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Historia 27880 — capítulo 19
Capitulo 19: Un doloroso malentendido
Emily estaba tirada en su cama, boca arriba, viendo sin mirar el techo. Sumisa en sus propios pensamientos, llena de confusión.. ¿Qué le había sucedido esa noche? Ese beso… Había significado para ella mucho. Ese beso había sido maravilloso. ¿Por qué le tenía que suceder esto a ella? ¿Por qué tenía que sentirse de ese modo? Ya ni sabía que pensar… Pero había algo que, por más cliché que sonara, su corazón le ordenaba hacer: debía poner las cosas en claro (más bien, sus sentimientos en claro) con Jake. Lo haría al día siguiente; hablaría con él, todo se iba a solucionar… Luego de eso… Luego de eso se ocuparía de su padre.
-¿Emily? —Lily entró. —Veo que sigues viva —sonrió la pelirroja. —No te ha dado hipoter…
-Mi padre está en San Mungo y besé a Sirius Black —Lily abrió la boca. —Me encantó, fue genial y creo que fue el mejor beso que recibí en mi vida. También sé que siento cosas por él que no siento por Jake y que jamás sentí por nadie.
-Wow —fue todo lo que alcanzó decir.
-James no es el único confundido, te lo aseguro…-Lily bufó.
-Mmmm… A ver… -Lily hizo caso omiso del otro comentario. —A ver… ¿Qué sientes cuando besas a Jake y qué sentiste cuando besaste a Sirius?
-Yo… -balbuceó Emily. —La última vez que Jake me besó… yo no quise hacerlo… Por mí no lo hubiera hecho… Pero… sentí que debía corresponderle el beso por… -suspiró —obligación… No sentí nada. Solo… ganas de llorar… porque siento que… lo estoy usando porque… ahora me doy cuenta de que no lo amo porque… temo perder… lo.
-Mmmm… “Lo” significa seguridad y estabilidad… ¿No?
-Si… -se lamentó Emily.
-Bueno… Pero… ¿Sirius?
-Yo… Sentí… ay… sonará tan tonto…
-¿Qué cosa? —preguntó Lily, mirándola con sumo interés.
Emily sonrió embelesada.
-Mariposas en el estomago… Cosquilleos… Me temblaron las manos… Me puse nerviosa, me sentí… Ay… -se llevó las manos a los costados de la cabeza. -¡Soy un monstruo!
-¿Por qué? ¿Por lo de Jake?
-¡No, no por lo de Jake! —dijo con voz ahogada.
-¿Qué sucede?
-Ay… ¿Cómo decirte esto? Eh… -Emily comenzó a jugar con sus dedos.
-No entiendo…
-Eh… Esto… Amiga…
-¿Qué?
-Yo… ¡he pecado! —dramatizó Emily.
-¿Qué? —Lily no entendía nada. -¿De qué hablas?
-Yo… he tenido… pensamientos…. Poco dignos de… mí.
Lily ni siquiera parpadeó: no había comprendido nada.
-¿Eh?
-¡De que quiero a Sirius Black!
-Ya sé que lo quieres, amiga…
-¡No! ¡No querer de querer! ¡Querer del otro querer!
-¿Hay dos clases de querer?
-¡SI! ¡Yo quiero a Sirius Black! ¡Las últimas veces que lo vi yo… solo pensaba en tenerlo!
Lily pareció entender.
-Ah…
-¡Ay, qué…! ¿Qué clase de monstruosa pervertida soy?
-Creo que…
-¿Qué que?
-Que tanto pensar en Sirius te está afectando, Emily…
-¡Ja! ¿Te parece?
-¡Hola! —Lily entró por la puerta del despacho de Remus y le sonrió. —No fuiste anoche…
-Cuando estaba por salir llegaron casi al mismo tiempo una novia malhumorada y un amigo desesperado. Me necesitaban —sonrió Remus. Lily le devolvió la sonrisa.
-Y además sabías que yo vendría a darte un resumen… ¿No?
-Por supuesto…
-Bueno… A ver… Planeaban atacar a tu padre…
-¿Qué?
-…pero el ataque a Potter salió muy mal. Y él no es tonto. Saben que si atacan a tu padre alguien hará las conexiones y se descubrirá su plan. Tú eres el objetivo, pero lo más probable es que sea después del partido, porque él ahora está en China y quiere organizar tu ataque bien.
Remus palideció pero asintió.
-¿Tu informante sigue vivo después de todo lo que ha hecho?
-Sigue vivito y coleante. Pero se da a sí mismo dos meses más…
-Qué agobiante…
-No… Sabe cuidarse a sí mismo. Yo no me preocuparía por él. Lo sabe soportar bien.
-Dale las gracias…
-Ya lo sabe. Pero de todos modos no le importa demasiado. Dice que lo hace por él.
-No lo comprendo mucho… ¿Poner tu vida en peligro es bueno para ti mismo?
-No tiene nada que perder…
-Tengo la impresión de que hay algo más detrás de todo esto…
Lily se encogió de hombros.
Un gran perro negro miraba por el ventanal de un enorme salón de fiestas. En el centro del salón se encontraba Emily, mirando una planilla y dando indicaciones a un par de personas. El perro meneó su cola y entró por la puerta abierta.
-Allá irá una de las barras, ya di las indicaciones de cómo debe ser… Ya arreglé con el catering la lista de bebidas… Preparen espacio porque serán muchas bebidas… -dijo Emily. —Y las luces —miró al techo —deben girar cada tres a nueve segundos, cambiando de color cada vez… En la entrada debe haber alguien con máscaras para el que se haya olvidado de que esto es un Baile de Máscaras… Y en el fondo deb… -vio a Sirius. -¿Y tú cómo entraste aquí? —le sonrió tiernamente. —Bueno… Seguiremos esto más tarde, ¿si? —las personas se alejaron, hablando entre sí apresuradamente. Emily se arrodilló frente al perro y lo comenzó a acariciar. —Hola… Qué hermoso eres… Si tan solo fueras humano… -le sonrió. —Mentira, no tengo espacio para otra persona más…
-Emily —la mujer levantó la vista.
-¡Jake! ¿Qué haces…?
-Tengo que hablar contigo.
-¿Ahora? Estoy trab…
-Si, si… Ahora —vio al perro. -¿Ese es el perro de Bedingfield?
-Eh… No lo sé… Se apareció recién…
-Sácalo de aquí, debe ser de la calle… -Jake lo miró con una ceja alzada. —Puede estar enfermo o algo…
-Ay, Jake… Es solo un perro —sonrió Emily. -¡Un perro hermoso! ¡Mira qué ojos tan preciosos! —el perro movió la cola.
-En fin… ¿Podemos hablar?
-Bueno… ¿Qué sucede?
-¿Me concedes un minuto, amigo? —le dijo Jake al perro que mostró los dientes.
-¡Jake! ¡Es sólo un perr…!
-Bueno, lo siento… Que el perro se quede.
-¿Jake? ¿Qué sucede?
-Yo… -el perro gruñó. —Emily… Te estoy notando un poco distante. Y si te voy a perder…
-Jake…
-…creo que debes saber la verdad, antes de que decidas lo que sea. Emily, tú eres mi vida, mi razón de ser… Yo te amo más que todo —Emily palideció. —Yo sin ti no vivo, no puedo hacerlo… Y aunque en estos tiempos… bueno, aunque fueron tiempos difíciles… a mí lo que haya pasado no me importa, porque aquí lo único que lo hace somos tú y yo. Yo sólo quiero estar contigo. Para toda la vida.
-Yo…
Jake se arrodilló y de su bolsillo sacó una cajita negra. Emily casi se muere, mientras el perro gruñía.
-Ay, Merlín…
-Emily Lewis. ¿Quieres…?
El perro se fue corriendo, mientras sus patas temblaban.
-¿Ya tomaste tu decisión? —James la miró con sus grandes ojos chocolate, llenos de tristeza y de confusión. —James, no me mires así —susurró Nicole. —Solo quiero saber si tengo que seguirte esperando.
-Nicole… Yo… en serio que… no sé… Temo tomar la decisión incorrecta.
-¿Me amas?
-Yo… Yo te quiero, Nic… pero de amor no soy capaz de hablar ahora…
-¿La quieres?
-No sé… Si, si… La quiero, como te quiero a ti…
-¿Pero a quién escogerás?
-No lo sé…
-James… Ni Lily ni yo podemos seguir esperándote eternamente.
-Lo siento.
-No lo sientas. No te rebajes. Haz lo que quieras, pero hazlo. Rápido y confiado. Sin miedo. No seas tan cobarde.
Nicole se paró y salió del café rápidamente.
-Ay, no… Jake…
El hombre abrió la cajita, donde había una reluciente llave dorada.
-¿…venir a vivir conmigo?
-Ay… -suspiró, en parte aliviada. En parte no. —Yo…
-Quiero saber si podemos hacer esto… Lo quiero llevar a otro nivel.
-Pero yo…
-¿Quieres?
-Pero Lily…
-¿Lily?
-Es que… -tragó. —Lily… ¡Lily está atravesando una crisis y no puedo abandonarla!
-Bueno… ¿Y cuando la crisis pase?
-Yo…
No podía. No podía cortar con él, no después de eso. No podía.
-Emily… Yo te amo. Quiero darnos esta chance. Quiero que estemos juntos. Yo soy tuyo, tú eres mía. Así es… ¿Por qué no… no hacerlo más real? ¿Aún más real?
-Yo… -suspiró. No podía hacerle eso. —S-Si-i… -se lamentó.
-¿Si?
-Yo… Si…
-¡Gracias, Emily! —la besó fugazmente y la abrazó con fuerza.
Emily miraba por detrás del hombro de él, ausente, sin saber qué había pasado, pero lamentándose profundamente.
Y lo vio, apoyado en el marco de la puerta, con las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón, con su cabello negro mojado por la lluvia que había comenzado a caer.
-Sirius… -tartamudeó, y de la nada reunió las fuerzas para librarse del abrazo de Jake, y se acercó a Sirius.
-Hola, Emily…
-Ho-Hola… -balbuceó con voz ahogada. —Sirius… Yo…
-Solo quería saber cómo se encontraba tu padre. Oí que despertó y que está bien. Son buenas noticias… Te quería decir que era eso: debías tener fe.
-Sirius…
-¡Emily! —Jake se había acercado y miraba a Sirius como si fuera una planta venenosa. -¿Qué haces aquí?
-Baja un cambio, Lyndon —dijo de modo cortante Sirius. —Yo ya me iba…
-Sirius —se lamentó Emily, sin encontrar palabras que decirle.
-Solo pasaba, Mily —le sonrió tiernamente. —Suerte… Ahora tienes dos fiestas que organizar… Te vas a ver estupenda de blanco… Estarás hermosa…
-¿Qu…? —Emily no comprendía, pero cuando comprendió lo que Sirius había querido decir, vio que era tarde: él ya había desaparecido. —No…
-¿Qué quiso decir el idiota?
-¡Jake!
-¿Qué? Bueno… ¿Qué quiso decir el tipo ese?
-“El tipo ese” tiene nombre, y su nombre es Sirius Black —dijo Emily de modo cortante.
-Lo siento… Reformulo: ¿Qué quiso decir Bl… Sirius?
-Piensa que nos vamos a casar…
-¡Genial! —a Jake se le iluminó el rostro. -¿Quieres…?
-¡JAKE! ¿Cómo se te ocurre? —gritó Emily, llamando la atención. -¡Con la cantidad de trabajo que tengo! ¿Quieres que además de esta pesadilla organice y me estrese con una boda? ¡JA!
-Lo siento…
-¿Remus? —Sirius golpeó la puerta del despacho de su amigo y pasó, tímidamente.
-Bueno… ¿Qué quieres, Sirius? —alzó una ceja Remus. -¿Desde cuándo golpeas a la puerta?
-No quiero nada —dijo con voz ahogada Sirius, pasando y sentándose en una silla. —Solo… necesito hablar. Por favor… Remus…
-¿Qué suced…?
-Va a casarse —su voz tembló.
-¿Qué? ¿Quién?
-Emily. Emily va a casarse con Jake Lyndon…
-¿Qué que? ¿Cómo lo s…?
-Estaba viendo en forma de Canuto… y… me decidí a entrar, en ese momento llegó él y le preguntó. Me fui a transformarme con la esperanza de poder hacer algo para impedirlo en forma humana… Pero llegué tarde: se estaban abrazando. La besó y la abrazó. Y yo… Yo… Remus… Yo la amo, en serio…
-Lo sé… -Remus se paró y se acercó a él. —Lo siento mucho… -le colocó la mano en el hombro. —Pero…
-Solo quiero una última vez…
-¿Ultima vez?
Sirius se quedó unos segundos en silencio, cuando sintió como la varita se encendía sobre su cabeza.
-¡REMUS! -gritó de golpe, viendo el sobre de color rojo opaco con detalles dorados.
-¿Qué?
-¡Eres un genio!
-¿Por qué?
-¡Por dejar tu invitación a la vista!
-¿Eh? —Remus no entendía nada.
-¡La invitación! ¡Del 50º aniversario del Profeta! ¡Es un baile de máscaras!
-Ah… -Remus desearía no haber entendido sobre qué hablaba su amigo, pero por desgracia lo hacía.
-¡Ahí podré tener mi última vez! —sonrió.
-¿Pero… y Lyndon? ¿Qué hacemos con él? El estará allí…
-Remus… ¿Recuerdas lo que hicimos en el baile de Séptimo a mi prima Bellatrix para arruinarle la noche y que no pudiera acudir a su cita?
-S-Si… -tartamudeó, precavido.
-Bueno… Solo diré que…
-No…
-…los Merodeadores…
-No…
-… han vuelto.
Remus se golpeó la frente con la palma de la mano.