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Historia 27880 — capítulo 18

Capitulo 18: El dolor de Sirius

-¿Cómo te fue? —Lily saltó sobre su amiga esa tarde, luego de que la joven mujer volviera al departamento. 

-Eh… Bien. 

-¿Bien? ¿Bien? ¿Qué significa “bien”? ¡Detalles!

-Pues… La pasé bien… Fue divertido… -Emily colgó su abrigo en un perchero, mientras intentaba evitar la mirada perspicaz de su amiga. 

-¿Entonces te divertiste? 

-Si… 

-¿Te cayó bien? 

-Si… 

-¡Si! —sonrió Lily, de muy buen ánimo. -¿Y? ¿Qué pasó? ¡Dímelo! —le hizo un puchero. Emily se desplomó en el sillón y miró al techo. Suspiró. 

-Por poco lo beso… 

-¿Qué que? —saltó Lily, indignada. -¿Te quiso besar? ¡Noooo! ¡Qué patán! ¿Cómo pudo? ¡Después de todo lo que hablamos creí que…! 

-Fue mutuo —interrumpió Emily. Lily abrió los ojos de sorpresa. —Pero… ¡Ay, Merlín!

-¿Qué? 

-¡Que en ese momento yo lo quería besar! ¡Quería hacerlo! ¡Pero no me importó Jake ni nada más! 

Lily se quedó boquiabierta. 

-¿T-Tú quisiste? ¿Pero… te arrepentiste, no? Por eso no lo besaste… 

-No lo besé porque… -Emily tomó con su índice y su pulgar el puente de su nariz, con fuerza, cerrando los ojos e intentando encontrar las palabras. —El único motivo por el cual no lo besé fue porque él no quiso… El corrió la cara, él se arrepintió… 

-¿A ti de verdad te hubiera gustado? —preguntó Lily, atónita. Esto si que no lo había visto venir. 

-Yo… No sé… En ese momento si… Pero… No lo sé; estoy con Jake… No puedo… No… Yo… 

-Me encantaría saber qué decirte, Em… Pero… 

-Y para colmo esta tarde Bedingfield vino a verme y me dijo que la party planner para el baile de máscaras para celebrar el 50º aniversario del Profeta tiene que salir del país por motivos personales y como no quiere contratar otra por no sé que motivo yo debo terminar de organizar todo lo que es vaga no hizo… Encime en tan poco tiempo…

-Qué locura…

-Si…

-¿Pero qué harás con Jake? 

-Yo lo quiero. Pero Black hoy… No sé… Lo que sentí cuando rocé sus labios jamás lo sentí con Jake antes… No sé que me pasó…

-No sé que…

-Todo está bien, Lils… Gracias —Emily se paró y le sonrió, aunque de un modo un poco falso. —No tengo mucha hambre y estoy cansada… Creo que me iré a dormir… Hasta mañana… 

-Adiós, amiga… -sonrió tímidamente Lily. 


-Pero a parte de eso la pasaron bastante bien, ¿no? —sonrió Remus, mientras llenaba un reporte en su escritorio, la tarde del día siguiente. 

-Si, la pasé bastante bien… Pero… No sé… Creo que… -Sirius supiró. 

-¿Qué que? 

-Que debería tomar distancia de Emily… 

-¿Qué? ¿Por qué? —saltó Remus: eso sí que no se lo esperaba venir. 

-Porque…Creo que ella… me está comenzando a gustar, en serio… 

-¿Hablas en serio? —Remus dejó su pluma de águila de lado y examinó detenidamente a Sirius con sus preciosos ojos dorados. 

-Si, hablo en serio… -Sirius tomó aire. —Me encantaría que no fuera así… -se lamentó Sirius. —Pero de verdad… Es… raro. Cada vez que la veo… siento un nudo… en la garganta… me tiemblan las manos… Siento algo en el estómago… No sé… Es… 

-Ay, Sirius… Estás… -no lo podía creer. -¿Estás enamorado de Emily?

-Debo irme —saltó Sirius. —Tengo un entrenamiento de la selección.

-Pero…-comenzó Remus, pero Sirius ya había salido por la puerta. 


Emily tamborileaba sin cesar sus dedos en su escritorio. Miraba impaciente por la ventana o la chimenea, en busca de posibles respuestas a la extraña desaparición del hombre. ¿Qué rayos le había sucedido? No podía contra la desesperación. Se paró de un salto de su silla mullida y por enésima vez se agachó en la chimenea. Tomó un puñado de polvos Flu, los arrojó a las llamas, que se volvieron verdes, y metió la cabeza, intentando no aspirar las cenizas, mientras decía con voz clara: “Departamento de Cooperación Mágica Internacional”. Sintió como si todo diera vueltas alrededor suyo, hasta que finalmente vio el escritorio que tantas veces había visto. 

-¡Sue! —llamó a la mujer, que miraba los archivos, con aspecto de suma concentración. -¡Jake! ¿Ya apareció? ¡Dime que sí! 

-Si —dijo un poco molesta. —El señor Lyndon acaba de llegar… Se veía de mal hu…

-¡Ya voy para ahí! 

Emily sacó la cabeza del fuego y se puso de pie, antes de cerrar los ojos y girar sobre ella misma para aparecer en el mismo lugar que segundos antes había visto. 

-¿Está ahí, no? —le dijo a la secretaria, que asintió de forma indiferente al ver que Emily señalaba con su mano una puerta de madera. 

Emily se acercó y abrió la puerta, donde se encontraba Jake, mirando por la “ventana”. Este apenas se movió al oír el ruido de la puerta e hizo caso omiso cuando la mujer lo llamó, preocupada. 

-¡Jake! ¡Merlín! ¿Dónde habías…? 

-No creo que eso realmente te preocupe, Emily —respondió él fríamente. 

-¿De qué hablas? ¿Qué te bebiste? ¿Estás loco? ¡Por supuesto que me preocupas! ¿Dónde estabas? ¡Habíamos quedado en ir a almorzar hoy y no fuiste! ¡No te encontraba en ningún lado! ¡Estaba muy preocupada! 

-Ah, lo siento —Jake se encogió de hombros y se sentó en el borde del escritorio que había en la oficina. —Pensé que tal vez te gustaría utilizar nuestro tiempo para volver a juntarte con Siriusín. 

-¿Siriuqué? 

-Vamos, Emily… Los vi ayer, en el restaurante japonés… Tomados de la mano y con sus labios tan cerca… 

Emily se quedó de piedra y sus manos comenzaron a temblar, al igual que su voz. 

-N-No, Jake… No… No es lo que…

-Te dije, Emily, que si él te gustaba solo deberías decírmelo… Y yo saldría de tu vida y te dejaría hacer la tuya… No quiero que juegues conmigo… Yo quiero que seas feliz… Y si él te hace feliz, solo tenías que decírmelo… 

-No, Jake…

-¿Entonces qué? ¿No era una cita? 

-¡No! 

-¿Entonces? 

-Es una larga historia… 

-Tengo tiempo. 

-Jake, es complicado. 

-Soy inteligente y comprendo fácil. 

-Pero… 

-¿Pero qué? 

-Ay… No… No era una cita. Lily me pidió que fuera para…

-¿Lily te motiva a salir con él? 

-¡No! ¡Lily quería que lo conociera para que dejáramos el pasado detrás…! Pero no era una cita romántica, simplemente era un almuerzo… -Jake bufó enojado.

-¿El te gusta? —le preguntó Jake. Emily no respondió. —Es una pregunta fácil… ¿Si o no? —Jake no sonaba enojado; más bien dolido. 

-Yo… No lo sé, Jake… No sé qué pasó pero… 

-¿Tú lo quieres? 

Emily negó con la cabeza. No sabía qué sentía hacia Sirius Black, pero no quería perder a su novio. 

-Lo siento mucho, Jake… Pero créeme que no lo planeé, en serio… Que nunca fui a ese lugar con intenciones románticas… Que… -suspiró. —Lo sé, no tengo excusas… Pero solo fue un roce, nada más… Lo siento… No significó nada —mintió. 

Jake cerró los ojos, pensando. Emily se dio vuelta, dispuesta a irse. El hombre se quedó de piedra, mientras la veía irse. Suspiró. 

-¡Emily! —salió corriendo detrás de ella, justo cuando ella entraba al ascensor. -¡Espera, por favor! Yo… -Emily alzó sus grandes ojos castaños, mirándolo. —Yo… No te quiero perder por algo así… Porque te quiero demasiado para que todo se vaya por la borda… Y… 

Emily asintió, con una pequeña sonrisa, y se tiró en sus brazos antes de hundir su cara en el pecho de Jake. No tenía idea de que hacía. No lo sabía. Pero le aterraba perder el equilibrio que representaba Jake. El la rodeó con sus brazos y la besó en la cabeza. 

-Vamos, salgamos de aquí —le susurró, antes de que ambos volvieran a entrar al ascensor. 


Sirius salió de la oficina de Remus y se dirigió como si fuera un sonámbulo al, ascensor. Estaba sumido en sus propios pensamientos. ¿Qué pasaría si él si estuviera enamorado de ella? 

“No te engañes, Sirius…”, dijo una voz en su cabeza. “Siempre has estado enamorado de ella… Siempre… Todas las demás fueron solo un juego para tapar lo que sentías realmente… Todo lo que sucedió con ella significó mucho más para ti que lo que con cualquier otra…”. 

Eso era verdad: Emily no era como cualquier chica, y todo lo que Sirius había hecho no era nada para molestarla, para divertirse o para jugar con ella. Sirius había intentado por todos los métodos posibles atraer su atención, aunque no había salido nada bien, porque ahora se daba cuenta de que en su afán por llamar su atención, y de ser admirado, querido, se había pasado de la raya, se había ido al extremo… Y el tiro le había salido por la culata. Ahora debía acercarse a ella, ganar su confianza, demostrarle que él no era el odioso sexópata que ella pensaba. ¿Pero cómo hacerlo, sabiendo que ella estaba enamorada de alguien más, y de que cada acercamiento lo lastimaría más? 

Sirius caminaba por el Atrio del Ministerio de la Magia, sin tener claro su rumbo cuando chocó con alguien. 

-Lo siento —dijo ausentemente, sin pararse a mirar. 

-Ten cuidado, Black —dijo una voz grave con un claro dejo de apatía. 

Sirius levantó la vista para ver a Jake, abrazando por la cintura a SU Emily, quien se mostraba ausente también. 

-Lo lamento, no te vi —se disculpó Sirius. Si estuviera en otra situación le hubiera propinado un puñetazo a Jake por haberle hablado así y por sostener de ese modo a la chica que él quería, pero como no estaba de humor, no hizo nada. Emily se dio cuenta de eso. 

-¿Te encuentras bien? —preguntó Emily, preocupada. —Tienes una cara espantosa… 

Sirius asintió rápidamente y se alejó lo más rápido que le respondieron sus pies, para desaparecer por una de las chimeneas. 

-¿Qué le sucederá? —preguntó claramente preocupada e interesada Emily, intentando ver el sitio por el cual Sirius había desaparecido. 

Jake frunció los labios. 

-No tienes que preocuparte por Black —le susurró, antes de posar sus labios sobre los de ella. Emily tardó varios segundos en decidir responderle el beso. 


-¿Problemas de chicas? —Lily se sentó junto a Sirius, en el rincón más alejado de la barra del Caldero Chorreante. 

-¿Cómo…? 

-Tengo un gran instinto para adivinar los problemas ajenos, pero no los propios… -sonrió, melancólicamente. -¡Hey, Tom! —llamó al cantinero. —Una copa de hidromiel… -el hombre asintió y Lily posó sus ojos en Sirius. -¿Sabes que dicen que nunca hay que beber solo? 

-¿Quién lo dice? —se encogió de hombros Sirius, llevándose a la boca el vaso de whisky de fuego. 

-No lo sé… -Lily no había pensado en eso. —Lo digo yo —Sirius alzó una ceja. -¡Ay, Sirius! ¡No me gusta verte así! —Sirius se volvió a encoger de hombros. —Así que de verdad la quieres… 

-Debe ser el alcohol… -murmuró Sirius —pero en este momento daría la vida por ella. 

Lily suspiró. 

-No, no es el alcohol… Ay, Sirius… Creo que juntos deberíamos formar el Club de los Desdichados en el Amor…

-Y que lo digas, Rojita… Y que lo digas —Sirius se llenó otro vaso de whisky y volvió a llevárselo a la boca. 

-¿Puedo hacer algo por ti? ¿Tal vez hablar con Emily? 

Sirius negó con la cabeza. 

-Todo esto no es solo por lo que siento por Emily… 

-¿No? ¿Qué más sucede? 

-Es complicado… Es… Algo que no… que no esperaba, que no planeé… Y que sucedió… Y… No sé… Es complicado… 

-¿Qué…? 

-¡SIRIUS! 

La puerta del Caldero Chorreante se abrió y James entró, usando la túnica del equipo de Inglaterra, bastante embarrado. El joven hombre avanzó con decisión hacia su amigo, sin percatarse de la presencia de la pelirroja, oculta detrás de éste. 

-¿Dónde estabas? ¡Estamos a semanas de las eliminatorias! ¿Cómo se te ocurre faltar a un entrenamiento? ¿Qué te sucedió? ¡Tú nunc…! —vio a Lily, y palideció. —E-Evans… 

-Yo me voy —se apresuró a decir Lily. —Hablaremos después, Sirius… -le susurró, antes de apresurar a escaparse. 

-¡Espera, Lil…! —pero la mujer ya había desaparecido. —Ay, Merlín… -se sentó junto a su amigo y suspiró. —En fin… ¿Qué te sucede? 

-La vida, amigo… La vida… 

-Ah… -James comprendió todo. —Ya se solucionará todo, Sirius… Piensa que hay cosas peores. 

-¡JA! ¿Peores? ¿Peores? Dime una persona que esté en una peor situación que la mía… ¿Qué cosas son peores? 

-Eh… Algo peor… Bueno… -James pensó. —Está el hecho de que tienes seis personas, yo incluido, que van a asesinarte por no haber ido al entrenamiento con una eliminatoria tan cerca… 

-Nunca creí que diría esto, pero en estos momentos, el Quidditch me importa poco o nada… 

James comprendió que su amigo estaba realmente mal y le dirigió una triste mirada mientras apoyaba su mano en su hombro. 


-¿Sales? —preguntó Emily, recostada en el sillón, mirando a su amiga. 

-Tengo una cosa que hacer… -suspiró Lily. —Me encantaría quedarme contigo, Em… Pero en serio que…

-Tienes que hacerlo. Comprendo… -Emily se paró de un salto. —Yo también salgo. Iré a caminar, me vendrá bien… 

-¿Con esta lluvia? —Lily miró por la ventana el cielo tormentoso. 

-Me hará bien. 

-No comprendo como la hipotermia te vendrá bien. 

-No me pasará nada. 

-Pero… 

-Estaré bien, Lily… -Emily se colocó el abrigo y se encaminó hacia la puerta, seguida de Lily quien intentó disuadirla, sin éxito. 

Emily bajó rápidamente las escaleras (no quería usar el ascensor) y llegó a la planta baja. Abrió la gran puerta de vidrio del edificio y salió la calle, bajo el cielo negro y las gruesas y numerosas gotas de lluvia que en pocos segundos la mojaron por completo. 

Pero a Emily no le importó en absoluto el agua: tenía cosas más importantes que pensar. Ella también estaba confundida. Quería a Jake: estaba con él hacía dos años, él era un hombre genial: era casi, no… no “casi”… Jake era el hombre perfecto: él la quería, la adoraba, la veneraba, la amaba… Era dulce, divertido, era tan lindo… Siempre tan comprehensivo y responsable… El era el hombre con que cualquier mujer soñaba: era el hombre ideal para formar una familia y sentar cabeza. El representaba la estabilidad, y eso era la cosa a la cual Emily se aferraba con uñas y dientes: la estabilidad. Temía tanto perderla, que si la encontraba sentía que jamás podría dejarla ir. Y para ella, Jake representaba eso: la estabilidad. 

Y luego estaba Sirius…

…Sirius…

Emily se llevó una mano al estómago. ¿Qué…? Había sentido un extraño cosquilleo al pensar en él. Sirius era… Cosquilleo de nuevo. ¿Qué le sucedía? ¡Por favor! ¡Solo era Sirius Black! ¿Sería posible que en un par de horas todo lo que ella creía sobre él hubiera cambiado? ¿Con solo un almuerzo? Qué locura… Pero… Había algo en Sirius que no sabía qué… Pero… ¿Pero? No sabía que pensar. Nunca había sentido ese extraño cosquilleo en su estómago al pensar en Jake. ¿Por qué al pensar en Sirius sí? Pero Emily no podía amar a Sirius Black: no lo conocía, no sabía quién era, en qué se había convertido con los últimos años… Pero había algo en él… Algo que… Que no sabía ni qué era… ¡Pero…! Algo debería haber para que ella se sintiera de ese modo tan… extraño. ¿No? ¿Qué había con Sirius Black? ¿Podía llegar a conocerlo realmente? ¿Podía ella llevarse bien con él? ¿Podía ella llegar a confiar en él? ¿Podía ella llegar a amarlo? 

Emily casi se desmaya al darse cuenta de lo que ELLA había pensado… ¿Qué clase de preguntas eran esas? ¿Qué clase de pensamientos eran esos? 

Escuchó un batir de alas. Miró al cielo: era una lechuza marrón, que se dirigía bajo la lluvia hacia su ventana, pero que luego, súbitamente, cambió su destino y bajó hasta acercarse a ella y darle un pequeño rollo de pergamino. Emily lo tomó y lo desplegó, mientras la lechuza se alejaba. Lo leyó en silencio, aún bajo la lluvia. Terminó y se quedó de piedra, mientras sentía como su rostro palidecía. Sus piernas comenzaron a temblarle. Debía hablar con alguien, en ese preciso momento. Pero Lily se había ido. 

¿Podía ella llegar a confiar en Sirius Black?

Cerró los ojos y cuando los abrió, estaba frente a la puerta del departamento. Sin esperar, la golpeó con los nudillos varias veces sin parar, mientras oía pasos del otro lado. Seguía golpeando con impaciencia cuando la puerta se abrió y el rostro de Sirius apareció, pálido. 

Sirius la contempló una fracción de segundo antes de darse cuenta del terrible aspecto de la joven mujer: mojada completamente, pálida, con ojos acuosos, su cabello despeinado y goteándole en toda la cara. 

-¡Emily! ¿Qué te pasó? ¿Estás bien? ¿Qué…? 

La mujer no soportó más y se largó a llorar con desesperación. 

-¿Qué sucede? —Sirius no supo qué hacer y la tomó con cuidado por los hombros, haciéndola pasar. La sentó en un sillón y se sentó en su lado. Presionó su cabeza hacia delante, hundiéndola en su pecho. Emily no pudo controlarse y se largó a llorar con aún más fuerza. A Sirius le partió el alma verla así, y la abrazó con fuerza. Emily hundió más su cara en el pecho del bateador, sin dejar de llorar. Se quedaron así por minutos; podrían haber pasado horas y ninguno se habría dado cuenta. Estaban en una burbuja, parecida a ese día en el restaurante, mientras se miraban a lo ojos. Era una burbuja que representaba su mundo, una burbuja donde ellos se encontraban en ese momento. Ese mundo era un mundo donde solo ellos existían; ellos y nadie más. Un mundo donde ellos dejaban sus diferencias de lado, donde solo se tenían a ellos mimos y a nadie más, porque aunque pareciera que apenas se conocían, ambos sentían que los unía algo mucho más grande, más fuerte y más importante que ellos dos mismos. 

Emily finalmente dejó de sollozar y con mucho pesar se incorporó. 

-¿Qué sucedió? —preguntó dulcemente Sirius. 

Ella suspiró, sin poder articular palabra, y le entregó el pergamino. Sirius lo tomó con manos temblorosas y lo desplegó, antes de leerlo en silencio. Cuando terminó, frunció sus labios. 

-Ay, Merlín… -susurró. —Yo… Emily… Lo lamento mucho… Yo… Yo… ¿Cómo…?

-Ahora comienzo a entender todo… -susurró Emily. No era una respuesta; era como pensar en voz alta. —Lo comprendo todo… …l… Ya todo encaja… Mis sospechas se hicieron realidad… 

-¿Sospechas? 

-Mi padre… No comprendo porqué nunca me dijo nada… -Sirius no comprendía lo que quería decir. —Ahora todo cierra… Desde hace años que está en eso… Los viajes inesperados, las ausencias, el misterio, todo el secretismo… 

-¿Estás diciendo que…? 

-No fue casualidad… No fue un ataque hecho al azar… Ahora lo comprendo… Mi padre lucha contra él… 

-Así que por eso lo han atacado… -comprendió Sirius. 

-Y por eso está en San Mungo, inconsciente y en estado grave… -confirmó Emily, quien suspiró, y otro sollozo invadió la habitación. 

-Lo siento mucho… -Sirius apoyó su mano en el hombro de la joven mujer. —Si hay algo que pueda hacer por ti…

-Gracias —lo interrumpió. 

-¿Por qué? 

-Por haberme escuchado. Necesitaba hablar con alguien… Y… Fuiste la persona que vino a mi mente… Gracias —le dedicó una triste sonrisa. 

-Emily… -Sirius tomó aire. —Yo… Yo sé que hemos tenido… nuestros malos momentos. Pero… Sabe que siempre que lo necesites podrás contar conmigo… Yo… -iba a arrepentirse de eso: lo sabía. Pero debía sacarlo para afuera. —Yo ya sé que no puedo tenerte. Lo sé… Pero no por eso… Yo no puedo dejarte… Y nunca lo haré… Nunca te dejaré sola si me necesitas… A menos que tú lo desees así, claro… Y… -ya se había arrepentido, pero aunque sea lo había dicho. 

Emily sintió como si por un segundo el corazón se le parara, y luego, hundió la cara en el pecho de Sirius, quien la abrazó con suavidad, y que comenzó a acariciarle su cabeza. 

-Todo va a solucionarse… con tu padre, Emily…

-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo estás tan seguro? —preguntó con voz ahogada. 

-Pues… No lo estoy… Pero tengo esperanzas… Creo que tu padre despertará, lo podrás volver a ver… Y sanará… Y en ese momento… Podrás tener la charla que… creo que necesitan… Podrás pedirle todas las explicaciones que mereces… Y todo estará bien… 

Emily asintió. Comenzó a temblar. Sirius se dio cuenta, pero no comprendió el motivo… Tal vez tendría frío, o comenzaría a sollozar nuevamente. Pero Emily temblaba por lo que temía decirle a Sirius, por lo que pensaba pedirle. 

-Sirius… 

-¿Si? 

-¿Puedes… abrazarme con… fuerza? En este momento… necesito sentirme reconfortada… Y… Es un momento donde necesito un abrazo… -más lágrimas cayeron por los ojos de Emily. 

Sirius la tomó entre sus brazos y la atrajo hacia él. No la quería soltar. No quería. No quería. La quería. La amaba. Se daba cuenta. Con toda su alma. Con todo su corazón. Con todo su ser. 

-¿Sirius? —la voz de Emily intentó sonar fuerte. 

-¿Si? 

-¿Por qué es… tan complicado? 

Sirius cerró los ojos y apoyó su cabeza en la cabeza de Emily. 

-¿Qué cosa? —susurró. 

Emily tomó aire. 

-Nosotros… 

Sirius abrió los ojos e irguió la cabeza. Emily levantó la suya y lo miró con ojos empapados. El la miró fijamente. No podía. No podía. No debía. Lo echaría todo a perder. Pero no fue él quien decidió romper el hielo, dar el primer paso. Nerviosa, Emily estiró el cuello con temor…

…apoyó sus labios contra los de Sirius.

Se quedaron así por unos segundos, labios contra labios, inmóviles, nerviosos, tensos… Pero Sirius no aguantó más, y decidió romper el contacto visual que sostenía con Emily. Cerró sus ojos, y abrió su boca. Así comenzó el beso, lleno de pasión, de dolor, de furia, de desesperación. Cada movimiento de labios, cada movimiento de lengua, cada gesto que hacían con sus torsos o sus manos, todo reflejaba esos cuatro sentimientos. Sirius tomó a Emily por la cintura e intentó acercarla aún más a él. Ella lo tomó por el cuello e intentó pegar su cara a la suya, no separarse. Lo besó con más fuerza y seguridad con antes: ella sentía que él la necesitaba tanto como ella a él. Que nada era un juego. Esa época de dudas ya había quedado atrás. Sirius probó el sabor de sus labios, los labios de la mujer que tan loco lo tenía. Su sabor era mejor que cualquier otro: ese beso fue el mejor que jamás había recibido. Pero…

…se odiaba por lo que iba a hacer. Se detestaba por eso.

Con muchísimo, muchísimo pesar, Sirius tiró de su cuello hacia atrás, y empujó a Emily unos centímetros, separándola de él. 

-No… -murmuró dolorosamente. —No, Mily… Por favor… Tú… Tú estás con Jake… Yo… No puedo hacer esto… No es lo correcto… 

Emily mordió su labio inferior, y asintió. 

-Lo siento muchísimo, Sirius… No sé que me pasó… Yo… 

Ella sabía que eso estaba mal: debía irse, alejarse de él… Esto era nocivo para ambos. Los estaba destruyendo a los dos. 

-Yo… 

-Debería irme —dijo con pesar Emily. 

Sirius asintió con tristeza. ¿Por qué? Con cada segundo sentía que ella tomaba control de él, que él no podía librarse de ella, de las ataduras que ese beso, y que cada gesto de lo ocurrido habían creado. Pero al mismo tiempo no quería. Pero ella era como una droga. No, no era una droga… Las drogas eran accesibles. Ella no. El no podía tenerla. Ya lo sabía, y muy bien. Porque ella pertenecía a otra persona. Si tan solo él pudiera volver a sentirla tan cerca, de un modo que no la involucrara de modo tan personal… 

Emily se levantó del sillón con pesar y Sirius la acompañó hasta la puerta. 

-Gracias, Sirius... 

-Cuando lo necesites, Mily… 

Ella asintió y salió. Sirius cerró la puerta detrás de ella, y cerró sus ojos, mientras se dejaba caer al suelo. Estaba completa y totalmente enamorado de Emily Lewis. 

Se apareció en su departamento y se dejó caer en el sillón. Ya no sabía que sentía por Jake. Pero estaba seguro de algo: Sirius Black estaba presente en su ser de un modo que jamás hubiera imaginado. 


-No lo sé… No estoy seguro… 

-No debes seguir retrasando tu decisión… Solo empeoras la situación… 

-Pero…

-James, creo que muy en el fondo sabes a quien amas y sabes quien fue el juguete… 

-Supongo… Pero… ¿Cómo estar seguro? 

-A ver… -Allie hundió la cara entre sus manos y tomó aire, intentando crear paciencia. —Nunca vas a estar seguro hasta que te des cuenta, mirándolo en retrospectiva, de qué pasó… ¿Entiendes? 

-No realmente…

-Lo que Allie quiere decir, James —dijo Remus —es que hasta que no tomes tu decisión, no sabrás si lo hiciste bien o mal… Para estar seguro debes tomar una decisión… Y yo te recomendaría que para tomar tu decisión confíes en tus instintos… ¿Qué dicen tus instintos? 

-¿Sinceramente? Que me quede con las dos…

-Ay, esto es un caso perdido… -suspiró Allyson. -¡No, James! —lo golpeó en la frente. 

-¿Por qué me pegas? 

-¡Porque eres imposible! ¡Uno! Dudo que Lily o Nicole quieran estar en un triangulo amoroso o en un trío cosa que considero absolutamente asquerosa… ¡Dos! ¡No puedes quedarte con las dos! ¡Simplemente no puedes porque…!

Allyson no terminó de hablar porque la puerta se abrió y por allí entró un Sirius pálido y con cara de muerto. 

-¡Sirius! —James abrió los ojos de horror. -¡Amigo! ¿Qué te sucedió? ¿Estás bien? ¿Dónde te duele? 

Sirius se desplomó en un sillón, y con un puchero, señaló su pecho. 

-Aquí…

Remus y Allie intercambiaron una mirada triste. James se alteró más. 

-¿Quién fue? ¿Qué te hicieron? ¡Dímelo! ¡Dímelo y te juro por Merlín que yo…!

-James —interrumpió Remus suavemente. —No lo han atacado. 

-¡Por supuesto que n…! —James parpadeó varias veces. -¿Cómo que no lo han atacado? ¿Entonces…? ¿Qué es tan grave? 

-Está enamorado, tonto… -susurró Allyson. 

-¿Quién de ustedes es el más cariñoso? —preguntó Sirius con voz ahogada. —No respondan. Ustedes dos —miró a sus dos amigos —están descartados… Allie… ¿Puedes darme un abrazo? 

Los tres alzaron una ceja. 

-Abraza a Remus —la joven se cruzó de brazos. 

-No voy a abrazar a un hombre… Estoy teniendo serios problemas emocionales… Un poco de afecto no me vendría mal… 

-Si quieres afecto ve con tu madre —Sirius tuvo un escalofrío —o págate tu afecto… -Allyson frunció el ceño. —Te recuerdo que la última vez que te abracé te me quisiste tirar… 

-¿QUE? —no fue Remus quien dijo eso sino James.

-Fue antes de que comenzaran a salir y yo aún estaba en mis días mujeriegos. 

Remus se cruzó de brazos, James alzó una ceja. 

-En fin… ¿Qué sucede, Sirius? 

-Emily Lewis… 

-¿Qué? 

-Yo… la amo. 

-¿Qué sucedió con ella? —preguntó Remus. 

-Vino a verme… Su padre está en San Mungo… Fue atacado y está grave, inconsciente desde hace horas… Bueno… Vino a verme… para buscar consuelo… Y… nos besamos… Y… yo no la quería dejar ir… Pero tuve que… Porque ella está con Jake Lyndon… Está con otra persona…

-¿Desde cuándo te preocupa salir con una mujer en pareja, comprometida o casada? —preguntó Allie, aunque ya conocía la respuesta. Simplemente necesitaba oírla. 

-Desde que me di cuenta de que amo con cada parte de mi ser a Emily Lewis… Y lo peor… Es que… Siento que la estoy perdiendo… Que la perdí… Pero es que… no entiendo como se puede perder algo que nunca tuve… Porque ella y yo nunca fuimos nada… pero eso no quiere decir que no sienta nada por ella… 

Sus tres amigos intercambiaron una triste mirada: nunca, nunca, nunca jamás, habían oído a Sirius Orión Black hablar así, o verse así, y podían decir que estaba destruido.