abrir los ojos, el pequeño Harry tenía una habitación contigua a la de sus padres, y ya se hallaba despierto ante la sorpresa de la joven pareja, jugando en su cuna.
Fueron a la cocina a desayunar, Bathilda no tardó en llegar a la casa de los Potter, pero se marchó rápido esa mañana, sabía de la cena y no quería molestarlos.
-
¿Sabes que soy muy feliz, James?- decía Lily mientras cocinaba algo para el almuerzo.
-
Caradoc Dearborn ha desaparecido- exclamaba él sin oír a su mujer, mientras dejaba a un lado su edición de “El Profeta” de unos días atrás. A ellos les llegaban las noticias algo atrasadas últimamente… James se había quedado con la mirada perdida. Luego desvió sus ojos cafés hacia su hijo que se hallaba próximo a él en una pequeña sillita. ¿Ellos serían los siguientes? No, no podían serlo, ellos estaban más que seguros en el Valle de Godric, Pettigrew nunca sería capaz de entregarlos… pensando en esto descubrió que su amigo hacia bastante que no los visitaba, y un leve estremecimiento recorrió todo su cuerpo.
-
Acá está la comida para Harry, James.- dijo Lily mientras le tendía un plato a su marido con puré de calabaza.- Todavía está caliente así que ten cuidado.
-
Sí…
La tarde llegó, Lily acababa de bañar a Harry, y ahora ella había entrado a bañarse. Una vez lista, buscó algo que ponerse pero supo que poco era lo que tenía en su armario, y se colocó unos vaqueros y un suéter de hilo verde lima. James cocinaba, esto no era algo muy común en él, pero lo estaba disfrutando. Había colocado un mantel blanco reluciente en la pequeña mesa de su pequeño comedor, y una bella vajilla que le había obsequiado Alice y Frank Longbottom para su boda.
-
¿Cuándo saldrá tu madre del baño?- decía James ya sentado un breve rato después al despabilado Harry. Querían que estuviera dormido para ese entonces pero parecía que él no tenía los mismos planes.
-
Aquí estoy James.- exclamó Lily aun con su cabello rojo profundo algo húmedo y un tanto agitada.- perdón, pero parece que Harry no quiere dormirse.
-
Estas bella- espetó James mientras ayudaba a su esposa a sentarse corriendo hacia atrás la silla y besando su mejilla.- Y deja a Harry con nosotros, no tardará mucho en dormirse… mira, ya sus ojos comenzaron a cerrarse…
Lily se aproximó a su hijo y lo quitó de la silla para hamacarlo entre sus brazos hasta que el sueño le llegase. James se hallaba a su lado, amaba a su esposa y a su hijo, y no le importaba una cena con tal de tenerlos a ambos junto a él.
-
Es hermoso Lily.
-
Si que lo es, es igual a ti.- Decía la joven mientras miraba enamorada a su también joven marido.
De repente la ventana de la cocina se abrió de par en par, y un gélido viento sopló hacía adentro.
-
¿Qué está ocurriendo…?- se preguntó James en un susurro mientras volvía a cerrar la ventana cuando se escuchó un fuerte sonido proveniente de la entrada.
-
Quédate aquí Lily, por favor, ya vuelvo.- Había dicho James en un murmullo, mientras se encaminaba hacia el lugar del cual venía aquel alboroto. Pero parecía no conocer a Lily, porque la chica con el niño en brazos lo siguió a hurtadillas. La puerta se había abierto y el frío viento de aquella noche sin luna entraba a la sala. Allí de pie, vestido con una larga túnica negra con capucha que lograba cubrir parte de su cabeza, y con la varita en alto, estaba el ser más horrendo y malvado que jamás habían conocido en sus vidas: Lord Voldemort. Lily tenía a Harry contra su pecho, James había tomado su varita, listo para un contraataque o lo que fuera. Todo, de ahí en más, se sucedió tan rápido…
-
CORRE LILY, YO LO DISTRAERE, PROTEJE A HARRY- decía James con ingenuidad a su esposa a los gritos. La mujer comenzó a correr hacia la habitación del niño y aun de espaldas y ya a unos cuantos pasos pudo oír el gran estruendo que había provocado un hechizo. Con el corazón dolido, y temblando del horror entró a la pieza, la bestia se dirigía a ellos a zancadas, era enorme. ¿James había muerto? ¿Su amado James? No podía pensar en eso, seguro que le estaba jugando una broma y que se pondría de pie para atacar a Voldemort por la espalda, pero no lo oía…
La bestia los siguió con sus ojos destilando toda clase de emociones, sus horrendos ojos rojos se encontraron con los bellos y bondadosos, color verde esmeralda de Lily.
-
APARTATE, QUIERO AL NIñO.
-
NO- dijo con rotundidad Lily mientras sujetaba aun más firmemente a su pequeño.
-
APARTATE QUIERO AL NIñO, PUEDES VIVIR…- exclamó con fiereza la bestia
-
JAMAS, MATAME A MI PERO NO A MI HIJO.
La respuesta al pedido de la joven no se hizo esperar. De la varita de la bestia surgió de improviso un haz de luz verde que pegó de lleno en el cuerpo de la bella joven, de aquella gran alumna de Hogwarts, de aquella gran esposa y excelente madre. Lo último que pudo sentir Lily fue la respiración de su pequeño en su rostro, y el recuerdo de aquella tarde en el jardín del Cuartel con su hijito recién nacido llegó a su mente. Lily Evans, Lily Potter había muerto.
Harry Potter estaba huérfano, solo en esa pequeña casa con aquel ser despreciable que había asesinado a sus padres, había comenzado a llorar a derramar grandes y frías lágrimas que rodaban por su mejilla y caían al suelo, como si supiera… La bestia quiso terminar rápidamente, ya nada podía interponerse en su camino.
- Tonta- dijo al ver a Lily allí, inmóvil, y con sus ojos cerrados, parecía que estaba durmiendo. Levantó en alto su varita y exclamó: “AVADA KEDAVRA”, hacia Harry. El niño lloraba, y pese a lo que Voldemort había provocado en Lily y James, en su hijo solo lo rozó, por decirlo vulgarmente y sin aviso previo el objetivo del hechizo se invirtió y pegó en el delgado cuerpo del malvado. Hubo una gran explosión y toda la casa pareció venirse abajo, cosa que hizo. Lord Voldemort había desparecido, sus cenizas volando muy lejos de allí. Ahora un pequeño niño lloraba entre los escombros de lo que había sido su hogar, con una inmensa cicatriz que sangraba en forma de rayo en su blanca frente.